Disclaimer: Nada me pertenece esto, es sólo un hobbie.
Una vez más, gracias a todos aquellos que me leéis y, sobre todo, a los que me comentan. Me encanta leeros ;) Además, me alegró comprobar que no era la única que le hubiera gustado ver un encuentro entre Lorelai y Jess una vez éste maduró.
Por otro lado, señalar que Logan nunca terminó de cuajarme, no es que él me disgustara, pero siempre me pareció que convirtió a Rory en alguien débil. No sé, se me quedó clavada su imagen completamente borracha y llorando amargamente mientras le preguntaba a Lorelai que qué hacía mal para no gustarle a Logan. No sé, así como Dean y Jess la dejaban ser ella misma, Logan la cambiaba en una peor versión de sí misma... O esa impresión me dio a mí. Y ahora me dejo de rollos, disfrutad del capítulo ^^
Capítulo 10
Algo azul
- Va a llegar tarde. Como siempre. Esta hija mía...
Su abuela se estaba paseando de un lado a otro de la acera, haciendo resonar los tacones de sus zapatos a un ritmo frenético, mientras hablaba para sí misma. Rory miró el reloj de su teléfono móvil y vio que ya pasaban cinco minutos de la hora en la que habían quedado. Tampoco era tanto retraso... Para su madre.
Antes de que su abuela fuera presa de un ataque, un coche aparcó frente a ellas y Lorelai bajó del lado del copiloto... ¡Y a su lado estaba Jess! ¡¿Jess? ¡¿Qué hacían su madre y Jess en el mismo coche?
Esto no puede ser bueno.
¡Deberíamos prepararnos para un colapso espacio-temporal!
Su madre, sin embargo, la sorprendió al despedirse con cordialidad con Jess. ¿Pero qué estaba pasando ahí? Era todavía más absurdo que aquel dichoso sueño con Dean y Logan, de hecho... ¿Estaría soñando? ¿La habría drogado su abuela? Un momento... ¿Aquello que estaba sintiendo era sufrir un aneurisma?
Mientras Lorelai se acercaba a ellas, Rory no pudo evitar mirar a Jess, que se limitó a curvar los labios en aquella sonrisa torcida tan sensual, además de despedirse con una mera sacudida de cabeza. Después se fue como si nada, aunque Rory sentía que su mundo volvía a agitarse como en un terremoto. Por mucho que no quisiera admitirlo, cada vez que veía a Jess todo se descontrolaba: su pulso, sus emociones, hasta su cabeza, pues sólo había pensando en lo sexy que le seguía pareciendo... ¿Pero qué andaba mal con ella? ¿Por qué tenía la sensación de que en cualquier momento volvería a caer?
- ¿Qué hacías con él? - lo que Rory quería era preguntar a su madre, pero en su lugar lo que salió de sus labios fue algo más parecido a un reproche.
- Oh, vale, me has pillado. Estaba montándomelo con él en su coche, ¡es que los malotes me gustan tanto!
- ¡Mamá!
- Se me ha muerto el coche, el de Luke lo tiene Liz y no tenía otra forma venir aquí - suspiró Lorelai, antes de mirar de reojo a su madre y acercarse a Rory.- Shh, baja la voz, no quiero que tu abuela tenga más motivos para taladrarme el cerebro.
- ¿Por qué tendría que taladrarte el cerebro, Lorelai?
- ¿Para fijarme el velo?
- ¡Lorelai!
- No es nada, mamá. Anda, vamos a mirar vestidos.
Lorelai se llevó a Emily al interior de la tienda prácticamente a rastras, aunque Rory siguió en la acera, mirando la calle vacía por la que se había marchado Jess. Después suspiró, agitando la cabeza, mientras seguía a su madre y su abuela. Sin embargo, una parte de ella estaba emocionada, pues Jess no era de los que hacían cosas por los demás, al menos que quisiera de verdad hacerlas... A lo mejor sí que había madurado.
No tuvo problemas para aparcar, aunque sí para bajarse del coche. Sabía que tenía que hacerlo, era algo que tenía que hacer, pero... Seguía sintiéndose muy incómodo.
¿Cómo narices lo haría Luke?
