Tercera Gota; ENCRIPTADO.

Después nos preguntaríamos como fue que llegamos tan lejos, como fue que permitimos que el tiempo juntos se fuera juntando para al final dar una explosión negruzca de errores. Era curioso porque, aunque ambos sabíamos lo que nos ocasionábamos uno al otro, seguíamos incluso en el borde del abismo; en el mejor de los casos solo uno se salvaría de la caída mientras el otro se perdería en la oscuridad sin colchón para el golpe final; en el peor de los casos, ambos nos dejaríamos caer sin encajar el uno con el otro.

Por donde lo viéramos, ambas eran pésimas ideas.

Pero aquí estamos, esperando para que alguien caiga primero.

...

Un año y tanto atrás...

— ¿Estamos seguros de esto?

—Ya lo discutimos.

—Lo sé, pero... es algo...

— ¿Quieres retractarte?

—No... o sea no, no quiero.

— ¿Realmente estás bien con esto?

De repente siento frío en el cuerpo, quiero volver a las siete de la mañana cuando estaba acostado en mi cama y hecho ovillo.

Levi está sentado frente mío con una bufanda que le he prestado hace semanas, quiero esperar que tenga su aroma impregnado para hoy, trae consigo dos maletas pequeñas una llena de ropa, otra llena de libros y otros chunches para su uso personal, aparte ha dejado sobre la mesa una orquídea de color morado, ha dicho que no la puede dejar sola y sin cuidados por correr riesgo de secarse, le dije que corre más peligros en mi casa con mis gatos.

El ligero olor de su perfume me llega a las fosas nasales, inhalo tranquilo cerrando mis parpados, llenándome de él hasta sentirme seguro, no hizo falta demasiado.

—Sí. —digo y abro los párpados.

Ahí está él, su presencia en mi departamento, es lo único que necesito.

No dice nada, se dedica a ver jugar a Armin y a Nanaba durante el resto de la hora, de repente me dedica pequeñas miradas de reojo, tararea una canción mal estructurada como para arrullarme hasta la noche, lo cual casi logra si no fuera porque mi mente viaja a las posibilidades de que esté conmigo una semana entera.

Levi ha llegado cuando el reloj de mi cocina decía que eran la nueve con diez de la mañana, yo apenas levantaba algún parpado para ver que Armin siguiera durmiendo a mi lado, el timbre mañanero lo molestó a él también, nuestro fuerte no es levantarnos temprano y tener visitas.

El verlo parado en el marco de mi puerta tan temprano tampoco era costumbre.

—¿Buenos días?

—¿Qué haces aquí tan temprano?

Él entra cerrando la puerta a sus espaldas, cuando está totalmente dentro me doy cuenta de sus maletas.

¿Qué?

—¿Puedo quedarme esta semana? —pregunta dejando todo a un costado.

Me tomo unos segundos antes de contestar, mi mente aún sigue adormilada después de botes de palomitas y noche de películas, ¿de qué está hablando?

—¿Puedo? —repite casi susurrando.

Esto es distinto a lo que yo recordaba en meses pasados.

Siempre nos encontrábamos en medio de la noche pasando desapercibidos, el juego de solo conocernos por tres horas era entretenido porque sabíamos que ninguno tenía que implicar tantos sentimientos y tiempo entre el otro. El trato era bastante simple: yo sabía que él tenía una vida de envidia con una destinada, si yo involucraba sentimientos nada terminaría bien para mí, no quería romperme, no con Levi; así que me mantenía al margen de lo que era nuestra relación "secreta", nunca esperaba que él entregara más de lo que podía dar; mientras él comprendiera lo mismo, ambos seriamos intocables para el otro.

Era un sencillo.

Bastante sencillo.

—¿Quieres quedarte por una semana en mi casa?, ¿solo así de la nada?

—Si, ¿puedo?

Pregunta de nuevo y un escalofrío me recorre la columna vertebral, como la primera vez que lo vi en el tranvía.

No es seguro

—¿Y... Petra? —un nudo se me forma en la garganta, no estoy tan seguro de querer saber su respuesta.

—No importa...

Es mentira, pero basta para sacarme una sonrisa.

Es como si nos enceráramos en una caja de cristal, casi puedo estar feliz por ello. Mientras no pensará en el futuro, mientras solo estamos él y yo, mientras imagino que estará todo una vida conmigo.

Quizá...

—Quédate.

Ω

Levi ha dicho que tiene una semana libre.

Yo aún sigo procesando que lo tendré conmigo día y noche.

Si hago memoria, hoy es como el primer día que lo conocí en el tranvía, al otro lado del ventanal las gotas se estrellan furiosas contra el cristal, el vapor del café nos cubre la nariz y parte del rostro, como esperando ansioso a que le demos sorbo tras sorbo antes de que se enfríe, el vapor nos cae en gracia cuando yo empiezo a decir que veo figuras en él, desde un pino pequeño a una tortuga en un campo de flores, la playa le queda muy lejos; Levi lo mira pensativo y luego suspira resignado porque no ha encontrado figuras.

