Buenas... ¡Okey, lamento haber actualizado después de tanto tiempo... las clases y exámenes me mantuvieron ocupada, prometo actualizar mas seguido! Me alegro que les haya gustado el capitulo anterior, la verdad era una sorpresa que no quería arruinar y por eso no dije nada.
Los quiero :)
CAPITULO 9
Como matar la esperanza.
Llorar no arreglaría nada. Debía pararse y ser fuerte, como lo fue antes de conocer a Magnus, como lo fue años atrás. Tomo un pañuelo y se lo refregó por los ojos húmedos, que ahora estaban carentes de maquillaje. Camille recostó su cabeza en la pared dejándose invadir por la profunda soledad; tiempo atrás se consideraba alguien fría y sin molestarse en mirar hacia un costado ¿Que cambio?... Quizás el modo en que sus sentimientos por el hombre crecían y no se detenían, o la manera en que la miraba, o la forma en que aquellas manos tocaban su piel. Muchas, muchas razones por las que estar enamorada de Magnus Bane.
Confiaba en él con su vida, pero el simple hecho de verlo con alguien que no fuera ella era insoportable, enfermizo. Creía que él nunca se alejaría de ella, que estarían juntos (incluso en los peores momentos). ¡Dios! que equivocada estaba. No se había dado cuenta de que Magnus podía abandonarla incluso si se tratara de un error; ahora alguien nuevo había llegado a la vida del asiático y arruinado todo por completo.
La vida era una zorra.
Pero a pesar de aquello, debía ser fuerte. No por ella, sino por el orgullo que le enseñaron desde niña. Pero, si fuera ella misma, en este momento estaría rogándole que volvieran a estar juntos, que fue todo su culpa y que seria una buena novia. Entonces, el aceptaría y abandonaría al puto Lightwood, diciéndole que solo era una misera puta para pasar el tiempo. Pero, si así fuera, Magnus no era tan miserable y canalla como para lastimar emocionalmente a otra persona. Él era la persona mas dulce que se pudiera conocer, y aquello era justamente lo que a Camille le cautivo.
El teléfono tirado en el suelo vibro emitiendo una luz cegadora en la oscuridad. La llamada de su padre era lo menos que esperaba.
—Hola —contesto sin ninguna emoción en su voz, a este paso estaba hecha trizas. Nadie la culparía.
El hombre al otro lado del teléfono no sonó complacido.
—¿Que te pasa, Camille?
«Maneras de poner histérica a una persona»
1) háblale como si fuera basura.
2) grítala.
3) corta la llamada.
«Finalmente, la persona se sentirá una miseria. Felicidades has cumplido todos los pasos requeridos»
—Lo siento papá, yo no me siento muy bien, ademas es muy tarde ¿No seria mejor llamar mañana? —sugirió con un tono dulce y tranquilo. Aparentemente eso no basto.
—Escúchame bien Camille. Has tu trabajo y deja de ser tan tierna, que para eso no sirves. He matado a Keegan.
Camille abrió los ojos como platos. Lo menos que se esperaba era una confesión tan extravagante. Es mas, ni siquiera pensó que el causante de la muerte del empresario haya sido su propio padre. Y, a su vez, era extraño que su padre le confiera algo tan... secreto.
Por mucho que lo intento, no pudo controlar su miedo entremezclado con el asombro.
—¿¡Tu!? ¿Porque? Estaba todo controlado... él no iba a decir nada... pap-
Las palabras del hombre salieron como veneno, agrio y doloroso.
—Cállate ¿Acaso piensas que él no diría nada? No seas ingenua, si lo hice es por que él cumplió lo que debía al transferir el dinero de ese desgraciado de Lightwood a una cuenta «desconocida». Keegan tenia las pruebas suficientes para incriminarme, y si mal no recuerdo, era amigo de Wayland. Recuerda; mantén a tus amigos cerca, pero a los enemigos aun mas.
—Pero pensé que solo querías vengarte por lo que te hicieron... no matar a una persona inocente.
Su voz contestaba en un susurro, y el nudo en su garganta le impedía hablar mas de lo normal. Apreto la mano en un puño en un intento de tranquilizar sus temblores.
