Holaa! Sé que tengo muy abandonada la historia, en verdad no contaba con tiempo ni para subir capis. Ahora aprovecho por ser feriado de Pascuas, pero las obligaciones me consumen u.u Igual sepan que no las olvidé y que cuando pueda retomaré mis historias y les traeré los capis :)
Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith y al canal CW. La trama y algunos otros es de mi autoría.
TÚ ME CAMBIASTE LA VIDA
CAPÍTULO 10
– Dame la mano, Auri – la llamó Elena, extendiendo su mano hacia ella para subir al ascensor de la constructora. La pequeña, distraída, sonreía coquetamente a Tyler en su cubículo. Pero Aurora soltó un gritito cuando alguien la tomó por detrás, y no eran precisamente las manos de su mamá. Era Damon, y Elena le sonrió.
– ¿Qué pasa acá, ah? – dijo a la niña con un tono serio pero chistoso mientras la llenaba de besos y la acomodaba en sus brazos –. ¿Estás mirando a ese? – señaló a Tyler con un dedo y Aurora asintió tímidamente, ocultando el rostro en el hombro varonil.
Damon se acercó a él y lo despeinó con la manito de Auri, a la vez que Tyler, riendo, le regaló a la niña un beso sonoro en la mejilla.
– Preciosa como la madre – murmuró y le guiñó un ojo a Elena a la distancia, ganándose un manotazo de Damon en la nuca.
– Princesa – Damon volvió en sus pasos hacia Elena. La cogió por la cintura con el brazo que no sostenía a la peque y plantó un buen beso en sus delicados labios –. ¿Tienes un minuto? Necesito hablar contigo.
– Seguro.
Elena aceptó que Aurora se quedara un rato con Tyler para poder conversar tranquilos. Damon la había llamado en la tarde y su tono era inseguro, por lo que no dudó en ir a verle cuanto antes.
– ¿Desde cuándo trabaja Tyler aquí? – curioseó ella de buena idea para cortar el ambiente tenso que ocupaba el ascensor.
– Desde que asumí la presidencia de la constructora. Yo necesitaba un relacionista público, él necesitaba trabajo – gesticuló un poco con las manos –, cuentas simples.
Cuando llegaron a la oficina, él le corrió la silla caballerosamente y Elena se sentó, complacida por la atención. Damon hizo lo mismo en su asiento detrás del escritorio y la miró fijamente, resolviendo en su mente si contarle o no lo que había sucedido. Lo más factible era que ella no le creyese y, realmente, no estaba muy preparado para ese golpe. Sin embargo, una pequeña parte de él esperaba que Elena confiase y le brindara el apoyo que necesitaba.
– Relájate – susurró Elena al notar sus músculos agarrotados bajo la camisa blanca – y dime qué te tiene así, amor.
Damon se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. Bajó la cabeza y se pasó por ella las manos, nerviosamente. Luego alzó la vista hacia la morena y, con un suspiro, dijo:
– Mikael vino a verme esta mañana. Supuestamente me estaba buscando desde hace un tiempo, pero nosotros hemos regresado la semana anterior y nadie me avisó nada – deslizó la silla hacia atrás, maldiciéndose por sentirse nervioso y no ir al grano.
Elena lo apremió visiblemente con la mirada. Era tan transparente ella, que no necesitaba decir algo para hacerlo notar.
– Bien, iré al punto – masculló Damon, los dientes apretados –. El caso es que quiere comprar la constructora, y ya le he dicho que no está en venta.
– Y él no se ha conformado con eso, ¿verdad? – Elena tenía el ceño fruncido, parecía analizar la situación, y a Damon no se le hizo más que apetecible su expresión. Al mismo tiempo, lo sorprendió la afirmación, porque le había sacado las palabras de la boca.
– No, por supuesto que no se conformó. Si es un maldito viejo ambicioso – tomó un papel cuadrado de color y garabateó algo con su bolígrafo. Lo empujó hacia Elena y ella, al ver la cifra de tantos ceros detrás, abrió grande sus ojos.
– Damon… con esto podrías vivir tres vidas sin mover un dedo – dijo suave, pensando en todo lo que él detestaba esa constructora.
– Lo sé – se rascó la cabeza y la duda llenó sus ojos azules –. Podría montar mi propia agencia y… y darles a ti y a los niños todo lo que desearan. Pero mi padre dedicó su vida entera a esta empresa, siento que no puedo dejarla en manos de un cualquiera como Mikaelson, que la destruirá en un parpadeo.
