Anton valía mucho más vivo que muerto. Steve sabía que eso era indiscutible, que la muerte de Freddie no sería en vano si lograba que los hermanos Hesse no volvieran a dañar a nadie más.

Freddie, que apenas se había enterado que sería padre, había muerto para asegurar la salvación de miles de vidas. Freddie, que había dejado el mundo sin conocer a su hijo, había muerto solo, en un lugar abandonado a su suerte.

No olvidaría. Volvería a buscarlo, en cuánto pudiera. Su heroísmo se conocería.

Primero tenía que encargarse de que Anton viviera para no desmerecer ese sacrificio.