Hola a todos. Siento que me voy a morir de la presión, tareas por todos lados, exámenes al por mayor, me atrasé en la escritura, y cuando trato de escribir empiezo a pensar en una nueva historia que esta rondando mi mente ¡Mierda! Ahora y se que es lo que siente Tweek. Pero gracias a todos los que me comentan, porque gracias a sus reviews logro concentrarme y volver a escribir. Sus comentarios me hacen regresar a la tierra y ponerme a teclar lo más rápido que pueda. ^^

Historia: Papel y tinta

Título del capítulo: Simpatizantes Nazis

Pareja: Stan y Kyle

Canción: E.T. Katty Perry

Quizás pronto les empiece a hablar de la nueva historia que esta por mi mente. Pero antes quisiera hacerles una pregunta ¿De qué pareja quieren que trate? Se acepta cualquier sugerencia.

South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone.


Capítulo 9: "Simpatizantes Nazis"

Varsovia, Polonia. Marzo–Agosto de 1939.

"Eres hipnotizante, ¿podrías ser un demonio? ¿Podrías ser un ángel?"

La boca de Stanley estaba abierta, sus ojos como platos y su alma se sentía traicionada. Apretó el puño donde tenía el dije judío con mucha fuerza, acercándolo a su pecho. Kyle se sentía la peor persona de todo el universo mientras esperaba las palabras de rechazo que Stanley le propinaría así como los regaños que sus padres le darían por haber roto la regla de oro. El pelinegro sintió como sus labios temblaban y le costaba trabajo sacar palabras de su boca, hasta que finalmente lo consiguió.

– ¿Qué tú eres qué? – preguntó esperando haber escuchado mal

–Soy judío… – volvió a confirmar el pelirrojo devastado

Stanley se puso de pie y le dio rápidamente la espalda.

– ¿por qué me lo has dicho? – Quiso saber – ¿por qué hasta ahora?

–Nos echaron de Checoslovaquia precisamente por eso, no es algo que pueda decir a cualquier persona, te lo dije porque ganaste mi confianza Stan

Marsh empezó a negar con la cabeza. Pensando que era un sueño o una broma de muy mal gusto. Conocía a la perfección la opinión de sus padres sobre ese tipo de gente y la reacción que tendrían al saber que invitaron a una familia judía a su casa. Sabía lo que les pasaría si Alemania avanzaba al país o lo invadía, sabía que no dudarían en delatarlos. Pero en el fondo de su corazón un pequeño sentimiento le obligaba a guardar silencio y tratar de protegerlos de su familia, un sentimiento que le confundía demasiado.

–No creo que sea el momento de hablar de eso – dijo Marsh

–Si no se ahora ¿Cuándo? – sollozó el judío ante la idea de perderlo

–En la escuela… el lunes…

– ¿Dónde cualquiera puede oírnos? – inquirió el judío

–Déjame asimilarlo – masculló Stanley sanando más enojado de lo que estaba – por favor… Kyle…

El pelirrojo solo pudo bajar la cabeza, incapaz de hacer otra cosa. Stan se guardó el dije en la chaqueta, para que nadie lo viera.

La escuela no fue lo mismo luego de saber que la persona que estaba en el lugar adelante del tuyo era uno de los muchos expulsados de Checoslovaquia. El maestro entró justo detrás de Wendy y Bebe que por poco llegaban tarde, dejó el maletín de color negro profundo encima de la mesa y se dejó recargar en ella, con la vista en la madera y el cabello un poco largo cubriéndole el rostro. Un suspiro precedió a la frase que Stan y Kyle temían oír.

–Se que Wendy no aprobará lo que estoy a punto de decir, pero creo que merecen saberlo; Alemania ha invadido el país sureño de Checoslovaquia, tomó Bohemia y Marovia por lo que temo decir que… Checoslovaquia ha dejado de existir

Toda la clase ahogó un grito. Para Stan esa noticia fue demasiado para poder soportarlo. Su amigo era en parte la causa de que todo eso llegara a tal extremo. Tenía todos los motivos para estar furioso con él, verle con gran encono y jamás dirigirle la palabra de nuevo. Pero siempre que pensaba en eso el sentimiento tomaba fuerza y un argumento tomaba más peso que los miles que estaban del otro lado, ladeando la balanza un segundo suficiente para que luego regresara al punto medio. Cuando miraba esos rizos rojizos de su amigo la balanza volvía a inclinarse a su favor, pero al ver a Wendy o a cualquier alumno que se declaraba como alguien a favor de los nazis, de nuevo regresara al punto medio. Stan necesitaba que le indicara un lado, el que fuera, antes del receso; porque sabía que en cuanto la campana sonara su amigo le exigiría una respuesta que aún no podría dar.

