Circulo: Vicio Tsun.
Atado a un sádico bastardo.
10. Prohibido.
— ¡Me gustas, bastardo imbécil! ¡Si tienes un problema sólo dilo!
La casa se quedó en silencio, sólo el ruido de algunos vecinos se escuchaba muy de fondo junto con uno que otro carro pasando por la calle. La mirada de ambos estaba conectada, tanto que Gokudera ni sintió cuando Hibari ya había acortado la distancia entre ambos, tomando su cara entre sus manos y pegando los labios con los suyos.
Hayato cerró los ojos involuntariamente, mientras Hibari lo observaba con los ojos entrecerrados. No fue hasta que el albino notó que los labios del prefecto no se movían con la misma bestialidad de siempre, que abrió los propios, encontrándose de nuevo con los de Hibari los cuales por segundos se mostraron tristes, cansados.
Pasando saliva, Gokudera se separó de sus labios; dando dos, tres pasos hacia atrás se separó por completo de él.
—Ya veo. —murmuró, llevando la mirada al suelo. Algo en su pecho amenazaba con romperse.
—Me gustas, herbívoro. —aceptó la Nube, sin apartar la mirada de él. Gokudera alzó la cara de inmediato, sorprendido por la repentina admisión.
— ¿Qué?
—Me gustas. —repitió, tomando su cara entre sus manos pegó su frente con la de él. —Y a partir de este momento eres sólo mío. Tú mismo lo has decidido. ¿Me equivoco?
— ¡Quién mierda dijo eso! —gritó sonrojado Hayato, apartándolo. Sentía su corazón desbocarse de su pecho, latiendo a mil por hora. — ¡S-Sólo dije que me gustabas!
—Es lo mismo para mí. —cortó el prefecto, recargándose en el sofá con una sonrisa burlona. Gokudera en ese mismo momento quería recordarle quién era la Mano Derecha del Decimo Vongola al reventarle la cara.
— ¡Jodete!
—Ven. —ordenó, extendiendo una mano hasta él. La mirada verdosa de Gokudera viajo hasta ella, sonrojándose de nuevo por aquello. ¿Qué demonios debería hacer? ¿Ya estaban saliendo? ¿Por qué jodidos el imbécil no se lo decía de una vez? Es más…
¿Por qué mierda siempre hacía lo que el bastardo sádico quería?
Al tomar su mano, Hibari lo atrajo hasta fundirlo entre sus brazos. Nerviosamente Gokudera se dejó hacer, con su cara roja como un foquillo de navidad, comenzó a subir los brazos a la espalda de la Nube y correspondió el abrazo.
—Entonces…, —comenzó de nuevo la Tormenta, tragando su nerviosismo. — ¿me vas a responder?
— ¿Hmf?
— ¿Qué somos?
—Arruinas el momento, herbívoro rebelde. —musitó Hibari, quién al parecer tenía el mentón recargado cómodamente en la cabeza del italiano. Gokudera se separó lo suficiente para poder verlo a la cara con reproche. — ¿No eres el más inteligente de la escuela, herbívoro?
— ¡Quiero escucharlo de tú boca! —admitió, abochornado. ¡Jodido Hibari! ¿Qué no se daba cuenta?
La sonrisa ladina que se curvó en su boca le envió a Gokudera un escalofrió por la espalda. Entrelazando sus manos, lo atrajo de nuevo hacía él, pero esta vez no fueron los brazos del japonés donde le temblaron las rodillas a Hayato, si no sus labios. Donde Hibari no se conformó con un simple roce, donde Gokudera recordó lo maldito bestia que era.
—E-Espera… Hibari. —balbuceó entre separaciones.
—Ya me hiciste esperar mucho, Hayato.
— ¡Q-Qué no me digas por mi nombre! —rechistó, al momento en que Hibari volvía a hundir la lengua en su boca.
Era un hecho, pertenecía a Hibari Kyoya.
Sintió las manos de Hibari despegarse de él, aunque no tardó mucho para que supiera sus intenciones. Al maldito no se le ocurrió otra cosa más que colarlas debajo de su playera, acariciando con los pulgares primero, sintiendo la piel suave de Gokudera con algunas cicatrices platinadas que apenas se notaban en su piel, quizás por las batallas anteriores.