Pensó en la última conversación que había mantenido con Luke, en que le había dicho algo que era verdad y en lo que nunca había reparado: nunca había hecho nada por Rory. Había tenido sus detalles, la había apoyado, pero sólo recordaba una cosa que había hecho por ella, que había sido ayudar al grupo de Lane a instalarse para dar un concierto. Y ese día todo se había ido a la mierda y por su culpa, porque fue imbécil y no le contó a Rory sus problemas, simplemente los pagó con ella.
Al recordar todo aquello, encontró valor para salir del coche y entrar en la librería frente a la que había aparcado. Una vez en el interior, muerto de vergüenza, eso sí, rebuscó entre los odiosos libros de auto-ayuda hasta dar con el que le interesaba: era un tomo acompañado de un CD que se titulaba:
Las damas y los necios
Cómo halagar a una mujer y mantener una relación sana
Sólo con el título ya le entraban ganas de vomitar, pero era lo que tocaba. Tanto Luke como él habían aprendido muchísimo de un libro parecido, así que, quizás, Zach también lo haría.
- ¡Oh, Lorelai, estás preciosa!
Lorelai acababa de salir del probador, lo que había sido todo un triunfo dada la enorme cola que tenía el dichoso vestido. Con toda la fuerza que era capaz de reunir, avanzó hasta colocarse delante de un espejo.
El vestido tenía unas inmensas mangas de farol que casi le tocaban los lóbulos de las orejas, un corsé muy ajustado que brillaba como un cartel de Las Vegas y una falda tan amplia que podría esconder a todos los niños de Stars Hollow entre sus pliegues. Eso, por no hablar de que la cola prácticamente abarcaba toda la tienda.
- Parece que voy a ir a interpretar una obra de Shakespeare, mamá.
- ¡Tonterías! Es un vestido precioso.
- Pesa mucho, es incómodo y podría comerme un oso al confundirme con un merengue. Y, mamá, no querrás que me coma un oso, ¿verdad?
- No hay osos en Stars Hollow.
- Taylor parece uno. ¿Sirve? - la mirada de su madre le indicó que no se iba a escaquear con facilidad, así que optó por otro argumento.- Quiero una boda humilde y este vestido... Es que es más pomposo que el que llevaría María Antonieta - le sorprendió que Rory no se dignara en echarle un cable, así que se volvió hacia ella, lo que estuvo a punto de costarle el equilibrio.- Rory, ayúdame un poco. Por favor.
Su hija agitó la cabeza, como si saliera de su ensimismamiento, y la miró un segundo antes de echarse a reír. Aquel gesto, provocó que Emily tensara tanto los labios que acabaron convertidos en una apretada línea recta.
- Abuela, sería demasiado hasta para... Blancanieves.
- ¿Y qué es lo que queréis? - preguntó Emily, que empezaba a perder la paciencia y su tono lo denotaba.- ¿Qué vaya en...? No sé, ¿qué se vista con una camiseta rota y una minifalda blanca? Porque, para eso, ¿por qué no os vais a Las Vegas? He oído que ahí te puedes casar hasta en bikini.
- Quiero un vestido más sencillo, no un vestido que, para llevarlo sin morirme en el intento, deba entrenar como Rocky - razonó Lorelai.
Fue a acercarse a su madre, pero encontró resistencia. Maldiciendo aquel instrumento de tortura de tafetán blanco, tomó aire y tiró con fuerza para poder arrastrar aquella falda que más parecía la carpa de un circo.
Entonces lo oyó.
Fue un siseo que le heló la sangre.
Al mirar por encima de su hombro, comprobó horrorizada que si no había podido mover el vestido en un principio era porque se le había enganchado en un estúpido taburete. El problema era que, al insistir, había rasgado la falda hasta el punto de que prácticamente se le veía la ropa interior. Estuvo a punto de hiperventilar. Acababa de romper un vestido escandalosamente caro y diseñado por un hombre escandalosamente famoso, ¡y lo había roto! ¡Roto!
- No, no, no, no, no, no...- musitó para sí.
Al alzar la mirada, se encontró los claros ojos de Rory abiertos de par en par tan asustada como ella. Justo en aquel momento, la dependienta acudió con los capuccinos que había pedido Emily, así que Lorelai agarró la falda con cierto disimulo, quedándose muy quieta. De todas las muertes imaginables, palmarla en la tienda de vestidos de novia a manos de una dependienta histérica, era la más absurda... Y la más probable en aquellos momentos.
