Primero y ante todo… LO SIENTO! Pero mi vida ha sido un terremoto…He estado escribiendo mi libro y además, emigré de mi país para irme a trabajar a otro (mucho mejor, la verdad), y ha sido todo una odisea porque fue muy rápido! Pero después de ver vuestros mensaje sabía que no podía dejar esto parado por mucho más tiempo, asique espero que os guste la actualización! Era un capitulo enorme, pero lo he divido en dos porque había cosas del final que no me terminaban de gustar. Espero darle los últimos retoques en breve y subirlo.
Además, he pensado en rehacer algunos capítulos. El contenido en sí no cambiaría, pero el estilo deja mucho que desear. Lo típico que hasta que no lo lees meses después no te das cuenta de lo que no te gusta. ¿Qué pensáis de ello?
A leer :P
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Montañas de bruma
Todo nuevo comienzo es complicado. Y más cuando lo que puedes mostrar al mundo acerca de tu vida es solo una mínima parte de lo que quieres que sepan. Exactamente ese problema lo tenían los Cullen cada vez que decidían empezar de cero en algún lugar: La pareja perfecta con hijos perfectos que viven más allá de los límites del pueblo, en una casa demasiado grande para el sitio en el que se encuentran. El atractivo padre es médico, la dulce madre ama de casa, los adolescentes adoptados siempre tienen las mejores notas. Son cordiales, pero ninguno de ellos se relaciona activamente con el entorno: Carlisle no acepta salidas con los compañeros del trabajo, a Esme no se la ve por el pueblo, los hijos no practican deporte o salen a fiestas con sus compañeros de clase. La gente empieza a murmurar, se preguntan si esconden algo o simplemente son unos snobs que han terminado en aquel lugar por casualidad y realmente, no quieren estar allí. Luego ellos se van y tan rápido como llamaron la atención, son olvidados.
La estancia en Seward no empezó distinto al resto. Los tres coches que llevaba la familia entraron por el pueblo, y sus llamativas formas y colores (además de lo lujoso de las carrocerías) captaron la atención de todo aquel que los veía. Lo normal. Pero ninguno de ellos se detuvo pese a las insistencias de Emmett para recoger una pizza, sino que continuaron la calle principal hasta que esta volvía a ser una carretera y se metía entre los árboles. Veinte minutos más tarde aparcaron frente a una casa moderna de 4 plantas con un cartel que rezaba "VENDIDO" en la entrada, junto al que se encontraba una mujer de unos 40 años, sonrisa amplia y vestida con un traje pantalón. Todos salieron de los coches y Carlisle y Emmett fueron los primeros en acercarse a ella.
- Hola, la familia Cullen supongo – Tendió la mano hacia el hombre, que el aceptó con amigable gesto
- Si, yo soy Carlisle, y esta – Acercó a Esme hacia delante, mientras que ella tendía la mano hacia la agente inmobiliario – Es Esme, mi esposa, y – Señaló a Alice y los demás, que saludaron - ellos son mis hijos.
- Encantada, tiene una familia muy grande Dr. Cullen
- Afortunadamente así es…- Pudo ver por el rabillo del ojo que Alice prácticamente quería correr a elegir habitación, así que decidió dejar las cordialidades para otro momento- Creo que mi hija está deseando entrar para poder re-ordenar todo lo que encuentre
La mujer, que ahora mismo estaba agradeciendo que Sandy Rogers hubiese rechazado la venta de la casa gracias a lo que ella estaba delante de semejante hombre, salió de su ensimismamiento, sacando las llaves de su bolso.
- Por supuesto doctor, aquí tiene, 9 juegos de llaves. Espero que todo en el interior esté a su gusto. Si no…- Le puso una tarjeta en la mano- Llámeme. A cualquier hora, estoy a su entera… Disposición
Carlisle y Esme sonrieron un poco forzadamente mientras Emmett hacia esfuerzos por no reírse. Esme se aclaró la garganta antes de hablar
- Gracias señora…
- Señorita Edgecome
- Bien señorita Edgecome, mi marido y yo le comunicaremos si algo no está como pedimos- La mujer sonrió dulcemente a lo que la agente frunció ligeramente los labios pero se recompuso rápidamente
- Eso espero. Que disfruten de su nueva casa.
