Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, cada uno de ellos son de la propiedad de la gran Rumiko Takahashi, historia sin ánimo de lucro y con el único propósito de entretener.

Revelaciones a medias

El gran despliegue de poder hace que ambos salgamos disparados lejos de él, Inuyasha a duras penas logra alcanzarme y abrazarme, pero para nuestra desgracia no estrellamos directamente con un árbol, que nos deja temporalmente aturdidos y a mí por demás adolorida.

El fuerte golpe en mi cabeza, a pesar de ser amortiguado en gran parte por el cuerpo de Inuyasha, hace que algunas lágrimas escapen de mis ojos, Inuyasha se recupera prontamente del ataque y me levanta un poco a mí, borrando las gotitas de agua salada que comenzaban a cubrir mis mejillas.

Intento por todos los medios ignorar el dolor y con gran esfuerzo lo logro, para dejar de llorar y otorgarle una sonrisa a mi prometido, sin embargo él mira mi rostro enfurecido, sosteniendo mi cabeza lastimada con cuidado para después darse la vuelta para ver a su hermano.

—¡Como te atreviste a hacer eso!, ¡por tu culpa Kagome está llorando!—exclama Inuyasha embravecido, levantándose de un salto con la mano en la empuñadura de su espada, con claras intenciones de pelear. Sin demora me sujeto con fuerza a su manga, colocando en mis ojos la mejor mirada desamparada de mi repertorio, con la intención de hacerlo desistir.

—Inuyasha no es nada, mira ya estoy bien, mejor vámonos—suplico con una sonrisa en mi rostro, y una mirada desesperada, observando como él me observa de manera impotente, pero para mi desgracia me ignora, girándose para hacerle frente a su hermano.

—Vaya, parece ser que tu humana tiene mucho más de sentido común que tú hermanito—articula sarcásticamente el albino sacudiéndose con delicadeza el largo cabello plateado, quizás quitándose algún residuo de basura.

—¡No te tengo miedo perro estúpido!, ¡solo te sientes poderoso al compararte con alguien como nosotros!—vocifera Inuyasha desenvainando su espada, colocándose en posición defensiva, a la vez que se dejan escuchar unos gruesos gruñidos que provienen de su garganta.

El mayor alza una ceja con arrogancia, y una sonrisa burlona nace en su rostro, a la vez que en sus ojos se forma una nube de malicia, como si algún plan maléfico se estuviera organizando en su mente.

Mi cuerpo se encoge involuntariamente, sí, en definitiva nos enfrentamos a un Sesshomaru mucho más impulsivo y creo que queda demás decir que inmaduro, el Daiyoukai que yo conocí jamás se hubiera burlado de algo tan ínfimo como eso ni habría perdido su temple con una provocación de esa naturaleza.

—Jum, eres idiota Inuyasha, me importa un rábano la edad que tengas, ¡sigues siendo una verdadera molestia!—ruge de manera espantosa antes de desaparecer de nuevo, en ese instante Inuyasha se pone tieso como una tabla y observa con precaución hacia todos lados, buscando localizarlo.

Yo intento con todas mis fuerzas detectarlo, pero para cuando lo logro es demasiado tarde, se materializa de nuevo, pero a solo a escasos metros de nosotros, y con una increíble velocidad invoca su técnica del látigo y lo lanza hacia nosotros, dando en el blanco, azotándonos de manera violenta con él y a la vez enredándonos, regresándonos hacia él como si fuéramos un yoyo.

Una vez en el aire nos enreda con destreza con su cola, asfixiándonos con ella por la fuerza aplicada, e Inuyasha intenta por todos los medios posibles el buscar zafarnos de su agarre, mientras que yo soy presa del verdadero pánico. Sin embargo me doy cuenta que no sirve de nada el llorar como bebé y enfurecida hago notar mi poder.

Con dificultad logro sacar un brazo del asfixiante agarre y mis dedos adoptan una posición extraña en forma de un símbolo que me enseñó Midoriko antes de llegar, y con el poco aire que me queda logro recitar el conjuro para realizar el hechizo.

