Hola mis bellezas:
Sorry que hoy se me hizo tarde y son pasadas las 10 pm. Este capítulo es algo intenso de sentimientos, Anaïs llora por todo, de hecho me reí al leerlo uuufff! Es una novela romántica en todo sentido.
GRACIAS POR SUS PRECIOSOS RW, en especial a: Carmen, Jenny, Rossy, Valery, Graciela, Priscila y Ana Karen. Hay una chica que me dejo rw pero no escribió su nombre, muchas gracias también a ella.
Priscila; yo escribí esta historia hace 10 años, tenía 20 añitos y ahora tengo 30.
UN BESOTE GIGANTE A TODOAS.
Stef.-
Capítulo 10
Canto e: Troya
— TROYA MI SEÑOR STELIOS, LAS COSTAS DE TROYA.
Gritaban desde lo más alto del barco, me vestí y salí apurada a la cubierta, y allí me encontré con mi destino; Thomas justo parado en la punta del barco y tras de él la gran ciudad amurallada.
— Amor, ven — gritó y salí a su encuentro—. Ahora eres la Princesa de Troya — me besó intensamente para la envidia de todos los presentes que no contaban con su mujer cerca para besarla.
Luego, algo discutían los hermanos cerca de una de las barandas del barco, desconocía que sería yo sólo los observaba.
Stelios se veía muy furioso, después se dio la vuelta y tenía los ojos vidriosos, caminó hasta la claraboya y se metió por ella. Thomas se dirigió a mi y me dijo que su hermano estaba muy preocupado y muy molesto por lo que había pasado con Télaraco en Ptía y ahora que estábamos a solo un par de horas de Troya la culpa lo consumía y el enfado también, yo pensé en ir a hablar con él y contarle todo, pero supe que no era el momento preciso y que mejor esperaba a estar en la ciudad para hablar con él, sabía que Stelios no llegaría diciéndole a su Señora "Hola mi amor te fui infiel", ya habría tiempo para aclarar las cosas, el carácter de ese troyano era muy fuerte y lo mejor era no acercársele por los momentos.
Thomas me obsequio un collar de hermosas perlas, me quede de una pieza al verlas, eran muy, pero muy hermosas además saco de un baúl un vestido de color rojo pasión y bordado delicadamente en hilo de oro.
— Troya no habrá visto mujer más bella que tú — nos besamos una vez más, era complicado alejarse de esos hermosos y suculentos labios.
Yo me vestí, me peine haciéndome un medio recogido y así salimos al encuentro del Rey Príamo, los nervios me mataban pero al ver a mi lado a Thomas todo se iba y solo la felicidad me embargaba.
Llegamos a tierra firme y la emoción me asaltaba, montamos en un carruaje. Stelios iba en su caballo, la ciudad recibía con el mayor de los honores a sus príncipes, las mujeres me miraban comentando descaradamente quién era yo, todo me ponía nerviosa sobre todo hablar con el Rey. Observe a mi amado, como iba feliz contemplando la ciudad.
Thomas era un hombre joven, hermoso, intimidante, completamente sensual, no quise ni imaginar con cuantas mujeres había estado, cuantas se le habrían entregado a cambio de nada, su sola presencia te hacía desearlo, tomé su mano con fuerza ya que temblaba, él me la tomó me miró sonreído y me dijo:
— No tienes nada que temer.
— Lo sé amor — dije devolviéndole la sonrisa. Al fin llegamos al Palacio e infinitas escaleras subimos.
Primero entro Stelios que estrecho a su padre con amor y luego fue a besar a su mujer, luego Thomas fue el que beso a su padre y volteándose hacía mí me presento.
— Quiero presentarte a Anaïs, padre — el Rey Príamo sonrió, me acerque a él y me dio un beso en cada mejilla.
— Hermosa Anaïs — dijo mirando significativamente a su hijo.
— Anaïs de las Auras, mi Señor — contesté haciendo una reverencia.
— Anaïs, Princesa de Troya — dijo Thomas con mucha seguridad, los colores se me subieron a la cara pues el Rey me miro con sorpresa.
— Bienvenida mi Bella Anaïs de Troya — dijo y ofreciéndome su mano que tome, nos guío hasta el interior del Palacio.
