EL MEJOR REGALO

De alguna manera, la nieve le daba el toque perfecto a esta época del año en que las calles de Osaka se llenaban de gente ansiosa por realizar sus compras navideñas. Las tiendas abarrotadas de compradores tenían el regalo perfecto que cada uno necesitaba para aquel ser querido, amigo o persona especial. Sin embargo, una persona no se decidía a elegir el obsequio ideal.

- ¡Rayos, no encuentro nada que me convenza! - se decía Kazuha mientras sus ojos recorrían los estantes de cada tienda.

Faltaba sólo una semana para Navidad y Kazuha tenía ya todos sus regalos envueltos. Incluso había comprado uno para Ran y uno para Conan que pensaba darles la próxima vez que fuese a Tokio con Heiji. Sin embargo, le faltaba precisamente el regalo para él. Había recorrido todas las tiendas de Osaka en busca del regalo para su amigo de la infancia, mas no le había atraído nada de lo que había visto. Este año, no quería darle algo predecible como una prenda de vestir, accesorios para su moto o una nueva katana. Deseaba darle algo especial.

- ¡Tadaima!

- Hijita, llegaste – exclamó la Sra. Toyama.

- Hai. - respondió con el semblante entristecido mientras se dejaba caer en el sofá.

- Déjame darte un consejo, Kazuha. – dijo sentándose a su lado. – A veces el mejor regalo para una persona especial no es algo material.

¿Acaso su madre sabía por qué estaba tan preocupada? Quiso preguntárselo cuando, de repente, sonó el teléfono.

- ¿Moshi moshi? Ah, Shizuka, cómo estás? Hai, sabes que de todas maneras celebraremos Navidad en mi casa. Si Heiji es tan amable de venir a ayudarnos con los arreglos, no me opongo. Además Kazuha estará feliz de que Hieji venga…

- ¡Okaasan! – gritó avergonzada la aludida.

- Dile a Heiji que lo esperamos entonces. Ja ne.

La Sra. Toyama colgó el auricular y desvió la mirada hacia su hija en un gesto de inocencia fingida.

- ¿Dije algo malo?


- Más a la derecha. Más a la izquierda. Ahora más al centro. ¡Está torcido, vuelve a arreglarlo!

- ¡Ah, ya cállate! Por qué no lo haces tú, eh? – recriminó el chico desde la escalera.

- ¡Porque tú mismo te ofreciste a ayudarnos! Pero si no vas a seguir mis indicaciones, puedes irte por donde entraste!

- ¿Así demuestras tu espíritu navideño, gritándole a tus amigos?

La aikidoka dejó de gritar. A unos días de Navidad no era correcto estar discutiendo por tonterías, y ella se había dejado llevar por sus emociones. Le costaba reconocer el verdadero motivo de su enfado.

- Gomen… - murmuró bajando la cabeza.

Heiji se sorprendió por la actitud de la muchacha. Generalmente, ella habría continuado la discusión hasta salirse con la suya y él habría terminando disculpándose. Esta vez el panorama era distinto, pus había sido ella la que había pedido perdón primero. Definitivamente algo no estaba bien. Se bajó de la escalera dejando los adornos torcidos como había dicho Kazuha y la tomó de los hombros.

- ¿Qué tienes?

- No tengo nada – mintió sin levantar la vista – Sólo estoy cansada por todos los preparativos…

- Estás mintiendo – sentenció él – Otros años has estado más ajetreada, y nunca has dejado de lado tu emoción navideña.

Kazuha levantó la mirada y se encontró con los ojos turquesas del detective que la miraban seriamente. No pudo evitar sonrojarse al notar que Heiji la conocía demasiado bien. A sus ojos, era tan transparente como el cristal. Esta vez, no obstante, no podía ceder ante esa mirada. Él no debía saber el motivo de su preocupación. Se alejó del chico para evitar el interrogatorio de éste, fingiendo estar perfectamente bien.

- No soy uno de tus delincuentes, Heiji, no necesitas intimidarme. Bueno, terminamos de colocar todo esto? – preguntó mientras tomaba algunos de los muchos adornos que les faltaba colocar.

- Hai, vamos a ponerlos de una vez. – contestó él dejando su tono de preocupación, pero con el presentimiento acertado de que Kazuha le estaba ocultando algo.


