CAPÍTULO DIEZ: Vientos de otoño – Primera parte
Michigan, octubre de 1918
En lo alto de una colina, podía apreciarse de mejor manera como el viento del norte soplaba cada vez con más fuerza. Esto hacía que la temperatura de las últimas tres semanas fuera descendiendo de manera gradual, imponiendo a su vez la indiscutible llegada del otoño. No que el cambio de color en las hojas no lo hiciera notorio ni que los días fueran más cortos.
Sentada sobre la hierba en la Colina de Pony, con los brazos extendidos hacia atrás para apoyarse con las palmas de sus manos, Candy admiraba el campo que se extendía frente a ella. Las copas de los árboles empezaban a pintarse con suaves tonos amarillos y naranjas. No podía esperar los siguientes días cuando el color de algunas de esas hojas cambiara a tonos marrones o rojos. La combinación de esos colores siempre le había parecido increíble:
Es tan sorprendente ver que Dios no solo hace que la naturaleza cambie de manera funcional sino que además, ¡también hizo que cuando esos cambios suceden lo hacen tan hermosamente!, Candy pensó para sí.
Apoyando levemente la cabeza sobre su hombro izquierdo, observó el despejado cielo azul que estaba bañado por el resplandor amarillo de los últimos rayos del sol de la tarde. No pudo evitar que el hilo de sus pensamientos divagara en una dirección. Cerró los ojos y soltó un profundo suspiro, curvando ligeramente las comisuras de sus labios. En su mente, la imagen de un cabello rubio relucía bajo los rayos del sol mientras su dueño, un hombre alto y esbelto, poseedor de una dulce y cautivadora sonrisa, vestía de manera elegante en su esmoquin negro y giraba alegremente con ella en una pista de baile. Porque sí, Albert y no el Tío Abuelo William, había bailado con ella en la fiesta de compromiso de Archie y Annie.
Aunque ya habían pasado más de dos meses en que ésta se llevó a cabo, Candy podía recordar cada detalle como si hubiera sido ayer. Aquel memorable día, toda planta en Lakewood se encontraba nuevamente en plena floración, inundando el ambiente con las suaves fragancias de sus flores. En contra de los deseos de la Tía Elroy, los prometidos contando con el apoyo del Tío Abuelo William, habían decidido realizar la fiesta en los jardines en lugar del gran salón del baile aunque esto fuera en contra del protocolo. Annie, quien llevaba un sencillo vestido de chiffon de un tono azul-verdoso, estaba radiante. Se miraba muy hermosa y segura de sí misma, al igual que Archie [44]. Posiblemente ayudó el hecho de que los Leagan decidieran regresar a Florida, disculpándose por no poder asistir a la fiesta debido a compromisos ineludibles previamente establecidos. A pesar de no haberlo comentado entre sí, nadie dudaba del verdadero motivo de su partida; como no habían logrado impedir el compromiso, sumamente irritados optaron por marcharse y no ser testigos de su derrota. Sin lugar a dudas eso fue lo mejor para todos. ¡Quién sabe si hubieran sido capaces de sabotear la entrada triunfal de Archie y Annie! De haberlo hecho, hubiera sido todo un desastre.
Tal como Archie se lo había comentado, hicieron su entrada por el Portal de Agua [45]. Para eso, él le había solicitado a un afamado carpintero la fabricación de un kiosko flotante. Éste había alcanzado su fama por realizar todo tipo de artefactos bellamente tallados que tenían la peculiaridad de flotar en el agua, no solo porque la madera flotara sino gracias al ingenio de su socio, un innovador ingeniero. La decoración final había estado a cargo de una estilista, quien se encargó de decorarlo con todo tipo de flores de la estación.
Candy sonrió ligeramente divertida al recordar el comentario que Archie le hizo a su futura prometida, antes de subirse al kiosko: 'No tienes nada que temer, Annie… Ten la seguridad de que no se hundirá… Ya ha sido probado varias veces con el peso de al menos cinco hombres, y además, no es una invención de mi hermano ni está fabricado según sus planos para que terminemos en medio del lago'.
