MOON GOSHT
Para investigar la verdad
Es presido dudar,
En cuanto sea posible,
De todas las cosas
(René Descartes)
|Capitulo diez: Rompe reglas
— ¿Aun te duele? —me preguntó casi divertido. Extendió sus dedos y los pasos a través de mi tobillo, mandando una pequeña corriente eléctrica a todo mi cuerpo —. Aún no entiendo como haces para meter el pie en una madriguera de conejo.
—Es tu culpa por esconderte de mí. Si no te hubieras escondido, yo no te habría buscado y claramente no me hubiera torcido el tobillo.
—Ok. Ok —levantó las manos en señal de derrota — ¿Qué puedo hacer para que me perdones?
—Creo que estaría bien que metieras el pie en la madriguera y te torcieras el tobillo —sonreí.
—Hum,… creo que paso —me ayudó a ponerme de pie —. Ya pensaras en algo más.
—Dalo por hecho.
— ¿Puedes caminar?
—En parte —apoyé la punta de mi pie e hice presión. Dolió, pero no era tanto como para no poder caminar, pero sí para cojear.
—Espera, te ayudo —apegó más su cuerpo al mío y pasó su brazo sujetando mi cintura. Mi cuerpo reaccionó al instante y mis mejillas se sonrojaron. Claramente, él no sabía lo que causaba en mí.
— ¿Qué hora es? —le pregunté tanto por querer saber y por pensar en otra cosa que no fuera el calor de mis mejillas.
—Las seis y treinta. Y ya estamos algo alejados de la casa, así que mejor volver ahora para llegar cuando mi padre esté ahí.
—Bien —puse mi mano sobre la que sujetaba mi cintura y la otra alrededor de la suya propia para poder sujetarme mejor y poder caminar.
—Por qué mejor, no te llevo yo.
—Porque si camino, más pronto me dejará de doler. Y eso me recuerda, ¿Quién en Shippo?
—Mi hermano pequeño.
—Oh, sí. Creo haberlo visto cuando salí de tu habitación. Estaba jugando un videojuego.
—Claro. Él siempre pasaba todo su tiempo en la casa del árbol. Ahora está obligado a jugar dentro.
— ¿En realidad Miroku incendió su casa?
—Es lo más probable. Le encanta jugar con fuego.
—Woah… ¿Seguro que está casado?
—Bueno, hubo una gran celebración, un vestido blanco y un 'acepto'. Así que pienso que sí.
—Pero pudo ser que la gran celebración haya sido solo una fiesta de domingo, el vestido blanco un simple vestido de noche y el 'acepto' pudo decirse cuando aceptó un baso de bebida.
—No había pensado en eso. Mira que gran imaginación la tuya —yo reí por lo bajo y él pellizco la punta de mi nariz.
—No es imaginación, soy realista.
—Ok, entonces se realista en esto. Un hombre lobo y una chica que sabe leer la mente.
—Eso es irrelevante.
—Como tú digas.
Me sujeté más fuerte a su cintura para poder caminar mejor. Miré a mí alrededor, grandes árboles nos rodeaban hasta donde mi vista alcanzaba a apreciar. Bajo mis pies, hojas secas crujían en cada paso que dábamos y pequeños animales se atravesaban por nuestro camino rápidamente. Todo aquello era bastante relajante, pero yo no podía estar tranquila del todo, había cosas muy importantes en las cuales pensar y otras cosas que preguntar.
Yo tenía algo muy claro, desde el preciso momento en el que InuYasha dijo que tenía que venir a su casa, eso me sonó más bien a 'huir'. Y yo conocía a InuYasha, o bien creía conocerlo, como para saber que había algo detrás de todo esto, algo muy serio como para que no me lo haya contado. Y todo me llevaba a pensar que todo estaba centrado en San Luis. Era un presentimiento, tonto quizá, pero me dejaba lo bastante intranquila sabiendo que mi madre estaba ahí, sola. Sin mí.
— ¿Cuándo podré volver a San Luis? —Mi voz sonó baja, y rogué para que no notara el rumbo desconocido e intranquilo que estaban tomando mis penSamientos.
—Cuando todo esto acabe —me contestó serio y tranquilo.
— ¿En uno o dos siglos más? —fruncí el ceño y me detuve. Por consecuencia el también tuvo que detenerse y yo me moví para poder quedar frente a él y mirarlo a la cara —. Creí haberte escuchado decir que esto tiene una larga historias hacía atrás.
—Es distinto —me dijo sereno y casi desafiante. Entonces recordé ya haberlo visto así una vez, en San Luis. Cuando concluí que era algo paralelo a la realidad y me atreví a preguntarle. El actúo de la misma manera que ahora, tratando de intimidar para no preguntar más. Pero yo no tenía miedo.
— ¿Por que siempre evades mis preguntas?
—No las evadiría si no preguntaras.
—Me es imposible no preguntar cuando tú actúas como si algo pasara.
—Yo no actúo de ninguna manera.
—InuYasha, dime. ¿Hay algo que no me has contado?
—Nada —dijo, firme.
— ¿Quieres que finja que nada pasa? —apreté los puños.
—Eso sería muy agradable.
—Bien, entonces yo no sé nada. Así que me voy a mí casa —dí medía vuelta y como pude di dos pasos. Al segundo InuYasha estaba frente a mí.
— ¿Cómo que te vas a casa?
— ¿Por qué no he de ir? Después de todo, soy totalmente ignorante a todo lo que es peligroso para mí. Y solo quiero irme a mi casa, con mi madre si es posible.
—Tú no puedes volver ahí —dijo fuerte y yo fruncí el ceño.
— ¿Me lo impedirás? —bien; yo sabía que era una completa tontería intentar pelear con él, sabiendo muy bien que si se lo proponía, con solo sujetar mi muñeca yo no podría moverme ni un centímetro.
—Quizá lo haga —se acercó a mí, casi pareciendo un animal mirando a su presa.