La residencia Toyama había quedado, con ayuda de Heiji, lista para la Nochebuena. Kazuha miraba televisión recostada en el sofá, aunque no lograba concentrarse en lo que estaban transmitiendo.

- Kazuha, llegó el correo. Puedes dejar todo sobre la mesa?

La jovencita despertó de sus pensamientos y salió a hacer lo que su madre le había pedido.

- Una factura, otra factura… eh, qué es esto?

Entre las facturas había encontrado una revista, aquélla que a su mamá tanto le gustaba. La hojeó con curiosidad y se topó con un artículo que ocupó toda su atención:

''¿Buscas el mejor regalo de Navidad para esa persona especial?''

Sus ojos se iban abriendo cada vez más con cada palabra y una sonrisa se dibujó en su alegre rostro.

- ¡BINGO! – pronunció al mismo tiempo que se apresuraba a tomar su cartera y su abrigo. – Okaasan, ahora regreso!

Sin esperar respuesta, cerró la puerta tras de sí, y se dirigió a la librería más cercana. Una señorita con un gorro navideño le dio la bienvenida amablemente.

- Buenas noches, podría darme todos los materiales que aparecen aquí? – pidió señalando el artículo de la revista.

- Por supuesto – respondió mientras los seleccionaba – Estoy segura de que le quedará lindo. Es para su novio?

Kazuha se encontraba tan emocionada que no tuvo deseos de responder de manera negativa a la pregunta de la vendedora.

- Algo así.

- Bueno, ya está todo lo que necesita. Son 2000 yenes.

- Arigato. Kurisumasu Omedeto!

- Lo mismo para Ud., señorita!

La aikidoka salió corriendo de la librería con la bolsa de materiales saltando de un lado a otro como si éstos compartieran la felicidad que sentía ella en esos instantes.

El silencio reinaba en la habitación de Kazuha, salvo por el sonido de la transformación que cada material experimentaba en sus manos. Se había desconectado totalmente del mundo exterior, concentrándose en cada paso de su trabajo. Había estado toda la noche cortando, pegando, pintando, y claro, manchándose y quemándose con la pistola de silicona. Aún así no le importaba, pues sólo pensaba en el resultado. Se imaginaba la reacción de Heiji al ver su hermoso regalo, ''Ahou, tú misma lo hiciste? Arigato, lo pondré sobre mi escritorio.'' Y ver a su detective sonriéndole agradecido la haría feliz.

- Voilà! – exclamó poniéndole punto final a su obra de arte. – Sugoii, me quedó precioso, modestia aparte.

No obstante, casi se cae de espaldas al ver que eran las 6 de la mañana y que no había dormido nada. Aún le faltaba limpiar todo, y claro, salir a comprar una bolsa de regalo adecuada. Optó por limpiar primero, porque si sus papás descubrían la revolución que había tenido lugar en su habitación, la matarían, y morir en Navidad no era la idea, nee?

Ya en la tarde, Kazuha sentía el cansancio apoderarse de ella, por lo que decidió dormir unas horas, y al levantarse iría a comprar la bolsa para el regalo de su mejor amigo.


Unos verdes ojos se abrieron débilmente hasta enfocarse en el reloj de pared de la habitación. Éste marcaba nada más y nada menos que las 9 de la noche. La muchacha se levantó de un salto y su corazón se llenó de angustia. Sin considerar que estaban en plena Nochebuena, decidió lanzarse a la calle con su regalo en mano para comprar la dichosa bolsa.

- Hija, cómo es que vas a salir a esta hora? En unos minutos llegarán los Hattori y…

- Precisamente por eso, okaasan… - justificó desde el umbral de la puerta.

Una vez alejada de su casa, intentó ubicar una tienda que estuviese abierta, pero era en vano. Ya todas habían cerrado pues las personas querían celebrar la Nochebuena y recibir en familia y/o en pareja la Navidad. Kazuha respiraba con dificultad a causa del frío. Escondía el regalo dentro de su pecho tapándolo con su abrigo para que éste no se llenara de nieve. Se había obsesionado, sin darse cuenta, con el tan típico regalo material.

- ¿Cómo pude quedarme dormida tantas horas? – se preguntaba a sí misma al borde de las lágrimas - Tiene que haber una tienda abierta.

