Veré a Aniki de nuevo, veré a Aniki de nuevo…

Conforme el representante Sur de la península tiraba de las cuerdas atadas alrededor de su cintura y torso, con las cuales venía arrastrando una especie de carroza en la que venía transportado el mongol, no dejaba de repetirse esas palabras a lo largo del camino.

Mongolia había decidido que éste junto a su hermano necesitaban entrenar sus músculos, por tanto no tuvo mejor idea durante el trayecto a China que forzarlos a tirar de aquella pesada carga, pese a lo mucho que atrasaba con eso a sus tropas que venían desde atrás.

Aun así, los ánimos de Yong Soo no aflojaban ni un poco. Lo que más ansiaba en ese momento era ver una cara amiga, pues desde que se había peleado con Hyung, éste apenas le dirigía la palabra, y siendo él alguien que no podía estar mucho tiempo sin socializar, le era una alegría inmensa contar en que nuevamente visitarían a la única nación con la que habían formado una amistad.

Por su parte, el pequeño de jeogori rojo hacía un esfuerzo sobrehumano para no caer rendido al suelo debido al cansancio. Ya casi no daba con sus piernas, que le pesaban como plomo, al igual que sus músculos que parecían derretirse por fierro fundido cada vez que las sogas presionaban contra su diminuto cuerpecillo. En gran parte le frustraba no tener la misma energía que su mellizo al ver a éste avanzar con convicción a pesar del castigo recibido por aquella tarea impuesta.

En esos momentos, más que nunca, se sintió un completo inútil. Sin embargo, al igual que Yong Soo, deseaba ver a la nación milenaria. Quizás no al mismo grado que el menor, pero sí también, añoraba charlar con él como acostumbraban hacer antes de la invasión de los bárbaros.

Mientras tanto, Mongolia, desde el interior del carruaje figuró una expresión de burla. Tras ver lo contentos que se habían puesto los hermanos Koryeo con la noticia de ver de nuevo al mayor estaba claro que ninguno conocía a fondo la historia de sus antecesores con éste.

Nunca lo admitiría abiertamente, ni aunque lo torturasen (su orgullo como Imperio era demasiado como para dar muestra de esa clase sentimentalismos), pero desde hacía un tiempo que empezaba a ver a los representantes de la península más que como unos simples vasallos. En cierta forma pensaba que había tomado un rol paternal, por lo que envidiaba la manera en que los más pequeños buscaban refugio en Yao cuando a él claramente lo detestaban. Se preguntaba qué pensarían los gemelos si se enteraran que su vecino y "protector" había intentado apoderarse de su hogar en el pasado traicionando a la que era entonces su aliada.

Estaba decidido.

Antes de preparar su invasión contra Japón se encargaría de abrirle los ojos a ambos, pensaba con malicia durante el trayecto mientras esbozaba una sonrisa maquiavélica.


Capìtulo X: La Fuerza de un Imperio

Parte IV


.:Año 1268 Preparaciones para la invasión mongola a Japón:.


Cuando por fin Mongolia y los pequeñines llegaron al palacio imperial, China fue a recibirlos de inmediato mientras bajaba las escalas del corredor.

Para él también había sido una alegría indescriptible enterarse que Mongolia traería a los descendientes de Silla. Después de más de cincuenta años de no saber nada de ellos, sintió como su corazón daba un vuelco por la emoción. No obstante, conocía demasiado bien al bárbaro como para atreverse a pensar que hacía este acto por mera bondad. Estaba más que seguro que éste tenía algún macabro plan entre manos que lo involucraba a él y a los más jóvenes, lo que provocaba que no estuviera del todo grato con el tan esperado reencuentro.

—¿Norte? ¿Sur? —preguntó el chino, acercándose hacia los mencionados. Su rostro se mostraba preocupado, puesto que lucían horriblemente extenuados. El mayor de ellos; Hyung Soo, había caído de rodillas al piso sin dejar de jadear, mientras que el otro también parecía a punto de hacer lo mismo. Además, pudo notarlos sucios y algo magullados.

