Disclaimer: nada me pertenece, excepto ideas. El resto pertenece a JK Rowling y basado en una novela de Yvonne Whittal
The Slender Thread.
Adaptado, tomada la idea principal más no traducida.
De compras en la tienda del pueblo, había sido una experiencia que Hermione esperaba olvidar con el tiempo. La gente no dejaba de tenerle lástima mientras pasaba y aunque Sprout trataba de animarla con promesas de que todo iba a mejorar muy pronto, Hermione seguía pensando que ese iba a ser su destino.
Lisiada, confinada a barrotes metálicos y con ruedas. A media libertad.
— Alégrate, pudo ser mil veces peor.
— ¿Como qué, señorita Sprout? ¿El haberme muerto? Ni siquiera puedo probarme un vestido con propiedad, puesto que ni siquiera puedo ponerme en pie y desfilar.
La mujer había sonreído maternalmente, mirando los escaparates y escuchando a Ginny hablar a lo lejos, aconsejando a su hermano Bill sobre qué comprar y qué ignorar, para llevárselo a la chica del puesto de verduras de la esquina. Fleur Delacour.
— Vamos, sabes que hay quienes te aprecian. Mira a tu amiga Ginny, trabaja para ti pero sin embargo eres como una hermana para ella. Trata de encontrarte solo lo mejor y pese a que realmente no puede pagarlo, su madre se esfuerza en dar de su salario para poder comprarte un vestido. Eso tiene que significar algo.
— ¿Se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor? — cuestionó Hermione mientras Pomona se inclinaba para probar el calzado que combinara con el vestido que Ginny estaba escogiendo, distraídamente y sin prestar atención a la conversación entre ambas. — pues ha tenido el efecto contrario.
— Sabes lo que quiero decir. Ella es capaz de hacer cualquier cosa por ti. Y no es porque tenga lástima, sino porque te aprecia.
Antes de que Hermione pudiera contestar, Ginny había soltado una exclamación en la tienda y muy emocionada había caminado hasta los presentes, mientras Hermione estaba sentada en un pequeño banquillo y se probaba distintas zapatillas.
— ¡Lo encontré! — dijo y Minerva se dio la vuelta para mirarla, mientras hablaba con la cajera y tomaba un poco de té que estaba recién hecho en el mostrador. — recatado como tu madre espera que sea, pero sensual al mismo tiempo. ¡Creí que nunca encontraría algo así!
Molly Weasley mientras tanto, había tomado un par de cintas para el cabello que había encontrado en una tienda en la esquina. Blancas en su mayoría y con arreglos de flores en las esquinas o con lunares negros o azules y brillantes cristales. Al mirar el vestido que su hija había escogido para su patrona, se alegró de haberlas comprado y se asombró del similar gusto entre su hija y ella.
— Creo que pensamos muy similar, hija mía. — comentó la mujer, admirando aquel vestido blanco con pliegues en la falda, largo y con cristales y escarcha azul que conformaban una hermosa flor desde la base hasta la cintura y un par de enredaderas también.
— Por supuesto que sí. ¡Nada habla mejor de una mujer que un poco de blanco! Pureza angelical.
Pero Hermione se consideraba de todo menos que angelical. Ginny esperó pacientemente mientras la madre de su patrona, aprobaba el vestido. Largo pero que aún mostraba su perfecta silueta y dejaba un poco al juego de la imaginación. Por más que su amiga lo dijera, estaba empeñada en que tuviera una linda cena y quizá un lindo romance. Estaba segura de que el doctor iba a apreciar su buen ojo.
— Me parece bien, cumple con los requisitos. ¿Y a ti, Hermione? — preguntó su madre con una sonrisa y Hermione trató de mostrarse emocionada con el vestido.
— Es hermoso, creo que estará bien que lo use.
— Y las zapatillas que acabo de encontrar con escarcha plateada y cristales, son el complemento perfecto. — dijo la enfermera, calzándoselas de inmediato. — y te quedan muy bien.
