CAPÍTULO 10: CONFRONTACIÓN

Un nuevo día amaneció por esa parte del mundo, el Sol brillaba tibio sobre los campos de Eurish y desde Westopolis, el grupo se disponía a partir hacia Spagonia. Esta vez, el Tornado era pilotado por Vector, y con él viajaban Sticks, Charmy, Cream y Big. Por tierra iban Tails, ayudándose con sus colas, mientras Espio y Amy corrían a su lado. No era extraño que Vector supiera volar un avión: de hecho, Tails se había encargado de enseñarles a varios de sus amigos para que no tuvieran que depender de él en un caso de emergencia.

El grupo salió de Westopolis y se dirigió hacia el norte, atravesando los valles verdes y los prados que decoraban aquella región. El Tornado no era un avión muy veloz, al menos en su modo estándar, pero Vector no podía transformarlo en su versión de combate, más rápida, ya que tenía a sus compañeros sentados sobre las alas y la cola del avión. Así que no tenían más remedio que viajar sin prisa y aprovechar la paz del vuelo para charlar. Con Sticks y Charmy, pronto las conversaciones tomaron rumbos alocados y desfachatados, pero muy divertidos. Cream y Cheese no podían parar de reír.

Mientras tanto, en tierra, Tails, Espio y Amy seguían el ritmo de vuelo del avión. Y desde el otro rincón de la región, Sonic y Silver se dirigían hacia el mismo lugar, aunque mucho más deprisa. Se comunicaron con Tails y acordaron un punto en común para continuar el viaje juntos; y así, a mitad de camino, Sonic y Silver se reencontraron con el resto de sus amigos y aminoraron la marcha para seguir su ritmo. Vector disminuyó la altura de vuelo para poder saludar a los recién llegados.

- ¡Hey, chicos! ¡Cuánto tiempo sin vernos! – dijo Sonic.

- ¡Qué gusto verte, Señor Sonic! – dijo Cream - ¡Y a ti también, Señor Silver!

- Hola, pequeña. ¿Lista para salvar el mundo? – dijo Silver.

- ¡Sí, siempre! –contestó, y Cheese chaó de emoción.

- Sonic, ¿has podido sacarle algo más de información a Eggman? – preguntó Amy acercándose al erizo azul.

- No mucho más. Creo que les hemos contado todo lo que nos dijo, pero al menos es algo – contestó - ¿Cómo están las cosas por Green Hill? Espero que no haya más zetis revoloteando por ahí.

- El pueblo está tranquilo – contestó Amy - No creo que los zetis se preocupen en atacar ese lugar sabiendo que hay ciudades más grandes para invadir. Aún así, Vanilla me llamará si algo malo llega a pasar.

- ¡Hey, Silver! Eres psíquico, ¿verdad? – gritó Sticks – Tengo un nuevo producto que quiero patentar. Cuando todo esto acabe, ¿te importaría intentar leer mi mente?

- Em… No soy esa clase de psíquico… - dijo Silver rascándose la cabeza – Lo mío es la telequinesis, no la telepatía.

- ¡Bah! ¡Qué aguafiestas! – exclamó aburrida la tejón – Al menos dime si Sonic y Amy serán una pareja oficial en el futuro. ¡Los fans quieren saberlo!

Al poco tiempo, Sonic estaba corriendo a solas delante del Tornado, mientras que Amy quedó roja como un tomate.

Luego de casi dos horas de viaje, el grupo llegaba por fin a Spagonia. La ciudad estaba rodeada casi en su totalidad por murallas que se mantenían en pie desde su construcción, hacía ya varios siglos. Spagonia todavía conservaba los enormes acueductos que recorrían la ciudad para transportar agua a los distintos lugares, y las calles y casas tenían esa arquitectura tan propia de los tiempos medievales. Aunque desde el ataque de Eggman a la ciudad, las autoridades habían dispuesto defensas apropiadas para proteger a las personas y los bienes culturales de Spagonia. Pero aún así, nunca se habían visto en la necesidad de desplegar su sistema de defensa hasta el momento en el que el Parlamento de la Federación Unida declaró el estado de emergencia mundial.

La mañana avanzaba suave y con una ligera brisa, mientras algunas nubes blancas como copos de algodón recorrían el cielo. La gran ciudad de la cultura seguía tan brillante y hermosa como siempre, aunque ahora estaba envuelta en un aura de tensión. Cuando el grupo ingresó a la ciudad, la gente en las calles los ovacionaba y algunos incluso agradecían al cielo; Sonic y Tails se miraban confundidos, pues en todas las veces que visitaron Spagonia, las personas nunca se habían comportado así con ellos. Ni siquiera después de lo de Dark Gaia.

