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El Jefe de la Oficina de Aurores

El despacho de Hermione era a su parecer una preciosidad. El techo era idéntico al de Hogwarts y en ese momento, estaba poblado de unas inmensas y refulgentes estrellas blancas. El piso, era al igual que en todo el Ministerio, de cristal transparente. Las paredes, aun no estaban decoradas, eran de color turquesa suave. En ellas solo había un pergamino enmarcado que mostraba las citas y reuniones de cada día, era como una agenda, perfecto para Hermione. Del otro lado de esa pared, había un pequeño buzón por donde circulaban las cartas dentro del Ministerio. Tenía también una chimenea de ladrillos muy bonita y moderna. Su escritorio, era de una fina madera de roble, y su silla a simple vista se veía cómoda, gracias a los cojines que la recubrían. Hermione desvaino su varita mágica, medito un momento y con unos suaves movimientos apuntando a la pared, hizo que una adquiriera un color amarillo fuerte y otra un bello color morado que hacia un muy buen contraste. Acomodo sus libros en una delgada repisa empotrada en la pared y colgó unos afiches muy coloridos.

-Quien lo iba a decir… -Murmuro sentándose en el sillón –Y ahora que…

Mientras pensaba que rayos estaba haciendo en ese lugar, oyó unos débiles golpecitos en la puerta, dijo "Adelante" para dejar entrar a Constance, la chica que la recibió en la Planta. La muchacha, que parecía estar feliz todo el tiempo, entro sonriente a pesar de que iba cargada de varias carpetas y pergaminos sueltos. La chica, entusiasmada dejo todas las carpetas encima del escritorio, Hermione les echo un vistazo y pensó en la absurda idea de que eso no era destinado para ella.

-Oh valla… Pero mire que hora es, será mejor que baje y se encuentre con el Jefe de la oficina de Aurores… -Dijo nerviosa – ¡No le gustan los retrasos!

- Parece que ese Jefe manda mas aquí que el propio Ministro, que por cierto aun no lo conozco

-El Ministro esta ahora en La Academia de Magia Beauxbatons, al sur de Francia. Cuando vuelva, de seguro pauta una cita con usted. –Declaro Constance –Sera mejor que baje al primer piso Embajadora

-¿Tienes idea de donde puedo conseguir un vestido? –Pregunto Hermione

-Oh el señor no es muy elegante… puede ir así, no necesita…

-¡No es para ver al Jefe de Aurores Constance! –Dijo interrumpiéndola

-Ah… Pues por aquí hay unos locales, puedo conseguirle uno si lo desea…

-Seria grandioso –Exclamo Hermione –Solo asegúrate de que no sea muy destapado…

Hermione le dedico una sonrisa y le especifico los colores que no le gustaban, Constance tomo nota y la Castaña salió a paso de tortuga del despacho. Sin prisa, busco un café con mucha cafeína y azúcar para aguantar las ganas que tenia de tirarse en la cama de su hotel. Entro en el ascensor, con otras personas y este bajo rápidamente un solo piso. Al salir, Hermione tuvo la impresión de que cada planta era totalmente diferente, el departamento en que ahora estaba, se le hacia muy parecido al Departamento de Misterios del Ministerio de Magia Inglés.

El lugar era de aspecto tenebroso, era iluminado por escuálidos candelabros, cuyas velas estaban por consumirse. Dada la importancia de aquel Jefe, se imagino algo más lujoso y moderno. Al igual que el Ministerio Ingles, este también tenia cubículos, solo que mas espaciosos, donde se alojaban los distintos trabajadores del Departamento para la Aplicación de La Ley Mágica. Varios individuos con túnicas negras y de colores opacos transitaban por la estancia y Hermione termino preguntándose cual de ellos seria el Jefe de la Oficina de Aurores.

-¿Disculpa, quien de ellos es el Jefe? –Pregunto La Castaña a una mujer joven que transitaba también

-¿De ellos? El Señor jamás sale de oficina, es un ermitaño… -Dijo pensativa y extrañada –Sigue derecho, en la ultima puerta que veas. Asegúrate de tocar la puerta…

Hermione no podía creer cuanta devoción le tenían a aquel ser que ocupaba el cargo de Jefe. A la castaña se le vino a la mente la imagen de un hombre muy guapo, vestido de manera informar y quizás algo paranoico, y ermitaño como le dijo la chica. Mientras imaginaba, se le vino a la mente el rostro de Ron reprochándole que ella ya tenia un novio a quien mirar. Se sonrió y camino en dirección a un pasillo estrecho, de cada lado de la pared de este habían puertas de color negro brillante, con diferentes distintivos. Suspiro al darse cuenta de que el pasillo era bastante largo.