- A-yú-da-me - articuló sin pronunciar ni una sola sílaba.
- El vestido le sienta maravillosamente, señorita - opinó la dependienta.
- ¿A qué si? Al fin alguien que tiene buen gusto - sonrió Emily, que empezaba a crecerse al estilo Gilmore. Se acercó a Lorelai, así que ella dio un par de pasos para apartarse; lo hizo con mucho cuidado, con pánico de que la cola terminara de desprenderse del todo de la falda.- ¿Por qué no das unas vueltas, Lorelai?
- Eh, mamá... No creo que sea necesario, no.
- ¡Oh, venga! La falda tiene un vuelo maravilloso - insistió la dependienta.
- Si yo la creo, sí, pero... Es que no es necesario... De verdad - por encima de las dos mujeres, miró a su hija, suplicante.- ¡Rory!
Es la segunda vez en apenas unos días que estoy a punto de ir a la cárcel.
Rory había contemplado cómo su madre había destrozado el vestido más caro de una tienda ya de por sí cara. Era como si Julia Roberts hubiera prendido fuego a una de las boutiques que había visitado en Pretty woman, ¡algo horrible, agobiante! Por eso, se quedó como tonta, mirando como su abuela y la dependienta acosaban a su madre que, al final, gritó su nombre para que reaccionara.
Pero no sabía qué hacer, ¿cómo impedir que la dependienta se diera cuenta de aquel estropicio? ¿Cómo impedir que su abuela obligara a su madre a girar sobre sí misma para que la falda bailara a su alrededor?
Nerviosa, fue a beber del café que le habían plantado en las manos... Un momento... ¡Café! Armándose de valor, y rezando para que no tuviera que volver a esa tienda en la vida, avanzó hacia las mujeres a toda velocidad. Entonces fingió tropezarse y le tiró el café a la dependienta, manchando su pulcra y nívea blusa de líquido marrón muy, muy caliente. La mujer contuvo una sarta de improperios, mientras daba pequeños saltitos y se disculpaba para cambiarse.
- ¡Rory! - exclamó escandalizada su abuela.
No le hizo ni caso, simplemente la esquivó y se acercó a su madre, que parecía volver a respirar con normalidad.
- ¡Tienes que quitarte el vestido!
- ¡No voy a huir desnuda!
- No me refiero a eso, lady Godiva. ¡Cámbiate! ¡Y rápido! ¡Tenemos que huir!
- ¿Huir? ¿Cómo qué huir? - su abuela no entendía nada; entonces, Lorelai se giró un momento, soltando la falda que cayó al suelo, como si hubiera abierto una cortina. Al ver el descomunal roto, su abuela palideció.- Oh... Dios... ¡Lorelai!
- ¡Ha sido sin querer!
- ¡Ese vestido cuesta una millonada!
- ¡Lo sé! Por eso vamos a huir.
- ¡¿Cómo qué huir? ¡Lorelai!
Mientras su madre se deshacía del vestido a toda velocidad y desaparecía en dirección al probador, Rory se acercó a su abuela, que seguía sin entender nada. Entonces recordó que cada una llevaba un bolso, así que, corriendo como nunca en la vida, fue a por ellos, antes de volver a reunirse con Emily.
- ¡No podemos irnos sin más! - insistió su abuela.- ¡Es una irresponsabilidad!
- ¿Cómo crees que se tomará el abuelo el que te gastes tanto dinero en un vestido roto? - preguntó Rory, a sabiendas del efecto que tendría en su abuela, que empezó a dudar.- ¡Vamos, corre, abuela! ¡Corre!
Tras agarrar del brazo a su abuela, ambas echaron a correr hasta alcanzar la calle y poco después se les unió Lorelai, que se iba colocando la chaqueta y el bolso en el lugar correcto.
Cuando, al fin, las tres se detuvieron en un parque que se encontraba muy lejos de la tienda, apenas podían consigo mismas: su madre se tiró al suelo donde se tumbó, respirando trabajosamente; su abuela se aferró al bolso con una mano, mientras se llevaba la otra al pecho y, de paso, ofrecía un aspecto bastante cómico al llevar el pelo alborotado; Rory, por su parte, abrió mucho las piernas y se dobló sobre sí misma, intentando volver a respirar de nuevo.
