Hola, traté de terminar el capítulo antes de que acabe el fin de semana pero no había tenido tiempo y el sábado estuve con alergia, por lo tanto me pasé el día recostada.
Les recomiendo que presten mucha atención al capítulo porque se mencionan cosas que serán claves en los siguientes capítulos. Por favor lean al final la nota.
Disclaimer: La historia no me pertenece, es de Yare quien me dio su permiso para adaptarla y los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
10. Las Cuatro Estaciones.
Hay veces que basta con poner un pie fuera de la cama para saber cómo te va a ir el día. En realidad, hay días que es preferible no salir de la cama. Días como aquel. Claro que, si debía ser sincera, había tenido la misma sensación los días anteriores. Exactamente las tres últimas semanas, y concretamente desde lo ocurrido con Jacob y Renesmee.
Soltó un suspiro y se recostó un poco más sobre el banco. Renesmee… Como la echaba de menos. Extrañaba su compañía, sus bromas, sus palabras siempre oportunas… Aún estaba dolida, pero aun así la extrañaba.
Recordaba el primer día de clase después de lo ocurrido, la primera vez que los había tenido frente a ella. O más bien debería decir la primera vez que había pasado a su lado sin ni si quiera dirigirles una mirada. Había visto por el rabillo del ojo como la morena había hecho el ademán de acercarse y como Jacob la había retenido negando con la cabeza, algo que Isabella le había agradecido enormemente. No se encontraba con las fuerzas suficientes para hablarles y mucho menos para escuchar sus falsas explicaciones.
En esos momentos estaba furiosa, dolida… Pero tres semanas después, sorpresivamente, esos sentimientos parecían haberse evaporado. Seguía dolida, sí, pero le producía más dolor no tenerlos a su lado que lo ocurrido en sí. Quizás eso se debía a que desde lo sucedido, cuando estaba con la guardia baja, no dejaban de bombardearla numerosos recuerdos en los que siempre salían ellos dos. Podría decirse que a esas alturas el profundo dolor que sentía en su pecho los primeros días, se habían convertido en pequeñas punzadas cada vez que veía a alguno de ellos en el instituto.
Renesmee había sido su mejor amiga, una hermana para ella. Habían sido compañeras de clase, compañeras de viaje, de cuarto… Siempre había estado ahí para ella, para lo que necesitase, para defenderla, para apoyarla. Incluso esa vez cuando creía que nadie estaba de su lado. Renesmee había sido la única que le había tendido la mano que necesitaba y había sabido verla tal y como era. La quería mucho y la extrañaba.
Lo mismo ocurría con Jacob. No había podido evitar darse cuenta de lo mucho que había cambiado el chico en esas tres semanas. Se había hecho mucho más introvertido y lo máximo que conseguían sacarle sus amigos era una media sonrisa. Incluso parecía haber perdido su habitual habilidad para el fútbol. Estaba torpe y no lograba concentrarse.
Como ella, sus compañeros también parecían haberse percatado de este cambio. Y sospechaban, no sin razón, que el hecho de que ya no se hablasen ni Renesmee ni él con la castaña tenía mucho que ver. Afortunadamente habían preferido no inmiscuirse e intentar llevar la situación con la mayor normalidad posible. Era sorprendente como el malestar entre tres personas podía afectar a una clase entera y no podía dejar de sentirse un poco culpable.
Quizás debía hacer lo que tantas veces le había sugerido Cullen. Dejar al lado su orgullo y darles la oportunidad de explicarse. Aunque fuese simplemente por la amistad que habían tenido durante tantos años.
-Y aquí está el cucurucho de la pequeña marmota.
-¡No me llames así!
Edward sonrió divertido y le pasó el helado que acababa de comprar del pequeño puesto que había frente a ellos. Isabella, que había fruncido el ceño al oír el nuevo apodo que le había impuesto el italiano, lamió el helado antes de cerrar los ojos para poder disfrutar de todo su sabor.
-Buenísimo.
-De eso estoy seguro-Asintió el chico, sacando algo del bolsillo con la mano que no sostenía su propio cucurucho-Por cierto, el cambio.
La joven Swan miró lo que Edward le había dado, antes de alzar la cabeza para encontrarse con los ojos esquivos de su acompañante.
-Pero… si es la misma cantidad que te he dado antes-Observó desconcertada, contando de nuevo las monedas que tenía en la palma de su mano-. ¿Pero cómo…?
Entonces lo entendió todo. Con una sonrisa maliciosa, alzó de nuevo la mirada confirmando con el sonrojo de Edward lo que ya sospechaba.
-Sí, te lo he pagado yo, ¿vale?-Admitió avergonzado, tensándose como siempre hacía cuando le habían descubierto tras una trastada-. Había mucha cola y era una estupidez pagar primero uno y después otro. No pienses otra cosa, ¿eh?
-Tranquilo, ya lo sé-Contestó Isabella, algo huraña. No sabía por qué, pero le había molestado el último comentario del castaño-. Hubiese sido suficiente con que me hubieses dicho que querías invitarme. En serio, no tienes ningún tacto con las mujeres.
El chico no contestó. Tan sólo se limitó a encogerse de hombros antes de sentarse a su lado. Después de todo, algo de razón sí tenía.
Las Cuatro Estaciones. Así se llamaba el nuevo parque de atracciones que ese día se inauguraba en Phoenix y donde ellos se encontraban en ese momento. Dividida en distintas partes según las cuatro estaciones del año, había atracciones de todo tipo y la decoración era exquisita. Quizás por eso ya desde hacía meses esperaban con expectación que se llevase a cabo ese evento. Y quizás por eso, no había casi nadie en ese día de domingo que no se encontrase allí.
Ya habían visitado la parte correspondiente a otoño y estaban a punto de terminar también la de invierno. Y es que, desde que habían entrado al parque a las diez de la mañana, se habían montado en casi todas las atracciones.
Y ahora, sentados en uno de los tantos bancos de piedra que había en el parque de atracciones, comenzaron a comerse el helado mientras observaban con desinterés a la gente pasar frente a ellos.
Sin embargo, esos minutos que estuvieron en silencio, le sirvieron a Isabella para seguir divagando por sus pensamientos. Sí, quizás debía hacer lo que le había aconsejado Edward. Conocía perfectamente a Jacob y a Renesmee y le constaba que ellos lo estaban pasando tan mal como ella.
"En cuanto me encuentre con ellos, si se da la ocasión, les dejare explicarse" Determinó "Así al menos podré poner punto y final a esta pesadilla"
Tres semanas. Parecía increíble que hubiese pasado ya tanto tiempo. Habían sido tres de las peores semanas de su vida. Pero debía reconocer que, si no hubiese sido por la compañía de cierto chico, habrían sido las peores.
"Edward"
De reojo miró a Cullen y sonrió. Nunca se lo había dicho, y la verdad es que tampoco pensaba reconocerlo, pero cuando estaba con él era como si esos problemas dejasen de tener sentido. No sabía si era por su sonrisa, por su pícara mirada o por sus bromas, pero así era.
Resultaba muy difícil definir su relación actual con el italiano. ¿Eran amigos? ¿Enemigos? ¿Compañeros de clase? ¿De casa? Pero era más difícil todavía definir al propio chico. Sin lugar a dudas Edward era todo menos convencional.
En esas tres semanas había conocido una nueva faceta oculta hasta ahora. Por increíble que pareciese-especialmente tras lo ocurrido en al aeropuerto- Edward podía ser muy tierno y detallista cuando se lo proponía. Como esa mañana, por ejemplo, que le había puesto las entradas al parque de atracciones sobre la mesita de noche para que las viese nada más abrir los ojos. Claro que, viendo que se hacía tarde, al pobre chico no le había quedado más remedio que ir a despertarla personalmente. Y es que, en el fondo, el apodo de marmota no parecía irle nada mal.
Pero claro, si había tardado tanto en descubrir esa faceta del chico no era por otra cosa que por el hecho de que la mayor parte del tiempo se comportaba como un auténtico idiota. Se seguía burlando y metiendo con ella. Eso, cuando no la dejaba con la palabra en la boca y abandonaba en la habitación farfullando por lo bajo.
Sin embargo, pese a que se pasaban la mayor parte del tiempo discutiendo, y era un maleducado y un egocéntrico, se había acostumbrado a su compañía e inconscientemente más de una vez se había sorprendido buscándole con la mirada y preguntándose donde estaría en esos momentos.
-¿Se puede saber que miras, pequeña marmota?-Inquirió, observándola con perspicacia-. Ya te he dicho que debes ser más discreta.
-¡No te estaba mirando!-Se apresuró a aclarar, intentando ocultar el sonrojo de sus mejillas-. ¡Y no me llames marmota!
-Ya-Sonrió divertido, tendiéndole su propio cucurucho-. ¿Quieres probar?
La joven Swan lo miró con recelo, pero finalmente se encogió de hombros y se inclinó sobre el cucurucho. Pero cuando estaba a escasos milímetros del helado, Edward levantó un poco el brazo manchándole la nariz.
-Por la boca mujer, se come por la boca.
Las risotadas de Edward le pitaban en los oídos y, tras limpiarse la nariz con la mano, agarró su cucurucho con mayor firmeza y se inclinó sobre el chico, quien no parecía en absoluto intimidado.