Más extraño aún les pareció ver a los tanques de GUN desplegados, a los soldados preparando sus armas en las esquinas de los edificios y a cuerpos de tropas recibiendo instrucciones de sus superiores. Se podía ver que varios tanques y camiones blindados se dirigían al extremo norte de la ciudad, y muchas personas se encontraban fuera de sus casas y miraban la situación con preocupación en los ojos.

A Vector le pareció difícil encontrar un área libre dentro de aquella ciudad con edificios apisonados, hasta que al final divisó un parque amplio y abierto, de pocos árboles, que se encontraba a varias calles del centro y aterrizó allí, y luego sus pasajeros se bajaron del avión. Cuando se reunieron con el resto de sus amigos, que venían detrás de ellos, varios soldados de GUN se acercaron y les hablaron.

- Qué bueno que llegaron, los estábamos esperando– dijo un soldado – Como ustedes saben, había un campamento de los zetis a casi cien kilómetros al norte de aquí, que se suponía que atacaríamos cuando ustedes llegaran. Pero parece que la noche anterior se han movilizado y ahora están a pocos minutos de llegar a nuestros muros. Estamos a punto de ser atacados.

- Eso explica por qué tanto alboroto – dijo Vector – Así que los zetis están intentando sitiar la ciudad…

- Querrás decir "zetiar" la ciudad, ¿eh? – dijo Charmy, y su boca fue repentinamente tapada por la mano de su compañero camaleón.

- Entonces hemos llegado justo a tiempo para la batalla – dijo Espio – Tenemos que prepararnos. ¿Dónde está el frente de defensa de la ciudad?

- A pocos kilómetros al norte, siguiendo la avenida principal – contestó el soldado mientras señalaba con el dedo – Los guardias han contado casi ciento cincuenta enemigos, pero con ustedes luchando a nuestro lado, lograremos expulsar a los zetis de Spagonia y del continente.

- ¡Cuenta con ello! – le dijo Sonic levantándole el pulgar.

Luego de organizarse y discutir una estrategia, el grupo partió hacia los muros de la ciudad. Tails recargó el Tornado con un par de anillos dorados, su fuente de energía, y levantó vuelo. En el aire transformó al avión en su modo de jet de combate y se dirigió al punto de la defensa.

El resto del grupo se dirigió a toda prisa a la muralla norte de Spagonia y allí observaron a los soldados de GUN esperando desde lo alto de los muros, y en cada una de las numerosas torres que había a lo largo de la muralla se encontraba un cañón con varios hombres que lo operaban. Debajo de los muros, los tanques aguardaban la llegada del enemigo y las posiciones de ametralladora estaban repartidas estratégicamente alrededor de la zona. Muchos soldados voltearon al enterarse de la llegada de los héroes que venían a ayudar, y la esperanza inundó de pronto sus corazones.

Diez eran los amigos que se presentaban a dar batalla delante de los muros de Spagonia, y uno de ellos surcaba los cielos como un ángel protector. Sonic corrió deprisa las escaleras y subió la muralla para contemplar el escenario y sus compañeros lo siguieron. Muy cerca de allí, quizá menos de cien metros, se encontraba el numeroso grupo de zetis que se disponía a atacar la ciudad; se podían oír los tambores y los alaridos de las criaturas, ansiosas por saciar su sed de destrucción.

A lo largo de los muros, los héroes se mantenían de pie, mirando sobre las almenas y desafiando al peligro inminente. Amy desenfundó su martillo, y Sticks preparó su búmeran.

- ¡Mucho cuidado con estos! Son más fuertes de lo que piensan – le dijo Sonic al grupo.

- ¡Duro con ellos, chicos! – exclamó Vector - ¡Ya saben, como en los entrenamientos!

- Estoy pensando que esto será muy distinto a las prácticas… – dijo Espio.

- ¡Prepárense para una paliza, sucios y feos! – les gritó Charmy a los zetis.

- ¡No se olviden de lo planeado! – dijo Tails desde el avión, que volaba sobre ellos – Mantengan la línea y concentremos la atención de los zetis en nosotros.

Entonces empezó. El centenar de criaturas avanzó sobre la muralla, corriendo, saltando y volando, como una horda de destrucción, abriendo fuego desde lejos y disparado a mansalva, y las alarmas de la ciudad comenzaron a sonar. Desde la muralla, las tropas de GUN abrieron fuego con todo lo que tenían: ametralladoras, cañones y lanzamisiles, todo equipo de guerra del cuál disponían se sacudía y vibraba con estrépito. Sonic fue el primero en saltar los muros y lanzarse al ataque, seguido por Amy, Silver y luego el resto de sus amigos. Todos corrieron y volaron en línea recta en dirección a las criaturas, y estas se prepararon para recibirlos.