Lo miré de frente, sintiendo las ganas de voltear y dejar de mirar sus ojos, pero si yo no era fuerte en éste momento, no sabría la verdad de todo. Permanecimos aquí, parados, mirándonos y completamente inmóviles por unos largos minutos que parecían interminables. Pude ver sobre su cabeza como el cielo estaba teñido de plomo, fui consiente en ese minuto de que el ambiente estaba húmedo y frío. Las brisas que acariciaban mis brazos y mis mejillas eran heladas y no dudaba de que tuviera carne de gallina en ese momento. Pero apenas si lo hice notar. Yo tenía que estar firme, sin flaquear, estaba en medio de una batalla de miradas que estaba segura perdería.
Y cuando sentí que ya no tenía fuerzas para pelar, use el plan B.
Nada de lo que yo estaba haciendo y diciendo era verdad. Pero sabía que era la única forma de que él me dijera algo. Dí un paso y cruce junto a él fingiendo estar dispuesta a irme, si el me necesitaba tanto cerca de si como yo a él cerca de mí, no me dejaría ir. Pero nada fue como lo planee, él no me detuvo diciendo perdón y explicándome lo que realmente sucedía. Al contrario de todo eso, sujeto fuertemente mi antebrazo y me hizo girar de tal modo que creí que tropezaría y caería si no fuera por su presión en mi brazo y por el hecho de sentir el duro y frío tronco de un gran árbol en mi espalda. Solté un jadeo y temblé un poco al sentir la humedad tocar mi espalda hasta el momento tibia.
Abrí los ojos dispuesta a decir algo, pero me encontré nuevamente con la mirada de InuYasha muy cerca, lo bastante como para cortarme la respiración por unos segundos.
—I-InuYasha… —alcancé a susurrar. No estaba asustada, pero si bastante sorprendida. Ésta era, seguramente, la primera vez que veía a InuYasha tan… salvaje.
— ¿No entiendes que todo esto es por tu bien? —sí, salvaje… su voz era tan salvaje que erizaba los bellos de mis brazos y hacía que mi corazón bombeara rápidamente.
—No. No lo entiendo —respondí y tragué duro.
Sentí el ruido de la madera crujir junto a mis oídos, donde sus manos hacían tanta presión que sus dedos se incrustaron en el duro tronco. No sabía que tan fuerte podía ser hasta ese momento.
—Quiero que estés a salvo —volví a sentir la madera crujir y ví como los músculos de sus brazos se hinchaban. Me vi envuelta en la sinceridad y desesperación de sus palabras.
—Y yo quiero la verdad. Toda —lo miré de frente elevando mi mentón. Nuestros rostros quedaron a tan poca distancia que podía sentir su pesada e irregular respiración chocar en mi boca.
—No te vas a ir —me dijo y el azul de sus ojos se volvió oscuro.
Fue entonces que entendí que realmente estaba enfadado y al borde de transformarse en el enorme lobo. Quizá mi bromita había ido muy lejos, pero ya no podía dar marcha atrás, pero tampoco seguiría enfadándolo más.
—No me voy a ir, InuYasha —le sonreí con la mejor sonrisa que pude tener en toda esa tensión —. Me voy a quedar cuanto tiempo sea necesario. Pero yo necesito saber que está pasando…
—Quiero protegerte —un calor recorrió todo mi cuerpo ante la sinceridad y profundidad de sus palabras. Alargué mis brazos hasta abrazarme a su espalda fuertemente, ocultando mi cabeza en su amplio pecho. Inhalé prefundo, llenándome de su olor y creyendo que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Junto a mi oído podía sentir como su corazón palpitaba locamente, debía suponer que era por el mal rato que le había causado. Sentí mis mejillas arder, pero no me sentía avergonzada, un calor hermoso me estaba recorriendo por dentro y sentía que en cualquier momento me incendiaria viva, ni siquiera notaba ya el viento frío pegar contra mis brazos.
Suspiré y acaricié su espalda como si estuviera tranquilizando a un bebe, dando pequeñas palmaditas de vez en cuando. Finalmente, pude sentir como su cuerpo dejaba de tensarse y sus fuertes respiros —casi gruñidos— bajaban de tono. Volví a sentir el ruido de la madera crujir antes de notar como sus brazos caían a cada lado. Entonces me separe de él y le miré.
—Deberías tomar terapia contra la ira —dije divertida y la parte izquierda de su labio se curvo hacía arriba. Sonreí.
—Nunca nadie me ha sacado de quicio como tú —me confesó y yo no me sorprendí. Tenía esa manía de sacar de sus casillas a mi madre o ha Gabriel todo el tiempo.
— ¿Eso me pone en tu baúl de los recuerdos, para siempre? —le pregunté curiosa, y secretamente ansiosa de que me recordara por siempre.
—Créeme, ya estas en mi baúl de los recuerdos por diversas cosas.
— ¿Una de esas seria, quizá, mi increíble encanto para conocer a las personas?
—Indudablemente, esa sería una —me respondió y tomo algunos mechones de mi cabello que caían sobre mis mejillas y las arrastro hasta dejarlas detrás de mi oreja. Le sonreí con las mejillas ardiendo, avergonzada de ese simple hecho que había repetido desde que nos conocíamos, y él se inclinó lo suficiente para que sus labios tocaran mi mejilla.
Me quemó.
Entreabrí los labios y solté todo el aire que tenía hasta ese momento en mis pulmones. Sus labios, siempre suaves, aun se reposaban en mi mejilla, demasiado cerca de mi boca como para que yo perdiera todo el sentido común y lo abrazara por la espalda desesperada de que ese leve contacto jamás terminara. O si era posible, que sus labios se movieran un poco hacia los míos…
El frío me pego de golpe a la cara. Tuve que obligarme a abrir los ojos y observar como pequeñas gotas traslucidas caían sobre nosotros y sobre todo a nuestro alrededor. InuYasha también debió sentirlo, ya que se separó, a desgracia mía, y miró el cielo.
