Hooola a todos, queridos lectores. Este capítulo creo, será uno de mis favoritos (si no es que me sale uno mejor) tendrá muchísimo suspenso, en ese sentido va a ser el que más me guste, espero lo disfruten.
La verdad, es que mi inspiración ha salido de algunas canciones de piano, del compositor Yiruma. Realmente son preciosas, y quisiera dejarlas aquí:
- Sometime Someone
- If I could see you again
-When the love falls
y finalmente...
- Memories in my eyes
Estas maravillosas canciones pertenecen a Yiruma... un gran pianista.
¡Muchas gracias por los reviews, alertas de autor y demás! ¡Se los agradezco de corazón!
Saludos, Rosie.
Disclaimer los personajes, nombres y lugares de SCC son propiedad del grupo CLAMP.
Era la luz, escapándose de entre sus jóvenes manos.
Era el color verde, escapando por entre sus dedos.
Eran papeles oscuros; papeles reclamados por algún alma sin bondad.
Era su felicidad, yéndose por la garganta de aquel cuerpo.
Despertó, y un presentimiento le dobló el corazón.
¿Sería acaso, el atardecer de sus días?
Tomoyo PDV
Aquella situación podría sacar lo peor de cualquiera. O dejarle mudo, como a mí. Analizaba la situación, con detenimiento, al compás de una canción sin ton ni son, intentando descubrir cómo se hilaban las notas, cómo terminaría la melodía.
Quería saber, en otras palabras, qué podría hacer.
No tenía entre mis manos más que una duda y un escalofrío desconocido bajándome por la espalda.
Había ofrecido mi casa para que todos se quedaran, hasta el momento en que esto se resolviera.
Veía a Shaoran sentado, pensativo y con el ceño fruncido mientras hablaba con su padre.
El mismo le estaba contando, de a poco, cosas de su pasado.
Habían pasado tres días, y no teníamos ninguna noticia de Sakura.
Shaoran no lo manejaba bien, asimilaba, lentamente, las cosas que estaban pasando. El secuestro de Sakura, la aparición de su padre, la incertidumbre, la tensión con su madre.
Eran muchas cosas.
De a ratos, la furia lo hacía golpear las paredes, en uno de esos ataques, se lastimó los puños, eso hizo que Eriol lo siguiera por un par de días.
Una idea saltó en mi cabeza, y, aunque mi estrés no bajara, me daba algo de esperanza.
Algo.
—Li — lo llamé
Dio vuelta la cabeza con lentitud, mirándome con dureza, al tiempo que, con la mano, pedía unos segundos a su padre. Caminó hacia a mí, casi a la defensiva.
— ¿Qué pasa, Daidoji?
—Tú eres un gran hacker, Li, si llamasen aquí… ¿Podrías rastrear esa llamada y localizar a Sakura?
Pronto, una chispa de vida, de ira, de venganza, iluminó sus ojos.
—Creo que podría.
Sonreí, con tristeza.
Las horas pasaron, tensas. Observé a Eriol algo agitado, preocupado más de lo normal, y e intercambiando celulares a un oído u otro, hasta que, con un suspiro, pareció tranquilizarse.
Su lenguaje corporal indicaba que, al parecer, agradecía algo.
Observé el reloj. La aguja marcaba las cinco de la tarde. Le pedí a una de las mucamas que preparara café, si bien, controlaba los nervios, necesitaba disciplinarlos de vez en cuando con alguna bebida, o libro, tratando de que la preocupación no se hundiese en mí.
Escuché, en el silencio de la casa, el murmullo de Eriol, pidiéndole al padre de Shaoran hablar en privado. Con rapidez, le pedí a otra de mis empleadas que subiera el café a mi oficina.
Intercepté a los hombres, y les pedí, decididamente, acompañarme a mi oficina. Allí, manifesté mi deseo de hablar con seriedad, creo que sabían que, lo que en realidad quería decir, era que me quedaría, y participaría en su conversación.
Nos sentamos en la mesa de café cerca del gran ventanal de mi oficina. Esperamos a que nos trajeran aquella bebida caliente.
Una vez solos, Eriol se dirigió con un tono frío y serio, a Hien Li.