- ¡Tails, que empiecen los fuegos artificiales! – dijo Sonic.

El zorro comenzó a disparar sus misiles y ráfagas de balas contra los zetis, mientras que sus amigos formaban la primera línea de choque. Sonic comenzó a golpear a las criaturas con ataques giratorios y esquivaba sus disparos. Los zetis apuntaban contra todos, y el Tornado se veía obligado a dar complicadas maniobras para intentar esquivar los proyectiles de energía.

Amy tomaba impulso y martillaba sin cesar; sus tremendos golpes azotaban a los zetis y a algunos los mandaban a volar. Ponía todo su empeño en esquivar hábilmente los golpes y los disparos de los enemigos, y utilizaba a su martillo Piko Piko para bloquear algunos ataques.

El caos reinaba en aquella batalla sin cuartel, y el equipo trataba de mantenerse unido para protegerse los unos a los otros. Silver usaba sus poderes con habilidad y atacaba con ondas psíquicas; creaba escudos telequinéticos y protegía a sus compañeros de repentinos ataques de energía. Con su mente, hacía levitar a los zetis y los estampaba contra el suelo o contra otras criaturas.

Mientras tanto, Vector y Big usaban su gran fuerza para golpear a sus rivales. Sus enormes puños iban y venían, y los usaban para bloquear poderosas embestidas de sus enemigos y atacar. Juntos lucharon en combinación, protegiendo sus espaldas e intentando llamar la atención de sus enemigos para proteger a los más pequeños del grupo, que cada tanto se escabullían entre ellos en busca de apoyo.

Espio aprovechaba su capacidad de invisibilidad para ocultase entre los zetis y atacar por sorpresa con sus técnicas de artes marciales y estrellas ninja. Su agilidad le permitía desenvolverse con facilidad entre el enemigo y utilizaba sus golpes rápidos para aturdir y vencer a sus contrincantes.

Mientras, Charmy, Sticks y Cream peleaban uniendo sus fuerzas. El búmeran de la tejón iba y venía, danzando en el aire y describiendo trayectorias que terminaban en el ojo de algún zeti, desorientándolo. Así, Charmy y Cream aprovechaban la oportunidad para atacar con picaduras de aguijón o las poderosas patadas de la conejita. Cheese peleaba tan fieramente como el resto, casi siempre complementando los golpes de Cream, utilizando, cada tanto, sus poderosos ataques de energía.

El Tornado bajaba y subía, disparando y esquivando los proyectiles que recibía de los enemigos, y cada tanto se veía obligado a mantener la distancia para evitar que el avión recibiera daños. Sonic atravesaba el campo a gran velocidad, dejando una estela azulada y golpeando a los enemigos que se encontraba, mientras mantenía un ojo sobre todos sus amigos, que luchaban con ferocidad, al igual que los zetis. Aunque al ser más veloces en general, los héroes mantenían cierta ventaja.

A pesar de la destreza de los héroes en el campo de batalla, los zetis no se amedrentaban, y comenzaron a fijar su atención en la ciudad, como si alguien les estuviera dando alguna orden. Los zetis ignoraron a la decena de personajes que los enfrentaron al principio, y la gran mayoría se abalanzó hacia la ciudad: saltaban los muros casi sin dificultades y se encontraban directamente con los cañones de los tanques. Entonces comenzó una frenética batalla dentro de los muros de Spagonia, y los héroes se vieron obligados a retroceder para proteger a las personas.

Desde el centro de la ciudad se podían oír los estruendos y las explosiones, y la gente temerosa se refugiaba en sus casas, sin saber el verdadero rumbo de la batalla. La suave brisa del viento del norte transportaba incertidumbre y ansiedad, además de los sonidos de la guerra. Todavía quedaba casi un centenar de zetis en pie que luchaban con ferocidad; aplastaban tanques, derribaban edificios y hacían volar por los aires a las torretas, mientras que los soldados se refugiaban como podían y trataban de disparar a cubierto. El grupo de héroes regresó a la ciudad saltando por los muros y continuaron la batalla.

En cierto momento, Vector fue embestido por un zeti corpulento y su fuerza de arrastre hizo que ambos terminaran derribando la puerta de una casa; entraron por ella casi rodando y cayeron por unas escaleras que daban al sótano. Allí, el detective se levantó como pudo e intentó atacar a su oponente, pero este era lo suficientemente fuerte como para resistir sus golpes y comenzó a contraatacar. Bloqueando unos golpes y esquivando otros, Vector estaba sudando del apuro, pues en ese sótano cerrado y húmedo no podía huir, y si nadie sabía que estaba allí, no podrían socorrerlo.

