10. Valioso.
-¡Déjame verlo! ¡Déjame verlo!- exclamó Alice desde el pie de la escalera dando palmas y moviéndose nerviosa como si de un saco de avispas se tratara.
Claramente cada uno de los Cullen sabía qué había pasado en la habitación de Edward y si el olor de esa tarde no lo había tapado, habrían detectado la presencia del anillo en su dedo o el vacío de la caja sobre la mesilla de noche porque todos y cada uno se congregaban en el salón. Incluso Rosalie: estaba en el punto más apartado junto a las puertas de la terraza con Emmet que la tomaba de la cintura y le susurraba algo, mientras les miraba intentando fingir una sonrisa complaciente.
Terminaron de bajar las escaleras y el huracán de Alice les detuvo, dando sus saltitos y sus palmas. Prácticamente tomó la mano de Bella sin permiso y le estiró los dedos por si alguien de esa casa aún no había visto el anillo de Elizabeth Masen.
-¡Es tan bonito! Realmente ya no hacen joyas tan preciosas- añadió Alice con su chisporroteo de felicidad- La visión que tuve de él ni siquiera le hace justicia. Los destellos en tu piel le dan un aire casi místico.
Sí, místico era la palabra. Intentando no ser muy brusca, Bella se soltó de Alice para mirar a Edward en busca de explicación.
-¿Alice no lo había visto?
Negó con la cabeza, le dio un apretó en la cintura por donde la tomaba y le besó la cabeza para susurrar:
-Eres la única persona, exceptuando a Carlisle, que lo ha visto.
Genial, un dato más para hacerlo más valioso.
-¡Quedará tan bien con tu vestido! ¡Tengo muchas ganas de que llegue! ¡Estarás preciosa!
Dando otro salto jovial, también tomó el corazón del colgante, lo alabó y volvió a decir algo sobre el vestido o el velo que Bella ya no escuchó porque el primero en romper el hielo y empezar la ronda de las felicitaciones – para lo que visiblemente estaban todos congregados allí- fue Emmett y su risa socarrona:
-¡Hermanito!- con una ráfaga de aire Edward desapareció junto a Bella y apareció en los brazos de Emmett mientras le hacía girar en el espacio- ¡Te mereces una despedida de soltero en condiciones después de esperar 90 años!- exclamó entre carcajadas- Lo haremos al estilo humano y en un local striptease. Pero tendrás que guiarnos porque tú eres el que más veces ha visto a una humana desnuda… ¿Eh, Bella?- añadió guiñándole teatralmente.
Bella sólo pudo sonrojarse con lo que casi olvidó la idea del espectáculo picante mientras Edward forcejeaba con su hermano para que le dejara en el suelo, que sólo logró cuando una mano fría le tocó por detrás, abriéndose paso hacia ellos.
-Déjale en paz, Emmett. Eres un bruto- dijo la elegante voz de Rosalie en un tono medidamente educado.
Su pareja obedeció y le dejó en el suelo dejando a Rosalie en su puesto junto a dos humanos con la boca hasta los pies.
-Enhorabuena, Edward- hizo ademán de estrecharle la mano, pero antes de que él reaccionara, la retiró- Bella- le sonrió a ella después.
Bella pestañeó, tragó saliva y puede que asintiera, pero la visión de Rosalie allí tan cerca sin que sus ojos dorados la taladraran realmente la sobrecogió. Prefirió casi que murmurara, que retorciera el labio, que repiqueteara el suelo con la puntera de su zapato o que le mirara con asco, pero verla con su nueva máscara de educación la bloqueó por completo.
Así era incluso más imponente que con su porte odioso.
Menos mal que Edward se recompuso del achuchón de su hermano, se rehizo la ropa, se echó los cabellos hacia atrás y carraspeando volvió a tomar a Bella por la cintura siendo portavoz de los dos.
-Gracias, Rosalie. Significan mucho para nosotros tus congratulaciones.