- ¡Me habéis dejado atrás! - protestó su madre.
- ¡Somos unas criminales! - exclamó, entonces, Rory al ser consciente de todo lo que acababa de suceder. Cerró los ojos, soltando un gemido.- ¡Ha sido como robar! ¡Somos atracadoras! ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Robar bancos?
- Tranquila, Bonnie, no creo que lleguemos a tanto.
- ¡Mamá! ¡Últimamente no dejo de huir de escenas de crímenes! Primero en el hotel de Barcelona y ahora esto. Acabará viniendo Tom Hanks a por mí y hará la secuela de Atrápame si puedes.
- Claro, porque robar un vaso sin querer y dejar un vestido roto en una tienda, equivale a robar bancos, hackear... O lo que quiera que hizo Leonardo en Atrápame si puedes. Me falta el aire, no puedo pensar... Dios, hacía una eternidad que no me dolían así las piernas, creo que desde que te traje al mundo - hizo una pausa, en la que frunció el ceño, pensativa. Entonces, soltó como si nada.- Cálmate, cielo, hasta Los golfos apandadores son mejores criminales que nosotras.
- Ese vestido era carísimo...
- E incomodísimo. Era una trampa para osos disfrazada de vestido.
- ¡¿Pero qué te ha dado con los osos?
Compartió una mirada ceñuda con su madre, ya que ambas se habían dado cuenta al mismo tiempo que Emily llevaba demasiado rato sin decir nada. Al mismo tiempo, se incorporaron un poco hasta ver a la mujer, que estaba muy quieta. Volvieron a mirarse, levemente asustadas, aunque entonces Emily echó la cabeza hacia atrás y una carcajada se desprendió de sus labios. Eso fue tan solo el principio, antes de que ninguna de las dos pudieran reaccionar, Emily se dejó caer al suelo, desternillándose de risa.
Aterrada, Rory miró una vez a su madre, preguntándole sin palabras qué le ocurría a su abuela, pero los ojos de Lorelai brillaban y, antes de que pudiera hacer nada, ya se estaba riendo como una loca. Rory no tardó en imitarla más que uno o dos segundos, dejándose caer sobre la hierba del parque, mientras se carcajeaba tanto como su madre y su abuela.
Hacía una barbaridad que no compartían una unión así.
- ¿Te cargaste un vestido de cuánto?
La incredulidad en el rostro de Luke seguía siendo tan divertida como siempre, así que Lorelai sonrió un poco, antes de hundir una patata en el ketchup y llevársela a la boca. En cuanto tragó, hizo un gesto desdeñoso con la mano.
- No te preocupes, nos dimos a la fuga.
- Menos mal - asintió Luke, antes de sentarse a su lado; depositó el trapo con el que había estado limpiando el resto de las mesas en una de las sillas vacías cerca de ellos. Le dio un leve codazo, cariñoso, antes de preguntar.- ¿No crees que se nos está yendo la boda de las manos? Hoy Kirk y T. J. se han vuelto a pelear por ser mi padrino y, además, también han reclamado el derecho Andrew y Lou...
- Yo vivo con miedo de que Sookie y mi madre hablen y acaben enfrentándose a lo ninja para ver quién se encarga del catering y la tarta.
- ¿Por qué tenemos que vivir en un pueblo de locos?
- Es que están emocionados. Eso es todo - les disculpó Lorelai, acompañándose de un gesto. Tras beber un poco de su refresco, suspiró, recostándose en Luke, que le pasó un brazo por los hombros.- Lo peor es que, aunque tomemos decisiones, vamos a decepcionar a alguien sí o sí... Y no quiero. No quiero que haya dramas. No quiero que mi madre o Sookie se enfaden conmigo y decidan no venir o lloren o... Yo qué sé. Tiene que haber una solución que contente a todos, ¿no crees?
Luke le acarició el brazo distraídamente, al mismo tiempo que ladeaba un poco la cabeza para poder mirarla a los ojos.