—Señor Li, como sabrá, tenemos una situación muy delicada entre manos — se acomodó los anteojos, nervioso — hace días que no tenemos noticias del paradero de Sakura, quería saber su opinión sobre el proceder que deberíamos tomar, tengo contactos en el juzgado que pueden mover las fuerzas policiales, sin embargo, sé que usted maneja una…—Eriol pareció darse cuenta de que la palabra "mafia" no era la adecuada— entidad bastante bien preparada.
—Usted comentó que tenía una espía, ¿Se ha contactado ella con usted? ¿Tiene información nueva que nos pueda ser útil?—pregunté
—La verdad, es que lo he estado pensando… Shaoran está en contra de que cualquier autoridad, o fuerza armada, pueda intervenir, creo que él, más que todos nosotros, comprende a fondo el accionar que una mujer como Emma Lineé, poseedora de graves problemas de nervios, podría llegar a tomar.
Su tono era grave, su mirada, fría. Enfocó su vista hacia fuera, mirando el jardín, probablemente, contemplando los primeros signos de la llegada de aquella colorida y aromática estación.
Luego, nos miró, tomando la taza, bebiendo un sorbo, para luego hablar con el mismo tono de antes.
—En ese sentido, coincido con él… y también, puedo notar que sabe que, en el caso de tener que pagar un precio, el que deberá hacerlo, es él —el dolor se filtraba en su voz— no necesitamos aclarar, que más allá de cualquier cantidad de dinero que pueda otorgársele, esta mujer busca venganza.
De pronto, sus ojos se enfocaron exclusivamente en mí, recargádome de un peso extraño, un peso que temía, que conocía en lo más profundo de mí.
—También, le advierto, Señorita Daidoji, que, siendo la única que conoce a ciencia cierta dónde está el testamento de mi difunto padre, quizás, parte de ese precio recaiga sobre usted.
Asentí, y tomé un sorbo de café, intentando, casi inútilmente, contener mi nerviosismo.
—En cuanto a mi espía, ella está siguiendo a Jennifer Lineé, según dedujimos la misma es conocedora y partícipe de este plan, a diferencia de Jasper.
Eriol suspiró, para musitar, con gravedad.
—Señor Li, de seguir la situación así, deberemos tomar caminos menos pacíficos. Los errores de su pasado no le impiden ser firme en un futuro.
Eso le dolió a Hien Li, y, aunque intentó ocultarlo, se reflejó en sus ojos, expresivos, como los de su hijo.
—Lo sé.
Un toquido de puerta nos sacó de aquel ambiente, mientras mi asistente entraba, con gesto grave.
—Han llamado, el joven Li ha atendido en el piso de abajo.
Nos levantamos, ansiosos.
Un espasmo de nerviosismo sacudió mi estómago con fuerza, junto con la incertidumbre.
Demetria PDV
Estaba sentada, en aquel banquillo, detrás de la Iglesia abandonada. Era una habitación amplia, quizás, en el pasado, era la habitación de varios sacerdotes.
Las ventanas habían sido selladas con tablas, cosa que, en cierto punto, nos favoreció. Cortinas polvorientas y desgarras ondeaban con el viento, el polvo en el aire era casi insoportable, en las paredes, varios retratos religiosos.
Tenía que vigilar a Sakura, mientras esperaba a que Emma volviera.
Le destapé la boca, tirando de la cinta hipoalergénica.
Llevaba sobre mi falda un plato con comida. Unas dos veces al día la desataba para que pudiera dormir. Solamente las manos, por supuesto, y le quitaba la cinta de la boca.
—Onigiri— le dije, extendiéndole el plato—, a mí también me gusta.
Estaba tan nerviosa que las manos le temblaban, sus mejillas seguían rojas y sus pupilas dilatadas, mi habitual tono "de Doctor House" no ayudaba. Sarcástico, burlón y frío.
—Gra-gra-gracias— tartamudeó.
—Si te mueres la que te va a matar no voy a ser yo — le dije, luego me reí, mirándola irónicamente— bueno técnicamente sí, pero por órdenes de Emma.
Comenzó a comer, con rapidez, nerviosa.
Por el amor de…
— ¿Te puedes calmar un poco? — le dije, exasperada, pero con la voz suave — no sólo que vas a ahogarte, también va a hacerte mal al corazón
Inhaló y exhaló el aire, de manera acompasada, por unos minutos.