'Stear… Gracias por haberles dado tu bendición ese día… de alguna manera, siento que también me la diste a mí', pensó Candy al recordar como por un breve instante, tuvo la sensación del suave soplido de una brisa justo en el momento en que Archie y Annie aparecieron frente a todos por el lago y esa sensación volvió a repetirse en la pista, cuando ella estaba bailando con Albert. También recordó como en aquel momento, la mirada de desaprobación que sentía sobre ella por parte de la Tía Abuela Elroy pasó a segundo plano. Todo lo que le importaba en ese momento era la sensación de sentirse brevemente en los brazos de Albert, aunque fuera a través del casto roce de sus manos que la sujetaban con firmeza para guiarla por la pista de baile. Aunque solo bailaron un par de piezas y no de manera continua, fue muy difícil no pensar en él ese día como su amigo, Albert, sino como su tutor, William A. Andrew. Justo como él se lo había mencionado, dejó colgado el papel del tío abuelo, al menos cuando estaba en presencia de ella, Archie o Annie, pero parecía que volvía a personificarlo cuando se apartaba de ellos.
Por si fuera poco, seguía siendo Albert quien la continuaba sorprendiendo con sus inesperadas visitas en el orfanato y no la figura de mayor autoridad de los Andrew. Porque sí, la visita sorpresiva que le hizo antes del compromiso de sus amigos no era la única que le había hecho.
La próxima vez fue al mes siguiente al compromiso y luego, justo el mes pasado. Ahora no solamente era la naturaleza la encargada de recordárselo; era él mismo con su presencia quien se encargaba de hacerlo. Esos breves encuentros hacían que su corazón palpitara con fuerza y la obligaban a esconder sus verdaderos sentimientos, a manera de que él no los descubriera. Pero era justamente en esos momentos donde ella se hacía más consciente de la intensidad de éstos, haciendo que no fuera posible cambiar su esencia. Podría tratar de deshacerse de sus sentimientos románticos si tan solo él se mostrara ante con ella como su tutor y no como su amigo. Si tan solo él levantara una barrera y no insistiera todo el tiempo en derribar la de ella. Si tan solo no la tratara con la calidez de siempre. Si tan solo la dejara de visitar con cierta frecuencia… Pero, ¿a quién quería engañar? ¡Estaba más que fascinada con sus visitas sorpresivas! Es más, ¡Con desbordante anhelo esperaba a que llegara la siguiente, porque estaba segura de que la habría! Ahora solo rogaba que él no se fuera a tardar demasiado en llegar…
'Deja de pensar en eso, Candy… Eso no te llevará a ninguna parte y solo conseguirás seguirte haciendo ilusiones', pensó aún con los ojos cerrados, frunciendo ligeramente el ceño... 'Es mejor que recuerdes que ahora ya ni siquiera cuentas con el calor de su abrazo… Eso debe indicarte algo'.
Y era cierto, él volvió a ser con ella el mismo de antes, nada había cambiado entre ellos a excepción de ese aparente insignificante detalle: ya no habían más abrazos. Si ponía la mente fría otro apremiante detalle la turbaba: hasta el momento, él no había demostrado ni un indicio de un sentimiento diferente hacia ella. Sin embargo, todo era tan confuso en su manera de comportarse.
¿Y si tratas de conquistarlo…?, se le cruzó por la mente pero ante semejante pensamiento, Candy se reincorporó, frunció la nariz, apretó los ojos, mostró los dientes y tomando la punta de una coleta en cada mano, empezó a halarlas hacia arriba y hacia abajo.
— ¡Pero que ideas tan brillantes las que tienes, Candy!, — exclamó, visiblemente exasperada.
