Disclaimer: la mayoría de los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen.

Sin embargo, la historia es completamente mía. No permito que se comparta en otro lado.

Aviso: el fanfic se planeó desde finales de noviembre, por lo que ignora los hechos que ocurrieron

en todos los Hiden, Boruto The Movie o Naruto Gaiden - sobre todo éste.

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10

Una noche de entrenamiento

Sarada sintió cómo su cabeza le estallaba. Ya había escuchado demasiado esa noche. No era como si le sorprendiera; desde que vio el humor de su madre en la cena, adivinó que vendría una severa discusión cuando ellos creyeran que Sarada ya estaba dormida. Como siempre, la mejor hora para discutir. No sabían, por supuesto, que Sarada no descansaba hasta que cesaban los gritos. No porque le gustara escuchar lo que decían, sino porque quería asegurarse de que ninguno se iría de la casa. Inojin llegó a decir que sus padres vieron una película donde la pareja se separaba y el hijo terminaba suicidándose. Sarada temía, no por el suicidio, sino por lo estresante de aquella situación.

Simplemente, cuando supo que ya no podría soportarlo, tomó su bolso de kunai y salió a entrenar. Prefería estar fuera de la casa a seguir escuchando a sus padres discutir. La cabeza le estallaba, volvió a ella el dolor en el pecho que sintió al despertar el sharingan. Volvió, volvió más fuerte.

Sarada era consciente de que nuevamente el color rojo teñía sus ojos, pues la calidad con la que veía era más que buena, aunque había terminado por acostumbrarse a las gafas: habría sido molesto buscar las gafas entre el pasto una vez desactivara el sharingan.

Corrió hasta llegar a la casa de Yūyin. Sabía que él estaría cenando con su padre, pero no le importó. Sopesó la posibilidad de entrar por la ventana y arrastrarlo a la calle, mas creyó que no era la manera más adecuada de un Uchiha para presentarse. Mucho menos cuando se trataba de la familia Kurogachi.

Tocó la puerta un par de veces y miró hacia la dirección de su casa. Sus padres podrían alcanzarla si Yūyin no se daba prisa.

La puerta se abrió después de unos segundos y Sarada vio detrás de ésta a Yūyin con un pijama azul y el cepillo de dientes aún en la boca. La miró con asombro antes de sacar el cepillo dental y escupir, un tanto ruborizado, sobre el pasto a un lado de Sarada.

— ¿Qué-qué haces aquí? — preguntó avergonzado. — Es-es algo tarde, Sarada-san.

Sin embargo, ella no contestó. Frunció el entrecejo, tomó a Yūyin de la muñeca y lo sacó de la casa. De inmediato, sin darle ninguna explicación y sin soltarlo, corrió dirección al bosque. Sasuke y Sakura los alcanzarían pronto si no se daban prisa.

— ¡Espera! ¡Sarada-san! — exclamó Yūyin tratando de seguirle el paso, pero no estaba preparado para un entrenamiento nocturno. Por fin podía descansar de las dieciséis horas que pasaba con el equipo siete y en ese momento no deseaba forzar a sus músculos.

— ¡Salta, Yūyin! — gritó Sarada antes de brincar a la rama de un árbol.

El aludido, forzándose a concentrar chakra en la planta de sus pies, la siguió. Como siempre, el chakra acumulado fue más del necesario y se agotó en un par de minutos. Empero, había aprendido a escalar sin necesidad de utilizar chakra, por lo que no le fue difícil alcanzar la velocidad de Sarada. Quiso preguntarle a dónde lo llevaba, pero recordó que era mejor permanecer callado para resistir aún más el ejercicio físico.

Finalmente, Sarada se detuvo en un claro, varios kilómetros lejos de la casa de su compañero. Esa distancia les daría un tanto de ventaja.

Se dio la vuelta para mirar a Yūyin. Él se había dejado caer de rodillas al suelo y respiraba acompasadamente. Hasta ese momento, Sarada recordó sus faltas en la concentración de chakra y se sintió un poco culpable. Había buscado un escape a sus problemas y sabía que Yūyin no se negaría a dárselo. Tal vez Bolt tampoco, aunque no era capaz de pedírselo pues sabía que el hokage no tardaría dos segundos en llamar a Sasuke y decirle dónde estaba su hija a tan altas horas de la noche.

No le dijo nada, no se pensaba disculpar. El entrenamiento que tenía planeado lo ayudaría a resistir mucho mejor. Un ninja tan decadente como él sólo sería un estorbo si no conseguía controlar su chakra.