Sin lugar a dudas, el tirano de Mongolia no hizo reparos en hacer uso de su poder.

Una vez estuvo frente a los mellizos, éstos quedaron boquiabiertos por la apariencia del gigante asiático. En comparación a ellos, China lucía muy bien arreglado. Tenía puesto un pomposo traje tradicional mientras su cabello permanecía suelto, siendo decorado por un par de pinzas que sujetaban una especie de coleta alta(*) Ambos pensaron que encontrarían al mayor en condiciones deplorables. Después de todo, era quien más batallas había librado contra su opresor.

Dejando de lado ese detalle, estaban más que eufóricos de tener a su vecino de vuelta.

—¿A-Aniki? —pronunció el representante Sur de la península, casi con lágrimas en los ojos.

Y sin pensarlo más, Yong Soo fue el primero en arrojarse a abrazarlo. Sin importar que casi no le quedaran fuerzas, el sentir nuevamente el calor de Yao era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. El de trenza lo secundó, pegándose a la cintura de éste último tal y como había hecho su hermano, ya que se sentía de igual manera pese a que no lo demostraba tanto.

El chino se sonrojó ante la demostración de afecto de los menores, pero no podía negar que se sentía profundamente conmovido. Él también los había extrañado muchísimo. De modo que rodeó con sus brazos a los pequeños hasta que se dio cuenta que cierto personaje no les había quitado la vista de encima.

—Aw, qué conmovedora escena —expresó éste con sorna—. De seguro no se esperaban ver al viejo Yao como mi concubina.

—¡No me llames así, aru! —reclamó furioso el aludido, despegándose de los hermanos Im—. ¡Y ni te atrevas a contaminar las mentes de estos niños con tus insinuaciones indecentes!

—Oh vamos, que no te dé pena. Estos polluelos tarde o temprano deben convertirse en hombres —rebatió el más corpulento sin dejar de sonreír—. Más ahora que necesitan prepararse para nuestra próxima invasión.

—¿Invasión? ¿Qué invasión? —preguntó el chino, confundido.

Luego de un silencio de incertidumbre, que el mongol había dado lugar a fin de crear un estado de temor en el chino, el pequeño de jeogori azul respondió a su pregunta, angustiado.

—Aniki, él dice que vamos a ayudarle a conquistar Japón.

—¿C-Có-cómo dices, aru?

—Oh sí… Olvidaba darte la sorpresa, vejete —dijo el mongol con fingido asombro—. Dentro de poco iremos a visitar a tu "hermanito" para que se una a nuestra "familia" ¿No es grandioso?

La expresión de la milenaria nación quedó inerte, como si la hubieran congelado en el tiempo mientras miraba a Gansukh.

—Estás demente…

—Yao, Yao… ya deberías conocerme bien —añadió Mongolia con una sonrisa arrogante—. Pero en fin… Mi jefe le dio la oportunidad a los suyos de rendirse dos veces(1), sólo que tu "hermanito" Japón es demasiado obstinado para tomar el camino fácil.

En su mente, China maldecía al bárbaro. Ya era bastante malo tener que soportar los constantes ataques del tirano durante el último tiempo. Y a pesar que había podido evitar caer del todo bajo su control, el khan ya se había apropiado de su capital como centro de su nuevo imperio, por lo que dentro de poco llegaría al límite de sus fuerzas, perdiendo lo poco que le quedaba de su casa.

—Les dejaré un momento a solas mientras termino de atender unos asuntos —sentenció el mongol, malicioso—. Pueden aprovechar un par de horas para disfrutar de este momento encantador, porque dentro de poco rogarán por sus vidas.

Terminado de decir eso, se alejó riendo a carcajadas dejando al mayor y a los representantes de la península bajo una nube de indignación y frustración absolutas.

.

Sin importar las desagradables noticias de hace un rato, China y los pequeños habían optado por permanecer en un cuarto de estar, descansando de la presencia de Mongolia, situándose en una esquina acomodada por cojines mientras se entregaban a un largo lapso de reflexiones.