De un momento a otro e ignorando la mirada de los excursionistas que pasaban por su lado, los dos jóvenes se sumergieron en una lucha de helados que llegó a su fin cuando el helado de Edward cayó al suelo dejándolo todo pringoso.
-¡Ja! ¿Y ahora quien se ríe?–bromeó la castaña, con una sonrisa de autocomplacencia-. Nunca debías haber osado meterte con Isabella Swan. Muchos han muerto por menos.
-¿De veras?-Inquirió alzando una ceja, mostrando su escepticismo.
Pero la expresión de su rostro no tardó en cambiar al divisar a escasos metros de ellos una melena rubia que ambos conocían muy bien.
- Tanya.
-¿Qué?-Preguntó Isabella sin comprender, mirando a un lado y a otro-. ¿Dónde?
Sin embargo Edward no se molestó en contestar. Reacio a tener que soportar incluso un fin de semana los caprichos de la Presidenta de los Estudiantes de su instituto, agarró a Isabella de la mano obligándola a correr lejos de allí.
No fue hasta que consiguieron mezclarse entra la muchedumbre que dejaron de correr, recuperando poco a poco el ritmo normal de su respiración. Isabella, que aún sostenía el resto de su cucurucho en una mano, miró hacia atrás unos instantes antes de buscar los ojos mieles del italiano.
-¿Por qué hemos…?
-Francamente, no quería encontrármela–Explicó, antes de que la castaña pudiese concluir con su pregunta-. Hace tres semanas me invitó a venir con ella, pero le dije que tenía cosas que hacer. La verdad es que confiaba en que no nos la encontraríamos.-Sus labios se curvaron en una sonrisa culpable-. Se ve que no estoy de suerte.
Pero su sonrisa no tardó en desvanecerse al fijarse en el rostro de su acompañante. Cabizbaja y con la mirada perdida, le obligó a detenerse pegándole un pequeño tirón de la mano por la que aun la tenía cogida. Edward la observaba desconcertado y fue tras unos segundos de reflexión que Isabella se atrevió a hablar.
-No tenías por qué cancelar tus planes para traerme aquí-Murmuró, mirando el suelo- Sé que todo lo que estás haciendo es únicamente para animarme y te estoy muy agradecida, pero no quiero ser una carga para ti. Si tenías cosas que hacer o preferías irte con Tanya…
Edward la observó sorprendido. No podía creerse que fuera eso lo que la tenía tan preocupada. ¿Es que acaso no se había enterado de nada de lo que él había dicho?
Con una sonrisa tierna en los labios e intentando contener las ganas que en esos momentos tenía de abrazarla, la obligó a alzar el mentón con los dedos hasta que los ojos verdes de ella se cruzaron con los mieles de él.
-Pero mira que eres tonta-Suspiró, negando ligeramente la cabeza antes de soltar una risita-. Tienes la cara llena de chocolate. De verdad que eres un desastre.
Isabella entreabrió la boca dispuesta a protestar. Pero cuando sintió los pulgares del chico sobre sus rosadas mejillas, se obligó a cerrarla lentamente sintiendo la leve caricia que le produjo un extraño y agradable cosquilleo en el estómago.
-Limón-Musitó, chupándose los dedos-. Tiene gracia. La chica que más me gusta recubierta con mi sabor de helado favorito. Ahora sí que te comería ¿Sabes?
Y de nuevo Isabella volvió a abrir y a cerrar la boca sin saber bien que decir. Definitivamente entre el color rojizo que había adquirido su rostro y su falta de coherencia verbal, debía de parecer una auténtica idiota. Pero es que la actitud de Edward la confundía. No era la primera vez que le hacía comentarios de ese tipo y estaba convencida que el único propósito de esto era molestarla. Sin embargo, por muy acostumbrada que estuviese y por mucho que intentase comportarse con naturalidad, cada vez que le decía esas cosas, sentía como se le secaba la garganta y como se aceleraba el ritmo de su corazón cuando sus miradas se encontraban. ¿Y si detrás de esas bromas hubiese algo más? ¿Y si ella le gustaba aunque fuera un poquito?
La sola idea de que eso fuese posible le produjo un regocijo difícil de explicar y que no tardó en desvanecerse cuando su acompañante estalló en sonoras carcajadas.
-¿Pero por qué pones esa cara de horror?-Bromeó, pellizcándole una mejilla- Que no hablaba en serio.
-¡Ya lo sabía!-Se defendió, llevándose las manos a las caderas- ¡Estoy acostumbrada a ti y a tus estúpidas bromas! Bueno, ¿qué, seguimos?
Y con un orgullo sólo fingido, siguió caminando procurando ignorar las punzadas que sentía en su pecho a cada paso que daba. ¡Tonta! Definitivamente se estaba comportando como una tonta. ¿Cómo podría gustarle ella a alguien como Cullen? Después de todo lo ocurrido con James y Jacob ¿Cómo seguía siendo tan ilusa? Los chicos como Cullen sólo se fijaban en chicas guapas como Tanya o Renesmee, no en chicas aniñadas como ella.
Edward, varios metros por detrás de ella, frunció el entrecejo antes de echar a correr para alcanzarla. ¿Qué mosca la había picado?
-Me alegro-Musito tras unos segundos, sin dejar de mirar al frente-Pero quiero que sepas que sólo estoy con la gente con la que quiero estar. Su hubiese querido venir con Tanya lo hubiese hecho. Pero…-Isabella alzó la mirada, expectante, comprobando con cierta sorpresa que el chico se había sonrojado-… prefería venir contigo.
Y como si intentase huir de su propia confesión, aceleró el paso dejándola atrás, con una ligera sonrisa en los labios. Al menos por una vez la chica aniñada había salido ganando.
oOoOoOo
Le dio la entrada al encargado-que le sonrío en un intento de parecer seductor- y siguió a Riley entre la muchedumbre. Francamente, no tenía ningunas ganas de estar allí, pero el joven Biers la había insistido tanto que no le había quedado más remedio que acceder. Sabía que el rubio lo hacía para animarla, y se lo agradecía, pero no se encontraba con ganas y fuerzas para ver como los demás se lo pasaban en grande mientras ella sonreía aunque en realidad solo tenía ganas de llorar.
Como extrañaba a Bella. Esas tres últimas semanas habían sido un auténtico tormento para ella. La indiferencia hacia ella de la que había sido su amiga durante tanto tiempo, le producía una opresión en el pecho de la que todavía no había podido deshacerse.
Recordaba cómo se había sentido el primer día de clase, después de lo ocurrido. La vio entrar a clase y lo primero que hizo fue intentar acercarse a ella para explicarse. Pero Jacob la había detenido y ahora se daba cuenta que era la mejor. No tenían ningún derecho a presionarla. Si no quería hablar con ellos debían aceptarlo por mucho que les costase. Después del daño que le habían causado era lo mínimo que podían hacer. Pero aunque lo sabía no significaba que no pudiese desesperarse. Y era precisamente lo que hacía con el paso de los días: Desesperase más y más.
-Y bien, ¿dónde quieres que nos montemos primero?-Preguntó el chico, extendiendo el gran mapa del parque que le habían dado a la entrada-. ¿Qué te parece "Muerte en el ártico"?
-No sé, me da igual- Contestó la aludida, encogiéndose de hombros-. Donde tú quieras.
Riley la observó unos instantes con seriedad, antes de doblar el mapa de nuevo y soltar un suspiro de resignación.
-Nessie, por favor, olvídate por un día de Bella, Black y de todo lo ocurrido-Pidió, acercándose a ella y acariciándole los brazos- No puedes seguir así. Entiendo que lo que estás pasando es muy duro, pero vas a caer enferma y eso sólo complicaría las cosas-Razonó- Sé que Black te ha dicho que estoy aprovechando esta oportunidad para ligar contigo y que estarás pensando que por eso te he traído aquí. Pero no es verdad.
Sus miradas se encontraron y la joven Dwyer pudo confirmar que sus palabras eran sinceras. Aunque perfectamente podría aprovechar ese momento de vulnerabilidad de su parte para acercarse a ella, él prefería jugar limpio y no volvería a intentar conquistarla hasta que Jacob y Renesmee estuviesen totalmente restablecidos.
-Por encima de todo eres mi amiga y quiero que estés bien-Murmuró, cogiendo el rostro de Renesmee entre sus manos- Por favor, intenta olvidar todo por hoy. Quiero que disfrutes y estoy dispuesto a todo para que lo pases bien-Una sonrisa burlona apareció en su rostro-Puedes tomarme como a un esclavo sin censuras. Estoy a tu servicio para cuando quieras y para lo que quieras.
El joven Biers la miró con picardía y ella rió. Sí, tenía que hacer un esfuerzo e intentar pasárselo bien. Aunque no fuese por ella, al menos si por él. Después de todo lo que se había hecho para convencerla de que le acompañase se lo merecía.
-Y bien, su alteza, ¿dónde quiere ir primero?-Preguntó de nuevo el joven, haciendo una exagerada reverencia.
-Vayamos a "Muerte en el ártico"-Contestó, señalando un punto en el mapa de nuevo extendido-. Suena muy… emocionante.