— Ponte de pie. Te ayudaré a entrenar. — dijo con frialdad.

Yūyin alzó el rostro unos centímetros para mirar los ojos rojos de Sarada. Era la tercera vez que veía el sharingan, pero no por eso dejaba de sorprenderle. Ya era consciente de que sus ojos eran poderosos, pero los del clan Uchiha le parecían una maravilla. Asimismo, Sarada poseía un control de chakra casi idéntico al de su madre; lo que la convertía en un ejemplar bastante bueno en Konoha. Tal vez no se había graduado de la academia a los ocho años, pero sí había sorprendido a sus profesores. Una niña digna de ser un Uchiha.

Yūyin asintió antes de incorporarse un poco. Daría todo de sí para enorgullecer a Sarada. Ella debía sentirse igual de admirada por él. Se lo debía; no sería un estorbo para las misiones, no permitiría que sus compañeros lo protegieran. Él conseguiría estar a su altura, ser tan rápido como Bolt y tan ágil como Sarada. Lo conseguiría.

— Muy bien, siente tu chakra, necesitar percibirlo por completo. — comenzó Sarada caminando alrededor de un confundido Yūyin. — Cierra los ojos, concéntrate en lo que haces. Busca la fuerza que sientas en tu interior.

Yūyin asintió de nuevo. Cerró los ojos con fuerza y concentró su mente en buscar lo que Sarada indicaba. Varias veces lo había intentado antes y aunque podía escuchar su corazón latir, nunca había conseguido encontrar el chakra en su interior. Éste vivía en él cual sangre, estaba tan concentrado en él que no podía distinguirlo, era como si tuviera que contar las venas en su cuerpo. Era imposible.

Permaneció así durante al menos siete minutos, pero no encontró nada. Buscó en su pecho, se concentró en su vientre, pero nada resultó.

— ¿Qué ocurre? — cuestionó Sarada aburrida de esperar.

— N-nada. — mintió Yūyin con las mejillas encendidas. No quería que Sarada se percatara de su inutilidad.

— ¿No lo has encontrado? Es lo más sencillo del mundo. — reclamó ella. Yūyin no respondió; en cambio, se esforzó aún más.

Sarada lo observó con detenimiento. Estaba segura que de su cuerpo se desprendía un aura azul celeste. Era sólo una delgada capa, pero ya era visible. Mientras esto ocurría, dos rombos de un intenso color rojo se dibujaron en las palmas de Yūyin, quien al sentirlo, apretó los puños, como si quisiera ocultar esa marca. Cuando Sarada alzó la vista hasta su rostro, notó que él ya tenía los ojos abiertos y la miraba con temor, como si ella hubiera descubierto un poder que no debiera.

— ¿Qué fue eso? — preguntó Sarada con frialdad.

— Es-es mi chakra. — respondió Yūyin. — Accidentalmente lo concentré y comenzó a salir de mí. Esto es peligroso. — se dijo a sí mismo. — Papá dice que esto no debe sucederme, por eso debo controlarme, pero es algo muy complicado. — dijo alzando un poco la voz mientras caminaba sobre el claro, ya sin hacerle caso a su compañera. — Siento como si esto fuera parte de mí, no como un ninja, sino como… como si fuera mi sangre. No la puedo sentir porque es algo que ya está ahí. Tampoco puedo disminuirla o incrementarla; es una cantidad que ya se impuso en mí. Mi-mi clan es aún desconocido para mí; sólo sé que esto es normal y que soy el Kurogachi más torpe de todos los que han existido.

Sarada estrechó los ojos. Lo que ella sabía era que los Kurogachi no sabían prácticamente nada de sus antepasados; por lo que no creía que Yūyin supiera de lo que estaba hablando. Abrió la boca para decírselo, pero Yūyin se adelantó: sabía que su padre habría preferido que todo permaneciera en secreto, mas Sarada también pertenecía a un clan con un kekkei genkai, por lo que lo comprendería. Además, era consciente de que Sarada no lo había sacado de su casa sólo para entrenarlo: ella buscaba distraerse.