Respiró aliviado cuando vio a sus colegas, Espio y Charmy, bajando por la escalera y abalanzándose sobre el zeti. Ambos le dieron una serie de golpes rápidos que lo debilitaron, y al ser más veloces que la criatura, pronto el grupo de detectives le dio una paliza al zeti, que no lograba responder a los ataques. Vector acumuló fuerzas para darle el gran final: un tremendo puñetazo directo al rostro de la criatura. Saltaron algunos dientes y el zeti cayó, apoyándose contra la pared y deslizándose sobre ella hacia el suelo. Charmy dio un grito de alegría, y cuando los tres se dirigieron a la escalera para volver al campo de batalla, escucharon una risa sorda. Los detectives se voltearon con desconcierto para ver a su adversario.

- ¡Qué es tan gracioso? ¡Te vencimos! – dijo Charmy.

- Tal vez, pero no derrotarán a mis camaradas. Tenemos a Aurora, y ella nos devolverá nuestro antiguo poder, y con él esclavizaremos el mundo. Desde nuestro santuario renacerá nuestra fuerza.

- ¿Qué significa todo eso? ¿Y quién es Aurora? – preguntó Vector.

Pero el zeti no respondió. Su cabeza se inclinó hacia un lado, su cuerpo se relajó y sus ojos se cerraron; un hilo de sangre brotaba de la comisura de sus labios. Espio se acercó hacia la criatura y le midió el pulso. Charmy se puso blanco, abrió los ojos como platos y balbuceó.

- E-está… está…

- Inconsciente. Sólo se desmayó – dijo el camaleón – ¿Qué habrá querido decir con todo eso del santuario y la tal Aurora?

- No tengo idea, Espio – dijo Vector – Se lo preguntaremos cuando despierte. Ahora tenemos que volver arriba y ayudar a los demás. Y a propósito, chicos: les debo una soda.

Charmy recuperó el color y los tres volvieron a la superficie para continuar con la pelea, y mientras luchaba, Vector no podía sacar de su mente las misteriosas palabras de su contrincante. La falta de concentración en la batalla fue el motivo por el cual recibió más golpes de los que había recibido antes.

La batalla continuaba del lado interior de las murallas de Spagonia. Sticks saltaba y se movía con agilidad, lanzando su búmeran y utilizando sus propias y rudimentarias armas para defenderse; lanzaba boleadoras y las varas que encontraba por ahí como jabalinas. Pero en cierto momento, la tejón fue interceptada por un disparo de energía y salió despedida a gran velocidad hacia una casa. Se golpeó la cabeza contra la pared y cayó al suelo, inconsciente. Delante de ella aterrizó una zeti en particular: esbelta, de un largo cabello verde y una belleza poco común entre los de su raza. Se acercó lentamente hacia Sticks y levantó la mano hacia ella, desde donde empezó a emerger una llamarada de poder.

- ¡Qué patético personaje! – dijo – Luego nos dicen salvajes a nosotros…

Pero antes de poder disparar, fue embestida en el costado por el golpe de un martillo. La zeti salió volando varios metros pero cayó de pie, y su ataque había terminado estallando en un basurero que había cerca. Amy estaba parada delante de su amiga, que yacía en el suelo, y miraba a la zeti con los ojos encendidos, tomando su martillo con ambas manos. La zeti la miró divertida y se acercó despacio.

- ¡No des un paso más! – ordenó Amy.

Pero su rival no la escuchó y se abalanzó sobre ella. La eriza respondió con otro golpe de su martillo pero falló, y la zeti le dio una patada en el estómago. Sin demostrar debilidad, Amy dio un giro y la golpeó de nuevo, mandándola a volar. Big apareció detrás de la eriza y ofreció su ayuda, pero ella se negó.

- Llévate a Sticks y déjala en un lugar seguro – dijo Amy - ¡Yo me encargo de esto!

Amy persiguió a su rival y ambas se enfrascaron en un fiero combate. El martillo daba vueltas, giros, estocadas y embestidas, y la zeti luchaba con energía. Varias veces, Amy había salido despedida por un poderoso ataque de su contrincante, pero se levantaba y volvía a la lucha, aunque lo hacía con mayor dificultad con cada golpe que recibía.

Ajenas a la batalla que se desarrollaba a su alrededor, Amy y la zeti continuaban su pelea en los tejados de las casas y luego luchaban en campo abierto. Amy daba todo de sí, pero parecía no ser suficiente; la zeti esquivaba la mayoría de sus ataques y cada tanto respondía con sus poderosos golpes. La eriza estaba perdiendo fuerzas y no lograba vencer a su enemiga. En cierto momento, la zeti esquivó un puñetazo de Amy y contraatacó con una fuerte patada; Amy salió volando hacia atrás, cayó al suelo y se levantó con dificultad, adolorida. Su enemiga se acercó hasta estar a un par de metros de ella y le habló.