La pelinegra miraba al chico que le gustaba sin importarle el regaño que podía recibir, estaba decidida a decirle ese día a Stanley Marsh lo que sentía, serían novios, luego se casarían tendrían hijo y vivirían felices para siempre. Bebe miraba a su amiga, su corazón se aplanaba y no conocía el motivo. Cada palabra dulce que salía de su boca dirigida a Stan era como un cuchillo clavado en su pecho. El timbre sonó y Stanley se puso de pie sin abandonar el aula. El profesor se salió ante el llamado de la directora y nada más quedaron los dos amigos y las dos amigas; la pelinegra hizo su mejor pose y dijo a Stan.

–Oye Stan ¿podemos hablar?

–Tengo que hablar con Kyle, será luego Wendy – le rechazó el del pompón rojo

La chica resopló y salió como alma que lleva el diablo, seguida por su amiga. Era la segunda vez que lo prefería a ese chico pelirrojo. Salió rápidamente del edificio llegando a la ventana del salón, esperando escuchar algo.

–Eso no es bueno Wendy – la regañó Bebe

–No empieces con tus lecciones de moral – gruñó ella. La rubia prefirió ya no reclamarle nada, cuando tenía celos es mejor no meterse con ella ni de chiste

Kyle miraba el pis del aula decepcionado de sí mismo.

–Está bien si ya no quieres ser mi amigo – sollozó

–Yo te conocí siendo judío – dijo Marsh – y sé que eso no cambia nada de ti, pero tu familia corre peligro estando con la mía. Mi padre y mi madre son simpatizantes nazis. No dudarán en echarlos de cabeza – guardó silencio unos segundos reuniendo el valor para continuar – así que si algo pasa o algo descubren yo no podré defenderlos

–No esperaba que lo hicieras – dijo Kyle con una pequeña sonrisa

Stan apretó los puños que tenía dentro de la chaqueta, sintiendo el dije de la estrella. Recordando el sentimiento que lo mantenía a ese judío pelirrojo. Un sentimiento que no comprendía pero sabía que era muy importante. Sus palabras lo excluían de ayudarle, aunque en el fondo dudaba quedarse callado.

– ¿hay algo más qué deba saber? – inquirió Stan

–Nada que no pueda decirte a su tiempo – respondió Kyle

Ambos se dieron una romántica sonrisa, sintiendo como sus corazones se aceleraban y sus pómulos se enrojecían, como el rostro de Wendy que lo consumía la ira, pero también el poder de tener una información tan valiosa. Bebe solo bajó la mirada y rogó a Dios que iluminara a su amiga antes de que hiciera daño o lastimara a alguien más.

Las calles de Varsovia eran muy diferentes a las de Berlín y Eric Cartman sentía raro recorrerla con el idiota de su medio hermano Scott. La invasión estaba cerca los mandaron a averiguar algunas cosas del país que se sentía cada vez más amenazado con la presión alemana. Suerte que su general manejaba perfectamente el idioma polaco sin ningún rastro de acento alemán. Lástima que el segundo que lograba eso era un soldado de rango bajo. No era coincidencia esas habilidades, su padre fue uno de los mejores soldados alemanes que murió como venganza de la primera guerra mundial en 1921, cuando la madre de Eric estaba embarazada. No era que hicieran mal equipo, al contrario se llevaban muy bien, he ahí el problema, se llevaban demasiado bien aún siendo medios hermanos.

–Yo pensé que iríamos a la guerra, con rifles y bombas y no una estúpida misión de reconocimiento como esta – espetó Scott

–Cállate idiota, que esto es mucho más importante para la nación que llegar y matar a todo el mundo – dijo en murmullo para que nadie los escuchara

En medio de la calle no era un buen lugar para hablar de ese tema.

