A media tarde, Relena había comprendido dos cosas. Una, Duo y Quatre había desaparecido una y otra vez, probablemente yendo a alguna parte para investigar a Dekin y sus actividades traidoras. Y dos, estaba enamorada de HeeroYuy.
Bueno, esto no era totalmente cierto. Para ser más precisos, ella creía que podía estar enamorada de el. Le costaba un poco confiar en sí misma, pero no parecía haber otra explicación para los recientes cambios en su personalidad y comportamiento.
Relena tenía a menudo el defecto de hablar sin pensar antes lo que iba a decir, pero hoy parecía estar dejando escapar palabras sin ningún sentido. Es más, había perdido completamente su acostumbrado buen apetito. Sin mencionar el hecho de que había estado sonriendo como la mayor de las tontas.
Y por si esto no fuera suficiente, se sorprendía a sí misma susurrando "Relena Yuy, Relena de Yuy, esposa de ...Oh...¡Basta!
Podía perder la paciencia incluso consigo misma.
Pero si Heero le correspondía en alguno de sus sentimientos, no le dio ningún indicio. Lo cierto es que él no estaba brincando por toda la casa como un tonto enfermo de amor. Ella dudaba totalmente que él estuviera sentado detrás del escritorio en su estudio, garabateando distraídamente las palabras "Señor y Señora Blake Yuy".
Y si lo estuviera haciendo, no había una verdadera razón para pensar que ella podría ser esa parsona en cuestión. Solo el cielo sabría cuántas mujeres allá en el mundo fantasearían con estar enamoradas de él, ¿y si él fantasease con enamorarse de alguna de ellas? Esa era una reflexión seria.
Por supuesto, no podía en absoluto dejar de lado los besos, él había disfrutado claramente con sus besos, pero los hombres eran diferentes de las mujeres. Relena se había criado en una relativa inocencia, pero esta oportuna circunstancia, la había hecho madurar antes. A un hombre puede gustarle besar a una mujer aunque no sienta nada por ella.
Por otro lado, una mujer... Bueno, ella no presumiría de hablar por todas las mujeres, pero sabía que probablemente ella no podría besar a un hombre de la manera en que había besado a Heero esa tarde, si no le hubiera apetecido un montón. Lo que la volvía a llevar a su principal hipótesis: que estaba enamorada de Heero.
Mientras Relena estaba ocupada profundizando en los tortuosos abismos de su corazón, Heero estaba sentado en el borde de su escritorio, lanzando dardos a la diana de su despacho. El esfuerzo le sentaba bien a su estado de ánimo.
-No - fiuuuuuu...- la volveré a besar.
-No - zac... (golpe seco al chocar con la diana) - me gustó.
- Vale, de acuerdo, me gustó, pero solo un poco - fiuuuuuu... - a nivel físico.
Se puso de pie con determinación
- Es una chica estupenda, pero no significa nada para mí -. Apuntó, lanzó, y vio con consternación como el dardo hacía un agujero en su pared, recientemente blanqueada.
- Demonios, demonios, demonios - murmuró, andando a grandes zancadas para observar el dardo que se había quedado un poco suelto. ¿Cómo pudo haber fallado? Nunca fallaba. Lanzaba estos dardos casi todos los días y nunca fallaba
- Mierda.
- ¿Un poco enojado hoy, verdad?
Blake levantó la vista y vio a Duo en la puerta
- ¿Donde diablos has estado?
- Completando nuestra investigación de Dekin Barton, que es más de lo que puedo decir de ti.
- He estado más que ocupado con su pupila.
- Si, ya me lo figuraba.
Heero tiró con fuerza del dardo medio suelto, dejando caer unos trocitos de yeso al suelo
- Sabes lo que quiero decir.
- Totalmente - dijo Duo sonriendo lentamente - pero no estoy totalmente seguro de que tú sepas lo que quieres decir.
- Deja de ser tan endemoniadamente molesto, Maxwell, y dime qué has descubierto.
Duo se sentó en una silla de piel y se aflojó la corbata.
- Fui a Barton Hall a vigilar un poco más.
- ¿Porqué no me dijiste que ibas a ir?
- Habrías querido venir conmigo.
- Estás totalmente en lo cierto. Yo...
- Alguien - interrumpió Duo - tiene que permanecer aquí con nuestra invitada.