—Creo que veríamos irnos —me miró.
Apreté los labios y agarré más fuerte su camisa entre mis manos —ya que aún no le soltaba del todo— y quise decirle que la lluvia no era tan mala, que si a él no le importaba, a mí tampoco. Solo quería que volviéramos a estar como estábamos hace unos cinco segundos.
Pero el no estar acostumbrada a este tipo de clima me hizo comenzar a temblar al sentir mi ropa pegada a mi cuerpo.
—Estas temblando. Vámonos a casa —asentí y se acercó para poder pasar su brazos por mi cintura y ayudarme a caminar.
Una vez que estuvimos dentro, Izayoi nos tendió un par de toallas y regañó a InuYasha por haberme tenido tanto tiempo fuera sabiendo que podría llover. Pasamos por el living y mi respiración se cortó y mi cuerpo comenzó a temblar.
Sentado en el mismo sofá en el que ésta tarde estaba sentado Miroku, un hombre, exactamente igual a InuYasha, nos estaba esperando. Sus ojos azules (con el brillo dorado de fondo) me miraron tan profundamente que creí que mis piernas flaquearían, y si no hubiera sido por el brazo de InuYasha que se mantenía alrededor de mi cintura, estaba completamente segura de que hubiera caído de rodillas.
— ¿Kagome? —me preguntó y le reconocí enseguida. Él era el padre de InuYasha.
—Sí —asentí.
—Que bueno que llegas —me sonrío y yo relajé mis hombros un poco — ¿Qué le pasó a tu tobillo?
—Yo… —me mordí el labio —. Me caí.
—Dentro de una madriguera de conejo —completó InuYasha, y a lo lejos, por el pasillo, se escucho la estrepitosa carcajada de Miroku.
—Gracias —fruncí el ceño mirando a InuYasha. Éste me sonrío.
—Bueno; ¿Estas lista para conversar?
—Supongo que sí…
—Papá, espera —dijo rápidamente InuYasha —. Deja que se cambie de ropa, está toda empapada. No quiero que pesque un resfriado.
—Seguro.
Yo asentí e InuYasha me acompañó hasta su habitación. Me cambie y volvimos a la sala. A éstas alturas, mi tobillo estaba menos hinchado y podía moverlo un poco más. Nos sentamos en el mismo sofá de esa mañana y en exactamente las mismas posiciones. Uno al lado del otro.
—Ok. Ésta es una pregunta bastante tonta pero necesaria, ¿Tú padre es Chiaki Miller, verdad?
—Sí, o por lo menos eso es lo que dice mi apta de nacimiento y mi madre —contesté con todo el humor posible para poder sacar la tensión del ambiente.
—De acuerdo —hizo una pausa —. InuYasha me dijo que ya tienes total control sobre tu poder.
—Eso creo —me encogí de hombros y le pregunté lo mismo que le había preguntado a InuYasha semanas atrás — ¿Eso es malo?
—No, no es malo. Por lo menos, nos estás ahorrando a todos nosotros un fuerte dolor de cabeza.
—Supongo que sí —sonreí de lado mirando a InuYasha.
—Pero… —continuó y yo me asusté. ¿Por qué siempre tenía que haber un pero en todo? —. Eso puede hacer que ellos te deseen más.
— ¿M-más? —tartamudee e inconscientemente agarré la mano de InuYasha.
—Papá, eso es inerario de explicar —dijo a mi lado y yo fruncí un poco el ceño. InuYasha claramente se encargaba de contarme la mitad de cada historia o teoría.
—Ella es consiente de todo lo que pasa a su alrededor, por lo tanto tiene que también ser consiente de la gravedad del asunto —claro, eso era… éste asunto estaba mucho más allá de lo que yo pudiera imaginar. Por eso habíamos escapado de San Luis —. Sigamos; Kagome, ¿Cómo te enteraste de InuYasha?
— ¿Cómo, dice? —me encogí de hombros —. No sé, la primera vez que le vi… ni siquiera le vi realmente, estaba casi muerta en ese momento —hice una pausa y todos se quedaron en completo silencio —. Y bueno, después entró a trabajar a mi tienda y… digamos que de apoco fui entendiendo que yo le causaba un dolor de cabeza. Prácticamente él lo pensaba todo el tiempo —sonreí e Izayoi soltó una risita. InuYasha bufó —. Y luego, nuevamente cuando estaba en peligro, apareció en su forma de lobo y… no sé… solo lo supe —me encogí de hombros.
— ¿Solo lo supiste? —preguntó Izayoi.
—Sí… fue extraño y muy rápido. Sabía que era tonto pensar que ese animal pudiera ser InuYasha, pero solo lo sabía.
—Entiendo —me dijo Inu No apoyando sus codos en sus rodillas — ¿Sentiste miedo?
—No —dije sin dudar.
— ¿Estas consiente de qué es lo que quieren éstas criaturas?
—A mí.
— ¿Les tienes miedo?
—Pavor.
— ¿InuYasha te contó por qué estas criaturas te quieren?
—Por mi poder.
— ¿Sabes cuales son las dos alternativas en las que piensan?
—Sí.
— ¿Ninguna te agrada?
— ¡No! —dije casi horrorizada — ¿Por qué pregunta eso?
—Entiendo que te asuste que te pregunté esto. Pero nosotros tenemos que saber si quieres o no vivir tal como están las cosas.
—Me gusta la idea de vivir y no morir. Claro, vivir comiendo alimento normal.
—Bien. ¿Cuántas veces te han mordido?
—Cuatro, creo. Pero no ahí cicatrices.
— ¿Tú sabías de ellos, desde antes o lo supiste cuando intentaron matarte?
—Antes. Al principio pensé que eran maniáticos con graves problemas a la cabeza, pero después supe que no.
— ¿Nunca te habían atacado antes?
—Normalmente yo me escapada de ellos. Leia sus mentes para saber donde estaban.
—Inteligente. Y por ultimo, ¿Sabes por qué InuYasha te trajo aquí?