-Pues si ahí quieres ir, ahí iremos.
Con una expresión de exagerado orgullo en el rostro, Riley la cogió del brazo y la guio por uno de los caminos que había frente a ellos. Tenían todo un domingo por delante, y estaban dispuestos a pasárselo en grande.
oOoOoOo
-¡No! ¡No! ¡Me niego!-Rió, viéndose arrastrada por el chico-. ¡Edward, no! ¡Suéltame!
La joven Swan, que procuraba poner resistencia con toda su fuerza, suspiró aliviada cuando el chico accedió a soltarla tras varios minutos de protestas. No obstante, su alivio solo duro unos instantes ya que segundos después, y captando la atención de la multitud, la cogió como si de un saco de patatas se tratase y reanudo la marcha, ignorando nuevamente las quejas de la castaña y los golpes en su espalda.
-A las buenas o a las malas vas a entrar ahí- Aseguró el joven Cullen con terquedad- Si yo me he montado en los puñeteros caballitos, tú entras conmigo a la Casa del Terror. Era el trato, ¿no?
-¡Pero no hablaba en serio!-Protestó Isabella, sin molestarse en reprimir una carcajada.
-Pues en ningún momento te has molestado en impedir que hiciese el mayor ridículo de mi vida-Farfulló, avergonzado- Y por si fuera poco, me han visto Jasper y Alice. Mañana no habrá nadie en el instituto que no lo sepa.
La joven Swan sonrió y dejó de forcejear. Desde que habían llegado esa mañana al parque de atracciones, Edward la había estado insistiendo que entrasen a la famosa Casa del Terror, y desde el principio ella se había negado. Era una miedosa y odiaba las atracciones de ese tipo, y ningún chico por muy guapo que fuese la convencería. Así que, para que dejase de insistirle, le había dicho que si se montaba en uno de los caballos del tiovivo ella entraría a la casa. Y, ante su sorpresa, Edward lo había hecho. Así que ahora, como consecuencia, a ella le tocaba cumplir su parte. ¡Pero es que en ningún momento había pensado que el chico fuese capaz de hacerlo!
-¿Ed?-Llamó, una repentina voz tras él.
Isabella levantó la mirada encontrándose con la atractiva Presidenta de su instituto en compañía de un joven que no parecía en absoluto emocionado por el interés que Tanya sentía por el castaño.
Edward, que no necesitaba darse la vuelta para adivinar de quien se trataba, se agachó un poco para ayudar a bajar a Isabella antes de girarse para saludar a Tanya. La chica, que intentaba por todos los medios disimular los celos que la carcomían por dentro, sonrió de forma forzada mientras se acercaba al joven Cullen con claras intenciones de abrazarle.
-¡Ed! ¡Qué sorpresa tan agradable!-Exclamó, colgándose de su cuello- No esperaba encontrarte aquí.
-Al final me he animado a venir-Contestó, lacónico.
-Ya veo-Sonrió, mirando a Isabella de reojo- Deberías haberme llamado. Me hubiese encantado venir contigo. Tyler es bastante aburrido-Murmuró, señalando con discreción al chico que la esperaba a unos metros de ella- Siempre hace lo que le digo. No tiene iniciativa.
La joven Swan, que también lo había oído, miró a la chica indignada. Por muy guapa y popular que fuese, no tenía ningún derecho de tratar así a los demás. Le dio la sensación que Tanya utilizaba a los chicos como juguetes y sintió una repentina ira al pensar que quería incluir a Edward en su colección.
-¡Tanya!
-¡Ya voy!-Suspiró la aludida, dedicándole una mirada de advertencia al tal Tyler- ¿Y a dónde vais ahora?
-A "La casa del terror", supongo-Contestó el joven Cullen, un poco sorprendido por la actitud grosera de la Presidenta- Al menos que no logre convencer a Isabella. No parece muy ilusionada con la idea.
-¿No te gustan las atracciones de miedo?-Inquirió Tanya, centrando su atención en la castaña. Isabella asintió, un poco molesta por tener que reconocer su debilidad precisamente a ella-. A Tyler le pasa lo mismo. No ha querido que nos montemos en ninguna ¡Y eso que son mis favoritas!
Tyler hizo el ademán de intervenir, pero otra mirada por parte de la joven Denali fue suficiente para no hacerlo. Aunque ninguno de los dos castaños pareció darse cuenta, por la expresión en el rostro de Tyler era evidente que Tanya había mentido. A Tyler si le gustaban las atracciones de miedo.
-¡Oye!, ¿y por qué no hacemos un cambio de parejas?-Propuso, entusiasmada- Así nosotros podríamos montarnos en las atracciones de terror y ellos no se sentirían culpables. ¿Qué os parece?
La indignación y la furia que sintió al oír el comentario de Tyler no era comparable con la que sintió en esos instantes. ¿Cómo se atrevía? Si era necesario se montaría en todas y cada una de las atracciones que había en el parque pero no iba a permitir que Edward se fuera con ella.
Sin embargo, la determinación con la que había tomado esa decisión no tardó en desvanecerse dando lugar al abatimiento. ¿Pero y si el joven Cullen prefería irse con ella? ¿Y si aceptaba?
"Pero quiero que sepas que sólo estoy con la gente con la que quiero estar. Su hubiese querido venir con Tanya lo hubiese hecho."
Las palabras del chico se repitieron en su mente como si el mismo Edward las estuviese diciendo de nuevo y no pudo hacer otra cosa que sonreír para sus adentros.
"Pero prefería venir contigo"
Isabella se vio obligada a contener las ganas que tuvo de echarse a reír al imaginarse el rostro de Tanya si lo hubiese oído. Y no tardó en comprobar con cierta satisfacción que se había aproximado bastante.
-Lo siento, pero he venido con Isabella y quiero estar con ella-Contestó con rotundidad, sin molestarse en ser más o menos amable- Además, no creo que sea correcto de tu parte hacerle eso a tu amigo.
-¡Bah! A Tyler no le importa y seguro que a Bella tampoco ¿Verdad?
El tono de fingida dulzura que utilizó y el uso de su nombre de pila con la única intención de parecer más amigable, sólo consiguió que su indignación incrementase por momentos. ¡Cómo detestaba a esa chica!
No obstante, antes de que pudiese contestar, la voz profunda y masculina de Edward se hizo oír y ésta vez ambas chicas pudieron percibir con absoluta claridad un deje de molestia en su voz.
-Ya, pero a mí sí-Rebatió, mirándola con seriedad.
Tanya, que no estaba acostumbrada a ese trato tan frío por parte de los chicos, borró la sonrisa de su rostro, sorprendida y sin saber bien que decir. Desde el primer momento en que le había visto, supo que Edward Cullen iba a ser una presa difícil, pero nunca se imaginó que lo pudiese ser tanto.
Sin embargo, aunque para muchas eso podía suponer una molestia, para Tanya era todo un atractivo. Edward Cullen era un reto y ella iba a conseguirlo. Quizás le costase, sí, pero lo haría.
-¡Venga, no digas eso!-Insistió la joven Tanya agarrándole del brazo y mostrando de nuevo esa radiante sonrisa-¡Hagámoslo, por favor! Seguro que conmigo te lo pasas mejor. ¡Venga, vamos!
Edward, cuya paciencia estaba llegando a su límite, entreabrió la boca dispuesto a contestar, pero para sorpresa de todos, esta vez fue Isabella la que se decidió a intervenir.
-¡Ha dicho que no! ¡¿Es qué no le has oído?!-Exclamó la castaña, furiosa, apretando los puños con fuerza- ¡Edward ha venido conmigo y se queda conmigo! ¡No seas tan pesada!
Edward miró a la castaña con evidente sorpresa y con un extraño cosquilleo en el estómago. Parecía realmente enfadada. Tenía las mejillas sonrojadas y los ojos le brillaban, centellantes. Tenía los labios ligeramente húmedos y le costó mucho no inclinarse sobre ella para besarla.
Pero la sorpresa que inicialmente había sentido Tanya ante la reacción de la joven Swan, no tardó en transformarse en auténtica molestia. ¿Quién se había creído que era esa niñata para hablarle así? La había llamado pesada y la había dicho en pocas palabras que Edward prefería irse con ella. ¿De verdad creía que eso era posible? No sabía porque Cullen se había negado a su proposición, pero estaba segura que no era porque prefiriese estar con Isabella Swan. Después de todo, si las comparaban, la castaña salía perdiendo con diferencia. Más que una chica de diecisiete años parecía una niña de trece. No tenía nada que hacer contra ella. Absolutamente nada.
No obstante, estaba claro que no le convenía ponerse a malas con la joven Swan y contestarle a sus comentarios en esos momentos sería perder puntos con Edward. Lo mejor en esos instantes era retirarse. Quizás había perdido esa batalla, pero la guerra aún no había concluido y ella sabía utilizar muy bien sus cartas.
Se colocó su largo cabello oscuro tras la oreja y alzó la mirada mostrando la tímida sonrisa que se había formado en su rostro. Lentamente, fue soltando el brazo de Edward al que aún estaba agarrada y se situó frente a ellos, quienes la miraban con desconfianza.