–Al menos no tendrás que preocuparte de que una bala te impacte cerdito – se burló

–Scott hijo de puta – masculló – si no fueras parte del estúpido ejército ya te habría matado

– ¿de verdad? Eso no es lo que me dices por las noches

Esa fue la gota que derramó el inmenso vaso que era la paciencia de Cartman, casi tan grande como su culo cuando era niño. Le dio con el codo en las costillas, provocándole un dolor punzante.

–Solo digo que ya era hora de que atacáramos ¿no lo crees?

–Alemania no puede ser tan pendeja, primero debe mandar gente, como nosotros para que reconozca la capital que piensa derrocar

Dijo eso cuando palaban al lado de dos chicas que seguramente tenían su edad y sostenían libros de escuela avanzada. Una de ella se giró y repuso.

–Eso quiere decir que van a invadirnos

El teniente nazi y su acompañante quedaron clavados al piso ante la idea de ser descubiertos. El gordo se volteó, dispuesto a matar a esa chica si volvía a decir algo tan atrevido como eso. Su amiga rubia la jalaba de la manga para continuar caminando, pero la pelinegra tenía una mirada malévola y una sonrisa de oreja a oreja como si acabara de idear el plan perfecto.

–Yo conozco algunos judíos que les gustaría matar – soltó ante sus enemigos

– ¡Wendy! – exclamó Bebe sorprendida de los extremos a los que llegaba cuando estaba celosa

–Hay muchos judíos aquí – dijo Cartman – y no estaría de más un poco de ayuda para ubicarlos a todos

– ¿me estás pidiendo que sea una espía y traicione a mi país? – dijo con falsa preocupación en su voz

– ¿lo harías? – preguntó Cartman alardeando frente a Scott

–Solo si matas a Kyle Eben antes que a cualquier otro judío

–Tenemos un trato señorita – se inclinó Cartman un poco – mañana espero saber más noticas sobre los judíos de Varsovia, aquí mismo, a la misma hora

Una vez terminada la frase que sonaba más como una orden los dos alemanes se perdieron entre las sinuosas calles de Varsovia. Bebe dejó caer los libros que Wendy le había pedido cargar, decepcionada de su amiga.

–Ya no te reconozco – dijo tristemente –me niego a ser parte de esto

–Entonces lo haré sola – repuso Wendy alejándose de su amiga y levantando de paso los libros que ella tiró

¿A quién engañaba Bebe? Aunque no quisiera siempre estaría detrás de ella cuidándola, también recogió sus libros y siguió a su amiga en silencio.

"Ellos dicen temerte, tú no eres como los otros"

Stanley se recostaba en su cama con la intensión de dormir un rato y olvidar el dije judío y su, por así decirle, traición a la familia. Pero el sueño le duró muy poco, porque su padre llegó emocionado diciéndole que se pusiera sus mejores galas, los Eben los habían invitado a cenar y no rechazarían su invitación por ningún motivo. Stanley se vistió sin muchas ganas, pero la imagen de su amigo Kyle le devolvía poco a poco la sonrisa. Sparky también deseaba ir para jugar con su amigo Ike, pero Sharon no estaba muy convencida de llevarlo. El perro estaba acostado en el piso del cuarto de Stanley, el pelinegro lo vio y no tuvo evitar sonreír al recordar el día que descubrió que su perro era homosexual. Siempre se preguntó que podría haberlo hecho así, ahora lo entendía. Eso a su vez le perturbaba. También se perseguían a las personas así, y nadie quería tener un triángulo rosa en su hombro.

Bajó las escaleras encontrándose con su madre estresada y su padre enojado por su tardanza. Tocaron a la casa de los Eben. Sheila les abrió con una sonrisa que esperarías de alguien que es mesera de un restaurante y los hizo sentarse en la sala porque la cena no estaba lista. De nada sirvió que se apuraran de esa manera. Sparky pudo acompañarlos y jugaba feliz con Ike. Los Marsh ya estaban pensando seriamente en regalarles el perro a los vecinos, Kyle y Stan se daban pequeñas miradas nerviosas mientras que los hombres charlaban de trivialidades. Sharon le ayudaba a Sheila a poner la mesa y el tic toc del reloj ponía nervioso a Stan. Sacó el dije del bolsillo de su pantalón y lo apretó por unos minutos. Kyle empezó a hacerle una charla común y corriente cuando Sharon les avisó que la cena estaba lista. Stan se puso de pie y metió la mano en el bolsillo para guardar el dije, pero este se le escapó de la mano antes y cayó en la alfombra que había en la sala. El pelinegro no se percató de esto. Todos se sentaron en la mesa y comenzaron a cenar. Sparky estaba a un lado de Ike, esperando las sobras que el chico le daba por debajo de la mesa.

