Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Agradezco a lavida134 por su comentario.

TÚ Y YO.

X.
«Amistad» y hermandad.

La situación se encontraba demasiado tensa desde cualquier ángulo que viera cualquiera, quien deseara intervenir para tranquilizar la batalla, dudaría de si acercarse era la opción adecuada; sin embargo Cadmus era consciente que si no se involucraba todo terminaría verdaderamente mal. Soltando un suspiro, abrió la puerta de la casa de Zoë y salió a un paso bastante lento sin embargo, de esa manera, se aseguraría de saber qué decir para no empeorar todo.

¿Quién hubiera pensado que sus hermanos se enfrentarían así a Zoë por él?

¿Y quién se hubiera imaginado que se volvería tan unido a ella?

Bueno, un detalle que había sido importante era por todo lo que habían vivido desde que la conoció aquel día por accidente. Y desde ese entonces habían sido inseparables. Al llamar la atención del trío, causando que la discusión cesara, Cadmus se recordó de que no existía nada más que lo hiciera feliz que su familia se mantuviera unida a través de los percances que ocurrían de improvisto; era un tipo de seguro, a lo mejor un tanto infantil, no obstante para Cadmus era suficiente.

—¿No pensabas salir? —le preguntó Antioch de mala gana al tiempo en que Ignotus abrazaba a su hermano mayor, como reteniéndolo por si quería irse. Ignotus era tan inmaduro a veces, Antioch puso los ojos en blanco e ignoró la cursilada del menor de los Peverell— Espero que no pretendieras dejarnos a esa por anfitriona.

—«Esa» tiene nombre —protestó Zoë cruzándose brazos, se preguntaba cómo era posible que Cadmus estuviera emparentado con alguien tan gruñón—. Mi nombre es Zoë…

—Siéndote honesto no me importa nada de lo que hagas —la interrumpió Antioch con desinterés, agitando una de sus manos de arriba abajo.

Zoë se enfadó.

—Paz —pidió, corrección: exigió, Ignotus mientras se llevaba una mano a su frente—. Por lo que más quieran, ¡dejen de pelear! Me tienen cansado que no hayan podido controlarse el uno con la otra.

—Sí iba a salir, hermano —intervino Cadmus conteniendo el impulso de sonreír alegremente. Básicamente ya que era segurísimo que Antioch iba a malinterpretar su gesto, el cómo prefería no imaginarlo, y se pondría a despotricar en consecuencia— pero me he despertado hace pocos minutos. Supongo que eso responde a tu pregunta, queja… No sé qué ha sido eso —admitió al final encogiéndose de hombros.

—Estamos aquí para enmendarlo todo —dijo Ignotus un poco nervioso, Antioch asintió y Zoë alzó una ceja; ella bufó y Antioch le gruñó. Ignotus contó hasta diez para volver a serenarse.

—No hay nada que perdonar —dijo Cadmus, contento.


—A veces pienso que esos se quieren como si fueran novios o algo así. —Ignotus miraba a Antioch, quien memorizaba nuevos encantamientos. Ignotus se preguntó si regresaría a viajar alrededor el mundo, él deseaba que no. ¿De qué iba a servir? Estaban de maravilla así—. ¿Me estás escuchando?

—Por desgracia sí. Tu voz es demasiado estridente para ser ignorada —respondió. Volteó la página sin ni siquiera mirarlo—. Y es su vida amorosa, no la tuya. No te involucres. Cadmus sabe lo que hace.

—Lo sé —dijo, se mordió la comisura del labio—, no puedo evitar preocuparme por ustedes.

—Exageras —contradijo Antioch cerrando el libro, frustrado por no encontrar nada interesante que le ayudara a ser el ganador. Inútil e inservible libro—. Y si le hace algo, por más mínimo que sea, se las verá conmigo… —se prometió

—Sabes, resulta irónica que luego digas que soy yo el que sobreactúa.

—Oh, cállate.

Ignotus se reía.


—Parece que han recobrado aquella unión que tenían —murmuró Zoë ya entrada la noche. Cadmus, sentado a su lado, no hizo más que asentir.

—No tienes ni idea cuan feliz estoy.

De hecho, Zoë sí sabía.

¿Cómo no iba a notar que Cadmus había recuperado toda la alegría que tuvo hacía años y que últimamente no había parado de hablar acerca de su infancia? ¿O que los otros Peverell se veían más relajados conviviendo que peleándose por cuestiones que no valían la pena? No le costaba reconocer que juzgó antes de conocer a Antioch e Ignotus, se sentía culpable por eso, sin embargo había preferido aquella incómoda situación que haberse arriesgado a…

Zoë sacudió su cabeza para despejarse la mente.

—Uh… lamento lo que hice hace un mes —se disculpó Zoë cabizbaja—. No debí haberme comportado así… Perdón.

Cadmus le dio un beso en la frente.

Zoë ignoraba porque ese gesto tendía a calmar sus ansias, no obstante la sensación le fascinaba y le encantaba que Cadmus fuera muy atento. Era dulce, encantados, buen mago y…

Un suave sonrojo apareció en el rostro de Zoë cuando se dio cuenta de sus propios pensamientos.

¿Ella no podía estar desarrollando un enamoramiento hacia Cadmus, cierto? ¡¿Cierto?! Para Zoë sería tan extraño enamorarse de su amigo, esperaba que para Cadmus también. No, mejor. Ella esperaba que Cadmus jamás tuviera esa clase de sentimientos hacia ella. Insistía, sería rarísimo.

—No hace falta que lo hagas —dijo Cadmus—. Sé que lo hacías con buena intención, eso es suficiente para mí.

—Gracias, Cadmus.


Cadmus tenía un pequeño secreto del que nadie sospechaba. Bueno, a lo mejor sí Ignotus pero él no haría nada hasta no tener mínimo una evidencia, por lo tanto no había problema en ese aspecto.

A Cadmus le daba vergüenza hablar con alguien sobre ese tema.

¿Quién diría que era más sencillo dar un consejo en lugar de seguir uno que él mismo dio?

—¿Y si Zoë llega a rechazarme? —se preguntaba Cadmus estando su recamara, en soledad. Cadmus gimió—. Será mejor que no diga nada a nadie, no quisiera pasarla peor de lo que, de por sí, ya estoy. Además Zoë parece que está incomoda cuando me pongo cariñoso con ella, ¿eso significa que no quiere nada conmigo?

Cadmus desconocía lo que se suponía que debía de hacer a partir de ahora.

Nunca había tenido una novia, pese a que pareciera lo contrario –los consejos– y le daba la impresión de que haría alguna tontería.

Estar enamorado no era fácil.

Qué problema.