Saben a quién le pertenece cada parte de todo ¿no?

Mi regalo de cumpleaños para mí *.*


Mientras tanto, en la madriguera Harry había logrado que dejaran entrar a Ginny sin decir quién era en realidad pero él no podía estarse quieto a pesar de la mirada de ternura que ella tenía, solo se sentó junto a ella y la abrazó cuando al ver los gemelos, se soltó llorando. La señora Weasley los había obligado a comer un poco pero desde entonces Harry se había pasado caminando de un lado a otro e incluso había intentado entrar a la habitación cerrada de Ginny pero siempre habían aparecido algunos de los niños y había tenido que bajar de nuevo, pero ahora Ginny los distraía y tenía oportunidad de saber lo que había ahí, corrió hacia las escaleras pero una mano lo detuvo.

- ¡Estás bien! -olvidó por completo la habitación cerrada y se abrazó a la túnica sucia y llena de sangre

-Yo sí, dile a tu amiga que nos vamos, rápido

- ¿Mamá? Estás sangrando

-Raspones, vamos, tenemos que irnos, mientras más pasemos aquí más en peligro los ponemos... ¿vienes con nosotros? -Lily se miraba derrotada y quizá un poco más que agotada, o al menos eso imaginó Ginny cuando se acercó.

Harry intentó revisar la túnica pero Lily se apartó, le sonrió y se encaminó hacia la puerta pero la pregunta del niño la detuvo de golpe.

- ¿Mi papá? -se soltó.

Harry retrocedió un par de pasos, pero no se movió más, de pronto el rayo verde impactando en James le inundó la cabeza. Sintió algo pesado cayendo a su estómago cuando la pelirroja desvió la mirada con tristeza.

-No, no, no

Volvió a retroceder, se sujetaba la cabeza con las dos manos, todo le daba vuelta, el dolor que se instaló en su pecho era tan pesado que le oprimía el corazón. Intentó tragar saliva pero tenía la garganta casi cerrada y la boca seca. Cayó de rodillas, las piernas lo abandonaron por completo e incluso olvidó meter las manos, se habría estrellado si Lily no se hubiera arrodillado, lo abrazó y Harry se aferró a ella. Hipaba entre sollozos, algunas lágrimas bajaban por sus mejillas sucias.

-Tranquilo, todo está bien, tranquilízate pequeño -se irguió con el niño en brazos -vamos niña -le dedicó una sombra de sonrisa a Ginny.

Agradecieron a la señora Weasley y salieron de la casa, caminaron por casi media hora después pasar la protección para poder desaparecer, Ginny tomó la mano de Lily y a Harry en sus brazos para que la pelirroja mayor pudiera guiar la aparición.

-Harry, lee esto por favor -le dio un pergamino al niño, Ginny leyó por encima.

Casi al instante las casas frente a las que estaban empezaron a moverse para dar espacio a una más, el 14 de Grimmauld Place apareció, se apresuraron a entrar.

-Llévalo arriba, deben dormir…

-No tengo sueño

Ginny se apresuró a bajar al niño, Harry se quedó de pie en el oscuro pasillo, no sabía qué hacer.

-Sube Harry, ha sido un largo día, todos necesitamos descansar -tomó la mano de Harry y él no se negó, con un suspiro fue hacia la escalera subió unos escalones y se giró -ven Ginny, la habitación de Sirius tiene la cama más grande, si no te importa compartir

Ginny asintió y cruzó el pasillo, no le importaba si compartía la cama con diez más, no le diría que no a esa mujer, su solo tono de voz le partía el alma. Ni siquiera se desvistieron, simplemente se acostaron en la enorme cama que estaba en el centro de la habitación, aunque estaban terriblemente cansados ninguno pudo dormir de inmediato.

-Ven, sé que no eres un niño pequeño Harry, pero quizá esto les ayude a dormir, sacó de su túnica un gastado libro, lo abrió y comenzó a leer -ésta me gusta mucho, ¿conocen la historia de los tres hermanos?

Lily comenzó a leer y los ojos de Harry se empezaron a cerrar mientras él se transportaba a un lugar oscuro, poco a poco la luz volvía y con ella se dibujaban tres siluetas, una más grande los interrumpió y de repente miró al profesor Dumbledore sonriéndole, en la mano sostenía una larga varita que él conocía bien, la varita de sauco parecía brillar; James estaba junto a él, lo miraba serio como si fuera a regañarlo, se cubría el hombro con su capa de invisibilidad y al otro lado del profesor estaba Voldemort, pero no el mismo que acababa de mirar hacía tan solo algunos minutos sino el de su dimensión, alto, pálido, sin cabello, ojos rojos y en rendijas… no tenía nariz, le sonreía mostrándole un anillo, tras un parpadeo el anillo desapareció y en su lugar estaba una pequeña piedra. Miró a los tres hombres, lejos escuchaba la voz de su madre que se apagaba cada vez un poco más y se durmió.

