- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato, en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.



"Traición en Nerima"

* * *

Capítulo X

"Dame una razón"

Después de aquella brutal pelea callejera de la que Ranma y Ryoga habían sido protagonistas, todo había vuelto a una aparente calma en los alrededores de Nerima.

No era que nadie se acordara de aquella batalla campal, pero los involucrados habían acordado tácitamente dejar pasar los días y guardarse para ellos mismos lo sucedido.

Ukyo no le había seguido recriminado en nada a su esposo por la efusividad de sus acciones; para ella quedaba bastante claro que lo que había sucedido frente a las puertas de su casa había sido una declaración de amor, aunque él no lo reconociera.

Akane Tendo nuevamente recibiría las atenciones de los únicos dos hombres que ella había querido.

Hasta cuándo, sólo su cómplice podría llegar a saberlo, así que ella, decidida como estaba a ayudarle, encontraba que no era conveniente hacer mayores comentarios que pudieran poner en alerta a su esposo. Después de todo, no sabía a ciencia cierta cuáles eran las verdaderas intenciones de su cómplice, así que no era prudente atraer las miradas hacia su persona.

Ryoga por su parte agradecía secretamente el que su esposa aparentemente hubiera olvidado el imprevisto incidente callejero, aunque él por el contrario, lo tenía muy presente. Cómo olvidarlo si cada vez que hacia algún esfuerzo físico, por pequeño que fuera, una dolorosa punzada se instauraba en sus costillas y le recordaba la golpiza recibida y propinada, todo por una mujer, la misma de siempre, Akane.

Ryoga se recriminaba el hecho de haber actuado de tal manera y sin pensar, tal vez si hubiese evitado a Ranma, si lo hubiese ignorado, pero, ¿cómo ignorar a alguien que está decidido a acabar con uno por haber cometido el error de encontrarse con la persona equivocada, en el lugar equivocado y en el momento equivocado?

Él sabía que había estado mal, no debía haber cedido a las amenazas de Ranma, sobre todo por el respeto, lealtad y cariño que sentía por su esposa. Ukyo no se merecía un desaire y una humillación pública tan grande, porque a pesar de no haberlo manifestado a viva voz, en su interior sabía que había participado de esa pelea por un único motivo, todavía sentía algo muy profundo por ella. Qué demonios podía hacer, no había podido olvidarla nunca y ahora...

Ahora, su amor de adolescente había vuelto y con ella, sus problemas de siempre.

Sí, él se encontraba dividido entre el amor que alguna vez había sentido hacia Akane Tendo y el cariño que le profesaba a su esposa; siempre había sido así y su esposa lo sabía, así como él sabía que ella se encontraba enamorada de Ranma Saotome, siempre lo había sabido y no le había importado, incluso lo había aceptado así, la pregunta era, ¿Ukyo pensaría de igual forma? Él no lo sabía y eso le inquietaba, porque no sabía verdaderamente de lo que sería capaz de hacer su esposa... De lo que había sido capaz de hacer durante su adolescencia y ése era el punto en donde volvían las dudas, ¿sería su esposa totalmente inocente del episodio que había marcado sus vidas para siempre?

Por el momento, debía quedar todo envuelto en el manto de la incertidumbre hasta que él pudiera sacar a relucir la verdad, porque si había algo de lo que estaba plenamente convencido era de su capacidad para llegar hasta el final con la investigación que debía haberse hecho hacía siete años atrás, para de una vez por todas, descubrir al verdadero culpable de los hechos pasados.

Mientras la vida del matrimonio seguía en una aparente calma, a la misma hora y en las puertas del Dojo Tendo, a media tarde de aquel día, la causante de toda aquella riña se debatía entre seguir fingiendo que nada había sucedido o enfrentar a su ex-prometido y pedirle una explicación por la escena que había protagonizado en plena calle junto a su otrora, buen amigo.

Sabía que si ingresaba a esa casa para entregarle los documentos que sostenía en las manos a su hermana Kasumi, era muy probable que se encontrara con él y a pesar de que había dejado pasar tres días, sentía que no se encontraba preparada para enfrentarlo.

Después de todo, Ranma y Ryoga se habían peleado a muerte por su causa y ambos habían resultado lesionados.

No eran grandes lesiones pero ella era la culpable de sus magulladuras.

La joven mujer suspiró profundamente y se dispuso a abrir el gran portón de la antigua casona familiar.

-"¿No lo sabes? Yo sigo amándote Akane Tendo… Y no me importa si tengo que morir para demostrártelo, te defenderé porque quiérelo o no, tú sigues siendo mi mujer, la única que tuve y la única que tendré"...

Esa frase, esa simple frase se había repetido en su cerebro tantas veces desde aquel día y a ella aún le parecía una frase incompleta, una frase circunstancial, provocada por el rencor y el orgullo de ambos.