—Solo entiendo que estoy en verdadero peligro.
—Con eso basta —claro que no bastaba, por lo menos para mí—. Ahora es tu turno, ¿Quieres preguntar algo?
—Sí.
—Bien, soy un libro abierto. Pregunta lo que quieras.
— ¿Por qué los hombres lobos nos protegen?
—Muy buena pregunta —sonrío —, pero es una larga historia, por qué mejor no preguntas otra cosa, y mañana te cuento la historia.
—Está bien —fruncí un poco los labios, tendría que esperar hasta mañana. Pero de todas formas tenia un par de preguntas más que hacer — ¿Es solamente su familia la que nos protege? InuYasha me comentó que hay muchos de ustedes en diversos países.
—Pues, es algo que rota dependiendo del lugar en el que ustedes estén —me comentó —. Comenzaron en Inglaterra, por lo tanto los que vivían en ese continente se hicieron cargo, con los siglos, han ido emigrando por diferentes países hasta llegar aquí.
— ¿Su familia es la única que vive en Estados Unidos?
—No. Hay unos en Míchigan y otros en Kentucky. Nosotros éramos los más cercanos.
—Ya veo —contesté ante lo posiblemente cerca que estuve de haber sido protegida por cualquier otra persona aparte de InuYasha… pero— ¿Por qué InuYasha? —voltee a verlo — ¿Por qué no Miroku o usted? ¿Por qué InuYasha? —repetí.
—Pues, eso es fácil de contestar —me sonrío —. Miroku ya estaba casado cuando supimos que tú existías, por lo tanto no queríamos separarlo de su mujer, o mandarlos a ambos allí. Así que mandamos a InuYasha, que fue el que siempre tuvo ese instinto de matar más fuerte que todos nosotros.
—Oh, ya. Creo haber visto algunas de sus creaciones pegadas a la pared de su habitación —reí por lo bajo e InuYasha volvió a bufar.
—Le encantaba dibujar esas cosas —dijo Izayoi sonriendo y poniéndose de pie —. Ya. La cena está lista ¿Vamos?
Todos asentimos y ayudé a poner los platos en la mesa. Inu No se sentó en la cabeza. Junto a él Izayoi y Shippô, dejando que apreciara por primera vez su cabello rojizo y su parecido a Miroku. Y junto al supuesto puesto vacío de Miroku, InuYasha y yo.
— ¡Eso es genial! —gritó Miroku cuando se sentó por fin a la mesa con el celular pegado a su oído — ¡Súper genial! —gritó casi tan emocionado que yo creí que lloraría.
— ¡Que alegría! —gritó Izayoi mientras Inu No golpeaba el hombro de Miroku con claramente un orgullo paterno. Fruncí el ceño, ¿Otra vez me estaba perdiendo algo importante?
—InuYasha —le susurré y tiré de su manga para que acercara su oído a mi boca — ¿Qué me estoy perdiendo?
—Sango esta embarazada —me contestó y yo solté un leve quejido de sorpresa. Miroku volvió a hablar.
— ¿Cuándo estarás aquí? ¿Qué? ¿Tanto?
—InuYasha —volví a jalarlo — ¿Me traduces por favor? —rogué.
—Sango dice que estará aquí mañana por la noche —me dijo y yo rodee los ojos.
— ¿Eso es 'tanto'?
— ¡Olvídalo! —gritó Miroku poniéndose de pie — ¡Iré yo mismo! Espérame —luego, colgó el teléfono — ¡Familia, me voy por unos días! —gritó muy emocionado.
—Mándale saludos de nuestra parte —dijo Izayoi, sonriendo.
— ¡Claro! —sonrío y salio corriendo de la habitación. Ahora yo tenía otra pregunta.
—InuYasha, ¿Dónde está Sango?
—En Míchigan. Fue de visita por sus padres.
—Ok… un momento, ¿Miroku fue corriendo?
—Tiene que gastar toda la energía que tiene de alguna manera —me sonrió y yo no pude evitar imaginarme a un Miroku lobo, corriendo con la lengua afuera y meneando la cola de un lado al otro.
— ¿No lo verán?
—Si va corriendo apegado a la frontera, no lo creo.
—Ya veo.
—Y dime, Kagome —dijo Izayoi — ¿Tú piensas tener hijos algún día? —sabía que lo preguntaba con la típica curiosidad con la que preguntaba una madre, pero no pude no atorarme con un trozo de patata hasta comenzar a tocar. InuYasha me jaló a él y amablemente golpeo mi espalda hasta que la patata pudo seguir su rumbo tranquila hasta mi estomago — ¿Pasa algo? —preguntó curiosa. Yo negué rápidamente con la cabeza.
—No… yo… —me encogí de hombros y me senté bien.
— ¿No quieres hijos? —me preguntó.
—No había pensado en eso… nunca —aseguré —, pero… si es la sangre la que trae éste… 'don,' preferiría no tener hijos…
— ¿Es por el peligro? —preguntó Izayoi —. Sabes perfectamente que no le pasara nada mientras nosotros estemos aquí.
—Lo sé, y confío en verdad —me sentía muy extraña discutiendo sobre el futuro de un hijo que ni siquiera concebía—. Pero fuera de eso, vivir con esto no es fácil. Tantas voces es algo que te lleva al límite de la locura.
—Supongo que sí —dijo casi desanimada.
Luego de eso comenzamos a comer tranquilos y en completo silencio. Durante toda la cena y aún después, pude sentir como mis mejillas no podían estar más calientes.
— ¿Dónde dormirás tú? —le pregunté a InuYasha una vez que me acomodé bajo las sabanas de su cama.
—En la habitación de Miroku —me contestó sacando de una mochila determinada un Notebook plateado.
—Tengo una pregunta.
— ¿Cuál?
— ¿Cuánto dura el periodo de gestación para ustedes?
— ¿Por qué preguntas eso? —dijo casi divertido.