- Nuestra invitada - respondió Heero con sarcasmo - es una mujer adulta. No va a morir abandonada si nosotros la dejamos hacer lo que le dé la gana durante unas cuantas horas.
- Cierto, pero podrías volver a encontrar cualquiera de tus habitaciones en ruinas.
- No seas imbecil, Duo.
Duo fingió estudiar sus uñas
- Eres afortunado de que no me ofenda con esos comentarios.
- Tú eres afortunado de que no meta tu lengua hasta el fondo de tu garganta.
- Es conmovedor verte tan defensor de una mujer - dijo Duo con una vaga sonrisa.
- No la defiendo. Y deja de pincharme.
Duo se encogió de hombros
- De todos modos, uno puede espiar con bastante más sigilo que dos. No quise llamar la atención.
- Maxwell, tú vives para pasar desapercibido.
- Si, ¿es bastante divertido transformarse poco a poco en el mobiliario de vez en cuando, verdad? Es bastante asombroso lo que la gente dirá cuando no saben quién eres, o - añadió con una sonrisa malvada - cuando incluso ni saben que estás ahí.
- ¿Descubriste algo?
- Nada importante. Aunque Barton definitivamente está viviendo por encima de sus posibilidades, o al menos, por encima de lo que deberían ser sus posibilidades.
Heero recogió otro dardo del suelo y apuntó
- Aléjate.
Duo lo hizo, mirando sin demasiado interés como el dardo volaba de la mano de Heero hasta el centro del blanco.
- Eso está mejor - murmuró Heero, se volvió a Duo y le dijo - el problema, es que nosotros no podemos automáticamente suponer que su dinero proviene de actividades relativas a la traición; si realmente transmitía mensajes para Catalunia, estoy seguro de que le han pagado generosamente por ello. De cualquier manera, también sabemos que hace contrabando de armas, él ha estado viviendo de esta forma durante años, y seguramente pudo estar robando la herencia de Relena sin que ella lo sepa.
- Me sorprendería enormemente que no lo hubiera hecho.
- Pero casualmente - dijo Heero con una sonrisa un tanto presumida - hice algunas investigaciones por mi cuenta.
- ¿Y?
- Resulta que Barton tiene un despacho que mantiene cerrado todo el tiempo. A Relena no le estaba permitida la entrada, y a su hijo tampoco.
En la cara de Duo se desplegó una enorme sonrisa
- Creo que ya es hora de hacer una pequeña visita clandestina a Barton Hall - sugirió Duo.
Heero asintió. Solo quería abreviar este asunto, retirarse de los Preventer y emprender su nueva, respetable y aburrida vida.
- No podría estar más de acuerdo.
Encontraron a Relena en la biblioteca, sentada debajo de una mesa.
- ¿Qué demonios estás haciendo ahí debajo? - preguntó Heero.
- ¿Qué? Oh, buenos días - salió gateando - ¿tus sirvientes quitan el polvo de aquí abajo? He estado estornudando una barbaridad.
- No contestaste a mi pregunta.
- Sencillamente estoy pasando a través de algunos de estos montones. Estoy intentando reunir todos tus libros de historia.
- Creí que no ibas a continuar con esto hasta que tu tobillo estuviera mejor - dijo Heero con un gran tono de reproche, en opinión de ella.
- No estoy volviendo a colocar los libros en la estantería todavía - replicó ella - solo estoy agrupándolos por materias. No estoy utilizando mi tobillo en absoluto, que, por cierto, está casi curado; no he usado el bastón ni una vez en todo el día y no me ha dolido para nada - se volvió hacia Duo y exclamó resplandeciente- Oh, y es tan maravilloso verlo de nuevo, señor.
El trenzado sonrió he hizo una reverencia en dirección a ella
- Siempre un placer, mi querida Relena.
heero frunció el ceño
- Estamos aquí con un objetivo, señorita Darlian.
- Nunca se me ocurriría que no fuera así - ella cambió su mirada hacia Duo - ¿Te has dado cuenta como me llama Señorita Darlian cuando está enfadado conmigo?
- Relena - dijo Heero incluyendo claramente en su voz una advertencia.
- Por supuesto - añadió ella despreocupadamente - cuando está totalmente enfadado cambia a Relena, lo más probable es que encuentre demasiado difícil expresar con un gruñido mi nombre y apellido.