Le costaba tanto volver a creer en él, en sus palabras, en sus acciones y sin embargo...

-"Y tú una mentirosa. Recuérdalo Akane Tendo, yo te sigo amando y tengo mucha paciencia. Tarde o temprano te darás cuenta de que necesitas el amor que sólo yo puedo ofrecerte"...

Se esforzó en no mirar hacia donde sabía, podía encontrarse su ex–prometido, el dojo.

-El amor –musitó con una sonrisa irónica-. El amor se acabó para mí hace mucho tiempo.

Con decisión, se dispuso a avanzar por el camino de piedras de la casa de su padre, en busca de su hermana mayor, rogando para que las clases que impartía el joven maestro Saotome en el lugar hubieran acabado y él se encontrase en otro lugar.

Al momento que se anunciaba en la puerta de entrada, notó cómo ésta se encontraba cerrada con llave. Era extraño aquello, pero no le dio mucha importancia, así que se decidió por verificar si la puerta trasera se encontraba abierta. Tampoco tuvo suerte con aquel intento.

El que encontrase la casa cerrada no hubiese sido preocupante para nada, pero sabía que Kasumi no se había sentido muy bien últimamente y el recuerdo latente de su propio parto anticipado le asustaba. ¿Y si Kasumi se encontraba encerrada en aquella casona y necesitaba ayuda en esos momentos?

Sin pensarlo dos veces, se dirigió a la puerta principal, específicamente a un pequeño rinconcito que quedaba entre la puerta y la pared.

-"Ojalá siga aquí" –pensó al recordar que Kasumi siempre le había hablado de una llave de repuesto que ella siempre mantenía en aquel escondite, en caso de emergencia.

Sonrió ampliamente al momento en que sus dedos hacían contacto con un pequeño y frío trozo de metal.

Una vez que sacó aquella llave, abrió inmediatamente la puerta e ingresó al interior de la casa, dando un portazo tras de sí a la vez que llamaba a su hermana mayor a los gritos.

-¡Kasumi! ¡Kasumi en dónde estás! –avanzó a gran velocidad por el interior de la propiedad, mientras llamaba a su hermana-. ¡Padre!

Buscó por la planta baja y no encontró a nadie, subió la escalera corriendo y abriendo cada una de las puertas que encontraba a su paso, hasta que tras una de ellas, sus ojos se encontraron con una silueta y sus oídos escucharon una voz masculina que le hablaba calmadamente.

-No hagas tanto escándalo, Kasumi no está.

-¿Qué haces tú aquí? –preguntó ella algo desconcertada al encontrarle en esa habitación. Sabía que cabía la posibilidad de encontrárselo en el dojo, pero nunca imaginó que él estaría en el interior de la casa, en la que había sido la habitación que por años ocupara como huésped de la familia Tendo.

-Cuido la casa –dijo por toda respuesta con una naturalidad que a ella le exasperó mientras secaba con dificultad sus cabellos, utilizando solo su mano izquierda.

Ella ingresó a la habitación con algo de reticencia, él no la observaba, por lo que ella pudo apreciar a aquel hombre con detenimiento.

Se encontraba de pie, frente al armario, con su típica indumentaria que ella tan bien recordaba, pantalón negro y camisa china roja a medio abotonar. Descalzo y con su cabello húmedo y suelto. Seguramente se había dado un baño hacía muy poco. Entonces pudo notar el por qué de estar secando sus cabellos tan solo con una de sus manos, dos dedos de su mano derecha permanecían vendados.

-"Fractura o luxación –pensó la chica-. Por lo menos un mes de recuperación".

En ese momento, Ranma comenzó a separar sus cabellos para intentar trenzarlos, una mueca de dolor apareció en aquel varonil rostro al momento en que trataba de ayudarse con su mano lesionada.

-¡Mierda! –exclamó, bajando de inmediato su mano derecha para observarla con desprecio.

-No deberías mojarte esa mano –puntualizó ella, atenta a la reacción de él ante el dolor-, y tampoco deberías esforzarte con ella –finalizó. Lo único que recibió por respuesta fue un ligero encogimiento de hombros y un chasquido de lengua-. ¿Dónde está mi hermana?

-Se fue junto a Tofú a visitar a la madre de él. Falta poco para que nazca su hijo, así que decidieron que era una buena idea visitarla.

-¿Y mi padre?

-Se fue con el viejo a las montañas. El viejo quiso ayudarlo para que se distrajera un poco, no es fácil pasar por todo lo que ha pasado tu padre, sabes.

Ella no contestó, sabía a lo que él se refería. Su vuelta a Nerima no había hecho más que complicar la vida de todos quienes creían que su existencia era perfecta, incluso la de su propio padre.

Akane notó el esfuerzo que estaba haciendo su ex–prometido por arreglar su trenza. Frunció el entrecejo y se acercó con cautela al joven.