–Oye Gerald, mi hermano Jimbo me habló sobre un trabajo increíble en una notaría del centro, dice que buscan a un abogado y que le darán un buen salario

– ¿enserio? – dijo Gerald ilusionado ante la idea de obtener un mejor empleo

–Sí, tengo la dirección en la chaqueta – se puso de pie – le dejé en la sala, tardo un segundo

Las sonrisas llenaron los rostros de Sheila y Gerald y una de satisfacción se colocó en el de Sharon ante la idea de hacer una buena obra. Randy llegó a la sala y rápidamente sacó la tarjeta del bolsillo, pero al regresar su pie pisó algo duro en el piso. Miró hacia abajo y quedó boquiabierto. Un pequeño dije de estrella de seis picos que traían siempre consigo los judíos, la levantó del piso con una expresión de rabia. Sintiéndose como un idiota al ser engañado de esa manera. Avanzó al comedor con los dientes apretados y una expresión furiosa en el rostro.

– ¿pasa algo querido? – dijo Sharon al verlo tan enojado

– ¿son judíos? – dijo el mostrándoles el dije – ¡Son unos malditos judíos!

La sangre se les fue a los pies a los Broflovski y la culpa a Stanley, su padre no podía estar más enojado. Culpable, se puso de pie de un salto.

–La estrella no es de ellos papá – dijo Stan

– ¿no lo es? – se tranquilizó un poco Randy

–No papá, la encontré en la calle ayer y la puse en mi chaqueta, iba a tirarla pero me dijiste de la cena, creo que se me cayó cuando me senté en la sala de la casa – dijo una excusa perfecta

La cara de Randy se puso roja de la vergüenza. Rápidamente pidió disculpas a los "Eben" por el terrible error que cometió. Mientras que Gerald miraba con ojos de muerte a Kyle, sabía perfectamente que era de su hijo ¿Qué hacía entonces en manos de Stan?

Los Marsh se despedían luego de la mejor cena de sus vidas y se disculpaban de nuevo por el terrible mal entendido. Gerald les pidió hablar un segundo con Stanley, argumentando que deseaban saber un poco más sobre el profesor de su hijo Kyle.

– ¿Quién te lo dijo? – gruñó Gerald a Stan

–Yo lo descubrí – mintió – pero le dije a Kyle que no diría nada. Puede que mis padres sean simpatizantes nazis, pero eso no significa que lo sea yo

Al decir eso la mejillas se le tiñeron de rojo y el amor que Kyle sentía por él creció. Había dicho que no les ayudaría, que no los encubriría y los acababa de ocultar. Sheila tocó el brazo de su esposo diciéndole que confiaba en Stan. Gerald se tranquilizó un poco y sacó el dije de la basura donde lo había tirado Randy. Lo miró nostálgico y luego se lo dio a Stan.

–Ahora eres un judío honorario – bromeó

Los siguientes meses pasaron como un fantasma para todos. El miedo era lo que dominaba las pláticas de Kyle y Stan cuando hablaban de política. Las acciones hostiles de Alemania tenían tinte de guerra, un color rojo sangre que se podía ver a leguas. El país se ponía a la defensiva y se preparaba para un ataque que llegaría en cualquier segundo. El enemigo seguía en actitud de paz, pero a un paso de gritar ¡Guerra! Finales de agosto fue cuando los chicos supieron que probablemente no regresarían a clases. Las tropas nazis crecían como las llamas en un bosque en época de sequía. Se extendía cada vez más y no sería posible detenerlos. Los Marsh se alegraban de eso mientras que los Broflovski ya no podían dormir tranquilos por las noches. Ike sentía que le veían mal cuando no era así y Kyle temía por su familia y por Stan por haberle ayudado a ocultarse. Ese viernes la familia comía tranquilamente cuando Kyle tocó a l puerta y dijo algo que Stan no imaginaba que le dijera.