- No está mal para una niña – le dijo – Aunque me has hecho sudar y se me ha corrido el maquillaje. ¡Odio cuando eso pasa!

De repente, ambas se sorprendieron al ver caer a Sonic entre medio de ellas, con la mirada fija en la zeti.

- No creo que vaya a pedirte perdón por eso – dijo el erizo.

- ¡Sonic! – exclamó Amy, y el erizo se volteó a verla.

- ¿Estás bien? Espero que no te importe que interrumpa.

- ¡Agh! Tú de nuevo, ¿eh? – dijo la zeti.

- Como si no me hubieras visto allá afuera, Zeena – dijo Sonic – ¿Qué pasa? ¿Amy te lo estaba poniendo difícil? Deberías haber sabido que mis amigos no son carne de cañón.

- Eso parece, aunque apenas estoy calentando – dijo Zeena - ¿Por qué no te largas un rato y nos dejas terminar? Esto no es asunto tuyo.

- Ah, ¿no? Lastimaste a Sticks y golpeaste a Amy. Por supuesto que es asunto mío – contestó el erizo con la mirada seria. A Amy se le enrojecieron las mejillas.

- ¡Son una banda de aguafiestas! ¡Arruinan toda la diversión! – se quejó la zeti.

- ¿Y a ti te parece divertido todo esto? – preguntó Amy - ¡Eres una malvada! ¿Cómo puedes pensar así?

- No tengo por qué darte explicaciones, linda. Pero ya que están aquí, creo que es tiempo de marcharnos; no quisiera tener que reportarle a mi jefe demasiados heridos en las filas, ¿sabes? Considéralo un empate – dijo la zeti, llevándose el dedo índice a la sien – Habla Zeena. Nos largamos de este lugar, hacia el punto acordado. Olvídense de estos perdedores – Y luego se dirigió a Sonic y a Amy – Tal vez tú y tus amiguitos sean fuertes, erizo, pero no pueden estar en todos lados al mismo tiempo.

Zeena se alejó volando y pocos segundos después, todos los demás zetis que se encontraban luchando se detuvieron, abandonaron a sus contrincantes y comenzaron a levantar vuelo, en dirección al oeste, como un gran enjambre que se alejaba hacia el Sol. Los defensores respiraron aliviados y algunos ya estaban dando gritos de victoria. La parte de la ciudad que sufrió el ataque estaba bastante dañada, con varios edificios humeando y un tramo de la muralla, derruido. Aún así, quedaron en pie buena parte de los cañones y las defensas, aunque con muchos soldados heridos.

- Gracias por eso, Sonic – le dijo Amy - ¿Ella es una de los Deadly Six?

- Sí, y supongo que hoy en día es la jefa de este grupo que se acaba de ir – contestó el erizo - ¿Estás bien? Parece que le has dado una buena pelea.

- Sí, estoy bien – contestó Amy, sonriente – Pero ella es más fuerte de lo que pensaba. Se nota que no estaba peleando con todo su potencial.

En seguida llegaron los Chaotix, con Charmy revoloteando de alegría y cantando victoria. Detrás de ellos venía Big, que llevaba a Sticks en brazos, todavía inconsciente. Espio la revisó y dio su opinión.

- No parece muy lastimada, pero necesita reposo. Hay que llevarla a un hospital para que la vea un médico – dijo.

Al momento aparecieron Cream y Cheese y se llevaron una amarga sorpresa al ver a su amiga en ese estado, y la conejita se ofreció para cuidar de la tejón en el hospital. La batalla había terminado: los zetis habían escapado, pero todavía se los podía ver huyendo de la ciudad, como puntos negros que lastimaban el cielo. Fue entonces cuando Tails y Silver se comunicaron a través del radio.

- ¡Huyen más rápido de lo que corren! ¡Aprovechemos la oportunidad y ataquemos ahora que están débiles! – dijo Silver.

- ¡Sonic, me estoy acercando al muro! ¡Si vas a venir, hazlo ahora, que no hay tiempo! – dijo Tails.

Sonic miró a Amy y le sonrió.

- ¿Qué dices? ¿Quieres darles otra paliza? – le preguntó.

- ¡Por mí, encantada! - respondió, invocando su martillo.

- ¡Entonces sujétate! – dijo el erizo.

Sonic corrió hacia ella, la levantó y la llevó en brazos hasta lo alto de la muralla. En ese instante pasaban volando Tails y Silver, y Sonic dio un salto para caer en la cola del avión, donde bajó suavemente a Amy.