De inmediato una luz purificadora sale de mis dedos y la expresión confiada de Sesshomaru se ve notablemente alterada, la energía pura comienza a quemar su cola por lo que nos suelta al acto, cierro los ojos en espera del fuerte impacto con el suelo, y al llegar este solo soy capaz de quejarme un poco, pero de inmediato reacciono buscando a Inuyasha.

—¡Inuyasha!, ¿estás bien?—pregunto acercándome lo más rápido que puedo a donde está tendido, para mi sorpresa está desmayado, la energía purificadora debió alcanzarle, ahora es oficial, estamos en serios problemas.

—Humana, te has atrevido a atacarme—murmura enfadado el joven demonio, mirándome con su porte claramente frustrado, —lástima que el idiota de mi hermano se desmayó, no podrá ver lo que pasará contigo sacerdotisa insolente—manifiesta con maldad impresa en sus palabras, al acto me lanzo al piso en donde quedaron mis armas, tomando mi arco y flechas, apretándolos con determinación.

—No me importa si he de enfrentarme a ti Sesshomaru, por defender a Inuyasha seré capaz de todo—acoto sin quitarle los ojos de encima, él solo resopla al escuchar eso para después adoptar su posición de ataque.

—Niña, te arrepentirás de haberme desafiado—sentencia recuperando el temple, observándome como si me tratara de algo menos que un insecto, sin embargo no puedo confiarme, este Sesshomaru es mucho más inestable e impredecible que el adulto.

Sin un previo aviso la pelea comienza, Sesshomaru se lanza sin preámbulos sobre mí, y yo antes de ser alcanzada por él, armo un campo de fuerza lo suficientemente pequeño para permitirme atacar, pero impenetrable para él. Coloco sin demora en mi arco un par de flechas, que lanzo sobre él, pero obviamente él esquivó con una gran facilidad.

El acto se repite algunas veces, en donde la frustración cada vez hace mayor mella en mí, no importa desde que ángulo lo ataque, siempre puede esquivar mis flechas.

Es estúpida la pelea, ni él puede acercarse a mí, ni yo puedo dañarle, tengo que encontrar pronto una solución, si no me quedaré sin flechas y solo será cuestión de que él espere a que me canse para atacarme.

De repente viene a mi mente el episodio que sufrí con la sacerdotisa Hitomiko, encontrando así una pronta respuesta a mis problemas.

Cierro mis ojos, buscando la concentración necesaria, no es preciso mantenerlos abiertos para saber en donde exactamente se encuentra Sesshomaru, y sin más suelto la flecha, recitando un conjuro muy poderoso en mente, más me vale que mis cálculos sean exactos.

La flecha que viajaba en dirección opuesta a Sesshomaru desaparece de un momento a otro, causando confusión en el adolescente, momento que aprovecho para girarme en dirección contraria a mi atacante y sacar un pergamino de mi manga, para después soplar sobre él, consiguiendo que una nube semitransparente salga de él y se dirija hacia Inuyasha, que había comenzado a despertarse, pero al respirar ese gas, cae inmediatamente dormido.

Sesshomaru observa incrédulo mi acción, y antes de que pudiera hacer otra cosa, desaparezco mi campo de fuerza, haciéndole creer que tiene una oportunidad perfecta.

Sin más él se precipita sobre mí, con su técnica de garras venenosas preparada, pero antes de llegar a siquiera rozarme, la flecha perdida hace acto de presencia, apareciendo a espaldas de él.

Todo pasa demasiado rápido, la flecha se detiene a centímetros del cráneo del adolescente que se encuentra sinceramente atónito por esa acción, y un campo de fuerza emerge de la flecha, envolviéndonos a ambos.

Con dificultad, me acerco al demonio que se encuentra horrorizado por eso, con una cara desencajada, sin saber qué es lo que está pasando, y lo sujeto con fuerza por las mangas, haciendo que la luz se incremente. Puedo sentir definitivamente como el youki de él se niega a ser doblegado y me cuesta un esfuerzo sobrehumano el luchar contra él, para intentar subyugarlo.

Si no inhibo su poder por algún pequeño rango de tiempo para razonar con él, estamos perdidos, pero por otro lado debo estar consciente del gran riesgo que representa el utilizar este sortilegio en particular, al final de su uso, me dejará a su merced, pero es todo…o nada.

