Hipo entro a su casa rapidamente, pero silencioso, recorrio la casa para verificar que no habia nadie y por suerte no lo habia, despues de mucho tiempo, le daria una sorpresa a su esposa, aunque no tenia planeado nada, el queria volver a encender su matrimonio, hacerlo como era antes y mantenerlo asi, aunque tuvieran que pelear para llegar a entenderse.
Hipo guardo algunas cosas desacomodadas de la habitacion, limpio un poco el polvo encima de sus muebles, arreglo su cama para que se viera presentable y encendio algunas velas que le daban calor y color a la habitacion de una manera agradable y comoda. El seguia perfeccionando cada detalle de la habitacion, pero se olvido por completo de si mismo, el solo se miro en un espejo y quito partes de su armadura para estar mas comodo.
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Merida habia recorrido la isla, solo para pensar , no queria que nadie la molestara, ella estaba dispuesta a salvar su matrimonio costara lo que costara, se embriago un poco con aguamiel pero aun estaba en pie y mas o menos consciente. Ella entro a su casa, habia buscado a Hipo por horas y aunque nunca hablaban, el siempre le avisaba cuando se iba, y hoy eso no paso, ella sabia que ya estaba ahi, y sin pensarlo, tiro su abrigo al suelo y acomodo su blusa y falda, de manera que mostrara mas de ella, se miro sus piernas y su busto verificando que estuviera perfecta, ella estaba feliz de su figura y estaba segura de que consegiria algo esta noche.
Ella subio a su habitacion y pudo ver a Hipo sin armadura, mas comodo, perfecto para lo que tenia planeado; ella se acerco con pasos muy minuciosos para no hacer ruido, lo rodeo con sus brazos y beso su cuello. Hipo no la habia sentido llegar, ni mucho menos escuchado, el sintio unos labios suaves que facilmente podria reconocer, con solo haber sentido los brazos de su esposa a su alrededor, calento su cuerpo; el dejo que continuara, sus manos se entrelazaron con las de Merida y estas empezaron a bajar desde debajo de su pecho hasta llegar justo arriba de su cinturon. El no se resistio y se dio la vuelta y la cargo en ese mismo lugar, el beso sus labios apasionadamente.
-Te estuve esperando- Hipo la tenia agarrada de sus piernas mientras la besaba.
-No tenemos que hablar- Merida lo besaba, ella estaba ahi por algo y no era precisamente para conversar.
-Amor, pero es importante- el miro sus enormes y brillantes ojos azules llenos de lujuria.
-Hipo…- Merida se solto de su agarre, y se dejo caer en la cama boca abajo. –Ahora no quiero hablar-.
-Oh Mer, eres tan dulce- Hipo rio por la escena.
-No quiero ser dulce- apreto su puño. –Quiero que me veas atractiva o sensual, lo que sea- su voz se empezo agudizar en su garganta apunto de llorar.
Hipo sonrio con lujuria esparcida en sus ojos, para el Merida era la chica mas sexy y mas hermosa que jamas haya visto, pero el la amaba tanto que su rostro era lo que mas deseaba ver y tocar por las mañanas, pero como todo un hombre en su sano juicio, su atractivo lo atraia sexualmente, el no iba a mentir, Merida no solo tenia un hermoso rostro, ni una hermosa personalidad, su cuerpo suave y palido era perfecto.
Hipo se recosto encima de Merida, apoyado en sus rodillas, tomo las manos de su esposa y se recosto sobre ella sin lastimarla, el empezo a besar su espalda, y cuello, ahora Merida tenia el cabello corto y era mucho mas facil tocar su cuerpo sin interrupcion alguna, el se rozaba en ella en su parte baja simulando penetracion, mientras que Merida gemia en voz baja, para si misma.
-Tu eres la mujer mas hermosa y atractiva que hay- susurro en su oido mientras recorria sus manos por su busto, bajando por su abdomen.
Merida sonrio ante el cumplido, ella aun boca abajo, solo tuvo que estirar un poco su cuello para alcanzar sus labios y darle un apasionado beso como jamas antes se lo habia dado, Hipo profundizo mas el beso apegandose mucho mas a su cuerpo. El calor recorria sus cuerpos, por primera vez la ropa se sentia demas y apretada , las sabanas solo les brindaban mas calor y las velas daban un aire romantico y sensual al acto.
