Hola~ Lo siento si este capítulo llega con un poco de retraso pero es que este fin de semana tenía cositas que hacer y la verdad es que no me ha dado mucho tiempo de escribir así que lo siento; aunque bueno, éste capítulo será mucho más largo que el anterior; siento ser así con Kagami pero no sé, me gusta hacer esto (?) XD, nada, aquí va el capítulo :D.

CAPÍTULO 10: CONSUELO

Alex había llegado a Japón con la intención de ver a Kagami y decirle muchas cosas acerca de su madre ya que ella había estado con la mujer la mañana antes de su muerte, que fue por la noche. No pudo venir el lunes porque, justamente, para ese día por la mañana, los billetes de avión se habían agotado y tuvo que cogerlo por la tarde con el cual llegaría a Japón bastante pronto el martes y así podría ir a ver a Kagami cuanto antes; Alex temía mucho lo que pudiese haber ocurrido con él porque supo que los médicos del hospital le habían avisado y sabía, o podía imaginarse, que al chico pelirrojo le afectaría bastante su muerte por las cosas que habló con su madre.

¿Qué relación tenían Alex y la madre de Kagami? Desde que Taiga y Himuro habían conocido a Alex, la rubia consideró la idea de visitar algún día los padres de aquellos dos pequeñajos para saber con quien iban sus hijos, con los padres del pelinegro fue todo bien, muy amables y tal pero solo se vieron una vez; en cambio, con los padres del pelirrojo fue distinto. El padre de Kagami era verdad que pasaba un poco de Alex porque cuando ella venía él se iba a ver la tele a la habitación o a hacer otras cosas, pero con la madre de Kagami no fue así, se hicieron amigas y Alex algunos fines de semana venía a comer y todo. Las dos mujeres se llevaban especialmente bien y era verdad, Alexandra lo vio, que el padre de Kagami era como si le diera igual su propio hijo, había muchas veces en los que la rubia los vio discutir fuertemente delante de Taiga, y había otras muchas en las que le echaban cosas en cara a Kagami.

Y Alex sabía también que la madre de Kagami sufría de cáncer y que la tendrían que operar, aunque no esperaba que muriese antes de la intervención, y menos con una fiebre rozando los cuarenta y cuatro grados, ¿es qué los médicos no se habían enterado? ¿A caso son idiotas? Ella también lo maldecía, ella también lloró, ella la vio morir delante de sus propios ojos... Y fue algo duro, muy duro de ver. Sí, pero antes de eso habló con ella, habló de Kagami, de cuanto su madre le quería y le decía todas aquellas cosas por miedo a perderle, pero se le fue de las manos y acabaron discutiendo... Y de la peor manera. Ahora no podía imaginarse en que estado estaría el pobre Taiga.

Y aquel lunes por la mañana se encontró con una persona mayor dentro del hospital -porque Alex fue a informar de algunas cosas esa mañana a los médicos-, era la abuela de Kagami, quien había ido a visitar a su hija ya muerta a punto de ser llevada por la funeraria y seguramente pronto la enterrarían, y bueno, el pelirrojo no podría ir al entierro de su propia madre... Tanto por el dinero como por estudios, horas, equipaje y otras cosas más que no podría acomodar a su horario, pero a cambio de eso iba a ir Alex para quedarse una temporada con él.

Alexandra al llegar al aeropuerto de Tokyo cogió un taxi enseguida diciéndole al conductor que fuera lo más rápido que pudiese a la dirección de casa de Kagami y aunque se gastase una pasta valdría la pena llegar más pronto que tarde por si las moscas... Y así es como ahora había acabado allí, dentro de la habitación de Kagami con Aomine incluido, ¿pero qué narices hacía el peliazul con Taiga? Si la última vez que ella les vio eran rivales, enemigos, parecía que se llevaban como dos fieras, grandes e invencibles, capaces de destrozar la cancha de básquet si se lo proponían.

Quizá luego le preguntaría... Bueno, a lo que iba; Alex caminó con algo de cuidado por la habitación acercándose hacia Kagami que estaba tapado por sábanas y mantas de pies a cabeza, se podían notar sus temblores por debajo de éstas y un leve, casi inaudible llanto; Alex no supo como actuar en ese momento, ¿tan mal estaba Kagami? Nunca antes lo había visto así, ni siquiera cuando perdía un partido importante, aunque bueno, perder una madre era como diez o quince veces peor. ¿Kagami empezaría a gritar o a hacer algo? ¿Le entraría un ataque de rabia y pegaría a Alex? No lo sabía, y tampoco quería que pasase eso así que miró a Aomine con cara dudosa y preocupada, era la primera vez que dudaba queriendo decirle algo a Kagami quien pareció no darse cuenta de la presencia de la rubia, o al menos eso quería dar a entender.

-¿Qué pasa? -el moreno alzó una ceja mirando a Alexandra-. No te va a morder ni te va a hacer nada, así que no te preocupes tanto -soltó aire.

-Cielos... sigues igual que siempre -giró su vista hacia el bulto que yacía debajo de las sábanas; no tuvo más remedio que sentarse al lado de Kagami aunque algo temerosa por la situación-. Taiga, ¿estás bien? -puso una mano sobre lo que supuestamente era el hombro del pelirrojo, solo un mechón de pelo que sobresalía hacía saber que se encontraba ahí tapado.

