Disclaimer: Los derechos reservados me impiden mentir así que contra mi voluntad declaro que Harry Potter no es mío es de Rowling…

HUELLAS DEL PASADO

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Me Debes una Explicación

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Me extraña lo que está pasando

Nada de esto es normal

Algo no está bien, lo sé

La estabilidad con la que vivíamos

Se está tambaleando

Pero confío en que el amor todo lo puede

Espero…

-Ginevra Longbottom

Otro día más, uno más sin saber mucho, había leído en sin número de libros acerca de los filtros amoroso y había dado a probar a escondidas cada remedio que encontraba a su marido sin obtener resultados, sus amigos tampoco tenían algo útil que ayudara, se comportaba, según ellos, perfectamente normal excepto que profesaba cariño a otra mujer, desde el día del partido no hablaba con él, no se atrevía a hacerlo…

Era la hora de la comida pero ella se encontraba en una sección privada de la biblioteca, total, iría más tarde a las cocinas por algo de comer en caso que le diese hambre, de pronto sintió una mano sobre su hombro.

- Buenas tardes- saludó el hombre con un levísimo gesto de sonrisa.

- Buena tarde Draco- correspondió ella a penas apartando la vista de sus pergaminos para reconocerlo aunque esa voz era inconfundible para ella.

- ¿A qué te dedicas?- preguntó él mirando discretamente en lo que ella trabajaba, al descubrirlo ella sonrió.

- Nada importante- cubrió ella la información con gesto cansado.

- Talvez te pueda ayudar…¿acaso n confías en mí?- fingió sentirse ofendido.

- No es eso- suspiró- Eso solo que…- no pudo continuar ya que si lo hacía se pondría sentimental.

- Hermione…- dijo él suavemente- Yo fui al partido- confesó con fingida pena, ella lo miró decidiendo liberarse un poco con él y le abrazó con pena.

- Debes haberlo visto…- musitó tristemente, le dolía recordar ese beso.

- Sí, lo vi- dijo rodeándola con sus musculosos brazos- Y no sabes cuánto deseé ir a tu lado para que supieras que estaba ahí para apoyarte…y también para romperle la cara a tu esposito- dijo haciendo sonreír levemente a la mujer.

- No sé lo que pasa Draco- confesó ella con frustración- Pensé que podría ser alguna especie de filtro amoroso pero no…y ya no sé que más…- se le rompió la voz en ese frase.

Todo estaba resultando como esperaba, ella estaba mal, él la consolaba, tan solo debía presionar los puntos correctos en los momentos adecuados y pronto habría una Potter menos.

- Se solucionará esto, ya verás- mintió sin soltarla- Yo estaré contigo- afirmó, ella se separó de él para mirarlo.

- Pero…recuerda lo que hablamos…yo no sé si sea lo mejor…-

- Lo recuerdo- ahora él la soltó levantándose del lugar- Y desde entonces me he mantenido apartado, no nos vemos excepto en las comidas donde no me siento cerca de ti, en la escuela ni nos cruzamos y si lo hacemos te trato con la misma cortesía que a McGonagall, me he convertido en menos que un amigo común- alegó procurando mantener un tono de voz bajo- Y soy uno de tus mejores amigos…al menos lo era ahora no te dejaré aunque me lo pidas- declaró con firmeza.

- ¿Estas seguro? No sabes en lo que te metes- titubeó ella.

- Por supuesto, no lo dudes más- sonrió él- Aunque te recomiendo que primero hables con él, no todo en la vida es magia- dijo seriamente- A veces las personas cambian a pesar de que no lo queramos-

- ¿Tú crees que de verdad ya no me quiera?- se atrevió a preguntar ella con inocencia que a veces desconcertaba al rubio, no concebía que en esa mujer pudiesen habitar tantos sentimientos tan opuestos unos de los otros.

- Habla con él, es lo mejor para aclarar todo- recomendó limpiándole las lágrimas con su pálida mano- Tú eres muy fuerte, no te dejes derrumbar- rió tocándole la punta de la nariz juguetonamente.

- ¿Por qué siempre me mandas a hablar con él?- cuestionó suspicazmente- ¿No se supone que lo odias? Después de todo te golpeó y nuestro hijo casi te envenena severamente- bromeó ella ya mucho más relajada.