— ¿Y te importaría compartirlas? — Candy se congeló en el acto y al abrir los ojos, empezó a bajar las manos aun sujetando las puntas de sus coletas. Palideció instantáneamente al ver apenas a unos metros frente a ella, al inesperado y tan ansiado visitante. — Tal vez pueda ayudarte a decidir si tu idea vale o no la pena llevarla a cabo, — añadió el sujeto con una divertida sonrisa.
Parecía que cada vez que él llegaba ella se encontraba despistada o en uno de sus arranques infantiles. Lo que ella desconocía, es que a los ojos del hombre siempre seguiría siendo simplemente encantadora.
— Albert… — murmuró, sonrojándose con intensidad.
— Y bien, ¿te importaría compartirlas? — volvió a ofrecerle. Aunque en su voz se percibía más seriedad, la diversión seguía brillando en sus ojos.
— Este… no es nada de importancia… Pero… ¿tú qué haces aquí? — respondió nerviosamente con otra pregunta, arreglándose el cabello mientras trataba de calmarse.
Albert dio unas cuantas zancadas hasta llegar a ella y al encontrarse ahí, se sentó a su lado, acomodándose el elegante traje que vestía.
— Tenía planeado venir a visitarte el próximo fin de semana pero me surgió un viaje de último minuto a Boston. Eso hizo que mis planes originales se vinieran abajo. — Hizo una imperceptible pausa y con la mirada al frente continuó, — Sin embargo, hoy llegó esta carta para ti a la mansión y como pensé que te gustaría recibirla, le pedí a George que ajustara mi agenda y así acomodar mi visita para traértela personalmente. — Terminó de decir volviendo a verla, mientras le extendía un sobre blanco con una elegante caligrafía.
Albert no quería perder ni un solo detalle en la expresión del rostro de Candy. Era cierto que el repentino viaje lo había hecho cambiar de planes e inicialmente había pensado postergar su visita, pero la llegada de esa carta… esa carta estaba haciendo desde ya que el tiempo que faltaba para su futura visita fuera para él una eterna tortura. Había empezado a percibir cierto cambio de actitud hacia él en Candy y no quería equivocarse, no podía equivocarse. El presenciar su reacción al recibir esa carta le daría el tipo de información que por el momento necesitaba. No importando cual fuera el resultado, tenía que saberlo, no podría soportar vivir por siempre o al menos por un mes, con la incertidumbre de lo que esta carta provocaría en ella.
— Es una carta de Eleanor Baker [46], — dijo Candy frunciendo el ceño cuando leyó quien era el remitente. En su tono de voz sonó algo de desconcierto. Le era extraño recibir alguna misiva de parte de la madre de Terry.
Pero para Albert, el tono de su voz fue como la más dulce de las melodías, ni se diga la expresión de su rostro... Esa simple e involuntaria reacción le trajo paz y esperanza a su atormentado corazón. En Chicago, cuando leyó quien la enviaba, recordó el informe de Rockstown donde Candy se había reunido con la Srita. Baker. Desde que esa carta llegó a sus manos, miles de pensamientos habían estado atormentando su mente pero ahora, al ser testigo de su reacción, lo que ahí estaba escrito para él carecía de importancia. Es increíble lo que un simple acto puede causar en un inseguro corazón enamorado al no saberse plenamente correspondido, quitándole temporalmente un gran peso de encima, pensó con alivio.
—Así es, — respondió ahora con tranquilidad. — Pero si te escribió es porque debe querer decirte algo importante… Por eso quise traértela enseguida. — Dijo con seriedad, y volviendo la mirada al frente añadió: — Si gustas te dejo a solas para que puedas leerla en privado, — dijo, decidiendo hacer una pequeña prueba más.
— ¡No! — exclamó ella haciendo que Albert volviera a verla, sorprendido por la exclamación. —Eh… quiero decir… — dijo nerviosa, tamborileando los dedos unos contra otros. — No es necesario que te vayas, la leeré después. Además, dijiste que viniste a visitarme, ¿cierto? Cuéntame, ¿cómo están todos? ¿Cómo estás tú? ¿Cómo te va?
