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El Samezuka, Tú, y Yo

Disclaimer: personajes no son míos
Advertencia: intento de Rintori


Capítulo 10
Nitori

Uozumi no aguantó una semana sin sus piercing ni tachuelas, porque regresó con un aro en la lengua. Era desagradable verle hablar, pero aún más escuchar cómo la bolita de metal chocaba con la parte posterior de sus dientes. Minami fue el primero de todos en horrorizarse.

—¿Cuál es tu problema? ¿Por qué lo hiciste? ¡Es asqueroso!

—Eso dices ahora —respondió guiñándole un ojo, y por primera vez, fue Minami quien se ruborizó a ojos de todos.

Yo agité la cabeza para quitar las horribles imágenes mentales que como reflejo se desplegaron en mi cabeza.

El profesor Sugimoto reunió al equipo de natación e informó las horas de salida del bus que iba rumbo a Tokio. Nombró a Ryu a cargo del grupo dada la ausencia de Rin, y el Samezuka en su conjunto tragó pesado. Ryu era un mastodonte de tercero que competiría en los 800 metros. A Ryu nadie iba a desafiarlo si daba alguna orden.

Excepto claro, Nitori. Él no se da cuenta cuando es una molestia. Su problema es que tenía que comentarlo todo, y repetir una y otra vez lo que era obvio.

—¿Entonces eres como el vice-capitán, no? —preguntó por décima vez.

—Ah niño, no voy a reemplazar a tu Matsuoka-senpai —le aseguró. Y lo dijo en plan broma, pero su voz era tan gruesa y grave que a todos les pareció una confrontación, tanto que Momo apartó a Nitori hacia un lado por si un movimiento brusco y no premeditado de Ryu lanzaba a Nitori contra el pavimento.

Nitori no hizo ningún comentario respecto a Rin. Su rostro no mostró ninguna clase de emoción.

El viaje a Tokio fue largo, y al final del día, todos teníamos las nalgas cuadradas. El hotel al que llegamos era, como siempre, de un lujo innecesario para tres o cuatro días de competencia, pero a las escuelas privadas les importan mucho las apariencias. Ryu no nos dio la instrucción de cuidar el presupuesto de la escuela porque él también iba a comer hasta reventar, y yo, como todos, me preocupé de llenar bien mi plato para no arrepentirme luego por no haber comido todo lo que habría deseado.

Por el rabillo del ojo vi al pequeño Nitori, quien nunca ha sido muy bueno para la comida, llenar un cuenco con una modesta ración de sopa miso. Hablaba despreocupadamente con Nakagawa, y sonreía. Me pregunté si aquello era buena señal. ¿Era normal que estuviera de buen humor? A lo mejor me estaba volviendo un paranoico, no lo sé, pero si Gou se fuese a Australia con cualquier Mikoshiba…

Tal vez los calamares influyeron en algo, pero esa noche me costó conciliar el sueño.

·

·

Pensé que había sido uno de los primeros en bajar a desayunar, pero me encontré con que Nitori ya estaba allí. Le había echado cereal a su tazón de leche, y mordía una tostada mientras leía un manga. Lo cerró cuando me senté frente a él con mi bandeja.

—Qué temprano se ha levantado, Yamazaki-senpai.

Me había despertado una molestia en el hombro. Hace varios días que madrugaba forzado por mi lesión, pero preferí no mencionarlo. Observé a Nitori un momento. Nunca me había dado cuenta de lo verdaderamente blanca que era su piel. Un fantasma, no hay otra palabra. El cabello cenizo no ayudaba a darle una imagen más corpórea.

Recordé a Rin, quien de seguro llegaría bronceado de Australia. O tal vez no. Desconocía el clima de Australia. Pero si llegaba bronceado, el contraste entre él y Ai iba a ser gracioso.

Pero lo que sentí distaba mucho de la alegría.

—¿Puedo preguntarte una cosa? —dije serio, y dejé mi zumo de naranja a un lado—. Es sobre Rin.

Clafo —respondió el muy imbécil con la boca llena de cereales—. ¿Qué 'asa con mi… —tragó pesado y se volvió rojo— mi senpai?

Sonrió mostrándome todos sus dientes. Dientes blancos como su piel blanco. Su actitud jovial me desesperaba.

—¿No te molesta que se haya ido a Australia? ¿Con Nanase?