— No hay muchos registros de nosotros, sobre todo porque hemos sido expulsados de diversas aldeas y ahora sólo quedamos mi padre y yo. Sin embargo, como papá no tuvo a su padre con él, no conoció los jutsu que pertenecen a nosotros. El elemento oscuridad es conocido por muchos como una leyenda, aunque sabemos de un sujeto de Konoha que utilizó nuestro kekkei genkai para hacer atrocidades. Investigamos sobre él y fue cuando descubrimos lo que el elemento oscuridad suele hacer. Papá me dijo que esos usos fueron los que nos alejaron de la civilización, así que decidió que nosotros usaríamos nuestro elemento para proteger, no para lastimar. Él desarrolló varios jutsu que sirven como defensa y me los enseñó, pero soy bastante torpe. Conozco los sellos, mas no soy capaz de controlar la cantidad de chakra en mí. También por eso sería muy malo en los jutsu tradicionales de la Oscuridad. — admitió sonrojado.

Sarada encarnó una ceja sin dejar de mirarlo con curiosidad. Ahora comprendía el comportamiento de Yūyin y su insistencia por proteger a sus compañeros: le habían enseñado a proteger a los suyos y no a lastimar a sus prójimos. Una vez escuchó que ése fue el primer propósito del uso de chakra, pero se perdió conforme avanzaron las generaciones e incrementaron las envidias. Sin embargo, no entendía qué estaba haciendo Yūyin; suponía que eso era un secreto familiar, uno en el que nadie debía meterse, mucho menos ella, mucho menos una Uchiha. Por culpa de su bisabuelo, ellos habían sido expulsados de Konoha.

— ¿Por qué me cuentas esto? — preguntó Sarada.

Él esbozó una ligera sonrisa y volteó a verla como si se tratara de un asunto bastante obvio.

— ¿Y tú lo preguntas? Sólo quería distraerte, Sarada-san.

La niña se ruborizó un poco al escuchar su respuesta. Por supuesto, no era eso lo que esperaba. Yūyin no sólo buscaba proteger físicamente a sus seres queridos, sino protegerlos de cualquier dolor que pudieran sentir en su interior. Era bastante perceptivo; se había percatado de las intenciones de Sarada y había hecho lo posible por cumplir con sus expectativas.

Finalmente, Sarada se acercó a un árbol frente a ellos y concentró chakra en sus pies. Prefería dejar de pensar en los objetivos de Yūyin y empezar a pensar en sus misiones. A pesar de que Naruto no los había presionado mucho, sabía que en algún momento se encontrarían en una pelea y no quería que Yūyin se sacrificara por ellos. Él debía aprender a tolerar más de un jutsu y a controlar su flujo de chakra. A decir verdad, su torrente de chakra parecía ser muy elevado y fuerte, pero eso mismo podía matarlo.

— Intenta imitarme. — ordenó antes de subirse al árbol como si se tratara de un nuevo asfalto.

Yūyin la miró con decisión. Manteniendo en su mente las metas que tenía y con el deseo ardiente en su corazón por enorgullecer a sus compañeros de equipo, concentró – o eso intentó – su chakra en la planta de los pies y corrió. De inmediato sintió cómo sus piernas se fortalecían mientras él daba un paso adelante.

No obstante, al tocar el tronco, éste hizo un ruido y el pie derecho de Yūyin perforó la madera. Saltó hacia atrás para evitar que su pie quedara atrapado y aterrizó de nuevo en el césped.

Sarada bajó del árbol contiguo y le dio algunas sugerencias para medir el chakra. Evidentemente, ella sentía el control de chakra como si se tratara de una taza a la que podía quitarle o darle porciones. Era la ventaja que tenía al ser hija de Sakura y poseer sus genes.

Yūyin atesoró las palabras de Sarada como si se tratara de una cátedra ejemplar. Esa noche, dio todo de sí para alcanzar la misma altura de Sarada sin dañar el árbol. Fue bastante difícil, mas a ninguno de los dos pareció importarle el tiempo que se llevaron en eso. Por supuesto, también ignoraban que eran observados por dos ninjas, por Sasuke y Sakura.


Justo antes de que Sakura colocara la mano en el pestillo de la puerta, Sasuke la tomó de las muñecas y giró su cuerpo para encararla. Sakura lo miró con enfado: su hija estaba fuera, tal vez perdida y necesitada de su madre, no iba a quedarse a discutir con Sasuke ni aunque le pagaran.

— Comprendo tu insistencia, Sakura — le dijo Sasuke como si leyera su mente. — pero me parece más prudente ponernos algo de ropa antes de exhibirnos en todo Konoha.

Sakura se miró el cuerpo desnudo antes de exclamar su usual "kya" y correr escaleras arriba.

— ¡Te traeré algo, Sasuke-kun! ¡No tardo! — prometió.