Albert sonrió para sí, sumamente complacido por sus palabras. —Todos están muy bien, Candy. La Tía Elroy se puede decir que ha estado bien. Me siento satisfecho ya que desde que tomé el control de las empresas, la he visto más relajada y relativamente de mejor humor. Creo que también le sirvió el hecho de haberse vuelto a tomar unas vacaciones con los Leagan en Florida, — sonrió divertido. — Aunque si te soy sincero, no quisiera estar en los zapatos de Raymond y Sarah, pero ella pareciera estar encantada con la presencia de la tía.
— A mí tampoco me gustaría estar en su lugar, — respondió Candy con una sonrisa. — ¿Y Archie y Annie?
—A Annie casi no la he visto. Desde que Archie está en Boston haciendo un interinato en una de nuestras sucursales, no ha visitado la mansión. Solo escuché que Patty ya regresó a Chicago.
— ¡¿En serio?! ¡Eso es estupendo! Quiere decir que la abuela Marta ya se recuperó. Es una pena que Patty no haya podido asistir a la fiesta de compromiso por haber tenido que ir a Florida para estar con ella pero ahora que se encuentra de vuelta, Annie ya no se sentirá tan sola.
—Eso es cierto, además, podrá estar presente para el servicio conmemorativo de Stear. [47]
Los dos se quedaron en absoluto silencio por un tiempo.
— Ya casi se cumplen dos años de su muerte [48]. — Candy fue la primera en hablar. — Aún me duele no haber podido estar presente en su funeral ni en su entierro.
Albert asintió y enseguida pronunció: — Pero ahora será diferente, Candy. El servicio conmemorativo es el próximo mes y se llevará a cabo en Lakewood, ¿te gustaría asistir?
— ¿Qué si me gustaría? — preguntó con emoción pero luego inquirió de manera vacilante: — Pero, ¿y la Tía Abuela, no se opondrá?
— No te preocupes, Candy. Ya hablé con ella y está de acuerdo en que asistas. — Por respuesta, el rostro de Candy se iluminó. — Bien, entonces, ¿te parece si George pasa a recogerte para llevarte? — Aunque en su interior quería ser él quien tuviera ese honor, debía estar presente desde el día anterior junto a su Tía. Era parte de sus obligaciones.
— Sí, — respondió ella con emoción.
Candy recordó que para la muerte de Stear, Albert y ella aun vivían juntos en el Magnolia. Él había ido en su búsqueda y la había encontrado en el parque, sentada en la rama de un árbol. Ahí, la consoló mientras ambos recordaban a su querido amigo. Por lo tanto, si Albert estuvo allí con ella quería decir que él tampoco estuvo presente en el funeral ni en el entierro. ¿Habría recobrado ya para ese entonces la memoria? Y si lo había hecho, ¿no asistió porque aún no se conocía su verdadera identidad? Candy tuvo el impulso de preguntarle al respecto pero justo en el momento en que abrió la boca para hacerlo, se quedó con las palabras en la punta de la lengua al ser interrumpida por un carraspeo masculino a sus espaldas.
— Señor William, disculpe la interrupción, — pronunció George. — Debemos marcharnos si quiere llegar a tiempo a la estación para tomar el tren de las siete. — Y volviéndose hacia Candy añadió: — Buenas tardes, Señorita Candice.
— Buenas tardes George, — respondió levemente irritada por haber sido interrumpida y que ahora, Albert tuviera que marcharse.
— Perdona Candy pero George tiene razón. Debo retirarme si quiero tomar ese tren, — le dijo mientras se ponía de pie, sacudiéndose la hierba que se le había adherido al pantalón. — ¿Te acompaño al Hogar de Pony? Está empezando a refrescar,— le ofreció, extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.
—Gracias, Albert.
La despedida fue breve, y después de haberse puesto de acuerdo con George en la hora en que éste pasaría a recogerla para llevarla a Lakewood, agitó la mano a manera de despedirse de Albert.
.