El avión siguió su recorrido hacia el cielo azul y brillante; Tails aceleró y llevó al Tornado a su máxima velocidad, y estuvieron persiguiendo a los zetis durante varios minutos hasta que lograron alcanzarlos. Las criaturas comenzaron a dispararles sus proyectiles de energía y Tails lograba esquivarlos con dificultad, debido al gran número de zetis que se defendían. Silver se adelantó y empezó a lanzar hojas psíquicas que impactaban en los enemigos y los hacían caer; Tails disparó sus misiles y rayos láser para contraatacar.

Cuando algún zeti se acercaba para golpear al avión con sus puños, rápidamente era repelido por los ataques giratorios de Sonic; el erizo luego volvía al Tornado gracias a que Tails estaba más que acostumbrado a estas tácticas y hacía danzar al avión en el aire para que su amigo no cayera al vacío. Cuando otros enemigos se atrevían a acercarse, Amy los repelía a base de sólidos martillazos.

Llegó el momento en que los disparos de los zetis eran tan frenéticos que Silver tuvo que usar poderes psíquicos para crear una barrera alrededor de él y del Tornado, y las balas energéticas de los enemigos impactaban contra los escudos, debilitándolos. Silver estaba perdiendo fuerzas por la gran cantidad de poder que estaba gastando al defenderse de tantos enemigos, hasta que al fin los disparos de los zetis deshicieron los escudos, y varios proyectiles impactaron en la turbina del avión. El Tornado comenzó a caer en picada, dando vueltas sobre sí mismo y echando humo. Sonic y Amy se sujetaron del avión con todas sus fuerzas mientras Tails intentaba recuperar el control sobre la nave.

Silver continuaba peleando contra unos zetis hasta que los gritos de sus compañeros a través del radio lo hicieron voltear. Contempló cómo el Tornado caía libremente hacia el vacío, dejando una estela de humo negro a su paso. El erizo plateado se lanzó al rescate, volando lo más rápido que podía en dirección hacia el avión. Cuando llegó hasta él, extendió ambas manos y usó sus poderes para desacelerarlo con cuidado hasta quedar levitando en el aire. Tails apagó el motor, y Sonic y Amy se sentaron; todos contemplaron con resignación a las criaturas que escapaban hacia el horizonte. Ya nada podían hacer para perseguir a los zetis: no podían luchar en esas condiciones y tendrían que volver a la ciudad para reparar el avión.

Cuando regresaron a los muros exteriores de Spagonia, encontraron a las personas y a sus amigos ayudando a los heridos: habían aparecido las ambulancias y los bomberos, y las sirenas sonaban por doquier. Silver depositó el Tornado cerca de un taller conocido por Tails y el zorro se quedó allí para encargarse de reparar el avión. Entonces los tres erizos se fueron a ayudar en lo que podían junto a sus otros compañeros. Cerca de los muros se encontraron con los Chaotix, que estaban ayudando a remover unos escombros. Al ver a los erizos, Vector dejó sus tareas y se acercó hasta ellos, y sus dos compañeros lo siguieron.

- Ya casi hemos terminado aquí – dijo el detective – Los médicos se han llevado a los heridos.

- ¿Saben algo de Sticks? ¿Cómo está? – preguntó Amy.

- Al parecer está bien, aunque todavía estaba inconsciente cuando los enfermeros se la llevaron – dijo Espio - La han revisado y quieren hacer unos estudios para asegurarse de que no haya consecuencias por el golpe que sufrió en la cabeza. La llevaron al hospital, y Cream y Big la acompañaron.

- La pobre se dio un fuerte golpe en la nuca. ¡Pero seguro que se pondrá mejor! – dijo Charmy.

- Seguro que sí. Gracias, chicos. Todos han estado genial – dijo Sonic – Les hemos dado a esos zetis lo que se merecían.

- Y hablando del mal – dijo Vector – Durante la batalla, los chicos y yo nos enfrentamos a un zeti que nos dijo cosas extrañas. Algo sobre una tal Aurora, quizá alguna jefa de mayor rango que Zavok, y un santuario, con el cual volverían a tener un antiguo poder. Luego se desmayó, y al término de la batalla fuimos a buscarlo y no lo encontramos.

- Seguramente sus compañeros lo auxiliaron. Pero en fin, Sonic. ¿Tienes alguna idea de lo que significa todo eso? – dijo Espio.

- La verdad es que no – respondió el erizo, pensativo – No conozco nada de ellos, pero ahora que lo dicen, creo que necesitamos conseguir más información acerca de su raza.

