Holaaaaa! Sí, sí, sé que demoré D: Pero tengo una excusa válida. Sigo a mil con el colegio, volví de mi viaje de egresados sin ganas ni de respirar y estoy en medio de la planificación de mi fiesta de graduación. Peeeero tengo una muy buena noticia, solo me queda un mes de clases y soy toda suya (? además se terminaron los exámenes así que tengo tiempo de sobra por lo que el próximo cap puede que esté para el próximo fin de semana.
Besitos, nos leemos :*
SIN BETEAR
Capítulo 10
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~You Shouldn't Play With Fire ~
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Prométeme que siempre serás
feliz a mi lado.
Y me comprometeré a cantar para ti
cuando toda la música muera.
Cásate conmigo,
hoy y todos los días.
Cásate conmigo
Train - Marry Me
Pocas horas atrás, había llegado a visitar a su padre junto con Isabella y mientras ambos caminaban recorriendo el vecindario donde creció el catedrático, Edward descubrió una nueva tienda de tatuajes a pocas cuadras de su antiguo hogar. Desde que la joven le había confesado el aborrecimiento hacia su tatuaje, 3 semanas atrás, se pasaba pensando cómo demonios podía deshacerse de la horrible marca. Así que al ver un hermoso dibujo de un cisne en la vidriera de la tienda, supo qué era lo que quería y esperaba que de una vez por todas pudiese tapar la estupidez más grande que había cometido en su vida. Estaba seguro de que esta vez no iba a arrepentirse porque además de que no tenía dudas de su amor hacia la joven, estaría sobrio al hacérselo. Aprovechó a visitar el lugar en cuanto Bella cayó rendida de sueño por la tarde.
No recordaba que fuese tan doloroso. La mierda realmente le dolía y estaba a punto de llorar como un niño pequeño. Intentaba centrarse en otra cosa que no fuera el espantoso ruido de la máquina o los pinchazos en su piel pero era una tarea bastante complicada.
— ¿Edward, cabrón, eres tú? — una voz familiar bramó. Su cerebro estaba demasiado ocupado haciendo que sintiera dolor como para procesar de quien se trataba. Abrió sus ojos, que mantenía cerrados con firmeza, para encontrarse con su cuñado observándolo con notoria diversión.
— Jasper, — fue lo único que pudo mascullar.
— ¿Qué hay hermano? — inquirió Henry, el tipo con múltiples perforaciones y sin lugar aparente de su cuerpo que estuviera sin tinta, sin apartar los ojos de su tarea.
—He venido por una nueva adquisición, — respondió. — ¡Carajo, Masen! ¿Eso es…? — el cobrizo asintió seguido de un siseo. Debe estar realmente enamorado, pensó, y por fin va a cubrir esa mierda. — Te tiene mal, hombre, ¿será que tendremos una boda pronto? — preguntó en broma.
Pero esa simple pregunta, realizada con el fin de molestar a Edward, le dio a éste bastante que pensar. La idea había cruzado por su mente más veces de las que podría recordar pero siempre la desechaba. No quería tomar una decisión apresurada, quería asegurarse de que estaban bien juntos como para afrontar un matrimonio. Había un pequeño detalle, esta vez era diferente, se sentía distinto, correcto y lo que es más, lo anhelaba más de9 lo que estaba dispuesto a admitir. Era consciente de que no sería un error pedirle a Isabella que fuera su esposa y que, aunque su primer matrimonio falló estrepitosamente, tenía la certeza de que esta vez las cosas funcionarían porque él la amaba y era correspondido sinceramente por la joven y también porque, esta vez, no lo haría por sentir que debía hacerlo sino que deseaba que sucediera. Nunca había querido tanto que pasara.
—Eso espero, — susurró ligeramente aturdido por sus reveladores pensamientos.
—Alice enloquecerá, — comentó incrédulo. Como el resto de la familia, Jasper no creyó que Edward volviese a mantener una relación con una mujer, mucho menos casarse nuevamente luego de su primera mala experiencia. De hecho, había llegado a pensar negativamente, que solo seguía con ella porque la había embarazado. Estaba contento de haberse equivocado, por lo que había oído, Isabella era una gran joven y merecía alguien que la amara en verdad.
—No le digas ni una palabra, Hale. No quiero que esté rareando alrededor de Bella.
— ¿Mi bella esposa rareando? — bufó divertido. —No diré nada.