El día parece que se ha cansado cantar aventura a los amantes desesperados. Las nubes grises y la lluvia no ayudan a que mejore, pero sí a que nosotros hablemos tranquilos sobre temas irrelevantes, yo soy experto es eso, Levi es un poco más de temas que relevantes, pero parece entretenido si le digo que Armin y Nanaba rasgaron mis almohadas y tiraron un juego de té que compre hace semanas.

Eso lo hace fruncir el ceño en desaprobación.

—Deberías de controlarlos más. —dice.

—Son gatos Levi, a ellos solo les importa dormir y comer.

—Te pareces mucho a ellos entonces.

—Ja-Ja, muy graciosos, también me preocupan más cosas.

Pero pensándolo mejor, tiene razón en compararme con ellos.

La lluvia sigue azotando contra los muros, no se detiene como para tomar un descanso, al igual que hace meses, el clima aquí normalmente es lluvioso y frio, con viento y probabilidades de granizo una vez por semana; lo cual agradezco, yo nunca he aguantado el verano por mucho tiempo, brilla demasiado y que se me tueste la piel nunca ha sido lo mío.

—Levi... —la voz me sale en un susurro, pero lo logra escuchar diciéndome con la mirada que continúe hablando. Me tiemblan un poco las manos, tal vez sea el frío que hace o el café me ha alterado los nervios. —¿Nos mantendremos al margen?

Se encoje de hombros dándole sorbos grandes al café.

Él está en el otro extremo del sillón, lleva una playera que le ajusta un poco al pecho, una chaqueta de color negro que cae delicado sobre sus hombros y un pantalón de mezclilla que gris de sus favoritos; sostiene la taza tan raramente que me he preguntado si no se cansa, su cabello parece suave y brillante, nunca lo he visto con el cabello desordenado. ¿Qué espera lograr?, ¿si quiera lo pensó?

—Si lo quieres...—dice, aunque una vez dicho, no me convence de cumplir su palabra, aun parece buscar que decir.

Son casi las nueve cuando discutimos por quien se irá a dormir en el sillón y quien se quedará con la cama.

El café no lo terminamos.

Yo no puedo dormir esa noche.

...

Me habla sobre su trabajo y su familia, no parece muy cómodo cuando dice que viene de una línea de Alfas distinguida y reconocida, habla de ellos como si fueran automáticas las respuestas teniéndolas escritas en una nota mental y trata de cambiar de tema cada que explica alguna rama familiar; se le es tan incomodo como yo hablando de soñar ser Omega cuando tenia seis años.

No sé como contestarle cuando me pregunta sobre mi vida antes de conocerlo, de alguna u otra forma siempre volvemos al mismo punto después de brincar de tema en tema; ambos nos sentimos solos, aunque estamos rodeados de personas por nuestro trabajo, así que yo le regreso la pregunta diciendo si se ha ahogado toda su vida.

—Quien sabe...

Contesta.

Ese día no hacemos más que intentos de comida, Levi no sabe cocinar y es muy terco como para aceptarlo a pesar de salar una sopa y quemar un par de salchichas que quedaban en la nevera.

Al final terminamos pidiendo comida china y pizza de queso porque yo no pienso solo comer cosas dulces.

—Eso no es una dieta sana. —alega.

—Tampoco la tuya y yo no te estoy diciendo nada.

Eso lo hace sonreír.

Cuando voy por la cuarta rebanada de pizza, él me toma del brazo y me jala hasta el sillón, ambos quedamos demasiado cerca como para que yo sepa que sus manos siguen siendo tan frías como la lluvia, una tormenta de meteoritos, el granizo en el tejado...

Él se da cuenta de mi reacción, jugando mete sus manos frías en mi espalda para hacer círculos y dibujos.

—¿Tus manos siempre son frías? —giro el rostro para verlo, siento me ha estado viendo desde hace un buen rato.

—No, no siempre.

Pasea su mano de mi espalda para dar un paseo por mis omoplatos, de camino a mis hombros y terminando en mi cuello. Doy un quejido de sorpresa cuando tira de una de mis mechones de cabello y hace garabatos en cabeza.

—¿Te diviertes? —digo con voz calmada, no es como si me incomodara.

—Bastante.

Me río con ganas porque comienza a hacer cosquillas en mis costillas.

—Basta... quiero comer a gusto...—siento sus como sus dos manos entran bajo mi sudadera provocando que me lace carcajadas intensas y me lleve las manos al estómago tratando de quitármelo de encima, no para de hacerlo.

—Trata de quitarme.

Y entonces yo aprieto sus piernas con mis dedos haciendo que él rechiste en seguir con su guerra y se lleve sus manos hasta mis cabellos y despeinarlos por completo.

—¿A si? —digo en reto, él parece entretenido.