-Tienes razón, lo siento-Se disculpó, haciendo una leve reverencia-He sido muy grosera. No debía haber insistido tanto. No he tenido un buen día y como tenía tantas ganas de estar contigo…-Explicó, mirando a Edward tímidamente-. Lo siento, estoy muy avergonzada por mi actitud. De verdad espero que podáis perdonarme.
Los aludidos asintieron y tras hacerles un gesto con la mano, Tanya se dirigió hacia su acompañante y juntos se alejaron ante la atenta mirada de la pareja.
-¡¿Será posible?!-Exclamó Isabella, llevándose las manos a la cadera- ¡Ya me ha puesto de mal humor!
Tan sumergida estaba despotricando contra Tanya que no se percató de la persistente mirada de Edward. Rara vez había visto a Bella comportarse así y debía reconocer que le había impresionado. Claro que quizás no tanto como su propia reacción frente a la castaña. Ya hacía semanas que había aceptado que Isabella no le era en absoluto indiferente, que de alguna forma le atraía, pero hasta el momento no había sentido esas ganas de cogerla por la cintura, atraerla hacia él y besarla hasta quedarse sin oxígeno en los pulmones. ¿Era posible que su interés por la castaña no fuera pasajero?
Apartó la mirada de Isabella y con un semblante serio la dirigió al suelo. No, a él no le podía gustar la joven Swan. Lo más probable es que como se pasaban prácticamente todo el día juntos estuviese confundiendo las cosas. Isabella era guapa y divertida, le atraía, pero nada más.
-Bueno, ¿qué? ¿Vamos a "La Casa del Terror" o no?-Inquirió la castaña con resignación, sacándole de sus pensamientos.
Edward volvió a observarla y sonrió. Sintiese lo que sintiese por ella, le gustaba estar con Bella. Pero mucho más meterse con ella. Y "La Casa del Terror" sería una buena oportunidad.
-Vale, pero primero vamos a comer algo.
oOoOoOo
Con una amplia sonrisa en el rostro y con una bandeja en las manos, Riley se acercó a la mesa en la que ella le esperaba sentada después de discutir con una señora muy grosera que le aseguraba haberla visto primero.
Dejó la bandeja en medio y se sentó frente a ella, quien cogió un par de patatas fritas nada más tocar la bandeja la abrillantada madera de la mesa.
-Me muero de hambre-Comentó, metiéndose las patatas a la boca-. Hace siglos que no comía patatas fritas.
-¿Y eso?-Inquirió, antes de pegarle un mordisco a su hamburguesa.
-Mi madre es partidaria de la comida sana-Explicó, extendiendo el brazo para coger la suya propia-Por eso siempre que iba a comer a casa de Bella nos poníamos las botas.
La joven Dwyer sonrió con tristeza, pegándole un tímido bocado a su hamburguesa, que no tardó en impregnar su boca de distintos sabores que le encantaron.
-Me encanta-Murmuró, cerrando los ojos con placer.
Riley la observó receloso, consciente del dolor que le había causado la mención del nombre de amiga.
Después de concluir con la parte correspondiente a la estación de otoño, habían decidido tomarse un merecido descanso.
Eran las tres de la tarde, por lo que la mayoría de los excursionistas se encontraban en los distintos restaurantes del parque saciando su apetito después de horas y horas montando en las distintas atracciones.
En todo ese tiempo Renesmee no había mencionado nada de lo ocurrido con Jacob y Bella. Pero aunque intentaba aparentar que había dejado el asunto de lado tal y como Riley le había pedido, el joven Biers estaba convencido que no había dejado de darle vueltas. Y la mirada perdida que solía dirigirle era una clara muestra de ello.
-Sé que te he dicho que es mejor que por hoy no hablemos sobre el tema-Comenzó el rubio, tras unos segundos de reflexión-Pero si quieres hacerlo… Ya sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites.
La joven Dwyer, que se disponía a pegarle otro mordisco a su hamburguesa, cerró la boca y dejó la masa de pan redondeado sobre la tabla de madera, lentamente.
-Lo sé-Sonrió, alargando el brazo sobre la mesa para cogerle la mano al chico- Y te agradezco que me hayas obligado a venir. Me lo estoy pasando muy bien.
-Me alegro-Admitió, dejando también su hamburguesa sobre la mesa y soltando un suspiro-. Pero créeme cuando te digo que no estoy haciendo todo esto para ganar puntos. Por mucho que te haya dicho Black para ponerte en mi contra, me importas de verdad.
La joven Dwyer rio mientras lentamente le soltaba la mano para volver a erguirse sobre su asiento. Le resultaba divertido que Riley insistiese tanto en ese punto. Claro que, teniendo en cuenta su personalidad y sus antecedentes, era comprensible que intentase reafirmar la claridad de sus intenciones.
-Jacob no me ha dicho nada de eso-Le aclaró, cogiendo de nuevo su hamburguesa-En realidad, no suele mencionarte muy a menudo.
Riley hizo una mueca de desagrado pata seguidamente pegarle un fiero bocado a su hamburguesa. ¿Ni si quiera le había mencionado? ¿Tan seguro estaba de sí mismo que ni si quiera le consideraba un posible rival?
"¡Será chulo!" Pensó, un poco picado.
-Sueles hablarme tú más de él que él de ti-Observó, divertida. Pero su semblante no tardó en ensombrecerse- Claro que si he de ser sincera, desde lo ocurrido con Bella apenas hemos hablado.
El joven Biers levantó la mirada sorprendido, por lo que pudo percatarse nuevamente de la mirada apagada de la morena. Ya había notado en clase que desde lo ocurrido hacia tres semanas, Jacob y Nessie apenas hablaban. Parecía como si intentasen no encontrarse y no se molestaban en forzar una conversación. Él pensaba que lo hacían por Bella, que procuraban en clase no hablar para no hacerle más daño. Pero tras el comentario de Renesmee, Riley comenzaba a dudar que se hubiesen encontrado fuera del instituto al menos.
-No queremos complicar más las cosas y mucho menos hacerle más daño a Bells-Murmuró, dejando nuevamente la hamburguesa sobre la bandeja-Lo mejor es que nos distanciemos. Algo que teníamos que haber hecho desde un principio.
-¿Y eso lo has propuesto tú?-Inquirió el chico, no muy convencido.
-No, en realidad no lo hemos propuesto ninguno de los dos-Admitió la chica, con fingida diversión. Sus labios se curvaron en una triste sonrisa- Simplemente lo hemos hecho.
-¿Entonces ni si quiera lo habéis hablado?
Ella negó lentamente con la cabeza y Riley sintió con cierta sorpresa como se indignaba. Pero sabía que no debía intervenir. Ya habían participado demasiados terceros en esa situación y no sería prudente de su parte meter más cizaña.
-Ya no puedo más-Dijo Renesmee tras unos minutos de silencio, empujando la bandeja hacia Riley-. Todo para ti.
-¿Qué?-Cuestionó sorprendido mirando la hamburguesa de la chica, prácticamente entera-Pero si no has comido nada.
-Lo siento, se me ha quitado el apetito-Se excusó, reincorporándose-. Voy al servicio. En seguida vuelvo.
El joven Biers asintió no muy conforme y Renesmee se alejó buscando con la mirada algún cartel que indicara donde estaban los servicios.
Afortunadamente no tuvo que hacer mucha cola y un par de minutos después pudo entrar en uno de los compartimentos que separaba los distintos retretes. Sintiendo como el nudo que tenía en la garganta se intensificaba por momentos, bajó la tapa del WC y se sentó. No quería amargarle el día a Riley y por eso había buscado una tonta excusa para huir de ahí.
El pulso le temblaba cuando abrió el bolso para sacar su teléfono móvil, pero no tanto como cuando buscó el último mensaje que le había escrito Jacob ya hacía diecisiete días. El mismo mensaje de siempre, pero a la vez distinto a los otros. El último.
Buenas noches, Princesa.
Te quiero.
Desde el primer mensaje que había recibido de Jacob, no había noche que se acostase sin saber que recibiría otro dentro de veinticuatro horas. No quería, pero a la vez los esperaba con ilusión. Y lo mejor de todo era que gozaba con esa seguridad de saber que habría un siguiente y después otro y otro. Pero ya no. Ese era el último, el final de su historia. ¿Por qué? ¿Por qué si era una princesa no podía tener un final feliz?
-Ya no creo en los cuentos de hadas.
Y sabiendo que no podía contener por más tiempo las ganas que tenía de llorar, apoyó la frente sobre sus rodillas y lloró. Ella no era una princesa.
oOoOoOo
Con los ojos cerrados y agarrada fuertemente a la espalda del chico, Isabella abandonó la atracción jurando no volver a pisarla jamás. ¡Nunca había pasado tanto miedo! Y posiblemente Edward nunca se había reído tanto como en los últimos diez minutos. ¡En que maldito momento había accedido a acompañarle! Y todo por culpa de Tanya, que había sido la causa de su indignación.
-Gracias por su visita-Murmuró una voz ronca a su lado que la sobresaltó-Vuelvan pronto.