Lily suspiró, cerró el libro y se quedó mirando a Harry por un momento, no había entendido muy bien sus balbuceos sobre el profesor Dumbledore, James y Voldemort. Se puso de pie con tanta dificultad que Ginny pasó por arriba de Harry sobre la cama para poderla ayudar.

-Gracias -intentó ocultar la mueca de dolor pero no logró mucho, la mirada de Ginny bajó hasta su abdomen -no te preocupes, solo son raspones, estoy muy adolorida pero tengo que ir al hospital y quizá para que me curen, cuídalo por favor y no salgan, no salgan por nada ¿me entiendes? -de pronto su mirada se iluminó con un fuego sacado desde el fondo de su corazón de madre y Ginny temió que si desobedecía, podría terminar en cenizas, solo asintió con la cabeza.

Esa noche, Harry se removió en la cama hasta que amaneció y por fin se levantó, Ginny no estaba ya ahí. Antes de salir de la habitación, la miró completamente, girando sobre sus pies, nada había interesante, ni siquiera se parecía a la que había visto mientras andaba en busca de los horrcruxes. Recorrió los pasillos de la vieja casa que ya conocía. Bajó las escaleras con lentitud, un escalón a la vez, suspiró al ver las pantuflas en forma de reno, quiso quitárselas pero su madre se molestaría y después de lo que ya había hecho, eso era lo último que quería, pero cuando llegó a la cocina, solo estaba Ginny tomando café con la vista fija en el diario, dio media vuelta y revisó toda la casa, estaba vacío. Regresó corriendo escaleras arriba y entró como vendaval en la habitación, se vistió con las ropas sucias del día anterior y calzó los zapatos manchados de sangre y tierra. Guardó en la túnica el pequeño libro de cuentos, tomó su varita con una mezcla de alegría y culpa, corriendo de nuevo volvió a bajar, palpó para asegurarse de que su varita seguía donde la había puesto, abrió la puerta y salió de un brinco, la cerró tras de sí sin remordimiento. Bajó rápido, casi sentía que Lily aparecería detrás de él, no sabía dónde iría pero empezó a correr por la calle, dio vuelta en una esquina y siguió corriendo. Tenía que hacerse con los horrcruxes, Voldemort podría quizá no haberlos hecho todos los que él conocía pero no podía dejarlo hacerlos, empezaba a deformarse y tal vez esa era la señal de lo horrible que él hacía. Cruzó otra calle y se detuvo, su mente vagando en los horrcruxes… la diadema, el anillo, el diario, la copa, naginni, él mismo, el medallón; se detuvo a media calle, por fortuna no había coches tan temprano y justo cuando su cabeza empezaba a recapitular los horrcruxes, los lugares donde los habían encontrado, lo que le había pasado al profesor Dumbledore, alguien lo levantó en brazos y casi al instante empezó a tirar patadas a diestra y siniestra.

-Te voy a amarrar los pies -gruñeron sobre él - ¿cómo rayos te saliste?

- Ya iba de regreso -le sonrió a esos molestos ojos avellana.

Ginny gruñó algo, lo dejó en el piso pero lo mantuvo bien agarrado de la mano, sin decir algo empezó a caminar, lo jalaba molesta. Harry medio tropezaba, medio caminaba tras ella intentando mantener el paso. El niño apenas ponía atención a lo que la pelirroja murmuraba, solo entendía una o dos palabras de toda la frase, pero lo que pudo rescatar no le dio mucho sentido, había palabras sueltas tales como: quemar viva, furia, morir, fuego así que se concentró en lo que lo había detenido en un principio y tan pronto como llegaron corrió hacia el despacho que conocía bien, agarró pluma y pergamino ante la mirada seria de Ginny a quien por un momento olvidó, garabateó, dobló el pergamino y empezó a correr pero tras unos pasos se detuvo frente a Ginny.

-No hay lechuzas, necesito a Sirius

-Vendrá en un momento

-Pero… es importante

-Mandaron una lechuza, llegan en una hora -suspiró, su mirada sobre Harry se ablandó a tal grado que él dio una patada al suelo, hizo trocitos el pergamino y salió.

Se enfurruñó en un sillón y dejó que la culpa lo invadiera, suspiró, la mirada de lástima de Ginny le había recordado el ataque del día anterior que con alegría había olvidado suplantándolo por su misión —esa misión que él se había adjudicado solo, por supuesto—. Se tomó la cabeza entre las manos y apretó todo lo que pudo, algunas lágrimas comenzaron un lento descenso hacia su barbilla, sorbió la nariz como un niño pequeño; la imagen del rayo verde dando contra James y mandando todo a volar le taladraba la cabeza.