— Esta es tu nueva cuñada Anaïs — comentó para ver una mujer hermosa muy alta — Ella es Andrómaca la esposa de Stelios.
— Es un placer conocerte — le di un beso en cada mejilla.
— El placer es mío, este es mi hija — mire a una hermosa niña de 2 años.
— Es bellísima — sonreí e hice mi mayor esfuerzo para no llorar pues recordé a mis hijos.
— Padre, debemos hablar —pidió Thomas acercándose al Rey.
— Ya lo creo que sí hijo mío — padre e hijo se fueron a otra habitación.
— ¡STELIOS! — gritó una hermosa joven no mayor de 13 años.
— Briceida — dijo el guerrero y fue a abrazarla.
— Ella es mi prima, Anaïs — me la presento con una amplia sonrisa.
— Un placer —saludé. La joven me dio dos besos y con una maravillosa sonrisa me dijo:
— El placer es mío, me han dicho que has venido con Thomas ¿Eres su mujer? — era muy risueña, en verdad muy hermosa.
— Aún no contraemos nupcias, pero pronto lo haremos, soy su novia — dije sintiéndome un poco tonta por el termino, Briceida me tomó de la mano y me llevo a otra habitación en donde estaban servidos manjares y vinos, melodiosas melodías eran tocadas y exquisitas poesía declamada.
Briceida me presento con medio mundo como "su nueva prima", todos eran muy simpáticos. Demasiado tiempo llevaban el Rey y Thomas hablando, temía por la reacción del Rey, mi amor me tomó desprevenida por la espalda y me dio un buen susto, me voltee y me estampo un beso al frente de todos, me sentí bastante abrumada cuando me permitió respirar de ese candente beso.
— Mi padre quiere hablar contigo.
— Claro — dije y me llevo ante el Rey.
— Déjanos solos Alejandro — ordenó y Thomas obedeció. ¿Alejandro? Me quedé de una pieza al escuchar ese nombre, luego me enteré que mi amado se llamaba Thomas Alejandro. Me sentí un poco contrariada al darme cuenta que no lo conocía como se debía pero ya tendríamos la oportunidad de hacerlo.
— Mi Señor — dije haciéndole una reverencia, sentía que las manos me sudaban.
— Anaïs de las Auras — se levantó de su silla y se acercó a mí — esa isla hace unos cuantos años fue conquistada por los ptianos — asentí con mi cabeza — Alejandro me lo ha contado todo, me contó que eras profesora de arte de los príncipes de la isla de las Auras, también me dijo que el gran Mithos te tenía como esclava, que tienes dos hijos que lastimosamente te han arrebatado — una lagrima se escabullo de mis ojos pero me la seque rápidamente.
— Todo es cierto mi señor.
— Además me ha dicho que eras la mujer de Adelphos y que de él son tus hijos.
— Así es mi Señor — hable con respeto.
— Me dijo del plan para poder zarpar a Troya sin buscar mayor conflicto, me comenta saber que eres amada por Afrodita, algo que se deja ver por tu belleza, me comento además que no ibas a venir con él si así evitabas una guerra, me explico como te manejaste en cada una de las situaciones — su voz denotaba un misterio, se paró frente a mí y me miró fijamente.
— Hace años fui a la Auras, invitado por Brince su Reina — «Mi madre» pensé — La Reina Brince tenía sólo a dos hijos, una primogénita mujer como debía ser y un varón, y esa primogénita tenía el cabello castaño con hermosos mechones pintados en rojo, pues la diosa Afrodita así se los había pintado ya que la futura reina era amada por la diosa del amor… No te parece que es mucha casualidad que la Reina de las Auras, pues para la época de la invasión ptiana la hija de Brince ya estaba en el trono, que tú una simple maestra de ese palacio también seas amada por la diosa y tengas los cabellos pintados como ella — me quede muda por un momento.
— Nunca ha sido mi intención ocultar quien soy mi Rey, soy Anaïs Reina de las Auras, pero no era propio que se lo dijera a Thomas o Stelios — hablé con calma a pesar de mis nervios.
— Claro que no era propio, los mismos Griegos no sé cómo permitieron que una Reina Griega fuese convertida en esclava, todas las aptitudes que mi hijo me dijo que tomaste deja ver claramente la monarquía que corre por tus venas…pero hay una última cosa.
