Hola, bienvenidos a otro capítulo más de mi historia, increíble que llegué a los 10 capítulos porque la verdad, no creí que sería una historia tan larga y porque aun no tengo final, pero en fin, espero que les guste y mucho más lo que viene.
Disfruten.
Capítulo 10: Muchas opciones.
Tsukune dejó la libreta en su mesa junto con el lapicero de tinta negra y se fue a acostar en su cama. Lo que había escrito era poco pero entretenido, además de que tendría que realizar todo tipo de movimientos cuando contará su historia, él vivía en ellas por un periodo de tiempo, se desconectaba de este mundo por un periodo de tiempo y él era espectador de lo que sucedía en ese mundo de fantasías que, de alguna manera, su madre le inculcó desde pequeño. Oír una historia no es lo mismo que leerla, cuando se escucha una historia, se pone la máxima atención y se logra conectar con ella. Cuando la lees, puedes vivir la experiencia de las páginas y de conectarte con la historia mucho más lento pero seguro que lo harás y ni te darás cuenta, más sin embargo, leer es ventajoso, puedes volverte a pasear por esas páginas y recordar cada paso y momento de los que ahí se encuentran. Escuchar una historia es algo único y en algunas ocasiones, irrepetible.
Tsukune no dudaba de su talento pero no era consciente de él tampoco. Tenía la mente llena de fantasías y de aventuras de reflexión y de todo lo que le gustaba, era tan variado que no podía concentrarse en una sola y tampoco es cómo si le importará, contar historias era parte de su trabajo pero solo un complemento de su función original como niñero, así que no se lo tomaba tan en serio, a pesar de que ese talento sin explotar era la fuente de su éxito.
Se relajó viendo una película en la noche, se desveló hablando con un amigo y se durmió. Después de una noche fría y oscura, el sol volvió a tomar posesión de los cielos e iluminó el cielo azul, otra vez, como todos los días. Era sábado y era el día selectivo para que todos en la familia se pusieran a asear toda la casa. Se dividían las tareas, los cuartos que no poseían también y después de varias horas y de una jornada de trabajo duro, la casa estaba limpia y el reloj marcaba las doce del día. Los integrantes de la casa se bañaron y prosiguieron a ir a comer a algún lado, Kasumi estaba muy cansada, así que se rehusó a cocinar para Tsukune y su esposo. Y entonces también fueron a comer fuera de la casa.
Tsukune volvió a tomar el control de su tiempo cuando regresaron de comer, ya eran las tres de la tarde y ahora su tiempo le pertenecía. El lunes tendría que volver a ver a Moka y debería de estar preparado para ello, así que dejó de lado las tareas de la escuela y el entretenimiento para después y se enfocó en la historia de Ura y Omote.
De frente a su libreta, con la pluma en mano y sentado en posición cómoda se dispuso a escribir lo que seguía de la historia. Su mano se movía lo más rápido que podía y su menta la superaba por mucho, por lo que no se entendía bien lo que escribía, también tomaba ciertas pausas cuando el teléfono sonaba, ese sonido lo desorientaba y perdía la concentración. Tsukune se detuvo de golpe, incluso hizo una línea en su cuaderno al no poder escribir más y eso que llevaba muy poco:
Ura, la vampiresa, se encontraba muy pensativa, sentada encima de una roca, viendo hacia la pequeña granja donde vivía Omote, bajando la mirada solo para ver su collar de cuentas blancas. No podía entender lo que Omote había dicho, cómo la había ofrecido su ayuda, a pesar de que eran tan distintas. Pensó en lo triste que estaba y en su padre, ella lo extrañaba y a su madre también, extrañaba todo. Pero no entendía por qué su padre le había hecho semejante cosa justo como no entendía por qué Omote quería ayudarla.
—"Tal vez en verdad… esto es un castigo. ¿Qué hice mal, padre? ¿No era digna de ser tu hija? Tú siempre me dijiste que era tu orgullo y que una vez que yo estaría lista, yo lideraría a los vampiros por ti"—. Esa promesa se la había hecho su padre cuando ella era una niña, su padre era su héroe y su ídolo, pero ahora ya no lo era, a pesar del reproche, aun quería saber la razón de su exilio. —siempre hice lo que tú me pediste. Aprendí a dominar mis instintos, aprendí a sobrevivir, me volví fuerte y aprendí lo más difícil: entender—. Ella se levantó y con una sola mano levantó la roca donde estaba sentada y la lanzó hacia los árboles, solo uno cayó y de esa manera, sus lágrimas también cayeron al piso. —entendí lo que éramos, entendí que los humanos no nos quieren cerca, entendí que hay que vivir en las sombras y entendí que sin importar lo que pase, todos somos hermanos y hermanas, todos somos una gran familia y juntos siempre debemos de estar. Entendí todo lo que me enseñaste pero… ¿Qué hice? ¿Te decepcioné? ¿Esto es un castigo?—. Ella abrió bien sus ojos rojos y se limpió las lágrimas, la idea equivocada de Omote llegó a su mente y se manifestó en su boca. Ella pensó que tal vez Omote estaba en lo correcto, por un momento pensó en ello, pero lo deshecho por completo. —padre, si me vieras ahora tal vez sí estarías decepcionado, estoy siendo ayudada por una humana, he seguido lo que me has enseñado hasta ahora y he vivido en la sombras durante mi poco tiempo de exilio. Debo estar loca por hablar sin que nadie me esté oyendo. Me dijiste que todos los humanos nos odiaban… pero ahora veo que… estás equivocado, no todo lo que me enseñaste es cierto.
Ura decidió que ya no podía seguir refugiada en ese bosque, pronto el clima se volvería más peligroso para ella y un techo le serviría de mucho. También quería hablar con su padre sobre su exilio, del cual no sabía razón. Con eso en mente, al siguiente día ella se mostró más apartada de lo normal con Omote, la niña se dio cuenta peor no preguntó nada, tal vez era normal, solo un día más y ella sería libre, pero, al mismo tiempo, la vampiresa la dejaría y jamás la volvería a ver.
Tsukune se había detenido hasta ahí, no sabía qué dirección debía tomar la historia, sin Omote, la historia solo se centraría en Ura y tal vez eso no tendría sentido. Sin duda, estaba en medio de un cruce de caminos.