En la puerta principal alguien llamó y Ginny corrió a atender, Harry apenas levantó la mirada, ni siquiera extrañó los gritos de la madre de Sirius.

-Pase, pase, rápido

Escuchó a Ginny hablando con alguien, unos segundos después lo saludó una carita redonda, él solo lo miró pues ya hacía un esfuerzo enorme para no hacerle muecas al niño. Miró la cicatriz en forma de rayo, automáticamente se llevó una mano bajo el flequillo y tocó su propia cicatriz.

-Les prepararé algo de desayunar -dijo alguien por el pasillo, la abuela de Neville supuso Harry

-No es necesario señora Longbottom

-Claro que sí, cuida a los niños anda, anda

Ginny apareció tropezando, sonreía de forma extraña mirando a los dos niños, fue a sentarse frente a Harry. Neville parecía muy emocionado por haber encontrado de nuevo a Harry y platicaba hasta por los codos; Harry jugaba la varita entre sus dedos, sonrió de lado y la agitó en dirección de Neville quien no se preocupó, parecía pensar que era una de juguete, pero Harry había perdido algunos reflejos o estaba demasiado concentrado en lo que pretendía porque Ginny se la quitó por sobre el respaldo del sofá.

- ¿Qué te pasa?

Harry se paró sobre el sillón de un brinco, de puntillas se estiró hacia la pelirroja.

-La última vez no pudo hablar con la serpiente y me salió una muy peligrosa porque no tenía mi varita pero ahora sí

- ¿De verdad tienes seis años? -susurró, lo miraba incrédula

-Ginny, por favor, si él es el elegido ahora

-Eso no lo sabemos, te mataron aquí

-Tiene la cicatriz, su madre murió por él…

-Voldemort está completo… o casi al menos, creo que te mató y después fue a rematarlo -señaló a Neville con la cabeza, suspiró y siguió viendo a Harry

-Pero la cicatriz es como la mía, quizá él sea un…

-Dices que no pudo hablar con la serpiente.

Ginny esperó y Harry asintió lo más rápido que pudo, creía que al fin lo entendía, estiró su manita para recibir su varita pero Ginny siguió hablando.

-Neville no es el elegido, creo que no hay un elegido

-Pero la cicatriz es como la mía… -repitió, seguía de puntillas pero no tan alto como al principio

Ginny negó.

-Tiene una cicatriz pero no es como la tuya, tu cicatriz brillaba…

-Bri… -descansó los pies en el sofá, se giró y se dejó caer.

Se inclinó un poco, no atendió a la marejada de palabras que salían del niño y levantó el flequillo sin recordar lo que lo incomodaba a él que hicieran eso… ahí estaba como dibujada con una sádica pluma —acortó todo lo que pudo el recuerdo de una pluma que cortaba su mano mientras él escribía no debo decir mentiras — pero no brillaba, eso era lo que faltaba la primera vez que la había visto ¿cómo no se había dado cuenta de eso? Entonces en verdad como decía Ginny, no había un elegido pero… cómo vencerían a Voldemort entonces.

-Vamos, la señora Longbottom tiene cinco minutos llamándonos

Harry levantó la mirada, Neville no estaba ya y Ginny inclinada hacia él lo miraba preocupada. Asintió distraído y siguió a la pelirroja que se giraba a casi cada paso que daba pero él no le ponía atención, seguía pensando en que no tenía ni una pista para lograr su misión, Neville no le serviría ni de cebo; se sentó cuando chocó contra la silla y apenas probó comida, ni siquiera supo lo que había comido y tampoco sintió los piquetazos que se dio con el tenedor.

- ¿Harry?

-Perdón, me perdí -parpadeó, miró a su alrededor -no podemos derrotar a Voldemort

-Harry, ven

Ginny le sonrió a la señora Longbottom que había estado preocupada cuando Harry no había hecho otra cosa que picarse la mejilla con el tenedor por un par de minutos. Bajó a Harry y casi lo arrastró hacia la estancia, pero él ni siquiera notó la preocupación.

-No digas esas cosas, tienes que cuidar lo que dices

- De todas formas, ¿qué hacen aquí?

La desesperación empezaba a ocupar toda su pequeña cabeza y ya no había espacio para más así que se transformó en malhumor y a poco estaba de hacer un berrinche, batallaba para contenerse pero ya una parte de él había resuelto luchar contra la parte de seis años, iba ganando por poco.

- ¿Qué te pasa Harry? Su casa fue destruida la última vez que estuviste ahí, se mudaron y los volvieron a atacar, Sirius les dijo que se quedaran aquí por unos días

-Pues no quiero

-Harry que…

Perdía de nuevo el juego contra su "yo" de seis años, molesto consigo mismo agitó la cabeza y apretó los ojos para evitar llorar, bajó de un brinco y salió corriendo, dando traspiés subió las escaleras, se escondió en la habitación que recordaba haber compartido con Ron. Comenzó a dar vueltas, pateaba lo que se le atravesaba. Sentía un hoyo que empezaba a crecer en su pecho, ya no tenía ganas de llorar, pero el vacío en su interior seguía creciendo. Desesperado en uno de esos paseos golpeó la pared con un puño.