El estremecimiento de Hayato no pasó desapercibido por la Nube, que sin dudarlo fue subiendo la playera hasta el principio de su pecho. Fue hasta que se separó del beso que Gokudera notó en qué situación se encontraba ahora; con su piel descubierta y la mirada penetrante de Hibari encima de él, recorriendo su cuerpo.
— ¡B-Bastardo aprovechado! —aulló, tomando el borde de la prenda para bajarla de un jalón. Hibari sólo hizo un amago de reír.
Cuando Gokudera se dio la media vuelta para marcharse a otro lugar del departamento, quizás a su cuarto y dejar a Kyoya en el sofá, el prefecto tiró de él; abrazándolo por la espalda, deteniendo un poco su respiración para después resoplar sobre el cuello blanquecino de la Tormenta. Un leve sonrojo cubrió la cara de Gokudera, sus manos temblando se aventuraron a tomar sutilmente los brazos de Hibari.
—Durmamos juntos, herbívoro. —pidió, dándole un beso detrás de la oreja.
— ¡S-Sólo dormir! —bramó. El agarré de Hibari se aflojo un poco ante tal contestación.
—Eres demasiado aburrido, herbívoro.
Quizás pudiera acostumbrarse a eso, pensó Gokudera cuando miró que Hibari iba a la cocina, seguro para cocinar algo. Tal vez, no sería tan malo como pensó… Aunque algo era seguro y se lo diría más tarde en la ducha, cuando estuviera cara a cara contra él mismo.
—¡Enamorarte de él está absolutamente prohibido, Hayato!
Lo probaría, eso pensó Hibari cuando se separó de Gokudera para preparar la cena. —Sólo lo probaré. —se repitió. Sí veía que la relación era mucho más seria de lo que pensaba, simplemente la dejaría ir, fácil y sencillo.
No había razón para complicarse la vida, no tenía necesidad de enamorarse y mucho menos de Gokudera Hayato. Aquella relación sólo era un pretexto para estar juntos, para opacar un poco la soledad que sentían. No había nada más. No debía de haber nada más.
Eran besos, abrazos y sexo justificado por la soledad. Adiós sentimientos de por medio.
Una vez que ambos terminaron de cenar y de asearse, fueron directo a la cama. Gokudera se recostó casi a la orilla de la cama, queriendo irse en verdad al sofá. Ahora le incomodaba mucho más el hecho de que Hibari durmiera a su lado, pues como la supuesta pareja que ya eran, no dudaba mucho en que el prefecto sádico se le echara encima.
—Pareces una chica. —comentó Hibari, dando un pequeño suspiró al final.
— ¿Qué mierda dijiste, bastardo? —reprochó, dándose vuelta de inmediato. Provocando que ambos rebotaran levemente en el colchón.
—Lo que oíste, herbívoro. Ya he visto todo de ti, no sé por qué te molestas en ocultármelo.
— ¡Porque en primer lugar no se supone que lo vieras! —gritó, sentándose. Hibari alzó una ceja ante tal despliegue.
—No pareció molestarte aquella noche.
— ¡Bueno, estaba borracho!
— ¿Debería hacerlo ahora? —preguntó el prefecto, tomándolo del brazo para tirarlo encima de él. Gokudera intentó levantarse, maldiciéndolo en voz alta, pero ambos brazos ya habían sido capturados.
Sí, bien. ¡Odiaba mucho que eso pasará!
— ¡Maldito perro en celo! —gritó, forcejeando. — ¡Ya te dije que…!
—No eres mi puta. —completó Hibari, serio. Gokudera se quedó quieto un momento, ligeramente intimidado por él. — Eres mío, Hayato.
—Sigues con eso…—gruñó, frunciendo el ceño.
—Porque es verdad. ¿No es normal que una pareja se toque?
—No sé qué tipo de parejas conozcas, bastardo. —regañó, sin despegar sus ojos de él. —Pero ¡las que yo conozco no tienen sexo a las tres horas de serlo!
—Hnf.