Hyung Soo se había quedado dormido a un costado de milenaria nación, en tanto el otro reposaba del lado contrario, aferrando una de sus manitas en el pecho del mayor.

—¿Qué vamos a hacer, Aniki? —preguntó Yong Soo con la misma angustia que al principio.

Pocas veces, Yao permanecía mucho tiempo sin contestar a las preguntas de países más jóvenes. Siempre se esforzaba en mantenerlos tranquilos sin importar la adversidad. No obstante, inclusive él sabía demasiado bien que lo que se proponía llevar a cabo el bárbaro acarrearía un montón de dolor a sus personas. Para él no sólo era el hecho de casi estar bajo las órdenes de Gansukh, sino más terrible aún; pensar en hacerle daño a una nación que consideraba un hermano, sólo porque alguien más lo obligaba.

—No lo sé, aru —respondió finalmente, dando un suspiro lleno de desaliento.

Desde un lado, Yong Soo miraba a su fraterno con lástima, sin terminar de decidirse si despertarle o no. Yao, dándose cuenta de esto, intervino al ver lo que se proponía a hacer.

—Debe estar exhausto. Es mejor que lo dejes descansar ahora que puede, aru.

El pequeño de rizo asintió débilmente, dejando pasar varios segundos antes de hablar de nuevo.

—Está enojado conmigo y casi no me ha hablado en meses, da-ze —se lamentó el de jeogori azul, cabizbajo—. Todo porque traté de mantener nuestra promesa queriendo defenderlo de Mongolia.

—¿Te das cuenta lo que pudo hacerte ese bárbaro si lo hubieras hecho? —preguntó Yao, con un toque de regaño.

—Lo sé… Y por mi culpa Hyung ha sufrido tratando de protegerme—admitió el menor, bajando su mirada, avergonzado—. Ahora debe odiarme, ¿no es así?

—Norte nunca podría sentir algo así por ti, aru —le aseguró el chino en tono paternal. Aunque una pequeña parte en su interior no le permitió sonar del todo honesto. Sin embargo, deseaba animarlo en vista que, sin querer, él lo había hecho reiteradas veces con su persona—. Si buscas la oportunidad de hablar con él, no tengo duda que podrán arreglar cualquier diferencia que tengan.

El representante Sur de Koryeo subió su rostro hacia el mayor, aparentemente angustiado, y al cabo de un segundo lo hundió con ímpetu en el pecho de éste. A principio a China no le molestó. Pensaba que lo hacía para desahogarse y buscar consuelo, pero pasado un minuto empezó a notar que sus manos no dejaban de frotarse contra la parte superior de su torso, lo que terminó por hacer que desistiera del abrazo que por un breve instante había pensado en darle.

—¡Aiyah! ¿Qué crees que estás haciendo, aru?! —exclamó indignado, apartándose de inmediato.

—Se siente bien ¿Puedo quedarme con ellos, aniki? —preguntó el otro mientras sonreía inocente.

Justo cuando Yao empezabas a creer que podía mantener una conversación civilizada con el muchacho de rizo, éste lo echaba a perder. ¡Ya decía él que no podía durar mucho con su carita angelical como excusa para hacerle una travesura!

—¡Tú, pequeño…! ¡Ya se me hacía demasiado raro que estuvieras tan tranquilo!

El aludido sólo se limitó a hacer un mohín, decepcionado. Si bien era cierto que no fingía estar preocupado por su situación actual junto a su hermano, le encantaba tener de regreso al mayor en su vida. Había algo especial en su reacción que le hacía querer continuar con sus juegos.

Pero el momento fue interrumpido una vez Mongolia entró a la habitación, encontrándose con la imagen del pequeño de jeogori azul queriendo tocar de nuevo el pecho dela milenaria nación.

—Vaya… ¿Qué tenemos aquí? ¿Aprovechándote del chico ahora que estás a solas con él, Yao? —preguntó el mongol con una sonrisa de sorna.

