Capítulo 10
TODO PERRO TIENE SU DÍA
Por lo general, las prácticas del equipo solían ser bastante tranquilas. Si bien la preparatoria de Otogakure podría presumir no solo en sus altas cuotas estudiantiles o su decoroso y profesional cuerpo docente, sino también en que el alumnado rara vez se salía del orden establecido.
Un plantel funcionando con la minuciosidad y precisión de un reloj suizo. También por eso mismo cualquier cambio lo suficientemente drástico como para mermar la rutina, era visto como si una ventisca hubiese caído en pleno desierto.
…y que una ambulancia hubiese aparcado justo en medio de la cancha de baseball, a quince minutos de terminar la práctica del equipo, no hacía del momento ni rutinario ni discreto; por no decir de lo extremadamente inusual tratándose de una institución que obligadamente tenía una enfermería propia. Un mal momento para que la enfermera en turno se hubiese tomado dos días de asueldo.
Una vez que el centenar de estudiantes mirones y curiosos hubiesen despejado el área tras el exagerado incidente se dio por terminado el entrenamiento de la semana, con específicas órdenes de completo y obligado reposo para el bateador titular. El aludido, un empalidecido chico –pálido a causa del impertinente ataque asmático que le obligó a desplomarse a mitad del diamante en media carrera - de cabello negro cortado en ralos mechones, contemplaba con expresión displicente hacia el piso. Sentado en la banca de los refuerzos, delante de las gradas y con el inhalador reposando en una de sus manos, respiraba entrecortadamente mientras los pulmones recuperaban copiosamente su marcha habitual.
Hubo un expectante silencio, seguido del resoplar bajo de alguien más.
—Fue el medicamento, ¿verdad? –la pregunta era estoica aun así había un atisbo de preocupación—Olvidaste tomarlo en la mañana.
La respuesta del joven fue un hosco gemido ininteligible. Su mirada rodó hacia la silueta agazapada contra la banca. Un perro de pelaje apelmazado color negro y grisáceo le escrutaba de forma severa. Itachi, oculto entre la sombra proyectada entre la banca y la barda espetó un gruñido molesto ante la torva respuesta. Miró en derredor, hacia el vacío y silencioso entorno y emergió, andando resueltamente hasta la banca y subió a ésta, quedando lado a lado del enfurruñado Sasuke Uchiha.
—Sasuke…
—No lo necesitaba, he estado bien desde el mes anterior. –su voz, aun baja por el esfuerzo, seguía teniendo su usual tono testarudo. Entornó la mirada. —Fue sólo el polvo en el campo o qué sé yo.
¡Paaf!
Sin más ceremonia, Itachi había alzado una de sus patas delanteras y tomando a Sasuke completamente desprevenido, le propinó un golpe suave en la frente, dejando la almohadilla intencionalmente estampada en su empalidecida cara.
—¡Eh! ¡Te he dicho que odio que hagas eso…!–Sasuke aquejó, tallándose el manchón de tierra. Aprovechando el desconcierto del momento, Itachi le arrebató la mochila, tomándola con el hocico y bajó de la banca.
—¡Suelta!—Sasuke se arqueó intentando asirla de uno de los tirantes, siendo torpemente burlado por el hábil can.
Éste había logrado entreabrir la mochila, apoyando una pata en el piso y tirando de la cremallera del frente. Unos cuantos libros y cuadernos cayeron, junto con un frasquito diminuto, con la tapa completamente cerrada; el sello de seguridad estaba nuevo y la etiqueta de la farmacéutica intacta. En una curiosa y propicia coincidencia, el medicamento rodó hasta una de las patas de Itachi. La mirada inquisitiva de éste pasó del frasco al chico.
—Sasuke, esto te lo recetaron desde el mes pasado, ¿por qué rayos no…?
—Por qué podía apañármelas sin él. –Sasuke respondió, ocultando un resuello tenue en su voz.—Y no es la primera vez. –ocultó un espasmo de tos, simulando un gemido—Lo de hoy sólo fue un estúpido descuido. –hizo una pausa breve—No es como si me hubiera estado muriendo a mitad del campo.
—Entonces la ambulancia solo pasaba por aquí y decidieron estacionarse en medio de la cancha por casualidad.
Sasuke levantó la mirada hacia el cielo.