Yo sabía que Nitori era una persona honesta, pero hasta ese entonces, no había tomado conciencia de la magnitud de esta. En los entrenamientos, cuando le molestaba algo, lo decía y ya. A Momo le llamaba la atención cada dos por tres, incluso a Minami lo puso en su lugar en alguna ocasión. Pero sin enfadarse ni perder la cabeza, él solo hablaba con total franqueza.

Y con total franqueza fue que me respondió.

—Son relaciones distintas. Desafortunadamente, hay cosas que no puedo darle a Rin-senpai. Con usted retirado de las competencias, solo queda una persona que lo motiva a competir, y no soy yo.

Y me contó lo que ocurrió mientras yo jugaba al Mario Kart con Nakagawa y Uozumi.

No supe cómo mirar a Nitori.

.*.*.*.

Aiichirou pasó sus dedos por la madera de la puerta de la habitación 201 antes de asomarse. Intuía que no se trataban de buenas noticias.

—¿Rin-senpai? Lo siento, Yamazaki-senpai dice que me buscas. ¿Pasa algo?

Rin se rascó el cuello. Fue hasta donde Aiichirou y cerró la puerta del dormitorio. Se cruzó de brazos y resopló. Unos cabellos rojos se mecieron hacia arriba.

—¿Las cosas entre nosotros van bien? —preguntó.

—Ah —Aiichirou abrió mucho sus ojos y sofocó una risita—. Senpai ¿quieres tener la charla? Ya te dije que no me van los juegos de rol. Qué vergüenza.

Y cubrió su rostro con sus manos infantiles. Rin intentó que la vergüenza no le hiciera perder los estribos, pero sus mejillas se encendieron las que más.

—¡Ai! Hablo en serio.

Aiichirou no pudo controlar la risa. Rin desvió la mirada y trató de explicarse mejor:

—No lo sé… yo diría que las cosas van bien pero… pero me hicieron ver que… a lo mejor tenemos que formalizar nuestra relación. Ya sabes, darle nombre, como Uozumi y Minami. No sé ¿qué opinas?

Aiichirou le respondió que no.

—Te vas a estudiar a Australia. Senpai, tenemos fecha de vencimiento.

—¿Eh? ¡Ai! ¡Qué estupidez dices!

Aiichirou caminó por la habitación y tomó asiento al borde de la cama de Rin. Giró las mangas de su camiseta como por hacer algo con las manos y sus ojos se clavaron en el suelo.

—Lo siento. Solo trato de ser realista. Las relaciones a distancias son románticas, pero no funcionan. Será doloroso para mí que se vaya…

—Aún no he decidido —interrumpió Rin—. Es solo una de tantas opciones.

—Rin, no —y la voz de Aiichirou adquirió un matiz severo—. No te quedes aquí por mí, no seas idiota. ¿Sabes qué pasará después? Que te arrepentirás por haberte estancado en Japón cuando podrías estar peleando con los mejores del mundo. Podrás negarlo todo lo que quieras, pero hay algo que yo no puedo darte, y esas son las ganas de seguir nadando. Lo intenté todo el año anterior ¿lo recuerdas? Y jamás lo logré. Y no importa, pero…

—No me interesa pelear con los mejores del mundo.

—Lo sé. En realidad te gusta pelear con Nanase-san. Lo entiendo.

Rin se quedó mundo. Tomó asiento en la silla giratoria y se acercó a Aiichirou. Apoyó sus dos pies desnudos en la cama. Aiichirou le pidió que le hablase con honestidad. Rin lo desafió con la mirada por un momento y luego sus hombros cayeron un poco.

—A Haru no le interesa la natación competitiva. Y si él no compite…

—Tal vez deberías mostrárselo. Ya sabes, ayudarlo. ¿No dices que te enviaron dos ticket para viajar Australia?

Rin sacudió fuertemente su cabeza de un lado a otro. Sus dientes vibraron de manera peligrosa.

—No, olvídalo, no voy a viajar con Haru a Australia. Lo quiero, pero nunca tanto como para pasar una semana junto a él. Lo siento ¿pero cómo me sugieres algo tan imbécil? Ya reservé habitaciones para ambos, pensé que querías acompañarme. Además, te va a encantar el clima seco y cálido, le vendrá bien a tu asma.

—Senpai eres un romántico. Pero deberías ayudar a Nanase-san, así como él lo hizo contigo. Es una deuda que tienes.