—¿A quien mierda le importa? Keegan no valía nada, daba igual si desaparecía como si no. Le arregle la vida al pobre infeliz. Dile a Jonathan, estará complacido. Después de todo, él no sabe toda la verdad.
—Papá usarlo esta mal.
—Él esta cumpliendo su cometido; es matar dos pájaros de un tiro. Yo elimino a Bane y Lightwood, y él... bueno hace lo que quiera. Simple negocio.
La llamada termino sin siquiera despedirse de su hija. Esta cerro los ojos intentando acoplar sus ideas igual a un rompecabezas. La culpa embargo su ser dejando un sabor agrio en el paladar. La luna brillaba como su fuera su última presencia, el cielo nocturno era apocado por las luces de la ciudad. Entonces, como un relámpago chocando contra el vacío, recordó:
Años atrás, Francia.
«Los inicios de una Belcourt»
—¿Porque los odias? —pregunto la niña con hermosos bucles rubios y ojos cual esmeraldas radiantes. Su padre, un hombre de negocios, paseaba de un lado a otro pensando y pensando, mientras buscaba la forma de destruirlos.
—¿Porque? Es la pregunta mas estúpida del siglo —siempre despreciando a su hija, por el simple hecho de ser su heredera—. Me hundieron, abandonaron. Pensaron que no me daría cuenta, pero no. Son tan ingenuos.
—¿Que te hicieron? —volvió a preguntar con el tono mas calmado posible. A veces, su padre le inspiraba temor. El casi nunca veia a su hija y de seguro a ella también la odiaba. No por ser "inútil", sino por ser una niña y no un varón. Si ella fuera el orgullo de su padre no se convertiría en lo que es años después.
—Ellos me despidieron... me odian, lo sé. Sin embargo, el odio que albergo yo es mas fuerte, mas frenético —miro a la niña con los ojos fríos carentes de amabilidad—. Y tu, seras quien me vengue hija mía.
La pequeña apretó el libro en su pecho en momo de protección. Lo miraba con ojos tristes y sin brillos, lo mas probable es que haya regresado aquel cariño que había ocultado por años cuando conoció a Magnus.
Dentro de ella siempre se debatía una batalla entre lo que es correcto y por lo que sufrir. Cuando un padre inculca cosas a su hija para lograr su cometido... bueno, se podría decir es el principio del fin.
—Si, papá —respondió, a la vez que sus labios formaban una media sonrisa.
Adiós, Camille.
Ahora, una Camille adulta estaba siendo atormentada por su pasado. Era lamentable verla en aquel estado, su maquillaje corrido y el cuerpo no parecía el de una modelo... sino el de un fantasma atormentado por ella misma.
Cayo dormida en un sueño placentero, que nunca sabremos como termina.
Como funcionaba el cuerpo humano sin duda era un completo misterio. Hacia dos horas estaba avergonzado pero con un creciente deseo dentro suyo. Sin embargo, ahora estaba mas avergonzado que antes y con un creciente temor. Bien Alec, has sobrepasado la vergüenza, te mereces un premio.
Su cara estaba oculta por sus manos mientras negaba con la cabeza la locura de sus actos. Siguió así durante unos dos minutos mas hasta que se digno a mirar a Magnus, quien estaba dormido boca arriba, dejando ver su pecho musculoso. Alec trago en seco. Aquello debía ser un sueño, el sueño mas erótico y placentero de su vida ¿Porque? ¿Porque había ido a buscar a Magnus cuando este le había lastimado? Aunque la respuesta era mas que obvia él la evadió; era preferible evitar los sentimientos de "amor" lo antes posible, solo por si acaso. Pero, ¿Como ignorarlos? Si cada vez que veía el adonis sus piernas temblaban y le era imposible detener los latidos de su corazón.
Una semana. Una semana fue lo que le tomo caer rendido a los pies de Magnus Bane.
Uno pensaría que es demasiado rápido, pero cuando te pones a pensar las veces que el hombre lo fue a buscar solo para coquetear con él, y luego que sonriera con aquella boca sola para después comerte con los ojos. ¡Ah! sin olvidar las veces que envió papeles con frases... secretas. Atrévete a rechazarlo, y mas cuando Alec ya lo ha intentado. Había que admitir que era persistente, pero sin ser agotador.