-¿Cómo demonios esperas a qué esté bien? -preguntó Daiki moviéndose por la habitación.

-Así que tu lo sabes también... -murmuró ella.

-¿Heh? -puso una mueca de enfado-. ¡Pues claro! Si no no estaría aquí ¿no crees? -de nuevo soltó aire.

-Taiga... -repitió nuevamente su nombre-. ¿Me oyes, Taiga? Soy Alex, he venido a verte.

Pero no hubo ninguna respuesta por parte del tigre, sí que la escuchaba pero simplemente no le quedaban fuerzas para alzar su cabeza y mirar a Alex a la cara, no podía, ni quería ni se merecía que ella hubiese venido a visitarle, no después de lo que había ocurrido, no después de haberse comportado de aquella manera con su madre que ahora no vivía, de solo pensar en él mismo y en el básquet y de no haber sido un buen hijo... No se merecía tampoco la ayuda de Aomine pero tampoco sabía que haría sin él, sin su voz, sin su presencia... tal vez, tal vez ya no seguiría vivo, tal vez se hubiera suicidado al llegar ayer a casa por tanta presión que tenía dentro de su cuerpo, aunque una parte de su mente seguía cuerda y le impedía hacer eso.

Notó entonces como una mano quitaba la manta que cubría su cabeza dejando al descubierto sus despeinados cabellos pelirrojos, una brisa o mejor dicho, una sensación de aire fresco recorrió toda su cara cubierta por indeseables lágrimas que desbordaban por sus ojos como la más grande de las desembocaduras. Esa mano de uñas largas y dedos ligeros y suaves acarició su pelo con cuidado, enredándolo entre los huecos de éstos dándole un agradable sentimiento de calidez; entre abrió los ojos mirando por el rabillo para ver a la mujer que le miraba de forma preocupada con aquellas gafas rosas cubriéndole los ojos y aquel flequillo rubio y largo que tapaba su frente.

-Oh, Taiga... -susurró ella rozando la mojada mejilla del pelirrojo haciendo que se encogiese más sobre si mismo-. Te ves tan mal... Lo siento -le cogió por los hombros haciendo que quedase sentado sobre la cama y le abrazó-. Siento no haber venido antes... -Kagami, tapado hasta la cintura con las mantas, parecía un trapo, no se movía ni hacía ningún gesto; solo dejó reposar su cara encima del hombro de Alex mirando a la nada aunque eso pronto acabó porque correspondió al abrazo y empezó a sollozar de nuevo esta vez resguardado en los brazos de su entrenadora, su llanto se intensificó y ella le intentó consolar acariciando su espalda; jamás había imaginado ver a Kagami de aquella manera.

Aomine observaba la escena de pie, justo delante de ellos, Taiga realmente parecía un bebé en esos momentos, frágil y pequeño en un mundo tan grande. Ahora lo pensaba y se preguntaba: ¿De verdad ellos dos habían sido grandes rivales? ¿De verdad habían llegado a odiarse alguna vez? Los dos tan fuertes, tan grandes, tan impetuosos y ahora... Kagami era lo más débil que había visto en su vida aparte de su madre, ¿el pelirrojo seguiría jugando a básquet? ¿Simplemente haría algo a partir de ahora? ¿Desde cuándo Aomine rechazaba la total compañía de Momoi solo para quedarse con Kagami? ¿Desde cuándo le había gustado tanto estar con la compañía de una persona?

Frunció el ceño ligeramente deseando que al que Taiga abrazara fuera a él y a nadie más, ¿a caso estaba sintiendo celos? ¿Él, Aomine Daiki, celos por alguien? Era imposible, simplemente sería una equivocación.

-Tranquilo Taiga -decía Alex-. Venga, mírame, voy a decirte unas cuantas cosas ¿vale? Harán que te sientas mucho mejor, ya verás -Alex hizo que Kagami la mirase con aquellos ojos rojos, apagados, sin luz; la rubia secó las lágrimas del pelirrojo mientras le mostraba una leve sonrisa-. Tu madre me contó todo, toda la pelea que hubo entre vosotros, las discusiones por el móvil, los mensajes... -decía con voz suave, a Kagami no le faltaba nada para empezar a llorar de nuevo-. Pero ella lo hizo solo porque no quería que te fueras nunca de su lado, Taiga, tenía miedo de estar allí tumbada en una cama de hospital la mayor parte del día, tenía miedo de que la operasen, estaba débil y esa debilidad iba aumentando cada día, cada minuto y cada segundo, por eso fue que te empezó a gritar y a decir esas cosas, por miedo -Kagami no se aguantó más el nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a caer de nuevo, sentía una presión en el pecho tan grande como un mismo agujero negro.

-Y yo... y yo no pude decirle otra cosa mas que... que... -rompió en llanto antes de terminar la frase apretando fuerte los dientes para no tener que emitir ningún sonido.

-No, Taiga, no -la mujer le acarició la cara al tigre, mirándole-. No fue tu culpa, fue la situación quien te obligó a decir eso, tu madre misma se culpa de haberte gritado para que dijeses eso, por favor, no quiero que te culpes, ni yo, ni tu madre lo queremos ¿eh?