Duo tenía su mano sobre la boca, seguramente para contener la risa.
- Relena - dijo Heero con voz muy fuerte, ignorando con gran esfuerzo las bromas de ella - necesitamos tu ayuda.
- ¿De veras?
- Es hora de que reunamos pruebas contundentes contra Barton.
- Bueno – replicó Relena - me gustaría verlo pagar por sus delitos.
Dduo se rió ahogadamente y dijo
- Chica sedienta de sangre.
Ella se volvió hacia él con una expresión herida
- Es horrible decir esto. No estoy ni un poquito sedienta de sangre, simplemente es que si Dekin ha estado haciendo todas esas terribles cosas que dicen que él ha estado haciendo...
- Relena, solo estaba bromeando - dijo Duo.
- Oh, vale, entonces siento mi reacción exagerada. Había creído que querías decir...
- Si podéis dejar pasar vuestra mutua admiración - dijo Heero mordazmente - tenemos asuntos importantes que discutir.
Relena y Duo se volvieron hacia él con la misma expresión molesta.
- Maxwell y yo vamos a entrar de incógnito en brton Hall - le dijo Heero a ella - necesitaremos que nos des todos los detalles sobre los horarios de la familia y de los sirvientes para evitar ser detectados.
- No necesitareis todos los detalles - dijo ella con un prosaico encogimiento de hombros - sencillamente, deberíais ir esta noche.
Ambos caballeros se inclinaron hacia delante y la miraron intensamente con ojos interrogantes.
- Dekin juega a los naipes todos los miércoles por la noche, él nunca pierde una partida, siempre gana. Yo creo que hace trampas.
Ambos se miraron el uno al otro, y Relena prácticamente pudo ver sus cerebros poniéndose en acción, planeando su misión.
- Si recordáis - continuó - fue un miércoles por la noche cuando me escapé, hace exactamente una semana. Evidentemente, Dekin escogió la noche de los naipes para que Daniel, su hijo, intentara violarme. Sin duda el no quería que mis gritos le fastidiaran.
- ¿ese muchacho estará en casa? - preguntó Duo.
Relena negó con la cabeza
- Casi siempre se va y se emborracha. Dekin no puede soportar que sea tan pobre de espíritu, dice que eso hace a un hombre débil, así que Daniel se emborracha los miércoles por la noche, cuando él puede escapar del ojo vigilante de su padre.
- ¿Y los sirvientes?¿Cuántos hay? - está vez fue Heero quien hizo la pregunta.
Relena reflexionó sobre esto durante unos minutos
- Cinco en total, es probable que la mayoría estén en la casa; la semana pasada les dio la noche libre a todos, pero estoy segura que lo hizo solo con el fin de que ninguno se precipitara para ayudarme cuando Daniel me atacara. Es terriblemente tacaño cuando se trata de alguien que no sea él mismo, así que dudo que les dé otra vez un tiempo libre sin una buena razón.
- Que agradable saber que tu violación es calificada como una buena razón - murmuró Heero.
Relena lo miró y se quedó pasmada, y un poco complacida al ver lo enfadado que él parecía por ella
- Pero si son cuidadosos - añadió - no deberíais inquietaros por evitarlos. Podría ser un tanto desconcertante guiarlos por el vestíbulo, pero en cuanto me lleven con...
- No te llevamos - dijo Heero mordazmente.
- Pero...
- Dije, que no te llevamos.
- Estoy segura de que si lo consid...
- NO vendrás - rugió, e incluso Duo parpadeó con sorpresa por el volumen de su respuesta.
- Muy bien - dijo Relena con voz irritada. Estaba convencida de que Heero se equivocaba, pero no le pareció prudente ó beneficioso para su salud discutir nada más.
- No olvides que tienes un tobillo lesionado - dijo Duo suavemente - no te sería posible moverte a tu velocidad habitual.
Relena tuvo la sensación de que Duo estaba totalmente de acuerdo con Heero, y solo intentaba hacerla sentir mejor (especialmente teniendo en cuenta que les había dicho que su tobillo estaba bastante curado) pero ella sin embargo, apreció su esfuerzo.
- El ama de llaves está totalmente sorda y se retira temprano - les dijo - no tendréis que preocuparos por ella. Su Habitación está en el tercer piso.
