Capítulo 10

Llamas de amor


Llamas de amor

Shido se encontraba corriendo por toda la ciudad, su mirada mostraba el temor que sentía. La alarma de terremoto espacial se disparó al ser avisado de posible juicio de su hermana. No importaba nada, no importaba nadie, debía llegar cuanto antes a la nave y detener todo o algo malo podría suceder.

― «¡Maldita sea Kotori!» ― Maldecía el chico quien esquivaba a las personas que corrían despavoridas al escuchar la alarma que anunciaba un terremoto espacial.

La preocupación en el joven aumentaba cada segundo, él sabía que era su hermana de quien se trataba todo esto.

― ¡Shido!

En ese momento apareció Origami frente al chico, deteniendo su andar y mirándolo serio.

― ¡No tengo tiempo para hablar! ― Gritó el chico sin notar la expresión seria de su compañera.

Como una bala, Shido había sido abofeteado por Origami quien veía con una expresión llena de dolor al joven. Incapaz de creer que había sido golpeado por la joven de cabellos albinos, el joven Itsuka volteo a ver a Origami quien tenía una expresión seria como molesta, pero a la vez llena de dolor.

― Nunca vas a llegar con Kotori si corres a pie. ― Habló Origami mostrando lo obvio. ― Y tampoco ganaras nada si te vas solo a detener al espíritu de fuego, tu hermana. ―

Sólo hasta ese momento Shido se dio cuenta del error en el que cayó de nuevo.

― El Shido que conozco no se rinde tan fácilmente. ― Dijo el ex miembro de AST llamando la atención del chico. ― Tampoco ganas nada lamentándote, eso lo sé porque tú me lo enseñaste. ―

Antes de siquiera decir algo, Tobichi Origami había tomado a Shido de los hombros para atraerlo hacia ella y presionar sus labios contra los de él en un fugaz beso. Un sentimiento nuevo, pero a la vez nostálgico fue percibido por el joven Itsuka recordando aquel accidente en el que su hermana salvó su vida. Terminando el beso, Origami alejó a Shido para verlo al rostro y darle una sonrisa.

― Buena suerte. ― Dijo ella para en ese momento tomar un aparato y ponerlo en el pecho de Shido.

― Espera, ¿qué-

Antes de poder decir algo, Shido desapareció ante los ojos de Origami quien volteó a ver al cielo divisando en el aire la nave de Kotori y la organización.

― Es hora de que regreses, Yotagami Tohka ―

Shido había sido llevado a la nave que su hermana comandaba, pero al entrar notó que todos los sistemas de alerta estaban encendidos y la tripulación de la nave corría despavorida frente a él. De inmediato, Shido tomó a un trabajador que buscaba escapar del inminente desastre que se había desatado.

― ¿Dónde se encuentra mi hermana? ― Preguntó él en un tono serio al temeroso trabajador.

― E-En la sala de conferencias. ― Contestó el hombre quien estaba a punto de llorar. ― Por favor, déjeme ir. ― Suplicaba él sólo para ser soltado por el Itsuka y escapar de ahí.

― Maldita sea. ― Masculló Shido para correr nuevamente, pero esta vez pasa salvar a su hermana de cometer un acto del cual se podría arrepentir. ― ¡Reine! ― Gritaba Shido el nombre de la asistente de su hermana.

De repente un temblor se sintió en la nave haciendo temer lo peor.

Shido, no tengo comunicación más que de una vía, la nave ha sufrido un daño estructural cerca de la sala de conferencias. ― La voz de Reine fue escuchada por Shido quien maldijo el no poder hablar bien con ella. ― Estoy intentando acceder a los códigos, pero estos requieren a la comandante.

Shido maldijo una vez más, corriendo para salvar a su dulce hermana y de paso salvar las numerosas vidas de Tengu.

El temor era evidente en todos los presentes. Las ataduras de Efreet habían sido quemadas por el espíritu lleno de amor que profesaba por su hermano, mismo que había sido profanado por las personas a las que un día juro proteger.

― ¡Activen el escudo! ― Gritó el primer ministro viendo como ante sus ojos una pared de luz se alzaba dejando ver a la chica. ― ¡Que todos los agentes den caza de la comandante Itsuka! ― Ordenó mientras veía como la mirada de Kotori se tornaba seria.

― ¿Ella puede vernos? ― Preguntó la mujer de mediana edad, levantándose de su asiento y retrocediendo un poco.

― Sí, ella puede vernos y oírnos. ― Respondió a la pregunta la otra miembro del consejo quien miraba atónita el poder que emanaba de la chica.

― No importa que tan fuerte sea, este lugar fue hecho para contener a Tokisaki Kurumi. ― Exclamó el miembro militar de la ONU sonriendo con orgullo por su máxima creación militar.