La vampira asintió sonriendo y se retiró junto a su pareja para quedar unos pasos hacia atrás con la misma postura que ellos: tomados por la cintura. Acto seguido la figurilla de Alice se cruzó por el medio y en un par de pestañeos y con Jasper del brazo, se les plantó delante.
-Puedes tocarles, Jazz. ¿A qué no huelen a nada comestible?
Una risitas ahogadas en el salón corearon a los movimientos lentos de Jasper hacia la pareja. Bella se tensó e incluso tensó el brazo que rodeaba al de Edward pero él le acarició la espalda para volver a besarle la frente. Era comprensible su reacción: Jasper no era Alice con la que pasaba y pasaba tiempo y la última vez que le tuvo tan cerca le estaba atacando el día de su cumpleaños…
-Aceptad mis mas sinceras felicitaciones, Edward y Bella.
Primero tendió su mano frío hacia Edward que aceptó para estrechar y después hizo lo mismo hacia Bella. Ella dudó y tras unos instantes antes de estirarla y estrechar al vampiro, se limpió el sudor de la palma disimuladamente en el trasero del pantalón no fuese que sus fluidos corporales le volvieran a despertar sus instintos.
Alice y Jasper se apartaron junto a Emmett y Rosalie. Entonces el salón de los Cullen creció, literalmente. En medio de la opulenta sala sólo quedaban Carlisle y Esme para felicitarles, él con su sonrisa de orgullo tomándola a ella por los hombros, que se tapaba la cara como si no pudiera contener las lágrimas de la emoción.
Carlisle besó a su mujer en la cabeza - en un gesto idéntico al que Edward tenía con Bella - y caminó hacia ambos con su calma habitual con los brazos abiertos. Primero abrazó a Edward, cerrando los ojos en el momento en el que le estrechó para después hacer lo mismo con Bella: la tomó de las manos para que el dorso quedara hacia arriba y la miró con aquel dorado de sus ojos tan espectacular.
-Siempre te he considerado una hija, y muy querida, pero a partir de hoy parece que es oficial- sonrió- Bienvenida a la familia, Bella.
El vello se le puso de punta mientras digería la grandeza de las palabras. Sí, era oficial. En menos de tres meses sería una Cullen. Y aunque eso no tendría que hacerle más que feliz, el hecho la entristeció de golpe. Miró a Edward que sonreía con el mismo gesto de orgullo que su padre adoptivo y para mitigar su pena sólo pudo refugiarse en él para murmurar:
-Gracias, Carlisle.
Esme apareció tras su marido gimoteando sin que sus ojos dejaran resbalar una lágrima, para arrojar sus brazos a Edward.
-Hijo mío, estoy tan feliz. No puedo creer que seamos tan afortunados al haber encontrado a Bella que te ama del mismo modo tú la amas a ella. Tendréis una vida dichosa. Y un montón de hijos. Tendrás todo aquello que nosotros no pudimos tener.
Ya estaba, toda su compostura al garete. Bella sólo vio a Edward asentir, besar a Esme en la mejilla y después su cara desapareció de su campo de visión. Se quedó de espaldas y cuando Esme la abrazó a ella, no pudo ver nada más que la dulce cara con forma de corazón de su madre adoptiva.
-Bienvenida a la familia, Bella- la abrazó, estrechándola tan fuerte que temió con le crujiera algún hueso de la espalda- Cuídale muy bien cuando nos separemos, porque sólo te tiene a ti- le susurró.
La emoción la embargó tanto que por mucho que se concentró, sólo notó cómo las lágrimas a ella sí que le brotaron, cómo le temblaron los labios y eso que no estaba hablando o cómo todo su cuerpo se convulsionaba y no por el frío que emanaba del cuerpo de Esme. Pero esto ni siquiera fue el principio porque cuando volvió a tener a Edward en su campo de visión que tomó relevó de Esme para retomar a su posición original - tomándole de la cintura y besándole la cabeza - le vio la cara encendida y los ojos débilmente empañados a la vez que sorbía humanamente la nariz.
