"Desastrosa Fiesta Navideña"
Soi Fong no podía creer la mala suerte que tenía, ese día no estaba saliendo como esperaba, o mejor dicho, ella no había esperado nada. Se había dejado llevar por la marea de acontecimientos y ahora era revolcada por una ola a la orilla. Yoruichi había insistido desde una semana atrás de realizar una "fiesta navideña", organizó una reunión por todo lo alto. Ella no quería ni participar pero como sobrina de la organizadora, según el maldito protocolo debía recibir a los invitados.
La había arrastrado a comprar un vestido y tacones, la había obligado ir a un salón de belleza y al final se había vendido por un libro cuando le pido que se maquillara. Ahora estaba recibiendo los invitados con lo más parecido a una sonrisa que podía dar. Y no dejaba de sentir esa mirada sobre ella, Yoruichi nunca le dijo que estaría toda la junta directiva de la empresa que la morena asesoraba. Y ahí estaba él, hijo de ricos, de cabellos negros y ojos grises, sentía su penetrante mirada en su espalda.
Estaba nerviosa, no lo había visto hasta esa noche en la casa de Rangiku, últimamente se estaba metiendo en más problema de lo acostumbrado por estar dejándose llevar por sus amigos. Esa noche había bebido de más, y solo recordaba unos labios devorando su boca, robándole unos cuantos suspiros y esos ojos grises más vivos que nunca.
Aun sentía escalofríos por el recuerdo, no se había atrevido a hablar de nuevo con él, había hecho lo posible para evitarlo, no había contestado sus llamadas y había evitado estar en el mismo lugar que él. Pero no, Yoruichi tenía que arruinar su hermoso plan con esa maldita fiesta.
—Pareces inquieta ¿Será por uno chico de ojos grises que no deja de observarte? —preguntó la voz burlona de su tía, cuando se acercó a su lado.
Soi Fong bufó al darse cuenta que Yoruichi lo había sabido desde un principio, había pensado que había sido disimulada pero tal vez no lo fue tanto. Había sido ingenuo de su parte no pensar que su tía lo notaria, ella era demasiado observadora y también conocía al chico, después de todo trabajaba para esa familia.
Buscó con la mirada al pelinegro, estaba a unos metros de ella, esta vez no la estaba observando sino hablando con su amigo, Gin. Pareció sentir su mirada porque a los segundos giró hacia ella. Su rostro neutral e indiferente para el mundo a ella no le engañaba, en sus ojos había algo que la hizo sentir nerviosa por lo que volvió a ver a su tía.
—A veces no sé si eres mi tía o mi enemiga —comentó la pelinegra, la morena sonrió por su comentario.
—Que dramática, deja de estar tanto tiempo con Rangiku. El chico muy amablemente me pidió ayuda, yo solo cree el ambiente. Por cierto, aun espero que ambos pasen por el muérdago —Soi Fong rodó los ojos.
—Deja de soñar, Yoruichi. Además, ¿Desde cuándo Byakuya Kuchiki pide ayuda?
—Bueno…—La morena sonrió y ella supo que su tía hizo de nuevo de las suyas—, tal vez no pidió ayuda directamente, pero al preguntarme hace unos días por ti me pareció su forma de hacerlo. Gracias a eso, empecé a notar que estabas evitándolo —añadió para luego volver con los invitados.
Soi Fong bufó, ella nunca cambiaría, siempre creaba situaciones extrañas. Cansada ya de darle vuelta al asunto y de esa estúpida fiesta decidió que era hora de retirarse, ya había estado lo suficiente en ese lugar, ya había saludado, la habían visto, hora de irse. Caminó hacia las escaleras para confinarse en su habitación pero alguien la detuvo antes de poder subir. No quería girar porque ya intuía quien era.
Aun no estaba preparada para enfrentar el problema, ese día estaba siendo muy estresante, esa navidad no estaba siendo la mejor. Tomó una respiración y al final giró a ver al pelinegro que la retenía. Agradecía que las escaleras no estuvieran a la vista del salón porque hubieran llamado la atención de alguien y ella no quería ni rumores raros ni mucho menos a las locas caza fortunas que estaban en esa fiesta detrás de ella.
—¿Qué quieres? —preguntó frustrada.
—Creo que ambos tenemos algo que hablar —Sus ojos grises estaban fijos en ella, se sintió de nuevo nerviosa, se insultó así misma por tener esa reacción estúpida.
— Yo creo que no, Kuchiki. Así que por favor suéltame —Sin esperar que el chico lo hiciera, ella se alejó y empezó a ascender en la escalera.
Sabía que no podía evitar por mucho tiempo la situación, sabía que lo que había hecho en esa borrachera no había sido solo el efecto del alcohol, a ella le gustaba ese pelinegro y todo lo que había pasado solo lo reafirmaba. Había empezado solo con un intercambio de palabras, algunas llenas de sarcasmo y otras simplemente de comentarios, los encuentros casuales en reuniones, la coincidencia de amistades, las conversaciones más profundas, el querer estar más tiempo con él, querer conocerlo más.
Cuando empezó a sentir que el corazón se le aceleraba y se sentía nerviosa cuando estaba con él, supo que estaba jodida. Siempre se burlaba de sus amigas enamoradas por sus actitudes, ahora ella estaba igual. Y eso la asustaba, a ellas les habían dañado y aprovechado de eso, ella no quería eso, estaba bien con ella misma, no quería esos absurdos sentimientos ni sensaciones.