Rin lo meditó un momento.

—Solo si te arrepientes de la estupidez esa de que las relaciones a distancia no funciona. Sousuke y yo seguimos siendo amigos pese a los años. Y Gou sigue siendo mi hermana.

Aiichirou se burló de la lógica absurda de Rin. Unas lágrimas surcaron su rostro.

—Lo siento, me dejo llevar por el pánico —admitió Aiichirou—. Es que… será difícil cuando te vayas, pero tampoco quiero que te quedes. Me encanta que nades, te ves tan feliz.

Rin levantó el mentón de Aiichirou y le miró a los ojos.

—Me gustas.

—Y a mí más. Que no te quede dudas.

—Deberíamos intentarlo.

Las pequeñas manos de Aiichirou se asieron a la camiseta de Rin. Rin perdió el equilibrio y calló sobre Aiichirou aplastándolo con todo su peso. El beso fue el siguiente paso. Camisetas, pantalones y calzoncillos quedaron esparcidos por el piso, y después de casi una hora, Rin cambió sus sábanas sucias por otras suaves y limpias.

.*.*.*.

—¿Qué me estás contando? —no daba crédito a mis oídos— ¿Has terminado con Rin?

—¿Qué? ¡No! ¿Entendió algo de la historia? Yamazaki-senpai, usted es un zafio. Rin y yo somos… pues Rin y yo. No tuvimos tiempo para discutir el estado de nuestra relación, pero tampoco es como si fuese tan importante.

No me molesté por preguntarle que mierda era eso de «zafio». Moví la cabeza de un lado a otro porque eso de que no tuvieron tiempo despertaba mi imaginación de modo violento y desagradable, y quise explorar otras opciones.

—Y no sé… ¿no has pensado en ir a estudiar arquelandia en Australia?

—Aqueología —corrigió con una risita—. Senpai, ¿por qué le preocupa tanto mi relación con Rin? Vamos a estar bien.

Me encogí de hombros. Ni yo lo entendía. Sabía que iban a estar bien, solo quería una prueba conclusiva.

·

·

El avión de Rin arribó un poco después del mediodía. No alcancé a recibirlo. Me había encontrado con Gou a las afuera del recinto deportivo y salimos caminar por Tokio. No pude guardarme lo de Rin con ella. Me alegró saber que parecía casi tan confusa como yo.

—¿Nitori—kun convenció a mi hermano de ir a Australia con Haruka—senpai?

—Pero creo que lo hizo más por Rin que por Nanase. No estoy seguro de que le agrade del todo pero…

Gou se abrazó a mi cintura y no supo por qué lo hizo, pero dijo que se sentía feliz. Yo creo que también me sentía así.

Y cuando vi a Rin, en la piscina, le pedí que me lo contase todo. Por supuesto, él pensó que le preguntaba por Australia. Parece que de verdad tengo un problema de comunicación, pero sus aventuras allá igual fue bueno de escuchar.

A la noche, Rin volvió a asumir su rol de capitán y nos pidió que por favor ¡por favor! Nos moderáramos con la comida. Un caso perdido total.

Mientras peleaba con otros del Samezuka por la comida de la mesa buffete, observé por el rabillo del ojo a Rin y Nitori con unos modestos platos de gohan, comiendo en una mesa para dos, y esa fue mi prueba conclusiva.

Minami, con la boca repleta de anguilas, farfulló algo que se oyó como «que nadie me niegue que esos dos ya son novios», y yo le respondí que probablemente esos dos aún no se daban cuentan de aquello, y que había que darles un poco de tiempo.

Con o sin etiquetas, esos dos llevaban casado mucho.


Notas

Holas! Otra vez yo, planteando mi propia versión de los hechos. Creo fervientemente que Rin sí había reservado un habitación de una cama en Australia, pero porque él ¡iba a ir con Ai! Pero claro, hubieron cambio de planes, y como Rin es tan despistado, olvidó llamar para pedir otra habitación, y una vez allí, no pudo dejarse en evidencia delante de Haru así que le tocó improvisar. No le resultó pero bueno... se intentó jaja.

Tal vez lo intuyen pero... ya está por terminar el fic. Ojalá les haya gustado este capítulo. Gracias por los review, favs, y follows. Nos estamos leyendo en el próximo, adieu !

Japiera Clarividencia