—¡No es lo que crees, aru! —enfatizó irritado el aludido, poniéndose enseguida de pie.

Gansukh quedó algo confuso ante la reacción del gigante asiático. Sólo le estaba tomando el pelo, por lo que no entendía porque se lo había tomado tan en serio. En fin, no iba a cavilar en eso dado que tenía cosas más importantes en mente ahora que la invasión al país del sol naciente era un hecho.

El menor de los mellizos se preparaba para despertar a su consanguíneo, creyendo que el bárbaro lo golpearía si éste no se levantaba pronto.

—No, déjalo —se adelantó el mongol, inclinándose a tomar en brazos a Hyung Soo mientras seguía dormido.

Poco después, lo acomodó en uno de sus brazos ante la mirada atónita de Yao y Yong Soo, quienes no podían creer la postura que estaba tomando con el hermano de este último.

—No te quedes ahí, enano ¡Muévete! —ordenó el más grande, haciendo una mueca de fastidio. Al ver que el mencionado obedecía, pero que aún se encontraba viéndole un poco consternado, agregó—: Y no te emociones por esto, que no quiere decir que me esté ablandando o que voy a darles trato especial. Tengo mucho que planear con ustedes y poco tiempo, así que vayan guardando sus fuerzas porque mañana les espera el infierno —añadió, sonriendo maquiavélico.

Al rato, tomó con algo de brusquedad la mano del muchacho de rizo y lo jaló hacia él para salir de la habitación. En tanto, China, sabía que esa actitud en el mongol era prueba que éste empezaba a encariñarse de verdad con los mellizos. Por la forma en que trataba con ellos nadie dudaría que era un sádico, pero habían pequeños detalles en sus expresiones y actos, como el que acababa de presenciar, que, para alguien que ya llevaba tiempo lidiando con él, era muestra que no sólo los veía como un pedazo de tierra de los que se podía aprovechar.

Podía ser que eso tuviera una diferencia más adelante.


.:Año 1274 Primera Invasión mongola a Japón(2) :.


Algunos años después, Gansukh por fin había logrado finiquitar los planes de guerra, y entonces, una cuantiosa flota de embarcaciones mongolas partió desde la capital de la reciente establecida dinastía Yuan, preparando su primer ataque contra la isla Kyushu (**)

Los hermanos Koryeo ya estaban listos para zarpar junto a Yao y Mongolia. Ambos no tardaron en darse cuenta que su vecino estaba casi tan inquieto como ellos mismos. El único que parecía disfrutar del trayecto era el propio Gansukh, quien por su causa ahora estaban en el barco principal junto a su tirano y el mayor, encabezando la demás flota.

La milenaria nación sólo pudo darles unas cuantas palmaditas en la cabeza para mostrar su acompañamiento. Los dos agradecieron el gesto y se pegaron al mayor durante el resto del viaje en busca de querer sentirse mejor. Les había funcionado por un rato, pero todo se vino abajo cuando iniciaron el primer ataque en la isla Tsushima, donde, al desembarcar en la playa Komodahama dio comienzo una masacre, pues, la escasa caballería del gobernador de la isla fue presa fácil para sus tropas.

Aunque lo verdaderamente aterrador fue lo que pasó después de ocupar la isla.

Cientos de vidas de civiles inocentes habían sido tomadas junto a sus hogares.

Las escenas eran terribles: no sólo los soldados de Mongolia fueron los causantes, sino que también sus hombres y los de Aniki participaron de aquel espantoso espectáculo. Habrían querido hacer algo por evitarlo, pero el bárbaro los tenía muy bien vigilados y no permitía que, según él, dieran muestras de debilidad ante sus adversarios. Ambos hermanos tenían la certeza que pasaría mucho tiempo para que pudieran borrar esas crudas imágenes de sus mentes.

—¿Qué pasa, pequeñines? No me digan que están asustados —se mofó éste tras ver sus expresiones de horror.

Ninguno de los dos se atrevía a moverse o hablar. Desde el momento que su victoria sobre la isla se concretó, pasaron a quedar inmóviles viendo el aterrador panorama desatado con los asesinatos que habían dado comienzo en la población.