Las mujeres estaban encantadas y tan pronto como Ginny encontró un vestido a su medida, negro y con un corte bajo en su espalda, estuvieron listas para partir. Bill no había querido mostrarles el vestido que había escogido y había sido muy receloso con la envoltura para regalo. Por más que su hermana trataba de sonsacarle información, le resultaba imposible hacerle hablar y su madre insistía en que lo dejara en paz.
Al momento de pagar, aunque el presupuesto era modesto, Ginny tenía esperanzas de que pudiera alcanzar para ambas. Hermione no quería saberlo, tenía miedo de escuchar el precio y que su amiga se sintiera abochornada al saber que no podría pagar ambos vestidos. Llevaba su dinero en una modesta bolsa de papel y esperaba ansiosa, tratando de mantener el temple y no demostrar emoción alguna en su rostro.
— Bueno, como me han caído muy bien y me parecen una agradable familia... — comentó la dueña de la tienda con una sonrisa, mientras admiraba las etiquetas de las prendas de vestir y los zapatos. — creo que les ofreceré un descuento navideño. Ya saben, después de un accidente tan trágico como ese y para levantar los ánimos en esta época.
La forma en que la observó, mientras estaba sentada en la silla de ruedas, le hizo sentir que le tenían lástima. Desvió la mirada y se preguntó si todo lo que pasaba, tenía que salir reseñado en ese condenado periódico local de pacotilla.
— Eh... — murmuró Minerva McGonagall, mirando la expresión de su hija. — muchas gracias supongo, nos contenta que todavía existan personas buenas en estos tiempos.
La dueña del local sonrió ampliamente y Hermione se preguntó sin con eso saldaba cualquier pecado que hubiera cometido, haciéndola ver como su caso de caridad. Desechó la idea porque sintió que simplemente abriría las puertas de la tienda y de una forma u otra correría hasta la calle, solo para que un auto se la llevara de verdad y dejaran de hacer aquellos comentarios.
Al salir, Arthur Weasley esperaba pacientemente junto a un parquímetro y lo miraba con cierta incredulidad, esperando no pasarse del precio estimado de una hora de estacionamiento. Al ver a su esposa acercarse, le dio un beso modesto y haciendo una pequeña reverencia, abrió las puertas traseras del auto y sostuvo la mano de Minerva mientras ella se subía en el.
El auto era sorpresivamente amplio, una de las últimas cosas que su padre pudo comprar antes de morir. Que su hija tuviera los mejores lujos de transporte, pero y apenas podían pagar las cuentas de mantenimiento. De vez en cuando y al subirse, podía recordar a su padre llevándola a la escuela y mirándola a través del retrovisor, preguntándole si tenía algo de la escuela que quisiera contarle. Si tenía algún problema que quisiera discutir, pues era el único momento que tenían para estar juntos.
Siempre en reuniones a puerta cerrada, mientras ella sostenía su oso de felpa y su libro de cuentos favorito y esperaba por él tras aquellos barrotes de madera de roble, que la alejaban de su ser más querido. Más y más hasta desaparecer.
Los ojos se le aguaron por un momento y parpadeó para disipar el sentimiento. El camino hacia la hacienda siempre le traía tantos recuerdos. A veces solo quería que su madre la vendiera para solo olvidar. Y otras tantas... solo quería retomar el control y traer mejores recuerdos a aquellas viejas paredes de cal y tierra.
Y sin embargo ella no era la única que tenía recuerdos por enterrar. En su apartamento de soltero, el doctor Snape se preguntaba qué traje combinaba con cual y de pronto se había puesto nervioso de solo pensar, siempre se la pasaba pensando en las cosas y se decía a sí mismo que debía dejar de hacerlo o perdería otra relación. Y ni siquiera había empezado.
Reanudó su incesante caminar a través de la habitación, mientras una mujer le observaba desde su cama. Estaba sentada allí y comenzaba a hartarse de su actitud. Siempre tan seguro a la hora de operar y ahora era todo un manojo de nervios.