-Pe... pero... -Kagami apretó los puños.

-Nada de peros, Taiga, ella te perdona por todo al igual que tu la perdonas a ella ¿verdad? Me dijo que no quería que sufrieses por ella, me dijo cuanto te quería y sabía también lo mucho que la querías; yo... la vi morir -Kagami sintió que le daba un vuelco el corazón y Aomine abrió los ojos, sorprendido-. Sus últimas palabras fueron para ti, me pedía que te dijese que no llorases por ella y que todo, todo, todo iba a ir bien, que te quería mucho, más que a nada en este mundo y por muy mal que se hubiera comportado contigo tendrías que saber el aprecio que te tiene, porque tú eres su hijo, Taiga, su sangre, su pequeño que quiere que crezca grande y haga todo lo que se proponga en la vida, tanto si quiere jugar a básquet, como a rugby o como a tenis, ella te apoyaría desde donde estuviese; es verdad que quería verte crecer, verte convertido en todo un campeón que ya eres ahora, ver a tu mujer, a tus nietos, a la familia que formarías porque ¿sabes? Me dijo que no podía esperar más para convertirse en abuela; quería ver como te casabas, ver a lo alto que podías llegar porque sabe lo mucho que amas el baloncesto y sé que te recriminó cosas por jugarlo pero se arrepintió, me dijo que no lo dejases y que siguieses con ello; me pidió que no la odiases por dejarte a cargo de tantas obligaciones -Alex no pudo evitar que lágrimas se escapasen por sus ojos-. Es por eso que estoy aquí también, te ayudaré en lo que haga falta, porque ella me lo pidió, ¿está bien, Taiga? Aquí estaré yo para todo -le abrazó de nuevo, con fuerza, sollozando mientras Kagami lo hacía también-. ¿Para todo, vale? Tu madre siempre estará contigo así que no sufras más, por favor.

Kagami lo único que pudo hacer fue asentir ante aquel discurso, movió la cabeza de arriba abajo varias veces seguidas con los ojos cerrados y las lágrimas derramándose por los lados. ¿Aomine que pintaba ahí? Se preguntaba, ahora que Alex había llegado solo era como una inútil pieza de ajedrez, un peón en aquella casa que lo único que hacía era estar ahí, de pie, sintiéndose como algo insignificante, ahora que había llegado ella suponía que Kagami ya no le necesitaría más ¿verdad? Porque Alex... Alex parecía como una segunda madre para Taiga capaz de sacarle de su sufrimiento, en cambio Aomine tan solo le podía decir palabras de consuelo que los demás también le dirían... ¿Él era los demás para Kagami ahora? ¿Y qué más le daba a él? Siempre había sido solitario y sinceramente no necesitaba la compañía de nadie, si se separaba de Kagami tendría a Momoi y a su equipo como antes, se olvidaría rápido de él ¿pero olvidar el qué? Ni que fuesen novios, además, tan solo habían sido unos días con él, como si le importaran... "Pues sí me importan, joder, maldito Bakagami, ¿por qué haces que me importe alguien?" Pensó que lo mejor sería irse... Él no pintaba nada ahí. Apretó los puños, ¿se sentía... disgustado? Suspiró y observó por última vez a Kagami quien se refugiaba en los brazos de Alex antes de irse; que más daba, llegaría a casa y ese día no iría a clase, total, le diría a su madre que hiciese un justificante y ya haría aquel examen otro día, si le dejaban...

Comenzó a caminar hacia la puerta con la cara que acostumbraba a tener, Aomine no solía mostrar sus emociones al público porque deseaba guardárselas para él, no quería el consuelo de nada ni de nadie ¿para qué? Si era una tontería, bueno... A Kagami le hacía mejor tener algún consuelo... ¿A caso Taiga solo le había usado? ¿Por qué narices se sentía así? Tan solo eran amigos, nada más.

El pelirrojo observó con ojos grandes e inocentes como Aomine salía por la puerta, se preguntó el por qué, no lo entendía ¿se iba a ir? Sintió como el corazón se aceleraba al no tenerle cerca, como aquella sensación de nerviosismo empezaba a afectarle, ¿Aomine habría descubierto que en realidad Kagami no sirve para nada y era por eso que se iba? "¿No lo ves, imbécil? al final todos acaban por abandonarte." Decía una vocecilla en la mente de Kagami, pero no podía dejarle ir... No... Se levantó sorprendiendo a Alex y caminó tambaleante hacia donde se había ido Aomine.

"No te vayas por favor... Te necesito..." Pensaba en su cabeza, era como si algo de su cuerpo se desprendiera al ver a Daiki irse, ¿quizás estaba dependiendo mucho de él, no? Esto ya se lo había planteado en otra ocasión pero no podía parar de preguntárselo. Si sentía un vacío grande ya en su cuerpo, sin Aomine lo sentía el doble de grande; llegó a él y le cogió de la mano, el moreno estaba a punto de abrir la puerta de salida pero se giró al sentir el contacto de una mano cogiéndole.

-¿Por qué te vas...? -la voz de Kagami sonó floja y ronca-. No... no te vayas, por favor... -apretó la mano de Aomine agachando la cabeza-. Te necesito... -logró decir lo que su mente repetía.