—Mira…—bufó, agachando la cabeza. Al momento de subirla, Hibari no tardó en besarlo, atrayéndolo más de los brazos hizo que el albino perdiera el equilibrio, tirando casi la mitad de su cuerpo sobre el propio.
Tenía dudas en mente, y si esperaba que Gokudera le diera el sí, eso tardaría más que la espera para la pelea con el bebé. Por lo que, volviendo a sus instintos carnívoros, no dudo en morder sus labios para adentrarse en su boca, jugando con su lengua, tocando cada superficie que podía.
Gokudera mordió su labio, en un intento de que lo dejara ir, no tardo mucho tiempo en darse cuenta que aquello el prefecto sólo lo había tomado como un reto; y sin darle tiempo de protestar, lo tumbo debajo de él.
—Tranquilízate, bastardo. —ordenó, su voz agitada y nerviosa sólo formo una curva en los labios de Hibari. — ¡Maldito idiota!
—Voy a tocarte. —advirtió, bajando su cabeza repartió pequeños besos en su cuello. Gokudera cerró los ojos, aun intentando quitárselo de encima.
—Basta Hibari, para. —pidió, apretando los puños por las suaves cosquillas que le provocaba eso.
—Sólo déjame tenerte de nuevo. —dijo, atrayendo toda la atención de Gokudera por su tono de voz. Áspero, confundido y molesto. —Necesito aclarar algo, herbívoro.
— ¿Y qué pasará cuando las aclares? —preguntó Hayato después de un corto silencio. Hibari se quedó en silencio por varios minutos, sin apartar sus orbes de Gokudera. — ¿Qué va a pasar, Hibari?
—No lo sé. —respondió, apretando las muñecas del albino. Gokudera sintió dolor, pero se lo trago.
—Estas dudando, ¿no es así, bastardo? —dijo, sosteniéndole la mirada. —Por eso es que siempre te detienes. Ambos sabemos que tú eres…, aunque me duela admitirlo, mucho más fuerte que yo. Y si fuera por tus jodidos instintos de carnívoro yo ya hubiera sucumbido.
—Así que lo sabía. —pensó Hibari.
—Pero no lo has hecho. —continuó la Tormenta. El prefecto sintió como las manos empuñadas del albino se abrían. —De acuerdo. —suspiró, resignado. —Si es todo lo que quieres, estoy de acuerdo en hacerlo contigo.
— ¿Qué?
—No me pondré. —rectificó molesto. — ¡Ya, joder, sigue!
Hibari talló su propia cara con una mano, intentando disipar todo lo que tenía en la mente. Inspeccionó al herbívoro tirado debajo de él, prácticamente le retaba con la mirada que continuará. Pero Kyoya sabía que al momento en que lo besará de nuevo, todo allí se acabaría; y una maldita parte de él, la menos dura quizás, odiaría que eso pasara.
Para su mala suerte, se dio cuenta de que no había vuelta atrás, no cuando el herbívoro rebelde lo ponía de esa manera. No necesitaba sexo, quizás nunca lo necesito, todas sus dudas estaban despejadas. Y sólo tenía en claro una cosa.
A partir de ese momento, estaba estrictamente prohibido enamorarse de Gokudera Hayato.
—Vamos a dormir, herbívoro. —dijo, quitándose de encima y tumbándose a un lado. Escuchó a Gokudera soltar un suspiro de alivio, al parecer había contenido su nerviosismo para que él pudiera continuar. Y lo odio por ello.
—H-Hibari…—murmuró, pasando su brazo por el costado de la Nube, pegando su cabeza a su espalda. Hibari sintió una calidez en su estómago, y sólo cerró con fuerza los ojos, intentando hacer que su mente dejara de jugarle tan mala broma. —Gracias.
Maldito el día que se acostó con Gokudera Hayato.
¡Ay, ay, ay! ¡Hibari destruye mi corazón! Pero ¿qué puedo hacer? El maldito tampoco se quiere enamorar. (Aunque Gokudera ya va cediendo, aunque no se dé cuenta XD) En fin, espero que les gustara la maraña de confusión que está haciendo que nuestra amada Nube sufra en silencio.
Satorichiva, blink-chan90 & Coco-tan ¡Muchas gracias por sus lindos comentarios!
Las quiere,
MimiChibi-Diethel.
