Hola espero disfruten el cap jeje

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 10

-¡Withlock!

Con el ceño fruncido, Jasper alzó la mirada y vio a un hombre alto y desgarbado, vestido con una llamativa chaqueta amarilla y una corbata verde, avanzando hacia él.

-Shelby. ¿Cómo estás?

-Muy bien -el recién llegado lanzó a Alice una detenida mirada-. Me temo que estoy interrumpiendo. No es por utilizar un truco tan viejo, pero... ¿no nos hemos visto antes? -le preguntó a Alice.

-No -respondió ella mientras le tendía la mano, con la simpatía que la caracterizaba.

-Alice Cullen, Allen Shelby -los presentó Jasper.

-¿Alice Cullen? Es un verdadero placer -exclamó encantado Shelby, estrechándole la mano. Vi dos veces El parque de Suzannah.

El contacto de su mano no le produjo buenas vibraciones, pero intentó sobreponerse a esa sensación. Detestaba juzgar con precipitación a la gente.

-He oído que Withlock se está zambullendo en Broadway, Jasper.

-De momento solo está merodeando un poco -Jasper le sirvió a Alice el resto del champán-. Allen está al frente de Discos Galloway.

-Somos cordiales competidores -le aseguró Shelby, y Alice tuvo la clara impresión de que aquel tipo no dudaría en cortarle la garganta a Jasper a la menor oportunidad-. ¿Has pensado en la posibilidad de editar un álbum en solitario, Alice?

-Esta es una confesión muy poco apropiada para hacerla ante un productor de discos, pero ahí va: cantar nunca ha sido mi fuerte.

-Si Jasper no te convence de lo contrario, ven a yerme.

Le puso una mano en el hombro a Jasper mientras hablaba. Alice volvió a decirse que no le gustaban aquellas manos. No podía evitarlo.

-Ojalá pudiera quedarme un rato a charlar contigo -continuó Shelby, ignorando el hecho evidente de que no lo habían invitado-, pero un cliente me está esperando para cenar. Saluda de mi parte a tu padre, Jasper -se dirigió luego a Alice-. Y piensa por favor en lo del álbum después de hacerle un guiño, se alejó hacia su mesa.

Alice esperó unos segundos y apuró el resto de su champán.

-¿Por qué la mayoría de los productores de discográficas suelen vestir como si fueran ensaladas andantes?

Jasper la miró fijamente y se echó a reír.

-Shelby responde a ese patrón, desde luego. Pero espero que a mí me incluyas en la minoría.

-¿Sabes? Sospecho que no te cae bien.

-Bueno, somos rivales de negocios.

-No -Alice negó con la cabeza-. Me refiero en el plano personal.

Aquello le interesaba a Jasper, porque tenía la reputación de disimular escrupulosamente sus emociones.

-¿Por qué dices eso?

-Porque lo mirabas con tanta frialdad... -involuntariamente, se estremeció-. A mí no me gustaría nada que me miraran de esa manera. En cualquier caso, y dado que claramente te disgusta su presencia en este restaurante... ¿por qué no nos vamos?

Cuando volvieron a salir, el sofocante calor se había atenuado. Ya no había tanto tráfico. Alice lo tomó del brazo, sonriente.

-¿Podríamos pasear un rato?

Caminaron por la acera. La mayor parte de las tiendas estaban ya cerradas.

-¿Sabes? Shelby tiene razón. Podrías editar un buen álbum en solitario.

Alice se encogió de hombros. Aquello nunca había formado parte de sus sueños, aunque tampoco podía descartarlo completamente.

-Quizá algún día, pero me extraña -murmuró y alzó la vista al cielo-. Se ven pocas estrellas. En noches como esta envidio a Bella, en su casa en el campo...

-Es difícil sentarse por la noche en el columpio del porche y seguir actuando en Broadway, ¿eh?

-Exacto. Pero sigo teniendo la esperanza de disfrutar de unas largas y maravillosas vacaciones. En la casa de Bella, o en una cabaña en las montañas, donde puedas dormir hasta tarde y dejar que te despierte el canto de los pájaros. El problema es: ¿qué pasaría con mis clases de baile? -se echó a reír-. Por cierto, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre, Jasper?