— ¿Qué será? — pregunté sintiéndome aliviada pues el Rey no se mostraba molesto.
— Toda Reina de las Auras tiene un tatuaje al estilo egipcio en su cadera derecha —me sorprendí, pensé que era un secreto pero tanto Príamo como Odiseo lo sabían— no te sorprendas, algunos Reyes sabemos que la Reina de las Auras tiene ese tatuaje.
— ¿Sabe cómo es? — preguntñe antes de mostrárselo.
— Lo sé, significa la fuerza, sensualidad, inteligencia y lo mordaz que puede ser una mujer, es un escorpión con cara de serpiente — sonreí, exactamente eso era lo que significaba, abrí un poco la tela de mi vestido y le mostré el tatuaje.
— Le reitero la bienvenida mi Reina Anaïs o Princesa —dijo sonreído besándome la mano.
— Gracias a usted mi Rey, por recibirme en su casa como a una hija —lo abracé pues me sentí emocionada, el Rey me abrazo con dulzura y no pude contener más mi llanto, estaba fuera de esa horrenda isla, fuera de los castigos, de las humillaciones, de los golpes y de las constantes violaciones.
— Calma mi bella Anaïs ya estás en casa, mi amada hija — acariciaba mis cabellos como sólo un padre sabe hacer con una hija, cuando me calme y me despegue del Rey me dijo levantándome la cara con su mano:
— Debes de comentarle la verdad a Thomas, él debe saber con quién es que desea casarse — lo miré preocupada, sabía cómo era el carácter de Thomas — Tranquila, armara un escándalo pero se le pasara, además tú sabrás como calmarlo.
Apenas salí de ese pequeño salón en donde nos encontrábamos el rey yo y fui a buscar a Thomas, debía hablar y ser completamente sincera con él…
Canto f: Comenzando a vivir en Troya
Salí de ese pequeño salón en donde nos encontrábamos el rey yo y fui a buscar a Thomas, debía hablar y ser completamente sincera con él, llegue a la mesa que mi amado ocupaba, junto al resto de la familia real. Thomas se colocó de pie para recibirme y me dio un beso ante todos los presentes, me sentí bastante cohibida pero igual disfrute de sus labios como siempre lo había hecho.
— ¿Qué has hablado con mi padre, amor? — preguntó un tanto intrigado.
— De muchas cosas Thomas; de muchas cosas que debo de hablar contigo, pero este no es lugar para eso, hay que hablar en privado — dije con calma y con la intención de levantarme pero Stelios me impidió hacerlo, me tom{o la mano y me sonrió.
— En verdad estoy feliz de que estés acá con nosotros, espero que te sientas en casa y que ahora junto a mi esposa hagan de este palacio el mejor palacio de todos —Stelios al hablarme de esa manera me emociono, que me dijera esas palabras de aceptación era algo muy importante para mí. Sin pensarlo me puse de pie y lo abrace.
— Muchas gracias, en verdad no sabes lo feliz que me hacen tus palabras — dije sonreída y muy contenta.
— Gracias a ti por amar a mi hermano — Thomas se puso de pie y abrazo a Stelios y luego me beso dulcemente en los labios, en ese momento tan emotivo apareció el Rey Príamo y me tomó de la mano diciendo.
— Ya es hora —Me llevo hasta donde estaba ubicado su trono y desde allí pidió silencio.
— Este es un día muy especial, pues mis hijos están de vuelta y junto con ellos han traído la paz entre Troya y Ptía, ya que el noble Rey Peleo lo ha querido, pero además me han traído una gran felicidad — el Rey me miró y yo me quede sin saber qué hacer, ya que anunciaría quien era y yo aún no había hablado con Thomas.
— Esta hermosa joven, es Anaïs, para ser más exactos la Reina Anaïs de las Auras y futura esposa de mi hijo Thomas, así que quiero que le demos la bienvenida a nuestra sociedad a la nueva Princesa de Troya — Thomas se me quedo viendo de una manera muy especial, nunca logre descifrar si su mirada era de asombro, de disgusto, de rabia, deseo o de amor.