"¿Qué demonios...?" El corazón de Aomine se aceleró tanto que creyó que se le iba a salir o algo, "Joder, Kagami, tú jamás has sido tan irresistiblemente mono como ahora, ¿me está pidiendo que me quede? ¿Qué me necesita? Maldito idiota, te odio por hacerme sentir estas extrañas sensaciones". Aomine estaba levemente sonrojado mirando a Kagami.

-Idiota... -gruñó con el ceño fruncido mientras ponía una mano sobre el pelo rojo de Kagami-. Lo siento.

Kagami le miró y Aomine pudo observar los hinchados ojos de su contrario, de alguien tan fuerte, tan agresivo y ambicioso el pelirrojo había pasado a ser alguien frágil, débil, miedoso y triste, las cosas podían cambiar perfectamente de un día para otro con facilidad. De una persona que creyó que seguiría siendo igual toda su vida había acabado siendo alguien depresivo que le afectaban las cosas rápidamente, pero Aomine no dudaría en ayudarle en lo que fuera, ¿qué demonios le había dado para casi irse de aquella casa? Kagami sí que le necesitaba, Kagami si que deseaba su compañía porque sino fuera así ni se habría molestado a levantarse en el lamentable estado en el que estaba para ir a pararle, y Aomine, como un idiota, quería abandonarle.

-A... Aomine... -Kagami se desequilibró y cayó de rodillas al suelo con los ojos entrecerrados, Aomine se agachó ante él, preocupado, y Alex también vino corriendo hacia los chicos

-Oi, idiota, ¿qué te pasa? -Daiki le zarandeó suavemente pero Kagami no respondió ante aquello, es más, se desmayó-. ¡Ei, Kagami!

-¡Taiga! -Alex le llamó también.

-Está desmayado -dijo Daiki girando su cabeza hacia la rubia-. Creo que sé porque es.

-¿Ah, si? ¿Por qué? -Alex se apartó dando paso a Aomine, el cual cogió a Kagami en brazos y lo llevó hacia la habitación.

-Por lo que sé ayer no comió en todo el día y hoy solo dos trocitos de salchicha que le hice -llegaron al cuarto y Aomine dejó a Taiga en la cama-. Y como de normal suele comer bastante pues seguramente le haya dado un bajón.

-¿Y tú por qué estás con él? -ella se acercó al tigre-. ¿Y este traje?

-El del trabajo -Aomine cogió el plato con el desayuno que aún yacía en la mesita de noche y comenzó a comer-. Y respecto a lo de que estoy con él es porque cuando comenzó a trabajar se encontró conmigo en la cafetería donde trabaja, ya que yo siempre voy allí -Aomine tenía la boca llena mientras hablaba-. Ese día por la noche fuimos a jugar a básquet a las canchas y fue el mismo día en el que su madre le llamó y empezaron a discutir.

-Hm, ya veo, ¿Kagami confió en ti para contártelo todo? Es raro, ¿no crees? -Alex comenzó a quitarle la corbata a Taiga.

-¿Hah? ¿Cómo que raro? -gruñó el peliazul.

-Como siempre andas despreocupado... Orgulloso por la vida... -la rubia soltó una risita y Aomine hizo mueca de molestia.

-¿Y a ti que más te da lo que haga o deje de hacer?

-Cálmate, cálmate -miró con pesar a Kagami mientras le quitaba la camiseta-. Está sudando mucho...

-¡Oi! ¿Por qué le estás desnudando? -Aomine no pudo evitar sonrojarse un poco mientras miraba como Alex dejaba al descubierto el torso de Kagami.

-Porque no puedo dejarle con esto puesto todo el día, además ¿a ti te tendría que dar igual no? -Alex dobló la camiseta dejándola a un lado de la cama.

-¿Hah? ¡Pues claro que me da igual! ¿A caso estás insinuando algo?

Ella negó con la cabeza con media sonrisa juguetona en su rostro que desapareció casi enseguida.

-Lo está pasando muy mal -suspiró-. Me preocupa que no pueda ponerse bien.

-Sé mejor que tu lo mal que lo está pasando -dijo Aomine con voz seria mientras cogía los platos-. Vayamos a hablar al salón.

Eso hicieron, dejaron a Taiga semidesnudo durmiendo en la cama de nuevo, y aunque estuviese sudando seguía teniendo temblores, aunque no por frío sino por miedo, por fragilidad, por toda la tensión acumulada en tan pocos días y horas. Kagami ya no era la persona que había sido unos días atrás, ya no era aquel chico que se enfadaba por cualquier cosa cuando no entendía algo, ni aquel chico que lo daba todo por el básquet, no; Kagami se podía definir como un jarrón de cristal fino, como una mariposa o una flor acabada de salir de su capullo, es decir, alguien frágil y débil, fácil de romper. Su sudoración también se debía al mal sueño que estaba teniendo, ¿qué haría si nunca llegase a salir de aquel pozo en el que se estaba metiendo?

