Capítulo 10: El reino de Slytherin (Presente)
1 mes después
Harry se removió inquieto por enésima vez en su asiento. Melanie alzó los ojos del libro que leía y entornó los ojos. Su hermano no le había bajado a los nervios desde que partieran de Gryffindor para el enlace en Slytherin que sería exactamente en 7 días. Ése era el último día de viaje. Si los cálculos eran correctos, tenían que estar a 6 horas de Slytherin, así que llegarían poco después del almuerzo a ése reino.
Jaime estaba dormido en la falda de Remus y James revisaba algunos papeles. Remus miraba a su hijo preocupado y en fin nadie hablaba, pues cada uno estaba en lo suyo y además era muy temprano para discutir y eso era lo que había pasado siempre que la familia hablaba en ése viaje. Harry no estaba nada de acuerdo con la elección que había hecho su padre del que sería su marido, y llevaba dejándolo claro desde la mañana siguiente a su cumpleaños.
Lo peor era que tenía de su lado a Melanie y en el fondo a Remus, pero Remus no lo decía y prefería apoyar en silencio a su marido. James sabía lo que hacía y si al final su primogénito salía dañado, siempre podría partirle hasta la crisma a su marido, señor y padre de sus tres hijos. Jaime por su lado no entendía mucho, sólo sabía que adoraba a su papi y que por lo tanto estaba de su lado.
En otro carruaje iban los Black, quienes asistirían a la boda. También iban los padres de Remus y los hermanos y sobrinos de éste. Por último, además de la guardia, también estaban William, Charlie y Ronald Weasley, quienes se suponía se quedarían un tiempo después de la boda con Harry hasta que éste no los necesitara más, en aproximadamente dos o tres años.
Ninguno de los tres Weasley se había quejado, de hecho, estaban felices de poder acompañar a su príncipe. De los tres sólo Ron era fértil, así que tal vez volviera a Gryffindor antes, si sus padres le conseguían un buen compromiso.
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Una hora después del almuerzo llegaron a Slytherin, y Harry quedó boquiabierto ante la belleza de aquél que ahora sería su país. Las altas mansiones, las pequeñas y pintorescas casas con jardines, los castillos no muy grandes. Y justo en el centro de la ciudad, un castillo tan grande como el de Gryffindor, tal vez tan hermoso como el de la familia real, pero de una apariencia mucho más intrigante.
El mismo rey salió a recibir a Harry y su familia. Le besó la mano elegantemente a su prometido y a la hermanita de éste, así como al príncipe Consorte de Gryffindor Remus, los cuales le hicieron una cortés reverencia. Estrechó la mano del rey James y del pequeño Jaime. A los demás les dio la bienvenida con una ligera inclinación de su majestuosa y aristocrática cabeza.
-Sed bienvenidos al palacio real de Slytherin. Las doncellas os guiarán a cada uno a sus aposentos, para que puedan descansar de tan largo viaje. Cualquier cosa que deseéis no duden en pedírselo a sus doncellas. -Les pidió cortésmente Tom. Luego se viró hacia Harry-. Si tu padre te autoriza me gustaría que vinieras conmigo más tarde a pasear por los jardines.
Harry miró a su padre, interrogante. James asintió. Así que con un suspiro mental, Harry se obligó a sonreír al rey de Slytherin y le hizo una reverencia.
-Será un placer pasear con usted, mi señor.
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Harry se aseó y vistió con ayuda de Ron, Bill y Charlie. Sus habitaciones eran grandes, lujosas y cómodas. Estaban a la izquierda de las de sus padres y a la derecha de las designadas a Melanie.
-Por tu cara deduzco que no quieres ir a ese paseo con el rey, ¿Cierto? -Le preguntó Bill con ternura. Harry enrojeció al darse cuenta de lo trasparente que habían resultado sus pensamientos. Bill le puso una mano en el hombro-. Sabes que puedes confiar en nosotros, alteza.
-Harry, Bill. Te he dicho mil veces que me llames Harry. Y tienes toda la razón, no quiero ir con mi prometido. A decir verdad ni siquiera lo conozco, no deseo casarme con él y alejarme tanto de Gryffindor... y siento que me impone su presencia.
-Animo, Harry. Apuesto a que vas a ser muy feliz y que su futuro marido le dará muchos niños que lo harán también muy feliz. -Trató de animarlo Ron, pero Harry se estremeció con la sola idea de yacer con su marido.
-Merlín, Ron. No me recuerdes eso. Soy muy joven aún para tener hijos y odio pensar que estoy obligado a dárselos. Sé que él querrá que le dé un heredero lo más pronto posible.