Rápidamente todos se pusieron de pie y alzaron sus copas para brindar por mi persona y mi futuro matrimonio con Thomas, mi amado Príncipe fue el último en levantarse, la cara de Stelios era literalmente todo un poema.
— Hijo acércate, esta celebración es para ti y para tu futura esposa — dijo el Rey sonreído, por la cara de Thomas supo que aún no le había dicho nada.
Mi amado troyano se acercó lentamente, tomó mi mano para besarla, alzó su copa y todos pegaron un grito de júbilo, me cedió su bebida tome un sobro y luego yo se la cedí para que él bebiera, así era que quedaba sellado el pacto de nuestra próxima unión, ante los ojos del gran Febo Apolo, el que hiere de lejos y la Diosa Afrodita Diosa del Amor.
Todos se acercaron nos felicitaron, en medio de presentaciones y buenos augurios, pensé que no era conveniente que todos supiera quien era yo, podría ser culpable mi mala suerte de que mi nombre llegara a oídos de Mithos.
Poco duro esa preocupación pues Thomas tomándome de la mano me saco del Salón y me llevo casi corriendo a una habitación cercana que al parecer era el lugar en donde el Rey atendía sus asuntos.
— ¿Cómo es eso que eres la Reina de las Auras? — preguntó el ahora también llamado Alejandro con un tono de voz indescifrable, no sabía si estaba molesto o feliz.
— Si lo soy — baje mi cabeza avergonzada—, discúlpame por mentirte pero era necesario hacerlo Thomas, si tú y Stelios se hubiese enterado que yo era la Reina de una isla, ¿Qué hubieses hecho? — pregunté levantando mi cabeza y mirándolo a los ojos.
— Maldito Bastardo — gritó golpeando con su puño fuertemente el escritorio de pesada madera — Todos los Griegos son unos malditos, ojala vivan en guerra por toda la eternidad — dijo casi escupiendo fuego por la boca.
— Yo también soy griega, Thomas — dije con calma.
— Sabes a lo que me refiero, como es posible que esos malditos te tuvieran como una esclava, como si fuese una simple muchacha, eres hija de Reyes, eres la heredera de un trono — caminaba de un lado al otro molesto.
— Nadie merece ser esclavo, sea Rey o un simple lacayo —dije y Thomas me miro un tanto avergonzado por la discriminación que acababa de decir.
— ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué? —me tomó ambas manos y me miró a los ojos.
— Porque reaccionarias así de mal amor mío, Stelios también lo tomaría muy mal, ambos armarían una guerra, un escándalo en Ptía, no podía permitirlo. Thomas entiéndeme amor, por mi causa no vendría una guerra — lo veía tan enojado que temía que estuviese demasiado molesto.
— Algún día Mithos y Adelphos me verán la cara y te juro que serán lo último que verán en este mundo — me soltó de las manos y se marchó dejándome sola en ese lugar. Stelios entro a los poco minutos yo lloraba y por eso aún no salía de ese salón.
— Se le pasara — dijo apenas atravesó la puerta — Mi padre me ha explicado todo y en verdad te admiro Anaïs cualquier persona en tu condición hubiese suplicado que se la llevaran de Ptía pero tú en cambio, siempre preferiste sacrificarte y evitar una verdadera masacre — Mi cuñado ciertamente era un gran hombre y me había hecho sentir mejor con sus palabras.
— Gracias Stelios, pero Thomas está muy molesto, yo lo engañe, le mentí — baje la mirada y Stelios me tomó el mentón con su mano para alzarme la vista.
— Hiciste lo correcto y él lo entenderá así, aunque he de confesarte que esos Reyes Griegos se merecen una buena desgracia por ser tan miserables, a las mujeres no se les debe tener como esclavas, muchos menos osar golpearlas, ustedes son las proveedoras de vida, son nuestras madres, hijas, hermanas, esposas y amigas, los griegos en verdad deben de pagar lo que han hecho — lo abrace con fuerza y derrame varias lagrimas sobre su hombro, nuevamente me conmovía con sus palabras.
Cuando me logre calmar Stelios me llevo de nuevo a la fiesta o todos notarían que algo sucedía, Thomas estaba en el salón hablando con algunas personas, lo vi pero no me atreví a acercarme, comimos el banquete, pero mi amado Alejandro no me había dirigido la palabra, cuando ya la noche estaba presente y un tanto avanzada, el cansancio del viaje hizo efecto en mí.