- ¡Ay maldita sea! -gritó, a continuación se soltó con todas las palabrotas que conocía y algunas más que le había escuchado a Sirius, incluso daba algunas patadas a la pared.

-Un niño bueno no debe decir esas palabras

Dejó de patear, con la mandíbula apretada giró lentamente la cabeza, la rechoncha carita de Neville estaba molesta.

-No te importa ¡lárgate!

-Le diré a mi abuela que…

- ¡Llorón!

- ¡Abuela!

Harry dio un grito, apretó los puños y de un par de zancadas se acercó a Neville, iba a golpearlo en la cara pero su parte de 17 años gobernó un instante y solo lo empujó y cerró de un portazo, a como pudo empujó la pequeña cómoda vacía, un escritorio y unas sillas contra la misma. Tras la puerta escuchó el llanto de Neville pero ni siquiera se sintió mal, ya se sentía lo suficientemente mal con la culpa de la muerte de su padre y más aún porque su madre no quería ni verlo, comprendía que también lo culpara pero en ese momento necesitaba un poco de apoyo. Miró a la puerta que se movía, Ginny lo llamaba, ella debía estar golpeando. Hundió sus manos en los bolsillos de su túnica y sonrió al sentir su varita.

- Abre Harry

Los muebles comenzaron a moverse y él no lo pensó más, agitó su varita sellando la puerta al instante, incluso puso un hechizo silenciador, no tenía ganas de escuchar nada. Suspiró, solo quería pensar. Fue hacia una de las camas, se hizo bolita y cerró los ojos.

No soñó y ni siquiera recordó haberse dormido pero cuando despertó estaba oscuro y cuando prendió la luz se dio cuenta de que los muebles que había amontonado contra la puerta ya estaban en su lugar. Se restregó los ojos, bostezó y descalzo salió de la habitación; la casa estaba en silencio, deseó asomarse a la habitación en la que había dormido la noche pasada pero se abstuvo, tenía el presentimiento de que su madre estaría llorando y ya se sentía demasiado culpable como para sumarle mirarla así. Bajó con cuidado los escalones, cuando llegó abajo aguzó el oído, no se sentía con ánimos.

- ¿Pero cómo pudo hacer eso?

Harry se detuvo al escuchar la cansada voz de Remus.

-No sabemos, pero según dijo el profesor Dumbledore debemos tener extremo cuidado porque aunque la casa no se puede ubicar en ningún mapa o rastrear, cabe la pequeña posibilidad de que nos encuentren

Harry se acercó otro poco, ese era Sirius, sintió un retortijón en el estómago al escucharlo y recordar que seguía sin varita, no podía dejar que Voldemort lo encontrara hasta que lograra que el profesor Dumbledore volviera a armar la varita de su padrino. Respiró hondo y cuando Lily habló sintió que el oxígeno se le atravesaba.

-El profesor investiga, por eso va a venir hoy, para revisar las varitas de todos los miembros

-Pues va a batallar un poquito con la mía

-Harry no se debe enterar, Ginny me dijo antes de irse que tiende a echarse la culpa de todo

-Igual que su padre -suspiró Lily

- ¿Pero cómo lo hechizaron sin que se diera cuenta? Digo, tiene seis años pero nunca está solo

-Es lo peor Sirius, eso significa que uno de nosotros es el traidor -Remus parecía molesto y Harry se sintió aún más mal -pero ahora debemos decirle a Harry del funeral…

Dio media vuelta, no quería escuchar más. Sacó su varita y la miró, sabía lo que tenía que hacer, si no podía luchar contra él, por lo menos evitaría que encontrara a su familia. No lo pensó dos veces, fue directo a la puerta, abrió y sin mirar atrás se internó en la tenue oscuridad del anochecer, no iba a dejar que los volvieran a encontrar y ahora muriera su madre, debió haber dejado una nota para disculparse por no ir al funeral pero el funeral del profesor Dumbledore le seguía taladrando en la cabeza, todos de blanco… Voldemort robando su varita. Se limpió el rostro con las dos manos pero más lágrimas siguieron saliendo, sorbió la nariz mientras cruzaba una calle.

No tenía idea de a dónde iría pero por el momento caminaría intentando distraerse un poco, al menos estaba fresco. Siguió caminando sin poner atención por dónde iba, si se perdía podía pedir un taxi, llevaba un poco de dinero muggle pero de todas formas no tenía a donde ir así que podía usar la varita y desaparecer, debía tener suficiente magia para eso. Extrañaba a sus amigos, Ron y Hermione en ese lugar eran unos niños pequeños y Ginny había salido de nuevo.

