La Visión
Minas Morgul solo tenía una fuente de agua limpia. Manveri entró en la habitación en la que se encontraba el pozo,el cual era en realidad un agujero vertical que iba desde los niveles superiores hasta cientos de metros por debajo del último nivel donde se encontraba un manantial. Cada piso tenía acceso al pozo, casi todo el piso estaba abierto para dejar el agua caer, solo tenía un pequeño reborde recorriendo las paredes. Dejo caer el balde que llevaba atado con una cuerda al manantial que corría allá abajo.
Su mente recorrió los eventos que se desarrollaban en su vida en aquellos momentos mientras traía el balde de vuelta. Quería ayudar a Atavus y a sus amigos, pero siempre había cuidado a Van y a los otros Retrocesos. Aparte ¿que podía hacer ella contra los orcos? Estaba demasiado confundida.
Se quedo mirando la pared del otro lado del pozo, estaba arrodillada subiendo el balde cuando comenzó, los ojos se pusieron vidriosos mientras la visión se apoderaba de ella.
Van estaba arrodillado frente a Atavus, mirando a su padre. Se distinguía que ella había sido golpeado brutalmente.
"No me importa morir, Padre, pero yo nunca seré como tú. Odio lo que eres y te odio a ti," se podía oír como la vocecita temblaba al pronunciar las palabras.
Entonces su visión cambió hasta el punto de vista del niño, podía ver la mirada furibunda en el rostro del orco y su mano levantarse para golpear al niño. Sintió el golpe como si le hubiese golpeado ella misma, pero entonces sintió como unos fuertes brazos lo apartaban del orco y un cuerpo se abalanzaba sobre el orco. Vio como Atavus aterrizo sobre el orco golpeando su cara con los puños, cómo consiguió la fuerza para hacerlo era un misterio para Manveri, pero observaba con horror como el orco recuperaba el control y la retenía contra el piso.
Pudo ver como la sangre salpicaba la pared más cercana y la mirada de locura en los ojos del orco. Las palabras del chico le habían hecho explotar, podía oír los gritos del hombre y del elfo desde las mesas, pero nada le detenía, y entonces sacó el cuchillo y lo colocó sobre la mujer indefensa.
Quería gritar, pero no podía hacer nada para detener lo que estaba viendo, no podía controlar el pequeño cuerpo desde el cual observaba todo el horror. El cuchillo se clavó profundamente en el pecho de Atavus y vio como la luz se desvanecía de sus ojos, el movimiento de su pecho se detuvo. Estaba muerta.
El orco se levantó sacando el cuchillo del cuerpo inerte y se volvió hacía el niño.
Manveri oyó el balde golpear el agua, sus ojos se aclararon y tuvo que usar toda la fuerza que poseía para evitar caer al manantial.
Se tocó el rostro y sintió liquido en él, casi esperaba que fuese la sangre que corría en el rotro del niño dónde el orco le golpeó, pero eran sus lágrimas. Se levantó y miró el pasillo que llevaba hacía las cámaras de tortura, empezo a correr rogando llegar al lugar antes que fuese tarde.
Se detuvo abruptamente al entrar a la habitación, se veía la espalda del orco con la mano levantada, pero no podía saber si aún sostenía el cuchillo, mas no miró alrededor, no quería ver el cuerpo de Atavus, o el dolor en el rostro de sus amigos, sólo sabía que debía salvar a Van a cualquier costo.
Vió la espada corta del orco colgada a su costado, se acercó y en un movimiento la sacó de su vaina, él lo sintió y se dio la vuelta para verla, pero no fue lo suficientemente rápdio y ella lo atravesó por el pecho. Aulló de dolor e ira mientras ella hundía la espada hasta la empuñadura, pero olvidó soltarla mientras él caía de espaldas y cayó con él.
Sobre el cuerpo del orco vio el shock en el rostro de Van, estaba vivo y bien, y eso era todo lo que le importaba en ese momento. Pero se sorprendió de verlo rodeado por dos brazos que lo llevaban atrás confortablemente, su mirada siguió esos brazos hasta los hombros y el rostro. Atavus estaba sentada tras Van, sosteniendo, susurrando palabras tranquilizadoras al niño.
"Pero… pero…" Manveri balbuceaba en shock
Atavus la miró confundida sin entender por que palideció tan súbitamente, "Manveri, parece que hubieras visto un fantasma".
"Le ví matarte," susurró ella.