- Aún me cae mal y su hijo es tan solo un niño- restó importancia al asunto- Lo hago por ti, porque sé qué es lo mejor para ti- recalcó sinceramente.

- Gracias- dijo ella- Y tienes razón, te he tenido muy abandonado- se acercó a acariciarle cariñosamente su sedosa cabellera rubia.

- ¡Ey! ¡Si no soy perro!- reclamó el hombre acomodando su perfecto cabello.

- Lo sé pero eres tan lindo como uno- bromeó ella riendo por primera vez desde aquel día al ver el gesto de total indignación de su amigo.

- Oye…- iba a reclamarle cuando la mujer lo tomó del brazo.

- Vamos por algo de comer, muero de hambre- declaró caminando hacia la salida de la biblioteca ante la severa mirada de Madame Pince quien no se atrevía a regañar a los profesores.

- Pero ya pasó la hora de comer, ahora no hay nada-

- Iremos a las cocinas- declaró ella sonriente para extrañeza del rubio quien jamás había ido a ese lugar lleno de elfos pestilentes pero se dejó llevar sin remedio.

Ambos salieron del santuario de libros riendo, rumbo a conseguir alimento pero un par de ojos veían la escena con mirada extrañada entre furiosos y felices, con la capa y el mapa en mano, por un lado querían que su madre volviese a sonreír pero no por causa de este, ese hombre no ocuparía el lugar de su padre ni en un millón de años ni aunque el ojiverde estuviese muy raro y encima de todo con otra.

- Esto me preocupa Sirius- habló en voz baja su hermana.

- A mí también ¿crees que debamos hacer algo?- dijo él inseguro.

- No sé, mamá nos dijo que no interviniéramos pero…-

- Pero son nuestros padres a final de cuentas, además recuerda la promesa que le hicimos a papá- alegó el ojiazul.

- ¿Sigue siendo válida acaso?- la joven enarcó una ceja.

- Sí, cuidar a mamá es válido siempre-

- Hablemos con ella entonces pero hay otras cosas que tenemos pendientes- recordó ella refiriéndose a sus investigaciones sobre la Gran Guerra.

- Bien, la siguiente clase que tenemos es Transformaciones, cuando termine la llamamos- concluyó el chico mientras su hermana verificaba el Mapa.

Llegaron al aula en turno sin prisa donde encontraron a Frank ya en su lugar de siempre saludándolos para que se acercaran a sentar con él, el chico castaño dirigió una mirada de desprecio a los slytherin que compartían la clase con ellos, se veían descansados no como aquel día sin embargo Zabini ya no los molestaba tanto. Escucharon el sonido de la puerta suponiendo que era la profesora pero se encontraron con la marfileña cara de su "querido" profesor de pociones y su bien formado cuerpo caminando hacia el escritorio.

- Su profesora tuvo un imprevisto y me pidió que diera su clase esta vez- explicó mostrándose complacido.

Los mellizos le dirigieron una mirada desconfiada, la última vez que los vieron iban juntos pudiera ser que él le hubiese hecho algo a su madre…

- Profesor- dijo Lily respetuosamente- ¿Mi madre está bien?- cuestionó a lo que el rubio la miró fijamente adentrándose sigilosamente en su mente hasta descubrir qué era lo que le preocupaba, cuando lo hizo sonrió.

- Ella está muy bien señorita Potter pero podrá preguntárselo cuando la vea- contestó de lo más tranquilo- ¿Alguien puede decirme qué estaban viendo en clase?- preguntó cambiando de tema algunos alumnos levantaron la mano pero ya esperaban a quiénes otorgaría la palabra siempre.- Señor Mordaunt- señaló a un slytherin sin sorprender para nada a los leones.

- Terminábamos de ver Agua- dijo Peter orgullos de responder primero.

- ¿Están viendo los cuatro elementos?- preguntó más para sí mismo que para los alumnos quienes asintieron- Interesante…hoy veremos entonces Fuego- declaró sonriente pues ese era uno de sus elemente preferidos aunque él no lo dominara, ya que era un elemento en extremo peligroso pero no le importaría deshacerse de algunos gryffindor.