Aomine y Alex se sentaron en el salón a conversar sobre todo de aquellos últimos días, de lo que Taiga había pasado, de cuando fueron al acuario y se encontraron a Momoi y ella le dijo cosas que le afectaron, haciéndole llorar y también le habló del peor día de todos, de ayer, de cuando escuchaba aquel llanto desgarrador saliendo de la garganta de Kagami, destrozándosela cada segundo que pasaba. Aomine le comentó que lo había pasado mal viendo a Taiga de esa forma, y de como alguien quien no le importaba nada hace poco había llegado a ser una de las personas más importantes en su vida, pero no le dijo nada acerca de esos sentimientos que se formaban al ver a Kagami con aquella sonrisa en su rostro que tanto le gustaba, tampoco de cuando solo le decía a él que era la persona en la que más confiaba, no, eso se lo guardaría para él porque eran sus sentimientos que nadie más debía saber de momento.

Alex escuchaba con atención y pudo saber enseguida que Aomine en realidad era un gran apoyo y una gran persona que no aparentaba ser a primera vista; ¿realmente Daiki siempre había sido así? ¿Desde cuándo se preocupaba tanto por alguien? Bueno, era igual, Alex lo agradecía porque se dio cuenta, con las explicaciones de éste, que Kagami realmente necesitaba de Aomine y que no podía -y no debía- separarlo de él. La muerte de aquella mujer había dado una vuelta completa, de trescientos sesenta grados, en la vida del pelirrojo quien se encontraba como un alma en pena durmiendo en la habitación. ¿Qué pasaría con la escuela? ¿Qué pasaría con el básquet y el trabajo? ¿Qué pasaría a partir de ahora...?

-Yo iré al trabajo por él -habló el moreno reposando su cabeza en el respaldo del sofá con los ojos cerrados, tenía sueño y hambre-. Empieza a las cinco y media.

-¿En serio? Pero...

-Tú quédate con él -interrumpió-. Por si se levanta o algo, no podemos dejarle aquí solo.

-¿Crees que te dejarán trabajar por alguien? Aomine, eso es imposible -Alex se limpiaba las gafas con la camisa blanca que llevaba puesta para luego ponérselas de nuevo.

-Conozco al jefe, él también conoce la situación de Kagami -bostezó-. Como decirlo... es como si él viera a Kagami como su propio nieto, ¿me entiendes?

-Ya veo... -Alex decidió levantarse del sofá.

-¿Cuánto tiempo te quedarás aquí? -Aomine abrió un ojo mirando a la rubia.

-El que haga falta, ¿sabes algo de Tatsuya?

-Tatsuya... Ah, Tatsuya Himuro, no, no sé nada de él, la única vez que le vi fue en la Winter Cup del año pasado cuando tu también estabas.

-Hm, gracias, bueno... -Alex estiró los brazos-. Basta de caras tristes, el único que tiene derecho a estar así es Kagami; levántate venga -le dio una patadita con el pie-. Tienes que ayudarme a deshacer las maletas.

-¿Heh? -frunció el ceño-. ¿Por qué yo? ¿Son tuyas, no?

-Yo voy a hacer la comida y tú guardas la ropa en la habitación que hay libre, ¿vale? -sonrió ella sacando la lengua-. No seas vago y haz algo.

Aomine resopló pero al final acabó por hacer caso a Alex; mientras Aomine iba a coger las cosas de la rubia, las cuales estaban al lado de la puerta, empezaron a hablar de diferentes cosas, sobre los partidos y los entrenamientos que Touou tenía contra Seirin todos los jueves y de que Kagami no ganaba ni un uno a uno a Aomine. Cuando Daiki estaba en el cuarto que durmió la otra vez, Alex miraba lo que podía preparar para comer. Sí, se quedaría todo el tiempo que hiciera falta porque Kagami ahora necesitaba a personas a su lado más que nunca en la vida; no podía dejarle y aunque tuviese a Aomine seguiría necesitando la compañía de una segunda madre que le protegiese ¿no? Porque ella a Kagami como a Himuro les consideraba como sus hijos, compañeros, primos, alguien como parte de su familia, no como simples amigos.

Cuando Alex acabó de preparar arroz con algo de carne fue a ver que hacía Aomine, se lo encontró tumbado en la cama sonriendo con el móvil y la maleta medio deshecha.

-La comida está lista... -Daiki pegó un brinco al escuchar la voz de Alex tan de repente-. Y vaya, gracias por ordenármelo todo tan bien, quizá hasta te quedas sin comida...

-¿Heeeh? -Aomine se sentó sobre la cama-. ¿Por qué? ¡Oye, no es mi ropa! ¡Ni siquiera debí haberte guardado lo que te he guardado! -resopló.

-Yo solo te avisaba -sonrió dando media vuelta, Aomine se levantó caminando detrás de ella.

-¿Deberíamos despertar a Kagami? -preguntó el peliazul.

-No, déjale, cuando se levante ya le obligaré a que coma.

Mientras ellos comían Kagami seguía durmiendo y no parecía que se fuese a despertar aún, abrazaba con fuerza la manta y fruncía el ceño repetidas veces aunque al menos sus temblores se habían calmado y desde algún punto de la habitación se podía observar que dormía "en paz" y en "tranquilidad", aunque no era así.

El día pasó con tranquilidad en aquella casa, Alex le contó todo lo que había pasado en el hospital, hasta que Aomine, sobre las cuatro y media, decidió irse para pasar por su casa, ducharse y coger ropa para poder estar en casa de Kagami algunos días. Alex dijo que si Kagami seguía durmiendo se pasaría por aquella cafetería más tarde, Daiki le había dado la dirección de donde se encontraba en un papel.

