Narra John.

Pasé un par de días en observación en el hospital hasta que los doctores decidieron darme el alta definitiva, tenía quemaduras menores en el brazo derecho y en el pecho, en mi defensa no fue nada comparado con lo que me habría pasado de no ser por la oportuna intervención de Sherlock. Estaba entusiasmado por fin podría volver a Baker Street, Sherlock me estaba esperando en una de las salas de espera del hospital, al salir pude ver al rizado con su característico abrigo discutiendo con Mycroft, sentí una punzada en mi estómago, las visitas de Mycroft jamás terminaban bien, ambos estaban demasiado ocupados discutiendo para notar mi presencia. Me acerqué con cautela

—Sherlock debes terminar con esto de una vez por todas, el doctor Watson está en serio peligro—Sentí rabia, podría haberle dado un puñetazo en a Mycroft en la arrogante cara de político presumido, quien se creía que era para venir a interferir en nuestra relación.

¿Ah si? y que sugieres Mycroft…ilústrame con tu extensa experiencia en relaciones amorosas…—ironizó Sherlock con un ademán teatral, sonreí internamente, el menor de los Holmes no perdía oportunidad para restregarle a Mycroft en la cara que era un solitario solterón.

—Aléjate de él, ambos sabemos que tu linda historia de amor con John no acabará bien, involucrarte ha sido un grave error…acaso recuerdas a barba roja—pude ver un brillo de crueldad en los ojos del pelirrojo al mencionar esas últimas palabras, era la segunda vez que escuchaba ese nombre.

Sherlock cambió de expresión enseguida, parecía realmente afectado por el último comentario del mayor—deja de jugar Mycroft, ya no soy un niño al que puedas atormentar—dijo con resentimiento.

—Yo creo que si—dijo el gobierno británico en persona poniendo esa aterradora sonrisa falsa— esta conversación ha terminado hermano mío, ya no estamos solos— Entonces dirigió su mirada acusadora hacia mí, enarcando las cejas. Sherlock no le dio tiempo de decir nada más, se acercó a mí, tomó mis bolsos y me acompañó a la salida sin decir ni una palabra. Mycroft nos seguía desde atrás, sentía su mirada fija en mí, el repiqueteo constante de su paraguas en el piso siguiendo nuestros pasos de cerca acrecentaba mi nerviosismo. Al salir por fin del centro médico pude ver un lujoso auto estacionado con chofer, seguramente obra del pelirrojo, Sherlock me ayudó a subir, parecía estar algo distraído, esperé en el asiento de atrás mientras el rizado ponía los bolsos en el maletero, escuché un último cruce de palabras entre los Hermanos Holmes.

—Sherlock será mejor que te olvides de ese caso, Magnussen, él está bajo mi protección…—advirtió Mycroft

—Él está bajo su protección o tú estas bajo su influencia?... no te metas en mis casos—

—él no es una amenaza, entiéndelo de una vez, es un estratega, un diplomático, jamás ha representado un peligro real para el gobierno británico—

—Él se metió con John…—

—Te lo estoy ordenando Sherlock, si te enfrentas a Magnussen, te enfrentas a mí… no me obligues a defenderme—

—Solo Inténtalo—…dijo Sherlock con tono amenazante, dando por terminada la discusión se sentó a mi lado mirando hacia la ventana. Pude ver por el espejo del retrovisor a Mycroft observándonos con expresión grave. Quería preguntarle con todas mis fuerzas a Sherlock que demonios estaba sucediendo, ¿por qué me estaba ocultando información?, pero no tenía fuerzas para discutir con él en ese momento, solo quería llegar a nuestro hogar de una vez por todas…

—Que agradable visita la de Mycroft—dije con tono incisivo, quizás con más cinismo del que pretendía.

—m…él siempre es así—replicó restándole importancia al asunto

—¿Cuándo eras niño también te trataba así? —

—Es un pésimo hermano— dijo sonriendo de lado, me acerqué un poco a él hasta depositar mi mejilla en su hombro, aguardando su próxima reacción, al inicio se puso rígido, pero luego relajó su postura y finalmente inclinó su cabeza apoyándola en la mía y suspiró…por fin llegamos a Baker Street, realmente extrañé estar en el reconfortante apartamento.

