Ella había muerto. Los personajes de InuYasha le pertenecen a Rumiko Takahashi.
Capítulo X
Los niños reían a pocos metros del lugar donde se encontraba. Se sentía como
una tonta esperando la llegada de aquella persona a la que había citado con
tanta urgencia. Cuando se comunicó por teléfono con él, notó que no se
sorprendía en lo más mínimo. Como si estuviera acostumbrado a eso.
Levantó la mirada al escuchar unos pasos acercándose con cautela. Y le vio.
Frente a ella, alto y gallardo, un hombre con una sonrisa cautivadora, de
traje, con el cabello negro y un tanto largo llevado en una coleta. Era aquel a
quién estaba esperando.
Él le hizo una señal con la cabeza y siguió caminando de largo, ella le siguió
a los pocos segundos distanciando sus cuerpos por tan solo unos pasos.
Llegaron a una limusina y él se apartó lo suficiente para que ella subiera. No
hablaron, no se tocaron, no se dirigieron la mirada el uno al otro.
Era una silenciosa sentencia de muerte.
Un hotel de dimensiones gigantescas se levantaba ante ellos. Ella carraspeó
nerviosa, él sonrió divertido.
Entraron al lobby separados, ella entró directamente al ascensor mientras él
iba a hacer la reservación. Llegó al piso de la suite, la de siempre, donde
había hecho cosas innombrables con el hombre que la acompañaba.
Se sentó a esperarlo en un sillón individual, lejos de él, lejos de todo.
—Pensé que te habías olvidado de mí. –Le escuchó decir detrás de ella al tiempo
que la puerta se cerraba, dejándolos solos.
—¿Qué no fui yo la que entró en estado de coma y estuvo siendo cuidada las 24
horas?
—No te enojes, preciosa –dijo mientras tomaba asiento frente a ella, con una
pose totalmente varonil.
Ella le vio con la mirada altiva y orgullosa mostrándole la molestia que sentía por aquel olvido.
—Yo también he estado ocupado¿sabes?
—Con Sango, lo sé, me lo contó.
Él la vio con una especie de reclamo y enojo en su mirada.
—¡Te he dicho que no menciones su nombre en mi presencia!
—Es tu esposa…
—¡Y tú mi amante!
La tomó con fuerza del brazo levantándola y poniéndola a su altura.
—Tú eres mi amante y aún así estás con él, con ese…
—¡Es mi esposo! —reclamó molesta por la actitud que tomaba—. Él es al que amo.
Mala respuesta. El rostro de él había tomado un color rojizo antes de lanzarla de nuevo contra el sillón, lastimándola.
—No empieces con tus sentimentalismos. Tú comenzaste con eso, ahora debes
cumplirlo.
—Yo no empecé con nada y lo sabes, Miroku.
Él la volvió a tomar y la arrastró hacia la habitación, soltándola para que cayera en la cama. La mirada de ella estaba asustada pero no perdía su orgullo. Era lo único que le quedaba.
—¿Entonces por qué cuando nos veíamos me veías así? –Se subió encima de ella
apresándola bajo su peso— ¿O ya no lo recuerdas? Tú me seguías y yo sólo cumplí
lo que pedías. Necesitabas a alguien que te dijera palabras hermosas al oído y
yo cumplí con todas tus peticiones, con todas tus cursilerías. Te di la
oportunidad de llenar mi cama cuando muchas otras la pedían. Incluyendo a mi
esposa, incluyendo a tu mejor amiga.
—¡Basta!
—No. No basta. Ya lo hiciste una vez, preciosa. —Le tomó el rostro con fuerza—
Y estuviste a punto de morir al querer salirte de esto¿lo recuerdas? —Comenzó
a acariciarla, incitándola— Tanto como que me llamó Miroku, como que tú no
podrás dejarme. No de nuevo.
Ella había intentado dejarlo. Lo había intentado.
—Por más que ames a ese estúpido de InuYasha, tú eres mía.
Amaba a InuYasha. Lo había amado desde antes, se había dado cuenta. Él sería
feliz si él se lo dijera.
Sintió que su ropa era arrancada mientras un terror la invadió por completo.
Ella le vio asustada y gritó.
¡Hola!
Bueno, aviso que ya solo quedan dos capítulos más el epílogo para terminar la historia ;D!
Además de eso ¡guarden las hachas!, si le cambié mucho la personalidad a Miroku pero tiene una razón de ser ¡lo juro!
Gracias por sus RR.