— ¡Terminado! — exclamó Henry haciendo que el catedrático soltara un suspiro de alivio.
Masen observó la obra terminada con satisfacción al ver el resultado. Era como si un peso se le quitara de encima, su pasado cubierto por su presente y futuro.
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A Isabella le tomó unos cuantos minutos el comprender dónde se encontraba cuando la bruma por el sueño se evaporó. Le hubiese gustado poder dormir un poco más pero su hijo no compartía sus deseos y parecía dispuesto a moverse cada pocos minutos. Se giró en la gran cama esperando encontrar a Edward junto a ella pero solo se topó con un trozo de papel.
Volveré pronto.
Siéntete como en casa.
Con amor,
Edward.
Una involuntaria sonrisa se extendió en sus labios. ¿Quién iba a decir que detrás de aquella fachada de impasible y frío hombre se escondía una persona tan dulce y con tanto amor para dar? La joven nunca se hubiese imaginado esa faceta de él y seguramente si alguien le decía que fuera de la universidad era todo lo opuesto al estoico y exigente catedrático, ese que te hacía querer desaparecer de la faz terrestre cuando rompías algunas de sus reglas y te taladraba con la mirada, ella se reiría meses atrás. Las apariencias engañan, y no había personas más calificadas que Edward y Bella para confirmarlo. Ambos habían construido máscaras para defenderse del mundo exterior, paredes firmes a su alrededor para evitar ser dañados una vez más y ocultar sus verdaderas identidades. Aprendieron a la perfección el arte de fingir, pero esas barreras de nada sirvieron luego de un tiempo, cuando sus vidas se cruzaron e inconscientemente dejaron que aquellas cayeran y se permitieron arriesgarse a mostrarse tal cual eran. Por el momento, ninguno estaba arrepentido de haberse arriesgado y, por cómo iban las cosas, tenían la seguridad de que fue una decisión acertada el permitirle al otro entrar completamente en su vida.
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Cuando Edward regresó a la casa, se encontró con Bella riendo a carcajadas y sosteniendo su abultado vientre con uno de sus brazos. Sin dudas su padre estaría poniéndola al tanto de las vergonzosas anécdotas de su niñez y gran parte de su adolescencia. Por un lado, le alegraba lo rápido que su progenitor había aceptado a la joven y la buena relación que ambos parecían tener, eso no había sucedido con Emma. Pero por otro, deseaba que Edward Padre se guardara algunas cosas.
—Estaba en su segundo año de secundaria cuando unos chicos mayores lo retaron a brindarle a la anciana huraña que vivía al final de la calle un show de striptease. Por supuesto que él aceptó. La señora Benson llamó a mi esposa diciéndole que su grosero hijo mayor estaba perturbando su preciada vista bailando obscenamente sin nada de ropa en su patio delantero.
— ¡No puedo creer que haya hecho eso! — oyó la voz distorsionada por la risa de la joven.
—Créelo, cariño, — manifestó el catedrático ingresando en la sala. — Me delató pero creo que disfrutó bastante del espectáculo, nunca me miró de la misma forma de nuevo —, comentó con diversión y luego depositó un casto beso en los labios de la castaña y se dejó caer a su lado. Su padre bufó.
—Para su suerte, Lizzie llegó antes de que decidiera dar aviso a la policía, realmente habría estado en serios problemas si eso pasaba.
— ¿Por suerte, papá? Ser llevado por la policía hubiese sido menos vergonzoso que ser arrastrado por tu furiosa madre tironeando de tu oreja, — puntualizó.
—Hijo, si hubiese tenido que ir a buscarte al departamento policial, tal vez no estarías respirando en este momento, — señaló con burla. — O conocido a esta preciosa chica, — añadió haciendo ruborizar a Isabella. —Les daré un momento a solas antes de que Alice llegue y decida acosar a Bella, — informó poniéndose de pie y caminando fuera de la habitación. Al pasar por al lado de su hijo, palmeó su hombro demostrándole su orgullo sin palabras. Edward siseó de dolor.
— ¿Estás bien? — inquirió con preocupación la joven al ver el gesto de malestar que mostraba el rostro del cobrizo.
—Sí, no te preocupes. — Masculló. Se preguntó por qué su padre tuvo que darle una demostración de afecto en ese lugar. Como si no hubiera tenido que soportar el punzante, ardiente e intermitente dolor de la aguja allí durante gran parte de la tarde. Isabella no le creyó e iba a protestar pero él desvió el tema, — Es un gran alivio y me hace muy feliz que tú y mi padre se lleven bien. Realmente le agradas.
