Después de ese acontecimiento, que para Kenma fue como haber sido el primer hombre en pisar la luna —un gran paso para la humanidad, pero en ese caso solo fue un gran paso para él—, sin embargo, la vergüenza lo superaba por mucho y prefería que aquello no se repitiera en un buen tiempo.

Las practicas comenzaban a ser más pesadas que con el pasar de los días la pareja solo deseaba llegar a casa, darse un baño y dormir hasta el día siguiente, siendo Kenma el más afectado de alguna manera; no es que fuese un chico débil, si se lo proponía podía rendir al menos un entrenamiento extra más un partido de práctica, pero su estado de salud con varios antecedentes de enfermedades durante su infancia no ayudaba mucho.

Pero a Kenma no le gustaba que el equipo se detuviera por él y por una fiebre que solo parecía querer hacerlo quedar mal frente a todos.

El nuevo integrante del equipo: Lev, era una persona bastante molesta en su punto de vista pues no dejaba de revolotear a su alrededor pidiendo que levantara algún balón para él bajo la promesa de querer convertirse en el As del equipo y que no podría lograrlo sin su ayuda. Kenma se sentía bastante fastidiado, pero Kuroo había sido bastante claro y debían hacer que Lev estuviera al nivel del equipo antes del nuevo partido contra Karasuno y la concentración previa a las eliminatorias de invierno. No solo él estaba estresado, todo el equipo sentía esa carga emocional negativa y no se sentía en posición de reclamar o quejarse de algo.

Esa mañana tuvieron sus famosas prácticas sabatinas que se habían implementado nuevamente, Kuroo iba caminando unos pasos más adelante guiando sus pasos y cuidando de que no fuese a chocar con algún objeto fijo en la acera mientras trataba de pasar un jefe en el Monster Hunter que llevaba días seguidos perdiendo. No se dio cuenta en que momento su novio se había detenido, pero cuando este asomó su cabeza y habló por sobre su hombro le causó un pequeño sobresalto.

—Parece difícil.

—No lo es —replicó, con calma —, solo no estoy lo suficientemente concentrado.

—Estás molesto.

—Lo estaré si no quitas tu mano de mi cintura.

En efecto, Kuroo había puesto una de sus manos sobre su cintura, empujándolo un poco para que acelerara el paso, muchas cosas estaban acumulándose en su cabeza y lo estaban poniendo de un humor terrible y no le gustaba la idea de que Kuroo se molestara por eso, aunque no había mucho que hacer.

—Si todo sale bien hoy te llevaré a comer algo de tarta —le comentó, sonriendo —, podrás descansar el resto de la tarde y el fin de semana, anímate un poco.

—Claro.

—Y deberías atacar cuando su estómago brilla, parece vulnerable en ese lugar.

—¿Ah? —esperó un poco y Kuroo volvió a señalar la pantalla —, no lo había notado.

—Solo tienes que observar bien —le dio un beso en la sien y lo dejó estar.

Cuando llegaron al gimnasio sus compañeros ya estaban armando la red y limpiando la cancha; Shibayama e Inouka fueron los primeros en saludarlos con mucho entusiasmo antes de que fueran a cambiarse rápidamente para poder ayudar con la limpieza.

—Según el entrenador saldremos a correr —le comentó Yaku a Kuroo —, pero no podemos irnos sin el idiota de Lev.

—¿Preocupado por tu kohai, Yakkun? —dijo el pelinegro, con sorna.

—No empieces con eso, por favor —pidió el líbero, sintiendo como una venita se hinchaba en su frente.

Antes de que se comenzara una discusión nerd entre esos dos Kenma le dio un codazo al mayor, para seguir amarrando las cintas de sus zapatos. Un maullido resonó por el gimnasio llamando la atención de todos los presentes, el muchacho albino de primer año sostenía un pequeño gato naranja entre sus manos y sonreía ampliamente.

—Es la última vez que llegas tarde Haiba —amenazó el capitán, sin sonar muy agresivo —, ahora si podemos irnos.

[...]

Al teñido no le gustaba mucho salir a correr por una razón muy sencilla: era el más lento del grupo y solía quedarse en la parte de atrás de la formación.