Ya en su habitación, Candy se sentó sobre la cama tomando el sobre causante de la inesperada visita. Posiblemente por encontrarse al aire libre, no había notado el delicado y dulce aroma que de éste emanaba. Al abrirlo, sacó una hoja delicadamente doblada y cuando la desdobló, en su regazó cayó un trozo de papel con forma rectangular pero de menor tamaño. Era una entrada para una función de teatro.
'Función otoñal de la Compañía Teatral Stratford
HAMLET
Dirección: Robert Hathaway
Protagonista: Terence Graham[49]
Candy se quedó observando por un momento la entrada y luego, apartando la mirada, empezó a leer la carta.
'Señorita Candy
Le escribo a la residencia de los Andrew ya que desconozco en que otro lugar puedo encontrarla. Por favor, anticipadamente disculpe mi atrevimiento. Usted recordará nuestro encuentro en Rockstown y el motivo de mi presencia en ese lugar. Quisiera compartir con usted mi alegría… Como ambas presenciamos, Terry ha vuelto a ser el actor de antes y lo volvieron a contratar en la Compañía Stratford. Su actuación mejora día a día y le reitero, que ese cambio fue gracias a usted. Su presencia de alguna manera lo sacudió, sacándolo de profundo hoyo en el que había caído.
Le adjunto una entrada para la obra 'Hamlet', donde él obtuvo el papel protagónico. De esta manera usted podrá presenciar la fabulosa interpretación de Terry. Espero que pueda asistir y así, podamos volver a conversar durante su estancia en Nueva York.
Le comento que retomé la película que había dejado pendiente. El director fue muy comprensivo conmigo al conocer el motivo de mi ausencia en el set. Ya hemos terminado el rodaje y prontamente estará proyectándose en las salas de cine.
Espero que se encuentre muy bien. Le envío mis mejores deseos y espero verla pronto.
Atentamente,
Eleanor Baker' [50]
Candy apartó la carta de su mano y volviendo a ver detenidamente la entrada que seguía sosteniendo en su mano, se quedó perdida en sus pensamientos. Aun recordaba el estado deplorable en que había visto por última vez a Terry y como repentinamente éste había cambiado su actuación. También recordaba la conversación que había sostenido en aquella sencilla cafetería con la madre de Terry, donde la corrigió al hacerle saber cuál era el motivo de su presencia en aquel pequeño pueblo: no había ido en busca de Terry, estaba en busca de Albert. Sin embargo, también recordaba el dolor y rabia que había sentido al preguntarse de qué había servido su separación con Terry si él no estaba con Susana. En aquel entonces las dudas habían asaltado brevemente a Candy, en aquel entonces aún estaba reticente a aceptar sus verdaderos sentimientos.
Por otro lado, a pesar de lo que la famosa actriz suponía según la carta, Candy ya estaba enterada del regreso de Terry a Broadway en su papel protagónico como Hamlet y el rotundo éxito que la obra suponía. En poco tiempo, las entradas de la primera temporada se habían agotado y el mismo destino estaban corriendo las de la siguiente. No es que ella hubiera estado pendiente de él; los titulares de los diarios y revistas en los puestos de periódicos se habían encargado de mantenerla informada. Qué decir de los comentarios de las enfermeras aficionadas al actor, más los comentarios de sus propias madres de crianza. Las dos mujeres mayores también lo admiraban y disfrutaban de su éxito.
'Por lo que cuentan, Terence Graham será el mejor Hamlet de todos los tiempos', habían comentado una vez la Señorita Pony y la Hermana María. [51]
Candy no supo cuánto tiempo había pasado contemplando la entrada. Estaba muy feliz porque Terry hubiera retomado su camino y aunque le encantaría presenciar su gran actuación, desde hace un tiempo sabía que nunca lo haría. Años atrás abandonó el teatro para ir en busca de Susana, y ahora entre otras cosas, su promesa a ella se lo impedía. Lo mejor sería hacérselo saber a la Srita. Baker y cuanto más pronto lo hiciera mejor.