-Siéntate –dijo con autoridad.

-¿Es una orden? –preguntó él con sorna al tiempo que le devolvía una insistente mirada.

-No, te ayudaré a arreglar tu cabello –respondió con decisión-. Después de todo, el que te encuentres lesionado es mi culpa ¿no?

-No, es mi culpa. Me descuidé con ese cerdo.

-¿Es muy grave? –preguntó indicando la mano de él con un movimiento de cabeza.

-Dos dedos luxados –dijo él sentándose en su futón.

Ella exhaló suavemente y se detuvo detrás de él, luego se arrodillo a su espalda y comenzó a pasar sus finos y delicados dedos por los sedosos cabellos de él.

La sensación para ambos era tan agradable y de tanta complicidad que parecía que se hubieran transportado a un pasado que ambos recordaban, había sido mucho mejor que el presente que estaban viviendo.

Ranma cerró sus ojos y se dispuso a disfrutar de aquella oculta caricia que la chica le regalaba. Ella por su parte, se sentía nerviosa y asustada. Se había propuesto alejar cualquier tipo de sentimiento por aquel hombre de su corazón, pero el tenerlo así, tan cerca y tan íntimamente le hacia dudar que aquella decisión fuera lo más acertado.

-¿Por qué haces esto? –dijo él de pronto, sacándola de sus cavilaciones.

Ella tomó la peineta que se encontraba cerca y comenzó a desenredar con suavidad aquel negro y largo cabello.

-¿Hacer qué? –preguntó, más que nada para ganar tiempo y controlar sus emociones.

-Me estás ayudando y sin embargo, me odias ¿no?

Ella detuvo lo que estaba haciendo y reflexionó por unos instantes, luego comenzó a separar en tres partes iguales los cabellos de su ex–prometido.

-Yo no te odio –contestó finalmente, negando suavemente con su cabeza.

-No mientas, Akane, yo lo sé.

-No estoy mintiendo, yo no te odio, Ranma.

-Entonces por qué nunca has perdonado los errores que cometí en aquella época –dijo con seriedad.

-Nunca me has pedido perdón –contestó ella con simpleza, mientras comenzaba a trenzar con delicadeza los cabellos del joven a quien tanto había amado-. En todo caso, yo ya perdoné todas las estupideces que cometieron.

Ranma no contestó, pero si Akane hubiera estado de frente a él, hubiera podido observar el gesto de inconformidad y desencanto que se instauró en el rostro masculino. El silencio reinó por unos momentos en la habitación, solamente la tranquila respiración de ambos se podía escuchar.

-¿Por qué nos hicieron esto? –preguntó él, aunque más bien había sido un pensamiento puesto en palabras. Realmente no buscaba una respuesta.

-Lo que pasó hace siete años atrás debía suceder, Ranma –contestó fríamente y con una convicción que a él le sorprendió-. Ellos solo fueron el instrumento que utilizó el destino. Debíamos separarnos.

-No –negó él tajantemente-. No debíamos hacerlo. Tú lo sabes y yo también.

-¿Cómo puedes asegurarlo?

-¿Cómo puedes decir que no es así? –respondió con otra pregunta.

Silencio nuevamente y dos corazones que latían aceleradamente por las emociones y sensaciones de saberse juntos nuevamente.

-Alcánzame esa amarra –dijo Akane pasando su brazo por sobre el hombro de Ranma.

Él tomó el implemento que ella le solicitaba y se lo pasó, pero cuando ella estaba a punto de tomarlo de los dedos de él, Ranma capturó la delicada mano de la chica con la suya y luego la condujo hacia su corazón.

-Estoy seguro que no debimos separarnos, Akane –dijo con voz muy suave y no exenta de emoción-. No debimos separarnos porque este corazón me recuerda día a día lo afortunado que fui un día al tenerte conmigo, lo feliz que fui en aquella época y lo desgraciado que soy ahora.

-Suéltame, Ranma –dijo ella un tanto asustada por su propia reacción y apenas conteniendo el temblor en su voz, a la vez que hacia un esfuerzo por liberar su mano-. Suéltame, por favor.

-¿Lo sientes Akane, sientes cómo late mi corazón? Eso solamente lo puedes provocar tú -contestó, negandose a soltar la mano de su ex-prometida.

Ella frunció el entrecejo y retiró su mano violentamente, luego se separó de él poniéndose rápidamente de pie.

-No vuelvas a hacer algo así, Ranma –demandó ella, había estado a punto de caer en el juego que él quería imponer y estaba decidida a no hacerlo

Él se había puesto de pie también y la observó con determinación. Akane retrocedió hasta chocar su espalda contra la pared que quedaba al lado de la puerta corredera. Con movimientos torpes, trató de encontrar la manija para abrir aquella puerta, pero no podía evitar mirar a su ex-prometido a los ojos.