—Él me agrada, también. Estoy ansiosa por conocer a tu hermana.
—No sabes lo que dices, — previno con una sonrisa. Bella por su parte, rodó los ojos. Creía que el catedrático estaba exagerando.
Pero en realidad, Edward no dramatizaba.
Dos horas después, la joven estaba ligeramente abrumada por la efusividad de la hermana menor del Profesor Masen. Desde que había llegado, Alice no dejó de parlotear acerca de tantas cosas sobre bebés que logró marear a la castaña. Los tres hombres miraban a Isabella con compasión, sabían de primera mano lo que era tener que sobrellevar la emoción de la pelinegra ante algo.
A pesar de que sentía que su cabeza estaba a punto de explotar, Isabella siempre mantuvo una sonrisa en su rostro mostrándose amable y aprovechando de las pocas oportunidades de hablar que tuvo para intercambiar comentarios cordiales con la tía de su futuro hijo. Le gustó Alice porque descubrió que, al igual que ella, era una persona sencilla y auténtica solo que con una extraña capacidad de hablar por más de un minuto sin detenerse por una bocanada de aire y extrovertida en un nivel elevado. Jasper demostró ser un tipo de pocas palabras, amable y tranquilo, por lo que pensó que encajaba a la perfección con la explosiva personalidad de su esposa.
Edward, al ver la facilidad con la que la castaña había logrado encajar en su familia, estaba rebosante de felicidad. A lo contrario de la primera vez que llevó a Emma a cenar a su hogar, la cena transcurrió sin incidentes o silencios incómodos. Edward Padre se encargó de que Isabella nunca quedara fuera de las conversaciones.
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—Tengo una sorpresa para ti, — anunció en su oído envolviendo sus brazos alrededor de la joven en la intimidad de su antigua habitación. Isabella se sobresaltó al no haberlo oído ingresar.
— ¿Sí? — inquirió con voz temblorosa provocada por los suaves besos que el cobrizo estaba repartiendo por su cuello. La joven se recargó contra el pecho del catedrático suspirando, era su lugar preferido en el mundo. Entre los brazos del hombre que amaba, el padre de su hijo. Edward murmuró una apenas entendible afirmación — ¿Vas a decirme de qué se trata? — logró preguntar con voz ligeramente ronca, bajo el aturdimiento que los labios del cobrizo sobre su piel provocaba. Edward sonrió y depositó un último beso antes de girarla para quedar enfrentados.
De un segundo al otro, la habitual confianza del catedrático desapareció y su semblante se volvió inseguro, nervioso.
— ¿Todo está en orden? — inquirió alarmada al notar el cambio en él.
—Realmente espero que te guste, — se limitó a responder. Tomó una profunda inhalación y luego, tomando el dobladillo de su camiseta, se la quitó dándole a la joven un vistazo de su nueva adquisición.
La castaña soltó un jadeo y sus ojos se llenaron de lágrimas a causa de la sorpresa y felicidad que aquello le provocaba.
— ¡Oh! — fue todo lo que pudo decir.
Los ojos de Emma se habían ido. En su lugar, Henry había logrado cubrirlos a la perfección con un simple corazóndel que Edward quedó fascinado al verlo y le pareció ideal aunque creía que le faltaba algo para que estuviese completo, su nombre, y al comunicárselo al encargado de hacer el trabajo, este le mostró varias opciones en las que podría incluir el nombre de Isabella. El catedrático había optado por una delicada cinta debajo y una estilizada letra.
— ¿Te gusta? — preguntó vacilante.
—Es… precioso, Edward. — respondió con voz quebrada.
—Me alegra verdaderamente que te guste porque dolió como la mierda, — comentó haciendo reír a la castaña antes de abalanzarse hacía su boca.
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Antes de dejar la casa de su padre y regresar a Nueva York, su progenitor le había pedido que lo siguiera a su despacho para tener una charla padre-hijo mientras Isabella pasaba la tarde fuera con Alice.