Mientras ella se introducía en un viejo Mercedes y se marchaba colina abajo, los Cullen se habían dado la vuelta para admirar la casa. Parecía grande y solitaria, por lo que tendrían que darle algún toque hogareño. Esme pasó un brazo por la cintura de Carlisle y miró a su familia.
- Bienvenidos a casa
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De nuevo, todo empezó como siempre que llegaban a un nuevo lugar. Todo el mundo quería conocer a los Cullen. Pero el único que se dejaba ver era el doctor que empezó a trabajar ese lunes en el hospital y que parecía salido de la serie Urgencias. Por supuesto, la noticia se extendió como la pólvora y el martes las urgencias estaban colapsadas por mujeres y hombres con los accidentes más ridículos que se recordaban para que el doctor les atendiese. El atendía a todos y cada uno de ellos amablemente y no se iba a casa hasta que no había terminado con sus pacientes. Respondía a sus preguntas sobre sus hijos y su mujer, primero acerca de ellos, y después, acerca de su falta de aparición por el pueblo. Él siempre decía lo mismo: no habían salido de casa, el clima de Alaska les había hecho enfermar y todavía estaban acostumbrándose.
Realmente, sí habían salido, pero cazar animales para beber su sangre no es algo que se contase a tus pacientes. El resto del tiempo habían estado dando calidez a una casa demasiado grande y demasiado poco habitada. El ambiente era húmedo, y pese a que ellos no tenían frio, esta vez tendrían a alguien que sí que necesitaba calor. Y es que, pese a que Bella y Rosalie preferían ignorar el porqué de las peticiones de Esme y simplemente hacerlas, Alice no dejaba de contar los días que quedaban para que Hermione hiciese su entrada por la puerta. Todo estaba siendo pensado por y para ella, y ninguno lo ocultaba: camas donde antes no las había, un cuarto espacioso, comida en la nevera, calefacción, mantas, botiquín, todo lo necesario para alguien vivo. Además, este curso se presentaba más emocionante: el hecho de poder comer en la cafetería de verdad hacia que casi todo ellos estuviesen deseando empezar el instituto… de nuevo. Bella tendría que quedarse en la casa, sin embargo. Era demasiado joven para pasar tanto tiempo con humanos, y aunque en pruebas que habían hecho no había demostrado sentir demasiada inclinación por la sangre, la exposición había sido corta y nunca con mucha gente. Sangre joven lleva de hormonas en clases vacías quizás no era la mejor forma de empezar a tolerar esas situaciones. No es que el hecho de quedarse sola en casa con Esme le hiciese demasiada gracia, pero entendía el porqué. Carlisle le había dicho que frente a la sociedad seria su hija mayor que se estaba tomando un año sabático antes de entrar en la universidad. Saldría de vez en cuando con Edward a dar alguna vuelta cerca del pueblo para acostumbrarse, aunque viviendo bajo el mismo techo de Hermione durante dos años, tendría que acostumbrarse a la sangre desde el primer día.
Si, Bella no estaba nada contenta
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Ese domingo el sol apenas había salido por las montañas de Alaska cuando un reluciente Land Rover aparcó en la plaza de aparcamiento en frente del pequeño bar del centro Seward. De él bajó una chica joven, enfundada en unos vaqueros rotos, botas negras militares, cazadora de cuero negra y el pelo castaño recogido en un moño desecho. No había todavía nadie en la calle, pero si había alguna gente dentro del establecimiento, la que entraba a trabajar pronto y se levantaba aún más.
Hermione cerró el coche mientras se maldecía por haber perdido la dirección de la nueva casa. Alice se la había dicho hacia un par de días mientras habían hablado por teléfono, y a ella se le había olvidado apuntarlo porque nada más colgar su padre había entrado con unas cervezas para ver el partido que televisaban. Para llegar a Seward el GPS perdió varias veces la conexión ("Malditos Cullen y su manía de vivir en medio de la nada donde no llega ni señal") y tardó el doble de lo debido en encontrar el pueblo. Pensando en darse una ducha caliente nada más llegar a su nueva casa, entró en la cantina y el poco ruido que había se disipó como la bruma. Ella miró a los que allí había y bajo tímidamente la cabeza, y se acercó a la barra. Una camarera entrada en años y en carnes le puso una taza delante pero ella hizo un gesto con la mano para indicar que ella no estaba aquí para beber café.
- No gracias… Estoy buscando la casa de los Cullen, ¿sabe cómo puedo llegar?