Él avanzó con decisión hasta acortar la distancia que lo separaba de la chica, ella se sentía incómoda, aquellos ojos gris azulado la intimidaban y el gesto decidido en el rostro masculino le inspiraba algo de temor.

-¿Por qué no? –preguntó con voz profunda, mientras se acercaba hasta quedar justo frente a ella.

-¿Qué? –contestó Akane con poca seguridad.

-¿Por qué no puedo volver a hacer algo así, Akane? –dijo él, tomando la mano de la chica y posándola nuevamente en su pecho- ¿Qué es lo que temes?

-Yo... No temo nada. Déjame ir –contestó ella con nerviosismo, mientras trataba de contener el avance del chico ayudándose de su otra mano.

Ranma sonrió de medio lado y la sorprendió con un beso agresivo que hizo que Akane sintiera que se desvanecía en el aire. Él separó sus labios de los de ella y acercó su boca al oído de su ex-prometida.

A ella le pareció que caía en una especie de trance, en una lucha interna por decidir si sería prudente escapar de la que consideraba una peligrosa situación o dejarse llevar por las emociones que estaba sintiendo.

Sus ojos se abrieron enormemente cuando escuchó la voz del chico susurrar una frase y su aliento golpeó suavemente en su cuello, provocándole un escalofrió y muy en su interior, ese exquisito sentimiento de deseo.

-Nunca dejé de amarte Akane, lo sabes. Te amo, eres la única por quien he sentido este sentimiento tan grande...

-Ranma, no sigas con esto –le interrumpió con un hilo de voz-. Por favor...

-Entonces vete –contestó él, acariciando sus cortos cabellos hasta llegar a su barbilla para obligarla a mirarlo-. Escapa ahora –prosiguió acercando sus labios a la boca de ella-, sal de aquí antes de que sea demasiado tarde y yo intente evitarlo.

La besó con vehemencia, esperando su reacción.

Aquella reacción no se hizo esperar demasiado.

Finalmente, Akane Tendo sucumbió a sus secretos deseos y correspondió con pasión a aquel beso.

Su ex–prometido se sentía el triunfador en esa lucha, sabía que ella todavía le amaba y lo estaba comprobando en ese preciso momento, pero de pronto, un giro inesperado volvió a desestabilizar su mundo.

Ella lo separó violentamente, utilizando sus manos como única arma y de un fuerte empujón lo hizo trastabillar.

-¡No vuelvas a hacer algo semejante, Ranma! –gritó de forma colérica, mientras dejaba escapar lágrimas de frustración y rabia.

-Akane –susurró Ranma.

-¡Déjame tranquila! ¡No hagas esto más difícil de lo que es!

-¡Eres tú la que lo ha hecho difícil! –gritó acercándose con decisión a la temblorosa chica de cortos cabellos.

-¡Aléjate de mí Ranma! –exigió ella.

-¡No!

El sonido característico de una fuerte bofetada se dejó escuchar por toda la habitación. Ella permaneció con su brazo extendido y en alto, en la misma posición que había quedado después de descargar el violento golpe en contra de su ex–prometido.

Él se quedó un momento con los ojos cerrados, sintiendo el cosquilleo y el calor provocado por el golpe en su mejilla, apretó los puños y cuando abrió los ojos, enfocó su mirada justo en el rostro de ella.

-Puedes hacer o decir lo que quieras –dijo con una voz profunda y decidida que ella nunca le había escuchado-. Yo por mi parte seguiré esperando. Sé que más temprano que tarde te darás cuenta que quieres y debes permanecer a mi lado.

-No vuelvas a acercarte a mí –dijo ella por toda respuesta, casi gruñendo cada palabra, para girar sobre sus talones y salir rápidamente de la habitación.

-Volverás Akane –musitó Ranma llevándose la mano a la mejilla castigada-, de eso estoy seguro.

Entre tanto, la joven mujer bajó rápidamente las escaleras de la gran casona para luego emprender el camino a su casa casi corriendo.

No era justo, ¿por qué lloraba? ¿Por qué sentía ese molesto calor en el pecho al recordar la escena? ¿Por qué dudaba?

La respuesta la conocía, pero se había obligado a negársela y ahora…

Estaba tan confundida, le hacía tan mal ver a su ex–prometido, le hacía tan mal estar cerca de él y sin embargo, parecía que recuperaba una parte de su alma cada vez que se encontraban, cada vez que intercambiaban una frase y cada vez que él se acercaba más de la cuenta a ella.

Cuando llegó a las puertas de su casa, comprendió que lo que él decía era cierto, ella ansiaba estar a su lado, pero no podía aceptarlo.

Cerró sus ojos, respiró profundo un par de veces y secó los restos de lágrimas que aún permanecían humedeciendo sus mejillas, luego ingresó a su hogar.