Cruzó dos calles y giró a la izquierda, sonrió de lado al ver un parque, lentamente cruzó hasta ahí y se sentó en uno de los columpios. La última vez que había hecho eso había tenido que doblar las rodillas para poder mantenerse sentado y ahora había brincado para poder subirse y por un momento recordó cómo ser un niño, movió las piernas hacia adelante y hacia atrás, se columpió con una sonrisa en el rostro que solo le duró un viaje. Suspiró con la vista fija en la tierra bajo sus pies y quedaba muy lejos.

Nada podía hacer y según lo que había entendido, que no era mucho en realidad, su padre había muerto por su culpa, alguien lo había hechizado para poder encontrarlos.

-Oye, ¿estás bien?

Pegó un brinco y casi cae del columpio cuando un par de pies se detuvieron frente a él, levantó la mirada lo más rápido que pudo. Descansó al mirar el uniforme, el hombre no parecía un mago mal disfrazado.

-Sí, gracias, ya me iba -bajó de un brinco, intentó encaminarse pero una mano en su hombro lo detuvo, se giró intentando poner una cara madura, de nuevo olvidó la edad que parecía tener.

- ¿Dónde están tus padres?

Suspiró –no podía estarle pasando eso en verdad- mientras soltaba poco a poco el aire, pensaba en la posibilidad que tenía de correr y poder escapar de ese policía muggle.

-Vivo aquí cerca y… ya me iba, gracias por preocuparse por…

-Te llevo

No lo dejó terminar y menos aún negarse, el oficial lo tomó de la mano con fuerza y empezó a caminar.

-No me dejan ir con extraños -murmuró desesperado

- ¿Pero sí estar solo en el parque a media noche? -le lanzó una mirada molesta y él se encogió con la voz - ¿pero sí estar en el parque a media noche cuando deberías tener cuatro horas dormido? Esto está mal y debo hablar con tus padres

Harry se dejó jalar por las calles, argumentaba haberse equivocado de calle tan seguido que empezaba a temer que el oficial se cansara y lo llevara a la comisaría, ya empezaba a mirarlo de lado y solo siguieron caminando por cinco minutos hasta que se detuvieron y el hombre lo enfrentó, por desgracia no le soltó la mano.

- Estás perdido, ¿verdad?

Harry abrió la boca sorprendido, era increíble como cambiaban las cosas si tenías diez años menos, hundió las manos en los bolsillos de su túnica intentando parecer triste y en ese momento recordó dos cosas: llevaba túnica y el oficial ni siquiera le había preguntado la razón –no sabía si quería saber qué clase de personas se encontraba- y la segunda, llevaba su varita, podía borrarle la memoria… no le salía muy bien pero también podía desmayarlo; aliviado, sacó la varita, con cuidado apuntó al oficial que lo miraba con ternura. El rayo salió de la varita pero no dio en el blanco sino que rompió una bombilla de la entrada de la casa de alguien y Harry dio un salto hacia atrás cuando el hombre se echó sobre él, se giró y corrió unos pasos pero se detuvo y giró medio cuerpo, el oficial estaba tirado con la cara al suelo, no se movía, pensó en regresar pero una carcajada lo puso alerta, conocía tan bien la risa que sujetó con fuerza su varita, el oficial estaba muerto.

- ¿Por qué se toman tantas molestias con un niño tan pequeño?

Era más alto ahora que lo tenía enfrente, miró a un lado con cuidado y luego a otro: estaba rodeado –si no lo mataba Voldemort, lo mataría su madre-. Sintió un hoyo en el estómago al mirarlo y darse cuenta de que no tenía nariz, el rostro era casi el mismo del que él recordaba, seguía con cabello y los ojos aún eran verdes. Quiso evitarlo, una pequeña parte de él le decía que se defendiera pero la parte infantil volvió a ganar.

-Ayer tenías nariz

Al lord no pareció gustarle la actitud grosera del niño, su varita casi perforó su cuello y lo que empeoraba todo era que no había miedo en la mirada de ese chiquillo. Pero Voldemort no atacó, solo se quedó mirando a los ojos de Harry, una parte del niño quiso apartar la mirada pero esta vez sí ganó la parte adulta y cerró su mente, solo esperaba tener éxito y lo tuvo porque el extraño entrecejo del rostro adulto se contrajo.

-Interesante -susurró, una pequeña sonrisa bizarra deformó el ya extraño rostro y unas cuerdas salieron de la varita.

Harry cayó al suelo, las cuerdas apretaron hasta que apenas pudo respirar, alguien lo levantó y estuvo seguro de algo, sin importar lo que Voldemort pudiera hacerle no se podría comparar con lo que su madre le haría si salía vivo y aunque era bastante improbable que nadie supiera que se había escapado, le temía más al pensar que Lily pudiera encontrarlo. Quizá podría investigar algo desde el interior.