Elena arrugó el papel y lo dejó caer al cesto de basura que había debajo del escritorio. Extendió su mano y acarició el dorso de la de Damon, mirándolo con pura ternura. A pesar de todo, él seguía pensando en ella y sus hijos, en cuidarlos. Y Elena no podía sentirse más agradecida y enamorada.
– Mikael sabe manejar algo importante como esta compañía. Yo he trabajado con él, no es tan malo como crees. Pero si no quieres vender, no lo hagas. Nadie te obliga.
– Me amenazó con arremeter contra ti si no cedo – soltó de pronto, sintiendo disiparse el nudo de su garganta, lo había dicho.
Elena separó su mano al instante y su mirada suspicaz le transmitió lo que pasaba por la mente de la morena. No creía en él.
– Elena, por favor, necesito que confíes en mí. Si no me preocupara, no estaría diciéndote esto.
– ¿Cómo puedes acusar a Mikael? Él es como un padre para mí, tú lo sabes. Y, así y todo, tratas de embarrarlo.
– Los Mikaelson podrán ser como "tu familia" – hizo las comillas con los dedos –, pero Mikael está más cerca de ser tu enemigo que un "padre". No deberías confiar tanto en él – Damon no podía contenerse al ver a Elena ser ingenua. Su inocencia era algo que lo llamaba a protegerla, a brindarle todo de sí y velar por ella. Sin embargo, a veces lo irritaba, porque ella misma se terminaba exponiendo.
– Tampoco debería confiar tanto en ti. Me has tratado como a un perro cuando me despediste de la editorial sin motivos. Me dejaste sola por tres meses, y apareciste de la nada… pero igual sigo confiando, y estoy aquí, contigo.
– Es distinto – Damon se puso de pie –. Yo reaccioné de ese modo porque me sentí traicionado cuando descubrí lo de Bautista. Decidí alejarme para no sufrir, en lugar de resolver el problema yendo directamente a la fuente. Reconozco que estuve mal, y así lo pagué. Porque esos tres meses fueron los peores de mi vida. Te aparté cuando más te necesitaba y me sigo arrepintiendo de ello. Por eso, porque no quiero que vuelva a separarnos nada, es que me sincero contigo.
La mirada de Elena seguía siendo un tanto acusadora. Y, a pesar de ello, sus labios lo tentaban a besarla, a hacerle entender que él la amaba y que buscaba lo mejor para ella y esa bonita familia de la cual comenzaba a formar parte. Se acercó a la morena e hizo girar su silla para quedar de frente. La acorraló contra el respaldo, colocando un brazo a cada lado de su cuerpo, y la besó con tanta intensidad como le fue posible. De algún maldito modo se ganaría su completa confianza. Puesto que Elena decía que confiaba en él, pero si no le creía sus palabras, eso no era tan cierto. Damon sabía que tenía sus razones para desconfiar. Los secretos entre ellos resquebrajaron un poco las cosas. Y su tarea sería buscar la forma de que ella sintiera lo que él sentía, y así, viera que no tenía intenciones ocultas para su princesa y que, a partir de ese momento, se mostraba a ella como un libro abierto.
– Mmm Damon, tengo que irme – las cálidas manos de Elena se posaron en sus pectorales y los sintió arder bajo la camisa.
– Un minuto más – le pidió él, saboreando sus labios con dedicación.
Ella lo apartó suavemente y unió sus frentes, no queriendo abandonar el calor que el cuerpo de Damon emanaba hacia el suyo.
– Debo llevar a Aurora al control pediátrico.
Damon abrió los ojos y le dejó un beso en la punta de la nariz.
– Vaya, entonces, princesa – retrocedió para cederle espacio y la miró con una sonrisa de lado. Pero Elena sabía que detrás de esa sonrisa había algo de tristeza.
– Damon – lo llamó antes de cruzar la puerta y él se volteó a verla –, me cuesta pensar en Mikael llevando sus ambiciones hasta el punto de dañar a otros, pero te creo. Confío en ti, siempre lo hice.
Le tiró un beso en el aire y finalmente salió.
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Al día siguiente, Elena llegó al restaurant donde había quedado con Caro para almorzar. Se sentó frente a ella en una mesa junto a la ventana y sonrió entristecida.
– Esa cara – atajó la blonda – ¿por qué esa cara? La vida te sonríe, Elena. Tienes a tus niños, se ha esfumado la rata hedionda de Stefan, has vuelto con Damon, tienes un buen trabajo – enumeró con los dedos, mirándola fijamente –. ¿Por qué esa cara? – chilló.
– Elijah.
Caroline se volteó y recorrió el lugar con la vista, esperando encontrar al hombre.