Isabella se giró para mirar al propietario de la voz y soltó un chillido al encontrarse frente a un hombre cuyo ojo se le había desprendido de las cuencas oculares de forma artificial.
El joven Cullen, a quien le dolía el estómago de tanto reír, estalló en sonoras carcajadas desconcertando todavía más al actor que hacía de botones en la atracción. La chica chillaba aterrorizada y él se partía de la risa. Definitivamente los actores o eran muy buenos o tenían más futuro como payasos.
-¡¿Volver?!-Repitió la chica, escéptica, cuando ya se habían alejado unos metros de allí- Antes muerta que pisar de nuevo ese sitio.
Isabella realmente parecía indignada. Tenía las mejillas sonrojadas por el agobio y la vergüenza, y el pelo totalmente alborotado. Pero a Edward no le importaba que a la chica estuviese a punto de salirle el corazón por la boca. Aún seguía riéndose y Bella comenzaba a sentirse realmente tonta.
-¡¿Quieres dejar de reírte?!-Exclamó, aunque más bien sonó a una exigencia. Pero el chico no le hizo caso-¡Para! ¡Para!
Con la cara más roja que un tomate maduro, la joven Swan comenzó a golpear a Edward en todo sitio que le venía a mano como si de un saco de boxeo se tratase.
-Está bien, está bien-Accedió el chico finalmente, aun con una sonrisa en los labios- ¡Hacía 111años que no me reía tanto!
-A mi costa-Señaló Bella picada.
-Es que tenías que haber visto las caras de los actores-Recordó, señalándola- Con los gritos que dabas, les dabas más miedo tú a ellos que ellos a ti.
Y de nuevo volvió a echarse a reír. Isabella, cuyo orgullo y dignidad habían quedado por los suelos, emprendió la marcha sin saber muy bien a donde, ignorando al chico que la seguía por completo.
Edward, que tardó un par de minutos más en dejar de reír, se acercó a ella al hacerlo y se situó a su lado.
-Y bien, ¿ahora a dónde vamos?
-A buscar un lugar donde puede enterrar tu cadáver-Contestó con naturalidad, sin ni si quiera dirigirle una mirada.
-Está bien, ya que no tienes ninguna propuesta…
El joven Cullen la cogió del brazo y la sacó del camino ante la mirada escéptica de la castaña. Lo suyo sí había sido una propuesta.
-Probemos con esto-Propuso el chico, sujetando un rifle.
-Yo pensaba envenenarte durante el desayuno, ya sabes, más femenino. Pero esto también me parece bien-Accedió Isabella, encogiéndose de hombros-Sin embargo, seguimos teniendo el problema del cadáver.
El hombre del puesto al que se habían acercado, les miró con cierto recelo, dudando en si debía o no dejarles los rifles de aire a esos dos chicos. Aunque simplemente llevasen balines inofensivos, podían hacer bastante daño y no quería tener problemas en su primer día de trabajo.
-Todo a su tiempo, pequeña marmota-Sonrió, dándole un rifle a ella-. ¿Sabes cómo va esto?
La joven asintió de mala gana y Edward volvió a sonreír. Debían darle a las dianas y según donde le dieses podías llevarte un premio de mayor o menor valor, o no llevarse nada.
Durante la temporada de fiestas en Phoenix, siempre había un puesto de estos en la feria que montaban. Su hermano Sam, que tenía una asombrosa puntería, solía conseguirle siempre algún regalo.
-Perfectamente-Contestó, corroborando a su propio asentimiento de cabeza-Y no me vuelvas a llamar marmota.
-Está bien, está bien-Prometió, apartando con una mano la dirección del rifle que Bella había dirigido hacia él- Puedes ser muy convincente cuando quieres, ¿lo sabías?
La aludida sonrió satisfecha y tras hablar con el encargado comenzaron a jugar. Temblorosa, y a sabiendas de que lo suyo nunca había sido el tiro, alzó el rifle apuntando en teoría a la diana que a ella le correspondía. Sin embargo, y fingiendo una sorpresa que no sentía, se apresuró a disculparse cuando su tiro hizo un agujero en dos dianas a la izquierda de la suya y que, desafortunadamente, estaba utilizando otra persona.
Tras vocalizar un claro 'Lo siento', la joven Swan bajó el arma y miró a Edward. El chico tenía su propio rifle en alto y parecía estar muy concentrado. Su rostro estaba serio y algunas mechas del cabello le caían sobre los ojos dándole un aire mucho más atractivo. Realmente era guapo, era muy guapo. Y en esos instantes, tan serio y concentrado, estaba más guapo que de costumbre.
Isabella sintió como una oleada de calor se apoderaba de su cuerpo y se acumulaba en su rostro. ¿En que diantres estaba pensando? No podía pensar esas cosas y segundos después planear tranquilamente su asesinato. Debía centrarse. Pero es que cuando Bella estaba cerca de Cullen se sentía extraña.
Tres tiros seguidos la sobresaltaron devolviéndola bruscamente a la realidad. Edward ya había bajado el arma y miraba con orgullo los tres agujeros en la diana muy cerca del centro.
-¿Sorprendida?-Inquirió divertido, mirándola.
-¡Fabuloso! ¡Fabuloso!-Felicitó el propietario, acercándose a él para estrecharle la mano-. Realmente fabuloso.
Todos los presentes que rodeaban el pequeño puesto de tiro aplaudieron entusiasmados mientras cuchicheaban sin poder reprimir su asombro. Edward, a quien no le gustaba ser el centro de atención, dejó el rifle de la mesa y les dedicó una ligera sonrisa con la esperanza de que dejasen de llamar tanto la atención.
-¿Y ya has pensado que quieres de premio?-Le preguntó el hombre, señalando los numerosos objetos que había en las estanterías.
-No sé.
Edward miró rápidamente las estanterías y se encogió de hombros. No había decidido jugar a eso con la intención de llevarse nada. Simplemente lo había escogido para confirmar que aún no había perdido la práctica. Claro que había un segundo motivo.
-¿Qué te gusta?-Preguntó finalmente, mirando a Bella- Escoge lo que quieras.
-¿Para mí?
Él asintió y Bella volvió a centrar su atención en las estanterías, esta vez con una sonrisa infantil en los labios. Valía la pena haber participado con tal de ver esa sonrisa en su rostro.
Estaba confundido. ¿Qué le pasaba con Isabella Swan? En esas tres últimas semanas no había dejado de darle vueltas a la misma pregunta. Desde su primer encuentro en el aeropuerto había sabido que Bella no era como las otras chicas. Tenía algo que la hacía diferente y era ese algo lo que hacía tambalear ese autocontrol de hierro del que él siempre presumía. Al menos hasta conocerla y darse cuenta que su autocontrol con ella no era más que una fina hoja de papel.
Sí, tenía claro que Isabella no le era indiferente, que le atraía. Y era esta atracción la que le había llevado a comportarse como un auténtico pervertido durante las últimas semanas. O al menos era así como se sentía cuando la cogía de la cintura para apartarla aunque había espacio de sobra para pasar por lado. Cuando iba a coger algo y él hacía el ademán de cogerlo simplemente por acariciarle la mano. Pero había algo más.
Sí, le gustaba como se sentía cuando la tenía tan cerca. Pero le gustaba mucho más verla sonrojada por la proximidad entre ellos. Saber que era la causa de que no le saliesen las palabras o de que le latiese tan rápido el corazón. Era como si tuviesen un juego en el que sólo participaban ellos dos. Frente a otros se pasaban el día discutiendo y solo durante unos minutos de esas veinticuatro horas, cuando nadie les veía, eran los protagonistas de un juego mucho más temerario.
Al principio, cuando se dio cuenta de donde se estaba metiendo, decidió que lo mejor era hacerse a un lado. Se mostraba esquivo con ella y procuraba no permanecer más de diez segundos en una habitación si estaban ellos solos. Pero después de lo ocurrido con Jacob y Renesmee, eso pasó a un segundo plano y supo que no debía-ni quería- dejarla sola. Debía simplemente confiar en su autocontrol. Por muy débil que fuese aun no le había fallado y confiaba en que no lo haría.
No iba a mentir que en algunos momentos de lucidez había sentido una punzada de preocupación al pensar que quizás estaba yendo demasiado lejos, que a lo mejor estaba a un paso de cruzar la línea. Pero Bella no le gustaba. Estaba convencido. Le atraía, nada más.
Además, era comprensible que estuviese reaccionando así teniendo en cuenta sus antecedentes y el hecho de que desde hacía más de dos años no había tenido contacto con ninguna chica. Y de golpe, de un día para otro, se encuentra con una chica preciosa con la que, además de compartir pupitre en el instituto, vive en la misma casa y duerme en la habitación de enfrente. Definitivamente había sido un cambio muy radical y sus hormonas lo habían notado. El único problema es que de estar dormidas habían pasado a no dejar de tocarle las narices. Pero podía controlarlas. Podía hacerlo. Mientras su autocontrol no le fallase, lo conseguiría.
Confiaba en su autocontrol.
-¿Qué? ¿Te gusta?-Preguntó una dulce voz a su lado, alejándole de sus divagaciones.