Miró al lord que desapareció con la misma sonrisa, se lo acomodaron sobre el hombro como si fuera un costal y después sintió que lo jalaban desde el ombligo, acababan de desaparecer. Seguía sobre el hombro de alguien cuando volvieron a aparecer, intentó mirar a su alrededor pero todo estaba oscuro. Solo podía escuchar puertas abriéndose y cerrándose, además del olor a antiguo que lo golpeaba con cada paso que daban lo hacía que olvidara buscar alguna pista sobre dónde estaban. Siguió avanzando sobre el hombro de alguien por varias puertas y escaleras, no entendía cómo podían caminar tan tranquilamente con tanta oscuridad pero después de atravesar varias puertas lo arrojaron al piso, rodó hasta darse en la cabeza contra la esquina de algo y de pronto su cuerpo se elevó. Algo cálido resbalaba por su rostro.

Cuando levantó la cabeza, Lord Voldemort estaba sentado a la cabeza de una gran mesa, los mortífagos sentados a los lados lo miraban como si fuera la cena, tragó saliva esperando no serlo.

-Dime, ¿qué te hace tan magnífico? Me dijeron que eras importante pero no por qué

El Lord lo miró con una sonrisa de lado, no supo si le daba asco o miedo. Pero si estuvo seguro de algo y eso era que Peter era el traidor, era el único que no sabía sobre él.

-Contesta -ordenó con una voz sedosa, aún tenía la misma sonrisa.

Apenas logró mirar la varita moviéndose pero la reconoció como la hermana de la suya y poco después sintió dagas atravesándole el cuerpo, apretó la mandíbula para no gritar pero eso solo logró que las dagas aumentaran y se retorcieran, algunas lágrimas se le escaparon, empezaba a sentir que no podía apretar más cuando se detuvo.

-Ahora niño, dime quién eres

-Harry -agotado levantó la cabeza y sonrió, disfrutó cada segundo el cambio de expresiones que sufrió el Lord, después agregó: -Dursley

Una nueva tanda de dagas lo atravesaron, se le escapó un gemido.

- ¿Por qué te protegen los Potter?

- ¿Porque soy un niño abandonado?

Voldemort movió la varita de nuevo y el rayo impactó en el pequeño cuerpo tan rápido que pareció un poco grotesca la forma en la que se contrajo, esta vez gritó, gruesas lágrimas le marcaban el rostro y su mente viajaba entre las edades, se cruzaban y giraban. Las carcajadas del lord oscuro opacaron los gritos del niño.

La mente de Harry se estiraba y poco después se encogía y doblaba sobre sí misma intentando escapar a tanto dolor. Por un momento recordó tener quince años o quizá eran dieciséis o tal vez menos o más, miró a los padres de Neville, cómo el muchacho guardaba un papel de caramelo… "los torturaron hasta la demencia". El dolor aumentó, casi podía sentir como sus articulaciones empezaban a desencajarse y su mente volvía a doblarse y estaba por hacerlo de nuevo cuando se detuvo. Sollozaba flotando sobre la mesa, a su alrededor había risas.

-Soportas mucho, deberías haber perdido la razón…

-Quién… -el niño miró confundido a su alrededor, sus ojos se dilataban con terror cada vez un poco más - ¿Quién es usted?

Una sonrisa sádica iluminó el rostro casi reptil de Lord Voldemort. Algunas expresiones de sorpresa explotaron a lo largo de la mesa.

-Tu padre -susurró Voldemort -soy tu padre, te salvé de lo que te hacían… ¡Avada Kedavra!

El rayo verde impactó en un hombre grande que quedaba junto a Harry, las expresiones de sorpresa se acallaron rápidamente y lo suplantó un silencio de terror. El cuerpo de Harry bajó lentamente, Voldemort se acercó con cuidado, no parecía seguro de lo que estaba ocurriendo. Extendió los brazos, Harry miraba el cuerpo sin vida que seguía sentado.

- ¿Me recuerdas?

-Sí, papá

Y se abrazó al lord oscuro que sonreía.

-Mi señor

Voldemort miró por sobre su hombro al recién llegado, levantó en brazos a Harry y se giró. Si la estampa le pareció sorprendente, Severus Snape no lo demostró, solo miró al niño y arrugó el entrecejo.

- ¿Qué…?

-Espera Severus

-Bella llévalo a una habitación, dale leche caliente y algo de comer

Sin comprender lo que ocurría, la mortífago se apresuró a obedecer.

- ¿Mi señor? ¿Qué es lo que pretende tomando a ese niño?