—No es mi culpa que Guren-sama se haya tomado el día o que Karin en medio de sus gritos histéricos se le haya ocurrido llamar a emergencias. Sólo fue un espasmo de tos.
—Si, cómo el de esta mañana…–Itachi bajó la cabeza, en gesto perentorio— Eso había sido una advertencia. La próxima vez…
—Vale, entiendo. No necesito otro sermón, suficiente tendré esta tarde con escucharlo por parte de papá. Y mamá es peor, después de lo de hoy seguramente va a insistir en que deje el equipo –irrumpió el joven pasando por un lado y levantando el contenido desparramado de la mochila.
Itachi espetó un intento de risa.
—Bueno, querías su atención.
Sasuke, en respuesta se inclinó hacia delante, dejando entrever una muy sutil y casi invisible media sonrisa. Una mueca mezcla de altanería e indiferencia.
—Y haberla obtenido sólo porque tú estás ahora atado a una correa no creo que cuente como una victoria limpia.–Se pasaba el inhalador de una mano a otra, distraído— Me sorprende que Madara-sama no haya insistido más.
—Y no lo hará, no tiende de donde sacar más información. –arguyó el labrador negro, alzando ligeramente una oreja—Todo cuanto nuestros padres saben es que su problemático y rebelde primogénito está en un intercambio de estudios en Amegakure.
Con la respiración normalizada y una expresión casi invisible de consternación, Sasuke espetó un acortado "hmp".
—Sigo pensando que es una coartada patética. Ya han pasado más de dos meses… ¿Ése sujeto no había dicho algo más?
—Hatake Kakashi… —respondió Itachi, mascullando el nombre entre dientes. Encogió los hombros ligeramente, evocando un suspiro agobiado—…Hatake-sempai más bien. Y no, no dijo otra cosa, salvo esa tontería de "reparar el desastre causado".
Aquello era una evidente mentira a medias. La frase era cierta, pero el mismo Itachi sabía que había un significado más allá de "reparar el desastre causado"; y se lo había señalado el propio Kakashi en una extremadamente severa explicación. Haber enmendado poco a poco –o casi nada- el vínculo con su hermano menor no era sino la punta del iceberg…
Claro que Sasuke sólo sabía la verdad a medias, como siempre terminaba sucediendo. Hay costumbres difíciles de erradicar, a pesar de llevar un abrigo permanente de pelaje perruno encima.
—Pues vaya sempai que resultó ser. –pinchó el joven—O él fue demasiado despistado o tú eres demasiado lento.
Itachi bufó.
—Sé que ha vuelto a Konoha, bien puedo buscarle y arreglar "esto" de una vez por todas.
—Cómo sea…— Sasuke tomó el frasco, mirándolo por fracción de minutos, con gesto resignado, para luego volver a introducirlo en la bolsita delantera de la mochila. Le echó una mirada indagadora a Itachi; específicamente hacia el pelaje revuelto y desaliñado—¿Qué diantres te pasó? Parece que te arrolló un camión.
Itachi bajó la mirada, echando ambas orejas hacia atrás en gesto receloso.
—Hmmp…—rezongó entre dientes, y enarcó una ligera expresión despreocupada—…sólo un imprevisto.
Fue una frase seria, sin embargo esto no acalló la oportunidad del joven Uchiha de increparle.
—Para haber sido un imprevisto, es raro que hayas terminado sin esa cosa…—el intento fútil de broma quedó relegado en una sospecha que Itachi hubiese esperado que no mencionase. Pero lo hizo. Sasuke había bajado levemente la voz, con una vaga expresión suspicaz. —¿Otro de esos… "lapsos"?
Antes de que Itachi, pudiese responder algo; una voz resonó eufóricamente desde el pasillo que comunicaba las canchas con el resto del plantel. Inclinó una oreja por reflejo.
—¡Eeeh, Sasuke-saaaan! –clamaba un desgarbado chico de cabello blanco, enfundado todavía con el uniforme deportivo.
Le seguía una joven de cabellos rojizos, la cual pasó corriendo entre el pasillo abriéndose paso propinándole un tosco empujón al de pelo blanco. Un tercer chico de ralos cabellos naranjas y fisionomía de un jugador de futbol americano se sumó al grupo.