—Déjalos en paz, Mongolia —le recriminó indignado el gigante asiático, cruzándose en medio de Gansukh y los descendientes de Silla—. Ya los has traumado bastante por hoy, ¿no te parece, aru?

—Cuidado con lo que sale de tu boca, anciano —respondió molesto el mongol debido a su intervención con los más pequeños—. Recuerda que ahora me perteneces por completo al igual que estos dos, así que cuando yo diga; salten, a lo único que deben dedicarse a responder es ¿qué tan alto? ¿Han entendido?

Ante la posición de amenaza del más fornido, Yao no pudo hacer más.

Y por desgracia, momentos más terribles estaban por llegar dentro de poco.

.

Al cabo de unos meses, la isla Iki sufrió el mismo destino que Tsushima. Pero esta vez los soldados de Yuan y Koryeo cometieron actos peores, como perforar las manos de las mujeres y colgarlas en los barcos como trofeos(3)

Tal fue la conmoción de Hyung Soo que se vio en la necesidad de ir a un lugar donde nadie pudiera verlo para así vomitar. Su hermano también estaba muy cerca de hacerlo. El ataque de Mongolia se hacía más y más terrible, y lo peor era que sus víctimas ahora eran mujeres indefensas.

Desafortunadamente, el tormento estaba lejos de acabar, pues no pasó mucho tiempo para que siguieran con el próximo objetivo: la bahía de Hakata(***)

Todo parecía indicar que resultaría lo mismo que con las otras dos islas. Eso hasta que llegó el día siguiente y con él vinieron los refuerzos de la bahía, encabezados por el mismo Japón en persona.

Finalmente el país del sol naciente hacía su aparición en el lugar de batalla, vistiendo una reluciente armadura samurái y portando una larga katana en un costado.

Ambos hermanos Im quedaron inmersos en sus pensamientos, mirando atentamente al japonés una vez lo tuvieron a una distancia prudente como para tener una visión clara de su persona.

Para Yong Soo no lucía como el monstruo que se había imaginado después de los constantes atracos al sur de sus costas, aunque ciertamente se veía imponente con esa armadura samurái. No obstante, el representante mongol no se veía amedrentado en lo más mínimo. De hecho, lucía tentado ante la posibilidad de un buen combate cuerpo a cuerpo.

—Mongolia-san. Debo pedirle que abandone mis territorios cuanto antes —sentenció Kiku en voz grave y posicionándose firme frente a él—. De lo contrario no mostraré ninguna misericordia.

—¡No me hagas reír, Japón! ¡Hemos destrozado dos de tus islas que ahora están a nuestra disposición! ¿Y crees que vamos a dar marcha atrás cuando claramente tenemos la ventaja? —se pavoneó el mongol sin quitar la sonrisa confianzuda de su cara.

La expresión de Kiku no varió en lo absoluto. Se quedó mirando fijo al mongol como esperando a que diera el primer golpe. A Gansukh le impacientó la pasividad que mostraba su oponente a pesar de lo ocasionado por él y sus hombres en sus islas. En tanto, China permanecía inmóvil y con una evidente mueca de inquietud, sin decidirse qué hacer. Y por últimos los mellizos, quienes contemplaban el panorama, igualmente indecisos, en lo que duraba ese lapso muerto que se había creado entre todos.

Y en menos tiempo de lo que cualquiera pudiera sentarse a analizar la situación, una feroz pelea se desató entre el representante mongol y Japón: Enzarzados en un choque de sus espadas mientras Yao y los descendientes de Silla hacían frente a las tropas japonesas con sus soldados.

Varias horas transcurrieron sin que el ejército Yuan y de Koryeo pudieran seguir avanzando. Japón se había preparado para el enfrentamiento con meses de antelación, y se demostró cuando aún Mongolia, contando con armas y tácticas superiores, no pudo hacer nada ante la superioridad numérica de las tropas del país del sol naciente.