Alex se quedó viendo la tele no sin antes pasar a observar a Kagami, le susurró que todo iría bien y le dio un beso en la mejilla queriendo que su sueño le recuperara de todo lo malo que estaba pasando. Aomine al llegar a casa fue directo a la ducha, tenía el tiempo justo para llegar a la cafetería después. Su móvil comenzó a sonar repetidas veces pero el moreno no cogió ni una, era Satsuki seguramente preguntando el por qué de no haber venido aquel día al entrenamiento, o tal vez le diría otra de sus estúpidas tonterías que ahora no tenía nervio para aguantar.

A Kagami también le llamó Riko, su entrenadora, pero el teléfono del pelirrojo estaba apagado por falta de batería, ¿y para qué cargarlo? Kagami no se encontraba en estado de estar hablando con alguien por móvil. Aunque Riko se preocupó, notaba, no sabía por qué, que algo estaba yendo mal con Kagami y no se equivocaba en lo más mínimo.

-No te preocupes Riko -dijo Teppei mientras lanzaba un balón a canasta-. Mañana seguro que viene, tienes que dejar que se recupere de lo que sea que le pase.

-El partido es dentro de una semana... -suspiró ella-. A ver, no estoy diciendo que solo necesito a Kagami por el partido, me preocupo por él, pero contra Kaijo... Kaijo es fuerte, Kise es fuerte y seguramente ahora más que otras veces, además, este partido fue de imprevisto, se suponía que ellos tenían que jugar contra otro equipo y así, de repente, pasan a jugar contra nosotros...

-Tranquila -sonrió pasándose una mano por su frente sudada-. Seirin siempre gana ¿no? Confía en él, siempre acaba sorprendiéndonos de una forma u otra.

-Hm -Riko asintió-. Tienes razón.

Aomine llegó a la cafetería puntual: cinco y media. Rinnosuke estaba atendiendo a unos clientes que acababan de llegar, hoy la cafetería estaba considerablemente llena a como solía estar y la música de la vieja radio emitía una canción country. El jefe se fijó en el peliazul y se acercó a él.

-¿Y Kagami? -preguntó al no verle con Daiki.

-¿Lo sabes no? Lo de ayer... -carraspeó, aclarándose la garganta-. Se ha muerto su madre, él no está muy bien.

-Ah... resulta que fue eso al final... -se mordió el labio inferior agachando la cabeza-. ¿Le has dejado solo?

-No, ha venido su entrenadora, ¿te acuerdas que te hablé de ella un día? Sobre una mujer rubia, con gafas...

-Ah, sí, ya me acuerdo -miró de reojo a los clientes, algunos riendo y otros relajándose.

-Ella es algo así como su segunda madre, bueno, el caso es que he venido a trabajar por Kagami... ¿puedo? No quiero que también pierda el empleo, eso ya sería una bomba para él.

-Igualmente no le echaría -Rinnosuke sonrió levemente-. Pero me viene bien una ayuda.

Rinnosuke también se preocupaba por Kagami y lamentaba desde todo su corazón la muerte de la madre del pelirrojo, ¿cuánto tiempo a partir de ahora estaría sin verle? Por lo que Aomine le había contado bastante, el moreno trabajaba bien, se sorprendió y todo de sus dotes de camarero porque creyó que iba a hacerlo mal desde un principio, pero no fue así. La gente, a medida que las horas pasaban, se iban yendo y las calles se inundaron de oscuridad aproximadamente sobre las seis y media. Entonces, una persona apareció por la puerta con aire casual vestida con un abrigo de color verde y pelo rubio recogido en un moño, se acercó a la barra donde Aomine estaba fregando algunos platos con aquella cara de desinterés y despreocupación.

-Aomine -habló ella, poniendo los brazos sobre la barra de madera.

-Alex, ¿qué haces aquí? ¿Y Kagami?

-Todavía no ha despertado -se fijó en todas las esquinas de aquella cafetería, le agradó el ambiente que había allí-. ¿Este es el sitio dónde él trabaja?

-Sí señorita -Rinnosuke apareció por la puerta de la cocina-. Tú debes ser Alexandra, Aomine me habló de ti.

-Sí -sonrió ella intentando ser amable-. Este es un lugar muy cálido, me agrada.

-No deberías haber venido, Alex -Aomine se secó las manos en una toalla, llevaba ropa normal, un pantalón vaquero y una sudadera azul marino-. ¿Qué harás si se despierta?

-No lo sé -se encogió de hombros-. Pero parece que seguirá durmiendo mucho más tiempo, ¿a qué hora acabas?

-Dejaré que se vaya a las ocho y media -contestó Rinnosuke-. Siento lo de Kagami.

-No importa -suspiró esta-. Lo único que deseo es que Kagami no vaya a peor, no me gustaría llevarle a un médico, o psicólogo.