- A mí sólo me interesa que tú seas feliz. Me dan igual los demás, no es su día, es nuestro día - le besó cariñosamente el pelo, antes de levantarse y recoger el trapo. Se dirigió hacia la barra, donde añadió con seriedad.- No lo olvides, Lorelai, es nuestro día. Eres tú la que tienes que ser feliz.
Asintió con un gesto antes de seguir cenando.
Tras la huida de la tienda de vestidos de novia y el ataque de risa que habían sufrido en el parque, Emily había decidido que una modista acudiera a la mansión Gilmore para confeccionar el vestido. Por eso, Rory y ella habían regresado a casa sanas y salvas, aunque en Stars Hollow se habían separado: mientras que Rory se había ido directa a casa, ella había ido al Dragonfly y, después, había acabado en Luke's para poder pasar tiempo a solas con él y, de paso, acompañarle a casa.
Estaba esperando a que Luke terminara de recoger el restaurante, cuando escuchó unos golpecitos. Al girarse siguiendo el ruido, encontró a Liz sonriéndole desde el otro lado de la cristalera e indicándome que saliera.
- Salgo un momento - alzó la voz para que Luke, que estaba en la cocina, la oyera.
En cuanto puso un pie en la calle, Liz se le tiró encima para estrecharla entre sus brazos, mientras soltaba un alargado gritito de alegría. Aunque no era la primera vez que experimentaba un abrazo de Liz, todavía no llegaba a acostumbrarse a su efusividad, pero sí que pudo devolverle el gesto.
- ¡Felicidades, futura cuñada!
- Gracias, Liz - le sonrió Lorelai.
- Ahora dejo que vuelvas con mi hermano, pero primero... Ven - la cogió de la mano para arrastrarla un poco, lo suficiente para que Luke no pudiera verlas a través de la cristalera. Entonces, Liz se apartó el pajizo cabello del rostro, tan risueña como siempre, mientras añadía.- La verdad es que pensé en dártelo, ya sabes, la otra vez. Pero como al final las cosas se torcieron, pues... No pude. ¡Pero ahora puedo! ¡Toma!
Casi como si fuera una niña pequeña, alargó ambas manos en dirección de Lorelai donde había una pequeña cajita de colores.
Lorelai la cogió con sumo cuidado, mirando alternativamente al regalo y a Liz, sobre todo mientras quitaba la tapa con delicadeza. Entonces encontró un pasador de pelo, una hermosa flor azul de aspecto antiguo. Asombrada, alzó la mirada en dirección a su futura cuñada, que ensanchó todavía más su sonrisa:
- Era de mi madre. Lo llevaba cuando se casó, ¿sabes? - hizo un gesto con la cabeza, poniendo durante un segundo los ojos en blanco.- Incluso yo la llevé cuando me casé con el padre de Jess.
- Es preciosa, Liz.
- Y es azul. Así ya tienes tu algo azul - asintió la mujer, acompañándose de un gesto un tanto exaltado.- Y como es mi madre, también puede ser tu algo viejo... Bueno... Si quieres. No tienes por qué llevarlo, sé que lo aprecias igual. Sólo... Quiero que lo tengas, ¿vale? Es mi forma de darte la bienvenida a la familia Danes.
Lorelai contuvo la respiración un instante. Desde que la noticia de su boda había bombardeado Stars Hollow, Liz había sido la primera persona que le había ofrecido algo sin más, sin esperar nada de ella, sin darle opción a decepcionarla. Además, era un gesto precioso, muy íntimo... Un gesto que la emocionó, por lo que en aquella ocasión fue ella quien se tiró sobre Liz para abrazarla.
- Muchísimas gracias. Lo llevaré.
- Entonces te traerá suerte - le sonrió Liz, aceptando de buen grado su gesto.
Y, por algún extraño motivo, Lorelai la creyó.
Pues lo mismo de siempre, si os ha gustado dadle a Review this chapter.
Próximamente: Capítulo 11 - No soy tu Henry Higgins. Jess le entrega el libro a Zach, ¿cómo se lo tomará éste? ¿Y qué tal van las cosas en su casa? ¿Podrá Jess ayudarle o perderá la paciencia antes? Además, Rory recibirá un e-mail de... Paris. ¿Qué le contará su amiga? ¿Cómo le va la vida? ¿Seguirá como siempre?
Nos vemos en el próximo capítulo =D