—veo que me extrañaste en estos días…—dije aún sin atreverme a mirarlo

—por supuesto, que haría sin mi Blogger—dijo Sherlock mirándome provocativamente, enarcando una ceja, me desconcertaban sus cambios de humor repentino, tuve la impresión de que en el fondo el también estaba feliz de volver a Baker Street luego de esos ajetreados días. La señora Hudson salió a recibirnos emocionada con lágrimas en los ojos, llenándome de abrazos y lamentando profundamente lo que había sucedido… a veces parecía nuestra madre, debo admitir que también la había extrañado.

En el apartamento Sherlock tenía un enorme mural lleno de fotografías de varios sujetos que jamás había visto en la vida, no había perdido el tiempo en mi ausencia, se notaba a simple vista que estaba demasiado comprometido con un nuevo caso, en la cúspide de una intrincada red estaba la fotografía de un hombre rubio barbudo con lentes, era bastante tétrico quizás era por la ausencia de cualquier emoción en su frío rostro, su mirada vacía completaba su lúgubre semblante. Estaba seguro de haberlo visto en alguna no recordaba donde.

- ¿Qué es esto? —pregunté concentrado en el desorden de fotografías pegadas en la pared.

Sherlock se apoyo en la puerta analizándome —imagino que tienes muchas preguntas, escuchaste la conversación con Mycroft…y desde ahí no has parado de pensar en eso, querías interrogarme en el trayecto hasta acá pero pensaste que sería demasiado invasivo, sin embargo, tu impaciencia te delata por el movimiento compulsivo del pie derecho en el auto, ahora mismo estás frunciendo los labios intentando contener todas las dudas que se agolpan en tu cabeza…¿me equivoco? —me dedujo enarcando una ceja

—agradecería que dejaras de hacer eso… ¿qué rayos está pasando Holmes? ¿por qué me estás ocultando un caso?

—No lo hago…quiero tu ayuda John, ya estás perfectamente involucrado en mi plan… pero ya habrá tiempo de explicártelo en detalle y responder tooodas tus preguntas— dijo con actitud presumida, un brillo extraño apareció en sus ojos en ese preciso momento, lo estaba disfrutando…el juego había comenzado para Sherlock Holmes, algo se avecinaba hacia nosotros, podía sentir la tensión en el ambiente, como cuando percibes las chispas en el aire cuando se acerca una tormenta eléctrica…era exactamente lo que estaba sucediendo, una tormenta se avecinaba a nosotros.

—¿Por qué no podemos hablar de eso ahora? —

—Porque necesitas descansar John y debo hacerte curaciones en las heridas si no queremos que se te infecten, aun tu estado es delicado. Se que te duelen, aunque intentes disimularlo, estas apretando las manos aguantando el dolor, apoyas todo tu peso en la pierna derecha aguantando el impulso de sentarte, porque estás física y mentalmente agotado, basta echar un vistazo para notarlo—

No le respondí, como siempre tenía razón en todo, desapareció en su habitación, fue a buscar un botiquín que no tenía idea que existía, me habría servido mucho en alguna de las múltiples contusiones que dejaba la rutina de detective consultor. Me recosté en el sillón grande aun observando el intrincado mapa que Sherlock había trazado en la pared, cuando regresó procedió a quitarme la camisa la quemadura del pecho de seguro dejaría marca…

—Puedo curarme yo mismo, soy doctor—

—Y militar, como siempre nos recuerdas…—dijo demasiado concentrado en su tarea, sacando algunos instrumentos médicos, ignoró mi comentario y procedió a limpiar la zona cuidadosamente y a cubrir la herida con una gaza, con la yema de sus dedos recorrió mi pecho, sentía que el contacto de su piel escocía, aun toda la zona circundante a la quemadura estaba muy sensible, sus ojos se posaron en los míos ante mi reacción, sentí su respiración acelerarse, entonces me besó con intensidad, se inclinó sobre mí con extremo cuidado para no aplastarme, no reaccioné al principio, ese tipo de reacciones en Sherlock eran poco frecuentes.