Atavus y Van se dieron cuenta a qué se refería y se oyó el gemido del niño. Estaba devastado, sabía que Manveri había hecho lo necesario para salvarles, pero aún así el orco era su padre. Había dicho odiarle, pero no era cierto y se sentía mal de que no fuese así.
Atavus no tenía la fuerza suficiente para sostenerle cuando él salió corriendo hacía la puerta.
"¡VAN!" gritó Manveri e intentó atraparlo, pero era demasiado rápido, estaba a punto de seguirlo cuando la habitación empezó a temblar.
Todos pudieron oír cómo empezó, la estructura estaba cediendo por el asalto, Manverí no sabía aún que el ataque había empezado en los niveles superiores y susurró: "¿Qué es esto?" cuando pedazos del techo empezaron a caer a su alrededor.
"Esos son mis hombres destruyendo la estructura", dijo Aragorn, "debemos irnos inmediatamente".
"Pero Van…" Manveri miró la puerta por donde el niño había huido.
"Veri, tú sabes donde están encerrados los demás. Toma las llaves de Ugluk y llevaré a Aragorn y a Legolas contigo. Ellos te ayudarán a liberarles. Yo creo que sé donde esta Van, le encontraré." Dijo Atavus, que sabía donde se hubiera escondido de haber sido el niño.
"No, no puedo dejarle," rogó Veri.
"Veri, no le vamos a dejar. Está molesto, no irá contigo ahora," Atavus no quería hacerle sentir culpable, pero era la única forma de razonar con ella. Tomó las llaves del cinturón del orco y se las pasó a Veri, le ayudó a liberar a sus amigos. Aragorn ayudó a Legolas a caminar, le regresó a ver un momento antes de salir, no muy seguro de cuál sería su idea.
"Te veré afuera. Lo prometo. Por favor Estel, saca a Legolas de aquí," podía notar la dificultad que tenía su amigo para moverse, había perdido demasiada sangre y estaba débil.
"Tienes que cumplir esa promesa, no me hagas volver por ti," le respondió sonriendo.
Le sonrió de vuelta y los empujo para que siguieran.
Dedicó una última mirada al orco, su ira había sido reemplazada por algo que tan solo podía llamar piedad. Las cosas podían haber sido tan distintas, en su corazón sabía que él era un Retroceso como ella, porque aunque su apariencia fuese la de un orco eso no cambiaba lo que había en su interior. Pero años de entrenamiento en el odio de los orcos le habían quitado lo que podría haber sido su única salvación.
Se volteó, alejandose de esa vista por la puerta opuesta a la que sus amigos habían tomado. Conocía todos los escondites en Minas Morgul, los había buscado como niña y sabía que solo había uno en el nivel en el que estaban.
Al entrar en la habitación del pozo observo las paredes hasta que vio lo que buscaba, en una esquina de la habitación había una piedra que ella sabía escondía un agujero como de un metro de profundidad. Recordaba que el pasillo alrededor del agujero era más grande cuando era niña, así que intento acercarse por el otro lado ya que era más ancho.
Tuvo que agarrarse a la pared cuando el lugar empezó a temblar y escombros cayeron desde arriba, rocas que casi le dan. "Ilúvatar, por favor permite que esté en ese escondite," susurró.
Después de que el temblor se detuviese acortó la distancia que la separaba de la piedra y la aparto, se acercó al agujero, se arrodilló y vio algo que se movía al fondo. "Van, cariño, ¿eres tú?" Se introdujo un poco en el reducido espacio y puso su mano sobre el tembloroso brazo del niño.
"Vete. Este es mi escondite," dijo con petulancia, pero se oían las lágrimas en su voz.
"Lo sé, Van, era el mío también cuando era de tu edad, pero es demasiado pequeño para mi ahora," dijo acariciándole. "Sé que te sientes a salvo aquí, pero no puedes quedarte en este lugar. ¿Sentiste ese temblor antes? Todo el techo esta cayendo sobre nosotros, tenemos que irnos."
"No quiero irme," gimoteó el pequeño.
"Pero Van, ¿no quieres ver lo que este mundo tiene para ofrecerte?" Sabía que podía sacarlo del agujero a la fuerza, pero en ese caso perdería su confianza, y después de todo lo que él había pasado no podía hacerle eso.
"¿Cómo qué?" preguntó intentando contener el llanto.
"Como hermosas tierras, comidas deliciosas, y animales maravillosos que son amistosos," intentó reunir todas las cosas que a un niño pequeño podrían gustarle.
El niño pensó en sus palabras, los únicos animales que había conocido eran los wargos y esos, definitivamente, no eran amistosos. "¿De verdad?"