- Entonces ese no debería ser un problema demasiado grande - declaró Duo.
- Bueno, no, pero... - las palabras de Relena se desvanecían poco a poco, y cerró la boca hasta convertirla en una línea severa.
Heero y Duo hablaban intensamente entre ellos, y ella podría haber sido una pieza del mobiliario por toda la atención que le prestaban.
Y entonces, sin siquiera despedirse, se fueron andando hasta el despacho de Heero, y dejaron a Relena sentada entre sus libros
- Que groseros.
Seis horas más tarde, Relena estaba extremadamente malhumorada, ambos preventers habían permanecido toda la tarde encerrados en el despacho de Heero, planeando el "ataque" sobre Barton Hall.
Sin ella.
Y ahora se marchaban, tenían que salir cabalgando al abrigo de la noche sin luna. Incluso las estrellas se habían escondido oportunamente por detrás de las nubes.
Esos condenados hombres. Creían que eran invencibles, pero Relena sabía más, cualquiera podía resultar herido.
Lo peor de todo era que ellos actuaban como si todo eso fuera endiabladamente divertido. Habían discutido sus planes bastante animadamente, debatiendo sobre el tiempo, el transporte y la mejor aproximación; y para colmo ni se habían molestado en cerrar la puerta del estudio de Heero. Relea lo había oído todo desde la biblioteca.
En este momento, estarían probablemente acercándose a Barton Hall, preparándose para irrumpir por el salón del ala sur...
Sin ella.
- Estúpidos, estúpidos hombres - gruñó. Dobló su rodilla, ni siquiera una mínima molestia - evidentemente, podría haberlos acompañado. No les habría hecho aminorar el paso.
Vestidos totalmente de negro, ellos parecían apuestos rompe corazones; y cuando los vio marchar, Relena se sintió insoportablemente desaliñada. Vestía uno de los vestidos nuevos que Heero había adquirido para ella, pero todavía se sentía como una vulgar paloma al lado de estos dos elegantes cuervos.
Se sentó en una mesa de la biblioteca sobre la que había apilado todas las biografías. Había planeado pasar la tarde ordenándolas por temas según el orden alfabético; una tarea que iba a realizar ahora con más energía de la que era realmente necesaria.
Esto no estaba bien. No deberían haberse ido sin ella. Les había dibujado el plano de Barton Hall, pero nada podía substituirlo por conocimientos de primera mano. Sin ella, corrían el peligro de adentrarse en la habitación equivocada, de despertar a un sirviente, de (tragó saliva con miedo) conseguir que los mataran.
La idea de perder a sus recién descubiertos amigos fue como hielo alrededor de su corazón. Había pasado toda una vida al margen de una familia, y ahora, que finalmente había encontrado a personas que la necesitaban no quería quedarse de brazos cruzados y verlos meterse de cabeza al peligro.
El mismo trenzado le había dicho que ella era de gran importancia para la investigación. Y en cuanto a Heero, bueno, el no quería admitir que de alguna manera, ella estaba implicada en su trabajo para los Preventers, pero le había dicho que ella había hecho un buen trabajo dándoles un breve informe sobre la casa de los Brton y sus costumbres.
Sabía que a ellos les iría mucho mejor con su ayuda en persona. Porque, ellos no sabían ni siquiera que...
Relena se llevó la mano a su boca con horror. ¿Cómo podía haber olvidado hablarles sobre el té de la tarde del mayordomo? Era un ritual para el. Cada noche, como un reloj, tomaba un té a las diez. Era una costumbre excéntrica, pero sobre la que el mayordomo insistía. Té, caliente y humeante, con leche y azúcar torta de mantequilla y mermelada de fresa, él exigía su refrigerio nocturno, y le dolía que alguien le interrumpiera. Relena le pidió prestada una vez la tetera y se encontró sin mantas durante una semana. En Diciembre.
Los ojos de Relena se dirigieron velozmente hacia el reloj de pié. Eran las nueve y cuarto, Heeroy Duo se habían ido quince minutos antes, llegarían a las...
Oh, Dios mío, llegarían justo cuando el mayordomo estuviera preparando su refrigerio. El mayordomo podría adelantarles en años, pero ciertamente no era débil, y era bastante hábil con armas de fuego; y él tenía que pasar por el salón del ala sur en el camino de sus habitaciones a la cocina.