Habían transcurrido dos años desde, la última vez que Jasper se había tomado varios días libres, siempre pocos y muy espaciados. Los dos años que llevaba al frente de Discos Withlock.

-Tenemos una casa en St. Thomas. Allí puedo sentarme en la terraza y olvidarme de que existe Manhattan.

-Debe de ser maravilloso. Una de esas casas grandes, con un jardín lleno de flores. Me la estoy imaginando. Pero tendrás un teléfono allí, eso es seguro. Un hombre como tú nunca puede aislarse del mundo.

-Para todo hay que pagar un precio.

-Oh, mira -Alice se detuvo de repente ante un escaparate, con la mirada fija en una combinación de seda azul que estaba expuesta en un maniquí-. A Rose le encantaría.

-¿Cómo?

-Que esa combinación le encantaría a Rosalie. Cómoda y sexy -sacó un bolígrafo del bolso para anotar el nombre de la tienda-. Se la enviaré. Solo faltan unos meses para nuestro cumpleaños.

-Rosalie Cullen -Jasper sacudió la cabeza, maravillado-. Es extraño, pero nunca se me había ocurrido relacionarlas. Es tu hermana.

-No es tan extraño. Físicamente somos muy distintas.

La imagen de Rosalie era como un símbolo del glamour de Hollywood. Exquisitamente sensual. La sensualidad de Alice, en cambio, no era tan ostentosa, pero era tangible. Peligrosamente tangible.

-Dime, ¿echas de menos a tus hermanas?

-Oh, claro que sí. Y a papá, y a mamá, y a Garrett. Durante mucho tiempo estuvimos viviendo juntos, trabajando juntos... Gritándonos los unos a los otros -se echó a reír-. Recuerdo el día en que Garrett se marchó. Al principio fue una sensación terrible, como si hubiéramos perdido un brazo. Papá nunca lo superó. Luego se marchó Bella, y Rose, y yo. Nunca pensé en lo duro que sería para mis padres, porque se tenían el uno al otro. Supongo que tú tendrás una buena relación con los tuyos.

De inmediato la expresión de Jasper se tomó fría, cerrada.

-Solo tengo a mi padre.

-Lo siento -por nada del mundo habría querido reabrir viejas heridas, pero su innata curiosidad era muy fuerte-. Yo nunca he perdido a un pariente cercano, pero puedo imaginarme lo muy duro que eso puede llegar a ser.

-Mi madre no murió -explicó Jasper. No aceptaba la compasión de nadie. De hecho, la detestaba.

A Alice se le ocurrieron miles de preguntas, pero no se atrevió a formular ninguna.

-Tu padre es un hombre maravilloso. Tiene una mirada tan cálida. ¿Sabes? Siempre me ha gustado eso en mi padre: la manera en que con los ojos me decía: «confía en mí», y tú sabías que siempre podías hacerlo, que nunca te fallaría. Mi madre se fugó con él. Fue algo tan romántico... Se conocieron cuando ella solo tenía diecisiete años, aunque llevaba ya varios trabajando en el mundo del espectáculo. Mi padre le prometió la luna en una bandeja de plata. No sé si ella se lo llegó a creer, pero de todas formas se fugó con él. Cuando éramos pequeñas, mis hermanas y yo soñábamos con que algún día aparecería un hombre y nos ofrecería la luna...

-¿Es eso lo que quieres?

-¿La luna? -rió de nuevo-. Por supuesto. Y las estrellas. Y quizá también un hombre.

Se detuvo de pronto y se volvió para mirarla, bajo la luz de una farola. Alice sintió que el corazón se le subía a la garganta.

-Un soñador, supongo -Jasper se atrevió por fin a acariciarle el cabello. Había ansiado hacerlo, pero hasta aquel instante había logrado contenerse. Era como seda derretida entre sus dedos-. Como tú.