-Es importante para los Potter, tú mismo me lo dijiste pero no sabemos la razón. No has hecho un buen trabajo respecto a eso…

-Lo cuidan demasiado mi señor -se apresuró a responder, de reojo miró a la mortífago arrastrando al niño de una mano -nadie sabe que escapó aún están ocupados con los arreglos del funeral

-Regresa con ellos, quiero saber dónde será

-En la casa de uno de los de la orden, la están protegiendo

-Quiero entrar, es un buen momento para presumir a mi nuevo hijo, ya vete Severus

-Yes, my lord -hizo una reverencia y se retiró lo más rápido que pudo.

En Grimmauld Place, Sirius intentaba preparar algo de cena mientras Lily y Remus reían en la mesa ante la quinta vez que el animago apagaba el fuego.

- ¡Ya me rindo! Iré a ver a Harry

Lily tomó su lugar con gusto, con algunos movimientos de varita comenzó a hacer la cena. Sirius salió sacudiéndose el hollín pero un par de pasos fuera de la cocina chocó contra alguien y se fue hacia atrás.

- ¡Maldita sea quejicus fíjate por donde vas!

-No tengo tiempo para hablar contigo ¿dónde está Lily?

-Eso no te importa, idiota…

Severus Snape solo lo miró de lado, pasó encima de él hacia la cocina.

-Oye idiota ¿qué te pasa? -Sirius apareció tras él, ni siquiera supo cómo había logrado ponerse de pie tan rápido, pero fue directo a Snape.

- ¡Sirius estate quieto!

Lily lo señaló con una cuchara de madera y el hombre se detuvo.

-Sí, siéntate -gruñó Snape

-Hijo de…

Con el puño en alto intentó abalanzarse contra Snape, pero la puerta se abrió en ese momento y una mano lo detuvo.

-No es el momento de eso señor Black

Albus Dumbledore apretó el hombro de Sirius, su mirada calmó los ánimos del animago y confundió a los demás. Lily dejó la cuchara con la que aún amenazaba a Sirius, con un hoyo en el estómago se acercó.

-Severus tiene algo que decir, por favor quiero que escuchen.

Mientras se acomodaban alrededor de la mesa, algunos de pie y otros sentados; Snape se aclaró la garganta, casi se ablandó su mirada cuando la posó en Lily y comenzó con un: "tenemos un espía y no sé quién es todavía" y siguió con el resto de la historia.

-No puede ser -murmuró Sirius, antes de que alguien más reaccionara salió corriendo, subió a trompicones los escalones, casi resbala al llegar a la parte superior pero no le importó y siguió hasta la habitación donde había visto al niño poco antes.

Ni siquiera tuvo que abrir la puerta porque seguía abierta, Lily llegó poco después, compartieron una mirada, Sirius se abrazó a ella más para sentir apoyo él que para apoyarla. Volvieron a la cocina donde Remus parecía planear algo con el viejo director, Sirius arrastró a Lily hasta ellos y solo le mandó a Snape una mirada de agradecimiento que era mucho más de lo que él podía hacer.

-Podríamos adelantar el funeral, tenderle una trampa

-No lo creería Sirius

- ¡Pero tenemos que hacer algo! -golpeó con furia la mesa, los platos de la cena tintinearon.

Mientras los hombres discutían, Lily se zafó de Sirius y abrazada a sí misma salió a la estancia y ahí sola dio rienda suelta a su instinto y dejó que las lágrimas salieran. Se recargó contra un rincón y poco a poco se resbaló hasta quedar sentada. Miles de pensamientos empezaron a llenarle la cabeza, uno más deprimente que el otro pero una cosa permanecía firme: no podía perderlo a él también.

En una vieja y tétrica casona sumida en un pequeño bosque dos niños jugaban en un gran jardín, uno rubio y uno moreno. Los dos pequeños blandían unas pequeñas varas de un árbol cercano. Corrían uno tras el otro y poco después el otro era el que perseguía.

- ¡Niños!

Una mujer alta y elegante acomodaba tazas humeantes y platos con galletas. Los niños llegaron juntos, como lo harían dos mejores amigos e igual se sentaron juntos.

-Y sí, los sangre sucia no deben asistir a Hogwarts ¿verdad madre? -el rubio miró a la mujer, tomó un gran trago de chocolate caliente cuando ella asintió.

El otro niño asintió, tenía bigotes de chocolate y el rubio rió.

-Yo iré a Slytherin -había orgullo en las palabras del pequeño rubio, el otro inclinó la cabeza.

-Mi padre dice que es la mejor casa y tengo que quedar ahí, ¿hay pruebas para entrar?

Los dos miraron a la mujer, ella les sonrió y se inclinó para acariciarles el rostro.

-El sombrero seleccionador, sabe lo que hay en tu interior, nada puedes ocultarle a él…

- ¡Eres el hijo del señor oscuro! -exclamó con alegría -seguro quedarás ahí conmigo ¿verdad madre?