-¡Mami! –gritó la pequeña Maya nada más ver a su madre ingresar por la puerta de entrada.

-Maya –dijo Akane más bien suspirando el nombre, para luego arrodillarse en el piso y abrazar a su hija fuertemente.

-Mami, ¿qué sucede? –dijo la niña notando el exagerado gesto de su madre para con ella.

-Nada Maya, es sólo que hoy te extrañé demasiado –la pequeña comenzó a reír alegremente.

-Pero mami, si sólo saliste durante la tarde.

-El tiempo que haya transcurrido realmente no importa, es la cercanía de las personas que se quiere lo que es importante.

-Ah –contestó su hija, no entendiendo muy bien las palabras de su madre.

-Ve a lavarte Maya, cenaremos temprano –dijo Akane separándose de su hija y poniéndose de pie.

-Sí.

La joven mujer se quedó mirando a su hija desaparecer al interior de la casa dando pequeños saltitos.

-"La cercanía de quienes se quiere –pensó Akane llevándose una de sus manos a los ojos-. No debo quererle, no puedo… quererle"

Exhalando un suspiro, siguió a su hija tratando de dejar el incidente con su ex-prometido atrás.


La amazona de púrpura cabellera se encontraba dichosa.

Ciertamente, cuando había descubierto quién era su misteriosa benefactora y los motivos por los cuales Akane había decidido ayudarles, había entrado en pánico. Pero las semanas que habían pasado desde que su antigua rival había reaparecido en las vidas de todos ellos le estaban haciendo olvidar todas las aprensiones que había sentido en un primer momento.

En un principio, ella había creído que Akane había vuelto a vengarse, pero con el correr de los días y al no tener indicios de algo semejante, se estaba convenciendo de que la chica realmente quería conocer la verdad y con eso se conformaría.

También había vuelto a sonreír por el incremento en la afluencia de público que iba a degustar los platillos del Neko Hanten. Se preguntaba si su benefactora tenía algo que ver en ello también. Como fuera, ella no podía estar descontenta con ese vuelco. Las ganancias empezaban a recuperarse y aunque no dispusiera de ellas en su totalidad, se sentía feliz de que sirvieran para asegurarle un buen futuro a su adorada hijita.

Ahora, lo que la tenía sonriendo como una boba a cada instante, era la cercanía y proximidad de él.

Desde que Akane Tendo había vuelto, él pasaba la mayor parte del tiempo con ellas, ayudando en el restaurante, paseando con su hija o simplemente conversando largamente con ella y eso le hacia recobrar la esperanza de que quizá un día no muy lejano, podría reconstruir su vida y formar una verdadera familia con el padre de su hija, el hombre que ella amaba.

-"Una familia" –se dijo para sí, mientras sonreía soñadoramente y guardaba el último tiesto en una de las alacenas de la cocina del restaurante.

-Shampoo, necesitas algo más –preguntó Mousse desde el umbral de la puerta-. Terminé de limpiar afuera y la niña ya se quedó dormida.

-¿Te vas tan tarde? –preguntó decepcionada. Ingenuamente había conservado la esperanza de que él se quedase otra noche.

-No es tan tarde -contestó él.

-Las 23:15, me parece que sí es un poco tarde. Podrías quedarte en mi habitación y yo dormiría con Xiaoyan.

-No quiero volver a molestar.

-No es molestia Mousse, sabes que esta también es tu casa –él la observó en silencio y con un enigmático gesto en el rostro, luego contestó.

-Tengo algo que hacer.

-¿A ésta hora?

-Sí –asintió-. Mañana volveré.

-¿En serio tienes que irte?

-Sí shampoo, tengo que irme. Hasta mañana.

-Hasta mañana.

La joven exhaló un suave suspiro cuando lo vio desaparecer y luego escuchó la puerta de entrada cerrarse, pero casi al instante, su rostro volvió a iluminarse. Estaba decidida a recuperar a su chico pato y el siguiente día podía ser un buen comienzo.


Las sombras de los árboles en el parque de Nerima se reflejaban en el suelo gracias a la pálida luz de la luna que iluminaba la noche.

Dado lo avanzada de la fría noche de otoño, no había nadie rondando por los alrededores, lo que supuso un gran alivio para ella, ya que se sentía nerviosa y cualquier posible testigo no hubiera contribuido a calmar sus nervios.

Desde la pelea callejera que habían sostenido Ryoga y Ranma, y luego de la última reunión sostenida con su cómplice que había estado intentando comunicarse sin tener éxito, hasta que esa misma mañana había recibido una escueta nota garabateada en un trozo de papel de mala calidad en donde se le pedía que redactara sus inquietudes en una carta y se la hiciera llegar con la persona que se encontraría con ella en el parque de Nerima a las 23:30 hrs. ese mismo día.