— Thomas podrías por favor llevarme a mi habitación no me siento bien — le pedí, él se levantó, me tomó de la mano y así nos despedimos de todos, subimos muchas escaleras y caminamos por largas galerías, cuando llegamos, Alejandro abrió una puerta y pasamos al interior de una hermosa habitación.
— ¿Estas cansada verdad? — me preguntó sin mirarme.
— Sí — le respondí de igual manera.
— Ordenaré que te traigan ropa limpia, y que te preparen un baño cálido, ¿Deseas algo de comer? — cuestionó pues habíamos tomado el almuerzo mas no la cena.
— No tengo hambre, gracias — Thomas fue a salir del cuarto y lo detuve al decirle.
— Thomas ¿No me volverás hablar? — su trato tan distante me había afectado al punto de casi llorar.
Él se volteó y me vio con la cabeza gacha y los ojos llenos de lágrimas que luchaban por no ser derramadas. La expresión de su rostro cambio por completo, corrió a mí y me abrazó con fuerza llenándome de besos por toda la cara.
— Perdóname mi amor…perdóname…soy un tonto…perdóname — yo le devolvía el abrazo con la misma intensidad y recibía sus dulces besos de arrepentimiento.
— No importa, tranquilo — dije entre sollozos.
— Perdóname por no entenderte, soy un imbécil, no soy mejor que ellos, te he hecho llorar, no soy nada para que tu llores por mí — la humildad y el sentimiento con que dijo esas palabras me dejaron asombrada y una sonrisa se dibujó en mi rostro.
— Eres el hombre que yo amo, eres mi vida y mi todo, jamás serás como ellos, nunca Thomas, nunca vuelvas a decir una tontería tal, eres todo para mí y por el único ser además de mis hijos que merece una lagrima mía — lo bese apasionadamente, me sentí perdida entre sus brazos y sus labios, poco a poco terminamos con ese beso y ambos estábamos bien, solo una palabra, un gesto de amor nos hacía felices.
Canto f: El Dolor de Andrómaca
Alejandro salió de la habitación para ordenar el servicio, pero volvió cuando yo me había deshecho de buena parte de mi ropa, estaba semi-desnuda, rápidamente me tape y él se volteó para no mirarme, era tan caballeroso conmigo y eso era lo que más me enamoraba de él.
— Disculpa debí tocar primero, pero es que esta es mi habitación y por costumbre entre sin llamar antes — se excusó dulcemente.
— No tienes de que preocuparte, no hay ningún problema — dije cuando me terminaba de vestir.
— Dentro de unos minutos vendrán las mucamas para atenderte.
— ¿Esta es tu habitación? — me había quedado pensando en lo que me había dicho con anterioridad.
— Sí — respondió volteándose pues yo le coloque una mano en el hombro indicándole que se volteará.
— ¿En dónde dormirás? — pregunté con miedo que me respondiese que dormiría conmigo, aún no estaba lista para vivir en pareja, y creo que ese miedo se me reflejo en el rostro. Thomas sonrió afable y me acaricio el rostro diciéndome.
— Tranquila amor, dormiré en otra habitación, nunca te tocaré hasta que tu así me lo pidas, te amo — me dio un leve beso en los labios y continuo — te amo tanto, que esperare lo que sea necesario — nuestros ojos se encontraron en ese momento y todo fue como magia, sentí que flotaba al ver tanto amor en su mirada, al sentir tanta dulzura en sus labios, pues me beso intensamente, y el tocar de la puerta fue lo que nos hizo aterrizar ya que ambos estábamos en la luna.
— Buenas noches mis señores — dijo una de las dos mucamas.
— Buenas noches — respondió Thomas — quiero que atiendan a mi futura esposa como la Reina que es — dijo para luego despedirse de mí.
Esa noche casi no pude dormir, sentía todo tan extraño, estaba tan emocionada por todo lo que me estaba sucediendo, y nuevamente mis pequeños ocupaban mi mente, aunque la Diosa haya quitado de mí la tristeza y el dolor, necesitaba la presencia de mis hijos y eso me dolía mucho.
