Se despertó sobresaltada a la mañana siguiente.

Pansy estaba saltando encima de su cama y gritando.

-¡Despierta Annie! ¡Despierta!

Al ver que Annie la miraba como si fuera a asesinarla se sentó encima de ella.

-Vamos, venga, no me mires así, es hora de prepararse.

-¿Qué hora es?- dijo Annie con un bostezo.

-Son las seis.

-¿¡Las seis?! ¡Pero si el desayuno empieza a las ocho y media!

Pansy hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.

-¿No te acuerdas que tenemos que ponernos muy guapas? Venga, vete a la bañera.

Viendo los lentos movimientos de Annie y el esfuerzo que hacía por levantarse, Pansy dijo:

-Bueno, así no vamos a ninguna parte, mejor preparo yo la bañera y tú haces algo como coger tu albornoz y tus zapatillas.

Annie fue a su baúl a coger su albornoz y sus zapatillas de seda.

Pansy salió del baño justo después.

-No te puedes quejar, te he puesto sales, espuma y todo.

Entró en el baño, dejando su albornoz colgado.

Parecía que la bañera sólo tenía espuma, y un dulce olor de rosas salía de ella.

Se quitó el pijama, y metió un pie, y luego otro, para mirar si el agua estaba demasiado caliente, pero no, estaba a la temperatura perfecta.

Mientras se dejaba resbalar por la gigantesca bañera, cayendo en un mar de espuma de olor a rosas, Annie pensaba que Pansy era un tesoro.

Cuando al fin salió de la bañera, con el pelo aún húmedo, Pansy estaba enfrente del tocador, poniendo un montón de productos encima de este.

-¿Qué haces Pansy?

-Oh, estoy colocando todo lo que necesitamos para prepararnos. Yo por ejemplo necesito poción alisadora. Mucha.

Entonces Annie miró hacia su pelo por primera vez en toda la mañana, y le sorprendió ver que ya no estaba liso y perfecto como el día anterior, si no que estaba ondulado y con mucho volumen.

-Yo pensé que tu pelo natural era liso.

-Bueno, antes cuando lo tenía largo, lo era. Pero al cortarlo se puso así, y no lo aguanto. Pero nadie sabe esto Annie, así que tu no digas nada.

-No diré nada, tranquila. ¿Pero tus otras compañeras de habitación nunca lo han visto?

-No he tenido otras compañeras de habitación Annie. A mí me gustaba estar sola. Bueno, tuve a Millicent Bulstrode una vez, pero se despertaba como cinco minutos antes del desayuno, y para entonces, yo ya tenía el pelo perfecto. Me puse contigo de compañera por qué me caíste bien desde el primer momento. Pensé que serías mi mitad.

Pansy le sonrió a Annie con una cálida sonrisa.

-Bueno, a ver por dónde empiezo… Vamos a ver, con tu pelo no haremos nada, ya que es perfecto, con eses tirabuzones y tan largo y suave. Creo que a ti sólo te tenemos que maquillar un poco.- dijo mientras se echaba poción alisadora en el pelo.

Justo después, el pelo de Pansy lucía perfecto y brillante.

-Perfecto. Vamos a empezar con el maquillaje.

Pansy cogió un montón de cosas del tocador, y las puso al lado de Annie.

Entonces, comenzó a maquillarla.

Sus manos se movían con tal rapidez que ni se veían.

Cuando acabó, Annie tenía una piel de terciopelo, unas pestañas más largas y sedosas que antaño, y sus ojos esmeralda parecían aún más grandes.

Annie se miró en el espejo.

- Parece que no estoy maquillada.

-Ese es el truco. Además, eres tan guapa y perfecta que no te hace falta mucho más.

-No soy guapa y perfecta.

Pansy la miró como si nunca la hubiera visto.

-Por dios Annie, ¿alguna vez te has mirado a un espejo?

Annie se rió, y mientras Pansy acababa de retocarse, se vio guapa.

Se ayudaron a vestir mutuamente, para no estropearse el pelo, y cuando acabaron, estaban preciosas.