Si no hubieran estado a dos minutos de una severa discusión, seguramente Sasuke habría reído por su situación. Giró el rostro hacia la ventana – que, por suerte, tenía cortinas – y recordó cómo era su vida a la edad de Sarada. Soledad, dolor, miedo; ésas eran las palabras perfectas que describían lo que Sasuke Uchiha sentía a los doce años. Se preguntó, repentinamente, si eso era lo que su hija sentía. En ese caso, no sabía qué podría componer su corazón.

— ¡Aquí tienes, Sasuke-kun! — dijo Sakura arrojándole un pantalón de algodón y un chaleco que usó hacía varios años. Ella ya vestía un largo vestido azul marino con mangas y cuello de tortuga.

En cuanto Sasuke se colocó el chaleco, Sakura jaló tres capas oscuras para proteger a su familia del frío y salieron corriendo de la casa.

No les fue difícil preguntarse a quién pudo ver Sarada. Sin embargo, erraron de persona; no porque ellos fueran bastante unidos con Naruto Uzumaki, su hija lo sería con Bolt Uzumaki.

Cuando ambos se introdujeron a la casa del hokage – sin permiso o aviso alguno – Himawari y su pequeña hermanita se asieron con fuerza a la falda de su madre y ella les explicó a los Uchiha que Sarada no se encontraba ahí.

Desesperados, Sakura y Sasuke corrieron hacia la casa de Ino y Sai, mas Sai les dijo "sutilmente" que esa noche no querían ver a ningún niño porque les tocaba noche de disfraces. Sasuke encarnó una ceja, con duda, pero Sakura arrastró a su marido fuera de la casa de los Yamanaka antes de que Sai pudiera explicar qué era esa noche de disfraces que tanto le emocionaba.

Sin perder más tiempo, los Uchiha entraron a la casa de Hideo Kurogachi y Sasuke le preguntó por Sarada mientras Sakura se inmiscuía en las pequeñas habitaciones. Hideo les explicó que Sarada había estado ahí hacía unos quince o veinte minutos y que había jalado a Yūyin con ella. Hideo no parecía preocupado, mas entendía la situación de Sakura y Sasuke.

— Seguramente fueron a entrenar; mi hijo es bastante malo con los jutsu y Sarada es bastante responsable. Es probable que no haya podido dormir pensando en que podrían fallar alguna misión. — intentó tranquilizarlos luego de que Sakura se cubriera el rostro con pesadumbre. — Ellos estarán bien, recuerden que ya son dos ninjas de Konoha.

Sasuke miró con desconfianza a Hideo y tomó del antebrazo a su esposa para susurrarle que fueran a buscarlos al bosque. Ella alzó el rostro, se limpió un par de lágrimas y asintió.

— Sasuke-sama, Sakura-sama — les dijo justo cuando iban a salir. Ambos giraron el rostro para mirarlo. — Recuerden que el ambiente familiar es parte de la formación de un ninja eficaz.

Sakura lo miró asombrada mientras Sasuke gruñó por lo bajo. Detestaba que los habitantes de Konoha leyeran su situación como si se tratara de un tatuaje en la cara.

— Hmph. Vámonos, Sakura. — insistió Sasuke.

Segundos más tarde, se encontraban en el fondo del bosque. En esos instantes, se percataron de que sus cuellos se sentían más livianos, que las cadenas en las que colgaban los cuarzos estaban menos tensas. Mientras corrían, se preguntaron qué tan verdadero podría ser el mito de los tres cuarzos.

— Ahí hay un claro. Tal vez… — susurró Sakura, mas fue interrumpida por una fuerte quemazón en su clavícula, provocada por el cuarzo rosado. — ¡Ay!

— ¿Lo sentiste? — cuestionó Sasuke frunciendo ligeramente el entrecejo.

— S-sí. — contestó ella antes de saltar a un arbusto cercano al claro. Contuvo la respiración al observar a su hija acercarse a un hincado Yūyin.

— Es como nadar, no pongas tanta fuerza, sólo concéntrate en lo que debes hacer. — dijo Sarada frente a su compañero. Él alzó la mirada y asintió.

— ¿Está entrenándolo? — preguntó Sasuke a un lado de Sakura. — ¿Eso era todo?

— Sarada es una Uchiha, debe preocuparse por el bienestar de la misión. Es bastante creíble esa teoría. — contestó su esposa. — Es una ninja excelente, como todos en su familia.