Al caer la noche, un evento obligó a las tropas mongolas, chinas y coreanas a regresar a sus barcos —al menos a la gran mayoría— en vista que un tifón empezaba a dar lugar en plena zona de batalla, lo que ante el temor de quedar varados y desprovistos en territorio japonés se vieron en la necesidad de refugiarse en sus embarcaciones.

La idea era retroceder hasta que el desastre pasara, pero entonces, el vendaval se hizo más y más potente hasta que trajo consigo una cruda tormenta, lo que dificultó en extremo la navegación.

Gigantescas olas empezaron a levantarse y a mecer los barcos, mientras los que estaban a bordo debían hacer un esfuerzo monumental para lograr no caer por los costados.

—¡Norte, Sur, sujétense fuerte y no se separen de mí, aru! —gritaba el chino a todo pulmón en tanto él también debía aferrarse al mástil y mantener la calma entre sus hombres.

—¡Mierda! —maldijo el bárbaro, ofuscado—. ¡Nadie se atreva a moverse de su puesto!

En un brusco movimiento, el representante Norte de la península salió disparado del principal barco hasta caer al embravecido mar. Debido a lo intenso del oleaje, el mayor de los mellizos no lograba mantenerse a flote, y su cabeza se hundía y emergía de la superficie repetidas veces.

—¡Hyung! —gritó y sin detenerse a pensar se arrojó por la borda para rescatarle.

—¡¿A dónde vas, enano?! ¡Vuelve acá! —ordenó Gansukh, desesperado. Pero éste no le hizo el menor caso.

Sin detenerse ni un segundo, Yong Soo nadó hasta sumergirse entre las olas antes de que su hermano se hundiera por completo. Entremedio de las marejadas, el muchacho de jeogori azul logró llevarlo hasta el barco y ser rescatados con éxito, subiéndolos de nuevo a bordo.

—Hyung, ¿estás bien? —le preguntó el menor, preocupado.

—S-sí… Gracias, Yong —pronunció éste que, aunque jadeando, se mostraba conmovido.

El pequeño de rizo sonrió de la misma forma. Después de su última pelea, las cosas parecían haberse arreglado sin necesidad de recurrir a más palabras. Aquellos gestos eran suficientes como para demostrar que cualquier riña quedaba en el olvido.

Yao sólo les quedó mirando, enternecido. Y pasado el tifón, ya con los ánimos más calmados, Mongolia tomó la palabra, queriendo sonar como si nada malo hubiera pasado.

—Bien, bien, hemos sufrido grandes bajas… Pero la próxima vez la victoria será nuestra.

—¿C-Cómo dices, aru? —tartamudeó la milenaria nación, desconcertado—. ¿Es decir que planeas volver a retar a Japón?

—¡Por supuesto! ¡Están muy equivocados si creen que una simple tormenta me va a detener!

—¡Muchos de nuestros barcos han sido hundidos y es imposible que luchemos en estas condiciones, aru! —expuso irritado China. Luego, añadió con suma gravedad—. Se acabó.

—¡Esto no se acaba hasta que dé la última palabra! —replicó el mongol, furioso.

—¡Ya enfréntalo, aru! —bramó desesperado el chino—. Hemos fracasado. Japón te ha superado.

—Ya lo veremos, Yao… —contestó tranquilamente con una sonrisa pretenciosa—. Ya lo veremos…


.:Año 1281 Segunda Invasión mongola a Japón:.


Luego de su primer fracaso contra la isla, el rey de Koryeo hizo todo lo posible por evitar que continuaran las invasiones mongolas. Pero por desgracia, no tuvo efecto.

Cinco años después, Yao, Gansukh y los hermanos Im pasaron por casi los mismos inconvenientes de un principio: contaron con problemas para zarpar, tuvieron éxito en tomar un par de islas japonesas, nuevamente se desató una segunda batalla en la bahía Hakata donde se vieron obligados a retirarse y, por si fuera poco, enfrentaron un nuevo temporal, mucho más destructivo que el primero y por dos días seguidos, destruyendo gran parte de su flota.