Todos los presentes sintieron un alivio al escuchar tales palabras del hombre, pero para Kotori aquellas palabras eran un disparate.

― ¿Me comparan con Nightmare? ― Dijo ella sonriendo con malicia. ― Parece que ustedes son igual de inútiles que siempre, ¿o acaso olvidaron que yo casi tomé su vida? ―

Las palabras que dijo la joven estremecieron a todos incluidos a los dos militares quienes seguían confiados en que el poder de la niña no era más fuerte que el de una asesina de masas. Kotori alzando una de sus manos, lanzó una llamarada que rápidamente derritió una de las paredes de la habitación causando daños en el sistema y activando una alarma.

― ¿Qué es eso? ― Preguntó la señora para ver a una sonriente Kotori.

― Sólo es la alarma de daños estructurales. ― Respondió Kotori la duda de la mujer. ― Veamos cuanto puede aguantar un lugar como este sin los códigos del comandante para pasar el cargo a otro. ―

Todos se hallaban absortos ante las dichas palabras.

― Les recuerdo que yo soy la comandante de esta nave, sólo yo puedo sacarlos de aquí. ― Decía la joven mientras sonreía.

― ¡Sólo eres un monstruo como el resto! ― Gritó la mujer de mediana edad quien se levantó de su asiento para señalar a la chica. ― Todas ustedes son unos fenómenos que no debieron nacer y tú hermano debería de estar muerto y-

Una llama atravesó el cristal impactando directamente en la mujer quien se prendió fuego. Todos los que estaban ahí vieron como uno de sus colegas prácticamente era consumida por las llamas de un espíritu que en cuestión de minutos acabo con la vida de la señora dejando sólo cenizas.

― Si alguien más quiere hablar de mi hermano, lo asesinaré. ― Contestó seria Kotori quien decidió destruir el cristal con un solo movimiento de su alabarda. ― ¿Quién más me quiere enfrentar? ―

Todos en el salón quedaron callados ante la muestra del poder de la chica.

― Ya sabía que ustedes entenderían de una u otra forma. ― Comentó ella para usar su arma que apuntaba hacia arriaba y lanzar uno de sus ataques que causaron más daños en la estructura de la nave.

El poder de un espíritu, el poder de Kotori, ahora lo lamentaban cada uno de los presentes. En otra parte la ciudad, en un parque que hace tiempo fue testigo de un poder igual al de Kotori, se hallaba Tohka quien yacía bajo un árbol abrazando sus piernas y llorando mientras repetía el nombre de Shido con tristeza. Ella sentía que había perdido a Shido para siempre, que ella jamás llegaría a ser tan importante como para que Shido la notase. Las palabras de Kurumi la habían lastimado y ella las creía firmemente.

― ¿Acaso no significo nada para ti, Shido?

Las palabras de Kurumi, cada una de ellas la habían lastimado tanto como Westcott lo había hecho.

― Shido.

Ella recordó el día que se conocieron. Ella totalmente perdida y defendiéndose de la gente que le cazaba, él todo extrañado por lo sucedido y después de eso buscándole como él pudo para así ambos tener una cita.

― Ese día me enseñaste muchas cosas. ― Fue su primera cita y él día más feliz que ella recordaba. ― Pero ¿lo hiciste por mí?

Lágrimas se asomaron por sus ojos cayendo en el suelo. De pronto alguien se paró frente a ella.

― Llorar no servirá de nada, y bien lo sabes. ― Dijo una voz llamando la atención de Tohka.

Cuando Tohka alzó su mirada se encontró con una chica muy parecida a ella, sólo que esta tenía una mirada más fría, pero que al mismo tiempo expresaba un cariño hacia ella. La joven se sentó a lado de Tohka para pasar sus manos por las mejillas de la chica limpiando aquellas lágrimas.

― ¿Quién eres tú? ― Preguntó Tohka.

La chica sólo sonrió ante la pregunta.

― No me recuerdas, es más que obvio, pero yo sí te recuerdo. ― Contestó ella notando la mirada de Tohka. ― Soy tu modo inverso, aquel que Westcott liberó hace ya tanto tiempo.

Tohka no podía creer lo que escuchaba. ¿Acaso era cierto lo que le decía? Ella sabía por parte de Miku y de Kotori que su modo inverso era tan fuerte como su modo desatado, ambos que se liberaron en la desesperación y que traía consecuencias nefastas si no era controlado.

¿Acaso se encontraba ella misma en un sueño? Ella había oído hablar de esos sueños por parte de Kaguya que en sueños se podía hablar con uno mismo, pero hasta donde sabía Tohka, ella no se encontraba en ningún sueño. El temor pronto la comenzó a invadir al creer que ella misma había entrado en su modo inverso, pero fue en ese momento que escuchó la risa de quien parecía ser su modo inverso.