La luz del campo comienza a menguar, sin embargo ahora soy yo quien se ve envuelta por la luz, vagamente me doy cuenta que la distancia entre el suelo y mi rostro se ve cada vez más aumentada, entendiendo lo que sucede.

El hechizo de Midoriko está siendo inhibido por el esfuerzo que hago para someter el youki de Sesshomaru, mientras que éste, me mira con los ojos desorbitados, seguramente al darse cuenta de lo que estoy logrando y al mismo tiempo por mi cambio de apariencia.

Mis energías se ven drásticamente disminuidas, ocasionando que deba sostenerme de los antebrazos del albino, que me mira aún sin poder creer lo que ve, para cuando desaparece por completo la luz que me envolvía, soy capaz de respirar un poco, tolerando el esfuerzo al que estoy siendo sometida.

Observo con satisfacción, como el demonio es incapaz de moverse, pero sin embargo sé que esto no durará mucho, por lo que debo darme prisa y hacerle saber mis intenciones.

—Ahora sabes de donde proviene mi poder—susurro dificultosamente, esperando que el conjuro no le haya quitado la posibilidad de hablar, pero me veo notablemente aliviada al notar el movimiento de su rostro.

—¿Qué es lo que eres?, jamás había visto un demonio como tú, poderes sagrados mezclados con demoniacos, ¿o eres una hechicera simplemente?—interroga de manera directa, mirándome con una mezcla de desconfianza y sorpresa.

—Contrario a lo que tú piensas, no soy ninguna hechicera y mucho menos un demonio, —hago una pausa para realizar una dificultosa respiración— quisiera tener el tiempo de explicarte todo con lujo de detalles, pero como podrás notar estoy demasiado cansada, sin embargo, te ofrezco la oportunidad, de que lo veas con tus propios ojos—articulo con dificultad, sin dejar de lado mi escandalosa respiración, el cansancio se me viene encima, y tengo que convencerle antes de que recupere el movimiento y nos mate a ambos.

—No debería de confiar en ti mujer, pero tomando en cuenta que aunque quisieras hacer algo, falta poco para que tu sortilegio se vea roto y sea libre, no veo el problema, sin embargo te advierto que si no estoy satisfecho con lo que prometiste, te mataré—responde, entrecerrando los ojos con desconfianza, imprimiendo un tono de amenaza en la última oración, sin embargo asiento con dificultad, y sin perder el tiempo, hago que mi frente tenga contacto con la suya, sintiendo al instante la tensión de parte de él.

—Es necesario—explico para justificar el tacto de mi parte— haremos una conexión mental, un puente, tú podrás ver todo lo que yo he visto, así como yo lo podré hacer contigo, sin embargo, te aseguro que la información que poseo te será de increíble utilidad—aseguro con determinación, sintiendo que falta poco para desvanecerme, la mirada penetrante del demonio, me impide cerrar los ojos y para mi tranquilidad cierra los ojos, en una muda aceptación.

Repitiendo su acción, yo también los cierro, gastando el resto de energía que me queda para realizar la conexión.

Sin embargo esto no me lo esperaba, un sinfín de imágenes corren frente a mis ojos como si se tratara de una película, veo a una señora de vestiduras sumamente elegantes, y al padre de ambos, en otro salto de mi visión, se encuentran ambos discutiendo acaloradamente, para después ver como sale el hombre encolerizado, y la mujer se queda donde mismo con un semblante tranquilo y pasivo, dándose la vuelta después.

Otro salto argumental me muestra una oscura playa, y frente a mí se encuentra el padre de ambos albinos, de espaldas, preguntando si tenía algo que proteger, así como escucho la voz de Sesshomaru negar rotundamente esa insinuación, y nos momentos después el progenitor pregunta si sería capaz de matar a su propio padre y el rotundo silencio del menor se hace notar, hablando por él.

Momentos después la figura humana del mayor, se ve deformada en la de un perro de proporciones monstruosas, y salta del peñasco, corriendo como si no hubiera un mañana, mi visión se ve obstruida por lo que asumo que Sesshomaru se dio la vuelta para marcharse. Sin embargo al creer que ahí terminaba me vi tremendamente equivocada, porque solo unos pasos después, logro enfocar de nuevo el lugar por donde desapareció el gigantesco youkai.