El nombre de los Cullen despertó aún más el interés de la audiencia, que había dejado de tomar sus desayunos para escuchar quien era esa chica que, por la belleza, debería ser familia de los nuevos residentes del pueblo.
- Si… ¿Y tú quién eres?
- Ah… - Lo descarado de la pregunta la había dejado un poco descolocada. ¿Y a usted que le importa? Estuvo tentada a responder. Pero luego recordó que le esperaba un largo tiempo aquí, asique mejor ser amable. – Soy la sobrina de Esme, Hermione Black.
Habían llegado a la conclusión que lo mejor era presentarla como la sobrina de Esme, que ahora se apellidaba de soltera Esme Black, y era hermana de Sirius.
- Que nombre más raro – "Y tu que amable"- Si buscas la monstruosidad de casa en la que viven, está siguiendo la calle principal, subiendo por el bosque. Es la única que hay en esa zona, asique no creo que te pierdas.
- Muchas gracias. – Hermione sonrió y se dio la vuelta hacia la puerta mientras sentía todas las miradas clavadas en su nuca (y alguna que otra en otras partes de su anatomía). Estaba acostumbrada, pero seguía sin sentirse cómoda.
Salió al frio de la calle y respiro hondo. La gente no era discreta pero por lo menos el aire era limpio, si había que encontrarle algo bueno a la situación. Esperaba que el ambiente del instituto no fuese así, si no iba a tener un tiempo difícil en ese lugar
-Ey!
Se dio la vuelta para encontrarse un chico de su edad que había salido y venía trotando ligeramente. Era moreno, metro noventa y ojos negros. Había estado sentado en un taburete en la barra, cerca de donde ella había probado un poco de amabilidad del norte.
- ¿Si?
- Se te ha caído esto – El chico le tendió las llaves de su coche. En algún momento se tenían que haber resbalado del bolsillo de su chaqueta. Por cosas como esta odiaba la moda: chaqueta bonita, chaqueta poco práctica
- Muchas gracias – dijo mientras tomaba las llaves de las manos del chico- Soy Hermione, encantada
- Yo soy Scott. Trabajo en la oficina del sheriff.
Ella sonrió de verdad esta vez. Alguien simpático en este sitio.
- Parece interesante
- Ya sabes, solo llenar currículo para las universidades. Iras al instituto, me imagino.
- Si, soy junior.
- Yo senior…- Él se movió incomodo en su lugar, casi intimidado. Era bastante adorable- Ehh… Bueno, yo te dejo que vayas a buscar a tu familia y eh….Yo debería irme a trabajar. Si… necesitas… algo o lo que sea…Bueno yo estoy en la oficina o en el instituto, o bueno…Ya te veré, seguro. Adiós. – dijo rápidamente mientras se apresuró a enfilar una calle que se encontraba a la izquierda del edificio sin darle tiempo a la chica de responder. Hermione rio ligeramente mientras abría la puerta y ocupaba el asiento del conductor. Arrancó el coche y lo sacó del aparcamiento, y mientras salía pasaba el cartel que indicaba el ascenso a las montañas para coger la carretera pensó que ese pueblo quizá no estaba tan mal.
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El primero en escucharlo fue Edward.
Estaba sentado en una hamaca del porche. Hacía escasas dos horas había tenido una discusión con Bella. Todo había empezado por algo de lo que no se acordaba, pero las recriminaciones se habían empezado a acumular y pasados unos minutos lo que eran un par de reproches se había convertido en una discusión a gritos en la que ellos eran los protagonistas y el resto, espectadores. Ninguno, ni siquiera Carlisle había sabido que decir para pararlos. Finalmente, Bella le había acusado de no prestarle ninguna atención, o al menos no ninguna más de la necesaria. Él se había quedado callado, porque sabía tan bien como ella que era verdad, y la chica había salido de la casa y Rosalie la había seguido no sin antes lanzar una mirada de desprecio a Edward. El portazo de la puerta al cerrarse hizo que soltase un aire que no sabía que estaba conteniendo y, sin poder mirar a la cara a nadie, había salido en dirección a los bosques.
Ni siquiera allí, entre árboles, era capaz de sacudirse la sensación de opresión en el pecho. Y es que el recuerdo de Hermione le torturaba noche tras noche, y cuando menos se lo esperaba aparecía su risa de ninguna parte de su memoria y le perseguía durante horas, u olía su perfume en alguna camisa que había llevado él puesta cuando la había tenido cerca. Cada día se acordaba más de ella, y se ahogaba la quemazón de tenerla lejos. Pero también estaba esa voz en su cabeza, que le repetía que ella no debería volver, porque sabía perfectamente lo que había empezado a sentir por ella y sabía que estaba mal porque el hizo unos votos antes un Dios en el que cree, de amar y respetar a su mujer hasta que la muerte los separase. Pero no podía, se sentía incapaz de volver a cómo eran las cosas con Bella antes de que Hermione apareciese en su vida. Cada vez que quería tocarla, sus dedos clamaban por otra piel, y cada vez que su cerebro intentaba formar un te quiero su garganta se negaba a actuar porque su corazón sabia, en el fondo, que no era verdad. Y entonces, cuando la tristeza y la rabia y el por qué no supe antes de ti se apoderaban de él, solo deseaba ser capaz de dormir y olvidarse de todo por unas horas
Asique allí se encontraba, mirando a la distancia, cuando un suave rugido de motor llegó a sus oídos. Sabía que el pueblo estaba muy lejos como para oír los coches que pasaban, y en domingo los camiones madereros no pasaban por la carretera de al lado de la casa. Se levantó y se acercó hasta el borde del porche para poyarse en uno de los postes con su hombro derecho y brazos cruzados sobre el pecho, mientras que el sonido se iba haciendo más y más alto, con mucha rapidez. No habían pasado ni 5 minutos cuando un Land Rover llegó y derrapó sobre la gravilla que había enfrente de la propiedad. El motor se apagó y la puerta se abrió para dejar salir a la chica que había deslumbrado a los pocos habitantes con los que se había encontrado.
- Hola Eddie, ¿me has echado de menos?
Hermione cerró la puerta y mientras se acercaba al porche con una gran sonrisa, dirigida a Edward, él no pudo más que imitarla.
"No sabes cuánto"
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La siguiente en escucharla fue Alice.
Estaba en la sala con Esme, haciendo una lista de lo que necesitarían para el nuevo curso. Esme insistía en comprar los libros de texto por Amazon y ahorrarse tener que bajar al pueblo, mientras que Alice quería ir a por ellos ella misma. Esme, pese a su carácter amable, rara vez alternaba con los ciudadanos, quizá porque era demasiado recelosa de su familia y tenía miedo de revelar algo y ponerlos en peligro, o hacer que se moviesen innecesariamente. Pero su hija parecía haber ganado confianza en sí misma, y quería tener una vida normal, más normal de la que había llevado, y no la culpaba. Nunca llego a ser una adolescente normal, y en algún momento debería serlo, pensaba mientras miraba con amor como ella se ilusionaba de nuevo por ir a la escuela. De todos ellos, ella era la que siempre, con su optimismo, más ganas tenia de empezar en un nuevo lugar. Pero luego, arrastrada por las circunstancias y en cierta manera por los demás, nunca llegaba a ser realmente ella, la abierta y dicharachera Alice. De repente, Alice dejó de escrutar la lista de asignaturas optativas por décima vez en la semana y levantó la cabeza, mientras que la dirigía a la ventana. En su cara se dibujó una enorme sonrisa y agarró a Esme para salir corriendo a la entrada principal, antes de que la mujer pudiese preguntar la razón.
Cuando llegaron a la puerta vieron a Hermione al pie de los escalones del porche, con las manos en los bolsillos de atrás de su vaquero y a Edward unos pasos por encima. A Alice solo le hicieron falta unos segundos para soltar a Esme y abalanzarse a abrazar a la recién llegada, que no tuvo tiempo de liberar sus brazos antes del placaje y cayeron las dos en el suelo, riendo.
- Alice, hace solo 10 días que no me ves, Jasper se va a poner celoso
La chica se rio y se separó de ella, y se incorporó para después ayudarla a levantarse.
- Jasper sabe que no tiene nada que hacer contra ti.- Se acercó y le volvió a dar un abrazo- Te hemos echado de menos Herms
- Y yo a vosotros Ali.
Hermione se separó de Alice y se acercó a la matriarca, para darle un sonoro beso en la mejilla
-Me muero por una de tus tortitas
-Y yo me muero por estrenar la cocina, cielo
Esme le dio un apretón en la mano y la guio dentro de casa, seguida de Edward y Alice. Todos se dirigieron a la cocina, y mientras empezaban a sacar lo necesario para hacer el tan ansiado postre, la joven les contaba como habían sido esos días con su padre, y que el había volado a Edimburgo para tener preparados los billetes.
- Supongo que saldremos del aeropuerto Ted Stevens International Airport en algún momento entre el 15 y el 20 de diciembre. Luego volveremos como el 4 de enero o así. No sé si perdemos alguna clase…
-No importa- Edward se había sentado a su lado en uno de los asientos de la cocina mientas que su madre daba la vuelta a las tortitas y su hermana depositaba en la mesa la hoja con todo lo que Hermione necesitaba hacer antes de que el miércoles entrasen todos al instituto.- Vas a estar con tu familia, lo de menos son las clases.
- Ya pero no quiero llamar la atención…- La chica le miró a los ojos directamente con un ligero deje de reproche. A él no le importó. Hacía mucho tiempo que no la tenía tan cerca (o realmente nunca, no a esta distancia), tanto que podía contar sus pecas o el ligero color grisáceo que se extendía debajo del castaño de sus ojos.
-No lo harás- Una de las manos de él cayó despreocupadamente sobre la que tenía ella extendida sobre los papeles. Una corriente eléctrica pasó por su piel y creyó ver un destello de reconocimiento en los de ella, sin saber si aquello significaba que ella también lo había sentido- Creo que vas a ser la más normal de nosotros, si alguien no va a llamar la atención, serás tú.
Hermione volteó su mano y, palma contra palma con la de él, dio un apretón de agradecimiento. Esme, que había estado parcialmente atenta a la conversación, si se dio cuenta de este intercambio físico. Mientras ponía la última tortita en el plato, frunció ligeramente el ceño. Pese a que sabía que las cosas entre Edward y Bella no estaban en su mejor momento, nunca se había parado a pensar en lo que significaría otra mujer en la casa para ellos. Pondría la mano en el fuego por Hermione y sabía que ella sería incapaz de interponerse en un matrimonio: al fin y al cabo, Hermione había sentido algo por Carlisle hace años, y aun así, se había echado a un lado y nunca había vuelto a mencionar el tema, como si todo eso parecido al amor carnal que habían tenido durante años hubiese quedado guardado bajo llave. Pero Edward… Sabía que se tomaba muy enserio sus promesas, pero tampoco quería que su hijo fuese infeliz por una mala decisión. Por otra parte, hacer que una chica lo deje todo por ti y se transforme es algo más que una mala decisión.
- Tierra llamando a Esme, ¿me recibe?
La mujer sacudió la cabeza y vio que los tres la miraban con curiosidad. En algún momento, había cogido el sirope de chocolate y había empezado a echar sobre la comida, y al quedarse ensimismada, había perdido la cuenta y ahora las tortitas apenas eran visibles bajo el líquido marrón.
- Lo siento, me he quedado pensando en mis cosas y…
- Tranquila Esme, ¿cuándo me has visto a mi decir que no al chocolate?- Hermione cogió el plato y cubiertos, cortó un gran trozo de tortita y se lo metió en la boca, manchándose la barbilla y la nariz en el proceso.
Alice y Edward decidieron comer del plato mientras ella se quejaba de robo, y Esme no pudo más que sonreír. Eso la animaba, verles tan despreocupados, luchando entre sí como adolescentes normales, como una familia debería haber sido. Si de algo estaba agradecida a Hermione era de haber traído esa juventud a la casa, era como si de verdad tuviesen 17 años y les quedase toda una vida de nuevas experiencias por delante. Luego se daba cuenta que no quedaban muchas experiencias nuevas para ellos, y se entristecía. Pero de momento, ellos eran felices, ella era feliz, y era todo lo que importaba.
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Jasper y Emmett entraban por la puerta trasera cuando el sonido de risas llegó a sus oídos.
Después de la discusión de Bella y Edward habían salido para que Jasper se tranquilizara, y habían llegado a una cascada cercana que desconocían. Jasper en ese momento se sentó en una roca alejada para serenarse mientras que Emmett tiraba rocas sobre el pequeño lago que se formaba bajo la cascada. Durante quince minutos, ninguno de ellos habló. Pero entonces, Jasper rompió el silencio
- Te tengo que contar algo. Algo que no sabe nadie, ni Alice
Emmett, que en ese momento estaba a punto de lanzar otra roca, se quedó parado y se volvió hacia su hermano, con gesto preocupado
-¿Es grave?
El rubio sacudió la cabeza en gesto negativo mientras se levantaba. Se sacudió los pantalones y dejó escapar un largo suspiro.
-No es grave…Bueno realmente no lo sé, no sé- Se acercó al moreno, mientras cogía un guijarro del suelo y la lanzaba
-¿Qué es entonces?
Jasper guardo silencio durante unos segundos, como si intentase decidir la mejor manera de enfocar la conversación.
-Es Edward… Cuando estoy con él siento cosas, siento… Siento un cambio en el ambiente
-Ya veo…-El lanzamiento de Emmett provocó cuatro pequeños círculos concéntricos en el agua- Te refieres al hecho de que nuestro hermano está enamorado de Hermione
Su interlocutor le miró como si de su boca acabase de salir una bomba atómica, con capacidad de destruir todo a su paso.
- Creo que enamorado es algo un poco fuerte…
-Oh vamos Jaz- El tono de exasperación era evidente.- Vamos a comportarnos como adultos y vamos a hablar del elefante en la habitación. Edward se muere por ella, no hay más que verle, ver como se mueve cuando esta ella, cuando ella habla, cuando ella se ríe. Yo he estado en ese lugar y tú también. Es como si fuese más feliz, más joven, menos cargas, menos todo. Al principio pensé que Bella estaba exagerando, pero luego me di cuenta de que no, de que es verdad, es como si algo le forzase a ser amable con ella, no la trata como un marido debería tratar a su mujer. Edward se está enamorando de Hermione, quizá no lo esté todavía, pero te aseguro que no está lejos el día que se arrepienta de haberse casado con Bella.
Jasper lanzó la última piedra y se dejó caer en un tronco, sentándose con las piernas extendidas en frente de él.
-¿Crees que no la quiere?
-Creo que no como antes. Si la quiere, pero no la ama…- Emmett se sentó a su lado- Creo que Edward nunca estuvo enamorado realmente de ella. Creo que Bella le dio muy fuerte, tenía este olor, y luego el hecho de que no le rechazase al enterarse de que era vampiro, y esa aceptación le nublo. Bella para Edward fue lo más parecido a una droga que uno de nosotros puede experimentar, pero ya está. Y yo a Bella la quiero mucho pero… Edward es mi hermano, y se merece ser feliz.
- Pero está el asunto de "deje todo por ti"
- Lo se hermano lo se….- Dejo escapar una exhalación.- Es una situación muy complicada, y sinceramente, después de todo lo que ha pasado, espero que no afecte a Hermione, ella no tiene nada que ver con el tema, no se merece ser el blanco de la ira de nadie.
-¿Crees que ella sienta algo por él?
-Si lo siente, lo disimulará hasta las últimas consecuencias, no va a meterse en un matrimonio. Pero si, puede ser que sí, ella también parece distinta cuando está el. Es algo muy sutil, pero ahí está. Puede que ni ella se esté dando cuenta.
-Deberíamos volver ahora que ya estoy más tranquilo.
-Si
Ambos rehicieron el camino hasta llegar a la casa. Las risas les condujeron a la cocina y allí se encontraron con tres caras llenas de chocolate y Esme con el móvil en la mano, haciendo fotos.
-Pero mira quien ha llegado, el hermano oso y el sargento, venid aquí que os de un besito
Hermione se abalanzó sobre ellos y les llenó las majillas del viscoso líquido, mientas que el flash de una cámara les cegaba.
Emmett miró a Edward, y vio su cara de felicidad, y supo que el día que habían temido él y Jaz, cada vez estaba más cerca. Pero aun así, esos momentos eran de los que una buena vida está llena. Y el solo reía a carcajadas
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Hasta aquí la primera parte del capítulo. La siguiente está en proceso, porque me faltan unos retoques. Como habréis adivinado, faltan las partes de Rose y Bella, y de Carlisle. Dentro de un par de capítulos tengo pensado darle un cambio al personaje de Rose. Siempre me ha parecido recelosa pero al igual que con Bella, eventualmente acepta las situaciones, asique no quedará mucho para que comprenda que Hermione no es una amenaza.
Por cierto, no sé cómo quedará el espaciamiento y eso, porque Word ha estado comportándose raro las últimas semanas.
Espero que os haya gusta, os espero en el próximo capitulo
Aya