- Es justo lo que vamos a hacer – continuó Vector – Iremos a la Universidad a ver a Pickle. Seguro que su laboratorio tiene lo que buscamos. Todo lo que dijo ese zeti me ha despertado curiosidad, y si averiguamos lo de Aurora y ese santuario, seguramente encontremos una manera directa de dar con sus planes y desbaratarlos.

- Me parece una buena idea – dijo Amy – Espero que encuentren las pistas que necesitamos. Yo iré al hospital a ver a Sticks y a los demás.

- Dales un saludo de mi parte – dijo Sonic – Yo daré una vuelta por aquí y luego iré a ayudar a Tails. ¿Te vienes, Silver?

- Claro. Esto es casi como la vez que estuve en Adabat – contestó el erizo plateado.

Entonces transcurrieron las horas, y cada uno de los chicos y chicas estaban ocupados en sus propias tareas. Amy había llegado al hospital y se alegró al ver que Cream y Big estaban sanos y salvos, aunque Sticks seguía inconsciente, recostada en la cama. Los tres fueron a hablar con el doctor para saber el estado de salud de su amiga, y este los tranquilizó con su diagnóstico.

- Le hicimos una radiografía y una resonancia magnética y comprobamos que no tiene fracturas ni lesiones: aunque ahora sólo está dormida. No tienen de qué preocuparse, pues estos casos son más frecuentes de lo que se imaginan. Caídas desde escaleras, golpes al resbalarse en las duchas… No creerían las historias de accidentes que conozco. Todavía quedan varios estudios qué hacerle, pero todo indica que se pondrá mejor y despertará dentro de poco. Necesita un par de horas para descansar, así que les pido su paciencia. Pueden quedarse en la sala de espera: allí podrán tomar algo, si lo desean.

Por su parte, Vector, Espio y Charmy se dirigieron hasta el centro de la ciudad buscando la casa donde vivía el Profesor Pickle, a un par de calles de la universidad. No tardaron mucho en convencerlo de ir hasta el laboratorio para buscar en los archivos, pues el profesor tenía una gran fascinación por las culturas antiguas.

- No hay muchos registros certeros acerca de los zetis antiguos – dijo Pickle – Pero lo poco que hay es muy interesante. ¡Se sorprenderían! ¡Vengan, vamos!

Sonic y Silver habían ido a ayudar a las personas en lo que podían: desde rescatar mascotas asustadas hasta remover escombros y limpiar las calles cercanas a los muros que frenaron el ataque. Luegos de esto, se dirigieron al taller donde Tails trabajaba en la reparación del Tornado. Pasó un tiempo mientras los compañeros estaban abocados a distintas ocupaciones, hasta que de pronto llegó Amy.

- ¡Hola, chicos! ¿Qué tal está el avión? – preguntó la eriza.

- El motor sufrió bastante daño, pero ya casi lo tenemos resuelto – contestó Tails - ¿Cómo están Sticks y los demás?

- Sticks está bien. Ya se despertó y está volviendo locas a las enfermeras con sus historias – rió – Cream, Cheese y Big están bien, y se quedaron en el hospital. Yo volví para saber si puedo ayudarlos en algo.

- Claro, ven – dijo sonriente el zorro – Revisaré los frenos y los flaps. Necesito que comandes los controles.

El tiempo pasó y ahora los chicos tomaban un pequeño descanso. Sonic yacía recostado en una tarima que había cerca, Silver se sentó en el suelo, cerca de la pared, y Amy se quedó sobre el Tornado, jugueteando con los mandos. Mientras saciaba su sed con una gaseosa, Tails recibió un mensaje en su comunicador; al leerlo, el rostro del zorro cambió para mostrar un semblante de preocupación, y Sonic lo miró con extrañeza.

- ¿Qué pasa, amigo? – le preguntó.

- Es un mensaje de Omega – dijo Tails, y comenzó a leer – "Aviso de emergencia. Shadow y yo hemos salido en una misión urgente para defender a la ciudad de Gigalopolis de la invasión de Eggman. Eggman ha usado un arma que inhabilitó las comunicaciones y defensas de GUN en la ciudad. Shadow y yo nos enfrentamos a Eggman y a Metal Sonic. Han vencido a Shadow. No fui capaz de defenderlo. Metal Sonic me atacó y atravesó mi armadura. Mi sistema está por colapsar".

Los tres erizos mostraron expresiones de asombro y preocupación ante la repentina noticia. Por un instante se hizo un silencio tétrico.

- No puedo creerlo… - dijo Amy – Shadow y Omega son dos de los más fuertes del equipo. ¡No pueden haber muerto! ¡Estoy segura de que siguen con vida!

- Y si siguen con vida, los encontraremos – dijo Sonic con decisión en la voz - ¡Hay que ir a esa ciudad ahora mismo!