—Curiosidad.
—Nueve meses, supongo —rodó los ojos — ¿Sorprendida?
—Si.
—Quien te entiende —me extendió el notebook ya encendido — ¿Qué era lo que querías buscar en Internet?
—No lo sé. Algo supongo —respondí y él enarco una ceja.
—'Algo' claro —se echó de espaldas a los pies de la cama.
Sonreí cómplice al darme cuenta lo de cercanos que nos habíamos vuelto últimamente. Mi mente tuvo una especie de Flash Back y no pude evitar recordar lo que había pasado esa tarde. No pude evita recordar su rostro, contraído y enfadado, demasiado salvaje para ser el InuYasha tranquilo que siempre había conocido, pero no así más aterrador. Y sus labios, tan calidos y suaves presionando contra mi mejilla. Mi rostro volvió a arder al recordar las increíbles ganas que sentí en ese momento de que me besara y no me soltara.
— ¿Qué estas buscando? —me preguntó curioso cruzando los brazos atrás de su cabeza.
—Puse en Google la palabra 'Lobos'
—Interesante —sonrío de lado — ¿Y que dice?
—Oh. Muchas cosas —sonreí maliciosa —. Ahora estoy precisamente en la parte donde explican la época de apareamiento —se sentó de golpe en la cama — ¿Sabías que un lobo joven…-
— ¡Dame eso! —gritó y arrebató el Notebook de mis brazos. Miró atentamente la página y yo no pude evitar soltar una carcajada cayendo de espaldas a la cama y revolcándome entre las sabanas —. No hay nada aquí sobre lobos.
—Es que… Díos… —intentaba hablar pero no podía parar de reír — ¡Hubieras visto tu cara! —grité entre lágrimas y carcajadas.
—Que divertida —me dijo y apagó el Notebook devolviéndolo a la improvisada mochila.
—Ya. Ok. Me calmé —respiré profundo y quité las lagrimas de mis ojos —. Era solo una broma —le sonreí y él rodó los ojos.
—Buenas noches.
—Bye-Bye.
Me acurruqué bajo las sabanas y él apagó la luz y cerró la puerta. Todo quedo en completo silencio en la habitación, respiré hondo, una, dos… y tres veces más hasta dejar pegado el olor de InuYasha en mis fosas nasales.
Mañana había muchas cosas que hacer, o mejor dicho, que responder. Sabría la razón por la que los lobos eran 'guardianes' y despejarías mis dudas sobre eso. Luego, le preguntaría a InuYasha cuando estuviéramos a solar, por qué todos se sorprendieron de que fuera de una chica, y tercero y no menos importante, le haría decirme lo que realmente estaba pasando. Sí, muchas cosas para un día.
Me tape hasta la cabeza y suspiré relajada. A los minutos ya estaba sumida en un sueño profundo. Y donde, extrañamente, estaba mi padre.
Me desperté en el segundo exacto en que InuYasha abrió la puerta de la habitación. Mi corazón latía demasiado rápido y una capa de sudor cubría mi frente, sin embargo, me era imposible recordar que estaba soñando.
— ¿Vamos a caminar? —me preguntó sentándose en la cama.
— ¿No caminamos suficiente ayer? —moví mi tobillo un poco y ya no sentía dolor.
—Supuse que querías preguntarme algunas cosas.
— ¿Por qué supones eso?
—Porque tú eres muy curiosa
—Oh. Ya —me encogí de hombros —. Creo que sí.
El sonrío de lado y me dijo que el baño estaba libre si quería ducharme antes de salir de la habitación. Busqué entre mis maletas unos calcetines blancos, largos y gruesos, unos Jens azules, una camisa y una chaqueta. Ahora sabía perfectamente que andar con algo sin mangas haría que me resfriara.
Me duché y vestí. Bajé cuando Izayoi estaba preparando el desayuno y Shippo le ayudaba a poner la mesa. Me ofrecí a ayudar y mientras lo hacía, buscaba a InuYasha con la mirada por toda la casa. Finalmente lo encontré en el patio trasero, a través del gran ventanal de vidrio del living, podía verlo perfectamente como se estiraba. Desayunamos y yo con InuYasha nos fuimos a dar un paseo.
Nos internamos en el frío bosque hablando de cosas realmente triviales pero divertidas. Caminamos sintiendo el pequeño ruido de las hojas mojadas a cada paso y llegamos al mismo lugar donde estuvimos ayer. Me acerqué presurosa al árbol y con mis dedos palpé el lugar donde había diez agujeros diminutos. Sonreí e incruste mis medos ahí sintiendo la madera dura y reseca.
—InuYasha, mira, mira —le llamé y acudió de inmediato —. Tengo mis dedos aquí y aún así sobra algo de espacio en cada uno. Tus dedos son más largos y gordos que los míos.
—No. Los tuyos con más pequeños y delgados que los míos —sonrío de lado y yo no pude evitar soltar una carcajada.
Saqué mis dedos de los agujeros y voltee para verle completamente.
—Necesito hacerte algunas preguntas —de dije lo más tranquila y serena que podía. Él dudó por un minuto, pensando que tipo de preguntas haría — ¿Sí? —entonces asintió.
Respiré hondo y pensé con cual de todas las preguntas que tenía podría comenzar. Apoyé mi espalda en el tronco del árbol y le pregunté:
—Mi madre me contó que cuando ella y mi papá aún eran novios, él se fue —hice una pausa — ¿También el estaba en un peligro tan grande como yo, para que escapara?
—Eso… —de pronto, su rostro se torno serio y hasta cierto punto siniestro. Tragué duro y un escalofrío recorrió mi cuerpo —… no lo se —dijo en el tono más sincero que alguien pudiera mentir.
— ¿He? —despegué mi espalda del árbol y me acerque a él — ¿Cómo que no lo sabes?