- ¿Eso no es peligroso? La profesora dijo que ese sería él último a ver por su inestabilidad…-

- No recuerdo haberle dado la palabra señor Potter, 5 puntos menos para su casa- regañó.

- Pero profesor Malfoy es verdad- defendió otro león.

- Su casa pierde otros 5 puntos gracias a usted señor Longbottom- lo calló el adulto mientras el joven hacia una mueca de molestia- En realidad si son lo suficientemente responsables este elemento no es tan peligroso- sonrió despectivamente- El hechizo es simple Ignis Mutare- conjuró hacia un gryffindor que justo entonces brincó de su asiento que súbitamente se había transformado en llamas- ¿Lo ven? Es cuestión de estar atentos- comentó disfrutando al ver al cara de susto de los demás.

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La castaña sabía que dentro de poco su marido llegaría a casa pues ese día terminaba temprano su entrenamiento según recordaba, se puso cómoda en su sala aguardando al otro tratando de pensar muy bien lo que hablarían. Pasaron unos minutos cuando escuchó la puerta principal abrirse, el sonido de unas risas no le pasó desapercibido para nada, menos cuando dos figuras entraron a la sala tomados de la mano, bueno la oriental colgaba de la mano del morocho.

- ¡Ay Harry eres muy divertido!- exclamó la pelinegra sonriente.

- Y tú muy linda- contestó él.

- Aham- carraspeó la castaña para hacerse notar antes de presenciar una escena empalagosa.

- Hermione ¿qué haces aquí?- cuestionó Cho algo sorprendida.

- Esta es mi casa, que no se te olvide Chang- dijo la otra evidentemente molesta.

- No, esta es mi casa- replicó el hombre duramente siendo recompensado por un beso de la mujer de ojos rasgados.

- ¡Y yo soy tu esposa!- dijo la señora Potter dolida ante semejante declaración.

- No por mucho tiempo querida…- musitó Cho divertida.

- Tú- la miró con furia- Lárgate ahora mismo- ordenó la ex gryffindor furiosa.

- ¡Tú no me puedes ordenar nada…!-

- ¡Que te largues!- gritó con más fuerza liberando energía mágica de su cuerpo por lo que una lámpara explotó en el acto, Chang, al percibir que su vida peligraba, se retiró e la casa sin esperar más tiempo, definitivamente no le convenía hacer enojar a esa mujer pero no tenía de otra.

- Hermione, tranquilízate- medió el morocho con desgana.

- ¡¿Qué me tranquilice?!- exclamó ella sin siquiera pensar en esa posibilidad- ¡Me estás engañando con otra en nuestra casa! ¡¿Y pretendes que me tranquilice?!- exclamó sintiendo que le escocían los ojos.

- Mmm…- él no supo qué decir, ahora que el aroma se había esfumado se sentía terrible como si una manada de hipogrifos le hubiera pasado encima.

- Creo que me debes una explicación- exigió ella respirando profundamente- ¿De verdad ya no me amas?- le preguntó con una voz que pretendía ser firme.

- Claro que te amo- afirmó el otro seguro de eso al menos de momento.

- Entonces ¿por qué estás con ella? ¿Es que necesitas un cuerpo?-

- No….no…es que no entiendo lo que me pasa con ella…es extraño…pero no la quiero, solo a ti te amo Herm- declaró el ojiverde tomándola del rostro ya un poco más recuperado.

- Probé con todo, no es ningún filtro amoroso, ni estás hechizado…- se contuvo de llorar una vez más apartándose del contacto del otro- ¡Pero estas con ella!-

- ¡Y no sé por qué!- elevó la voz el hombre también- Cuando estoy con ella solo quiero complacerla y hacerla feliz mas luego me arrepiento y pienso en ti, en nuestro amor…- declaró denotando en cada palabra una inmensa frustración.

- Ya no sé si ese amor sigue vivo en ti…- musitó la ojimiel con amargura en la voz.

- ¡Claro que sí! ¡Siéntelo!- puso la mano de ella en su pecho- Mi corazón late por ti- declaró.