Stan POV

–Oye Stan ¿te gustaría quedarte a dormir a mi casa?

Miré incrédulo a mi amigo judío unos segundo que fueron preocupantes para él, de seguro pensó que me negaría pero acepté con todo el gusto del mundo. Les avisé a mis padres, ellos opinaron que era un poco mayor para eso pero los convencí a tiempo. Hice mi maleta, nunca antes había visto el cuarto de Kyle. Él siempre venía a mi casa o yo a la suya y estábamos en la sala o el comedor, nunca en su habitación. Acaricié a Sparky un poco nervioso. El sentimiento hacia Kyle se aclaraba día con día y sabía que era cuestión de tiempo para que mi cuerpo actuara siguiendo el deseo que nacía cada vez que veía sus verdes y judíos ojos. Esperaba que Kyle me correspondiera, aunque sabía que eso era remotamente posible. Muchas veces me pregunté cual sería la pasión de Kyle. La mía obviamente era la guerra, siempre he querido ser un teniente. Pero de él no sé nada de eso, incluso se que su hermano desea seguir los pasos de su padre, dudo que lo mismo quiera Kyle, siempre hace una mueca de disgusto cuando Gerald le habla sobre la vida de un abogado.

– ¡Se te hará tarde Stanley! – me gritó mi padre

Acaricié por última vez el lomo de Sparky y salía de la casa. Kyle fue quien me recibió. Su hermano Ike estaba en la mesa del comedor con varios libros abiertos y un ábaco a un lado suyo, rascándose la cabeza incapaz de entender las matemáticas. Kyle me explicó que le daba asesorías por las bajas calificaciones que tuvo el año pasado. El niño se rascaba cada vez más la cabeza, incluso creía ver un poco de humo saliendo de su oreja izquierda. Le pidió ayuda a su hermano, Kyle rodó los ojos y me pidió que subiera solo. La tercera puerta a la izquierda. Temblé un poco al estirar la mano para abrir la cerradura, sin saber qué clase de cosas vería allá. Tal vez estaban ocultas, después de todo se notaba que Kyle no era de los que desparramaba su pasión a todos lados que pudiera. Mis sospechas eran correctas.

Fin Stan POV

"Es sobrenatural, es extraterrestre"

Kyle se sentó al lado de su hermano y le explicó por milésima vez lo que no entendía de las matemáticas, para él era algo tan simple que pudo comprender cuando era menor que Ike; pero su hermano carecía de eso, se parecía un poco a su padre. Solo le interesaban las matemáticas cuando el dinero estaba involucrado. El niño adoptado seguía con cara de no entender ni la o por lo redondo. Su hermano suspiró y se recargó en la mesa con los codos, un poco decepcionado y sobre todo cansado de repetir una y otra vez las cosas.

–Sabes que no lo hago apropósito – se defendió Ike –no soy como tú que entiende todo a la primera Kyle, tenme paciencia

–Lo que tú necesitas es algo que te atraiga, una utilidad que le encuentras, eso es lo que te hace falta para comprenderlas

–He tratado Kyle, te juro que sigo tratando, pero no encuentro nada

Gerald vio la expresión cansada de su hijo y también se sentó en la mesa con una sonrisa sabiendo cuando él tampoco tenía idea de lo que hablaban. Kyle tuvo una idea cuando lo vio. Tomó 10 problemas y le dijo a su padre que le ayudara a Ike a resolverlos, los relacionó con el dinero para que el abogado pudiera comprender.

–Mira Ike, es sencillo, si mueves esto hacia acá entonces se debe restar y luego lo divides y obtienes esta letra – le explicó el padre entendiendo el álgebra avanzada que había en la hora o al menos así lo veía el chico adoptado

Kyle sonrió, a su padre tampoco le venía mal una ayudadita con las matemáticas. Eso ayudaría a su hermano, a su padre y le daría el tiempo para estar con Stanley. El motivo de su invitación era muy simple. Aún tenía el retrato incompleto, in capaz de recordar el último detalle de su cara, una vez que su amigo s durmiera retomaría el trabajo que dejó inconcluso y tendría el eterno retrato del chico que se robó su corazón más de una vez a lo largo de los meses.