'Estimada Señorita Baker,
Le agradezco infinitamente por su carta y su invitación.
No tiene idea del tiempo que pasé admirando embelesada la entrada para la función de Hamlet.
Ya sabía de esta obra por los diarios y las revistas. Siempre trato de evitar información acerca de Terence, pero inexplicablemente siempre termino por recibirla, casi de manera natural.
Ha pasado mucho tiempo desde que hablamos en Rockstown.
Llegué a aquella ciudad por casualidad, durante la búsqueda de un amigo que había desaparecido y a quien le debía la vida. Nunca habría pensado que Terry estaba actuando en el pequeño teatro de una ciudad de provincia, uniéndose a una compañía de actores ambulantes… No puedo expresar con palabras la sorpresa y el dolor que sentí en aquel momento.
Había leído en los diarios que la actuación de Terry se había vuelto menos eficaz, causando que lo despidieran de la Compañía Teatral Stratford. Sin embargo, yo no podía creerlo… Intenté convencerme de que solamente se trataba de rumores.
Terry finalmente estaba ahí, frente a mis ojos… Habría querido lanzarme hacia ese mísero y dilapidado escenario y, entre lágrimas, golpearle con fuerza el pecho. Habría querido preguntarle de qué servía aquella noche en la que nos separamos el uno del otro. Pero no fui capaz. Sin embargo, tal vez, sucedió un milagro y la voz de mi corazón llegó hasta él.
De hecho, repentinamente, pareció que la actuación de Terry volvió a cobrar vida, y por un instante vi resplandecer en él la luz de antaño. En ese momento tuve la certeza de que podía volver a levantarse.
Quería tanto volverlo a ver… pero no de aquella manera…
Cuando salí del teatro, me encontré confundida, ya sin saber qué hacer. En ese momento usted llegó a hablarme. Fue muy amable conmigo, a pesar de que nos habíamos visto una sola vez.
¡Terence Graham ha nacido para ser actor! ¡No puede contentarse con un escenario y con una función de aquel nivel! Pero esto, Señorita Baker, usted lo sabe mejor que nadie.
Aquella noche me di cuenta de que, con discreción, usted siempre ha seguido preocupándose y velando por él. Saber que Terry tiene una verdadera madre me hizo feliz. El hecho de que nos hayamos encontrado en un lugar como ese, incluso me ha hecho pensar que somos empujados por una fuerza misteriosa.
No me sorprendí cuando supe que Terry había logrado volver a ingresar a la Compañía Stratford, obteniendo nada menos que el papel de Hamlet.
Sin embargo, me encuentro obligada a rechazar su afectuosa invitación, Señorita Baker.
Me gustaría tanto verlo actuar, pero al mismo tiempo tengo miedo. Si asistiera a la obra, ciertamente querría reunirme con él. Lo esperaría, para dirigirle al menos una palabra.
Y luego está la promesa que le hice a Susanna Marlowe. Le juré que nunca más nos volveríamos a ver.
Creo que Terry es perfecto para interpretar a Hamlet. Como anticipa la crítica, ciertamente será un gran éxito.
Le ruego me perdone, Señorita Baker. Aprecio inmensamente esto que ha hecho. Con solo mirar esta invitación, me parece poder verlo sobre el escenario y escuchar los entusiastas gritos y los interminables aplausos del público.
Conservaré ésta entrada como el más valioso de los tesoros.
Señorita Baker, esperaré con ansias el lanzamiento de su próxima película, y espero que usted siempre se encuentre bien.
Candice W. Andrew' [52]
Actualizado 14-09-17
oOoOoOo
Notas de pie de página:
[44] Las descripciones de la fiesta de compromiso de Archie y Annie, son parte de las retrospecciones de Candy en CCFS.
[45] En CCFS, en la carta que Candy le escribe a Stear y que vimos en el capítulo anterior, ella le menciona como a manera de chisme los planes de Archie. El kiosko flotante es solo mi imaginación.
