Disclaimer: Harry Potter y todo lo relacionado con su universo le pertenecen a J.K. Rowling. Esto es sin ánimo de lucro. La trama es mía; no copies ni publiques sin mi permiso expreso.


X. Albus/Rose

Rose siempre sintió admiración por su tío Harry. Harry Potter, héroe entre los héroes, el que venció al malvado sin pelo enamorado de las serpientes, como dijo una vez su padre. El que superó mil obstáculos y creció en una alacena. El que tenía una lechuza a la que quería mucho, toda blanca, pero que se murió. Y pobre tío Harry, pero qué suerte tuvo también.

Se podría decir que fue una especie de amor platónico. Y tan platónico. Porque en realidad ella no quería ningún tipo de contacto físico, sólo que le explicara más y más cosas (a Rose siempre le encantó aprender cosas nuevas, a cualquier precio, cualquier cosa que se mereciera un nombre).

Pero Albus era diferente a su padre. Se parecían mucho físicamente: los mismos dedos largos y huesudos, los mismos ojos verdes con motitas más oscuras a la derecha de la pupila (pero no es que Rose se haya fijado tanto, qué va. Es que alguien lo comentó en alguna cena), el mismo pelo azabache incapaz de quedarse en el sitio correcto y a la vez luciendo bien. Pero ¿el interior? Eso cambiaba. Albus era slytherin, para empezar. Un poco más inseguro, con la sonrisa más ancha y la manía de poner los ojos en blanco. Y era cazador, no buscador.

Aunque... hace falta nombrar una cosa más.

-Me gusta el pelo de tono rojizo -le dijo una vez, sentados en algún sitio del jardín de La Madriguera.

-Como a tu padre -comentó Rose después de reírse un poco porque sí.

Se quedaron en silencio, mirándose, sólo un poco, de reojo pero haciendo que el otro lo notara, como contradiciéndose.

-Yo no soy como mi padre, Rose.

No, claro que no.

Lo que ella sentía para con Albus no era platónico. Al menos, los besos seguían siendo reales a la mañana siguiente cuando se palpaba los labios, sonriendo estúpidamente y con ganas de colarse en la cama de su primo.

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