-Claro Draco, Harry no te preocupes por eso, todavía faltan cinco años y ya verás como gobernarán el colegio, serán los mejores -les dio un par de galletas a cada uno y se retiró.

En la cocina, Lucius Malfoy platicaba con Severus Snape y solo levantaron la mirada cuando la mujer apareció, tras comprobar que era ella, continuaron la plática.

-No sabía que el lord quisiera tener hijos

- ¿Quién eres tú para juzgar al señor oscuro?

En el jardín los niños siguieron jugando por un par de horas más hasta que un elfo de grandes ojos verdes llegó casi arrastrando la nariz en una gran reverencia. Lo siguieron porque el señor Malfoy lo ordenaba, pero el pequeño rubio no dejó de insultar, burlarse y empujar a la pequeña criatura. Harry reía por los chillidos del elfo mientras intentaba hundir una pequeña voz en su cabeza que le decía que era algo malo, incluso le dio una patada cuando por un pequeño error el elfo se atravesó en su camino.

-Oye Draco ¿por qué le tienen miedo a mi papá?

- ¡Es el mejor mago del mundo! ¡Incluso mejor que mi papá! Él exterminará a los muggle y no dejará que los sangre sucia vayan a Hogwarts, mi papá dice que para cuando yo vaya seremos solo puros

-Sería genial ¿verdad?

-Claro que sí

-Harry

Draco se irguió de inmediato, pero su rostro alerta se calmó al mirar a Severus Snape, era de los pocos amigos de su padre al que respetaba realmente y quizá fuera porque era el jefe de la casa a la que deseaba ir.

-El señor oscuro desea verte, ven -extendió la mano solo porque se lo habían ordenado

Harry asintió de inmediato, había titubeado hacía algunas horas y el castigo había sido severo.

- ¿No recuerdas algo?

Aunque fue un susurro, Harry tomó la mano del adulto con un pequeño estremecimiento de miedo que intentó contener y al verlo Severus guardó silencio. Lo condujo hacia la planta baja, cruzaron un par de salones hasta una amplia biblioteca. El niño hizo una reverencia al entrar y mirar en el centro al hombre que consideraba un padre.

-Ven aquí

Harry se apresuró a ir frente al Lord, mantuvo baja la mirada hasta que le pidieron la levantara. Lord Voldemort casi sonrió, le tendió una varita. El niño se apresuró a tomarla, sintió algo cálido recorrerlo y le sonrió a su padre. Por un momento el señor oscuro se sorprendió al ver esa sonrisa parecida a la suya.

- Te enseñaré algunos hechizos que solo harás cuando yo te lo ordene ¿entendido?

-Sí padre

Sin avisar, empezó a hacer florituras complicadas con su varita, los ojos verdes de Harry se movieron automáticamente; quizá su cerebro aún recordaba algo, quizá empezaba a luchar, solo quizá…

-Se llama Cruciatus, mira… tráelo

Snape desapareció por unos segundos, después el pequeño elfo entró a empujones y sin decir más fue recibido por un rayo, cayó de rodillas entre chillidos. Harry se cubrió las orejas lo más rápido que pudo y desvió la mirada. De un paso Lord Voldemort se acercó, con violencia abofeteó al niño arrojándolo contra un escritorio.

-Perdón

Con lentitud, se puso de pie, reprimió las lágrimas. Apretó la varita en su mano, tenía la mejilla roja y empezaba a inflamarse un poco, se limpió el hilillo de sangre que salía de su labio y esperó.

-Hazlo

Snape se envaró cerca de la puerta, tragó saliva casi sin importarle que alguien pudiera darse cuenta, pero el señor oscuro miraba con atención al niño. Un brillo apareció en la mirada de Harry, había determinación y el deseo de la aceptación por el padre cuando el niño miró al pequeño elfo que encogido miraba sin comprender lo que había hecho para ese castigo. Harry levantó la varita.

-Dobby lamenta haber…

- ¡Cállate! -gritó Harry, después gritó la palabra que hizo que Snape dejara de respirar por un momento.

El pequeño elfo cayó al piso en posición fetal, se retorcía entre chillidos de dolor. El siempre impasible rostro de Severus Snape estaba casi desencajado. Ni siquiera miró al Lord cuando rió. La carcajada retumbó por los casi vacíos pasillos de la mansión. Un minuto después la mano pálida bajó la varita, el elfo siguió temblando entre espasmos.

-Llévalo Severus, mañana iremos a una fiesta hijo mío, te compraran una túnica nueva y podremos divertirnos mucho… temprano te enseñaré un maleficio nuevo para que lo usemos juntos

- ¿Cuál padre?

-Mi favorito, el avada kedavra…


P.D. Espero señales de vida n.n

Feliz cumpleaños a mí! un hermoso capitulo ¿no?