Al enfrentar un nuevo fracaso, Mongolia se vio en la penosa obligación de regresar con las manos vacías. Tras un tiempo, se replanteó la idea de volver a la carga, pero ante los escasos recursos con los que contaba tuvo que ahogarse en impotencia y desistir que su objetivo no era de momento viable.

—¡Maldito seas, Japón! ¡Ya verás que tu mar no te mantendrá a salvo por siempre! —vociferaba Gansukh fuera de sí mientras tiraba piedras a la playa, teniendo algunos problemas para conservar el equilibrio.

China no pudo evitar reír por lo bajo, en vista de lo degradantemente cómico que resultaba ver al, una vez temible, Mongolia en una rabieta como ésa. El aludido no tardó en percatarse de la burla del mayor, por lo que volteó hacia él con una mirada asesina, pero que ya no tenía ningún efecto.

Ahora que recordaba, tenía un asunto pendiente que aclarar con los gemelos de la península sobre su querido Aniki. Tema que había dejado de lado por largo tiempo debido a estar plenamente enfocado en su conquista. Ya era el momento que le diera una lección.

—Oh, ¿lo encuentras gracioso, vejete? —casi susurró, acercándose a mirarlo con unos ojos que parecían salirse de sus órbitas—. Ya te lo dije una vez, ¿recuerdas? Veamos si sigues riéndote una vez tu adorado hermanito te dé la espalda y te ataque justo donde más te duele —señaló el centro de su pecho al tiempo que se dibujaba una sonrisa macabra en su cara.

—Japón es una nación valerosa y noble. Nada parecido a ti, aru —le escupió el gigante asiático, molesto. Aunque por un lado le invadía un temor indescriptible cuando el bárbaro se lo decía.

—Sigue convenciéndote de eso, Yao… Sigue convenciéndote de eso —finalizó con una sonrisa maliciosa, teniendo la seguridad que ese día no tardaría en llegar.

Pero antes, la desgracia llegó para el propio Mongolia, que luego de su vergonzosa derrota no demoró en presentarse la caída de su imperio.


(*) Me basé en la imagen de China junto a Mongolia que hay en zerochan :3 agreguen /1145211

(**) Isla Kyushu: Tercera isla más grande a Japón y una de las más próximas a la península de Corea. Durante mucho tiempo recibió influencia de China y Corea.

(***) La bahía de Hakata es una bahía ubicada al norte de la isla Kyushu, donde tuvo lugar una de las más importantes batallas contra la invasión mongola.

(1) Kublai Khan mandó varias cartas y emisarios al imperio japonés para rendirse a la dinastía Yuan en 1268. Anteriormente también habían sido rechazados.

(2) En la primera invasión mongola, la dinastía Yuan(formada por los mongoles luego de tomar por completo China en 1279) contaba con quinces mil soldados mongoles y chinos, ocho mil soldados coreanos, trescientos buques de guerra y otros quinientos más pequeños.

(3) Durante la invasión a la isla Ikki fue uno de los actos más atroces. Después de que el gobernador de la isla se suicidara por la aplastante derrota, los soldados que ocuparon la isla perforaron las manos de las mujeres y las colgaron en sus barcos.


Notas Finales: ¿Qué tal? Como ven, Símbolo de Unión vuelve a resurgir luego de tomarse un largo descanso jejej xD ¡Y llega la conclusión de este arco! Este capítulo contaba con material para dos capítulos, pero estaba decidida a no alargarlo más. En el siguiente capítulo ya habrá pasado un tiempo y Mongolia sólo volverá a aparecer en un flashback :P ¿Qué cambios creen que habrá en los pequeñines y en Yao? ¿Seguirán teniendo una buena relación luego de que Gansukh desvele el pasado del chino con el de su antecesora? ¿Y qué les depara ahora que Japón ha aparecido?

Sintonícenos(?)… xD

Grazie, danke a todas las personitas hermosas que dan un minuto de su tiempo para escribir o leer. Besitos a todas x3