– ¿Eh? ¿Dónde?
– No, digo que por Elijah estoy así.
– ¿Y eso por qué? Mira que estoy hasta la coronilla con los Mikaelson. Y tengo entendido que Damon también – Caro puso los ojos en blanco y bufó.
– Elijah montará una concesionaria y quiere que yo trabaje con él. Pero Damon también me ha pedido que volviera a la constructora.
El mayor problema de Elena era decir que no. Con sus hijos funcionaba, pero no con otras personas. Ella era consciente de eso, y también de que le costaba cambiar. Por supuesto que, ni Elijah ni Damon la ponían en esos aprietos por gusto. Ellos ni siquiera sabían de la propuesta del otro.
– Estoy teniendo un deja vú – se burlo Caroline y Elena le devolvió una mala mueca.
– Muy graciosa. Hablo en serio.
– Lo sé, lo sé, pero recuerda que tú ya tienes un trabajo que disfrutas, ¿o no?
–Sí, pero…
– Bien, lo disfrutas, tu jefe es bueno, y tienes un horario accesible, ¿qué más quieres? – como de costumbre, Elena iba a hablar pero Caro no la dejó –. Debes aprender a negarte. Si con Mikael pudiste, ¿por qué no con Elijah?
– O con Damon.
– Vamos, tú bien sabes que entre Elijah y Damon no tienes mucho para pensar.
Caroline alzó la mano y un mozo se encaminó hacia ellas con un anotador y un boli. Tomó sus pedidos y regresó a encargarlos. En ese entretiempo, Elena pensó lo que habían hablado con Caro. Su amiga tenía razón, Damon estaba muy por encima de Elijah porque era su gran amor, el que su corazón siempre había esperado. Sin embargo, en ese momento le interesaba más su tranquilo trabajo en la editorial que el ajetreo descontrolado de la empresa.
– ¿Qué hará Damon con su editorial? – preguntó Caroline mientras cortaba en pedacitos un pan y se llevaba un trozo a la boca.
– Ya la ha cerrado y planea instalar allí una agencia de publicidad – la voz de Elena no sonaba tan entusiasmada como debería, y Caro no salteó el detalle.
– ¿Por qué no te agrada? – Elena alzó la vista y bufó.
– No es que no me agrade, nada me gustaría más que pudiera él cumplir su sueño. Pero entre la constructora y eso se le hará un lío y no tendrá tiempo ni ganas de nada.
– Fácil, pídele que venda la constructora.
– Caro – la regañó Elena –, ¿cómo piensas que haría algo así?
– Me has dicho que Mikael ofrece muy buen dinero, entonces incita a Damon a que cierre trato.
– Decirlo es fácil, ¿sabes? Convencer a Damon de que busque su felicidad es el problema.
La comida llegó y por un rato se mantuvieron comiendo en silencio. Elena miró hacia afuera y vio que pequeñas gotitas caían del cielo. Las nubes eran grises y amenazaban con tormenta.
– Elijah está enamorado de ti – dijo Caro, rompiendo el silencio. Y Elena casi se atraganta con un raviol. Bebió todo el contenido de su vaso y fulminó con la mirada a su amiga.
– ¿Por qué me agregas un problema más a todos los que ya tengo?
Caro se encogió de hombros.
– Solamente te informo, para que no te pille desprevenida.
– Sí, claro – se mofó Elena, molesta –. Damon me ha dicho algo de eso, y está enfadadísimo. Como si yo le fuera a poner atención – suspiró y jugueteó con su comida –. Elijah es un hombre magnífico, yo lo adoro de corazón, pero Damon es Damon.
– Elena, no tienes por qué amarlo, es su culpa haberse enamorado. Que se curta como toda su familia – Elena rió un poco por el gruñido de Caro. Era divertido verla enojarse con los Mikaelson.
– Prométeme que si te cuento algo, mantendrás el secreto – empezó la morena, alejando su plato hacia el centro de la mesa, asqueada. La comida de ese lugar era deliciosa, pero su estómago no estaba aceptándola bien. Caroline contempló su gesto y, cuando se encontraron las miradas, la suya se había expandido.
– Oh, por Dios… oh, por Dios.
– Caroline, no grites – la detuvo Elena, su corazón latiendo más velozmente de lo normal.
– Dime que… – su voz sonaba finita, rozando lo chillona.
– No es seguro…
Bueeno, hasta aquí por hoy. Gracias por leer y comentar, sostengo que me encanta leer sus Reviews
Espero que les haya gustado y nos seguimos leyendo :) Felices Pascuas y muy buen finde!