-Todos tenemos obligaciones, Harry. Y sólo podemos hacer dos cosas: resignarnos a éstas y tratar de vivir con ellas o resistirnos y sólo lograr ser más infelices y tener más dolores de cabeza. -Le dijo Charlie-. Y además, si rechazaras ahora al rey Thomas iniciaría una guerra entre Gryffindor y Slytherin-. Añadió. Harry suspiró, frustrado.
-Lo sé. Ésa es la razón por la que no lo he rechazado, Charlie.
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Harry salió de la habitación acompañado por Charlie y Ron, quienes lo escoltarían hasta el jardín donde lo dejarían solo con su prometido. Ésas eran las ordenes que habían recibido de sus majestades, los padres de Harry. Pero mientras se dirigían a los jardines tropezaron con una figura solitaria en uno de los pasillos, una figura que al verla le alegró el alma a Harry.
-¡Cedric! -Exclamó, encantado.
Cedric levantó la vista emocionado y sólo atinó a abrir los brazos para recibir, sin perder el equilibrio, al impulsivo y risueño príncipe de Gryffindor. Luego, asegurándose que no había nadie por los pasillos se fundió en un abrazo con los dos pelirrojos.
-Harry, Charlie, Ron. Qué alegría verlos.
-Príncipe Cedric. -Le sonrieron los dos pelirrojos.
-Ya no lo soy. Ahora sólo soy Cedric Duque consorte de Malfoy. Pero me gustaría más que simplemente me llamarais Cedric cuando mi marido no esté cerca. Él... bueno... él es a veces un poquito estirado con eso del protocolo.
Ron y Charlie asintieron.
-¿Y ése milagro que el Duque Malfoy no está cerca? -Preguntó Harry en un tono mordaz con una sonrisa guasona.
-Harry, no hables en ese tono de mi marido, y sí está cerca. Está ocupado en algunos asuntos de estado aquí mismo en el palacio. Así que cuando el rey Thomas supo que yo era tu amigo me invitó a comer al castillo. Pensó que te alegraría verme.
-Y acertó. -Le confirmó Harry con una sonrisa.
-Vaya, quien diría que mi pequeño amigo de Gryffindor, el pequeño príncipe león pronto se convertiría en mi señor, el príncipe consorte de Slytherin. -Le sonrió Cedric, pero el antiguo príncipe de Hufflepuff reconoció sin problemas la mirada de Harry-. Slytherin es un país genial y precioso Harry, pero no hay forma de salir o entrar a él, sin que el rey y su corte lo sepan. Acostúmbrate y no intentes huir. Recuerda que es Gryffindor el que lo lamentará en el extraño caso de que salieras de aquí.
-¿Por qué dices eso?
Cedric sonrió.
-Conozco esa mirada, Harry. Se llama miedo, incertidumbre... rabia. Yo también la tuve durante mucho tiempo y más de una vez me arrepentí.
Harry asintió.
-No haré nada, Cedric. No al menos algo que ponga en peligro a Gryffindor. No debes temer. Pero dime, ¿Por qué me dijiste ésas palabras? -Interrogó Harry. Cedric sólo sonrió.
-Tal vez en otro momento. Después de todo tenemos todo el tiempo del mundo para hablar, pero ahora no. Éste no es lugar ni momento. Pero te diré otra cosa... ¿No me felicitarás? Estoy embarazado. Dos meses según los sanadores.
Harry exclamó sorprendido y lo abrazó nuevamente.
-Oh, Cedric. Qué bueno. Lamento mucho que perdieras aquél bebé hace dos años. Me alegra saber que nuevamente estás en estado y sé que los dioses no van a permitir que nada malo pase ésta vez. Verás que será un niño o niña tan hermoso como tú y tu marido y así de saludable.
Cedric sonrió agradecido.
-Gracias, Harry. Sé que tú y los Weasley sintieron realmente la pérdida de mi bebé. Y aunque mi cuerpo tardó mucho en recuperarse completamente de aquél aborto natural, ya ves, estoy esperando mi primer hijo.
-Si nos permite su... Cedric, nos gustaría felicitarlo. -Dijeron los dos hermanos pelirrojos. Cedric les sonrió dulcemente.
-Eso ni se pregunta. -Les dijo con ternura aceptando las palmaditas educadas y amistosas que los dos pelirrojos le dieron en la espalda.
-Tu marido debe estar feliz. -Comentó Harry. Cedric asintió.
-Así es, aunque algo nervioso. -Y guiñándole un ojo le confesó-: Parece gallinita mágica culeca con un ojo en sus deberes y otro en mí todo el tiempo. Por ejemplo, mi hijastro Draco y el ahijado de mi marido, el pequeño Conde Blaise Zabini. Se supone que me están cuidando aunque en realidad estaban jugando al ajedrez, y ni se percataron de que me les escapé a los dos.
Harry rió ante el tono jocoso de Cedric.
-Dioses, extrañaba tanto hablar contigo de esta forma, Ced.
En ése momento Ron los interrumpió.