Sasuke ignoró el último comentario y siguió observando la cátedra de Sarada. Ella mantenía la seriedad en su rostro mientras hablaba con Yūyin, aunque en el momento en el que él corría hacia el árbol, los ojos – ya negros – de Sarada se llenaban de esperanza. Ella confiaba en él, no le importaban los fallos que tenía, Sarada le entregaba su fe, tal como Naruto lo hacía con Konoha y con todas las personas a su alrededor. Era bastante similar a él y era tan lejana a los Uchiha a pesar de los arduos esfuerzos de Sakura.

Sarada había elegido su camino y, al igual que el séptimo hokage, no habría quién la convenciera de abandonarlo. Sasuke no sabía cómo afrontar eso, no sabía si aquello era bueno o malo.

— ¡Cuidado! — gritó Sarada una vez Yūyin rebasó la marca de doce metros. — Idiota, aún no lo controla tan bien como para…

— ¡Yo puedo, Sarada-san! — le respondió el niño antes de impulsarse con el talón izquierdo y seguir corriendo por el tronco.

Sakura se cubrió la boca al ver a su pequeña saltar en el árbol para alcanzar a Yūyin. Sarada lo hacía con tanta facilidad, como si aquello sólo fuera una caminata más. Sakura se percató en ese momento, que las palabras de Sarada podrían convertirse en realidad: tenía la capacidad para superar a cualquier ninja en Konoha y en cualquiera de las cinco grandes naciones.

— ¡Yūyin! — gritó Sarada antes de sostenerlo por los hombros para evitar que cayera. — Sé más prudente, idiota. — lo regañó. — No te presiones tanto, ha sido suficiente por esta noche. Mañana continuaremos antes de que comience la misión.

Yūyin giró el rostro para sonreírle a su amiga. Ella podría verse fría e insensible, pero él ya había descubierto que Sarada también se preocupaba por sus compañeros, que también tenía un increíble altruismo en ella. Nuevamente, Sarada le dio razones para admirarla. Yūyin desconocía si ella podría ser hokage en algún momento, pero confiaba en que día a día buscara el reconocimiento de la aldea. Sarada, su nombre era Sarada y ella era la ninja perfecta a los ojos de Yūyin.

— Vamos abajo. — le dijo Sarada algo ruborizada. Detestaba que Yūyin la mirara con tanta fijeza.

— Sí. — contestó él separándose de ella.

Sarada confió en que su compañero pudiera bajar sin ayuda del árbol y descendió sin dedicarle una mirada más. Un segundo más tarde, Yūyin ya se encontraba a su derecha, sonriendo con seguridad. Sarada lo miró curiosa, como si quisiera leer las expresiones de su compañero.

— ¿Y a ti qué te picó? — le preguntó.

— El bicho del orgullo. ¿Me viste escalar, Sarada-san? — respondió él apretando los puños. — ¡Fue fantástico! ¡Nunca había llegado tan alto! ¡Lo juro!

Sarada dejó escapar una leve carcajada. Ese chico era impredecible. Estuvo a poco de caer de una altura mayor a quince metros y él sólo pensaba en el bicho del orgullo. A veces creía que Bolt era capaz de contagiar sus estupideces incluso estando lejos.

Su risa fue interrumpida por uno de sus pensamientos: la distancia. Repentinamente, como si lo supiera, giró el rostro hasta mirar el arbusto en el que sus padres se escondían. Si hubiera activado el sharingan en ese momento, los habría visto, agazapados como niños pequeños espiando a los adultos.

Yūyin siguió su mirada y se mordió el labio para no soltar un grito de asombro. Evidentemente, los ojos de Yūyin sí podían distinguir a las dos figuras detrás del arbusto. Empero, como se percató de lo que Sasuke y Sakura querían, tomó del brazo a Sarada para atraer su atención. Ella se deshizo del agarre en un par de segundos, pero le devolvió el gesto con una mirada fría.

— ¿Te escapaste de casa, Sarada-san? — preguntó firmemente. Sarada frunció el entrecejo, indispuesta a contestar. — ¿Por qué?

— No importa. — dijo en un leve susurro. — Si a ellos no les importa, a mí tampoco. — agregó. Sakura y Sasuke sintieron un fuerte dolor en el pecho tras escuchar aquellas palabras.

Yūyin suspiró antes de sentarse de espaldas al arbusto. Luego de que Sarada lo mirara cautelosa, se sentó a su lado y abrazó sus rodillas. Su amigo la observó unos segundos: ella no llevaba el pijama, estaba vestida como cualquier día de misión, seña inequívoca de que ni siquiera había pensado en dormirse antes de escapar a su casa. Se preguntó, entonces, qué clase de vida tendía la heredera Uchiha.