El Uchiha alzó una mano a modo de respuesta. Se puso en pie, delante de Itachi –un discreto ademán solícito de pie de retirada— mientras volvía a echarse la mochila al hombro. El estruendo abatido por los compañeros de Sasuke, le permitieron a Itachi escabullirse por entre las gradas hacia el portón tras la cancha, dejado siempre entreabierto durante los días de prácticas del equipo.
Tras la ajetreada mañana, lo último que quería en este momento era tolerar al "Breakfast Club" (*). Podía soportar al de pelo blanco a pesar de sus rudas palmadas en la cabeza, sin embargo las agudas y estridentes palabras espetadas por la pelirroja no hacían más que desesperarle, maldiciendo internamente su agudo oído y cuestionarse con fastidiado afán por qué diantres las chicas siempre tenían que hablarles a los animales como si fueran bebés; y entre más alejado estuviese del gigantón de pelo naranja, mejor. La última vez, éste había apremiado a tomarlo con sus toscas manazas y espachurrarlo como un peluche mientras su rostro sonreía como un psicópata anestesiado.
Cuanta paciencia tenía Sasuke con semejante trío.
Itachi se quedó en un silencio contemplativo, mientras Sasuke y compañía se alejaban y sus siluetas desaparecían bajo el ocaso carmesí que caía sobre el cielo de la tarde.
Se irguió, estirando el lomo y sacudiéndose el pelaje. Todavía sentía la persistente peste de restos de comida y tierra… junto con un vago y casi difuminado aroma dulce. No era nuevo, había estado inmerso en ese peculiar olor desde la semana pasada, tras aquel incómodo encuentro en el parque…
"¿Otro de esos…lapsos?"
La pregunta de Sasuke resonó incómodamente, arrancándole un suspiró desganado, más que nada por haberlo relacionado con lo acontecido hacía horas atrás; y lo incómodo era admitir que no era la primera vez que esto le ocurría, al menos no desde que el tiempo pasado en su cuerpo transformado se incrementaba.
Itachi bien podría ignorarlo, como venía haciendo desde los últimas ¿semanas? Ah, no… ahora eran meses. Daba igual, ¿no era gran cosa o sí? Sólo eran momentos cortos —"lapsos", claro— e insignificantes; tres, cinco, inclusive habían sido hasta diez minutos en que su mente se sumía en alguna laguna mental y el instinto perruno terminaba sublevándose ante la consciencia humana.
El recuento no sumaba nada preocupante, sólo parte de la alfombra de la sala Uchiha –un carísimo pedazo de tela importado desde Sunagakure- sucumbido entre una marejada de huellas caninas y pelo negro grisáceo e hirsuto; y situaciones un poco menos insignificantes como la ofuscada persecución ocasionada por el entrometido gato de angora de los vecinos, dos ardillas caídas en combate desperdigadas por el jardín …
…Y ahora sumaba lo de Sakura. La estrepitosa persecución venida a la nada, el haber cedido ante semejante momento infantil y tonto, por no decir de la torpeza momentánea que le llevó a estrellarse contra todo obstáculo de manera absurda.
Aunque había dejado a propósito una distancia de ventaja… y la vista panorámica que tenía al correr tras ella no estaba tan mal…
—¡¿Qué rayos?! –ladró en voz alta tan repentinamente que se sobresaltó.
Se quedó inmóvil, jadeando.
"¿Qué está pasándome?", Itachi protestó mentalmente. Sacudió la cabeza, tratando de apartar el fugaz e ilógico pensamiento.
En la lejanía alguien exclamó algo. Ininteligible y sin importancia; cualquiera que hubiera pasado en ese momento por la avenida casi desolada que daba hacia el Barrio Uchiha sólo habría visto unos cuantos transeúntes dirigiéndose a su casa tras una extenuada jornada de trabajo, y un perro negro ladrándole a la nada.
¿Quién o qué iba a prestarle atención ahora? Sólo era un animal. Uno de pelaje y fisionomía ordinaria como la de tantos otros cánidos que vagaban por las calles.
Los días de Uchiha Itachi, el chico popular del último año de preparatoria con el que Hana Inuzuka había tenido la fortuna de tener por pareja por casi un año, el prometedor primer hijo de uno de los contratistas más importantes de la urbanizada Konoha y con un futuro brillante en puerta a las mejores universidades de la Franja de los Reinos, habían quedado muy, muy atrás ya.