Lo que vio nada más girar la cabeza le sobresalto. Un peluche enorme y de color verde le observa con unos ojos grandes que le helaron la sangre. Claro que no tanto como las dos "antenas" que tenía por orejas. Era como si el muñeco tuviese vida propia y acabase de confirmarle que no le gustaba ni un pelo.
-¿Pero qué es esto?
-Un peluche-Contestó, con aire evidente- Me habías dicho que podía escoger lo que quisiera.
-Ya, ¿pero no podías escoger uno tamaño bolsillo?-Inquirió, sorprendido por las proporciones del peluche- Si es casi más grande que tú.
-Siempre he querido tener un muñeco grande.
Y dando por zanjada la discusión, Isabella cogió el peluche con mayor firmeza haciendo que Cullen negase con la cabeza mientras el propietario sonreía divertido.
-Bueno, ¿Nos vamos?-Propuso Bella, cogiendo el peluche de otra forma para evitar que se le cayera.
-¡¿Ya?!-Exclamó Edward, sorprendido, señalando la diana perteneciente a la castaña- ¡Si te quedan tres tiros!
-En realidad dos-Aclaró, haciendo una mueca de disconformidad al recordar donde había ido a parar su primer tiro-. Pero está claro que yo no sirvo para esto y no quiero poner ninguna vida inocente en peligro por mi causa.
El joven Cullen enarcó una ceja no muy satisfecho y le arrebató el enorme peluche- ante las protestas de Bella-para seguidamente dejarlo sobre la enorme bancada que les separaba del propietario.
-Sujétala fuerte-Le ordenó, pasándole el rifle a la chica-. Abre un poco más las piernas.
Isabella, a quien la había pillado por sorpresa, obedeció sin rechistar sintiéndose un tanto intimidada por la cercanía del chico.
-El pie derecho un poco hacia atrás-Le indicó, dándole una leve palmada en la pierna-Cuando aprietes el gatillo, la fuerza del disparo te impulsará hacia atrás. Debes de cargar todo tu peso en este pie.
La castaña asintió mientras Edward le seguía dando escuetas indicaciones a las que no sólo ella estaba prestando atención, sino los otros participantes del puesto.
-Pon esa mano un poco más arriba, eso es-Asintió, situándose tras ella- Y ahora separa los brazos un poco más del pecho. Muy bien.
Edward la tenía prácticamente abrazada y su mentón estaba sobre el hombro de ella por lo que podía sentir su aliento en su cara. Sintió como sus manos recorrían los brazos de ella hasta llegar a sus manos, donde detuvieron su recorrido para asegurarse que no moviese su mano a la hora de disparar.
-Ahora apunta y dispara-Murmuró cerca de su oído con una voz cálida. Sintió como las piernas le temblaban-Tranquila. Lo vas a hacer bien.
Segundos después sonó un disparo que dio en la diana, muy cerca del centro, seguido de otro algo más alejado pero que también le dio muchos puntos.
El resto de los participantes aplaudieron y, en un momento de excitación, Bella dejó el rifle sobre el mostrado y se giró para abrazar a Edward con todas sus fuerzas.
-¡Lo he hecho! ¡Lo he hecho!-Exclamó emocionada.
-Sí, lo has hecho.
Edward la abrazó por la cintura y fue en ese preciso instante cuando la joven Swan se dio cuenta de lo que había hecho. Disculpándose de forma apresurada y girándose para recibir las felicitaciones del encargado, los dos jóvenes se separaron dejando a Edward con un extraño cosquilleo en todo su cuerpo.
-Ummm… no ha estado mal-Reconoció el encargado, quitando la diana y dejándola sobre el mostrador- Y por ser una chica tan guapa te daré cincuenta puntos más. Puedes escoger lo que quieras de las tres primeras lejas.
La joven Swan asintió aun avergonzada por ese repentino abrazo y miró detenidamente el contenido de las lejas que le había indicado el hombre. Tras unos segundos de reflexión, extendió el brazo y señaló con el dedo un bonito peluche bastante más pequeño que el suyo, con un lazo en el cuello y ojos pequeños.
-Para ti.
El joven Cullen la miró sin poder articular ni una sola palabra cuando Bella se giró para darle ese pequeño muñeco. No es que no le pareciese normal que a un chico de diecisiete años le regalasen un peluche como ese-que no se lo parecía- sino que no entendía porque lo estaba haciendo. Al igual que tampoco entendía porque la chica procuraba no cruzarse con su mirada.
-Es lo justo, ¿no?-Se excusó- Me has ayudado a ganarlo. Además, me has regalado el tuyo.
-Quería hacerlo.
-Yo también.
El chico lo aceptó con una leve sonrisa y, tras murmurar un casi inaudible 'Gracias', cogieron el enorme peluche verde y se alejaron de allí, despidiéndose del propietario con la mano.
-Esta juventud de hoy en día…-Suspiró, negando con la cabeza, resignado-Cómo les cuesta decir 'Te quiero'.
oOoOoOo
Con una leve capa de sudor por todo su cuerpo, se detuvo en la sombra que formaban los árboles que sobresalían de los chalets. Chalets, al lado de los cuales había estado corriendo desde que había abandonado su casa a eso de las cinco de la tarde. Se apoyó en las rodillas flexionadas e intentó normalizar su respiración, en esos instantes agitada.
Era un día muy caluroso y probablemente cualquiera que le viese corriendo a esas horas pensaría que estaba loco. Afortunadamente no había casi nadie por la calle, aunque de haber habido tampoco le hubiese importado.
Necesitaba salir de su casa, alejarse de allí y, a ser posible, olvidar con ello todos sus problemas y esa oleada de sentimientos que no le dejaban en paz ni de día ni de noche.
Se apoyó en la caliente pared de piedra de uno de los chalets y se deslizó hacia abajo hasta quedar finalmente sentado en el suelo. Cerró los ojos unos instantes y al abrirlos de nuevo le quitó el tapón a la botella de agua que afortunadamente había cogido antes de salir de casa. Tomó un par de tragos y con el resto se mojó la cabeza. Lo más probable es que después se arrepintiese, pero estaba harto de pensar en el después.
Miró su reloj de muñeca y sonrió con cierta amargura. Había batido su récord: Casi una hora y media sin dejar de correr a un ritmo más que razonable. Tenía gracia, había estado tan sumergido en sus problemas que ni si quiera se había percatado de ello. Y seguramente hubiese seguido corriendo sin dejarse llevar por el cansancio si su inconsciente no le hubiese guiado por esa calle. A un par de metros vivía la joven Dwyer y había sido en esa calle donde se le había declarado a la chica ya hacía meses.
Lo cierto es que pese a su popularidad con las chicas estaba asustado. Después de que Tanya le rechazara había perdido parte de su confianza en sí mismo en el campo de las chicas. Aunque, si debía ser sincero, después de Tanya no había vuelto a interesarle ninguna en especial. Al menos hasta ahora.
Movió la cabeza como si intentase desprenderse de esos pensamientos y siguió corriendo por las frías calles de la ciudad. Sin embargo, por mucho que moviese la cabeza o por mucho tiempo que estuviese corriendo, Renesmee seguía dentro de su cabeza y, desafortunadamente, al parecer dentro de su corazón.
Había salido de su casa ya hacía más de una hora con la única intención de despejarse, o aclararse al menos. Pero es que las cosas ya estaban claras desde hacía semanas. El único problema es que él no había querido darse cuenta hasta ahora.
"Me gusta" Admitió, acelerando el paso "Me gusta mucho"
Era un hecho, y por fin lo sabía. Nessie era especial. Le gustaba y se sentía tonto por no haberse dado cuenta antes. No se sentía igual cuando estaba con Renesmee que cuando estaba con Bella. A la joven Swan la veía más como a una hermana pequeña, su mejor amiga. En ningún momento había pensado en Bella como en una chica, y a Nessie no la podía ver de otra forma. ¿Había sido siempre ese pequeño detalle tan evidente como le resultaba ahora? Probablemente. Pero no le importaba.
Y ahora que lo sabía, ¿qué debía hacer? ¿Decírselo? ¿Callar? Todas las opciones parecían muy tentadoras, cada una por un motivo. Si se lo decía, lo más probable es que le rechazara. No es que tuviese poca fe en sí mismo-pese a lo ocurrido con Tanya- sino que Renesmee nunca había dado muestras de que sintiese algo más que amistad por él. En realidad, solía mostrarse un tanto distante-Sobre todo en las últimas semanas- aunque siempre cordial. Claro que cabía la posibilidad-por muy remota que fuese- que ella sintiese lo mismo.
Sin embargo, en el caso de que no fuese así… ¿Perjudicaría la relación que habían tenido hasta ahora? Aunque no la tuviese como novia, quería seguir manteniéndola como amiga y no estaba seguro si valía la pena poner en riesgo algo tan importante como eso. Además, también estaba Bella. En el caso de que Nessie le rechazase y su negativa afectase a su relación con ella, si la joven Dwyer le hacía escoger a la castaña entre ella y él, estaba claro quien saldría perdiendo y él tampoco quería perder a Bella.
No, definitivamente debía callar. Si Nessie le decía que no, eso afectaría a su relación con ella. No querría verle, obligaría a Bella a escoger entre ella y él, Bella escogería a la chica y él se quedaría en un rincón meciéndose y compadeciéndose por su mala suerte.