— Severus, por dios... ¡detente! ¡Estás comenzando a causarme una terrible jaqueca y mareos de solo verte ir y venir! ¿Es acaso tu primera cita? No, ya sabes como es la movida. ¿Por qué te asustas? Es menor que tú, tienes más experiencia.
— Precisamente. — comentó el hombre mientras iba de aquí para allá. — ¿Cómo podré saber que yo soy ese hombre que ella desea? Ya escuchaste lo que te conté, sobre la forma en que describió a ese muchacho del campo.
La mujer quien había permanecido con los brazos tras ella, apoyándose en la cama y mirando hacia el tejado para evitar ponerse de pie y golpearlo allí mismo, simplemente se acomodó en la cama y colocó ambas manos sobre sus muslos. Suspiró de soslayo y lo miró directamente a los ojos.
— Seré sincera contigo como siempre lo he sido. — comentó y eso hizo que el hombre se detuviera en seco. — creo que exageras y te martirizas a ti mismo. No puedes tomar decisiones por ella, puesto que no la conoces. Solo la conoces en la cara de la tristeza y la agonía, a raíz de su accidente. No sabes qué tipo de hombres le gustan, qué tipo de libros lee o siquiera qué clase de música escucha. ¿Cómo aseguras que su "amorío" con este joven, no fue solo cuestión de un capricho? Ella estuvo sola por mucho tiempo hasta que ellos se mudaron junto a ella, era lógico que eso pasara. Eres un hombre maravilloso y está mal que yo lo diga, sobretodo por esos horribles hábitos que te gastas y este desastroso lugar que aún mantienes. Cualquier mujer querría estar a tu lado, además siendo un gran cirujano...
Se permitió reír entre dientes, mientras su colega y pediatra Nymphadora Tonks, admiraba el lugar tan masculino y con cierto desgano.
— ¿Cómo no sé si luego de esa decepción amorosa, ella volverá a confiar en algún hombre? ¡Ni siquiera sé por qué hago esto! Sprout tiene razón, es demasiado pronto y quizá no debería entrometerme.
Nymphadora arqueó una ceja y poniéndose en pie, caminó hasta detenerse junto a él y colocar sus manos sobre sus brazos. Lo miró fijamente y el hombre hizo igual.
— Escúchame, has estado mucho tiempo solo y si crees que ella es la indicada... entonces ve por ella. Sprout solo trata de protegerte y sé que también a la jovencita Granger, sus intenciones son buenas. Y sin embargo, si no te conociéramos tan bien como te conocemos, no podríamos decir que eres el hombre más sano para ella que exista en este mundo. O al menos yo no he conocido a nadie más, como tú, que pueda merecerla. Pero y escucha esto pues lo que te digo es enserio, deja ya de fumar puesto que no creo que eso sea sensual para nadie y... ¿quieres saber algo más? Puede causarte impotencia.
Ambos rieron mientras la mujer lo abrazaba amistosamente y al separarse, negaba con la cabeza una vez más.
— ¡Y por dios creí que luego de estar con Lily, aprenderías a combinar bien la ropa que usas! Negro con negro, ¡ese corbatín marrón no combina con el saco de gala negro!
Una vez en la hacienda, Hermione se preguntaba por qué tenían que asistir a una fiesta como esa. Minerva no dejaba de hablar de lo que le debían al doctor y de que al menos debían presentarse por cortesía. La joven hizo un chasquido con la lengua, para restarle importancia a las palabras de su madre.
— Pero si él dijo que no nos cobraría, ¿por qué tendríamos que pagarle con ir a la cena del hospital? Que yo sepa, yo nunca le pedí que no me cobrara o que me salvara la vida.
— No seas necia y ridícula, Hermione. Ya veo que te pareces a tu padre, siempre criticándolo todo y dando su opinión al respecto...