-No lo dudo, Harry. Pero si no se apresura llegará tarde a la reunión con su prometido, mi príncipe. -Le advirtió. Cedric entendió.
-Ve, Harry. No lo hagas esperar. Serás el príncipe consorte de Slytherin y se esperará de ti que acates las decisiones de tu marido, el soberano de nuestro país, sin preguntar. Tal y como hace el propio Remus con las decisiones del rey James.
-Sólo en público. En casa, cuando no había nadie viendo quien mandaba era mi querido pa'. -Dijo Harry desafiante. Cedric sonrió.
-No lo dudo, pero de cara al público tal como debía ser, mi señor Remus nunca osó desafiar a tu padre, ¿Verdad?
Harry negó con la cabeza.
-Siempre es así, Harry. Por ejemplo, yo no le puedo decir nada a mi marido frente a los demás. Pero de mi casa para adentro son mis dominios, ahí hago y digo lo que me plazca.
Charlie añadió en tono jocoso.
-Y más ahora que tiene excusa del exceso de hormonas, para molestar a su marido. -Los demás rieron.
-Cierto. -Aceptó Cedric-. Ahora ve con el rey, Harry, y no lo hagas esperar. Su majestad Thomas es un buen hombre.
-Espero que también sea un buen marido. -Masculló Harry en voz baja, y por la mirada de Cedric supo que el hermoso y joven castaño lo escuchó.
Pero antes de que Cedric pudiera decir algo dos preciosos jóvenes aparecieron en el pasillo, buscando a Cedric. Uno de los jóvenes era de cabello rubio platino, más o menos de la estatura de Harry, con los ojos azules con reflejos grises. El otro era moreno, de ojos verdes olivo, alto, fuerte y muy guapo.
-Vaya... aquí estás, padrastro mío. -Dijo el rubio con una sonrisa acercándose a su padrastro. El moreno también sonrió.
-¿Ves? Te dije que si lo buscábamos en la biblioteca lo encontraríamos en el camino.
-Tenías razón, Blaise. -Aceptó el rubio-. ¿Y ustedes mis nobles caballeros, son...? -Preguntó el rubio, medio burlón, a los tres que acompañaban a su padrastro.
-Harry, éstos dos pequeños impertinentes a los que no les debes de hacer caso, pues normalmente son más simpáticos, son mi hijastro Draco Malfoy y el ahijado de mi marido, Blaise Zabini. -Le dijo Cedric a su amigo risueñamente para luego decirle a Draco y a Blaise, sin cambiar su actitud alegre-. Ellos tres mis queridos muchachos, son Ronald y Charlie Weasley. Dos de los asistentes de confianza del príncipe de Gryffindor y él es el príncipe de Gryffindor, Harry James Potter, futuro príncipe consorte de Slytherin.
Los dos jóvenes Slytherin se miraron con los ojos abiertos por el asombro, dándose cuenta que acababan de meter la pata nada más y nada menos que con su futuro señor. Sus padres los matarían.
-Mi señor, disculpe la impertinencia. Lo confundí con algún amigo de mi padrastro. -Se disculpó Draco con una reverencia al igual que Blaise. Harry les sonrió.
-Y no se equivocaron. Cedric y yo somos amigos desde que andábamos en pañales y si no les importa, me gustaría que ustedes también fueran mis amigos. Después de mi boda quedaré solo con mis tres asistentes y amigos, Ron Charlie y Bill Weasley, así que me gustaría contarlos entre mis amistades. -Les dijo Harry con su usual simpatía tendiéndole la mano a los dos chicos, los cuales vacilaron un momento antes de estrechar la mano del futuro príncipe consorte de su país, aún pasmados.
-Será un honor para mí. -Al fin balbuceó Blaise, provocando una sonrisa en Cedric, los dos pelirrojos y el propio Harry. Draco le estrechó la mano.
-Siempre es un gusto hacer nuevas amistades, su majestad. Podéis llamarme Draco o Dragón como prefieras. Y a éste pasmadote a mi lado llámale Blaise o idiota, al fin y al cabo sería lo mismo. -Se rió Draco, haciendo que Blaise lo fulminara con la mirada.
-Muy gracioso Draco Malfoy. Blaise a solas por favor, su majestad.
-De acuerdo, siempre y cuando ustedes me llamen Harry. -Les advirtió éste y luego al oír las campanas del reloj sonar, exclamó impresionado-. ¡Merlín! Llegaré tarde a mi cita con el rey Thomas. Discúlpenme, hablaremos en otro momento, pero tengo...
-Entendemos, Harry. Ahora vete. -Le aconsejó Cedric. Harry asintió y con una ligera inclinación se perdió por el pasillo con sus dos ayudantes pelirrojos, que lo siguieron después de hacer una reverencia ante Cedric, Draco y Blaise.
Continuara...