Tomo una almohada de un costado y se la arrojo con fuerza, él lo alcanza a tomar antes de que se estampe contra su cara y me la arroja en respuesta, tiene los sentidos más sensibles que los míos, él sería un lobo blanco y yo como un pequeño oso panda con pereza desbordando.

Antes de que yo contrataque con otra almohada o con un toqueteo en sus piernas, él me toma por los hombros hasta que nos miramos el uno al otro.

Su respiración se agito un poco mientras yo lucho por recuperar aire, siento un poco de aire frío aun en la espalda por el rastro de sus manos o tal vez sea por la llegada de la noche, el viento fuera hoy es bastante poco como para arrullar a los buenos sueños, aun así... siento que mi cara se comienza a entibiar al verlo y las ganas insaciables de recargarme en su hombro me pican la nuca. No sé si él este cansado o tenga la misma necesidad que yo.

Siento sus dedos subir por mi cuello mientras él presta atención a las pocas venas visibles, tengo un lunar entre la clavícula y mi boca que él ve con curiosidad y toca con sus dedos fríos como queriendo gravarse cada parte de mi rostro. Es algo nuevo en él.

Yo me dejo llevar por su tacto, se me hace tan cómodo como una tarde lluvia con galletas y helado.

Me mira curioso a los ojos como intentando descubrir si son verdes, azules o grises: yo miro los suyos porque sé sin duda de que son azules oscuros, nunca lo he dudado.

—Tienes hermosos ojos... —dice.

Aprieto los labios, me sudan las manos.

Levi y yo no somos como parte del otro, yo de paso sé que él tiene una dependencia muy fuerte hacia Petra, sé que quiere sentir algo más por ella que solo una atracción sexual donde las feromonas entran en juego, que quiere quererla como ella ha dicho y jurado que lo ama cuando lo ve llegar de alguna expedición, él me lo ha contado semanas después de conocerlo.

Levi y yo podemos jugar a querernos durante noches y días si queremos, podemos imaginar que nos encerramos en un cuaderno de hojas blancas y dibujamos a nuestra voluntad como queremos nuestras vidas juntos; que el tiempo pase tan lentamente para hacernos tantas cosas y tintarnos mutuamente de café, lluvia, pizza, galletas y comida quemada.

¿Era mío?

¿Yo era suyo?

Nos sentíamos solos y necesitados de amor.

Esa era la verdad.

Por eso aun nos permitíamos existir en nuestras vidas, aunque fuera de manera pasajera, teníamos una carencia tan grande de cariño y amor que solo llenábamos estando en presencia del otro.

No fluíamos como yo quería que pasara.

Ni esperaríamos al otro, porque no es posible. Era como si el cuaderno de hojas blancas estuviera en el ultimo estante y ninguno lo alcanzaba.

¿Levi y yo? Ni siquiera podíamos estar en una misma frase.

Siento mi rostro arder cuando su frente se pega con la mía y su nariz choca como dando un saludo, un frío saludo porque su rostro está frío y la punta de su nariz aun más. Muevo mi rostro de un lado a otro como simulando el vaivén de un beso.

—Eren...—él suspira sobre mis labios provocándome un tsunami en el pecho y una sonrisa en los labios que no logro evitar. —¿Seguimos al margen?

Llevo mis manos hasta su pecho, ahí bajo la caja torácica se siente un golpeteo tranquilo, si sintiera el mío seguramente estaría vuelto loco queriendo salir a gritar que duele pero que también esta disfrutando el momento.

Niego.

De repente él me besa.

Y yo con movimientos torpes le correspondo tratando de seguir su ritmo.

Lento, apresurado, calmado, ansioso y vuelve a repetir la secuencia como para volverme loca el alma. Succiona una de mis labios arrancándome un quejido de la garganta porque he disfrutado las sensaciones que ha liberado de mi pecho a mi sistema nervioso.

Mis manos suben hasta sus cabellos haciendo pequeños remolinos con mis dedos.

Me enredo con él entre el beso y sus manos comenzando a tocarme la carne sobre mi columna vertebral, de arriba a abajo y sus dedos ahora son el estimulante perfecto para que la carne me queme delicioso.

—Pensé que nos mantendríamos al margen. —dice rompiendo el beso y llevándome sobre su regazo, acercamos nuestro cuerpo lo suficiente como para que ambos percibamos el palpitar del otro, como si el mar cantara que hemos deseado las carisias mutuas durante un largo y solitario tiempo.

Abro los parpados, hasta ahora me doy cuenta de que los he tenido cerrados; ahí esta de nuevo, el azul oscuro y el aroma de su perfume que me da seguridad ante los hechos y las sensaciones.

El frío nunca fue tan rico como esta noche.

—No me quiero mantener al margen.

Lo beso.

Afuera el viento azota y la lluvia esta por llegar.

¡Gracias por leer!

-Leere-

-Besos-