Relena permanecía de pie, con los ojos enormemente abiertos y expresión decidida. La necesitaban. Heero la necesitaba. No podría vivir consigo misma si no iba a avisarlos.
Sin prestar atención a su tobillo, salió violentamente de la habitación, dirigiéndose directamente hacia los establos. Cabalgó como el mismo viento, no era el mejor jinete, en realidad, la mayoría de sus tutores no le habían dado muchas oportunidades de practicar, pero ella era capaz y podía mantenerse en la silla.
Sin duda nunca había tenido una razón tan buena para montar a galope tendido.
Para cuando ella alcanzó los lindes de la propiedad de Dekin, el reloj de bolsillo que había cogido del despacho de Heero daba exactamente las diez en punto. Ató a la yegua a un árbol, y avanzó agachada hacia la casa, escondiéndose por detrás de los altos setos que estaban colocados al lado del camino. Cuando llegó a Barton Hall se agachó; dudó que hubiera alguien despierto, salvo el mayordomo en la cocina, pero parecía prudente mantener su silueta lejos de cualquier ventana.
- Heero tendría que tener esto muy en cuenta - se susurró para sí misma. No sólo parecía totalmente estúpida, andando a cuatro patas, se le acababa de ocurrir que estaba de vuelta en Bartn Hall, ciertamente el único lugar en el que ella no quería estar durante las siguientes cinco semanas. ¡Y había vuelto por su propia voluntad! Qué idiota. Si Dekin ponía sus manos sobre ella...
"Dekin esta jugando a las cartas. Dekin esta haciendo trampas con las cartas. Dekin no estará de vuelta durante algunas horas". Era fácil murmurar esos pensamientos, pero eso no le hacía más segura, de hecho, sentía su estómago como si hubiera tragado un par de perros de caza.
- Recuérdame que no me moleste si me dejan sola- se dijo a sí misma. Se había irritado mucho cuando Heero y Duo se habían ido sin ella, pero ahora que estaba aquí, en el fondo de la acción, todo lo que quería era estar de vuelta en la casa de Heero, quizás con una taza de té caliente, y a ser posible con un gran trozo de pan tostado...
Llegado este punto, Relena decidió que no estaba hecha para una vida de espionaje. Alcanzó la esquina noroeste de la casa y echó un vistazo alrededor, su mirada recorrió a lo largo del muro de la parte oeste. No vio ni a Heero ni a Duo, lo que probablemente significaba que estaban accediendo a la habitación por la ventana del lado sur. Si ellos no lo habían conseguido ya.
Relena se mordió el labio. Si estaban dentro del salón del ala sur, el mayordomo seguramente los oiría, y Dekin guardaba un arma cargada en un armario de la sala. Si sospechaba que había intrusos, seguro que cogería el arma antes de investigar y relena dudaba bastante que el mayordomo les hiciera preguntas antes de apretar el gatillo.
Un nuevo pánico nació en su interior, se deslizó al lado de la hierba, moviéndose más rápido de lo que pensó que podía hacerlo a gatas.
Y entonces dobló la esquina.
- ¿Oíste algo?
Duo bajó la mirada desde su puesto en el picaporte de la ventana y negó con la cabeza. Estaba subido sobre los hombros de Heero para poder llegar hasta la ventana.
Mientras que Duo continuó con su tarea, Heero miró a derecha e izquierda, y volvió a oírlo otra vez, un ruido como de escabullirse, golpeó ligeramente a Duo en los pies y puso su dedo índice sobre los labios.
Duo asintió y paró un momento, causando el ocasional tintineo y choque, cuando le golpeó el picaporte con su lima. Saltó silenciosamente al suelo mientras Heero se agachaba e instantáneamente adoptó una postura de alerta.
Heero sacó su pistola a la vez que avanzaba lentamente hasta la esquina, pegando la espalda contra la pared, se acercaba una pequeña sombra. No habría sido perceptible de no haber dejado alguien una vela encendida en una de las ventanas de la pared de la parte oeste. Y esa sombra crecía al ir acercándose.
El dedo de Heero se cerró sobre el gatillo. Y una mano apareció a la vuelta de la esquina. heero se abalanzó.