—Ya te lo he dicho un millón de veces —puso los ojos en blanco —, a mí solo me dijeron lo justo y necesario, lo demás lo hee averiguado por mi cuenta —me miró y suspiró. En mi rostro se notaba que no me podía tragar ni una de sus palabras —. Cuando me dijeron de ti estaba durmiendo y babeando sobre mi cama. Y todo fue demasiado rápido que a los tres días ya estaba sobre un avión.
—Ok, quizá pueda creerte —abrió la boca para decir algo, pero me adelante —. Entonces otra pregunta, ¿Qué fue exactamente lo que te dijeron de mí?
—Que tenías veintidós, que no sabíamos de ti porque tu padre apenas se había enterado un día antes de su muerte y las respuestas que te he dado en algunas preguntas —habló tan rápido que tuve que concentrarme más de la cuenta para entenderlo —. Ahora tengo una pregunta para ti —Fruncí el ceño.
—Ese no era el trato.
— ¿Hicimos algún trato? No, verdad. Pero hagámoslo ahora, si no contestas mis preguntas, yo no contestaré las tuyas.
— ¡Pero si ya sabes casi todo de mí! —grité recelosa.
—Exacto, sé casi todo de ti.
— ¿Estas tratando de hacerme enojar?
— ¿Si te hago enojar aceptaras el trato?
—Creo que enojada o no, me obligaras a aceptar.
—Probablemente.
—Ya. Arrójala —suspiré vencida.
— ¿Por qué no fuiste a la Universidad? —ya, esto era tonto.
—Odiaba estudiar —fruncí el ceño.
—Pero tus calificaciones eran unas de las mejores —me respondió totalmente calmado.
— ¿Cómo sabes eso? —abrí fuertemente los ojos y el sonrío — ¡Ya! Olvídalo, no sé ni para qué pregunto.
— ¿Entonces?
—Solo copiaba lo que los demás pensaban —me encogí de hombros. Mi pequeño secreto salido a la luz —La respuesta que estaba en la cabeza de la mayoría de la clase, debería ser la correcta.
—Copiona.
— ¡Era totalmente inconsciente! —me defendí —. Pero es mí turno.
—Adelante.
— ¿Apesto?
— ¿Qué? —abrió los ojos realmente confundido — ¿Por qué me preguntas eso?
—Porque realmente quiero saberlo —hice un puchero —. Cada vez que me encuentro con esas criaturas, dicen que mi hedor les picar la nariz. ¡Hedor! ¿Entiendes?
—No puedo creer que me preguntes eso.
—Tiene mucho sentido, por lo menos para mí. ¡Me comparan con alguna sustancia en descomposición! —fruncí el ceño — ¿Sabes donde está mi autoestima en éste momento?
—Realmente creí que tenías preguntas más importantes que esa.
—Es una pregunta importante para mí.
—Ya. Tú no tienes un 'Hedor' ¿De acuerdo?
—Okai, hedor no tengo, ¿Pero aún así mi olor apesta?
—No. Pica, pero no.
— ¿Cómo que pica?
—Es mi turno —me dijo tajante y yo arrugué la nariz —. Siempre has tenido tres amigos, ¿Verdad?
—Eso creo —entrecerré los ojos — ¿Por qué?
— ¿Alguna vez notaste algo raro en ellos?
—No lo creo —levanté el dedo —. Es mí turno. ¿Por qué dices que mi olor pica?
—Todos los tuyos tienes un olor picante. Es una forma de encontrarlos tanto para mí como para ellos. ¿Alguno de ellos, además de Gabriel, sabe de tu poder?
—Ayumi lo descubrió cuando trabajaba con ella, fue un descuido. Pero Kikyô siempre fue demasiado despistada y extrovertida como para darse cuenta, si te digo que me olió cuando nos conocimos. Ahora yo, ¿Qué clase de información me estas intento sacar? —fruncí el ceño y él guardo silencio —. Si me lo preguntaras de una vez, todo sería más fácil.
— ¿Quién dice que te estoy sacando información? Solo quiero saber.
—Bien; entonces contéstame esto. ¿Qué ahí realmente en San Luis? ¿Dudas de mis amigos? —oh, claro que él dudaba de mis amigos, ¿Por qué me preguntaba de ellos entonces?
—Yo no…—intentó decir, pero me adelante.
—InuYasha, ya basta. Sé que no quieres hacerme daño con todas las respuesta que pido, pero yo necesito saber —apreté los puños —. Mi mamá aún esta allí, y necesito saber que pasa.
—Ya. Supongo que sí —miró derrotado el cielo y me sentí culpable por hacerlo sentirse mal — ¿Caminamos?
—Sí.
Me puse junto a él y comenzamos a caminar sin hablar por un buen rato. Las hojas aún húmedas tanto por la lluvia de ayer como por la humedad del ambiente susurraban algo casi inaudible para mis oídos humanos. Entonces me pregunté como se sentiría tener todos mis sentidos mucho más desarrollados como los de InuYasha. Poder oler las cosas que no tenían olor –para los humanos-, escuchar el latido del corazón del otro sin tener la necesidad de pegar el oído a su pecho y ver más allá de las nubes.
Levanté el rostro y miré las nubes grises amenazantes con llover nuevamente. Sentí una pequeña presión en mi pie, impidiéndome moverlo y perdí el equilibrio hacía adelante. Al segundo, InuYasha tenía un brazo alrededor de mi cintura y la otra resguardada en el bolsillo de su chaqueta. Miré mi pie atorado en una raíz sobresaliente del suelo e hice una nota mental de no mirar el cielo cuando caminaba. Apoyé mi peso en mis dos pies y me enderece, el brazo de InuYasha soltó mi cintura y una vocecita dentro de mi cabeza rogó que no lo hiciera. Un parte de mí, y no sabía precisamente que parte era, quería tocarlo.
Jamás en mi vida había sido alguien que se aventurara en algún tipo de cosa, más bien siempre me mantenía al margen de todo aquello que fuera desconocido para mí. Pero esta vez no fue así, el rechazo estaba latente es cada uno de mis movimientos pero lo ignoré. Alargué mi mano y tímida, temblorosa y torpemente me agarré a la suya y la cerré como un candado que no abriría hasta obtener la llave, y esa llave para mi, seria el rechazo.