Ahí es donde me doy cuenta que Sesshomaru está corriendo detrás de él, sin embargo dejando una gran distancia entre ambos, como si temiera el ser descubierto. A través de la conexión soy capaz de experimentar una sensación de abandono y decepción, como si Sesshomaru se sintiera de alguna manera defraudado por su padre.

Los árboles son reducidos a simples borrones por la velocidad a la que viaja el youkai, y de pronto mi visión se ve de nuevo estabilizada, se ha detenido, delante de mis ojos hay un castillo, o lo que queda de él, ya que arde en llamas, a la vez que cientos de personas huyen de él como si el mismísimo diablo se encontrara dentro.

Unos saltos más de parte de él y se encuentra en lo que creo yo es la copa de un árbol, y desde ahí logro ver como una figura humana sale corriendo del castillo, internándose con prontitud en el bosque, a la vez que el techo de la construcción se viene abajo, en medio de un espantoso sonido.

Pasan algunos instantes, en donde mi huésped permanece observando quieto el desalentador espectáculo, a la vez que los sentimientos negativos se aglomeran en su interior, y lo sé muy bien, porque los siento como si fueran míos.

De nuevo vuelve a saltar, esta vez acercándose a la ruinas de lo que antes era un magnífico castillo, no me hace falta mucho para darme cuenta que va tras la sombra que se perdió en el bosque. Sin embargo, nos dimos cuenta que no estaba escondida, si no que observaba en medio de fuertes sollozos las llamas que consumían la magnificencia.

El youkai se posa con una agilidad casi felina encima de la figura, sin que ella se diera cuenta siquiera, y logro observar por fin de quien se trata, es Izayoi, los ojos de Sesshomaru enfocan el bulto que se encuentra entre los temblorosos brazos de la mujer.

Encontrando un bebé con unas adorables orejitas coronando su cabeza, que llora sin parar, y ante mi sorpresa el número de emociones negativas se ve derrumbado, y solo nace una tremenda rabia, lo que me hace temer de verdad que mi visión incluya un ataque hacia la señora que aprendí a querer como mi segunda madre.

Justo como sospechaba Sesshomaru se había dejado llevar por su ira, y al realmente pensaba echarse encima de Izayoi, para acabar con su vida así como con la del pequeño Inuyasha.

Sin embargo, una imagen fantasmal se hizo presente en nuestra mente compartida, era una imagen, nítida y clara, del que alguna vez fue el gran general perro, con sus rasgos duros y aristocráticos, unos ojos dorados realmente penetrantes y atemorizantes, pero que a la vez encerraban un tinte de amabilidad y una pizca de una terrible tristeza oculta en el fondo de sus ojos, como si de un espejo se tratara.

De inmediato todos los pensamientos se vieron frenados en la mente del albino, como si su cerebro hubiera hecho falso contacto, pero de un momento a otro un gran afluente de emociones se hace presente, causándome una terrible sorpresa.

Lo sentía, sentía el dolor…como si fuera mío, como si yo lo viviera.

Un remolino de emociones se agolpa en mi corazón, frustración, arrepentimiento, culpa, impotencia, ira, tristeza, dolor, decepción, pero sobretodo desamparo, la imagen del fallecido, cierra los ojos como si fuera partícipe en nuestro sentir, y dirige una última mirada hacia la mujer que se encontraba debajo, completamente ajena a lo que sucedía encima de su cabeza, para después volver a cerrar los ojos y desaparecer como si nunca hubiera estado ahí.

Siento, como si mi cuerpo fuera presa de temblores, un dolor se hace presente en mi puño prestado y lo enfoco con mi vista, viendo como las garras del youkai están tan fuertemente apretadas causándose daño a sí mismo, dejando escurrir el líquido carmesí con libertad.

Y sin poder creerlo, logro sentirla, una sensación tan ínfima y casi indetectable, se trataba de una gota única, que corre con lentitud por una de las mejillas del demonio, una lágrima que solo fue soltada una vez, y no se molestó en frenarla, dejándola caer, para después chocar contra la superficie irregular del árbol que nos servía de apoyo.