- No lo creo- apartó su mano- No puedo creer que me digas amar y a pesar de eso me engañes ¿crees que soy estúpida?-

- Desde luego que no, el único estúpido soy yo…-

- Lo sé…- le dijo duramente.

- ¿Qué debo hacer para que me creas?- le preguntó con sinceridad.

- Cuando te vea de nuevo con Chang sabré si lo que me dices ahora es cierto aunque lo dudo por lo de hace unos momentos- declaró con amargura ya que no se explicaba el drástico cambio de personalidad de su esposo.

- Pero amor…- trató de abrazarla mas ella se apartó.

- ¿Acaso a ti te gustaría verme besando a Draco frente a todos?- cuestionó con tono dolido porque no olvidaba ese beso, esa traición.

- ¡No!- exclamó él endureciendo su expresión- ¡Jamás!- negó con firmeza.

- Pues a mí no me gustó verte así con Chang tampoco-

- No lo harías ¿verdad?- inquirió en tono asustado- ¿verdad?- la tomó del brazo aplicando un poco de presión.

- ¡Yo no te traicionaría como tú lo hiciste!- afirmó ella zafándose del agarre con lágrimas escurriendo por su rostro.

- No quise hacerlo, no quería ¡no quiero! ¡Créeme!- alegó él tomándose la cabeza en signo de desesperación.

- Pues lo hiciste y hace unos minutos parecías muy feliz con Chang- dijo ella con un tono de celos en la voz.

- ¡Mentira! ¡Ella no significa nada para mí! ¡Lo juro!- ella no contestó- ¡Lo juro por nuestros hijos!- dijo él tomándola de los hombros desesperado porque le creyese, de verdad la amaba y no sabía lo que le sucedía últimamente.

- ¡No te atrevas a meterlos en esto!- replicó Hermione- Niégame que la has besado más veces en mi ausencia ¡niégamelo!- bramó pero el otro no respondió nada- ¡¿Lo ves?!-

- Pero yo te amo a ti Herm, solo a ti…créeme por favor- pidió el buscador con lágrimas en sus orbes esmeralda.

Ella no podía soportar más el seguirlo viendo así tan desubicado, tan triste y en un desesperado intento de creerle dejó que la besara…el beso sabía igual de delicioso como siempre, se dejó llevar sin siquiera pensar que esos mismos labios habían hecho contacto con los de otra hacía poco pero lo amaba tanto que lo olvidó por completo, mientras él trataba de transmitirle todo el amor que sentía por ella mediante caricias, estaba sumamente confundido , no sabía porqué su corazón parecía saltar de gusto pero su mente estaba intranquila, revuelta, nublada…

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- Te diré algo amor- dijo una pelirroja- Me preocupa Harry y Hermione, nunca pensé que esto sucedería mientras vivieran…después de todo lo que tuvieron que pasar para estar juntos…- comentó con genuina tristeza mientras bebía su té.

- A mí también me preocupa pero creo que si su amor es tan grande como el nuestro- sonrió- lo podrán superar- afirmó bebiendo también de su té en una mesita de su gran invernadero.

- Yo ya sabía que esa Chang iba a causar problemas- gruñó la mujer apretando el puño furiosa.- Quisiera…-

- Tranquila amor no quiero tener que irte a visitar a Azkabán por asesinato- rió su marido.

- Sabes que no dejaría huella alguna…- sonrió de lado- Sería muy muy sutil- insinuó con tono coqueto a lo que el otro se puso algo nervioso.

- Eh…-

- ¿Recuerdas la carta que nos envió Frank?- cambió de tema ella al verlo rojo decidiendo que más tarde retomaría el jueguito.

- ¿La que quemaste y le respondiste con un vociferador que no era su asunto?- preguntó el hombre de cabello crespo en son de broma.

- La misma- dijo al pecosa tomándose enserio el tema- Si los chicos descubren algo tendrán otro problema…- suspiró.

- Tendremos dirás- corrigió su esposo tomándola de la mano por encima de la mesita.

- Nev, también eso me preocupa-

- Gin, amor- la tomó de la barbilla dulcemente- Sabíamos que esto pasaría algún día y acordamos afrontarlo juntos-

- Pero no pensé que fuera tan pronto aunque tienes razón, debemos ser fuertes- sonrió de vuelta.