Y podría continuar así, si no tomaba cartas en el asunto.
Kakashi había vuelto… o al menos eso había dado por supuesto. Sakura le había mencionado y esto no había hecho más que despertar un ligero desconcierto en él momentáneamente. No es como si sólo él le conociera, después de todo, Hatake había sido condiscípulo de él y de Hana, y había estado de voluntario en la clínica, por lo tanto no había nada de raro que inclusive algunos perros reconocieran ese nombre.
Aunque el peculiar tono afligido y preocupado en que lo había mencionado Sakura era extraño…
Tan extraño como ella… ¿Y por qué hacer tanto afán en esto? Si, la torpe husky era tan rara como su color de pelaje, y no tenía los arrebatos de los otros canes que él había tenido el incordio de conocer, ni siquiera Konan había sido tan… ¿moderada? Corrección; humanamente moderada.
"¡Ya, oficialmente basta!"
Itachi resopló, como si hubiera frenado de pronto en una arrebatada carrera. Aspiró hondamente, dejando que los diversos aromas de la calle distrajeran su atención. Muy cerca, en alguna casa, flotaba el vapor de un guisado de carne. Esto provocó una reacción, su estómago dio una protesta a causa del hambre. Hubo un sonido más, dos ecos guturales, opacados brevemente por los sonidos de la calle y su ensimismada concentración.
La intención de regresar a casa quedó relegada cuando dos inmensas siluetas le interceptaron, cerrándole el paso.
—0—
Mientras la brisa nocturna abatía con calmo afán el recién podado césped, las luces del domicilio Yamanaka se apagaron, casi al caer de las diez y media, dejando a Sakura en un absorto silencio en el patio, mientras daba un ávido trago al tazón con agua.
Echó un fugaz vistazo al daruma. El monigote le devolvía esa sonrisa burlona y muerta, todavía con las insignificantes tres manchitas marcadas en él. En un tórrido pensamiento –uno de esos escasos arrebatos de conciencia, cuando esa impertinente vocecilla interna arremetía contra lo que estaba bien y lo que no- tuvo la aterradora idea de que tras el desastre causado en la mañana a lo largo de las calles que daban hacia la zona residencial, alguna de las marcas de sus anteriores buenas acciones podrían haberse borrado… o peor aun, todas de una sola sentada simplemente hubiesen hecho un sonoro ¡Puff! y adiós a todo el esfuerzo cometido. Casi dos semanas y todo arruinado; gracias a un estúpido impulso de sus estúpidos instintos caninos.
Afortunadamente esto no pasó. Ni siquiera le había contado a Ino lo de esta mañana más allá del collar el cual pensaba devolver al día siguiente. Así que si Kakashi hubiese tomado una represalia e Ino se hubiese terminando enterando, la humillación seguramente hubiera sido peor que el castigo de empezar de nuevo.
Con la mente agobiada y el cuerpo exhausto, se tumbó sobre la improvisada cama –una manta descuidadamente doblada- y esperó que el sopor y el sueño le vencieran.
El viento pareció helarse a su alrededor. En medio de una nada abrupta y profunda como boca de lobo, todo cuanto podría percibir era la presión de algo en su cuello. El brillo fugaz de una cadena destelló en la lóbrega oscuridad. Tensó y tiró de su cuello, haciéndole un inmenso nudo en la garganta y amenazando con cortar su respiración.
—¡A…ayu…ayuda!
La voz se perdía en la nada. Otro tirón, más contundente que terminó por derrumbarle. Volteó en dirección hacia la que debería dirigirse la cadena, encontrándose con una sombra alta, aterradora. El rostro oculto por una capucha, dejó entrever un ojo. Una pupila carmesí como si hubiera sangre fresca dentro de ésta. Un mechón de pelo grisáceo emergió fútilmente.
—Ka…Kakashi…sensei…
La cadena se ciñó más a su cuello, sacándole un jadeo entrecortado. El aire se cortaba en sus pulmones mientras una ominosa y tremebunda carcajada emergía de la boca oculta del hombre.
—Es así como quieres terminar, ¿verdad? –la voz estaba deformada por un estruendo cacofónico, como una grabación mal hecha.
—Se…sensei… no…
—¡¿Crees que esto es un juego?! –retumbó nuevamente. El sonido cimbraba en sus oídos como un trueno.