El calor en su cuerpo aumentaba con cada metro que avanzaba y la incomodidad de ser observado intensamente por su compañero de nuevo ingreso le hacía las cosas más difíciles; Lev, a pesar de tener extremidades más largas y tener mayor condición física, se había empeñado en correr a su ritmo y no dejarlo solo, era un buen gesto, pero no le terminaba de gustar.

—¿Por qué no avanzas más rápido? —le preguntó con la voz entrecortada por el cansancio.

—Porque quiero acostumbrarme a Kenma-san —respondió el menor con mucha simpleza, como si no fuese algo extraño.

—No sirve de nada que corramos al mismo nivel si tú no estás ganando más condición física.

—Pero pensé que si lo hacía podría aprender más de ti —Lev volvió a sonreírle, sin mostrarse cansado.

Kenma prefirió guardar silencio nuevamente, pues hablar y correr al mismo tiempo era una mala combinación para él, ya sentía la garganta seca y la fatiga comenzaría a cobrárselas. Lamentablemente, el medio ruso no tenía los mismos planes siguiendo con su monologo sobre lo genial que podía llegar a ser el armador y de lo emocionado que estaba por que el entrenador mostrara mucho interés en convertirlo en titular lo más pronto posible.

—No podrás serlo si apestas en tus recepciones —Kenma le cortó de pronto.

—¡Sonaste como Yaku-san! —Caso perdido.

—¡Oigan, vamos a adelantarnos! —gritó Kuroo unos metros más adelante, mirando en su dirección.

—¡Está bien! —respondió Lev, con otro grito.

Lo único que pasaba por su cabeza era que el recorrido ya estaba por terminarse y solo practicarían un poco y todo terminaba por ese fin de semana. Si todo salía bien Kuroo podía cumplir en llevarlo a comer, llegaría a casa, haría su tarea y dormiría hasta las 3 de la tarde del siguiente día.

—Hay un gato en ese árbol —señaló el menor, escuchando el sonido del animal maullando.

No quería ponerse bajo más presión, el idiota de su compañero lo había arrastrado colina abajo para ayudar al animal y dejarlo caer de boca contra el suelo, consiguiendo que su nariz sangrara y Kuroo se molestara con ambos por tal cosa, aunque la gota que rebalsó el vaso fue que el entrenador le asignara al medio ruso para que le ayudara a practicar.

—Hey, vamos, cerrarán la cafetería a este paso —le apresuró el pelinegro, cargando ambas maletas.

—Dijiste "si todo sale bien" —replicó, queriendo quitarle sus pertenencias.

—Salió bien, lograste que Lev rematara por primera vez —le felicitó, acercándose para tomar su mano —, para mi es suficiente.

—Pensé que estarías molesto por lo de hace rato.

—No me voy a enojar porque te hayas hecho daño, lo estaría si Lev quisiera pasarse de listo contigo —finalizó con un corto beso en los labios.

El resto de la tarde fue bastante tranquilo, se detuvieron a comer como habían acordado y durante el regreso a casa Kuroo se ofreció a llevarlo sobre su espalda al notarlo cansado, aunque había negado las primeras tres ofertas aceptó cuando un entumecimiento hizo que se detuviera totalmente.

—¿Vas a hacer algo hoy? —le preguntó el mayor, al llegar a la casa de Kenma.

—Dormir, estoy muy cansado —respondió, bostezando casi al instante —, ¿arruiné tus planes?

—Para nada —Sonrió —, descansa. Nos vemos mañana.

Lo más probable es que no hubiera nadie en casa, al igual que en toda la semana, al entrar se dio cuenta de que su madre había dejado las ollas con la comida destapadas dando como resultado un aroma a condimentos y comida echada a perder. No se molestó en ir a desechar la comida, fue un descuido de su madre así que él no tenía por qué hacerse responsable.

Al final relajarse fue peor que estar cansado, su cuerpo comenzaba a resentir la actividad física causándole más entumecimientos y un fuerte dolor de cabeza que lo hizo —mejor dicho, lo obligó— a tomarse una pastilla e irse a dormir.

Buenas noches. Enviado a las 19:40 p.m.

Buenas noches Kenma, si necesitas algo no dudes en llamarme ;) Enviado por Kuro a las 19:41 p.m.