- Esa es mi mujer- declaró el hombre sonriente y orgulloso.

- Mejor que no me confundas con una de tus plantas- alegó ella al ver la mirada que su esposo reservaba para sus plantas, dirigida a ella.

- Si lo fueras, serías la más linda de todas- dijo él terminando su té para acercarse a ella y darle un beso en la nariz.

- ¡Ey!- reclamó Ginny con su mirada de 'dame un beso bien o mejor no me des nada'.

- No hasta que te bañes, los entrenamientos te dejan muy sudada- se burló señalando que la mujer aún no se cambiaba su uniforme de quidditch y en efecto seguía acalorada.

- Delicadito- le espetó molesta por la burla también terminando con su bebida.

- No es eso, simplemente tengo un olfato muy fino por esto de la herbología- se excusó.

- ¿Estás insinuando que huelo mal también?- conjeturó la pelirroja con los brazos cruzados.

- Bueno…- el hombre tragó saliva y de un brinco salió disparado mientras su mujer lo perseguía.

- ¡Ven acá Neville Longbottom!- gritó ella corriendo detrás de él- Cuando te atrape ya verás- amenazó juguetona.

- ¡Si me atrapas Ginevra Longbottom!- condicionó aumentando la velocidad de su carrera a través del invernadero.

Las personas que eran los empleados sonreían divertidos por el espectáculo del matrimonio mientras los que eran los clientes se extrañaban ante el comportamiento de la pareja más aún cuando se atraparon dándose un beso apasionado en medio del lugar sin el menor pudor para luego desparecer sin más, seguramente a continuar en su casa.

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El inconfundible ruido de la puerta la alertó, la comida estaba lista y su marido iba llegando, dejó lo que hacía para ir a recibirlo a la entrada antes de que se cambiara.

- Bienvenido- exclamó la rubia lanzándose a los brazos del fuerte pelirrojo.

- Creo que huelo la comida- dijo él respirando sonoramente.

- Salúdame primero- condicionó ella al percibir que la comida le importaba más de momento.

- Pero Luna…- replicó él señalándose, es que estaba con su uniforme un poco sucio y él mismo se encontraba algo sudoroso, cuando salía temprano prefería bañarse en su casa y por eso llegaba en esas condiciones.

- Nada Ronald- calló ella besándolo en la boca, le encantaba el olor varonil que despedía ese hombre pero solo un rato porque luego se volvía algo desagradable.

- ¿Contenta? Ahora a comer…-

- Te bañas y luego a comer- corrigió la mujer pacientemente, era lo mismo cada semana.

- Pareces mi mamá- se quejó él- Eres mi esposa y una buena esposa no le ordena a su esposo- informó inflando el pecho.

- Eso era hace mil años querido, ahora un buen esposo hace todo lo que de dice su esposa- alegó sonriente y empujándolo a la segunda planta.

El hombre accedió resignado tomando una rápida ducha en el baño de su cuarto, se puso de una vez la pijama para bajar a alimentarse, se acomodó en su lugar en la mesa dispuesto a devorar lo que le pusieran en frente, pronto llegó su esposa con la comida en la mano, la cual desde luego su elfo había preparado pues ella también trabajaba y no tenía mucho tiempo.

- ¿Cómo te fue en la revista?- cuestionó él pasándose lo que tenía en la boca.

- Muy bien, papá me dio un informe sobre un misterioso hombre de las nieves que publicaré en el siguiente número cuando investigue más- informó contenta por la novedad.

- Vaya, parece que nunca faltan criaturas extrañas- ironizó él recordando a los dichosos crotens por lo que ella no lo dejaba hacer magia en casa pero hacía tiempo que había aceptado la extravagancias de su pareja.

- Así es- tomó un poco de agua- Cuando Bill regrese le diré que vayamos a esa montaña en su búsqueda, de paso observaremos las criaturas que forman la nieve.- declaró sonriente.

- Hablando de los niños ¿tiraste la carta que nos enviaron?-

- Sí, la quemé como acordamos y les dije que los sarutair se la habían comido- explicó.

- Que bien aunque me preocupa su creciente curiosidad…-

- ¿Cómo te fue a ti?- cambió el tema.