Su cuerpo se tensó y bajé la vista apenada e impaciente de algún movimiento. La punta de mis zapatillas estaban manchadas con lodo casi fresco y pequeñas ramitas, y por algunos segundos, fue lo más interesante del mundo y me negaba a despegar mis ojos de ellas.
Pero fue en el instante en que me mordí el labio, casi desesperada de alguna respuesta, que cerró su mano sobre la mía. Otro fuerte candado que no se abriría sin una llave se formó, y no estaba dispuesta a dar esa llave. Relajé mis hombros y solté un pequeño suspiro que estoy segura escuchó perfectamente pero no me importó.
Caminábamos de la mano, como una pareja.
¡Oh!, genial. ¿Tenía que pensar eso? ¡Ahora me estoy ruborizando! Me regañé mentalmente al sentir mis mejillas arder furiosamente y mi corazón palpitar frenético. Si hubiera sido otra la situación, estoy segura de que hubiera confundido el incansable palpitar con algún tipo de ataque.
Volví a mirar mis pies cuando sentí que el terreno cambiaba. La hierba comenzaba a crecer. Levante el rostro al instante y, entre los árboles —muy cerca— comenzaba a ver un riachuelo seguido de una larga pradera para, finalmente, ver enormes montañas de un hermoso verde.
Miré hacía atrás en un intento de ver la casa, pero no podía, ¿Cuánto tiempo habíamos caminado? ¿Qué tan lejos estábamos de casa? Miré en todas las direcciones posibles buscando algún indicio de civilización, pero era imposible. Entonces recordé que estos dos días únicamente había estado en la casa y el bosque, ¿Cuan lejos estaría la casa de la ciudad? Bien, seguramente algo alejado por mayor seguridad. Tendría que comprobarlo en algún momento.
Caminamos un poco hasta que vi la punta del reflejo de la cabeza de InuYasha asomarse en el agua oscura. Este me guío hasta unas rocas pequeñas, pero bastante grandes para poder sentarnos en ella. En cuanto lo hice, sentí el frío en mi trasero.
—No estoy muy seguro de lo que sucede en realidad —comenzó a hablar y recordé el hecho de que tenía algo importante que contestarme —. Pero no es normal que en tan poco tiempo, sepan todo de ti. Por eso creo, no… sé que hay alguien, mejor dicho algo, muy cercano a ti que no es de fiar.
—Tú piensas que es uno de mis amigos, ¿Verdad? —le pregunté casi completamente segura de su respuesta.
—Seguramente. Es alguien que te rodea constante mente cuando yo no estoy cerca. Tú madre y Gabriel quedan descartados por razones obvias, pero quedan…
—Ayumi y Kikyô —contesté casi pálida —. Pero ellas nos…
—No hay que fiarse de nadie, Kagome. Ya deberías saberlo.
—Pero son mis amigas —intenté defenderlas —. Las conozco desde hace tanto… ¿Cómo puedo pensar que una de ellas quiere matarme?
—No estoy completamente seguro que sea una de ellas, pero no hay nadie cercano a ti además de ellas…
—Si los hay, puede ser la señorita Rusell. ¡Ella me dejo encerrada en la biblioteca! O puede ser el viejo Williams, ¡Siempre me pasan cosas malas cuando estoy en su tienda!, ¡Vamos, InuYasha!, ¡No puedo dudar de mis amigas!
—No te pido que dudes de ellas, yo lo hago. Por eso era crucial que te sacara de ahí, porque no importa cuantas veces te cuidara, siempre tendría que mantenerme al margen si estas cerca de ellas, dándole tiempo de sobra a cualquiera de las dos que fuera, de atacarte.
—Esto es ridículo. Ellas jamás han hecho algo en mi contra, es más, siempre que me siento mal se preocupan por mí.
—Todo el mundo tiene una marcara de payasos en un carnaval, pero jamás podemos ver sus reales caras.
—Confío en ellas, InuYasha.
—Lo sé, y te comprendo. Pero yo tengo que ver tu seguridad antes que nada.
—Ya, creo que te entiendo y-….. ¡Mi mamá! —grité casi horrorizada.
—Tú madre esta bien.
— ¿Pero que tal si van por mí, y la encuentran a ella? ¿Y si la usan de rehén?
— ¿Por qué nunca me crees cuando digo que alguien esta bien?
— ¡Por que es ilógico!
—Mira, el hermano de Sango esta en San Luis. No te preocupes.
— ¿Qué? —me moví hasta que nuestras rodillas se tocaron y quedamos frente a frente — ¿Qué tiene que ver el hermano de Sango?
—Es joven, pero por eso menos fuerte. Me encargué de todo cuando tú te estabas preparando para el viaje. Tu mamá esta completamente segura.
— ¿Cómo le haces?
— ¿Hacer qué?
— ¡Ponerme de puntas! —grité y escondí la cabeza entre mis piernas —. Mi corazón está que se sale de mi pecho.
—Por eso no quería contártelo —arrugó la nariz y acarició mi espalda —. Siempre piensas cosas que no deberías pensar.
—No, es mejor que me digas todo. Así no me preocupare todo el tiempo —levanté un poco la cabeza y la apoyé en mis manos —. Creo que ya estoy más relajada…
— ¿Quieres volver?
—No. Estoy bien, aún es temprano y quiero saber más cosas.
— ¿Más cosas? —puso los ojos en blanco.
—Si. Más cosas. Pero primero, ¿Seguro que mi madre esta completamente bien?
—Completamente seguro. Me cortaría la mano si es mentira.
— ¿Tienes alguna cierra por aquí?
—Kagome…
— ¡Broma! —reí por lo bajo y tomé sus manos entre las mías —. Te creo.
