Robando tu corazón
10. Devolviendo el botín
- ¿Qué Viktor?
- ¡Viktor! ¡Pichit! El tío de Yurio, con quien cenamos ayer
- ¡Ah! El detective que te gusta… vaya que problema. Pero él no sabe que se trata de ti, créeme no te reconocerá, solo ve y actúa como lo practicamos
- No, no puedo si es él…
- ¡Hola! Ya sé que estás ahí- el ruso iba a empezar a caminar hacia Yuuri.
- ¡Quédate ahí!
- Está bien, si tú lo dices… ¿No vas a decirme el porqué de esa nota? ¿Quién eres?
El japonés tenía un debate interno sobre lo que debería hacer ¿Escapar? Probablemente no le serviría de mucho ahora, lamentablemente la única salida era la gran puerta por donde había entrado Viktor y para lograr salir tendría que pasar por al lado de este, aun si iba corriendo era poco probable que lo lograra, puesto que el detective estaba entrenado para situaciones como esta y Yuuri no. No le quedó más opción que seguir con el plan original, solo rogaba para que sus nervios no lo traicionaran y Viktor no se diera cuenta de su identidad, tendría que actuar muy bien para que eso ocurriese.
- ¿E-entonces tú eres el detective al que enviaron?
- ¿Cómo sabes que soy detective y no un policía?
- Bueno…- Yuuri se golpeó mentalmente por ese desliz, se supone que no lo conoce. Debía dejar sus nervios de lado y concentrarse en su papel o sería descubierto. Así que se animó a acercarse a la luz pero manteniéndose a una distancia prudente- No tienes pinta de policía
- ¡Wow! Bonito disfraz- maldecía internamente por qué le hizo caso a Pichit y vino con el traje de Eros puesto. Trato con todas sus fuerzas de no sonrojarse por eso.
- Gracias- se cruzó de brazos y tomó una pose más relajada, era ahora o nunca, o entraba en el personaje que creó o le descubrirían. Cerró los ojos para tomar un poco de aire y se concentró.
- Asumo que tú eres Eros, entonces ¿tú dejaste la nota en el museo?
- Si yo fui ¿Por qué no tomas asiento? Traje esa silla especialmente para ti
- Gracias, pero estoy bien así… ¿Y cuál es tu propósito?
- No pienso decir nada si no se sienta. Y pensar en todas la molestias que me tome para que se sintiera cómodo- dijo haciéndose el ofendido.
- Bueno me sentare- el detective sabía que por el momento era buena idea seguirle el juego al desconocido, por lo menos hasta que se asegurar de saber dónde tenía la corona.
- ¡Mucho mejor! Ve que podemos entendernos Sr. Detective- la forma en que fueron pronunciadas esas últimas palabras sorprendieron un poco al ruso. Por alguna razón que no pudo identificar le provocaron un leve sonrojo, al ver esto el ladrón se acercó un poco más hacia él- Vaya sé que soy irresistible pero no es necesario que se sonroje con mi presencia Sr. Detective~
- ¡N-no lo hice! ¡Yo no me sonroje!
- ¡Uy! Tanta rudeza de su parte me hace querer hacerle ciertas cosas
- ¡Ya dime de una vez de que se trata todo esto!
- No se enoje, si hasta tengo un regalo para usted, eso sí, se lo daré solo si porta bien y es un buen chico- le guiño descaradamente un ojo y a pesar de tener puesto el antifaz Viktor pudo notar perfectamente la mirada picarona del otro.
- Está bien, ya me calme ¿Mejor?
- Mucho mejor. Ahora creo que vino aquí buscando algo que yo tengo ¿No?- el detective asintió y el pelinegro saco la corona de entre las sombras y la puso en su cabeza- ¿Cómo me veo? Es una bonita corona ¿No le parece? Supongo que la quiere de vuelta
- Si no fuese mucha la molestia
- Pero es tan linda, me gustaría quedarme con ella para siempre… ¡Tengo una idea! Se la devolveré se hacemos un trato
- ¿Qué clase de trato?- preguntó confundido el ruso.
- Yo te devolveré esta linda corona y todas las demás cosas que robe en un futuro sólo a ti, si llega a venir una persona diferente o hay más personas con usted no devolveré ninguno de mis botines y tendrán que despedirse para siempre de esas joyas ¿Qué le parece?
- Por mí no hay problema
- ¡Excelente! Entonces tenemos un trato- Eros se acercó aún más hacia el detective y poso la corona en la cabeza de este- en este momento lo declaro mi Sr. Detective favorito
Viktor aprovecho la cercanía del ladrón y en un rápido movimiento de manos atrapo la muñeca izquierda de este con la mano derecha de él, quedando así unidos por un par de esposas. Se levantó de la silla quedando de frente y bastante cerca de Eros quien lo miraba sorprendido.