—Sabes que necesitamos conversarlo —Soi Fong bufó, esa noche no estaba saliendo nada como ella quería, el pelinegro la había seguido arriba.
Byakuya podía aparentar indiferencia pero cada vez que se encontraba con esos ojos grises, ella odiaba lograr ver los matices de su ser, era una persona muy interesante. Sus pensamientos eran profundos, a veces tenían puntos de vistas distintos pero era agradable y refrescante compartir eso, era alguien atento, y a pesar de ser algo arrogante se podía hablar y disfrutar de hacerlo. Hasta los silencios eran momentos buenos entre ellos, a veces solo se sentaban juntos a ver el lugar, a sus amigos reír o bailar. Soi Fong se sentía muy cómoda con él. Y ahora sabía que aparte de apuesto el maldito besaba demasiado bien.
—¿Sabes que nunca intente aprovecharme de ti cierto? —Aquellas palabras las dejaron sorprendida.
—¿Por qué dices eso?
—Has estado evadiéndome, asumo que es por lo sucedido aquella noche en la casa de Rangiku —La naturalidad con la que hablaba solo provoca querer darle un golpe en la cara, en su atractiva y deseable cara, se amonestó de nuevo así misma por ese pensamiento.
—Kuchiki, no hice nada fuera de mi voluntad, no estoy enojada ni molesta por eso —suspiró Soi, no quería hablar del tema pero ya no podía huir.
—¿Entonces por qué estás evitándome?
—No estoy interesada en esto, podemos dejarlo así —Soi Fong dio media vuelta pero él volvió a tomar su brazo y girarla.
—No, a menos que me des una respuesta lógica. Si no te sentiste agraviada, eso quiere decir que lo sucedió fue porque ambos queríamos —El pelinegro estaba muy cerca de ella y si quería una respuesta lógica debía alejarse, la pelinegra dio un paso atrás pero él acortó esa pequeña distancia.
—¿Qué quieres que te diga, Kuchiki? ¿Que si disfruté de ese beso?, ¿Que besas condenadamente bien? ¿Que si estoy interesada por ti? ¿Que caí como la propia estúpida por ti? Si es así, puedes irte por donde viniste —dijo llena de sarcasmo pero él ni se inmuto.
—Soi Fong tu sabes muy bien que pasa entre nosotros, así que no entiendo porque actúas así —que le hablara así le hizo sentir peor, ella sabía que estaba actuando mal pero no podía evitarlo hacer, ella no quería salir dañada. Aquello solo la enojo más.
—¡¿Por qué crees?! Estoy asustada, Byakuya. Tú eres alguien que puede tener a cualquiera a sus pies y yo no quiero formar parte de ese lote. Me da miedo que al final entregue más de lo que tú estás dispuesto a darme —no pudo detenerse hasta que soltó ese nudo en su garganta.
—¿Por qué asumes eso?
—Ja, por favor Byakuya, a mí no me engañas tan fácil. Tú sabes que yo no soy como esas chicas soñadoras que se dejan llevar por las situaciones —dijo de forma herida.
El pelinegro la sorprendió al sentir que la rodeó con sus brazos, ella solo alzó la mirada y lo que vio en esos ojos grises la dejó paralizada, no había ni rastro de esa frialdad. Byakuya estaba hablando en serio.
—Yo no te estoy pidiendo que seas así. Yo estoy conforme con cómo eres, y lo sabes.
—Byakuya estoy cansada, ha sido una navidad estresante —suspiró, tratando de calmarse—. Yoruichi me hizo poner un maldito vestido que me está asfixiando, estoy utilizando unas armas letales en mis pies y siento que vendí mi alma por un libro al colocarme todo este maquillaje. Además de aguantar una cuerda de arrogantes, chicas banales y chicos babosos. Quiero solo irme a descansar, no estoy en mi mejor estado de ánimo para esta discusión —él se alejó un poco.
—Para darle un poco de crédito a Yoruichi, te ves condenadamente bien en ese vestido, créeme que me he controlado de no mandar a algunos a volar —comentó sorprendiéndola, sus ojos fijos en ella—. Soi Fong, deja de buscar formas de evadir esto, terminemos esto de una vez, yo te gusto, tú me gusta. No le des vuelta y solo acéptalo —añadió, no le dio tiempo de reaccionar cuando ya tenía sus labios en los suyos.
La pelinegra cerré los ojos, a quien engañaba, también había anhelado eso, rodeó con sus manos el cuello del chico acercándola mas a ella, supo que mandaría al diablo todo, ella deseaba estar con él, era estúpido seguir reprimiéndolo, ya después vería que sucedía por ahora solo disfrutaría. Había luchado estúpidamente sabiendo internamente que cedería.
—Eres un maldito arrogante —comentó cuando él dejó un momento sus labios, una sonrisa los adornaba, él solo asintió y volvió a besarla. Soi Fong antes de cerrar los ojos también descubrió donde Yoruichi había puesto el muérdago, estaba justo al frente de la escalera.
Tal vez esa desastrosa fiesta navideña no había terminado tan mal, después de todo tuvo el empujón necesario para aceptar todo lo que había tratado de reprimir.
¡Gracias por leer!
Espero que tuvieran un fin de año genial, mis mejores deseos para este nuevo año.
Este capitulo va dedicado a una personita que me ha pedido mucho de esta pareja, Paulina, no ha sido el mejor que escrito pero pronto escribiré mas.
Gracias por sus comentarios, espero volver antes del 10 de enero sino nos leemos a final de año para una nueva temporada.
¡Besos!