- Normal, muchas paradas, goles, sudor…lo de siempre- tomó todo su agua para pasarse mejor la comida.

- Eso no, con el asunto de la infidelidad de Harry- corrigió soltando el tema sin tapujos provocando que el hombre apretara sus puños con expresión enojada.

- Igual, parece le mismo solo que "enamorado" de otra- dijo amargamente pues no le parecía la actitud de su mejor amigo más cuando lo cubrió una vez.

- Chang no me parece una buena persona, no la apropiada para él- comentó la ojiazul como si hablara del clima.

- ¿Enserio?- preguntó él sarcástico- ¡Claro que no! Esa es una…argg ¡Hermione es su esposa!- elevó su tono tornándose rojo de coraje.

- Calma Ronal- lo serenó. Esto es muy raro, hay cosas en el aire que no me gustan nada…- declaró más seria.

- Hay cosas a nuestro alrededor que a mí no me agradan- secundó él calmándose.

- Pareciera como si el pasado quisiera volver-

- ¿Lo dices por lo de Zabini y Malfoy?-

- Por eso y más cosas…no sé, te digo que el aire está volviéndose denso- declaró ella.

- No me asustes y vamos al cuarto- dijo él sonriendo pícaramente.

- De acuerdo- los platos quedaron olvidados- Solo que tú me lleves hasta allá…- sonrió también.

El pelirrojo la levantó de la silla cargándola escaleras arriba directo a su habitación, o más específicamente, a la cama.

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Revisaron el Mapa una vez más en busca de cierto cartelito, no iban a dormirse hasta haber tenido una conversación con ella, su hermanito dormía en el suelo afuera de la habitación de su madre, la contraseña ya no era Pay de limón y no podían entrar, Sir Thomas no se los permitía por nada, menos porque decía que carecían de modales. De pronto vieron aparecer a su madre en la entrada lateral del castillo, ya era entrada la madrugada, guardaron todo despertando al ojimiel.

- Buenos días mamá- saludó su hija con toque severo.

La mujer se sobresaltó al ver ahí a sus hijos, estaban esperándola solamente y se sorprendió a sí misma sintiéndose avergonzada por el tono de su hija que era tan parecido al suyo, ahora ya sabía más o menos cómo se sentían los demás cuando ella les hablaba así.

- ¿Se puede saber dónde has estado?- tomó la palabra su hijo mayor en el mismo tono.

- No es hora para que estén aquí despiertos, menos tú James- evadió la pregunta mirando al pelinegro.

- Ni tampoco es hora para que llegues- replicó el pequeño para sorpresa de los demás.

- Ya dinos mamá-

- ¿Si lo hago irán a dormirse?-

- No- respondieron todos a la vez.

- Está bien, entremos- suspiró- Sir Thomas-

- Buen día profesora Potter- reverenció con caballerosidad- Traté de que se fueran pero me fue imposible convencerlos- se excusó.

- No se preocupe, ahora si su merced os permite- recitó a lo que los menores no identificaron cuál era la contraseña pero e cuadro cedió el paso.

Los cuatro entraron a la ya conocida sala de la mayor con gesto risueño.

- Ni se acomoden que no se quedarán mucho tiempo- advirtió ella.

- Sí que lo haremos- sentenció su hijo mayor con gesto risueño.

- Pero será más rápido si nos respondes- secundó su hija antes de que replicara.

- Bien- suspiró- Estuve con su papá…- confesó con una sonrisa, los chicos se miraron tratando de corroborar lo que oyeron, a ver si era cierto, parecía que algo se había arreglado.

- ¿Quieres decir que…?-

- De momento parece- terminó la mujer cortante- Si eso era todo…-

- Sabemos lo de la Gran Guerra, lo de Voldemort…- soltó la chica dejando a su madre sin habla, demasiado sorprendida por su descubrimiento.

- Queremos que nos digas porqué nos lo ocultaron- intervino el más pequeño.