Merida salio del agarre de Hipo en esa posicion, ella se puso boca arriba mientras Hipo aun la acariciaba, ella empezo a recorrer el cuerpo de su marido, que para ella era magnifico y varonil sin ser demasiado, comenzo a recorrer con sus delicadas manos debajo de la camisa de su marido, jalandola hacia arriba para quitarsela recorriendo su abdomen. El empezo a desatar los cordones que mantenian la blusa de Merida en su lugar, y aunque ella revelara un poco de sus atributos, para el no era suficiente; los desato delicadamente y solo dejo que la prenda se desprendiera de su cuerpo, el no perdio un segundo y recorrio sus manos sobre su busto disfrutando de la piel tan pura y tierna, sintio mucho mas placer cuando escucho que su esposa lo disfrutaba tanto como el.
La pareja tiro de sus ultimas prendas, que terminaron rapidamente en el piso, ambos admiraron la belleza del otro, como las pecas que se esparcian por sus cuerpos. Merida separo sus piernas y las coloco lado a lado de las caderas de Hipo, el las acaricio, sintiendolas desde sus muslos hasta sus talones, Hipo las tomo y las posiciono en sus hombros; Merida sonrio por los calidos movimientos de su marido, ahora estaban intentando hacer algo nuevo, no solo hacer lo que estaban acostumbrados, sino jugar un poco y probar, y hasta ahora todo iba mas alla de lo perfecto.
Esperaron un poco, los besos siguieron, nadie los culpaba, llevaban meses sin hacer ningun movimiento, sin una muestra de afecto alguno. Hipo se detuvo y solo acaricio su rostro.
-¿Estas segura?-recosto su cabeza en su hombro y susurro en su oido.
Ella solo le dio una sonrisa. –Sabes, cuando me lo preguntas, es porque estas nervioso-. Lo beso en la mejilla. –Esta no es nuestra primera vez- le susurro.
-Nuestra primera vez en mucho tiempo- la beso en la barbilla, lo cual la hizo sonreir.
-Solo, dejate llevar- le susurro mientras su calido aliento rozaba sus labios.
Hipo temblo un poco, habia pasado un tiempo sin tener sensaciones como esta, nadie lo habia satisfacido tanto, y como cualquier hombre o mujer, tenia sus necesidades y no llegaria al punto de que alguien mas que no fuera su esposa lo satisfaciera. El se coloco en una posicion comoda, apoyo sus rodillas en la cama y coloco sus manos en la cintura de Merida y solo asi le robo el aliento una vez mas, Merida tenia cerrados sus ojos y el sonido que provenia de su boca le recordaba su primera vez, eran tan inexpertos, pero ahora era mucho mejor, el podia moverse en ella sin pudor, cambiar de posicion si queria, podia dominarlo si lo deseaba, pero esta vez, el seria quien tuviera el control.
Ella se removia un poco en la cama al ser tan satisfacida como lo estaba en ese momento, estiraba su cuello por el placer que ahora recibia. Se levanto un poco, sentandose en la cama sin quitar las piernas de los hombros de su marido, se apoyo en sus manos y llego a la cara de su marido, lo beso en periodos cortos, no mantenia el beso ya que los sonidos que provenian de su boca tenian que salir y no ser callados, ella ahora queria tener el control, ya estaba lo suficientemente confiada para tomarlo y hacerle lo que quisiera, pero al intentarlo, Hipo solo se deslizo en lo mas profundo de ella, recostandola de nuevo en la cama, ella siempre era la jefa y tenia el control de todo, ahora a el le tocaba ser el hombre, el jefe y domar a Merida de una vez por todas.
Los movimientos se hicieron mas frecuentes, los gritos que salian de sus bocas incrementaron, las nuevas poses que probaron los hacia sentir mucho mas placer que alguna vez en el pasado, por primera vez salian de la rutina y jugar un poco. Aun seguian ahi pero algunos rayos del sol empezaron a alumbrar la habitacion poco a poco. Hipo dio un solo golpe, solo necesitaba eso para terminar y esa fue la mejor sensacion de sus vidas, su parte favorite de la noche, el se recosto a un lado de ella, inhalando y exhalando cerrando un poco sus ojos, Merida se recosto en su pecho con cuidado, sin lastimarlo, acaricio su pecho y abdomen con minuciosos movimientos.
-¿Estaras fuera hoy?- ella pregunto con un tono de tristeza en su voz.
-No-. beso su cabeza. –Ahora, quiero estar contigo-.
-Deberias dormir un poco- Merida dijo riendo, pero en ese instante escucho un ronquido, ella arrugo su frente y miro a su esposo, Hipo se habia quedado dormido en el instante, ella se sorprendio pues ella no estaba tan cansanda, pero decidio pasar unas horas dormida a un lado de lo que ahora podia volver a llamar ''esposo''.
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Ok, no lo hizo super explicito, les deje un poco de imaginacion para que juegen en sus cabezas, disfruten. Y lamento no actualizar muy rapido pero tuve una semana pesada, examenes, mucha tarea, pero que se le va hacer, no abandonare esta historia como la ultima que hice(:.