—Mucho mejor — felicité
— ¿Cómo sabes esas cosas? — preguntó, curiosa, y algo más relajada.
—Mi madre es médica clínica, y mi padre es farmacéutico, como en un principio, me gustaba la materia médica, mis padres me hablaban mucho de eso.
—Vaya… ¿Y estudiaste medicina al final?
—No, pero sí algo de la… salud, psicología, aunque quisiera estudiar administración de empresas, tengo un mínimo conocimiento del manejo de la Bolsa de Valores. — intentaba mantenerla tranquila
—Muy interesante — asintió.
Sakura terminó de comer, y la até nuevamente. Unos diez minutos luego, los guardias abrieron la puerta, y escuché, resonar en el piso, los malditos tacones de esa rubia mujer.
— ¿Tienes que usar tacones de quince centímetros?— pregunté, molesta. Estaba terminando un nuevo capítulo de mi libro.
—Oh, claro que sí, me estiliza… ¡Ese no es el punto! Llamaremos a los Li— sonrió, con malicia
— ¿Te parece prudente? Podrían localizarte, Shaoran es un hacker excelente— hice una pausa, y agregué —. ¿Qué vas a pedirle, de todas formas? Me refiero, no has estipulado, aún, puntos claros en ese sentido.
—Solamente hay uno, mi querida, casamiento.
Sakura dejó escapar un quejido de dolor, el mismo fue castigado con una cachetada por parte de Emma. Suspiré y fruncí el ceño.
— ¿Llevaste tu teléfono a que le quiten el GPS?
—Sí, imposible olvidarme de ello.
Me levanté del banquito, crucé los brazos, y, señalando con la cabeza una pequeña mesa, le dije, seriamente.
—Llama, pero que esté en altavoz.
Asintió con otra sonrisa. Antes de llamar, grabó la situación, con la cámara de video de su celular.
Luego, marcó el número.
El teléfono sonó varias veces, hasta que una voz masculina atendió.
—Shaoran Li.
—Hola, queridito mío—susurró Emma, acariciando casi con dulzura el teclado
¡Tú!— gritó, él, al otro lado de la línea— ¡Dime que quieres! ¡¿Dónde la tienes?!
—Tranquilo, lobito, ella está… bien —usó aquella pausa para dejar margen de duda— te enviaré un video, la hemos cuidado bien, aquí, con mi socia.
— ¿Tu socia? Ve al grano, me importan tres cuernos tus marionetas.
Marionetas escupí, entre dientes. Ya veremos quién es la marioneta, pensé con asco.
—Bien, amorcito, te quiero en nuestro antiguo hogar, mañana a las tres, y vete de traje… nos vamos a casar, mi querida socia te buscará
¡Casarme!—rió, con amargura— lo último que te daría es ese privilegio.
—Entonces, despídete de tu hermosa Sakura… aunque, quizás, podría dejarla gravemente herida, con problemas de salud… la muerte no sería el peor castigo que pudiera darle.
El silencio en el teléfono se hizo largo.
—Basta— susurré— dame el teléfono.
Se lo quité, con rudeza.
—Escúchame, Li, mañana a las tres, ve solo, llevaremos varios autos, todos irán en distintas direcciones, tomarán caminos distantes e irán a diferentes iglesias, no verás a Sakura hasta asegurarnos de que no vienes acompañado. Y deja de querer rastrear la llamada, aceptas o mañana, a las cuatro de la tarde, Sakura estará muerta, no te preocupes por las pruebas, la dejaremos en tu puerta— amenacé
—Mi padre sabrá de esto— gruñó el joven Li.
—Si le dices algo, seré yo misma quien le dé el veneno.
—¡Demetria!—se escuchó, por detrás.
—Mi último informe, jefe, y ya vacié mi cuenta, por si se lo pregunta.
La tensión se cargó en mis hombros, y el pulso se hizo presente en mis oídos. Corté y sonreí, con duda.
Era casi como jugar a la Ruleta Rusa.
Tomoyo PDV
Aquellas palabras, aquel pedido, nos dejó desconcertados. Con la incertidumbre en la garganta, y la vida en un puño cerrado.