Los días pasaron rápidos y casi sin notarlos, por mí seguridad me presentaron ante el pueblo de Troya como Anaïs de Egipto, me dieron una nueva identidad para que así solo los nobles de Troya conocieran mi verdadera identidad y evitar que los Reyes Griegos se enterasen de que seguía con vida.
Cuando tenía ya 3 días en Palacio fue que tome valor para hablar con Stelios de lo que había sucedido con Télaraco en Ptía, en el jardín dedicado a Afrodita cite a Stelios para hablar con él.
— Buenos días cuñada, me ha dicho un mozo que quieres hablar conmigo — dijo con la sonrisa que era característica en su rostro.
— Buenos Días cuñado, así es — mí tono de voz era nervioso, con un gesto le indique que se sentara junto a mí en uno de los bancos y así lo hizo.
— Anaïs estas muy nerviosa ¿qué sucede? — fue directo con esa pregunta, me puse de pie pues no hallaba como hablarle.
— Tengo algo que decirte muy importante acerca de lo que sucedió entre Télaraco y tú en Ptía, algo que antes no había tenido valor ni oportunidad de decirte…— Stelios en ningún momento me interrumpió y me escucho con calma, le conté del uso que le daban al Leu por parte de las mujeres de Lesbos, los efectos de esa droga — jamás fue tu debilidad la que te llevo a los brazos de ella, sino lo que había en tu copa, Télaraco tampoco lo hizo por mal fue una orden de Mithos y no podía desobedecerla, no te debes de culpar por eso Stelios, he visto como tienes tristeza permanente en los ojos desde aquel día y no es justo que continúes así, discúlpame… discúlpame por no haber hablado antes, por no habértelo aclarado oportunamente.
— No tienes por qué disculparte, te agradezco que hayas sido sincera y si tu temor es que se lo haya contado a Andrómaca, yo no he tenido el valor de hacerlo, tu explicación ha sido oportuna, pero de igual manera estoy en la obligación de contarle a mi esposa — Stelios no se había levantado del banco y tenía la cabeza gacha, yo había pensado que al decirle eso él se contentaría y lavaría esa culpa que no era de él, pero no fue así.
— Stelios no es tu culpa, por qué insistes en contárselo a Andrómaca, le causaras un dolor innecesario — replique al verlo tan decidido a hablar.
— ¿Acaso no lo ves Anaïs? con culpa o sin ella yo le falle a mi esposa, el hecho es que yo le fui infiel por causas de las drogas o sin ellas, apenas vi a Télaraco en mi habitación debí sacarla pero no, no lo hice y fíjate todo lo que sucedió después, tengo responsabilidad en esto y ahora que sé toda la verdad es momento de no guardar más silencio — apretó los puños y se voltio para irse a palacio.
— Stelios, no, espera — intente detenerlo pero fue inútil, ahora no sabía si había hecho bien o no al contarle.
Una mucama me encontró y me dio el recado de que Thomas me esperaba en mis aposentos, fui hasta la habitación y entre con cuidado, mi hermoso príncipe estaba de espaldas mirando el mar a través del balcón.
— Hola mi vida — dije abrazándolo por la espalda.
— Hola mi Sol — respondió y se giró para besarme suavemente, al terminar con aquel beso escondí mi rostro en su pecho y sollocé un poco sin poder evitarlo.
— ¿Qué sucede mi vida, alguien te trato mal? — pregunto abrazándome con fuerza y con tono de voz preocupado, le conté lo que acababa de suceder con su hermano y por un momento se quedó callado.
— Calma amor mío, Andrómaca y Stelios se aman demasiado, ellos solucionaran sus diferencias aunque habrá algo de tempestad, mi cuñada es una mujer que no está dispuesta a tolerar infidelidades — lo último que me dijo me hizo sentir peor.
— Me he equivocado, no debí decir nada a lo mejor si no hubiese dicho nada Stelios se hubiese callado y no hablaría con ella, Stelios la ama y no es su culpa lo que paso — mientras hablaba caminaba de un lugar a otro muy preocupada.