Un tirón más. Ahora la cadena estaba casi enterrándose entre su pelaje.
—No… por…favor… ¡basta…!
—Todo juego tiene un final… todo perro tiene su día… Sakura…
—¡No! ¡Bast…! –el grito quedó enmudecido. La voz se disolvió y las palabras se transformaron en sonidos ásperos. Un ladrido ordinario, seguido de una serie de gruñidos y gemidos doloridos.
Su propia voz aterrada y enérgica le sobresaltó, despertándole repentinamente con un grito en la oscuridad de la una de la madrugada. Las dos patas delanteras agarraban sendos puñados de la frazada y las traseras estaban enredadas entre ésta. Entornó la mirada, sin encontrar nada más que el cielo nocturno y un extraño barullo en la distancia.
Un par de brillantes ojos azules le miraban desde la oscuridad. Naruto le contemplaba, asomándose desde el hoyo en la cerca. Tenía una expresión consternada en su afelpado semblante.
—Sólo… fue un sueño… —jadeó ella, incorporándose torpemente, aun amodorrada y tratando de deshacerse del estremecedor recuerdo. Arqueó una oreja hacia el escándalo, procedente de voces entrecortadas en derredor. Ladridos, ante los oídos de cualquier humano; un alboroto de palabras alteradas ante oídos perrunos—¿Qué rayos es ese escándalo…?
Naruto encogió los hombros, echando las orejas hacia atrás.
—Ginkaku y Kinkaku –respondió en un murmullo.
Sakura ladeó la cabeza, sin entender.
—¿Quiénes son esos?
—Un manojo de problemas. –respondió Kotetsu a sus espaldas, desde el balcón de la casa de Mitarashi-san—Dos brutos tanques que no tienen otro pasatiempo que fastidiar o joder todo lo que no sea de su tamaño.
—O sea, cualquier ser vivo que se cruce en su camino —completó su compañero de piso. Izumo el corgi castaño contemplaba del lado opuesto al balcón, con las enormes orejas atentas y la naricilla oteando en la brisa—…y por lo que escucho… el pobre bastardo que están hostigado ni siquiera es de su territorio…
—Cierto –Kotetsu asintió—…el pobre diablo ni siquiera es de por aquí, es del extremo opuesto… —se giró hacia Izumo—¿es el serio ése de la manada del parque, no? El labrador…
El barullo se había intensificado, inclusive Naruto había espetado algo, señalando fijamente hacia el collar que Sakura llevaba desmañadamente alrededor de su pañuelo. Aquello comentado –asi haya sido una simple suposición- no hizo más que quitarle el poco sueño que le quedaba tras la pesadilla.
—Es el aroma de él… —el semblante del retriever rubio se había consternado todavía más—el tal "Comadreja"
—Itachi… —corrigió Sakura.
Luego tragó hondo, sintiendo un denso escalofrío en el pelaje del lomo, como si un balde de agua helada le hubiese caído encima
—¡¿ITACHI?!
—0—
Kakashi dejó caer abruptamente el libro al suelo, tan repentinamente que el propio Pakkun se sobresaltó, desde la mullida cama para perros. Vio al hombre de cabellos platinados levantarse, yendo hacia la diminuta ventana de aquel departamento de tercer piso en el centro de la ciudad.
Corrió sutilmente la cortina. El vidrio cerrado sofocaba vagamente los sonidos del exterior, sin embargo aun se percibía un estrépito continuo de aullidos y ladridos inquietos.
—Parece que hay líos… –masculló Pakkun, inclinando una oreja. Entrecerró los ojos, prestando minuciosa atención. Luego contempló al silencioso sensei, con un gesto apremiante—Tsk Tsk… muchacho, creo que metiste la pata.
La expresión apacible de Kakashi apenas mostró una ligera y casi invisible preocupación, y esto apenas se notaba en la ceja alzada.
—Exageras…–musitó, volviendo a alejarse de la ventana. Cruzó la diminuta salita y descolgó el abrigo del perchero—Quizás me excedí un poco con el correctivo… pero aun podría decir que lo tengo fríamente calculado. Dejé a Buru-chan a cargo por si la situación lo ameritaba. Yo sólo iré a asegurarme.
La expresión recelosa de Pakkun no cambió mucho.