Y antes de poder reaccionar de alguna manera, una sensación asfixiante se hace presente en mí ser, como si alguien estuviera tirando de mí, mi visión se vuelve nula, y siento como si mi cuerpo cayera en un abismo.

Entonces abro de golpe los ojos, encontrándome de nuevo en mi propio cuerpo, con la frente sudorosa aún unida a la del demonio, que ya tenía los ojos abiertos, analizándome con atención, como queriendo saber qué es lo que pasaba por mi mente.

Antes de que pudiera articular algo coherente, el youkai me toma de los brazos y me deposita con suavidad en el suelo, como queriendo evitar la posibilidad de que me desmaye ahí mismo.

—Lo sé todo, tú no provienes de esta época—murmura el ambarino, otorgándome su acostumbrada mirada penetrante, yo me limito a asentir, viendo como él se agacha hasta quedar semi-hincado delante de mí, como para poder observarme mejor. Presa del cansancio solo soy capaz de escucharlo y apoyarme un poco en el suelo, sintiendo como mis ojos comienzan a cerrarse.

—Así que has cambiado el rumbo de la historia, lo que vi en tus recuerdos distaba mucho de esta realidad, sin embargo lo que de verdad me agradó, fue el saber que obtendré una espada por mis propios méritos y algún día superaré el poderío de mi padre—declara con una expresión indescifrable, alzando con orgullo su mentón, adoptando de nuevo aquel porte que yo llegué a conocer en un futuro pasado, uno que por supuesto jamás existirá.

—Aún así tengo una pregunta más que tengo que hacerte, ¿Cómo es que en tus recuerdos yo viajaba y cuidaba de una niña humana?—pregunta con su bien marcado tono frío y carente de sentimientos. Yo sonrío con sinceridad, atreviéndome a mirarlo a los ojos, mientras percibo como mí cuerpo vuelve a sufrir la transformación aniñada, percibiendo como mis miembros comienzan a reducir su tamaño y cada vez lo veo más alto.

—Supongo que estaba en tu destino, pero eso tendrás que averiguarlo por ti mismo, la vida te da la oportunidad de encontrar una manera de vivirla sin los problemas del pasado, por favor acéptalo y aprovéchalo, así como lo hago yo—sonrío, antes de sentir como mis piernas pierden la fuerza de mantenerme erguida, así como mis ojos se cierran, y mi cuerpo cae en un sueño profundo, con la última sensación de saber que mis palabras dejaron pensando al misterioso demonio, que me salvo de caer al suelo.

¡Hola!

Cumplí con lo pactado y no me demoré tanto en actualizar ¿no?, como ven estuvo que arde este capítulo, espero de verdad no haber cometido OoC ya que me frustra demasiado el cometerlo con un personaje como Sesshomaru, pero…obviamente si hice que su personalidad tuviera unos ligeros cambios.

Como lo habrán notado lo hice impulsivo y fácil de impresionar, como podrán haber notado Sesshomaru tiene más de trescientos años de edad en el anime, así que…la experiencia no es su fuerte en este momento, es un adolescente, como puntualicé y gracias a ser mucho más débil que su versión adulta fue que Kagome logró detenerle, de no haber sido así…bueno tanto Kagome como Inuyasha hubieran pasado a mejor vida.

En el próximo capítulo la historia será contada bajo el punto de vista de Sesshomaru, y aparecerán más personajes que todos conocemos y sobre todo se llevaran grandes sorpresas, esta historia ya puede llamársele UA ya que dista bastante de la historia original, son embargo seguirá siendo el principal escenario el sengoku.

Por ahí leí una duda de parte una lectora, respecto a cómo la mamá de Kagome podrá otorgarles alimentos a ellos si solo Kagome puede pasar por el pozo sin la presencia de la perla. Explicaré, el pozo a quedado como un portal abierto, solo personas con grandes vínculos con Inuyasha y Kagome pueden pasar a traves de él, sin embargo los objetos no, pero Kagome al llegar al pozo bajará a él y en automático los objetos del otro lado pasaran a su época.

Espero haber logrado disipar dudas…son las 5:47 de la tarde y debo subirlo.

Como sea, repito mi fórmula mágica C:

+ Comentarios = - Demora

+ Peticiones = +Inspiración

Y repito si es un chantaje…

Besos