Camino, pasando por más de una docena de habitaciones, hasta llego a una última puerta de madera, nadie pasaba por ella, es mas parecía que los distintos trabajadores de la Planta la obviaban de manera obvia. "Ese jefe debía de ser un completo ogro", pensó Hermione. Se detuvo un instante ante la puerta, empuño la mano derecha, dispuesta a tocar, pero en el momento en que su mirada se fijo en la identificación de aquella oficina, se quedo helada. Cerro los ojos, para asegurarse de que si vista no fallaba, y que no estaba teniendo alucinaciones extrañas a causa de su poco dormir y del café. Pero, había leído exactamente bien lo que decía aquel minúsculo rectángulo de plástico. Este para sorpresa de Hermione Granger, rezaba:

Draco Malfoy

Jefe de la Oficina de Aurores

Director del Departamento para La Aplicación de La Ley Mágica

-Debe ser una broma… -Pensó Hermione, tratando de pensar en cuantas personas en el mundo corresponderían al nombre de Draco Malfoy, pero reparo en que ese nombre no era muy común –No es posible… Es que este Ministerio no conoce a sus trabajadores…

Hermione agudizo el oído, eso hizo que escuchara algo parecido a una pelea. Se acerco más a la puerta y oyó claramente la voz arrastrada de Draco Malfoy, estaba gritándole a alguien y Hermione pensó en sus monigotes amigos. Se decidió por fin, empuño la mano y dio tres golpes a la puerta. La pelea ceso al momento que dio el primer golpetazo. Oyó como Malfoy daba una orden, y la puerta se abrió de par en par. Entonces, el acompañante de Malfoy salió corriendo velozmente, sin mirar siquiera a Hermione. La chica, no lo pensó dos veces y entro.

La silla del despacho de Malfoy, estaba volteada, por encima de ella pudo vislumbrar la rubia y refulgente melena del muchacho. Este, suspiro con desgano y se dio la vuelta lentamente en la silla. Por la expresión en el rostro de Malfoy al verla, el tampoco sabia quien era esa dichosa Embajadora de Francia que vendría.

-¿GRANGER? –Grito, a la vez que se cerraba la puerta mágicamente

-Malfoy… -Dijo Hermione pausadamente – ¿A quien le pago tu padre para meterte aquí?

-Primero dime –Dijo parándose de su asiento – ¿Con quien te acostaste para entrar a la Embajada Sangre Sucia?

-Como te atreves…

Hermione no le dio tiempo a Draco de reaccionar, ya que el estaba inmerso en su gloria, satisfecho por el insulto que acababa de propiciarle. La joven saco su varita mágica y lo apunto, sin pronunciar ningún hechizo, un rayo de luz roja brillante y segador le dio directo en el pecho a Draco Malfoy. El muchacho, salió disparado del piso, se elevo por los aires y fue a caer contra una torre de libros y objetos mágicos amontonados todos en una esquina de la habitación. Malfoy tardo unos segundos en recuperarse, pero cuando lo hizo y trato de hechizar a Hermione, ella ya estaba lista y sin pensarlo, murmuro un hechizo escudo, esos que Harry les había enseñado muy bien.

-Basta –Dijo ella –Dime para que coño me llamaste y rápido, no tengo todo el día

Draco la miro con desprecio, se quito el polvo de la camisa y se sentó en su sillón de piel negra. Hermione lo miro desafiante. No confiaba en Draco Malfoy, nadie lo hacia, ni en él ni en su padre.

-Siéntate –Ordenó Draco señalando una silla que tenía al frente

-No acato ordenes de mortifagos Malfoy –Respondió Hermione

-Como quieras –Dijo Draco –Bien Granger, para serte sincero, esperaba encontrarme con alguien mas capacitado, pero eres perfecta para esto –Admitió con desdén –No se si estas al tanto de los últimos acontecimientos…

-¿Del secuestro de tu madre? –Pregunto rápidamente Hermione

-Esas son patrañas Granger –Le espeto Malfoy –No sabia que serias tu la Embajadora, pero debo admitir que ah sido un golpe de suerte. Necesito tu ayuda, para encontrar cierta información

-¿Estas ebrio? No te ayudare en nada que tenga que ver con tus planes –Dijo Hermione furiosa

-Si te da la gana, puedes hacerlo o no. No te voy a rogar, si es lo que piensas –Declaro Malfoy, que estaba por perder la paciencia –Necesito que vallas a Beauxbatons Granger, el Ministerio necesita recuperar una reliquia importantísima, es un Libro, de historia… acerca de la Fundación de Hogwarts. Hay un nuevo poder resurgiendo Granger y Kingsley puede confirmar mi historia, no puedo darte más explicaciones, debo salir ahora mismo y no tengo tiempo. Si se hacen con el libro, contaran con los secretos mejor guardados del Castillo.