El motivo de tanto misterio era simplemente el no levantar sospechas. Se habían encontrado más veces de las que era prudente y su cómplice no quería que absolutamente nada saliera mal, así que ella había estado obligada a obedecer.

Redactar la carta no había sido problema alguno, tenía muy claro todo lo que quería comunicarle; la pelea callejera había sido el detonante para su incorporación al plan de destruir a Akane Tendo, pero lo que le inquietaba y quería consultar era sobre su misión de acercarse a Ranma.

Secretamente pensaba que no era lo adecuado porque él no querría recibirla, no después de lo que había sucedido años atrás y si, además, ella comenzaba a sembrar la duda e incertidumbre respecto a la hija de Akane, sabía muy bien que él terminaría alejándose una vez más de ella y la esperanza de recuperarlo que había conservado por tantos años se haría trizas.

En definitiva, el problema era que se sentía insegura e incapaz de realizar con éxito la misión que le había encomendado su cómplice.

Levantó la mirada y se dirigió con paso vacilante hacia donde se encontraban los juegos infantiles, suspiró para calmar su alterado estado nervioso y se sentó en uno de los columpios. A los pocos segundos se sintió observada muy de cerca y cuando giró su rostro para ver quién era el intruso, se encontró de frente con el mensajero.

-¿La tienes? –preguntó extendiendo su mano al frente.

-Si pero…

-Sin preguntas -le interrumpió bruscamente-, esto debe hacerse rápido de lo contrario, alguien puede vernos.

Ukyo le observaba con suspicacia. ¿Podía confiar en él? Bueno, si su cómplice lo había mandado debía ser de confianza. Con algo de reticencia, le entregó el sobre sellado al discreto mensajero.

-¿Cuándo obtendré una respuesta? -preguntó.

-Nos comunicaremos –contestó guardándose la carta en el interior de sus ropas, para luego disponerse a alejarse del lugar.

-¿Cómo has estado tú? –preguntó la chica, negándose a terminar el encuentro con tanta prontitud.

-Podría estar mejor –dijo encogiéndose de hombros-, pero al final, nadie puede saber cómo terminará su vida por mucho que la planifique.

-No, nadie puede saberlo –susurró la chica.

-Sólo algo puedo decir –comentó volviendo el rostro para mirar con una expresión de lástima a la joven que permanecía sentada en el columpio-, es mejor que sigas hasta el final, ya estas metida hasta el cuello al igual que yo y lo que te dijo cierto día en uno de sus encuentros es verdad, un paso en falso y puedes caer. No me gustaría ver sufrir a una chica tan bella… –dijo dándose media vuelta para retirarse-. No de nuevo –musitó cerrando los ojos para emprender su camino.

Ukyo permaneció en silencio, meciéndose suavemente en el columpio que le había servido de asiento. Ya había firmado su sentencia y las palabras del mensajero lo confirmaban. Ya no había tiempo para arrepentirse, mucho menos para escapar.

Miró a la luna y suspiró con angustia. Sólo una pregunta vino a su atormentada mente.

-"¿Por qué yo?" –pensó con amargura.

Algo que durante siete largos años se había cuestionado sin jamás haber logrado una respuesta satisfactoria.

Por qué justo ella se había topado con la sangrienta y horrorosa escena que la había convertido en cómplice de un delito. Sencillamente, un amor no correspondido no valía todo el dolor y sufrimiento por el cual había pasado.

Se puso de pie y con parsimonia se dispuso a emprender el camino a su hogar. Era tarde y su familia de fantasía esperaba por ella.


Faltaban cinco minutos para las doce de la noche. La casa permanecía silente, todos se habían acostado y dormían a esas horas de la noche. Todos, menos ella y seguramente tampoco su empleado más fiel.

A su cabeza volvía una y otra vez el recuerdo de aquella tarde.

Las manos de su ex–prometido acariciando sus cabellos y rostro, sus labios presionados con los suyos, su respiración, pero por sobre todo, sus palabras.

Había intentado dormir, tratando de olvidar con el sueño lo ocurrido esa tarde, pero no lo había conseguido, aún peor, el silencio y tranquilidad de la noche le había hecho recordar y pensar detenidamente en las acciones de su ex–prometido y en las de ella misma.

Una furia que había olvidado, podía llegar a sentir, se adueñó de sus pensamientos y sentimientos. No pudo soportarlo más y se puso de pie, se vistió rápidamente y se encaminó a la habitación de su hija. Abrió la puerta con delicadeza y comprobó que la niña se encontraba plácidamente dormida, sonrió al verla allí. Pero luego, su semblante cambió al de una mujer decidida y ofuscada.

Bajó sigilosamente la escalera y fue hasta la cocina, allí le encontró como ya era habitual, sentado cómodamente en la pequeña mesa de la cocina, frente a una taza de té en una posición meditabunda.