Bajó con sus labios por mi cuello y comenzó a besar mi pecho, su lengua dejó un rastro húmedo por la zona enrojecida, me retorcí en el sillón al sentir el roce de su piel acariciándome un par de gemidos se me escaparon mientras me tocaba, sus manos descendieron hasta mi pantalón rozándome apenas, era demasiado intenso, comencé a mover mi cadera contra su cuerpo. Entonces se detuvo y me regaló una sonrisa traviesa. Se levantó repentinamente y volvió a ponerme la camisa con el mismo cuidado, abrí los ojos desconcertado.

Bien John, debes descansar, prepararé te y salió del lugar con paso elegante, que rayos había sido eso…estoy seguro que tuvo que contenerse para no continuar y controlar sus impulsos. Me quedé recostado algo aturdido por lo que acababa de suceder, solo Sherlock podía tener esos cambios. Volvió con te caliente y me dio un par de calmantes para el dolor.

Luego procedió a explicarme el nuevo caso, al parecer debía recuperar unas cartas amorosas algo explícitas escritas por el esposo actual de Lady Smallgood durante su juventud quien mantenía correspondencia con una menor de edad sin saberlo aún, Esas mismas cartas escritas más de 30 años antes ahora estaban bajo el poder del Dueño de una gran compañía de periódicos Charles Augustus Mágnussen, quien las estaba utilizando para estaba extorsionar a Lady Smallgood, ese hombre tenía influencia sobre los principales personajes del a política británica actual, los usaba para sus propósitos… a través de lo que Sherlock llamó puntos de presión, pues manejaba información personal sobre todos ellos…el objetivo era recuperar las cartas para mantener la imagen pública de la diplomática…era un caso bastante particular.

—¿Qué es lo que planeas hacer con él?

—Negociar—dijo Sherlock con actitud engreída, parecía tener bastante confianza en sus métodos.

—¿Qué le ofrecerás a cambio de las cartas? —

—m…ese es el punto, es una buena pregunta…lamentablemente aun no resuelvo ese problema…del todo—respondió como si estuviera pensando en voz alta, mientras ponía sus manos bajo su mentón.

—Pero tienes un plan—

—Obviamente—me observó unos instantes con algo de duda, para luego dirigirse a la ventana mirando quizás que cosa…—John hay otra cosa de la que quiero hablarte…se acercan las festividades de fin de año—dijo con tono indiferente cruzando las manos tras su espalda

—Si, tú las odias—puntualicé con humor…recordando las múltiples festividades que Sherlock había arruinado con solo un comentario, una vez casi hizo llorar a Molly

—Claro que si, son fechas absurdas creadas por gente idiota, solo para consumir y demostrar falso aprecio perpetuando la ilusión de la caridad desinteresada hacia la humanidad junto al aparente optimismo navideño… no entiendo por qué la gente se alegra…en fin, no es eso de lo que quiero hablar. Mis padres siempre hacen esas aburridas cenas familiares y quieren que vaya…como las detesto… pero serían más soportables contigo ahí. —me miró de reojo al terminar la frase intentando mantener su postura indiferente

—¿Me estás invitando a conocer a tus padres? —dije con incredulidad, casi gritándole, creo que estaba comenzando a hiperventilar.

—Creo que lo hago…si—dijo mirando su enorme mural pensativo—pero entiendo si tu…decides…bueno…—no lo dejé terminar, lo abracé por la cintura rodeándolo con un brazo con cuidado de no lastimar mis quemaduras, el como es natural no correspondió mi abrazo, solo se quedó mirando al mural con los ojos entrecerrados como si estuviera demasiado concentrado en otra cosa, besé su mejilla y sus ojos una fracción de segundo se posaron en mí para luego volver a su trabajo.

—voy a intentar dormir un poco— dije algo somnoliento, aun me dolía muchísimo el cuerpo.

—Entonces si aceptas—interrogó contrariado torciendo el gesto.

—si Sherlock…iremos con tus padres—negué con la cabeza, aun Holmes no aprendía a interpretar las muestras de cariño…

—bien—dijo volviendo a su trabajo, aunque ya no lo veía estoy seguro que sonrió cuando le dije que iría…o quizás solo fue mi impresión, con Sherlock nunca se sabe.