― No, no es un sueño, pero tampoco yo formo parte de este mundo. ― Explicó la Inversa Tohka levantándose del lugar. ― Sé lo de Kurumi, por breves instantes iba a salir a acabar con ella.

Al escuchar esas palabras, Tohka nuevamente se sintió triste.

― Pero, ella también se hirió a sí misma, se hirió fuertemente al querer asesinar a esa copia que demuestra sus emociones más fuertes. ― Explicó el modo inverso para levantarse y extender la mano a su contraparte. ― No debes de dudar nunca, no debemos de hacerlo.

― Pero Shido…

― Él jamás dudó en salvarnos y él jamás lo hará. ― Dijo la Inversa Tohka regalándole una sonrisa a su otro yo. ― Debemos creer en nosotras mismas y debemos creer en Shido.

Por un momento Tohka dudo en tomar la mano, pero después de unos instantes recordó lo feliz que Shido se encontraba tras salvarla siempre de ella misma y el amor que él le tenía a ella. Siempre sería así, tal vez así sería la vida de ambos, pero él hizo una promesa.

― Shido, tonto.

Tomando la mano de su yo inverso, Tohka se levantó del suelo para sonreír sólo para percatarse de que no había nadie frente a ella. Pero antes de siquiera decir algo, una luz iluminó su cuerpo para mostrar un vestido astral diferente, uno que era una combinación de los vestidos de ambas versiones.

― ¿Por qué ha aparecido el vestido? ― Se cuestionó ella.

― ¡Tohka-san!

― ¿Origami?

Justo en ese momento su rival en el amor apareció frente a ella causando que Tohka se sintiera feliz al verle, hasta que recapacitó y recordó su "eterno" odio hacia la chica.

― Perdón, ¿Qué haces aquí, Tobichii? ― Preguntó Tohka aparentando no estar feliz.

Origami al verla se sintió aliviada, pero también volvió a su actitud de antes.

― Tohka, es un gusto verte. ― Saludó Origami en un tono seco.

Como dos grandes rivales, ambas se lanzaron insultos por unos breves momentos hasta que Origami decidió hablar.

― Necesito tu ayuda. ― Pidió Origami seriamente.

Tohka en ese momento se dio una idea de que algo malo estaba sucediendo. Antes de siquiera poder preguntarle a Origami que sucedía, las alarmas de un terremoto espacial sonaron y en el cielo la nueva nave de la organización parecía sufrir un ataque. El corazón de Tohka sintió un estruendo y la imagen de Shido apareció en su mente.

― Kotori-san ha despertado su ira, Shido necesita tu ayuda. ― Declaró Origami preocupada de que algo malo sucediese con ambos hermanos.

Por unos segundos Tohka hizo una mueca de disgusto, cosa que sorprendió a Origami.

― Toma mi mano, Tobichii-san ― Pidió Tohka con evidente desagrado para extenderle su mano a su rival. ― Hay una manera, creo, para ir allá sin necesidad de que nos tele transporten hasta ahí. ― Explicó ella.

Origami no se mostraba muy confiada en las palabras de Tohka, pero decidió creer en su palabra. Una vez que ella tomó la mano de Tohka, esta de inmediato invocó a Sandalphon, su espada para tomarla y lanzar atajada al aire que de inmediato abrió un portal muy parecido al que ella usaba para escapar de Origami y AST. Sin dudar un segundo, ambas caminaron dentro del mismo para desaparecer en él.

Por su parte, la nave se encontraba muy dañada y esto se debía a los poderosos ataques se soltaba Kotori. Como pudo, Shido había llegado a la sala de conferencias para encontrar a su linda hermana rodeada de un fuego tan gélido, pero al mismo tiempo tan cálido. Frente a su hermana se encontraban los cadáveres calcinados de aquellos que osaron juzgarla hasta llevarla a este punto.

― Kotori. ― Pronunció Shido.

― Shido, sálvame.

Sin pensarlo dos veces, Shido fue hasta donde su hermana sólo para ver como unas llamas se lo impedían. De pronto, Kotori se giró para verlo notando como aquel brillo en los ojos de Kotori habían desaparecido. Su poder aumentaba cada vez más y llamaradas eran liberadas por ella al grado que la atormentaban.

― ¡Kotori! ― Gritó Shido en absoluto terror.

El lugar comenzó a caerse a pedazos y lo único que se le ocurrió a Shido fue ir a abrazar a su hermana quien se sostenía la cabeza llorando y liberando más y más llamaradas que quemaban la carne de Shido.

― Sálvame ― Sollozó ella.

― Lo haré. ― Dijo él sintiendo como el fuego quemaba su piel. ― No me iré.