De pronto se detuvo. Es que la desesperación la hacía ver espejismos? Divisó una luz a lo lejos y cayó en la cuenta de que era una tienda, la única que permanecía abierta. Emocionada, se apresuró a entrar y escoger sin demora lo que buscaba.

- ¿Qué hace a estas horas por aquí? – interrogó preocupado el vendedor. - Son las 10:30 de la noche, falta poco para Navidad! Además, ya estamos cerrando.

- Onegai – suplicó Kazuha con la mirada perdida. – Sólo necesito una bolsa de regalo.

- ¿Ha salido a estas horas de la noche por una simple bolsa? – volvió a preguntar él.

Sí, ella también se sentía estúpida. ¿Por qué había hecho algo así? La esperaban en casa, sabía que estaban muy preocupados por ella, y a pesar de ello, había cometido semejante tontería. Eligió una bolsa roja y verde, le pagó al joven y se retiró en silencio.

- Señorita – exclamó el joven - No se sienta mal, seguro que el regalo que pondrá en esa bolsa es para alguien especial, por eso necesitaba una hermosa bolsa, nee?

Kazuha sonrió débilmente, y se dio cuenta de que en realidad no estaba loca ni obsesionada. Sólo estaba enamorada.


En la residencia Toyama, todos estaban consternados. El padre de Kazuha estaba a punto de llamar a una patrulla para ir a buscar a su hija, pero difícilmente llegarían justo a minutos de Navidad.

- ¿Dices que estaba rara desde hacía algunos días? – preguntó Heizo a la Sra. Toyama.

- ¡No sé por qué demonios no le di importancia al asunto! – gritó ella temblando de angustia.

Heiji no pensaba permanecer ahí ni un minuto más. Decidido, se dirigió a la puerta con una sola misión en mente: traer de vuelta a Kazuha.

- Hijo, no puedes irte, está nevando mucho y…

- Kazuha está allá afuera, sola y también con esta nieve. No regresaré sin ella, lo juro!

Diciendo esto, se adentró en las calles de Osaka, tratando de alejar los malos presentimientos que había experimentado días atrás y que se arrepentía, al igual que la madre de Kazuha, de haber ignorado.

Mientras tanto, Kazuha caminaba lo más rápido que podía hacia su hogar, pero el frío intenso, la nieve y el cansancio hacían difícil su retorno. Seguía cubriendo su regalo como si de un hijo se tratara, con la imagen en su mente de los rostros preocupados de sus padres y de Heiji.

Ya falta poco, espérenme, onegai…

Una sombra. Una sombra de una persona desconocida la iba acechando cada vez más. De repente, y sin que ella pudiera evitarlo, la lanzó sobre la fría nieve.

- Vaya, vaya, pero qué tenemos aquí? – dijo una voz extremadamente grave. – Solita en plena Nochebuena?

Kazuha empezó a temblar más de miedo que de frío. Empezó a arrepentirse de sus locuras, empezó a maldecir a la bolsa, a la Navidad comercial que siempre debía incluir un regalo para cada persona. Empezó a pensar en Heiji.

- ¿Qué tienes ahí?- inquirió el hombre espiando el abrigo de la asustada muchacha.

Kazuha dio un grito al sentirse tocada por el extraño. En un forcejeo repentino, el hombre consiguió arrebatarle su preciado objeto.

- Pero qué lindo portarretratos. Me lo puedo quedar? – preguntó al borde de la risa.

- ¡Devuélvemelo, me costó mucho hacerlo! – vociferó Kazuha en un intento en vano de recuperarlo.

- Ah sí? Entonces, no te molestaría rehacerlo, nee?

Un sonido sordo retumbó en la silenciosa calle. Kazuha había cerrado los ojos como si aquel ruido le hubiese hecho daño. Al abrirlos, se encontró con la cruel realidad. Su hermoso portarretratos hecho pedazos en la nieve, con la bolsa rota por la mitad. El delincuente, satisfecho de su obra, se alejó riendo. Hasta en Navidad existía gente de ese tipo, eh? La chica se acercó con lo que le quedaba de fuerzas y fue recolectando cada pedazo de esfuerzo, de sacrificio, de amor, mientras sus lágrimas iban marcando la nieve.