— ¿Por qué dices que no le importas a tus padres? — cuestionó una vez ordenó las ideas en su cabeza.

Sarada sonrió irónicamente. Había tantos argumentos que la respaldaban que ni siquiera sabía por cuál comenzar. Abrió la boca para hablar, pero, para su sorpresa, Yūyin se adelantó.

– No conocí a mi madre, ella murió después de que yo naciera. Mi papá me dijo que no deseaba que yo creciera sin una madre, pero… bueno, ya lo sabes, nos evitaban. Papá se dedicó a criarme y a darme el amor que una madre puede dar. Yo crecí escuchando historias de grandes ninjas que pudieron hacer muchísimas cosas. Me habló de tu padre y del padre de Bolt-kun. También me habló de Sai-sama, del kazekage-sama y sus hermanos. Todos ellos hicieron maravillas aun cuando no tuvieron una madre a su lado, son ninjas fantásticos y fue por ellos – y por otros, claro está – que ahora reina la paz en las grandes naciones. — sonrió melancólicamente antes de que su mirada se apagara un poco.

«No obstante, también me habló de las personas cuya muerte de los seres queridos les afectó mucho, como Sasori de Suna o Madara de Konoha. Ambos fueron grandes criminales que se dejaron llevar por la pérdida. Tuvimos miedo de que eso nos ocurriera a nosotros, por lo que decidimos crear un vínculo entre nosotros dos. Papá sabe todo de mí, así como yo sé todo de él. Nosotros somos… somos especiales.»

Sarada se llevó la mano al pecho, justo donde colgaba su cuarzo blanco. Tal vez no fuera la misma clase de conexión, pero los Uchiha también poseían un lazo inquebrantable, un lazo que su madre creó no sólo con una leyenda, sino con su amor, un amor que los rodeó y abrazó desde el momento en que entregó tan valiosos artefactos.

— Sin embargo — continuó Yūyin. — nunca he sabido lo que significa tener una madre. Es cierto que en mi casa no he escuchado una sola discusión, pero eso es porque sólo estamos papá y yo. Yo… yo los envidio a Bolt-kun y a ti. Bolt-kun siempre se queja del poco tiempo que su padre le dedica, pero cuando está con él no hace otra cosa que molestarlo; él no aprovecha a su familia, a su madre, a sus hermanas. Y tú… — apretó los puños. — Dices que no les importas, pero no tienes idea de lo que ellos pueden hacer por ti. Es cierto que tienen problemas, desde lejos se ve, pero eso no quiere decir que no te quieran. ¡Sarada-san, son tus padres! — exclamó girando el rostro para mirarla.

Sarada lo miró perpleja.

— ¡¿En qué cabeza cabe que no te van a querer?! ¡Tu madre te ama, la he visto mirarte, la he visto limpiarte la mejilla y curarte los raspones! ¡Ella está viva y vive por ustedes! ¡Ámala! ¡Compréndela! ¡Abrázala! — chilló con los ojos empañados en lágrimas. — ¡Aprovecha a los padres que tienes! ¡Dile a tu padre que lo quieres, que agradeces lo mucho que te protege! ¡Hazle saber qué estarías dispuesta a hacer todo por él! Sa-sarada-san, por favor, sólo quiérelos. — susurró antes de ponerse de pie, limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano y correr de regreso a casa.

Sarada quiso gritarle que se detuviera, pero las siluetas de sus padres se vislumbraron en el césped. Cuando Sarada desvió la mirada, ya se encontraba rodeada por los brazos de su madre quien, a su vez, era abrazada por Sasuke.

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¡Hola!:

En verdad, creo que éste ha sido mi capítulo favorito de lo que llevo escrito. O al menos, uno de los primeros tres. Yuuyin es un niño muy amable y de verdad admira a Sarada; él la ve como una meta y como algo más. Y ella tiene mucho que dar todavía; Sasuke ya se ha percatado de algunas cosas. Algunos me pidieron que Sasuke y Sakura se dieran cuenta del daño que le estaban haciendo a Sarada y, bueno, aquí se ve muy bien.

Sin embargo, por razones que mencioné implícitamente, el capítulo no me parece triste de ninguna manera, sino alentador. Ojalá las haya tranquilizado un poco. Tampoco odien a Sasuke - se oye raro viniendo de mí -: de verdad tiene razones para comportarse como se comportó en el capítulo pasado.

Les mando un fuerte abrazo y muchísimas gracias por el apoyo que le están dando al fanfic.

Andreea Maca.