Hermione sabía que ese día llegaría pero no así, no cuando un amigo que creyó muerto realmente estuviese vivo, no cuando un mortífago peligroso estaba libre y podía causar problemas, no cuando la relación con su esposo estuviese en una cuerda floja, no cuando sus hijos fuesen aún pequeños, simplemente no en ese momento…se dejó caer en el sillón individual ubicado al lado de la chimenea, su vista se perdió en el crepitar de las llamas reflejándolas en sus pupilas ambarinas llenas de preocupación por lo que diría.

- ¿Mamá?- llamó el joven castaño esperando una respuesta.

- Es normal que quieran saberlo...- habló ella en voz queda sin despegar la vista del fuego- Después de todo es su herencia…por su apellido y por su sangre…- musitó.

- ¿Qué quieres decir?- ante esta pregunta la ojimiel los miró regresando plenamente a la realidad.

- Su padre y yo tenemos historias muy peculiares, él fue marcado desde que nació, sus padre James y Lily fueron asesinados por Voldemort, también trató de matarlo a él pero la magia antigua lo protegió tan solo dejándole una cicatriz en forma de rayo en su frente, desde entonces fue conocido como el-niño-que-vivió…- contó recordando la primera vez que lo vio en el tren, con sus gafas viejas y sus ropas enormes, sabiéndolo solo como una leyenda- Fue muy duro para él enterarse de todo eso a los 11 años porque no sabía que era un mago y vivía con sus tíos muggles, desde ahí empezó su batalla con ese mago oscuro que aún vivía y trataba de acabar con lo que empezó…fue hasta nuestro quinto año cuando supo el contenido de una profecía que decía que él debía matar o morir a manos del Señor Oscuro, eso marcó su vida y la de todos los que lo rodeábamos- declaró recordando ese momento tan doloroso para él.

- Pero ¿por qué tú también lo…pues lo mataste…?- inquirió Lily titubeante por toda la nueva información que le llegaba.

- Más tarde nos enteramos que había otra parte de la profecía que me involucraba, decía que lo ayudaría a derrotar a Voldemort pero no fue hasta la batalla final cuando lo supimos y lo derrotamos, juntos…ese fue el final de la guerra- cortó sin entrar en detalle.

- ¿Y por qué ocultarnos eso? ¿Cuál era el sentido?- esta vez Sirius se extrañó al terminar de asimilar el relato.

- No nos era fácil contarlo, sigue sin serlo- alegó ella.

- ¡Pudiste mencionarlo alguna vez! ¡Una vez solo para tus hijos!- exclamó el joven.

- No es como su en medio del desayuno dijera 'pásame la leche por favor, ah, por cierto hijos, su padre y yo matamos a un mago oscuro para salvar a al mundo ¡ten el azúcar!'- ironizó la mujer elevando su tono también.

- Solo era cosa de tener una conversación como ahora- intervino la ojiverde antes de que empezara una discusión.

- Lo pensamos, sin embargo eran pequeños y aún lo son, no queríamos que supieran las cosas crudas de esa guerra, queríamos su felicidad…- afirmó suavemente.

- Guardas más secretos en pos de esa felicidad ¿verdad?- habló el ojimiel mirándola fijamente.

- De esos se irán enterando con el tiempo, les he contado lo suficiente y aún no hablan con su padre, él también querrá decirles algunas cosas- sentenció devolviéndole la mirada.

- No me gustan los secretos- objetó el ojiazul cruzándose de brazos.

- En eso eres muy parecido a Harry, también él los odiaba pero todos fueron por su bien, mi abuelo era el que le decía las cosas con lentitud, esperando a que las asimilara- observó revolviendo el cabello rizado de su hijo.

- ¿Realmente cómo murió el bisabuelo?- preguntó la jovencita.

La ex gryffindor sintió el conocido dolor en el pecho por el recuerdo del final de su abuelo, su trágica muerte, la noche que cambió su vida otra vez.

- Igual que los padres de Harry- contestó con ojos ensombrecidos.

- Ese mago si que era un monstruo- escupió ella con enojo.

- El padre de Zabini le sirvió ¿no?-

- Sí, fue un mortífago- dijo su madre- Pero Sirius, no es bueno que juzgues a las personas por su cuna, te lo digo por experiencia- recomendó seriamente.

- ¿El profesor Malfoy?- cuestionó James deduciéndolo acertadamente.