Con una sonrisa divertida en el rostro, se detuvo en medio de una calle y apoyó las manos en las rodillas permitiéndose descansar después de tanto tiempo sin dejar de correr.
No, definitivamente se estaba volviendo idiota además de un cobarde. No tenía por qué pasar nada de eso. Era cierto que la posibilidad del "No" volaba en el aire, pero en el peor de los casos, sólo variaría la actitud de Renesmee durante un par de semanas hasta que la chica se hiciese a la idea. Pero conocía a Nessie y sabía con seguridad que jamás obligaría a Bella a elegir entre ella y él. Nunca. Sabía que Bells apreciaba a ambos, y Ness nunca haría nada para perjudicar a la castaña adrede.
-¿Jake? ¿Eres tú?
El joven Black no necesitaba alzar la mirada para identificar a la propietaria de esa voz. No obstante, y más que nada para no parecer grosero, el chico fue alzando lentamente la cabeza, recorriendo el delgado cuerpo de Renesmee hasta detenerse en el sorprendido rostro de ésta.
-¡Nessie! ¡Qué sorpresa!-Exclamó, apresurándose a carraspear para aclararse la voz. Le había salido un gallo horrible que afortunadamente la chica no pareció notar-¿Qué haces por aquí?
-Vivo ahí- Le recordó la chica, señalando la calle siguiente-Acabo de terminar de ensayar con el coro.
El chico asintió por inercia, sintiéndose repentinamente ridículo. Ni si quiera se había puesto tan nervioso al declarase a Tanya. Y eso que casi no le salían las palabras. Pero es que nunca es fácil tener a la chica que quieres delante sin ponerte mínimamente nervioso y sin comportarte como un idiota.
-Yo… estaba corriendo-Explicó, señalando su ropa deportiva.
Fue ella la que asintió esa vez, sintiendo el ambiente más tenso que de costumbre. Probablemente ambos hubiesen agradecido la llegada de Bella en ese preciso momento. Al menos así no se sentirían tan incómodos.
-Bueno, no quiero distraerte-Sonrió la chica, rompiendo el arduo silencio-Nos vemos mañana.
La joven Dwyer le hizo un gesto con la mano en señal de despedida antes de girarse para reemprender la marcha.
No supo en que momento sus piernas tomaron vida propia, pero antes de que Renesmee hubiese dado un par de pasos, Jacob se interpuso en su camino, obligándola a detenerse.
-¿Pasa algo?-Preguntó, extrañada.
-Necesito hablar contigo.
Al igual que tampoco supo en que momento tomó la determinación de contárselo todo. Era como si realmente no fuese consciente de sus actos, como si no fuese él a quien le latía tan rápido el corazón mientras se sentaban en uno de los desgastados bancos de madera. Tenía la misma sensación de estar viéndolo todo desde arriba.
-¿Qué pasa?-Repitió Renesmee, preocupada-. ¿Estás bien?
-No. Quiero decir… ¡Sí!-Se apresuró a corregir al ver la expresión en el rostro de la chica-Mira Nessie, no soy persona de irse por las ramas. Podría decirte miles de cosas para retrasar esto el mayor tiempo posible. Pero lo único que quiero que sepas es que…-La miró y la chica sintió como le daba un vuelco el corazón-… sea cual sea tu respuesta no quiero que cambie nuestra relación, ¿vale?
-Jake…
-Me gustas-Confesó, llevándose las manos a la cabeza y recostándose sobre la escalera-Me gustas mucho. Aunque supongo que ya te habrás dado cuenta. Eres muy perceptiva.
El joven Black la miró y sonrió. Pero el cumplido no pareció relajar la situación y Jacob comenzó a preocuparse seriamente por las repercusiones de su confesión. Ya no veía las cosas desde arriba. Volvía a estar en su cuerpo.
-Al parecer no lo suficiente-Murmuró Renesmee con una amarga sonrisa- Lo siento. Yo… no siento lo mismo por ti.
-Lo suponía-Sonrió, reincorporándose para seguidamente bostezar- En fin, ¿Qué le vamos a hacer?
-De verdad… perdóname.
Jacob dejó de sonreír un tanto sorprendido por la insistencia de Renesmee, pero mucho más por su actitud. Aun sentada en el banco, tenía la cabeza baja y su largo cabello cubría la mayor parte de su rostro por lo que no pudo ver su expresión.
-¡Vamos, mujer!-Animó el chico, poniéndose de cuclillas para estar a su altura- ¿A quién no le han dado calabazas alguna vez? ¡Seguro que lo supero!
Más tarde pensaría que resultaba paradójico que precisamente fuera él quien la animase, teniendo en cuenta que había sido él el rechazado. Pero Renesmee estaba rara. No parecía la misma. Y cuando la obligó a levantar la mirada, pudo ver que sus ojos estaban enrojecidos. En ese momento no le importó la opresión de su pecho, ni el vacío que sentía en su interior. Lo único que le preocupaba era ella.
-Ness, ¿Qué pasa?-Preguntó, preocupado.
-Nada-Contestó, reincorporándose repentinamente con claras intenciones de marcharse-. Tengo que irme. Lo siento.
Pero ya no había ningún amago de fingida diversión en el rostro de Jacob. Preocupado y molesto a su vez, se reincorporó con rapidez y la agarró de la muñeca antes de que echase a correr.
-Suéltame, Jake-Le exigió, pese a que no le miraba-. Va a empezar a llover de un momento a otro y deberíamos estar ya en casa.
Sin embargo, el clima era lo que menos le importaba al chico en esos instantes. Durante esos años había aprendido a conocer a la joven Dwyer y sabía que le ocultaba algo.
-Mírame Nessie-Le ordenó, agarrándola del mentón para obligarla a hacerlo-¡Mírame!
Sus ojos avellana se cruzaron con los cafés de él en el preciso instante que las primeras gotas de lluvia empezaron a hacerse notar. Estuvieron así durante más de un minuto. El rostro de Jacob estaba serio y el de ella inexpresivo.
-Me estás mintiendo-Afirmó, como si en ese instante lo viese todo con claridad-Dices que no sientes nada por mí. ¡Pero mientes!
-No digas tonterías-Le espetó, deshaciéndose de un manotazo la mano que aun sujetaba su mentón-Por muy popular que seas entre las chicas, no significa que estén todas locas por ti.
-Ya, pero es que la que me importa eres tú ¡No las otras!
Tal declaración pareció ablandar durante unos segundos la expresión del rostro de Renesmee. Pero pasado ese tiempo, sus labios volvieron a tensarse y sus ojos volvieron a adquirir una frialdad impropia en ella. Era como si intentase demostrar algo que no sentía. Como si se estuviera esforzando en mantener un muro que había comenzado a desmoronarse.
-¿Y qué? No puedes obligarme a salir contigo si no quiero.
-No, eso es cierto-Admitió el chico, limpiando los cristales de las gafas con la camiseta ya un poco húmeda-Pero entonces no digas que no sientes nada por mí.
La lluvia había comenzado a caer con más fuerza y ahí estaban los dos, parados, con un metro de distancia entre uno y otro, retándose con la mirada. Casi podían sentir el corazón del otro latir con fuerza, mientras un ligero vapor salía de sus bocas a causa del frío de la noche.
-Piensa lo que quieras-Terció la morena, girando.
-Está bien, vete si quieres-Accedió, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón, demostrando que no pensaba detenerla- Pero antes dime ¿Por qué? ¿Por qué quieres que te odie?
La joven Dwyer se detuvo en seco y si no fuera porque le estaba dando la espalda, Jacob podría ver una expresión de absoluta sorpresa en su rostro.
-¿Qué?
-¿Es que acaso no es eso lo que estás intentando?-Inquirió, sin acercarse a la chica, quien aún continuaba de espaldas-¿Lo haces por Bells, verdad? Le gusto y no quieres hacerle daño.
Renesmee se giró y le miró con una sonrisa entre amarga y divertida. Ya estaba completamente empapada. El pelo se le pegaba a la cara y la fina chaqueta se le ceñía a su torso.
-¡Ja! Eres un presuntuoso-Se mofó, llevándose las manos a las caderas- Primero yo y ahora Bella. ¿Quién será la siguiente?
-…-
-Pues para que lo sepas no me gustas, no me has gustado. ¡Y nunca me gustarás!
Con cada una de las afirmaciones Renesmee se había acercado más y más al chico hasta estar finalmente parada frente a él. Su respiración era agitada y su aliento, debido a la escasa distancia que les separaba, se fusionaba con el de él. Sus miradas volvieron a encontrarse una vez más, pero esta vez para tener un final diferente.
Dejándose llevar mitad por el deseo mitad por la indignación y la furia, el joven Black se inclinó sobre ella para capturar sus labios en un apasionado beso que Renesmee recibió con sorpresa.
La joven Dwyer intentó separarse del chico, pero él la agarró por la cintura impidiendo que pudiese moverse. Vencida y sin las fuerzas suficientes para seguir luchando con la oleada de sentimientos que se habían acumulado en su pecho, Renesmee correspondió al beso rodeando con sus brazos el cuello de él mientras de puntillas acababa con la inexistente distancia entre ellos.