- Tu trato no decía nada sobre no intentar capturarte- le dijo lleno de orgullo al creer que tenía acorralado al bribón.
- Eso es cierto, bien jugado Sr. Detective- descaradamente y ante la sorpresa del ruso, el pelinegro paso su mano libre por una de sus mejillas acariciándolo suavemente hasta llegar a la comisura de sus labios, gesto que lo hizo enrojecer- Que bellos ojos… ¿Quién lo diría? Es mucho más guapo de cerca, también es alto, fuerte y sexy- al decir eso ultimo Eros se mordió el labio inferior, lo que descoloco totalmente a Viktor, dejándolo aturdido por unos momentos.
Aprovechándose del momento de confusión del mayor, el ladrón unió el otro lado de la esposa en uno de los barrotes del respaldo de la silla. Dejando al detective unida a esta
- ¡¿Qué?! ¡¿Cómo te soltaste?!
Yuuri sonrió ante los recuerdos de su niñez. Desde pequeño se sintió atraído ante los magos y escapistas profesionales que veía por televisión, dedicó muchas horas a aprender varios trucos y el de las esposas siempre fue uno de sus favoritos. Solía pedirle a su hermana que lo dejase esposado en cualquier parte y su pequeño acto consistía en liberarse en menos de cinco segundos, había logrado un record una vez de solo tres segundos y siempre lo hacía con esposas de verdad y no las de juguete, puesto que cuando las pidió, Minako quien se encargó de conseguírselas le trajo unas de un policía retirado que consiguió quien sabe dónde. Así que el zafarse del detective no era ningún reto para él.
- ¿Qué le puedo decir? Fue bastante simple, si quiere atraparme, tendrá que hacer un mayor esfuerzo Sr. Detective
Cuando el ruso intento acercarse a él nuevamente se dio cuenta que la sillas estaba enterrada en el piso de concreto ¿Cómo no lo noto antes? Por más que jalaba no podía moverla ni un centímetro.
- ¿Cómo hiciste esto?- escucho una leve risa de burla por parte del ladrón, lo cual lo enfureció y dirigió su mano libre a su cinturón en busca de su arma de servicio.
- ¡Oh! ¿Busca esto?- dijo Eros mostrándole su pistola- es peligroso portar armas ¿no lo sabía usted?
- ¡Suéltala!
- Está bien- la dejo caer a sus propios pies pero se encontraba lejos del alcance del detective- Ya va siendo hora de marcharse ¿no cree? Se está poniendo frío aquí, no me agrada el frío
Ante eso Viktor con su mano libre se apresuró buscar entre sus bolsillos la llave de las esposas.
- Si busca la llave también la tengo yo- dijo mostrándosela- le guardare como un pequeño recuerdo de nuestro primer encuentro- le guiño un ojo y luego se giró hacia la salida
- ¡Oye no me dejes aquí! ¡Estoy atrapado!
- ¡Oh! Es cierto, casi lo olvidaba- se acercó un poco y dejó un cincel en el piso- si se estira un poco quizás lo alcance o quizás no… Hasta nuestro próximo encuentro Sr. Detective~
Eros salió rápidamente del galpón mientras Viktor trataba desesperadamente de alcanzar el cincel con una de sus piernas, ya que sus manos no llegaban. Le tomo más tiempo del que hubiese querido pero lo logro, uso el instrumento para romper la unión de las esposas y librarse. Tomó su arma, la corona y se dirigió a la salida. Buscó por todos los lugares cercanos algún rastro que pudiese guiarlo al ladrón pero cuando llego el amanecer se dio por vencido y se fue.
Llegó a la estación de policías con la corona perdida y todos lo alabaron por encontrarla. Fue a hablar con Yakov y le contó todo lo que había sucedido y las demandas del ladrón que se hacía llamar Eros. El jefe de la policía acepto seguir el juego de delincuente por el momento, si bien se había escapado esta vez los dos estaban seguro que las próxima no sería así. Igualmente el mayor lo felicito por traer de vuelta la valiosa corona.
Pero Viktor no se sentía bien con la situación, tenía una sensación agridulce. Recupero el objeto robado pero Eros se había encargado de dejarlo en vergüenza al escaparse. Nunca le había sucedido algo así, nunca nadie había podido escapar de él. Averiguaría a toda costa quien era Eros y lo encarcelaría, eso se prometió a sí mismo.