[46] En CCFS y en la Antigua Novela, Candy le responde una carta a Eleanor Baker. No nos dice cómo llegó la carta a manos de Candy. Para motivos del fic, la carta llegó a la mansión y posteriormente Albert se la llevó en persona.
[47] Según una carta del epílogo en la Antigua Novela, el servicio conmemorativo de Stear se llevó a cabo al año de su muerte. En CCFS, en la tercera parte, Archie le escribe a Candy tras la muerte de Stear, diciéndole que cuando la guerra termine todos se reunirán en Lakewood para conmemorarlo. La Gran Guerra terminó en otoño de 1918 por lo que coloqué el servicio conmemorativo a finales de ese año.
[48] Basados en el manga, Stear murió en el otoño de 1915. En CCFS el año de su muerte se corre a 1916.
Patty le escribe a Candy justo antes de que Estados Unidos entrara oficialmente a la guerra (abril de 1917), entre otras cosas agradeciéndole por haberles enviado la carta que el superior de Stear le escribió en respuesta. En dicha carta, Rolf Baughmann se disculpa por no responder inmediatamente después de que Candy le escribiera preguntando por la causa de la muerte de su amigo. Da la impresión que la carta del oficial se recibió poco antes a la carta de Patty, y con eso podemos también asumir que la carta enviada por Candy y su respuesta, pudieron darse entre el otoño de 1916 y la primavera de 1917, ubicando la muerte de Stear en 1916. No creo que haya tardado más de un año en darle respuesta.
Hablando en una ocasión con Blackcat, es muy difícil ver los tiempos en el manga ya que solo vemos dibujos pero no dice, es el año tal y tal. Solo tenemos que estar atentas a los cambios de estaciones ilustrados pero no vemos claramente el paso del tiempo. Para interpretarlo todo correctamente hay que ver las viñetas con lupa.
[49] La descripción de la fragancia de la carta y su contenido – la entrada para la obra –, se encuentra en las retrospecciones de Candy en CCFS.
[50] La carta de Eleanor Baker es producto de mi imaginación, basada en la carta de repuesta de Candy en CCFS y de la Antigua Novela.
[51] En la carta no enviada a Terry de la Antigua Novela, Candy escribe sobre esta faceta de sus madres de crianza. Esto fue omitido en CCFS.
[52] Mi traducción IT-ES de la carta de respuesta de Candy a Eleanor Baker en CCFS. Con Ms Puddle nos hemos preguntado cuando Candy le prometió a Susana no volver a ver a Terry y solo hemos llegado a la conclusión, que eso debe estar en alguna parte en CCFS; Candy no le promete nada a Susana en la Antigua Novela.
También, en la Antigua Novela Candy le envía de vuelta la entrada de teatro a Eleanor Baker. En CCFS, la entrada forma parte del contenido del joyero.
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¡Hola a Todas!
Este capítulo fue escrito basado en fragmentos de la Antigua Novela y en CCFS.
No quise ahondar mucho en la fiesta de compromiso de Archie y Annie, solo mencionar los pequeños detalles que se nos dan en CCFS. De la carta de Eleanor no hay mucho más que decir, solamente que debió haberla enviado en otoño o quizás a finales de verano, ya que como vimos, ésta contenía una entrada para la temporada teatral de la nueva estación.
Gracias nuevamente a todas las que siguen la historia y las que día a día empiezan a leerla. Sin ustedes, ésta historia no existiría. Mis especiales agradecimientos a quienes me dejan sus bellos comentarios y también mil gracias a todas las que leen bajo el anonimato.
Mis especiales agradecimientos van para: Lizvet Ardray, Nadia M Andrew, Scarlett Northman, maravilla121, Blackcat2010, mfloresmayes, Amigocha, Josie, Lukyta, Lady Lyuva Sol, Chicuelita99, Paolau2, Faby Andley, Ms Puddle, Liovana hernandez gonzalez, lady susi, Antlay (Bienvenida), Keila Nt y Veronique (Bienvenida).