Stan POV

El cuarto de Kyle estaba casi vacío. Una cama, un escritorio, un armario y una silla eran todo lo que ahí había. Me acerqué a su escritorio, suponiendo que; al igual que yo, guardaba su pasión en ese lugar. Más no a simple vista. Un cuaderno un poco antiguo estaba ahí, cosido torpemente con un hilo un poco viejo. La tentación llegó a mi mano antes que a mi cabeza y me vi tocando la tapa del cuaderno sin permiso. Lo abrí rápidamente, Kyle podía regresar en cualquier momento pero bajo la idea de ver solo la primera hoja me dejé llevar. No pude parar, eran dibujos, los mejores dibujos que en mi vida había visto. Eran en su mayoría de paisajes y había uno de Ike, pasé las hojas devorando cada imagen frente a mis ojos. Entonces me topé con una de cuando llegó, era el callejón al lado del edificio. Sparky estaba en él, corriendo alegre con los vecinos del otro edificio. Sus ideas sobre la guerra estaban plasmadas en la parte inferior. Sonreí al verlo, realmente transmitía la emoción de felicidad de los niños. Al dar la vuelta a la página quedé sorprendido, era solo unos débiles trazos pero ya tenía un título. Stanley Marsh.

La puerta se abrió de golpe y Kyle me miró un poco asustado, luego vi como sus pómulos se sonrojaban y me quitaba el cuaderno del alcance de mi vista.

– ¿acaso yo revisé tus cosas Stanley? – se quejó

–De hecho sí – le dije recordándole el día que nos conocimos

Enrojeció más ante mi respuesta, iba a ocultar el cuaderno cuando le detuve de la muñeca viéndolo directo a los ojos.

– ¿por qué no has terminad el dibujo? – pregunté

Miró el piso unos segundos antes de responderme.

–No recuerdo cada detalle de tu cara, solo he podido completar tus ojos porque es lo único que veo cuando te hablo además de… tus labios – confesó apenado

Yo también me puse rojo al escuchar eso pero tuve una brillante idea.

–Puedes terminarlo – dije con media sonrisa – ya estoy aquí…

Un pequeño brillo se formó en sus ojos y colocando el cuaderno en el escritorio me miró un poco y me dijo

–De acuerdo, siéntate ahí – comentó señalando la silla junto a la ventana – voy por mis cosas

Me senté en la silla y asomándome pude ver el lugar exacto donde aquellos niños jugaban felices. Kyle sacó de su armario una pequeña caja de madera, revisó varios lápices y eligió uno de los más nuevos. Tomó de nuevo el cuaderno y se sentó en la cama con las piernas cruzadas, apoyando el cuaderno en su rodilla derecha. Yo no supe cómo debía ponerme.

–Solo mírame Stan y no te muevas, no tardaré mucho

Sentí como el rubor de mis mejillas aumentaba en cada trazo que él hacía, me miraba una y otra vez, delineando algunas cosas y sombreando otras. Tenía ganas de reírme de la seria expresión que ponía ¿así me veía yo cuando revisaba mapas y descartaba estrategias? Su cara también se sonrojaba a cada momento, él me veía y yo a él. Cada detalle de su rostro quedó en mi memoria, cada rizo pelirrojo que le bloqueaba la vista y que hacía a un lado rápidamente. Unos minutos que me parecieron tan efímeros pero que acabaron como todo en la vida. Miró el dibujo unos segundos firmándolo y quitando los pedazos de carbón que le podían manchar.

– ¿Qué te parece? – preguntó mostrándome el dibujos. Si antes creía que era un don ahora estaba convencido, más que un retrato me parecía una fotografía

– ¿no has pensado en hacer un autorretrato? – le pregunté

–No… no creo que a alguien le interese mi rostro, no es bonito

–Claro que lo es – dije sin darme cuenta de la trascendencia de mis palabras, al ver su rostro sonrojarse decidí continuar – eres el chico más dulce y apuesto que he conocido Kyle… tú… tú me gustas Kyle

Sus ojos vedes se abrieron de par en par, viendo fijamente mis labios.