- ¡KAZUHA!

Una voz que ella conocía perfectamente estaba cerca de ella. No, no podía encontrarla ahora, cómo iba a explicarle aquella situación? Sin embargo, en unos segundos, el muchacho ya estaba a su lado.

- ¿Qué te hicieron, Kazuha?

- Yo estoy bien – susurró contemplando su preciado tesoro hecho trizas – pero tu regalo, Heiji, tu regalo…

- ¿De qué me hablas? – preguntó sin entender, mirando lo que su amiga tenía entre las manos.

- Fui por una bolsa para tu regalo y las tiendas estaban cerradas – explicó volviendo a caer presa del llanto. – Y cuando al fin encontré una, la compré y estaba regresando a casa, pero alguien me atacó, y destrozó tu regalo sin razón alguna!

Heiji comprendió finalmente por qué había estado tan preocupada su amiga en estos días. Sólo ella podía ser an estúpida e irresponsable.

- ¿Y armaste todo este lío por una estúpida bolsa y un estúpido regalo? – recriminó él como si fuese a estallar de un momento a otro.

- ¡Tú no sabes nada! – exclamó ella también exaltada. – Todo lo que me costó hacerlo para que me lo destrozaran así! Odio esto, odio todo esto!

En ese instante, sintió que unos brazos la rodeaban. Heiji estaba abrazándola tan fuerte que logró aplacar el frió de la noche. Y el miedo, la angustia y el odio desaparecieron en ese preciso momento.

- Lo sé, debe haberte costado mucho hacerlo, - dijo dulcemente sin dejar de abrazarla – pero no es un motivo para que expongas tu vida de esa manera. Además...son las 11: 45! Si no nos damos prisa, no llegaremos a tiempo.

La jovencita hizo ademán de levantarse, pero para su sorpresa, el detective la había tomado en brazos.

- He-Heiji, pero qué haces? – preguntó ella ruborizada.

- Ahou, todo esto es culpa tuya, así que ahora atente a las consecuencias.

Dicho esto y sin ninguna objeción de por medio, el kendoka, que más bien ahora parecía atleta, corrió a la velocidad del rayo sin detenerse en el camino.

- Matte, Heizo, no son ésos Heiji y Kazuha-chan? – dijo Shizuka señalando dos puntos que cada vez se hacían más visibles.

Finalmente los preocupados padres se encontraron con sus respectivos hijos. Y justo a tiempo.

- ¿Se puede saber…?

- Es una larga historia. - interrumpió Heiji al ver que las preguntas empezarían a caer como la nieve de afuera. – Lo importante es que Kazuha está perfectamente bien, nee?

Kazuha asintió sonriente, mientras su mamá la ayudaba a limpiarse la excesiva nieve que llevaba encima. El reloj marcó la medianoche y las campanadas retumbaron en toda Osaka. Los presentes se prepararon para saludarse al finalizar la campanada número 12. Ambos matrimonios se abrazaron y desearon lo mejor en esta fecha especial del calendario. Heiji se aproximó a Kazuha y la abrazó como nunca antes lo había hecho.

- Tal vez quiera recibir ese regalo tuyo el próximo año, pero ahora mismo ya tengo uno. – le susurró a Kazuha en el oído. -Kurisumasu omedeto, Kazuha.

Y sólo en ese instante, Kazuha se dio cuenta del significado de las palabras de su mamá y sobre todo de las palabras de Heiji.

- Kurisumasu omedeto, Heiji…


Konnichiwa! Hai, hai, sé que es un shot bastante trágico para ser navideño, pero precisamente quería hacer una reflexión por esta fecha. En este shot, Kazuha se obsesiona tanto por tener el regalo perfecto para Heiji que se olvida de que el hecho de estar juntos es el mejor regalo para ambos (q kawaii!). También vemos que existen personas que no respetan ni la Navidad y cometen fechorías. Habrán notado que occidentalicé un poco la Navidad, ya que según mis averiguaciones (con la asistencia de mi amiguito Shinmei), en Japón es más una fiesta de enamorados, ya que no creen en Jesús. Así que le di forma de tal manera que pudiera transmitir el mensaje que quería.

Kurisumaso omedeto para todos ustedes, mis ficlectores!!!