"Si, de verdad, Todo lo que tienes que hacer es venir conmigo y te prometo mostrarte todo eso y más," Estaba preguntándose si su estrategia habría funcionado mientras él reflexionaba en silencio, pero se sorprendió cuando él se lanzó a sus brazos casi logrando desbalancearla.
"Vámonos," le susurró desarreglando su cabello, entonces se volteó, pero se le heló la sangre al ver algo que no había esperado.
Promesas
Notas de la Autora - Por favor leerlas: Creo que necesito aclarar una pequeña confusión que he creado. He declarado que Uglúk es un Retroceso, y eso ha sacado algunas preguntas. Atauvs, Uglúk y Van tienen la misma sangre en sus venas, medio elfo, medio orco, eso es lo que les da los poderes especiales de curación, pero tienen ligeras diferencias. Atavus y Van tienen predominancia de la parte elfíca, lo que les da esa apariencia, y Uglúk tiene predominancia de la parte orca. Ahora el desbalance de las dos sangres es lo que les da la apariencia en una forma, pero no es drástica. Por eso es que los ojos de Atavus se volvieron negros en "El largo camino a casa". Así, que por ejemplo, si Uglúk tuviese un poco más de sangre élfica en sus venas sus ojos cambiarían a verdes, como los de Atavus, pero eso también negaría sus habilidades curativas como lo hizo con ella. Pero como esta muerto, realmente no tenemos que preocuparnos acerca de eso, ¿o no? ¿Tiene sentido? Eso espero.
Atavus no podía creer a sus ojos. No era posible. ¿Cómo podía seguir vivo? Podía sentir a Van tenso al ver a su padre través del pozo, "Creo que podría haber confirmado," dijo poniendo al niño tras ella.
"Manveri estuvo muy cerca, pero no tocó ni el corazón ni los pulmones," dijo él sacando la espada de su pecho, sus ojos revelaron el dolor y ella le oyó soltar un pequeño gemido. "Aunque no podría decir si hubo algún otro daño".
"No te tomará más curar eso, ¿o si?" Pregunto ella, a pesar de que ya conocía la respuesta.
"No, pero ya lo sabías, ¿no?" le preguntó él apoyandose en el marco de la puerta de salida.
Atavus tan solo asintió, "¿Entonces esto es todo? Vas a matarnos o vas a esperar que la cueva lo haga por ti?"
"Me prometiste que yo sería el que te matase, así que realmente tienes que sobrevivir esto," le recordó él, sobre aquel momento cuando él le salvó del wargo mucho tiempo atrás.
"Si, así fue. Pero por alguna razón creo que no nos vas a dejar salir así de fácil."
"Tal vez, si yo voy justo detrás de ustedes," respondió él, con una débil sonrisa.
"Así que yo recibo una espada en la espalda mientras abandonamos este lugar," fue su comentario sarcástico.
"Ese no es mi estilo, me gusta dar la cara a aquellos que voy a matar".
En ese momento otra carga de piedras cayó sobre ellos, Atavus cubrió a Van con su cuerpo, cuando regresó a ver vio a Uglúk tirado en el piso contra la pared. Su corazón se encogió al ver miles de piedras cubriendo la salida. Gimió por la frustración, era demasiado tarde.
El orco se volteó para verlos y siguió la mirada de Atavus, su risa se hizo eco a través del pozo.
"¿Y por qué eso podría parecerte gracioso?" le preguntó furiosa, "Ese era nuestro único escape, parece que vamos a morir juntos de todos modos."
Un lloriqueo salió de la garganta de Van y ella se volteó a consolar al niño, quién estaba asustado. "Lo siento, Van, sé que te prometí sacarte de aquí, pero ahora no creo que pueda hacerlo," le susurró.
"No creo que sea gracioso que estemos atrapados juntos aquí, lo que me parece gracioso es que estemos atrapados aquí y yo sea el único que conozca la otra salida," dijo Uglúk riendo.
"Hay otra salida," continuó ella, escéptica, esperando otra trampa o solo una de sus bromas crueles.
"En la esquina más lejana, a tu izquierda, una de las piedras se hunde en la piedra a la altura del hombro. Si la aplastas, hay un pasaje que te lleva afuera hacía el lado norte de Minas Morgul. Si te llevas el niño contigo tal vez lo logren, están concentrandos en destruir el lado sur y este," explicó.