-Ahora sólo hay que esperar a qué los chicos caigan rendidos a nuestros pies Annie.

-Ahora qué lo dices Pansy, nos falta una cosa.

-¿Qué nos falta? ¿De qué me he olvidado?-dijo Pansy con el miedo pintado en sus facciones.

-Nos falta perfume. No podemos salir sin perfume.

-Oh, es verdad.

Pansy puso una cara maliciosa y fue a saltos a su tocador, cogiendo un gran frasco rosa.

Mientras, Annie estaba en su baúl, cogiendo un pequeño frasco color crema.

-¿A qué huele la tuya Pansy?

-A lavanda y rosas. ¿Y la tuya Annie?

-A caramelo y vainilla.

-Bueno, pues ya estamos perfectas. Y antes de salir por la puerta, recuerda Annie, que somos Slytherins, y pisamos fuerte.

Annie sintió una sensación de poderío y determinación al oír esta frase, y con decisión, atravesaron la puerta.

Abajo, en la sala común, ya estaban Theo, Blaisse y Draco.

-Vaya chicas, estáis preciosas.-dijo Blaisse con voz seductora.

-Oh, calla Blaisse.-dijo Pansy rodando los ojos.

Pero Annie notó que a Pansy se le iluminaron los ojos, y que las mejillas le enrojecieron.

Los típicos detalles que sólo una chica podría notar.

-Sí, sí, están preciosas, como siempre, ¿podemos irnos ya? Tengo hambre.

-¿Y cuándo no tienes tu hambre Theo?-dijo una voz burlona arrastrando las palabras.

-Cállate Draco. No tienes ni idea de los sentimientos de los demás.-dijo teatralmente.

Entonces todos se rieron, al tiempo que salían de la sala común.

Por los pasillos, los chicos se paraban a mirar a Annie con descaro, silbando y echando piropos de vez en cuando.

Blaisse, Theo y Pansy se reían y le daban a Annie codazos mientras andaban.

Annie caminaba con la cabeza agachada e intentaba lanzarles miradas de desdén a sus amigos, cosa que sólo los hacía reír más.

Entonces alguien la sujetó por los hombros, y le susurró al oído:

-No tiene porque molestarte, de todas formas es verdad.

Annie se giró sorprendida, y unos ojos fríos como el hielo le guiñaron un ojo, pícaramente.

-Gracias Draco.

Draco sonrió con su media sonrisa, y siguió caminando con andares de príncipe.

Annie sintió como algo de removía en su estómago, y se sorprendió a si misma admirando el andar de Draco.

Sacudió la cabeza, como tratando de quitar eses pensamientos de su cabeza, y atravesó las puertas del Gran Comedor, en el que en ese momento, reinaba el bullicio.

Se sentaron en el Gran Comedor, y mientras Annie buscaba qué comer, Theo ya tenía su plato lleno, y devoraba todo con ansiedad.

-Eh chicos, ¿a que no sabéis qué?-dijo Draco entusiasmado.

-¿Qué pasa?

Todos los de Slytherin se giraron, mirando a Draco expectantes.

Draco parecía encantando con tanta atención y empezó su historia con un brillo malévolo en los ojos.

-Pues veréis, ya sabéis que ayer los dementores estuvieron en el tren, ¿no?

Todos asistieron con la cabeza.

-Pues me han contado, que… ¡Potter se desmayó!

Un coro de carcajadas prosiguió a esta revelación.

Entonces Draco hizo una parodia de desmayo, coreada por una carcajada general.

En ese momento, entraban Harry, Ron y Hermione al Gran Comedor, y Pansy gritó:

-¡Eh, Potter! ¡Potter! ¡Que vienen los dementores, Potter! ¡Uuuuuuuuuuh!

Todos volvieron a reír, divertidos, mientras Draco volvía a repetir su pantomima.

El desayuno se pasó rápido, y cuando ya todos tenían el estómago más que lleno, la comida desapareció, dejando a Theo echando maldiciones como un loco por no poder comer más.

-¿Qué clase tenemos ahora?-dijo Annie mirando a Theo.

-Cuidado de Criaturas Mágicas, creo, con los de Gryffindor.