Fin Stan POV

Wendy y Bebe estaban en la casa de la primera, haciendo sus tareas. La familia de la pelinegra tenía un restaurante y ambas eran meseras. La rubia lavaba los platos mientras su amiga los secaba. Se había tomado muy enserio la misión nazi, investigaba a cada familia detectando varias que estaban ocultas. Se encontraba con ese teniente cada semana, traicionando a su país. Bebe ya no podía soportar más eso.

–Lo que haces está mal – le dijo de repente

– ¿De qué hablas Bebe? – preguntó con esa voz despreocupada que confundía mucho a su mejor amiga incrédula que pudiera estar tan tranquila

– ¿crees que ayudando a ese teniente los nazis no te harán daño? En la guerra las alianzas de palabra no son nada. De ser necesario nos matarán

Ella rió bastante, una risa que le hizo estremecerse.

–Dijiste que no te meterías y sigues a mi lado. Pero ahora te lo digo Bebe, no vengas a decirme eso cuando estamos a unas horas del inicio del ataque y del bombardeo

Uno de los platos que Bebe lavaba cayó al piso, rompiéndose en mil pedazos. La pelinegra se hizo a un lado y recogió con prisa los trozos. La rubia solo miraba el vacío, ahora consciente de lo que había hecho. De la gravedad de los tratos y traiciones de su amiga. Una invasión a la puerta y ellas atrapadas en medio de los dos bandos.

–Por Dios Bebe, ten más cuidado

La rubia tiró otro plato y salió asustada de la casa. Ya no le importaba mantener su trabajo o la amistad con su amiga. La guerra devastaba todo y estaba a un paso de tocarles. La pelinegra siguió a su amiga, alcanzándola en un callejón a unas calles arriba.

– ¿Qué ocurre Bebe? No nos pasará nada, te lo prometo

– ¡Ya no te reconozco Wendy! – gritó con miedo

– ¿y qué harás? – la retó – dejarme sola en este mundo

Bebe se mordió el labio inferior, estaba completamente atada a su mejor amiga.

Kyle no podía evitar ver los labios que tantas noches soñó probar, luego de esas palabras sentía que el deseo era incontrolable. La mano de Stan acarició lentamente la suave mejilla del judío para luego finalmente unir sus labios en un deseado beso que mostraba todo lo que se sentían. Aquel tacto era tibio y dulce, diferente a lo que cualquiera habría imaginado, en el sentido bueno, superando sus sueños y fantasías. La guerra y las amenazas pasaron a segundo plano cuando las manos de Kyle se entrelazaron detrás de la nuca de Stan y ambos se pusieron de pie, acercándose todavía más. Podrían haber estado más tiempo en dicha posición de no ser por el ruido de las bisagras y una voz del otro lado de la puerta.

–Hermano creo que ya… – Ike vio incrédulo la escena – entendí…

Stan y Kyle se separaron en un segundo, totalmente rojos. Una sonrisa se formó en los labios del menor de los Broflovski.

– ¡Sabía que te gustaba! – gritó triunfante

Kyle se dio prisa y cubrió la boca de su hermano antes de que alguien más escuchara eso. Stan respiró aliviado al ver que nadie más estaba en el pasillo.

–Escucha Ike… – empezó Kyle – verás… Stan y yo... pues…

–Tranquilo hermano, siempre supe que se atraían – dijo en actitud madura y altanera – pero papá se morirá al saberlo

Stan y Kyle se miraron siendo que algo más podría matar a los Broflovski además de esa noticia.

Cartman y Scott habían regresado a la frontera con Polonia. El pelirrojo bostezaba bastante, cansado de su misión anterior.

– ¿tienes que ser hoy? – volvió a bostezar Scott

Cartman esbozó una inmensa y maléfica sonrisa. Se terminó de colocar el uniforme, se giró a su medio hermano y le aseguró viéndolo directo a los ojos que lo enamoraron desde el primer día.

–Ya inició la segunda guerra mundial


Continuará... inmediatamente...

jaja se le creyeron. Tendrán que esperar.

El siguiente será sobre Craig y Tweek. Casi llegamos a los clímax de todas las historias.

Nos leemos pronto.

No olviden presionar ese bonito botoncito que dice review ^^