No estaba segura sobre si debía creerle, pero si había alguna forma en la que pudiera sacar a Van de ahí, lo haría. Caminó hacia la esquina tanteando las piedras hasta que encontró la correcta, entonces la pared cedió y vio que en el pasaje oscuro no había ningún daño aún. Regreso a ver al orco, "Ha estado aquí todo este tiempo".
"Más que yo," fue la respuesta.
Volteo al túnel otra vez. Había estado ahí cientos de veces de niña y nunca supo que hubiera podido escapar si hubiera querido. Y otra vez le miró, "¿Vas a venir?"
"Los bordes son muy estrechos, no podría cruzar hasta allá en el estado en el que estoy," dijo mirando los bordes del pozo.
"Podría ayudarte," le sugirió sin creer sus propias palabras.
"No, porque si ambos caemos, ¿quién sacaría al niño de aquí?" Le dijo mirando fijamente a su hijo, Van estaba parado junto a la pared, mirando el vacío, al escucharle levanto la mirada con una mirada maravillada en su rostro.
"Pero nunca abandonaría este lugar sin ti," dijo Van. Atavus no estaba segura si el niño tenía miedo de estar en problemas o asustado de dejar a su padre atrás.
"No hay problema, yo pertenezco aquí Van. Tú no, ve con mi hermana. Ella te cuidara," el orco apartó la mirada de su hijo. "Ve ahora, es una orden," dijo bruscamente.
Van se alejo de él y empezó a adentrarse en el túnel, pero se dio la vuelta un momento antes de irse. "No te odio, no lo decía en serio," dijo rápidamente, y luego desapareció.
"Lo sé," Atavus le oyó responder en un susurró. Entonces, su voz se volvió más fuerte y le dijo a ella: "Ahora, no te dejes morir fenómeno, recuerda tu promesa".
"La recordaré, … hermano," dicho eso se dio la vuelta y abandonó el lugar, siguiendo a Van. Habían demasiadas cosas que ella recordaría.
Los orcos habían empezado la huída al empezar a caer la fortaleza, pero casi nunca pasaron al enano y a los hombres que estaban planificando el sitio. Gimli no pudo contener su emoción al ver Aragorn salir cargando a Legolas por la puerta principal de la fortaleza. El elfo estaba ensangrentado, el hombre magullado, pero ambos vivirían. "¿Dónde está ella?" les pregunto buscando alrededor por Atavus, entre al menos las cien personas que lucían como elfos e iban saliendo de la fortaleza, pero no la veía entre ellos.
Aragorn miró a Gimli preocupado, "Ella aún no ha salido, nos tomó mucho liberarles a todos, pero… debió salir antes que nosotros".
"Tenemos que volver," Legolas intentó zafarse del abrazo de Aragorn para volver hacía la fortaleza, pero en ese momento las paredes alrededor de la puerta colapsaron llevandose todo con ellas.
"Si van a regresar, tendrán que excavar mucho, Maestro Elfo," le dijo Gimli con la tristeza cubriendo su rostro.
Manveri había escuchado la conversación, parada junto a Legolas, pero tenía la mirada perdida en el infinito. "No tenemos que regresar ahí. Síganme," susurró tomando el camino hacía el lado Norte de la fortaleza, el cual aún no había sido destruido. Ellos le siguieron.
Al voltear la esquina Van saltó a los brazos de Manveri, Atavus caminaba tras él y le acarició el cabello. "Me alegra ver que todos están bien," sonrió cuando vio a Legolas y Aragorn. Su corazón adolorado se hinchó de placer al ver a aquellos a quienes había extrañado tanto, se lanzó a abrazarles con tanta fuerza que casi les tumba. "Saben que moría por hacer esto desde que llegaron aquí," las lágrimas corrían por sus mejillas.
Sabía que solo habían sido unos pocos meses desde que salió de Rohan, pero se sentía como una vida entera desde que esas dos personas a quienes ella consideraba su familia más cercana le habían abrazado. Entonces se corrigió a si misma, ahora tenía dos familiares más que cuidar, Van la necesitaría y aún Veri, quién no sabía nada del mundo exterior a Minas Morgul, la iba a necesitar. Y ella también les necesitaba a ellos.
"¿Cómo lograron salir?" les preguntó Veri observando la pared norte hasta encontrar la salida al túnel secreto.
"Tuvimos ayuda," respondió Van sonriéndole a su tía.
Atavus le sonrió también, él iba a estar perfectamente. Había perdido al orco que se llamaba Uglúk ese día, pero había ganado un padre en su corazón. "Si, así fue," susurró.