- Sí, él fue hijo del que en vida fue el mortífago más fiel a Voldemort, Lucius Malfoy- contó- Y a pesar de eso nos hicimos amigos y él salvó mi vida- confesó.

- ¿Por eso lo estimas tanto?- dijo el joven con algo de amargura.

- Entre otras cosas hijo- lo miró severamente- Y aún no olvido lo que le hicieron, eso estuvo muy mal-

- No era nuestra intención…-

- Bueno…¿cómo les fue en mi clase?- cambió el tema.

- ¿A la que no te presentaste?- ironizó su hija burlona.

- Esa-

- Normal, vimos el elemento fuego- contó notando cómo su madre se tensaba.

- ¡¿Normal?! ¡Casi nos quema el hombre!- exclamó el ojiazul exagerando el asunto.

- Solo lo dices porque no pudiste hacer el hechizo- alegó su melliza.

- ¡Tú tampoco pudiste!- respondió él.

- ¡Pero yo no me quejo! Además nadie pudo hacerlo- esto último lo dijo mirando a su mamá.

- Es normal, ese es un elemento que requiere de mucha energía, no entiendo porqué lo tocaron si no era tiempo-

- Eso le dije a Malfoy pero no me hizo caso, me bajó puntos- bufó el castaño.

- Probablemente porque no pediste la palabra ¿cierto?- el chico asintió ante su madre quien se limitó a sonreír- Como sea le diré unas cuantas cosas al profesor Malfoy-

- ¿Cuándo veré todo eso yo?- intervino el menor con algo de envidia.

- Aún eres un enano, tendrás que esperar unos años- se burló el otro chico.

- ¡Mamá!- acusó el pelinegro.

- Déjalo en paz Sirius- lo regañó ella.

- Como sea…oye ¿nos muestras tu dominio del fuego que dijiste tener?- suplicó el mellizo- Por favor-

- Como dije, no creo que sea conveniente- negó ella.

- Por lo menos muéstranos la conversión- se unió al ruego su hija.

- Por favor- terció James ansioso por verlo.

- De acuerdo- suspiró apuntando su varita hacia uno de los leños cercano transformándolo en llamas que pronto fueron a parar a la chimenea.

- ¡Vaya!- sonrieron los jóvenes.

- No deben hacerlo hasta que estén listos- ordenó- Es peligroso de verdad, no lo tomen como un juego- miró a Sirius- Ni como un reto- miró a Lily- Lo veremos más adelante cuando tengan más preparación- con esto guardó su varita.

- Está bien- dijeron los castaños resignados.

- Ahora vayan a sus Salas y duerman un poco, porque al rato tienen clase- recordó poniéndose de pie y abriéndoles la puerta.

- ¿No nos darías un permiso o algo así?- pidió su hijo con carita falsamente tierna.

- Nada de eso, ustedes quisieron venir y ahora se atienen a las consecuencias- negó ella- Hasta al rato- se despidió cerrando el cuadro ya que los chicos estaban afuera.

- Ni hablar…- se encogieron de hombros.

- Nunca se han preguntado cómo es que mamá sabe tanto de todo, no es normal ¿o sí?- inquirió James pensativo.

- Ay James, es mamá, es normal que lo sepa todo- restó importancia su hermano.

- Apúrense- así se fueron a sus Salas Comunes rogando porque las clases de ese día no fueran tan pesadas.

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Muy bien, luego de un tiempo les hago entrega de otro capítulo de este fic, como lo prometí lo voy a terminar a pesar de que probablemente no haya muchos que les guste…Espero hayan pasado un feliz febrero y que marzo sea aún mejor.

Contestando a los que me dejaron un comentario, antes que nada muchas gracias, willow007 muchas gracias por lo que piensas sobre el argumento intento hacer mi mejor esfuerzo y espero mejorar sobre la marcha, claro que habrá más y peor… H/Hr sí aquí está otra actualización y muchas gracias por el apoyo de verdad me anima a subir más capítulos, en realidad ya tengo algunos escritos solo es cuestión de subirlos y reviews como el tuyo me ayudan a decidirme cuando, espero hayas disfrutado este nuevo capi.

Hasta el próximo.

Atte.

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