-Si dejas de soñar, dejas de vivir.

-Yo dejé de soñar hace mucho tiempo -le acarició los labios con los suyos. Fue un contacto fugaz, como la primera vez-. Y sigo estando vivo.

-¿Por qué dejaste de hacerlo?

-Prefiero la realidad.

En esa ocasión, cuando volvió a besarla, ya no hubo vacilación alguna: hizo lo que hacía días había querido hacer. Sentía el cálido contacto de sus labios contra los suyos, tentándolo. Alice alzó una mano y la deslizó por su cuello para acercarlo más hacia sí, aceptando deseosa aquel nuevo paso que él se había atrevido a dar.

Estaban solos, bañados por la luz de la farola. Encerrada en el círculo de sus brazos, Alice se estremecía de placer. Su instinto de supervivencia la conminaba a que se retirara, pero su cuerpo se negaba a responder.

Jasper lo sabía. Desde el primer momento en que la vio, lo había sabido. Pero, pese a ello, había continuado dando pasos tentativos hacia ella, en vez de alejarse.

No era el hombre adecuado para Alice, y ella podía resultar una catástrofe para él. Era imposible establecer entre ellos una relación complementaria, pero una extraña fuerza los acercaba cada vez más, consumiéndolos lentamente en un mismo fuego.

Podía saborear su sincera rendición. Podía oír su entrega en sus débiles suspiros, aceptándolo. Con su cuerpo estrechamente apretado contra el suyo, podía sentir la intensidad de su recíproco deseo, creciendo imparable. Pero no quería eso. Y pese a ello, la deseaba más de lo que había deseado a ninguna mujer antes.

Al fin se apartó. Luego, antes de que pudiera evitarlo, le acunó el rostro entre las manos y la besó de nuevo. Quería saciarse de ella, llenarse completamente con su ser. Pero cuanto más tomaba, cuanto más saboreaba, más ansiaba.

Una mujer como Alice podría destruir a un hombre. Su vida siempre había estado fundamentada sobre una premisa: la de no permitir jamás que una mujer adquiriera la suficiente importancia en su vida como para poder hacerle daño. Y Alice no era una excepción. No podía serlo.

Cuando él se apartó de nuevo, Alice sintió que le flaqueaban las piernas. Solo podía mirarlo a los ojos, y lo que veía en ellos no era pasión, ni deseo. Era furia. Estaba desconcertada

-Te llevaré a casa.

-Espera un momento -necesitaba recuperar el aliento, volver a sentir la firmeza del suelo bajo sus pies.

Jasper la soltó, y Alice retrocedió hasta apoyarse en la farola de la calle. La luz se derramaba directamente sobre ella, dejándolo a él en sombras.

-Tengo la impresión de que estás disgustado por lo que acaba de pasar.

No respondió. Mientras lo observaba, Alice advirtió que sus ojos podían llegar a adquirir la dureza de la piedra. Aquello le dolía, tanto por él como por ella misma.

-Dado que yo no lo estoy, no me queda más que sentirme como una estúpida -podía llorar con tanta facilidad como reír, pero se esforzó por contener las lágrimas. De sus padres había heredado, aparte de su emotividad, una buena cantidad de orgullo-. Ya me voy yo sola a casa, gracias.

-Te he dicho que te llevo yo.

Alice sintió que recobraba las fuerzas. Tal vez fuera un efecto de la furia que seguía detectando en su voz.

-Soy una mujer adulta, Jasper. Adiós.

Se alejó y paró un taxi en la esquina. Subió al vehículo sin mirar atrás.

Jasper se quedó donde estaba, contemplándola hasta que desapareció. Se dijo que les había hecho a ambos un favor. Y continuó diciéndose eso una y otra vez mientras evocaba su imagen, tan exquisitamente tierna y frágil, allí, bajo la luz de la farola.

Volviéndose, echó a andar. Ya era tarde cuando llegó a su casa.


Uuuuy ese Jasper es un pocoooooo cascarabiaaas jeje se sta hacciendo el dificil o ustedes que creen?

jeje reviews?