—Gracias —me sonrío y yo no pude evitar sonrojarme —. Tienes las manos frías —miró mis manos e intenté quitarlas, pero las apretó fuerte y delicadamente. El candado estaba nuevamente presente.
—Es porque no estoy acostumbrada al frío —me encogí de hombros.
— ¿Segura que no quieres volver? En la casa hay calefacción.
—Pensé que ustedes eran más resistentes a los climas que nosotros.
—Sí, pero venia junto con la casa. ¿Vamos?
—No, estoy bien. Solo son las manos —aseguré. Me miró por un segundo y volteó a ver mis manos. Las llevó cerca de su boca y con su calido aliento, comenzó a soplar sobre ellas.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir el cambio brusco de temperatura en mis manos. De un momento a otro, sentí que mi cara estaba en llamas y que aíre caliente salía por mi nariz. Me encorvé un poco hacia él, y apoye mi mejilla en sus manos agarradas a las mías para sentir su calido aliento rozarme los labios. Suspiré, me estaba mareando y sentía mi cuerpo realmente pesado.
—Tu cara esta muy roja, ¿Te sientes bien? —su voz me acarició el rostro. Levanté un poco la cabeza para verlo a la cara, aún estaba mareada y mi estomago se revolvía constantemente.
—Sí —suspiré la palabra y sonreí de lado.
—No te ves muy bien —doltó una de mis manos y la puso sobre mi mejilla y termino en mi frente —. Creo que tienes algo de fiebre. La lluvia de ayer te debió haber traído un resfriado.
—Estoy bien —fruncí un poco el ceño. Bien, estaba mareada y comenzando a sentir escalofríos, ¿Pero quien me decía que era un resfriado y no su culpa? Él tendía a causar esa clase de efectos en mí.
—Vámonos a casa —se puso de pie y me jaló para que yo también lo hiciera. En cuento estuve de pie, el piso se movió ligeramente — ¿Estas mareada?
—No —mentí.
—Sí, claro —se movió hasta quedar casi arrodillado frente a mí dándome la espalda.
— ¿Qué haces? —le pregunté y jaló mi mano por sobre su hombro y caí sobre él. Al instante sentí mis pies despegarse del suelo y sus calidas manos un poco más arriba de mis rodillas —. Puedo caminar.
—Estas mareada.
Suspiré resignada y me agarré a su cuello. Aún a través de la ropa, podía sentir su calidez.
Comenzó a caminar a paso normal. Me sorprendió el hecho de que conmigo encima, sus pasos fueran seguidos y ningún músculo de fuerza se mancara en sus brazos. Luego recordé que él no era normal.
— ¿InuYasha? —apoyé mi mejilla sobre su hombro.
— ¿Hum?
— ¿Qué hay de malo con que sea mujer?
— ¿Qué quieres decir con eso?
—Todos siempre dicen 'Realmente es una chica' o 'Una chica después de todo' ¿Tendría que haber sido hombre?
—No tiene nada de malo con que seas mujer —Aah… ese era un alivio —. Solo que cuando supimos de ti, pensamos que eras hombre.
— ¿Por qué?
—No lo sé. Fue inconsciente, por eso me mandaron a mí.
—Ya, ¿Qué tienes que ver tú con que yo haya sido hombre? —levanté mi cabeza y me acomodé para verle la cara.
—Es algo de siempre. Si alguno de tu sangre nace hombre, es encargado a un hombre. Si es mujer, encargada a una mujer.
— ¿Por qué? —arrugué la nariz con solo imaginar que hubiera sido una mujer en ves de InuYasha.
—Para evitar… —hizo una pausa. Esperé sus palabras pero tardaron en llegar. Entonces comprendí a que se refería —… que ambas vidas se junten.
—Para evitar que se enamoren —inconscientemente agarré la tela de su chaqueta.
—Si —respondió asintiendo con la cabeza.
— ¿Por qué? —volví a preguntar.
—Porque nosotros no debemos mezclar nuestro mundo con el suyo. O eso dicen. Ustedes hacen sus propias familias y nosotros las nuestras.
—Eso es estúpido —dije en un tono alto y frunciendo fuertemente el ceño.
—Supongo que sí —dijo tan bajito como si se estuviera dando por vencido en algo.
— ¿Siempre ha sido así?
—Es casi como una regla.
—Una tonta y nada importante regla.
Me apreté más contra el, ¿Qué había de malo en enamorarse? ¡Absolutamente nada! Las razas toda la vida se han mezclado, negros-blancos-amarillos ¿Por qué no un hombre lobo con un humano? Era totalmente… ¡Tonto! ¡Como si se pudiera evitar no amar a quien te protege!
Sentí mis ojos cristalizarle por la rabia y por el temor de ser dejada en ese momento. Escondí mi rostro en su espalda y apreté fuertemente los dientes. Odiara quien lo odiara, yo no me iba a retractar de mis sentimientos.
— ¿InuYasha?
— ¿Sí?
—Romper las reglas… es bueno de ves en cuando…
Él comenzó a reír por lo bajo y miré su perfil extrañada.
—También estaba pensando en eso.
Ahora fui yo quien comenzó a reír, pero sin importarme si me escuchaba o no. Apreté más mis brazos alrededor de su cuello y olí esa escenaza que me encantaba de él. Porque, después de todo, las reglas estaban hechas para romperlas.
|Nota autora:
Ahí queda el capitulo ¿Me aman o me odian? (Siempre les hago esa preguntas a mis amigos cuando me mando alguna grande)
Lo sé, no tienen que decirlo ¿Por que siempre dejo esos finales? No sé. Pero me encanta. Y sí, es muuuy posible torcerse el tobillo metiendo el píe en una madriguera de conejo, malos recuerdo para mi… :/
Y… amm, ¡El próximo capitulo esta imperdible! Se que me amaran después de eso…
Bueno quien sabe, quizá no me amen… Tiendo a ocasionar los sentimientos opuestos en las personas :/
Bueno eso seria, espero que les guste. ¡BYE!