-Kwai-Yu –llamó la atención de su fiel sirviente aunque sabía que él había detectado su presencia tras de sí, mucho antes de que ella le dirigiera la palabra-. Voy a salir, hazte cargo de Maya en la eventualidad de que despierte por favor.

-Como diga, señora –articuló el hombre, asintiendo con un movimiento de cabeza.

-No creo que tarde tanto en volver, sólo… -se interrumpió. Qué podía decir, cómo explicarle a su amigo lo que pretendía hacer, si ni ella misma lo sabía con certeza.

-No se preocupe, yo me ocuparé de Maya –dijo Kwai-Yu con voz serena-. Usted sólo ocúpese de resolver su problema… de una vez por todas.

-No sé a qué te refieres.

-Sí lo sabe, Akane y créame que por el cariño que le tengo tanto a usted como a Maya, espero que tome la mejor decisión con respecto al señor Saotome.

-Kwai-Yu, yo no…

-Vaya tranquila, Akane –le interrumpió su amigo-. Yo me quedaré con Maya y la cuidaré con mi vida, como siempre.

-Gracias –contestó la mujer sin atreverse a decir nada más.

El hombre se acomodó en la silla que ocupaba cuando la escuchó salir de forma sigilosa. Sonrió para sí antes de llevarse la taza a los labios y negó con la cabeza.

El corazón de las personas enamoradas era tan fácil de descifrar para quienes presenciaban los hechos como meros espectadores, pero tan difícil para los propios involucrados.

Mientras tanto, la joven mujer de cortos cabellos azulados se encaminó con enérgicos pasos calle abajo.

Hacía algo de frío esa noche, por lo que ajustó su corta chaqueta a su cuerpo y apuró el paso, decidida a aclarar las cosas con su ex–prometido.

¿Cómo había tomado aquella resolución?, no lo sabía, sólo sabía que quería poner todas las cartas sobre la mesa y que él de una vez por todas entendiera que ella no podía seguir con ese juego.

Así, llegó una vez más a las puertas del dojo Tendo. Fue fácil ingresar por el portón, observó la casona totalmente a oscuras, excepto por la luz pálida que se dejaba ver en una de las ventanas del piso superior.

Suspiró para darse valor e ingresó furtivamente a la casa. Tratando de hacer el menor ruido posible, subió los escalones con algo de dificultad debido a la escasa luz reinante al interior de la casa, hasta que finalmente llegó arriba.

Inspiró y exhaló profundamente y se decidió a avanzar, la puerta corredera se encontraba entre abierta y sentado en posición de meditación sobre el futón de espaldas a la puerta, permanecía él.

Fueron segundos, pero a ella le parecieron horas. Su corazón agitado, el escaso control que tenía de su respiración y el maldito temblor en sus piernas y manos no la dejaban reaccionar como hubiese querido. Entonces, lo escuchó hablarle con total propiedad.

-Te estaba esperando –ella se sorprendió e iba a contestar, pero él se adelantó-. Sabía que volverías.

-La arrogancia es tu bien más preciado –comentó ella con sorna.

-No, mi bien más preciado lo dejé escapar un día y aunque he hecho lo imposible por recuperarlo, ella se niega a volver.

-No empieces Ranma –se defendió ella ante las palabras que él le dedicaba.

-Si no me equivoco, eres tú la que vino a altas horas de la noche a hablar conmigo –contestó.

-Te equivocas –dijo ella con fingida seguridad-. No vine a hablar contigo precisamente, vine a… recoger los documentos que debía entregarle a Kasumi –terminó de decir, recordando los papeles que habían quedado esa tarde olvidados en la habitación.

-Ah, era eso –contestó él poniéndose de pie y tomando unos papeles de la mesa después. Se dio media vuelta y la encaró-. Aquí están –le dijo ofreciéndoselos con una de sus manos.

Ella avanzó fingiendo indiferencia y los tomó con brusquedad.

-Gracias.

-De nada –contestó dándose media vuelta-. Deja bien cerrado cuando salgas, por favor.

-¿Es todo? –dijo ella, poniendo en palabras sus pensamientos. Se maldijo a sí misma por su torpeza.

-Qué más podrías necesitar de mí, Akane. Después de todo, esta tarde me dejaste muy claro que no quieres que me acerque a ti.

-Sí, lo dije, pero además quiero que te olvides de que yo existo.

-No puedes pedirme algo así –dijo después de soltar una breve carcajada.

-¿Por qué no? –quiso saber. Él se dio media vuelta y la miró profundamente, ella sintió que esa mirada azul cobalto la atravesaba y su corazón comenzó a latir con más fuerza.

-Porque aunque me lo exijas, jamás podrás hacer que deje de pensar en ti Akane. Puedes estar segura de que si me lo pides, me alejaré de ti cuanto me sea posible hacerlo, pero nunca podrás exigir que te olvide, porque soy el único que puede controlar mi corazón y no quiero hacer que deje de latir única y exclusivamente por ti.