Decidí ser objetiva, práctica quizás, y llamé, con autoridad, a los presentes, para que tomaran asiento en los sillones.
Pedí bebidas calientes varias, quizás en un intento de que el azúcar apaciguara los nervios.
Observé con cierta incomodidad las posiciones que, suponía, todos adoptarían. Jasper estaba colorado, secándose la frente con un pañuelo, mientras que Ieran pensaba tranquilamente con el ceño fruncido.
Hien y Eriol charlaban, indignados, sacando conclusiones, ideando estrategias.
Shaoran permanecía callado, acostado de una manera casi infantil en el sofá. Lo estudiaba con detenimiento, y de cerca, dado que estaba sentado a mi lado. Su expresión era dura, mas no tenía rastro de emoción.
—¡Mi hija! Haciendo… estas… barbaridades— murmuraba Jasper, con la cara entre las manos.
—¿Algo de lo que no nos hayamos enterado, Jasper?—preguntó Ieran, dura.
—Ella… estuvo sacando información a tu padre, Hien— no parecía orgulloso de esas declaraciones, y creía tener la certeza de que le daría un desmayo—. Por lo que… deduzco que sabe… dónde está el testamento.
Un silencio profundo se instaló en la sala, y todas las miradas se posaron en mí. Miré la taza de café en mis manos, suspiré.
—Creo que ya todos sacamos la conclusión de quién tiene poder sobre ese documento, al menos, en espacio geográfico— dije, con amargura, mirando al hombre de expresión pensativa a mi lado.
Ieran lo miró, con expresión nerviosa.
—¿Tú sabías de todo esto?
—Quizás, si no hubieras cerrado mi cuenta, me habría enterado de que el testamento del abuelo estaba total, completa y enteramente en mis manos — aquella frase la escupió, dejándole a su madre una expresión compungida.
Hien estaba pensativo, mientras frases sin sentido volaban por el aire. En cierto momento, al dirigir su mirada a la de Shaoran, sus ojos se encontraron con los míos, y una chispa de entendimiento brilló en sus ojos, reflejo de los míos.
—¿Qué vamos a hacer con esto?—pregunté, y aclaré— me refiero, hay que dar una respuesta y por lo visto tenemos solamente unas pocas horas
—Te pondremos un rastreador, Shaoran, y llegaremos al lugar antes de que firmes el documento, ¿Qué te parece la idea?
Shaoran tardó en responder, lo que dura un suspiro, mirando fijamente a Eriol, y contestando, sin emoción.
—Me parece perfecta.
Algo en la expresión de Shaoran, hizo que mi pulso se volviera, por momentos, angustioso, lento, como si de vacío se tratara.
Sentía un regusto amargo; la sensación de la muerte, me faltaba el aire.
—Iremos armados, sacaremos a Sakura ni bien corroboremos, ella esté contigo, manda una señal a través del transmisor—indicó Hien a Shaoran— todo saldrá bien, hijo— el hombre le sonrió, intentando consolarlo.
La respuesta de Shaoran, sin embargo, fue fría, y en sus ojos, un dolor no muy convincente se asomaba, cuando contestó.
—Confío en ustedes…—luego, agregó—. No quiero que ese hombre vaya, no quiero que el padre de… —su cara se contrajo— Emma esté ahí, para ver mi tormento.
—No tengo nada en contra de ti, chico, ni siquiera sabía de la existencia de este plan— se excusó Jasper, con sinceridad.
Mas Shaoran siguió en sus pensamientos, luego lo miró por un segundo, y, suspirando, soltó:
—Creo que no puedo culparlo de las acciones que realiza su hija.
Aquello sonaba casi a una aceptación. Jasper suspiró.
Luego de tomar un baño, casi con urgencia, debido a mis crecientes nervios, me puse el pijama y la bata, paseé un poco por la casa, creyendo a todos dormidos.
—Li…—musité, con susto, al verlo pasar— ¿Qué haces por aquí tan tarde?
—Paseaba un poco, supongo, para aclarar las ideas… el jardín es muy bonito, buenas noches, Daidoji…—me deseó.
—Buenas noches, Li— sonreí
Sin embargo quedamos así, frente a frente, en el pasillo. Ninguno de los dos se movía, por alguna extraña razón.