El mejor beso que había recibido nunca. Porque, ya desde ese momento, supo que era un beso prohibido.
Después de eso a Renesmee no le había quedado más remedio que confesar sus sentimientos. Pero se mostró mucho más reacia a confirmar los de Bella hacia el mismo chico.
Probablemente Renesmee pensó que si él se olvidaba de ella podría fijarse en la joven Swan. Que no habría ningún problema si Jacob y Bella no conocían sus sentimientos. Pero era una carga muy pesada para una sola persona. Y él era muy insistente y perspicaz. Tarde o temprano se habría dado cuenta y se habrían visto obligados a tener esa conversación.
Claro que el final habría sido el mismo. Renesmee no estaba dispuesta a salir con nadie si a su mejor amiga le gustaba esa persona. Había estado dispuesta incluso a facilitarle las cosas a Bella. Pero el hecho de que él lo supiese todo cambió las cosas. Tanto, que Bella no les dirigía la palabra y Nessie y él habían puesto fin a su relación para siempre. Si él hubiese sabido que se iban a complicar tanto las cosas…
Se reincorporó y tiró la botella de agua ya vacía a la papelera que había al lado del pequeño banco de madera desgastada. El mismo banco que él había estado observando desde la pared de enfrente y en el que meses atrás le había confesado sus sentimientos al amor de su vida. Porque lo sabía. Nessie iba a ser el amor de su vida. Lo suyo no había funcionado, y si llegaba a salir con otra persona sería por amor. Pero Renesmee siempre tendría un sitio especial en su corazón. Había sido su primer y verdadero amor.
Le dio una patada al dichoso banco y siguió corriendo como si en ningún momento se hubiese detenido. Era el momento de dejar el pasado atrás.
oOoOoOo
Eran casi las nueve de la noche y, aprovechando que casi todo el mundo estaba reunido para ver el espectáculo que daría fin a la inauguración del parque, decidieron que era una buena oportunidad para montarse en la enorme noria del parque. Noria que por su tamaño, no tenía nada que envidiarle a la de Londres.
-Espero que no me toque pagar un abono por el muñeco-Comentó Edward, que se había visto obligado a cargar con semejante bicho durante el resto de la tarde-Ocupa un asiento, e incluso dos.
-Pero mira que eres exagerado-Suspiró la chica, quien ya había olvidado lo ocurrido hacia unas horas-. ¿Es que no ves lo adorable que es?
-No.
Isabella soltó un bufido de indignación para seguidamente mascullar algo por lo bajo que el joven Cullen no llegó a escuchar. Probablemente era un insulto contra su persona o algo parecido. Sí, estaba seguro que debía ser eso.
-¿Y para qué quieres tanto peluche?-Preguntó, recordando la poblada habitación de la chica-Ya tienes el que te regalé la primera semana que llegué aquí.
-Me gustan los peluches-Insistió la chica, abrazando con fuerza la oveja que le había regalado a Edward y que ahora llevaba ella- Y necesitaba uno grande para abrazarlo cuando esté deprimida.-Admitió, avergonzada-. ¿Qué? ¿Te parece una tontería?
Él negó con la cabeza y Bella pensó que se estaba burlando de ella. Pero no era así. Cuando había dicho eso, había puesto una expresión de ternura que le habían dado a él ganas de abrazarla. Si ese era el problema, él se ofrecía encantado a ocupar el lugar de ese enorme peluche.
'Idiota' Se reprochó, sintiéndose ridículo' ¿Cómo puedes pensar tantas tonterías?'
Sumergidos en otra conversación sin sentido y dejando al margen de esta los peluches, llegaron entre risas a la cola. Tal como habían pensado, no había mucha gente-quizás unas diez personas-Pero lo que no podían imaginarse era que ellos hubiesen ido y que justamente hubiesen tenido la misma idea.
-Hola-Saludo Riley, quien se había girado para comprobar cuál era la causa de que Nessie hubiese callado tan de repente.
Edward respondió a su saludo con un gesto de cabeza, pero Isabella no hizo nada. Había apartado la mirada sintiendo como los entristecidos ojos de la morena estaban clavados en ella.
-Bella…-Musitó Renesmee, haciendo el ademán de acercarse.
Pero se arrepintió. Había prometido no presionarla. Ella tenía todo el derecho del mundo a estar enfadada, a no dirigirles la palabra el resto de su vida, y ella no iba a quitarle ese derecho.
-Riley, ¿por qué no vamos a ver el espectáculo?-Propuso la joven Dwyer, mirando al rubio, persistentemente-Podemos montar en la noria otro día.
-¡Pero si te hacía mucha ilusión!
-Por favor.
La insistencia de Renesmee y su mirada suplicante bastó para hacerlo asentir. Cruzando una mirada de complicidad con el joven Cullen, agarró a la chica del brazo y salieron de la fila.
Isabella no levantó la mirada, pero sabía que se estaban alejando. Si Nessie se había marchado era para no hacerla sentir incómoda con su presencia. Pero ese gesto la había hecho sentir aun peor.
El pecho le dolía con intensidad y un montón de dudas la asaltaron en unos segundos. Había determinado que le daría la oportunidad de explicarse nada más volver a verla, pero no sabía si estaba preparada para escuchar su versión de la historia. ¿Qué debía hacer?
-Mira, no tienes por qué escucharme, puedes hacer lo que quieras, pero te daré un consejo-Intervino Edward, imaginándose la oleada de sentimientos que debían de estar dominando a la chica en esos momentos-Escúchala. No pierdes nada por intentarlo. Habla con ella y acaba con esas dudas. Si no lo haces ahora, es posible que un día te arrepientas.
Sus miradas se encontraron y Bella pudo percibir en la del chico una intensidad que la armó de valor y confianza. Asintió torpemente y, antes de que se diera cuenta, había abandonado también la fila y corría en la dirección en la que la pareja se alejaba.
-¡Renesmee!
La joven se giró rápidamente como si hubiese estado esperando esa llamada. Tenía los ojos desmesuradamente abiertos y había cierta expresión de anhelo en ellos que Bella fue capaz de detectar.
Decidieron que era mejor hablar en la noria, por lo que se reunieron con Edward, quien no se había movido de su sitio. Por las dimensiones de la enorme rueda, calcularon que una vuelta duraría más o menos treinta o treinta y cinco minutos, quizás un poco más. Tiempo más que suficiente, según Bella, para que Renesmee se explicase.
Cuando la enorme cabina acristalada se detuvo frente a ellos, el encargado les indicó que subieran. Primero Isabella, después la joven Dwyer. Riley hizo el ademán de seguirlas, pero nada más poner un pie en la cabina, Edward le agarró del brazo y negó con la cabeza.
-Déjalas solas.
El chico, que se había detenido extrañado, asintió lentamente y cerró la puerta para evitar que alguien más subiera.
Como a ninguno de los dos les hacía especial ilusión montar en esa atracción, se apartaron de la cola y se sentaron en un rincón dispuestos a esperar el tiempo que fuera necesario. Confiaban, al menos, que esa conversación sirviera para apaciguar un poco las cosas.
La noria, que en ningún momento se había detenido, siguió avanzando y con ello ascendiendo la cabina en la que las dos chicas estaban sentadas una frente a la otra. Ninguna de las dos hablaba y no supieron definir si ese silencio resultaba incómodo o relajador. Finalmente, y dispuesta a aprovechar esa oportunidad que no se esperaba, Renesmee comenzó a hablar:
-Gracias por escucharme. Pensé que no lo harías.
-No pensaba hacerlo-Admitió la castaña, mirando el paisaje que había a su izquierda-Y que lo haga ahora no quiere decir que vaya a perdonaros. En realidad, no sé si podré hacerlo algún día.
Las palabras de Bella fueron como un puñal para la morena. La vaga esperanza que había sentido cuando la chica le había pedido que la acompañase, se esfumó rápidamente.
-Pero ahora necesito saber por qué-Prosiguió, mirándola esta vez a ella- Porque mi mejor amiga me ha hecho esto.
-Lo siento Bella-Sollozó Renesmee, con las manos fuertemente entrecruzadas sobre sus piernas-Lo siento mucho. ¡Te juro que no quería que pasara esto!
La joven Swan no hizo ningún comentario al respecto, pero la creía. Pese a todo lo que había pasado, conocía lo bastante a la chica para saber que sus palabras eran sinceras y que la amargura en la que había vivido las últimas semanas también la había sido.
-Dime la verdad, Nessie-Pidió, mirándola con cierta súplica-Cuéntamelo todo, por favor.
Sus miradas se encontraron y permanecieron en contacto durante varios segundos. Fue después de ese corto periodo de tiempo que la joven Dwyer asintió dispuesta a sincerarse totalmente con su mejor amiga. Ya había llegado el momento de contarle todo de una vez por todas.
Continuará…
¿Reviews?
Espero que hayan notado que este capítulo es el más largo hasta ahora.
Creo que se dieron cuenta que nuestro Edward ya no es francés sino italiano, pero aún no realizo los cambios en los capítulos anteriores así que les pido paciencia con eso.
¿Qué opinan de la actitud de Edward con Bella sobre Tanya?
