Epílogo
Olvidarse de vivir
—Hugo no corras— el pequeño de los Weasley corría feliz, delante de sus padres y de su tío George.
—Todavía no me puede creer que le vayas a comparar ese juego, es carísimo—señaló Ron a su hermano.
—No puedo negare— sonrió George— me ganó una puesta.
—No me gusta que incites a mis hijos a apostar, te lo he dicho mil veces— le reprendió Hermione
—Tranquilízate mujer, solo fue una partida de ajedrez, el condenado niño juega todavía mejor que su padre. Pero que vamos a esperar, seguramente haya heredado el cerebro de la madre.
Ron miro enfurecido a su hermano y Hermione con un gesto de disgusto forzó una poco convincente sonrisa.
—Además no te preocupes por el dinero—continuo George— el negocio marcha genial, y como últimamente compramos tecnología a la tienda de Tecnomagia, la dueña Alexandra, siempre nos hace algún que otro descuento.
Pasaron la librería, en la que Hermione decidió quedarse, argumentando que tenía que buscar un par de libros que necesitaba para completar un informe del Ministerio, y llegaron a una enorme tienda. En el techo de esta, unas enormes letras (en las que se podía leer Tecnomagia) jugaban a encestar una quaffle en la O, que se movía para evitar que acertarán.
Los tres pelirrojos penetraron en la tienda, y se encontraron con un montón de estanterías llenas de aparatos muggles que habían sido modificados para adaptarse a las necesidades de los magos, había móviles, aspiradoras que aspiraban solas, libros electrónicos con la recopilación de los libros sobre magia más importantes (y que además realizaban muchas otras funciones)…
En la parte de atrás de la tienda había expuestos un coche y una moto. Sobre ellos, una tabla de las mejoras realizadas en cada aparato: Que iban desde ser más espacioso, a conducirse solo, pasando por hacerse invisible, volar, sumergirse en las aguas, ir a velocidad extremadamente rápida, o esquivar los obstáculos igual que hacia el autobús noctambulo.
Encima de estos dos vehículos un cartel anunciaba:
Encargue aquí el suyo, elija modelo y características, se puede pagar en cómodos plazos sin intereses.
Una letra mucho más pequeña explicaba:
Para tener un coche modificado es necesario un permiso del Ministerio de Magia, no se confirmará ningún pedido sin la presentación de estos permisos.
Hugo desfilo con cara de felicidad hasta el pequeño pasillo de las videoconsolas. Donde un montón de chiquillos las miraban extasiados mientras les suplicaban a sus madres que se las compraran.
—Venga coge la que quiera y vámonos, tengo que ir a atender mi propio negocio—explicó George.
Hugo miró los tres modelos distintos, y al final se decantó por la del medio que era la más vendida y por supuesto la más cara. Con ella podías jugar partidos de Quidditch (con una escoba plegable, que contenía el paquete) y jugar duelos de magia. Hugo había oído a sus compañeros que molaba mucho, pues al ponerte el reloj consola se creaba un hechizo de ilusión en el cuarto donde te encontrabas, que te hacía creer que realmente estabas participando en la final del mundial de Quidditch o derrotando a montones de enemigos con tu varita.
Ron ayudó a su hijo a cargar con la caja, y los tres se dirigieron al mostrador, donde George esperó para que les atendiera Alexandra:
—Hola, ¿Qué gusto verte por aquí, que tal las grabadoras de voz que os vendí?— le saludo ella.
—Genial, funcionan muy bien, y mejor van a funcionar cuando acabe de hechizarlas.
—Me alegro ¿Esta consola es par tu hijo? Tiene el pelo igual que tú.
George río.
—No, este no es mío, es mi sobrino. Aunque yo tengo dos, se llaman Fred y Roxanne, y son a cada cual peor, unos verdaderos trastos.
—Tendrán a quien parecerse— rio Alexandra quien se despidió y se alejó a la trastienda. Por su parte los señores Weasley abandonaron la tienda con Hugo dando brincos detrás de ellos.
0—0
La trastienda, llena de cajas, estaba decorada con un enorme sofá de terciopelo, dos sillones, una chimenea, y una gran mesa de cristal donde había varios platos con galletas y caramelos.
Roger ya la esperaba espatarrado en el sofá , desenvolviendo un caramelo.
— ¿Por dónde has entrado?—preguntó Alexandra arqueando una ceja como solía hacer de más pequeña.