«Estoy orgulloso de ti,» le había dicho. «Sea como sea que esta relación haya comenzado,» continuó sorprendiendo al catedrático, «no creas que no me di cuenta que hay algo más detrás de esto pero eso no importa, hijo. Habría que ser ciego para no ver el amor que sientes hacia ella y que eres correspondido de igual forma. Estoy muy feliz de que la hayas encontrado y estés, verdaderamente, formando una familia.» concluyó antes de rebuscar algo en uno de los cajones de su escritorio y entregárselo al localizarlo. «Tu madre tenía la certeza de que encontrarías a alguien algún día y me pidió que te lo diese cuando sucediera. Puedo notar que ya no habrá nadie más para ti y que es cuestión de tiempo para que Isabella sea oficialmente de la familia así que, supongo que es el momento adecuado.»
La decisión estaba tomada, él estaba seguro. Jamás había estado tan confiado de que era lo correcto, lo que quería. No recordaba haberse sentido así años atrás, tan nervioso, ansioso y emocionado a la vez. La pequeña caja de joyería que contenía al anillo que su madre había llevado por años, estaba oculta en el bolsillo del interior de su chaqueta, aguardando el momento indicado para sacarlo.
Había planeado con meticulosidad aquella noche, incluso las palabras que diría, aun sabiendo que probablemente no las recordaría cuando el momento de decirlas llegara. Gracias a sus contactos, logró conseguir una reservación en un elegante y romántico restaurante de un hotel en el corazón de la ciudad junto con una suite en el mismo. Quería que todo fuese perfecto e inolvidable para Isabella, ella lo merecía.
— ¿Qué sucede, Edward? Estás algo… alterado. — inquirió durante la cena al notar que cada pocos segundos se pasaba la mano por el cabello o golpeteaba la mesa con sus dedos en un claro signo de nerviosismo.
—No es nada, — respondió con una sonrisa tranquilizadora. La castaña enarcó una ceja en su dirección. — Todo está bien, Bella. En verdad. — añadió alcanzando una de las manos de la castaña entre la suya dándole un apretón reconfortante.
Lo que restó de la cena, intentó no ser tan obvio demostrando su ansiedad ante los observadores ojos de la joven que intentaba descubrir que estaba perturbando a su pareja y barajaba distintas posibilidades que distaban a lo grande asemejarse al real motivo de los nervios del catedrático.
— ¿Todo esto tiene un motivo? — quiso saber una vez en la habitación.
— ¿Necesito uno para agasajar a la mujer que amo? — preguntó en respuesta.
—Uh, ¿no?
—No, — afirmó envolviéndola en sus brazos. — Aunque… tal vez sí tenga un motivo por esta vez —, murmuró contra su cabello.
— ¿Qué quieres decir? — Se alejó de ella e inhaló profundamente antes de dejarse caer sobre una de sus rodillas tomar las manos de Isabella. — Edward, ¿qué…? — intentó preguntar pero él la interrumpió.
—Nunca creí que encontraría a alguien de quien realmente me enamoraría, — comenzó atrapando los ojos de la castaña con los suyos, — que anhelaría con tanta intensidad pasar cada momento del resto de mi vida junto a una mujer, ni mucho menos tenía expectativas de formar mi propia familia… Entonces apareciste en mi vida, — continuó sin apartar la mirada. — Las ganas de no volver a atarme a una persona y disfrutar todo lo que una vida de soltero ofrece huyeron de mí, lo único que deseo desde la primera vez que estuvimos juntos es no dejarte ir de mi lado jamás. »Tal vez pude haberte amado desde ese entonces aunque no fui capaz de verlo, no hasta que me dijiste que estaba embarazada. Había mucho más allí que el solo querer ver crecer a mí hijo, deseaba compartir eso contigo, cada instante. Como pareja. La simple idea de otro hombre teniéndote… hacía y hace hervir mi sangre, no soportaba la idea de que si te dejaba ir y me mantenía al margen, solo ocupándome del bebé, algún día habría alguien para ti. El punto es que, te quiero a mi lado… por el resto de nuestras vidas.
Se aclaró la garganta y sacó la caja, la abrió y le ofreció el anillo. Lágrimas caían de los ojos de la joven, un sollozo se escapó de su garganta y su cuerpo tembló levemente ante la imagen frente a sus ojos y lo que estaba oyendo.
—Isabella Swan, te amo y sé con total certeza que ya no habrá nadie más para mí, ¿te casarías conmigo?
—Sí, — respondió en un tembloroso susurro.
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¿LES GUSTÓ? :O
GRACIAS POR SEGUIR LA HISTORIA, POR MARCARLA COMO FAVORITA Y POR SUS TAN LINDOS COMENTARIOS.
Sharin ~