—Tienes una manera muy peculiar de hacer las cosas.
Kakashi terminó de enfundarse el abrigo. Asintió a la escueta frase alzando la mano en un ademán displicente.
—0—
— ¡Itachi! –exclamó—¡Itachi!
Sakura esperaba que sólo fuese un mal presentimiento, que su percepción se había exagerado a causa de haberse despertado tan abruptamente y de modo tan aterrador.
Era más allá de la una de la madrugada. Su primer impulso antes de lanzarse de manera ilógica en dirección a la periferia del distrito central fue obviamente despertar a Ino… o haber hecho el intento. La casa estaba cerrada, obviamente -¿Quién iba a dejar el portón de la sala entreabierto después de la media noche entre semana?- y tampoco iba a desperdiciar tiempo gritando como histérica desde el jardín. Menos si todo hubiese sido una falsa alarma.
Echó a correr sin pensárselo dos veces y ante la insistencia de Naruto, quien se había entercado en acompañarle al menos hasta al final de la calle que separaba el suburbio con las avenidas "peligrosas".
El corazón le dio un vuelco cuando uno de los perros de Hatake-sensei le interceptó a medio camino. La ominosa expresión de Buru-san, el gigantesco bulldog negro sólo asintió con un bufido nada afable ni alentador.
Itachi resollaba dificultosamente, tumbado como una mancha negra en medio de la calle. En un intento totalmente inútil, ella clamó de nuevo.
Buru-san se había esfumado, dejándole sola con el herido labrador. La situación era grave. Sakura pensó en que podía hacer y el recuerdo de la clínica que estaba de camino a la zona residencial apareció en su mente.
—¡Resiste, Itachi…! –logró decir en un atisbo de incertidumbre y aprensión.—Ayúdame un poco…
Éste resopló, con un sonido apagado y contenido. Apretó los dientes al hacer el esfuerzo de lo que entendía que ella pensaba hacer. Instintivamente, Sakura franqueó desde el costado del maltrecho perro negro y gris hasta el medio de sus patas delanteras, de tal forma que la cabeza de Itachi reposase sobre la suya y el cuerpo de éste, sobre el espacio de su lomo. Cuando las magulladas patas de él se relajaron y cayeron libremente a los lados de Sakura, esta se dio cuenta que el labrador se había desmayado. El peso del cuerpo inconsciente le arrancó un resoplido.
Hizo acopio de fuerza para echarse a andar, trotando lo más rápido que podía entre las enmudecidas calles. Evitó dar zancadas grandes para que el maltrecho can no resbalara por su lomo. Sintió un líquido tibio deslizándose por su pelaje, desde la cruz hasta sus patas; el olor metálico y agreste de la sangre fresca le dio de lleno como un puño en la cara.
Intentó acelerar el paso, logrando aventajarse hasta las calles que colindaban con la avenida central.
El portón estaba cerrado, detrás de un imponente y tosco cancel de seguridad. ¿Y ahora qué?
De haber sido humana… ¡Maldita sea!
Desesperada y con el corazón palpitando fuerte en su pecho, su mente se bloqueó momentáneamente, impidiéndole procesar las ideas de forma rápida. De forma práctica.
En un arrebato instintivo, presa del pánico e invadida por lo que sus impulsos perrunos arremetían como una única alternativa, se entregó a ello. Respiró profundo y luego, soltando todo sentimiento, aulló.
Un prolongado y fuerte aullido resonó en el vacío de la desolada calle.
CONTINUARA
(*)"Breakfast Club".- Referencia de cierta película ochentera con el mismo nombre, acerca del típico grupo de jovencitos marginados de preparatoria.
N/A:
Bueno tras una semana de asueldo por cuestiones técnicas (¿les ha pasado que tienen el capitulo listo y les entra el capricho de reescribirlo? bueno, eso me pasó xDD) volvemos a las andadas.
Bien ya tuvimos momentos de "feels", ahora toca turno a algo de drama... un poco, nada trágico, recordemos que esto es un fic de público general, con mas comedia que nada, pero como todo, hay que ponernos serios de tanto en tanto.
Ya saben, cualquier comentario o duda pueden hacérmela saber en la caja de REVIEWS (siempre las contesto! :D )
Nos estamos leyendo la proxima semana en la siguiente entrega!