No creo necesitar nada, tal vez solo un abrazo Enviado a las 19:45 p.m.

¿Quién eres y que le hiciste a mi Kenma?:o Enviado por Kuro a las 19:46 p.m.

Es broma, si quieres puedo ir en este momento y darte todo lo que necesitas ;) Enviado por Kuro a las 19:47

Buenas noches Kuro. Enviado a las19:48 p.m.

Conectó su teléfono al cargador y lo dejó en la mesa de noche sintiendo como aumentaba el calor en su rostro.

—¿Kuro piensa en eso? —murmuró, inconscientemente.

Él si pensaba en eso, no tan seguido, pero en ocasiones recordaba lo bien que se había sentido todo aquello y en lo diferente que fue la actitud de Kuroo durante todo el proceso; recuerda quedarse mirando a la puerta del baño de su habitación preguntándose si realmente eso pasó y que el pelinegro no saldría de aquella puerta porque solo lo había imaginado.

Pero era real, Kuroo había salido de ahí y le había besado la frente diciéndole que estaba muy feliz porque le tuviera la suficiente confianza para hacerlo,mencionando también lo bien que se sentía tener a alguien como él a su muy vergonzosas desde su punto de vista. Comenzó a pensar que tal vez si necesitaba ese abrazo, el dolor de cabeza no quería ceder al medicamento y su temperatura corporal estaba disminuyendo cada vez más de prisa. Esto simplemente no puede estar pasando.

Dejó de odiar a su metabolismo cuando se forzó a cerrar los ojos y poder dormir hasta el día siguiente.

[...]

"Si necesitas algo no dudes en llamarme"

Definitivamente lo necesitaba en ese momento, necesitaba algo que le quitara el malestar que sentía; una pastilla, jarabe, veneno de ratas, cualquier cosa que funcionara rápido.

Kuroo fue esa mañana cuando recibió un mensaje diciendo que necesitaba asistencia médica por un fuerte dolor estomacal y una fatiga horrorosa. Saliendo casi de inmediato a la farmacia a buscar algo que ayudara, pensando en que posiblemente fuese un resfriado o en el peor de los casos una recaída en la anemia.

La habitación de Kenma estaba bastante bochornosa por la temperatura del teñido, así que abrió la ventana para que el aire corriera y se ventilara.

—¿Cómo te sientes? —le preguntó, sentándose en el borde del colchón.

—Me duele la cabeza —aclaró, con la voz más ronca que de costumbre.

—No has tenido una buena semana, ¿verdad?

Kenma rodó en el colchón hasta quedar de espalda al pelinegro, subiendo el cobertor hasta sus hombros.

—Al menos el golpe de ayer no dejó marca y dejó de sangrar —animó, dejando caer su cabeza sobre la de Kenma —, viendo el lado positivo a todo esto...

—¿Hay un lado positivo? —ironizó el menor.

—Claro que lo hay, te esforzaste mucho en estas semanas y ahora puedes dejarme consentirte durante el tiempo en que me necesites aquí —Le dio un beso sobre el cabello —, me aseguraré de que te mejores.

El pelinegro terminó de subirse a la cama, quedando recostado detrás de Kenma pasando su brazo por encima del cobertor para poder abrazarlo. El teñido miró la mano que ahora reposaba en su estómago y no dudó en tomarla para entrelazar sus dedos, acurrucándose a su lado.

—Si quieres que me quede procura no moverte tanto, por favor —comentó con sorna, Kenma bufó con molestia, soltando su mano al instante —, era broma amor, ¿acaso crees que siempre estoy pensando en esas cosas?

Kenma no respondió, al menos no en voz alta. Agradeciendo que su rostro estaba sonrojado por la fiebre y estaba de espaldas no podría notar su vergüenza.

Espero y no sea así, no quiero llenar mi cabeza de esas cosas"

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Me tomó bastante tiempo terminar esto y resultó ser más corto de lo que esperaba, que :s

Bueno, no hay excusa.

Espero les haya gustado y espero no volver a tardarme demasiado eme

Pd. estoy teniendo bastante problemas con estas cosas, me desordenan el texto y hace que me duela la cabeza :A: