Ña. Aquí os dejo, porque entre que el fin de semana estuve mala y tuve que estudiar tropecientas páginas para un examen de Biología (ese que ya os mencioné... y gracias por desearme suerte *-*), no pude acabarlo. Está recién sacado del horno, bien calentito, so espero que os guste 8)


CAPÍTULO 10: Falling through the floor, diving in too deep, underneath your skin.

Danny

Entro en casa pegando un portazo que retumba en todo el apartamento. Me quito los zapatos y la chaqueta de mala manera y luego me dirijo pisando fuerte hacia mi habitación. Solo quería tumbarme en la cama y dormir, porque eran las ocho de la mañana y estaba molido, además de muy, muy, y repito muy, mala hostia.

No por nada, no, era por una minucia de nada, una mierdecilla. Solo que resulta que los Breakout Kings nos habían pillado mientras les espiábamos, lo que llevó a que se armara la de Troya en su local (parecido a lo que pasó en el Highway 69), lo que a su vez ocasionó que el camello y los propios Breakout Kings, aparte de enterarse de que los Sleeping Dogs y los Blackstars habíamos formado una alianza, se escapasen. Se suponía que el que estaba fuera tenía que estar vigilando por si algo así pasaba, y así poder seguir o impedir la huida de los bastardos aquellos, pero, ¡oh!, ¿qué pasó?, que el muy inútil estaba ocupado follándose a un niñato que no dejaba de provocarle. ¡Bravo, un aplauso por él! Pero a ser posible que fuese en la cara y, si no es mucho pedir, con una silla.

Sí, estaba muy enfadado conmigo mismo, y si no fuera porque quedaría muy ridículo, me daría de bofetadas. ¿Cómo había podido caer tan bajo? Vale, hacía tiempo que no me acostaba con nadie, y el Poynter ese era (respecto al físico, no me malinterpretéis) un muy buen candidato con el que romper la mala racha, pero eso no era excusa. Había cedido a la tentación. Había dejado que el enemigo me engañase y se valiese de mis debilidades para hacerme caer. Y, ¡argh!

Lo peor fue cuando Harry y Jimmy me vinieron a pedir explicaciones, hechos unos basiliscos. ¿Y yo que les iba a decir? ¿Qué en vez de vigilar la puerta del local, apoyando un plan del que probablemente dependiese mucho la banda, estaba practicando puntería con Poynter? No podía contarles la verdad, ya a mí me resultaba repulsiva y vergonzosa como para andar confesándolo. Así que había optado por lo más sencillo: mentir. Les dije que me había dormido (lo sé, es una excusa muy idiota) y se lo creyeron. Aunque no quito de que discutiésemos. Y vaya cómo discutimos… Cuando quieres liarte a puñetazos con tus mejores amigos, es que es algo grave, creedme. Por eso me había largado antes de que hiciese algo más de lo que arrepentirme.

-Dan…

-Por favor, Lilly, no estoy para que me toquen los cojones. Así que no me des la brasa y déjame en paz.-antes si quiera de que ella, que se acaba de asomar por el umbral de su habitación (probablemente la he despertado con el portazo), replique, doy dos zancadas y alcanzo mi propio cuarto, cerrando la puerta.

Me apoyo contra la lámina de madera y respiro hondo, cerrando los ojos. Joder. La había cagado pero bien, ¿eh? En ese momento me sentía tan mierda y tan ridículo… Y todo era culpa suya.

En un ataque de rabia y enfado, me giro y pego un puñetazo al armario que tengo al lado. Y luego otro, con tan mala suerte que el contrachapado se astilla y me clavo un trozo en el nudillo.

-Me cago en la puta.-farfullo, con los ojos ligeramente aguados, observando la pequeña herida de la que en seguida empieza a salir algo de sangre.

¿Qué más me podía pasar? No, en serio, quería saberlo para estar preparado. ¿Me iba a caer el techo encima? ¿Iba a tropezarme con una de las muchas revistas que tenía por el suelo y me iba a abrir la cabeza con la esquina del escritorio? ¿Me iba a electrocutar al conectar el portátil? ¿Iba a venir una horda de orcos de Mordor a hacerme papilla? ¿O a lo mejor venía una flota de naves alienígenas a desintegrarme con sus pistolas láser?

Derrotado, me dejo caer en la cama, hundiendo la cara en la almohada. Quería dormirme y no volver a despertar en dos o tres siglos.

Cuando llevo como diez minutos tumbado allí sin moverme, oigo como se abre lentamente la puerta y unos pasos amortiguados después. El colchón se hunde con el peso de la persona que se acaba de sentar, pero yo no me muevo más que para torcer la cara un poco más hacia la pared.

-¿Quieres hablar?-pregunta Lilly, dándome unas palmaditas en la espalda. Gruño como única respuesta.-Lo siento, no hablo ese idioma.-no respondo, para ver si se va. Pero no funciona, porque un minuto o dos después sus finos dedos pasan por mi coronilla, ordenando los cortos mechones rizados.- ¿Te acuerdas cuando éramos pequeños y me gustaban tanto tus ricitos que te convencía para que me dejases peinarte y hacerte coletas y trenzas?-no quiero, pero una pequeña sonrisa trepa sobre mis labios. Sí, sí que me acordaba… -¿Y te acuerdas que es lo que te pedía que me dejases hacer después?

Tardo unos segundos en contestar, pero no porque no me sepa la respuesta. Lentamente me giro un poco hasta que puedo mirar a los ojos a Lilly.

-Sí… Me pedías que jugase contigo a las princesas y dragones y siempre acabábamos montando un castillo en tu habitación con mantas y cojines.-se me escapa una risita al recordarlo. Por aquella época ya tendría mis buenos trece, catorce años, pero nunca le dije que no a aquellos juegos. Nunca la decía que no a ella...

Los ojos de mi hermana brillan, y sonríe también, apartándose un mechón pelirrojo de la cara.

-Siempre jugabas conmigo, fuera a lo que fuera, y siempre estabas ahí cuando te necesitaba.-se muerde el labio, como dudando, y yo me incorporo hasta quedar sentado, con el ceño fruncido.

-Lilly, ¿ha pasado algo?-pregunto, preocupado. Niega con la cabeza y luego me sonríe con algo de tristeza.

-No, nada. Solo que… últimamente me estoy acordando de todas esas cosas que hacíamos de pequeños, de cómo… cómo siempre me protegías de papá y eso…-no puedo evitar ponerme un poco tenso cuando menciona a papá.-Tú… nunca dejaste que me pegase…-baja la cabeza, jugueteando con el esmalte de sus uñas.-Siempre te ponías en medio, y le gritabas, y le empujabas y te enfrentabas a él, y…

-Lilly, hacía lo que tenía que hacer. No iba a permitir que ese cerdo te tocase un solo pelo. No podía hacer nada por defender a mamá, porque mamá se negaba a verlo como realmente era, pero no iba a dejar que te hiciese lo mismo que a ella. Además, eras una cría, te hubiera tumbado de una sola bofetada…-pongo una mueca con solo recordarle… y recordar todas las veces que habíamos discutido. Él estaba acostumbrado a que mamá no le replicase cuando le pegaba, pero ¿yo? Yo no me callaba ni una. No podía permitírmelo.-Pero, Lilly, eso ya ha pasado, ¿por qué sacas ahora todo eso? ¿De verdad que estás bien?

Me estaba preocupando toda esta conversación. En casa no solíamos hablar de papá, solo a veces mamá sacaba el tema.

-No, no, de verdad, solo que… He estado pensando… cómo ya te he dicho… no sé, tú siempre has estado ahí para mí… y-y yo…-ahora no podréis negar que somos verdaderos hermanos. Solo la genética hace que tartamudeemos tanto cuando estamos nerviosos.-Solo que siento que… que me estoy portando muy mal contigo, y t-te noto que desde hace unas cuantas semanas que estás mal y yo lo único q-que hago es gritarte y discutir contigo… Soy la peor hermana del mundo, lo sé.-esconde la cara entre las manos, creando una cortina de pelo.

Solo puedo decir 'aaaaw'. Se me enternece el corazoncito, jopé.

-Anda, no seas tonta.-se me escapa una pequeña risa (algo aliviada, porque por un momento había creído que me iba a soltar algo como que en nueve meses iba a ser tío…o algo así), y rodeo sus hombros con los brazos, acercándola a mi pecho y abrazándola.-Eres la única que podría querer, Lilly. Y sobre las discusiones y eso… supongo que es normal, tenemos que tener nuestros choques, ¿no crees? Y debo admitir que quizás sea un poco (solo un poquitín, ¿eh?) sobreprotector… Pero es que tengo mucho miedo de que te pase algo, ¿sabes? Eres lo único bueno que tengo…-beso la cabeza pelirroja de Lilly, y noto como asiente, sorbiéndose un poco la nariz.

Nos pasamos un ratito así, lo que realmente me reconforta, ya que hacía siglos que no teníamos un momento como aquel. Porque tenía razón, antes solíamos estar mucho más unidos. Pero desde que se marchó papá, nos habíamos… sí, ido separando.

-¿Ahora me vas a decir qué te pasa?-pregunta suavemente tras un buen rato, frotando la nariz contra mi pecho.

Suspiro, pasando una mano por mi pelo, notándolo algo encrespado.

-Es… Solo… me he peleado con Harry y Jimmy. Y he metido la pata hasta el fondo, no solo con la banda…

-¿Qué ha pasado entonces?-levanta la cabeza y me mira con el entrecejo arrugado.

Noto como mis mejillas arden antes de contestar, y empiezo a morderme la uña del pulgar, nervioso y avergonzado. ¿Ahora como explicaba yo esto sin que entendiese algo que no era? Dios…

-P-pues es que… resulta que… hay un chico… y él… no puedo sacármelo de la cabeza… y hoy… bueno, pues… es-estábamos solos en el coche… y-y-y…

-¿Y te has acostado con él?-me ayuda Lilly, alzando una ceja. Trago saliva y asiento, fijándome en lo interesantes que se habían vuelto las pecas de mis dedos.- ¿Y qué hay de malo? Si ese chico te gust…

-¡No!-me apresuro a cortarla, negando fuertemente con la cabeza y poniéndome aún más colorado. Este tipo de malinterpretaciones son las que no quería que hubiese…-Quiero decir, ese chico no me gusta. Para nada. Más bien al contrario, le odio. Es un niñato repelente y caprichoso que no deja de provocarme y que no sé por qué narices no me deja en paz. Solo… hoy no he podido resistirme… Es que… es demasiado atractivo… y tiene un piercing en la lengua… y esa carita de niño bueno de no haber roto un plato en la vida… y luego esos ojitos grises tan fascinantes… y ya no hablemos de sus manos, con esos dedos tan largos y…-¿¡y desde cuándo mierdas me fijaba yo tanto en cómo era Dougie?! Carraspeo, adquiriendo complejo de tomate con pecas.-Y-y eso…

Lilly tuerce la cabeza hacia un lado como si fuera un pájaro, una sonrisilla que no me gusta nada dibujada en sus labios.

-Humm…

-Humm, ¿qué?-pregunto bruscamente. Oye, ¿no estaba empezando a hacer mucho calor por aquí? Cof, cof…

-Nada.-y se ríe, como si supiera algo que yo no sé.

-Si hubiera sabido que te ibas a reír de mí, no hubiera soltado prenda…-opto por enfurruñarme, porque si no me va a terminar explotando la cara de lo colorado que me estoy poniendo.

-Oh, venga, no te enfades. Es solo que me hace gracia.-pongo los ojos en blanco, incapaz de ver dónde estaba eso tan divertido. Aquello era muy serio. Muy, muy, muy serio. ¡Ese rubiales me estaba volviendo loco (y no en el buen sentido… bueno, sí, antes en el coche sí, pero… quiero decir… en general… eso)!-Mira, si ese chico de verdad no te gusta…

-¡P-pues claro que no me gusta!

-… y el problema está en que no te lo puedes sacar de la cabeza, la solución es bastante sencilla.-la miro bizqueando cuando no sigue, por lo que deja esa solución 'bastante sencilla' en el aire. Y yo no la pillo. Lilly suelta un suspiro resignado, como si fuese una profesora que intenta explicar a un niño de tres años porque no está bien bajarse los pantalones en público.- Si solo es atracción física lo que sientes, lo único que tienes que hacer es buscarte a otro tío. Un clavo saca otro clavo, ¿no?

Creo que he bebido demasiado. Sino no me explico la razón por la que todo esté girando tan rápido a mi alrededor. Bueno, quizás también tiene algo de culpa la falta de oxígeno debido al beso algo descoordinado en el que me encuentro.

Un clavo saca otro clavo, eso había dicho Lilly. Y la verdad es que sus palabras tenían lógica. Por eso ahora, tres días después, me encontraba en aquella situación. Había ido a buscar mi clavito a una de esos locales gays que celebraban fiestas todos los días del año. Había bebido un montón, lo que había hecho la que la voz racional que me decía que aquello no iba a solucionar nada fuese perdiendo intensidad, ahogada por el continuo 'bum bum' que escupían a todo volumen los altavoces distribuidos por el pub. Y sin el runrún de esa molesta vocecilla, me había desmadrado por completo.

Separo mis labios de los del chico que ahora mueve una mano por el lateral de mi cuello.

-¿Es de verdad?-pregunta con una sonrisa bobalicona en la cara, sin llegar a pronunciar bien del todo, a la vez que su dedo se desliza por la piel coloreada de mi tatuaje.

-No, es de plástico, no te jode.-contesto bordemente, tampoco sin vocalizar demasiado, y antes de que siga hablando vuelvo a besarle con brusquedad, haciendo que su cabeza choque con la pared del cubículo del baño donde estamos. Fuerzo sin ningún tipo de miramientos mi lengua en su boca, que tiene un fuerte sabor a alcohol. Él se agarra a mi camiseta, emitiendo un gemidito cuando lo arrincono aún más contra la pared.

-Pero, tío, quiero decir, ¿eres un Blackstar de verdad?-vuelve a preguntar cuando volvemos a separarnos. Parpadeo varias veces, mis ojos fijos en su cara. Es rubio (sí, lo admito, tenía una insana predisposición hacia los rubios) platino, con el pelo ligeramente de punta. Sus ojos son grandes, aunque quizás demasiado separados, de color verde claro. Tiene la nariz pequeña, en contraste con esa boca de labios bastante gruesos, aunque quizás yo he tenido algo que ver con eso. Es algo más bajito que yo, aunque no mucho. Era mono, sí. Pero parecía completamente gilipollas. Y, desde luego, también iba como una cuba, igual que yo.

-¿Hemos venido a hablar o a follar?-contesto con otra pregunta, chasqueando la lengua contra el paladar. Y dicho eso vuelvo a lo que estaba, que era en su cuello, dejando un bonito chupetón rojizo.

-Es que, joder, cómo mola, tío.-sigue cascando él, por lo visto ilusionado de que sea un gánster. Pongo los ojos en blanco y tiro de su camiseta para quitársela.

Y se mantiene calladito otros diez minutos, volviendo a hablar cuando estoy a punto de bajarle los pantalones.

-Eh, eh, eeeh, tíooo, ¿quieres animar un poquito la cosa?-balbucea, sonriendo. ¿Pero qué coño dice este ahora? ¿No ve que estamos en medio de algo? Antes de que decida cargármelo, se lleva una mano al bolsillo de su vaquero y con algo de dificultad extrae una bolsita. Enarco una ceja.

-¿Coca? ¿Para qué cojones quieres meterte coca ahora?

-Oh, vaaaaamos, dicen que esto te pone como una moto, tío.-como me vuelva a llamar tío, le reviento. Avisados quedáis.

Estoy intentando discernir porqué tendré tan mala suerte y me he ido a liar con un imbécil semejante cuando el susodicho sujeto me aparta (y yo casi me caigo) y se arrodilla frente al váter. Baja la tapa y, con dedos temblorosos, echa la mitad del polvo sobre la superficie que en su día era blanca. Observo impaciente y molesto cómo, con la ayuda de una tarjeta de crédito, lo coloca en dos líneas más o menos paralelas. Luego saca un billete de la cartera y lo enrolla, formando un cilindro, uno de cuyos bordes sitúa en su nariz, mientras que el otro lo acerca a la droga. Esnifa una de las rayas con fuerza, como si quisiera que el polvillo le llegase directamente al cerebro sin necesidad de mezclarse primero en su sangre. Ríe, dándose unos golpecitos en la nariz, y luego se vuelve hacia mí, sentándose sobre los talones.

Antes de nada decir que yo no suelo hacer esto, ¿eh? Aunque viva de ellas en gran medida, no es que sea muy fan, menos usuario habitual, de las drogas. Sonará hipócrita, pero la razón es que sé cómo pueden joderle pero bien la vida a las personas. Y, no, gracias, yo ya tenía mi ración de eso. Pero en aquel momento, en ese baño diminuto de aquella discoteca, estando a punto de tirarme a un tipo que ni siquiera me atraía, y con una cantidad de alcohol en sangre bastante elevada… de nuevo, mando todo a la mierda y vuelvo a caer en el error de rendirme y dejarme vencer sin ni siquiera oponer resistencia. Quizás era que estaba destinado a eso, no sé, quizás estaba en mi naturaleza tropezar una y otra y otra vez con la misma piedra. ¿Dónde había quedado ese chico que se negaba a someterse al porvenir que tenía para él la vida? ¿Dónde se había ido ese chico que defendía sus principios y no dejaba que nadie le pasase por encima, aunque eso significase palizas y humillaciones? ¿Dónde estaba? Quizás se fue también cuando se fue papá. Quizás solo valía para plantarse delante de él, y cuando se vio libre de su principal muro, se marchó, dejándome a mí aquí. Todos se van, todos me abandonan. ¿Acaso no merezco la pena?

No quiero pensar en eso. Quiero ahogar todos esos pensamientos, quiero enterrarlos tan profundo que no puedan volver a salir y así dejen de hacerme sentir como si fuera una mierda. Quería olvidar. Por eso acepto el billete enrollado que me tiende aquel chico, por eso hinco una rodilla en las baldosas sucias del baño, y por eso cojo aire con toda la fuerza que me permiten los pulmones, llevando con el aire las partículas blancas de la raya de coca, mientras que el chico se ríe como si aquello fuera lo más gracioso del mundo, lo que seguramente se debía a que la droga ya le empezaba a hacer efecto.

Cierro los ojos, esperando a que mi nariz recobre la sensibilidad que ha perdido, y mientras el chico va dejando besos húmedos en mi cuello. Pero no me gustan. Tampoco me gusta la forma en la que sus dedos recorren mi espalda, ni tampoco el sabor de sus labios cuando nos besamos. Hiciese lo que hiciese, no lograba despertar en mí ninguna emoción más allá de un ligero aburrimiento y algo de asco. Y yo me empezaba a sentir eufórico, mucho más deseoso e impaciente que antes. Y me enervaba que aquel gilipollas me estuviese tocando, porque no tenía ni puta idea y lo único que iba a conseguir era un puñetazo en la cara. Ni siquiera sabía gemir, por el amor de Dios.

Y las conexiones de mis neuronas, alteradas ya por las moléculas extrañas que había introducido en mi cuerpo y que se hacían pasar por neurotransmisores, establecen una serie de pautas y pensamientos, que desembocan en una idea.

Una idea que solo hará que el clavo se hunda aún más en mi piel.

Dougie

Pum pum pum.

Gruño, frunciendo el ceño aunque sin llegar a abrir los ojos.

Pum pum pum.

Vale, esos golpes no provienen del sueño que estaba teniendo. Volviendo a gruñir, abro un ojo.

Pumpumpum.

Me incorporo con un quejido en el sofá, donde me he quedado dormido, la tele todavía encendida. Y por la programación de teletienda, diría que tienen que ser por lo menos las cuatro de la mañana.

Pumpumpumpum.

¿Dónde anda Tom? Oh, sí, que no está. Su hermana había tenido un problema con no sé qué del piso, porque se había casado y se estaba mudando a un nuevo apartamento con su marido, y había llamado a Tom para que la ayudase. Como quedaba en la otra punta de Londres y el piso nuevo tenía una habitación para invitados, me había llamado a las diez o así para decirme que se quedaba a dormir allí. Sí, es verdad.

PUMPUMPUMPUMPUMPUM.

-¿¡Pero qué cojones?!-me levanto de un brinco, temiendo que me echen la puerta (o todo el edificio) abajo. ¿¡Quién demonios en su sano juicio se pone a aporrear la puerta de un piso a las cuatro de la madrugada?!

No me he repuesto todavía de la insana cabezadita que estaba teniendo en el sofá, por lo que poco me falta para dejar los dientes en el suelo al enredarme con la alfombra del pasillo, además de que me gano un golpe de esos que hacen saltar las lágrimas en el dedo gordo del pie.

Más vale que sea urgente, como que se esté quemando el edificio o que nos vayan a invadir los monos modificados genéticamente (tenía que dejar de ver pelis frikis con Tom...), porque si no pienso estrangular con mis propias manos al que se encuentre detrás de la puerta.

PUMPUMPUMPUMPUMPUMPUMPUM…

-¿¡Se puede saber qué coj…?!-abro la puerta de golpe tras abrirla con las llaves, porque siempre la cerramos por las noches, y tras quitar (cosa bastante estúpida por mi parte) la cadena. Me quedo tan sorprendido al encontrarme el pecoso careto de Jones que no acabo la frase.

-¡Hola!-saluda él, todo alegre. Parpadeo y cierro la boca, recuperándome de la sorpresa para no parecer idiota. ¿Qué demonios hace él aquí? ¿Y cómo sabe dónde vivo? Oi, tiene la ropa toda arrugada y la camisa mal abrochada, y ya no hablar del pelo. Sus mejillas están más que coloradas, una sonrisa bobalicona plantada en sus labios, por los cuales no deja de pasarse la lengua. Está apoyado con una mano en el marco de la puerta, e, incluso desde aquí, puedo sentir el olor del alcohol… y por sus pupilas tremendamente dilatadas, diría que no solo lleva encima una castaña de la hostia…-¿No vas a dejarme pasar, Doggy?

Pongo expresión hastiada y molesta, aunque estoy preparado para cerrar la puerta rápidamente en caso de que intente algo.

-No, no acojo a borrachos drogados, lo siento.-y él se echa a reír, alto, muy alto, tanto que temo que despierte a los vecinos (si es que no lo ha hecho ya con los porrazos de la puerta de antes).

-O-oh, vamos, creí que te iban los juegos y eso…

-Venga, hasta luego, Jones, vete a dormir a casina y disfruta de la resaca mañana, ¿ok?-y dicho eso me dispongo a cerrar la puerta, pero él pone la mano en la plancha de madera y empuja. Y, joder, para estar borracho y Dios sabe qué más, sigue teniendo fuerza. Tanta que trastabillo un poco hacia atrás.

-¡Oh, venga, Jones, lárgate de una vez!-exclamo, intentando por segunda vez cerrar la puerta, con el mismo resultado que antes.- ¿¡Se puede saber qué coño quieres!?

No me espero la embestida contra la puerta, así que no estoy preparado y cuando la puerta se abre de golpe, me empuja hacia atrás, y Danny entra del todo en el piso. Cierro los puños con fuerza, intentando parecer molesto y enfadado, aunque estoy empezando a sentir un cosquilleo de terror en el estómago.

-Creo que la respuesta es bastante obvia.-se relame otra vez, avanzando hasta que cierra la puerta a sus espaldas. Sonríe y ese cosquilleo aumenta hasta convertirse en un palpitante retorcijón.-Te quiero a ti.


YYYYYYYYYYYYYYY ESO ES TODO POR HOY :DDDDDD Intentaré acabar el siguiente para este finde, pero no creo que me dé tiempo porque, ¡oh, sorpresa!, tengo más exámenes ._. Anyway, os amodoro mucho por leerme y comentarme, sois estupendásticamente fantabulosas *OOOO* Loveeeee :3