Se adelantó, y me abrazó, muy brevemente, al tiempo que me susurraba:
—Cuídate mucho.
Sus palabras me sonaron sombrías, pero siguió de largo, y no pude retenerlo, una mano blanca tomó la mía, haciendo que me girara.
Siempre la identificaría, aún perdida en el medio del océano.
Me sumergí en aquel par de ojos azules. Eriol…
—Vagando nuevamente, mi princesita—me dijo, al tiempo que me besaba en la mejilla
—Supongo que con todo esto, no puedo conciliar el sueño…—admití
—Pues déjeme intentar ayudarla—susurró, y puso sus labios sobre los míos.
El beso continuó, y no nos separamos. La luz de la luna nos volvía igualmente pálidos, casi en sincronía en aquel movimiento. Podía sentirlo sólo a él, y nada más. Sin embargo… la preocupación se transmitía, por parte de ambos, a través de aquel beso.
Nos separamos suspirando, y él me dio un pequeño en la mano.
—Buenas noches, mi lady — sonrió
—Buenas noches, caballero mío—dediqué
Y me retiré a mi cuarto, sonrojada y nerviosa… todo menos calmada, con un… extraño presentimiento.
Sombrío, y de mala espina.
Mientras dormía, sentí, en el brazo derecho, un leve pinchazo, abrí los ojos, pesadamente y me encontré con su cara.
El sopor me inundó, a la misma vez que el terror.
Ya no habría nada que hacer; él se había entregado.
Shaoran PDV
Silencioso, me aseguré de que nadie pudiera intervenir en lo que eran mis planes.
Puede que, a ellos, no les importe la vida de Sakura, que puedan superar el dolor, o que hayan encontrado a alguien que llene sus vidas.
Pero yo… ella era lo único que me quedaba. Era lo único que necesitaba y que me permitía respirar. El solo hecho de mantenerla viva significaba suficiente para mí, y, en la inocencia, me entregué a un trato que, mi parte menos noble me advirtió, probablemente no se cumpliría.
Mas la esperanza me impulsaba a seguir. Un instinto de supervivencia, quizás de miedo, me hizo llevar el broche que los ayudaría a localizarme… o a ella, si les daba el alerta.
Claro que, encenderlo, sólo lo haría cuando supiera que ella estaba libre, solamente hacía falta palparlo levemente.
Supe que aquello era un suicidio…
¿Quién diría? Un alma por otra.
Me dije, a la vez, que era un egoísta… de morir, sería yo quien me ahorraría el sufrimiento, tal vez incluso lo deseaba, si es que la vida ya no tenía nada para mí.
Poco me importaban los billetes, las propiedades, los autos o las mujeres.
Solamente había una para mí. La que, para suerte o desgracia, me hizo sentir, me despertó, a mi verdadero yo… al lobo que hay en mí.
El pasto, húmedo, murmuraba pequeños sonidos al pasar. Seguí el camino exacto que aquel mapa que me habían mandado indicaba, hasta el jardín frontal de una iglesia vieja, abandonada y enorme.
Me quedé quieto, y una voz, detrás de mí, me llamó.
—Supongo que decidiste hacer lo correcto—casi rió, de manera irónica.
Allí estaba nuevamente, ese demonio de ojos marrones, de tacones y expresión fría.
—Poco me importa mi vida ya, si es que no la tengo a ella, supongo tú sabes de eso— escupí.
Palpó mi chaqueta y pantalones en busca de algo, casi se me va el aire cuando rozó el transmisor dos veces.
—Vaya…—comentó— de traje... muy apropiado, pasa, la novia te espera.
Avancé, con paso lento, hacia dentro, cruzando el largo jardín.
El lugar era casi ideal, la hierba crecida, las rosas y flores marchitas. Al entrar, se extendía una iglesia de forma rectangular hacia el fondo, con sus bancos y detalles en madera. Un espectáculo artístico en cada una de las talladuras.
No era muy larga, y por todos lados, telas de araña, cortinas rotas y fuentes secas, daban un aspecto sombrío al lugar.
En el altar, vestida como la última vez que nos casaríamos, estaba Emma.
Sonriendo, burlona, como el mismo gato Chesire.