Blaisse puso los ojos en blanco.

-Seguramente la clase estará basada en los nobles principios de regalar puntos a la sabelotodo de Granger y a San Potter. No me sorprendería mucho, la verdad.

Fueron caminando hacia la cabaña de Hagrid, en el límite del bosque prohibido.

Hagrid estaba aguardando a sus alumnos en la puerta de su cabaña, cubierto con un abrigo peludo, y al lado de su perro.

-¡Vamos, daos prisa! ¡Hoy tengo algo especial para vosotros! ¡Una gran lección! ¿Ya está todo el mundo? ¡Bien, seguidme!

Hagrid los condujo por el límite de los árboles del bosque prohibido, y después de cinco minutos, se encontraban ante un prado extenso donde no había nada.

-¡Acercaros! ¡Acercaros todos! Bien, lo primero que tenéis que hacer es abrir los libros.

-¿De qué modo? –dijo la fría voz de Draco.

-¿Qué? –dijo Hagrid.

-¿De qué modo abrimos los libros? –repitió.

Entonces sacó su ejemplar del libro, que había atado con una cuerda, y otros lo imitaron.

-¿Nadie ha sido capaz de abrir el libro? –dijo Hagrid decepcionado.

La clase negó con la cabeza.

Entonces Annie los miró a todos, después miró al profesor y dijo:

-Yo sí he sido capaz.

Todos la miraron, y Hagrid le sonrió, impresionado.

-Bueno Annie, explícale a tus compañeros como se abre.

-Tenéis que acariciarle el lomo. Mirad…

Cogió su libro, y le pasó el dedo índice por su lomo, haciendo que el libro se estremeciera, se abriera y se quedara tranquilo y sumiso en su mano.

Hagrid la miró, complacido.

-Perfecto. Diez puntos para Slytherin.

Los de Gryffindor se miraban entre ellos como si no pudieran creerlo, y Hermione Granger miraba a Annie como si la hubiera ofendido gravemente.

-Bueno chicos, no os mováis, voy a por las criaturas.

Se alejó de ellos, penetró en el bosque y se perdió de vista.

-Qué sorpresa. –dijo Blaise. La sabelotodo de Granger no ha conseguido abrir el libro. Quién lo diría. Parece ser que los de Gryffindor estáis en decadencia.

Hermione miró hacia otro lado con porte altivo, como si no hubiera oído las palabras de Blaisse.

Los de Slytherin rieron con ganas.

-Cierra la boca Zabbini. –dijo Harry visiblemente enfadado.

-Cuidado, Potter, hay un dementor detrás de ti. –dijo Draco.

-¡Uuuuuuuuh! –gritaron algunos chicos señalando hacia la otra parte del prado.

Trotando con Hagrid, dirigiéndose a ellos, se encontraban doce extrañas criaturas.

Tenían el cuerpo, las patas traseras y la cola, de caballo, pero las patas delanteras, las alas y la cabeza, de águila gigante.

Su pico parecía de metal, y sus ojos eran naranjas.

Las garras de sus patas delanteras debían medir quince centímetros por lo menos, y parecían armas mortales.

Cada animal llevaba en su cuello un grueso collar de cuero negro, atado a una gran cadena. Hagrid sostenía las cadenas de todas las criaturas.

Hagrid llegó a dónde estaban ellos y los ató a la cerca, mientras todos retrocedían.

-¡Hipogrifos! –dijo Hagrid satisfecho. –¿A que son bonitos?

Annie tenía que admitir que eran muy bonitos, todos tenían colores únicos y diferentes, y cada una de sus plumas parecía perfecta.

-Venga –dijo Hagrid frotándose las manos. –Acercaros un poco.

Nadie se acercó.

-Bueno, lo primero que tenéis que saber, es que los hipogrifos son muy orgullosos, tremendamente orgullosos. Se molestan con muchísima facilidad. Nunca, jamás en vuestra vida, ofendáis a un hipogrifo. Podría ser lo último que hicierais. Tenéis que esperar siempre a que el hipogrifo haga el primer movimiento a la hora de la presentación. Son animales muy educados. Tenéis que ir hacia él, inclinaros, y esperar. Si él responde con una inclinación de cabeza, querrá decir que os permite tocarlo. Si no os responde, bueno… Mejor que os alejéis, puede hacer mucho daño con sus garras. Bien, ¿quién quiere ser el primero?