— ¿Qué quieres decir con eso? — preguntó su hija, mientras estaba sentada en su cama junto a Ginny y la jovencita le daba un masaje facial que según ella, la pondría muy bella y le haría sentir fresca para la reunión de la tarde.
— Lo escuchas. Tu padre nunca estaba de acuerdo con nada, siempre lo criticaba todo si no se hacía como él quería. Nunca aceptaba regalos de ninguna índole, si pensar que lo hacían por compromiso. Porque querían algo de él y de la hacienda.
Hermione se acomodó en la cama y obligó a Ginny para que dejara su rostro en paz y pudiera encarar a su madre. La miró con un gesto acusador.
— No conocías a mi padre entonces y tampoco a mí puesto que yo no soy así. Si bien es cierto que me alejaste de él y no me dejaste compartir nada con él, mi padre nunca aceptaba regalos porque no sabía cómo devolverles el favor. Y yo tampoco sé la forma en que le devolveré la vida al doctor y por haberme salvado. Es por eso que rehuyo de sus atenciones, puesto que la deuda se hará cada vez más y más grande.
Su madre la observó perpleja mientras la mirada de Hermione no se doblegaba ni un ápice. Ginny había inspirado pesadamente y pensaba en la forma de cortar la tensión entre ambas mujeres.
— Señora McGonagall, mi madre tiene algo que quiere decirle sobre la producción de leche de las vacas en el pastizal. ¿Podría si no es mucha molestia, hablar con ella al respecto? Solo quiere darle los últimos datos recabados sobre la salud de las vacas y los galones de leche que en promedio se sacaron durante este año. Ya sabe, para el balance anual.
Al irse y dando un respingo sin decirle nada a su hija, Ginny pudo respirar otra vez y acomodándose en la cama para encarar a su hija, se cruzó de brazos ceñuda.
— Tu madre tiene razón en este punto, ¿por qué simplemente no pones tu mejor cara y asistes al baile? Si bien es cierto que no le pedimos que no nos cobrara en absoluto, al menos podrías mostrar un poco de gratitud e ir al baile y disfrutarlo.
— Ella no lo entiende, ¡estoy harta de que me tengan lástima todo el tiempo! ¡Oh miren, ahí va la chiquilla estúpida que casi se mata en una bicicleta!
— Pues quizá si dejaras de andar por ahí, proyectando lástima en tu cara.
Hermione la observó sin poderlo creer y sin embargo, Ginny no se disculpó ni trató de remediar lo que había dicho. Seguía firme en su opinión.
— ¿De qué lado estás?
— Del tuyo usualmente, pero esta vez creo que has sido muy dura con tu madre. Ella solo trata de ayudar.
— Sí claro, como cuando me separó de mi padre y lo vio consumirse lentamente sin hacer nada... ¡solo guardando las apariencias y temiendo lo que los demás pudieran decir de ella!
Ginny supuso que su amiga y patrona, nunca se llevaría bien con su madre ni dejaría de culparla de su muerte. Al menos no hasta que ambas hablaran y se sinceraran al respecto de lo sucedido en aquellos días de la vieja y "feliz" hacienda.
— Sabes que la hacienda Sundance ya no es la misma sin tu padre. Tu madre también lo sabe y debe vivir a la sombra de ello. Ya escuchaste lo que Narcisa dijo, desde que su esposo murió ya nada es igual.
— ¿Y entonces por qué intenta quedar bien con todos? ¿Incluso con el doctor Snape?
— Me parece que tú no quieres asistir por temor a la verdad, Hermione. Por temor a darte cuenta de que tengo razón y de que ese hombre siente algo por ti.
— Pero cómo podría si siquiera me conoce. Solo charlamos una vez y ¿no crees que es demasiado pronto como para que intente conquistarme?...
Ginny se encogió de hombros y se imaginó que en algunas horas estaba por descubrirlo. Estaba segura de que si Hermione no cambiaba pronto, el dolor y la rabia la consumirían. Y por supuesto, aquel hermoso valle y su magia en la que creía, no iban a ser capaces de ayudarle.