— Tranquila amor mío, todo pasara, te lo aseguro, ven tenemos muchas cosas que hacer, esperemos la noche a ver qué sucede, necesito que te encargues de muchos detalles que hay para la boda y ni los consejeros ni yo sabemos nada de eso, las mujeres son las expertas para estas cosas — no me dio tiempo de hablar pues Thomas me tomó por la mano y me saco de la habitación.
El resto de la mañana la pase eligiendo telas y colores, para los vestidos del cortejo, de los padrinos, el traje de Thomas que sería negro como era costumbre en las Auras y mi vestido que no quise que fuese blanco pues era madre de dos hijos no me sentiría bien con ese color, aunque Alejandro me peleo casi toda la tarde llegamos al acuerdo que el traje sería de un color perlado en Beige, me distraje mucho con las cosas del matrimonio que sería en dos meses, y antes de la cena me retire a mi habitación para cambiarme.
Estaba ya lista para bajar cuando Andrómaca entro de golpe a mi habitación envuelta en llanto, un llanto que yo conocía a perfección, el llanto de un profundo dolor, todo se me vino abajo al verla así, estaba tan débil de tanto llorar que cayó de bruces al suelo, me arrodille frente a ella.
— Andrómaca — dije en un hilo de voz, para abrazarla.
— Dime que no es cierto — balbuceó entre lágrimas amargas.
— Por favor no te pongas así Stelios te ama más que a su vida Andrómaca, soy testigo de que tu esposo no ha tenido vida desde que eso ocurrió.
— No….no…no…no — repetía llevándose las manos al rostro.
— Andrómaca escúchame, Stelios no es culpable de nada — ella no me oía estaba sumida en su dolor y con profunda rabia me dijo.
— ¿Cómo es ella? — su llanto paro en seco, ahora estaba profundamente molesta.
— ¿Cómo es quién?
— No te hagas la tonta Anaïs dime como es esa mujer ¿Es hermosa? — ahora la inseguridad la atacaba como era normal.
— Qué importa como es ella…— Andrómaca se levantó del piso y comenzó a caminar de un lado al otro molesta como una fiera y me exigió que le respondiera.
— ¿Cómo SE LLAMA? ¿CÓMO ES FÍSICAMENTE? TE EXIGO QUE ME DIGAS — la furia se le salía por los ojos.
— No te hagas más daño, no tiene….
— TE EXIJO QUE ME DIGAS ANAÏS — tenía que decirle o sino viviría con un fantasma sin rostro ni nombre.
— Su nombre es Télaraco, y físicamente es una mujer muy hermosa, pero además de eso creo que desconoces las preferencias que tienen las mujeres de Lesbos.
— De qué color tiene el cabello, la piel, los ojos, es delgada, atlética, o corpulenta, dime Anaïs por lo que más ames, dime como es.
— No tiene sentido pero lo haré, es rubia como el sol mismo, tiene el cabello lizo con ondas leves en sus puntas, de ojos azules como el mar en la noche, no es delgada o corpulenta, es voluptuosa, es muy hermosa y encantadora de hombres, además el amor de su vida se llama Silvia, le gustan las mujeres Andrómaca, no los hombres, esta con los hombres pues no le queda de otra, ¿ahora comprendes mejor que todo esto es algo ilógico?— se quedó callada he impactada al decirle toda la verdad sobre Télaraco.
— Pero…— ahora se veía confundida.
— No tienes que temer, no es más mujer que tú si eso es lo que te preocupa, no enamoro a Stelios, ni siquiera lo sedujo, la droga lo hizo caer y Télaraco simplemente cumplía con una encomienda de Mithos… ese maldito hombre que aún a la distancia logra hacer daño — mis últimas palabras fueron llenas de odio.
— Entiendo lo que me quieres decir, entiendo lo que sucedió, pero no lo puedo disculpar, por lo menos no ahora que tengo el dolor reinante en mi corazón.
Una mucama tocó la puerta y venía con la pequeña de Andrómaca en brazos, pues la niña no dejaba de llorar, la futura Reina de Troya cargó a su hija y se despidió de mí. Ella estaba muy molesta y dolida, no se le pasaría rápido pero se le pasaría y volvería a estar como antes con su amado Stelios que tendría que esforzarse si deseaba de vuelta la compañía de su amada esposa.
Continuará…