La mayoría de la clase se alejó aún más de los hipogrifos.

-Bien Harry, vamos, ven, no seas tímido.

Harry avanzaba entre el prado, acercándose a Hagrid y a un hipogrifo gris.

-Bueno Hagrid, este es Buckbeack. Inclínate y espera Harry, vamos.

Harry hizo lo que Hagrid le pedía, y cuando Harry ya empezaba a caminar de espaldas para reunirse otra vez con la clase, el hipogrifo correspondió su saludo.

Annie se había quedado hipnotizada mirando a un hipogrifo que le devolvía la mirada serenamente, así que no sabía muy bien cuando había pasado, pero de repente, Harry estaba a lomos del hipogrifo surcando el cielo.

Sobrevolaron el prado y aterrizaron, seguidos de un montón de aplausos por parte de los alumnos de Gryffindor.

Motivados por el éxito que había tenido Harry, muchos alumnos corrieron al prado, para hacerle reverencias a su hipogrifo.

Muchos tuvieron que retroceder, ya que algunos de los hipogrifos no parecían muy dispuestos a doblar las rodillas.

Blaisse y Draco cogieron a Buckbeack, el mismo hipogrifo que Harry había montado, mientras que Pansy y Annie eligieron uno de color miel.

Draco estaba dándole suaves palmaditas en el pico a Buckbeack, con expresión divertida.

-Esto es muy fácil –dijo arrastrando las ía que ser fácil, si Potter fue capaz… ¿A qué no eres peligroso? ¿Lo eres, bestia asquerosa?

Annie lo vio venir antes de que a Draco le diera tiempo a asustarse.

Reaccionó y se metió entre Draco y Buckbeack, extendiendo las manos encima de su cabeza.

El hipogrifo se alzaba sobre sus patas traseras, tratando de alcanzar a Draco, pero al ver a Annie, sorprendentemente, se tranquilizó, y se arrodilló ante ella.

Annie se giró, y vio la expresión agradecida e impresionada de Draco detrás.

Entonces Harry fue junto a ellos.

-Muy bien Anie, realmente lo has hecho muy bien, ¡genial! Tú y Harry habéis sido los mejores de la clase, 10 puntos para vuestras respectivas casas. Bueno, la clase ha terminado, podéis marcharos.

Iban caminando hacia las mazmorras, a paso tranquilo, mientras oían a Hermione Granger murmurar bastante molesta, y a Blaisse hablar como una cotorra.

-¡Vaya Annie! A parte de ser preciosa, eres más lista que Granger, quién lo diría.

En el Gran Comedor, a la hora de la cena, la mesa de Slytherin hacía con diferencia, mucho más ruido que cualquier otra.

Los chicos y chicas de Slytherin estaban alrededor de Annie, preguntándole por su aventura con Buckbeack, que ahora era famosa en todo el colegio.

Pero Annie no se centraba mucho en esto, ya que había algo que la peocupaba.

Draco no había ido a cenar.

Después de la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, no lo habían vuelto a ver.

Annie estaba muy preocupada, pero aún así, no dijo nada, y comió tranquila hablando con Pansy, Blaisse y Theo.

Cuando acabó la cena, todos salieron del Gran Comedor ordenadamente, pero cuando iban en dirección a las mazmorras de Slytherin, la profesora McGonagall los interceptó a los tres.

-Hagan el favor de acompañarme a la enfermería, hay algo que deben ver.

Los tres estaban extrañados, pero siguieron a la profesora por el pasillo.

-Esta profesora cada día está más loca. Es la edad, se acaban volviendo locos todos.- dijo Blaisse muy seguro.

Llegaron a la puerta de la enfermería, y cuando la profesora McGonagall la abrió, las sonrisas burlonas que había en sus caras se esfumaron.

Draco estaba en una camilla de la enfermería.