Un momento de silencio fue lo que siguió a esas frases intercambiadas, momento en el cual ellos no pudieron dejar de mirarse ni por un segundo. A ella no le parecía adecuado permanecer allí junto a él, ¿por qué había acudido?, no era sensato. Pero la sensatez y el amor nunca han ido de la mano.

-Me gustaría… creerte –musitó la joven saliendo lentamente del trance.

-¿Qué te lo impide? –contestó él.

-El pasado, el horrible pasado que me hicieron vivir.

-Si es por recordar el pasado, entonces también deberías recordar el amor que sentimos, el amor que aún siento y que estoy seguro, tú también.

-Es difícil –contestó ella cerrando los ojos sin poder seguir enfrentando la mirada de su ex-prometido. Las lágrimas escurrieron de inmediato, humedeciendo su pálido rostro.

-Lo sé –respondió él, acariciando con una de sus manos el rostro húmedo de ella.

-Sólo… sólo dame una razón, Ranma –dijo Akane, controlando apenas el llanto-. Dame una razón para olvidarlo todo, quiero una razón para perdonar, para volver a confiar y tratar de ser feliz.

El joven de la trenza la observó en silencio por unos segundos, se veía tan vulnerable, tan abatida y con tanto dolor a cuestas. Se acercó lentamente y rozó sus labios con los de ella en una leve caricia, luego se separó tan sólo unos cuantos centímetros.

-Te amo –dijo en un susurro-. Es mi única razón.

Ella suspiró profundamente y con ese suspiro, pareció liberarse de miles de amarras que la tenían prisionera. Abrió lentamente los ojos y con un hilo de voz, contestó.

-También yo.

Él sonrió dulcemente y la capturó en un apretado abrazo, que fue correspondido con fuerza y desesperación por la chica, mientras dejaba escapar el angustiante llanto, signo evidente de que por fin su corazón se sentía liberado de su prisión de hielo.

Finalmente, ella sentía su corazón en paz, al reconocer que jamás había dejado ni podría dejar de amar a Ranma Saotome, el padre de su hija.


Notas finales:

1.- ¡Hola!

He vuelto, después de mucho tiempo... lo sé. Ya no voy a prometer tiempos de actualización porque cada vez que digo, ahora sí voy a actualizar más seguido, algo sucede y me lo impide, así que ya no me atrevo a decir nada respecto al tema.

Como podrán apreciar, este capítulo se centró un poco más en los sentimientos de la pareja protagonista. Quienes hayan visitado mi rincón sabían que así sería, allí les di un adelanto.

No creo que haya sido un 'capitulazo', pero sirvió para ir atando algunos cabos.

2.-Ahora y como siempre, me queda agradecer a quienes leen esta historia. Gracias por la paciencia que han tenido para seguir junto a mí, a pesar de las tardanzas.

Otra de las cosas que quiero agradecer aquí muy especialmente (y creo que lo haré en todos los fics que vaya actualizando) es la preocupación, el apoyo y el cariño que me han manifestado por distintas vías muchas/os de ustedes a raíz del terremoto que sufrió mi país hace poco. Soy una de las afortunadas que no tuvo que lamentar perdidas materiales ni personales, sólo un susto grande. Aún así, la sensación de haber conocido los lugares devastados y haber compartido con personas que quizá ahora no lo están pasando bien es muy triste. Pero hay que seguir adelante. Así que yo sigo escribiendo y compartiendo con ustedes mis historias ^^

Muchísimas gracias por los mensajes que me han dejado por distintos conductos, es para mí muy gratificante el saber que se preocupan por alguien que no hace nada más que poner en palabras las locas ideas que vienen a su mente. Cada palabra de apoyo, de preocupación y de ánimo la atesoro muy dentro de mi corazoncito y fue mi inyección de energía para seguir escribiendo, así que muchas, muchas gracias ^^

Ahora, a quienes comentaron el capítulo anterior: sabrina, orochi (Gracias, gracias por tu comentario. Siempre me alegra el recibirlos y me ayuda a darle forma al siguiente capítulo. Saludos ^^), ranmamaniaca, Nia06, (Muchas gracias por el review. Bueno, mis excusas por las actualizaciones, espero no tardar tanto la próxima vez en subir el siguiente cap. Gracias, gracias por comentar ^^), Arashi Ayukawa, Sele, Marce, mjgsmf, nubhaze, Sofi y Ceci, gracias por las palabras para esta historia y muchas gracias por seguir leyendo.

3.-Es todo por ahora, espero actualizar pronto, aunque no prometo nada.

Un beso, que estén muy bien y nos encontramos en otro capítulo de esta historia. Buena suerte!

Madame De La Fère – Du Vallon.