Se sintió la persona más mezquina de la Tierra porque por su culpa, por culpa de su humanidad, estaba convirtiendo el momento por el que llevaba esperando 90 años en una tragedia griega.
Si la hubiera convertido no se tendrían que separar.
Si ella hubiera sido algo más que una humana, él no lo sería ahora.
Si hubiera dejado el veneno de James extenderse ahora mismo ni siquiera recordaría a sus propios padres, como Edward no recordaba a los Masen.
Carlisle se aclaró la garganta de nuevo, recibió a Esme para volver a tomarla por los hombros y siendo el centro de toda la reunión, habló claro y conciso:
-Aún faltan unos meses pero creo que es el momento de anunciar que no debéis de preocuparos por nada ya que Jasper ya lo han arreglado todo con J. Jenks.
Batiendo la cabeza para escapar de su bucle de pensamientos, Bella pestañeó extrañada, miró a Edward que seguía igual de turbado en busca de información y como no la consiguió, sus ojos se posaron entonces en Alice. ¿J. Jenks? ¿Era alguien que le debía de resultar familiar? Por la manera en la que Carlisle le había nombrado, desde luego.
-Hemos creado un fideicomiso- añadió el patriarca- que podrás disfrutar cuando cumplas la mayoría de edad humana como si tus padres biológicos te lo hubieran dejado de legado- dijo mirando a Edward- También he puesto unas propiedades a tu nombre, que pasarán a ser de los dos cuando estéis casados, además de tu cuenta bancaria personal que ha sido notablemente nutrida para que ninguno os tengáis que preocupar de nada más que de estudiar, sea donde sea si realmente no quieres que colaboremos económicamente con la Universidad de Dartmouth- añadió con una sonrisa hacia Bella.
Bella solamente negó con la cabeza impulsivamente y volvió a mirar a Edward que le rehusó la mirada.
Así que eso era todo lo que les iba a quedar de los Cullen: cuentas bancarias, propiedades y un fideicomiso.
La expresión tragedia griega se quedaba corta.
-Es muy amable, Carlisle- dijo Edward- Estoy seguro que tendremos fondos más que suficientes porque conozco muy bien tu generosidad. Estamos los dos más que agradecidos.
-Entonces…- irrumpió Alice de un saltito con su jovialidad- ¿Qué hacéis los dos con esa cara de muermo? ¡Ir a celebrarlo! Pero nada de bosques oscuros ni playas de norte- añadió guiñándoles un ojo.
Bella suspiró cuando Edward detuvo el coche de su casa. Dejó de juguetear con el anillo en su dedo, levantó la vista hacia la fachada donde la luz del porche y la del salón estaban encendidas, y después miró a Edward.
Él también suspiró con las manos en el volante, pero cuando apagó el motor y se volvió hacia ella, le sonrió.
Una sonrisa que no logró su objetivo: arrancarle otra a ella.
-¿Estás bien?- le preguntó.
Bella miró unos segundos más a la casa, volvió a darle vueltas al anillo - aunque más parecía que se estaba retorciendo los dedos - y suspiró nuevamente seca y escandalosamente.
-Sí, muy bien- respondió Bella.
-Entonces, vamos.
Edward se estiró para tomar la mochila de Bella del asiento de atrás y sin más abrió la puerta, en movimientos humanos y bastantes rápidos. Pero para Bella todo se volvió una nebulosa donde Edward hablaba y no sabía que decía, la fachada de la casa se acercaba y su padre subía y subía el volumen de la televisión.
-Espera- casi gritó.
Edward miró la mano que se le lanzaba para que soltara la manilla de su puerta, siguió el brazo y vio la cara de terror de Bella. Lentamente dejó la mochila caer de nuevo en el asiento de atrás y cerró la puerta lentamente para mirarla de hito en hito.
-¿Qué ocurre?- dijo extrañado.
-¿Quién es J. Jenks?- Edward sólo le meneó la cabeza aún extrañado- ¿Qué tiene que ver con Jasper y con ese fideicomiso?
-¿Tiene importancia eso ahora?
-Sí, la tiene y mucha. Quiero saber quién es.