-¿De que hablas? Un nuevo… ¿Mago tenebroso? –Pregunto ella, Draco asintió con la cabeza, con preocupación –Si es de Hogwarts, ¿por que esta en Beauxbatons? ¿Y si es el secreto mejor guardado, como piensas que yo lo voy a encontrar?

-Eso es una de las cosas que queremos averiguar –Explico –Pero ahí fue donde se le vio por última vez hace ya cientos de años, así que es en Beauxbatons donde buscaremos. Tú eres experta en la historia, eres perfecta para el trabajo.

-Basta de halagos Malfoy –Dijo Hermione -¿Cuándo partiré?

-Mañana por la mañana, usaras un traslador. Nadie debe saber de esto Granger, solo estamos al tanto Kingsley, tu y yo. Quizás Potter y Weasley lo estén también, pero de eso se encargara el Ministro. –Se levanto de su asiento y miro serio a Hermione –Ten cuidado con lo que escribes en cartas Granger

-¿Cómo se que no estas mintiendo? ¿Cómo estoy segura de que tú no formas parte de ese nuevo poder Malfoy? –Pregunto Hermione

-Cree lo que quieras. Puedes hablar con Kingsley si quieres, no me importa

-Claro que te importa Malfoy, me necesitas para esto –Y dicho esto salió del despacho de Draco lo más rápido que pudo, sin darse chance de reprochar.

Hermione cerró la puerta tan fuerte, que los empleados que pasaban por el lugar se sobresaltaron. La chica, trato de ponerle algo de sentido a su conversación con Malfoy, pero no tuvo suerte. Ya en su despacho, se aproximo a escribirle una carta con carácter de urgencia a Kingsley, no se fiaba de Malfoy y eso estaba seguro, pero si el Ministro le daba un voto de confianza, ella también lo hacia. Después de todo, las segundas oportunidades son validas, pero no estaba segura si eso valía para Draco Malfoy.

Y que era eso de un nuevo poder, de que se trataba. Hermione no entendía nada, acaso un seguidor de Lord Voldemort estaba queriendo terminar con la labor de su amo. No, eso no podía pasar, los mortifagos no eran ni pizca de poderosos, solo eran unos lame botas de Voldemort, era imposible que adquirieran las agallas necesarias para enfrentarse al Mundo Mágico y menos sin un líder.

Todavía no sabía que era lo que iba a hacer en Beauxbatons, buscar un libro. ¿Dónde? En una biblioteca, seria pan comido, pero según lo que le había dicho Malfoy, era un secreto muy bien guardado, como suponía Kingsley que una chica de 17 años iba a encontrarlo. Hermione no lo pensó dos veces, necesitaba ayuda, que mas da si otra persona se enteraba, no podía hacer eso sola. De inmediato, pensó en George. Sin saber por que, Hermione estaba segura de que el aceptaría ir con ella a Beauxbatons, a buscar tan codiciada reliquia.

Dos golpes en la puerta de madera de su despacho, la sacaron de sus abrumadores pensamientos. La puerta se abrió y de nuevo era Constance, solo que esta ves traía en las manos dos cajas, una era larga y delgada y tenia un logo en el centro. La otra, era una combinación de colores y parecía una caja de zapatos. La chica dejo caer ambos paquetes en el suelo, luego tomo la más grande y la abrió con mucho cuidado, de ella saco un bulto envuelto en papel de seda, de color azul celeste, muy bonito.

-¡Valla! Si que eres eficiente… -Le dijo Hermione

-Oh por dios… no es nada. –Dijo Constance con alegría

Hermione tomo el paquete y retiro el papel de seda dejándolo aun lado. Al ver el vestido, en su rostro se dibujo una sonrisa de oreja a oreja, que hizo que Constance se sintiera muy bien, por haber acertado en la elección del vestido. Cuando desdoblo el vestido, lo miro con admiración. Era negro, la parte que cubría el busto estaba cubierta con lentejuelas negras y brillantes. No era largo, le llegaba hasta la rodilla y en el borde tenia tejidas unas rosas grises muy bonitas. El corte, era estilo imperio y sin mangas. Por la parte de atrás, tenia un cierre bien disimulado y un fino lazo de tela pegado al vestido.

-Es bellísimo –Alcanzo a decir Hermione