Alex, Aomine y Rinnosuke siguieron conversando pero en casa de Kagami las cosas estaban empezando a ir un poco diferentes. El chico se despertó en medio de aquella cama, todo estaba oscuro, inundado de sombras que proyectaba la ventana, pasando sus rayos de luz artificial de las farolas a través de ellas, ¿qué hora sería? Se preguntó primeramente el tigre intentando acostumbrar su vista a aquella oscuridad. Se incorporó para luego encogerse sobre sí mismo, le dolía la cabeza y los ojos y tenía bastante frío, podía también escuchar el silbido del aire por los huecos de la ventana. De pronto se sintió muy solo y miró todo a su alrededor, asustado.

-¿Aomine...? -intentó gritar, pero su voz se quedó baja-. ¿A-Alex...?

Apretó los puños y sintió como su corazón se aceleraba y le entraba una angustia y una opresión en el pecho que no podía definir con palabras. Intentó levantarse de la cama aunque lo hizo muy torpemente cayendo de rodillas al suelo, ¿dónde estaban?

"¿No ves que ya no te quieren? Te han abandonado, es normal, después de lo que has hecho... Inútil, tu madre está muerta, ¿y lo único que le dijiste es que se muriera? Encima la iban a operar, vaya hijo que eres, bueno, no se te puede considerar hijo, considérate basura". Dijo la voz de su cabeza haciendo que se sintiera aún peor.

-L-Lo siento... -la voz le tembló y comenzó a llorar de nuevo-. M... Mamá... -se abrazó a sí mismo, jadeando, notaba que le faltaba el aire, estaba empezando a sentirse muy agobiado dentro de aquella habitación.

Intentó levantarse de nuevo y caminó hacia fuera, tambaleante, todo el pasillo estaba oscuro, toda la casa estaba en la más completa soledad. Caminó por el pasillo apoyando una mano sobre la pared.

-¡Aomine...! -chocó contra la esquina de un mueble haciéndose daño en su costado derecho y soltó un gemido doloroso-. Ngh... -abrió la boca cogiendo aire, ¿tan fuerte había sido el golpe? Se tocó donde se había golpeado y notó un líquido caliente en sus dedos, se había hecho sangre y además estaba sin camisa.

Salió al salón y solo veía la silueta de los muebles iluminados por la luz exterior que emitían las ventanas del balcón. Nadie, absolutamente nadie ocupaba la casa. Se apoyó en el sofá para dejarse caer al suelo, temblando y abrazándose fuertemente a sus piernas mientras escondía la cara en las rodillas. Mordió fuerte sus labios al punto de hacerse sangre, los pensamientos volvían, todo aquel doloroso sentimiento volvía cargado más fuerte aún.

"Solo eres un estorbo en la vida de los demás, ¿no lo ves? Te han dejado, total, ¿qué les importa tu vida? Ni siquiera son de tu familia, ni tu familia te quiere... Ni tu padre, ni tu abuela, ni tu tía... Inútil, deberías dejar de vivir, ¿te crees bueno en el básquet? No me hagas reír, por favor, la gente solo te alaga para no hacerte sentir mal; asqueroso, sucio, no vales nada...". Kagami no podía controlar aquellos sentimientos, era tan difícil pararlos... tan difícil dejar de creer en ellos allí, solo, sin que nadie le consuele, sin que nadie le diga que todo irá bien...

Seguía mordiéndose fuerte, muy fuerte los labios, aquel dolor hacía que sus pensamientos se disolviesen un poco, hacía que pensara en su dolor físico, hacía que se sintiera minimamente relajado pero no lo suficiente como para parar los excesivos latidos de su corazón. Se sentía débil y mareado y no tenía las suficientes fuerzas para levantarse de ahí.

Aomine y Alex ya iban de camino a casa, Rinnosuke le dio a Daiki un tapper con cena para Kagami, así Alex no tenía que cocinar nada -ya que Aomine se comió toda la comida del medio día-, Daiki estaba algo preocupado por el pelirrojo y esperaba que aún siguiese durmiendo. No hablaron durante todo el camino, nadie quiso comenzar ningún tema de conversación y al llegar a casa, Alex abrió con las llaves que le robó al tigre aquella tarde. Daiki fue el primero en entrar a casa y encender la luz, vio entonces una silueta de cabellos pelirrojos sentada detrás del sofá del salón y corrió rápidamente hacia Kagami, dejando la bolsa de la cena y la mochila con su ropa encima de la barra de cocina.

-Oi, Kagami -le llamó el moreno arrodillándose delante de él, Alex se acercó unos pasos a ellos sin decir nada. Kagami alzó la vista, y Aomine frunció el ceño al contemplarle, sus ojos mostraban miedo y tristeza y toda su boca estaba cubierta de sangre que caía por su barbilla goteando y manchando su torso de piel blanca-. ¿Qué demonios...?

-A-Aomine... -su voz se quebró antes de que pudiese decir nada más y se abalanzó a los brazos del moreno abrazándole fuertemente; sus hombros se convulsionaron en un sollozo tembloroso.

-Tsk... -le echó una mirada fulminante a Alex-. Te dije que no debías haber venido a la cafetería, Alexandra, que debías haberte quedado con Kagami.

Aomine se levantó junto con Kagami, quien seguía con la cabeza escondida en el pecho de su contrario manchando de sangre la sudadera de éste. Alex no dijo nada y solamente frunció el ceño algo arrepentida, Daiki se fue con Kagami hacia la habitación y la rubia decidió calentarle la cena a su pupilo. Al llegar al cuarto el moreno sentó a Kagami en la cama mirando aquella herida que se había hecho en los labios.