—Por la puerta de atrás. Brenda me ha abierto—Brenda Mary había sido amiga de ambos en el colegio Hogwarts de Magia y hechicería, nunca había sido una bruja muy brillante ni demasiado aplicada (se había preocupado más de los chicos que de otra cosa) y cuando Alexandra le ofreció un puesto como dependienta de su tienda ella no dudó en acéptalo.
Alexandra se sentó junto a él y cogió una galleta.
—He venido a traerte entradas para mi próximo partido, jugamos contra los Chudley Cannons.
—Lo siento pero no voy a ir, tengo que terminar unos pedidos de móviles para el Ministerio y…
— ¿El ministerio te ha encargado una remesa de móviles?
—Sí, algunos de los altos cargos creen que pueden ser eficaces, estos serán para la oficina de aurores, piensan que pueden ser de mucha utilidad para hablar entre ellos sin tener que usar lechuzas o chimeneas, además permite no delatarse usando un patronus. Llevarán las aplicaciones de chivatoscopios y un montón de cosas más que me ha propuesto el Ministerio.
—Ya veo…— Parecía que Roger había perdido completamente el interés, pues se había levantado en medio de la conversación y caminaba hasta una funda de guitarra llena de polvo—Creo recordar que esta guitarra te la regale yo.
—Sí, por mi decimosexto cumpleaños.
Con suma delicadeza, el chico sacó la guitarra de la funda y se puso a afinarla. Alexandra lo miraba fijamente, allí sentado con la guitarra sobre sus rodillas escuchando cada nota como si fuera una hermosa melodía, le parecía el hombre más encantador del mundo. Seguía llevando la misma coleta rubia y esbozando una sonrisa traviesa, pero ahora era mucho más alto y ancho de espalda. Llevaba dos pendientes, una camisa que le quedaba grande y unos vaqueros.
Terminó con la guitarra y la miró:
—Es verdad lo que me ha contado Brenda
— ¿El qué?
—Que vas a dejar la tienda a su cargo y vas a trabajar en el Departamento de Misterios del Ministerio. Que tendrás que viajar por todo el mundo…
—Brenda es una bocazas— respondió Alexandra realmente enfadada.
—No lo hagas, vente conmigo, viajemos, disfrutemos. Somos jóvenes, tú tienes tu tienda y yo mi equipo. Con eso podemos vivir toda la vida sin preocuparnos.
—No te entiendo
—No es tan difícil Alexandra… Vivir juntos, los dos, hacer nuestra vida.
La chica levantó la cabeza, dos mechones de pelo negro le caían por la cara. Sus ojos grises lo miraban penetrantemente, pero no mostraban ninguna emoción.
—No puedo, lo siento, pero no puedo.
— ¿Por qué?— los ojos de Roger se habían humedecido, pero trataba de contener las lágrimas.
—Necesito hacer historia, demostrarle a la gente que se equivoca. Ser una sangre pura no tiene que ver con ser buena o mala bruja.
—La gente ya lo sabe, mil magos lo han demostrado antes que tú—sin saber el motivo Roger se había puesto a gritar—Me parece que aquí, a la única que quieres demostrarle algo es a ti misma.
Alexandra se había levantado y miraba furiosamente a su amigo:
—Me he marcado el objetivo de ser más reconocida que Salazar Slytherin, y nadie me lo va a quitar de la cabeza, y menos tú con todas esas tontería de la "vida ideal"—sus ojos brillaban con decisión. Al ver su mirada Roger supo que no había nada que hacer, el juego estaba perdido antes de empezar.
Dejó las entradas del partido encima de la mesa de cristal, caminó hasta la salida y mientras abría la puerta para marcharse se giró, miró Alexandra y le dijo:
—Algún día comprenderás que te has olvidado de vivir, por tu bien espero que no sea demasiado tarde— cerró la puerta tras de sí.
Alexandra intuyó que pasaría mucho tiempo antes de que volviera a verlo, y un poco frustrada se sentó en el sofá con los ojos fijos en las entradas que reposaban tranquilamente encima de la mesa.
Fin.
Nota: Pues eso es todo, espero que te haya gustado Neevy. Siento si me he ido en ocasiones por los cerros de Ubeda, pero te apetecía un O.C y yo quería describir su personalidad.
Si no te ha gustado, lo siento; tengo clarísimo que no era lo que esperabas, pero albergo la esperanza de que no te haya decepcionado.
Si al final te ha gustado me alegro en el alma