- Gigalopolis está del otro lado del mar, así que necesitamos ir en el avión – dijo Tails – Por suerte, ya está arreglado. Hay que avisar a los demás.

- Bien. Yo me ocuparé de llamar al resto, mientras ustedes pueden preparar el avión – dijo Silver – Ni se les ocurra irse sin mí.

Inmediatamente después, sonó el teléfono del taller. Era Rouge.

- ¿Ustedes también recibieron el mensaje de Omega? – preguntó – Él y Shadow están en aprietos.

- Sí, lo sabemos – dijo Tails – Estamos en ello. Amy, Sonic, Silver y yo los rescataremos.

- De acuerdo, pero iremos también – dijo Rouge – Si han podido vencer a esos dos, entonces Eggman está muy bien preparado. Estaremos en contacto.

Luego, Silver llamó a Vector y a Big y les comunicó la situación. Aunque los chicos les ofrecieron su ayuda, el erizo plateado tuvo que explicarles que no había lugares disponibles en el avión, pues usarían el modo jet del Tornado para llegar lo antes posible.

- Supongo que seguiremos investigando sobre los zetis – dijo Vector - ¡Espero que le den lo suyo a ese Eggman!

- Nosotros nos quedaremos aquí hasta que Sticks se ponga bien – dijo Big - ¡Les deseo mucha suerte!

Mientras Amy y Tails preparaban el avión para partir, Sonic salió a toda velocidad del taller, corriendo directamente hacia el cuartel de GUN más cercano. No tardó mucho en encontrarse con un oficial, y le dijo las nuevas noticias acerca de Shadow, Omega y la invasión de Eggman a Gigalopolis.

- Recibimos el mismo mensaje de Omega hace pocos minutos – dijo el oficial – Teníamos nuestra sospecha al no poder comunicarnos con ninguno de los agentes ni con nuestras fuerzas en esa ciudad. También nos hemos enterado de que los zetis han atacado Acuatic Capital y la han destrozado; Sonic, estamos en una situación grave. Espero que tengan éxito en su misión y logren rescatar a los agentes sanos y salvos, pues no creo que Eggman haya acabado con sus vidas, por lo menos aún. Tienen que partir inmediatamente.

Cuando Sonic regresó al taller, se encontró con el Tornado listo para partir, con Tails y Amy sentados en los asientos del avión y Silver esperando a un lado. El erizo azul dio un salto y se posó sobre la cola del Tronado, mientras que Tails encendió la nave y partieron, acompañados por Silver, que volaba a su lado. Tails tomó su comunicador y le habló a Espio.

- No tenemos mucho tiempo. Espéranos a la salida de la universidad – dijo el zorro.

El camaleón hizo lo que le dijo Tails y esperó al lado de la fuente de agua que acompañaba a la institución. Cuando el Tornado llegó, Tails bajó la velocidad y la altura del avión y le lanzó a Espio unas llaves, que el ninja tomó en el aire con habilidad.

- Son las llaves del Tornado 2 – dijo el zorro, levantando vuelo otra vez – Si necesitan usarlo, búsquenlo en mi taller, en Central City.

- ¡Gracias! ¡Mucha suerte! – dijo Espio por el radio.

Y así, el grupo se dividía otra vez, tomando nuevos y diferentes caminos. El Tornado se alejaba de la ciudad de Spagonia en aquella tarde cálida en una misión de rescate, esperando poder salvar a sus dos compañeros, si es que había oportunidad. Mientras que el resto de los héroes que se quedaron en Spagonia se ocupaban de otros asuntos, también importantes, y pronto tendrían motivos para iniciar sus propias aventuras.

¡HOLA A TODOS! ¿CÓMO ESTÁN?

Espero que les haya gustado este capítulo. Perdonen por no publicar antes, pero las últimas semanas no tuve mucho tiempo para escribir. Pero para compensar, este capítulo fue más largo y tuvo más acción, ¿verdad?

Se han librado batallas interesantes y se han presentado algunos misterios. ¿Quién o qué es esa tal Aurora? ¿Y qué con el santuario? ¡Lo descubriremos muy pronto! Y algunos de los chicos han viajado para socorrer a Shadow y Omega. ¿Conseguirán llegar a tiempo antes de que el Doctor Eggman cometa sus maldades?

Quiero agradecer a Anonon y a Karygarcia21 por sus reviews, y para terminar, quiero agradecer nuevamente a todos por estar del otro lado de la pantalla, apoyándome en este humilde pero emocionante viaje, lleno de aventuras y experiencias nuevas. ¡Y no se pierdan el próximo capítulo: Aventuras en Oriente!

Y como dijo cierto erizo azul…

See you later!