-Ya te dije que te lo contaría todo cuando nos casásemos.
-Entonces es quien os proporciona los documentos falsos.
Edward suspiró, meneó la cabeza de nuevo y se pasó las manos por los cabellos. Bella juró que estuvo a punto de gemir de frustración e incluso veía cómo se le perlaba la frente de sudor así que fue fácil de adivinar que por mucho que le presionara no iba a conocer la respuesta. Se batió, quitó la llave del contacto y se la metió en el bolsillo de la cazadora para exhalar:
-Tenemos más cosas de las que preocuparnos ahora. Como por ejemplo, decirle a tu padre que estamos oficialmente comprometidos.
Bella incluso dio un salto en su asiento, soltando a Edward. No, no podía decírselo esta noche. No podía entrar en casa con Edward y con un anillo de diamantes en el dedo para decirle que se iban a casar y que en sus primeros años de Universidad ni siquiera necesitarían un crédito de estudiantes porque los Cullen desaparecían por arte de magia de sus vidas dejando antes una buena suma de dinero y propiedades.
Empezó a poder masticar el pánico y alimentarse de él.
No, no podía salir esa mañana de casa cual alma en pena haciendo pensar a su padre que estaban de crisis o vete tú a saber y volver comprometida y con un futuro brillante esperándole cuando ni siquiera le había dicho a su padre a qué Universidad quería asistir.
-No- suspiró Bella.
-¿Cómo?
-No puedo decírselo a Charlie. Aún no.
A Edward no le dio tiempo a encararla cuando ya tenía el anillo de nuevo en su mano, fuera del dedo de Bella, que le hizo incluso cerrarlo dentro de su palma. Le miró con tal decepción y dolor en sus ojos, frunciendo tanto el ceño, que sintió que si no hablaba pronto, la fulminaría allí mismo como si tuviera poderes de vampiro.
-Dame tiempo. Conozco a mi padre y no se lo tomará bien. Y no quiero que te vuelva a odiar. Confía en mí, ¿vale? Sólo unos días. Y se diremos a tu modo, con toda tu verborrea e incluso con rodilla en el suelo. Por favor.
Edward negó lentamente la cabeza, dejó de mirar a Bella y su gesto de súplica, se centró en la mano que cubría la suya y la batió para que dejara de tocarle. Así abrió la palma, vio el anillo rechazado por enésima vez y en un movimiento rápido se le metió en el bolsillo.
-Como quieras- respondió frío.
-¿No te enfadas?- dijo Bella.
-No- añadió, seco.
-Es mentira, estás enfadado- añadió con voz temblorosa.
-No estoy enfadado, Bella- rebatió- Si no quieres que se lo digamos a tu padre, no puedo obligarte.
¿No estaba enfadado? ¡Lo estaba y mucho! Quiso hasta empujarle, zarandearle o batirle para que saliera de esa máscara que le recordaba al Edward de antes. Sí quería decírselo a Charlie, pero no ahora, porque quería dejar de guardar secretos o vivir en una burbuja de mentiras que era su vida desde que le había conocido, protegiendo su secreto y el de su familia. Por lo que ni esa noche ni ninguna de las que les quedaban hasta esa dichosa boda podría ser feliz y querer contarle nada a nadie.
Para calmar los ánimos, sólo suspiró y bajó la voz lo máximo que pudo:
-Podemos pedir una pizza- añadió para cambiar de tema- ¿Te apetece?
Se deslizó hacia él para besarle la mejilla y aunque no se movió y siguió con la mirada fija al frente, intentó hasta acurrucarse en su cuello, aunque él no colaboró. Tras varios instantes en los que el cuerpo de Edward no emitió ni un grado de calor y que el terror sólo crecía y crecía en el interior de Bella, separó los labios para decir:
-No- dijo más seco y cortante que nunca- No voy a entrar en tu casa, Bella. Te vendré a recoger y a traer cada día del instituto, pero no voy a pisar ese suelo a no ser para pedirle tu mano a Charlie Swan.