-¿Cómo te lo has hecho? -preguntó mientras con un papel comenzaba a limpiarle la barbilla, al menos había dejado de sangrar.

-Me mordí... -susurró Kagami-. Lo siento... Estaba asustado.

Aomine recorrió el rastro de sangre que bajaba hasta un poco más arriba de su ombligo, joder, aún en ese estado era demasiado perfecto y... y... Mierda, necesitaba coger una camiseta para taparle aquellos músculos que deseó tocar con sus propios dedos y no con un maldito papel; el moreno se levantó yendo al armario y cogiendo cualquier camisa de ahí para después volver de nuevo con Kagami, a quien se la puso con total cuidado no viendo la herida que se había hecho con la esquina del mueble; solo sabía que ese labio se le hincharía bastante. Kagami tenía la cabeza agachada con los hombros encogidos.

-No vuelvas a hacer una tontería así, ¿me oyes, idiota? -dijo Aomine con total seriedad-. Lesionarte va a ser peor -rodeó el cuello de Kagami con su brazo y acercó la cara del pelirrojo apoyándola contra su pecho, Kagami solo se dejó llevar por las caricias de Aomine-. Ahora iremos al baño a limpiarte bien ese labio.

-N-No me dejes solo más... Aomine -pidió Kagami suplicante, lo había pasado tan mal estando solo que creyó que el mundo se derrumbaría encima de él.

-No lo haré -acurrucó a Kagami entre sus brazos-. Lo siento, ¿me perdonas? -besó la frente del chico pelirrojo haciendo que Kagami sintiese la calidez de aquellos finos labios; Taiga quería tanto a Aomine que no podía definirlo en palabras y por eso tenía miedo de algún día perderle para siempre, y hoy ya había sentido como era no tenerlo cerca, antes le daría igual pero ahora... Ahora era su único apoyo, incluso más que Alex, ¿por qué había cogido tanto cariño y aprecio a ese muchacho? Justo en ese instante Alexandra entraba por la puerta con un plato de comida.

-Ya he llegado con la cena -Alex contempló como Kagami se refugiaba en Aomine, se acercó y se puso delante de ellos, agachándose ante Taiga-. Esto te gusta ¿no, Taiga?

Kagami giró la vista hacia el plato tímidamente, tenía hambre, pues no había comido ni ayer ni hoy en todo el día y además se encontraba debilitado pero tenía el estómago cerrado para comer.

-Tienes que comer Taiga, aunque sea medio plato -le entregó a Aomine el plato y cogió de la cara de Kagami observando su labio-. Lo tienes todo rojo... ¿Te duele, verdad? Tendré que curártelo antes de que cenes.

Alex fue a por el botiquín para curárselo, Kagami logró comer lo que Alex le había dicho aunque un poco a la fuerza; el labio del tigre se había hinchado bastante pero ya lo tenía curado al menos, se notaban las marcas de los dientes aunque no eran de mucha importancia, bueno, después de aquello Alex le dio a Kagami una cosa que había traído de América, de la casa de Kagami, era un peluche de un gatito que le había regalado su madre cuando era pequeño y al cual cogió cariño desde el primer momento; pareció como si Kagami se hubiese alegrado de ver de nuevo aquel peluche aunque su cara no cambió de expresión en lo más mínimo, en cambio lo abrazó cerrando los ojos, era algo que le recordaba mucho a su madre, a cosas buenas que habían pasado juntos, agradeció que Alex se lo hubiera dado y debía reconocer que se sentía mucho mejor con la presencia de ella en casa, con Aomine también, era claro.

-Bueno, nos vemos mañana, Taiga -Alex se levantó de la cama. Kagami y Aomine se encontraban tumbados juntos, Kagami con la cabeza apoyada en el pecho de Aomine abrazando a su peluche y Aomine acariciando el pelo rojo de Taiga, había logrado no llorar en cuanto ellos llegaron de la cafetería y Aomine pudo ver que al menos estaba progresando en algo, aunque a lo mejor era temporal-. Buenas noches, chicos.

-Buenas noches -se despidió Aomine mirando nuevamente a Kagami, el moreno estaba apoyado en el respaldo de la cama, sobre unos ido a la cafetería a trabajar, Kagami, no te preocupes, Rinnosuke no te echará, solo te desea lo mejor.

-Hm -contestó simplemente Kagami, sus ojos se iban entrecerrando.

-Idiota... ¿Pensabas que te iba a dejar Kagami? -no hubo contestación por parte del otro y Aomine vio que se había dormido de nuevo-. ¿Cuánto puedes llegar a dormir...? -suspiró-. Me gustaría saber que es lo que me pasa contigo, siento cosas que nunca antes sentía por otra persona... -susurraba Aomine-. ¿Será que me estoy enamorando de un imbécil como tú?

Meh, fin! Por fin! XD Gomen, gomen, gomen y mil veces gomen por haber subido el capítulo tan tarde D: Gracias a todos los que me dejáis review 3 Eso me hace seguir con más ilusión, bueno, también espero que os esté gustando la historia -a los que no dicen nada por review- y nada, el próximo capítulo intentaré subirlo en un par de días. Gracias.