Alec removió la sabana de su cadera e intento levantarse. Aunque le fue imposible cuando unos brazos lo regresaron a la cama. Magnus sonrió abiertamente al tener al chico arriba suyo; devuelta esa sonrisa que provocaba en Alec sentimientos escondidos desde hace dos años. El pecho de ambos subía y bajaba en una perfecta sincronía, mientras miraban los ojos del otro como si con eso expresaron lo que sentían. El de ojos azules toco la mejilla de Magnus sintiendo el calor que desprendía esta. Por alguna razón un nudo se formo en su garganta recordando que aquello no era mas que un problema. Dos hombres de clase alta, sus padres son amigos, uno tiene una "novia" y el otro... un horrible pasado.
Si bien nada de eso significaba algo bueno espero que no terminara. Aunque, claro, siguió albergando aquel sentimiento de temor. Quizás la vida de Alexander estaba llena de temor; temor a no ser feliz, era un excelente ejemplo.
La mano de Magnus acariciaron la espalda desnuda del otro permitiéndose sentir la suave piel. Fría y pálida. Los ojos de Alexander también eran fríos y abrazadores. En su vida había visto tantos ojos azules pero ninguno del mismo tono que los de Alec, estos ojos podían ser fríos y carentes de emociones. Sin embargo, parecía que solo mostraban sentimientos cuando era la ocasión. Las palabras (obligadas a salir), igual a un trabalenguas, escaparon de su boca:
—No te vayas —le suplico, a la vez que los ojos del ángel lo examinaban. Alec no podía darse cuenta, pero Magnus estaba nervioso. A pesar de las ganas que tenia de quedarse con Magnus durante toda la noche, se negó.
—Lo siento. Ya es tarde —escapo de la opresión y de aquella cama, la cual ahora era el recuerdo de su primera vez. Magnus sintió como el vació hacia presencia en él.
Cuando trato de decirle algo a Alec escucho como la puerta de abajo se abría. Los dos se miraron y luego dejaron que le temor (una vez mas) los dominara.
Abrió aquella puerta como si fuera su casa, que descarado. Inspecciono el lugar, analizando cada detalle, intentando hacer memoria de las veces que había ido allí. Pensó claramente que algo cambio, pero le fue difícil distinguir que. Bajo la maleta con un pesado suspiro e ignoro la ropa tirada por los escalos que daban a la habitación. Puso los ojos en blanco, recordando que era lo mas normal del mundo. Aunque extrañado por no escuchar ruidos "extravagantes".
Andrew grito firmemente:
—¡Magnus Bane deja el preservativo de lado y ven aquí! —realmente no le importo que sus mejillas se tiñeran de un rojo intenso, y menos de a quien estaba jodiendo Magnus. Dicen que lo importante es el respeto... pero cuando hablamos de Andrew Bushwhacker es imposible conseguir respeto y amabilidad; el chico bien podía ser una dinamita, sin importar que midiera un metro setenta y cinco.
El asiático apareció por las escaleras con el torso desnudo y solo un pantalón de seda negra. Si él estaba avergonzado no quería ni saber como estaba la "chica". Andrew sonrió, devuelta sin importarle como los ojos verdes lanzaban cuchillos. El de ojos grises sonrió ampliamente y alzo la barbilla, solo para parecer mas alto.
—¿Como has estado primo? —pregunto con total felicidad. Magnus no respondió de la misma manera.
—Vete —Andrew aveces podía ser un tanto molesto, pero eso no quitaba la fuerza que tenia, la suficiente para romperte la nariz. Si alguna vez escuchas su nombre escapa, este chico antes tenia una pandilla.
Decidió ignorar la creciente amenaza en la voz de su primo.
—Viejo, lamento interrumpir tu momento pero necesitaba verte —puso su cara de perrito faldero, pero Magnus se resistió. Por mas que el chico fuera atractivo, él era un completo diablo. Magnus gruño molesto, por supuesto estaba pensando como la estaba pasando su Alec allí, avergonzado y con ganas de desaparecer.
—Mañana. No se si te habrás dado cuenta pero estoy en una situación que debo resolver y por lo que yo se no te gusta que te echen.
Andrew ni se imputo simplemente agarro el brazo de Magnus y, con un rápido movimiento, lo derribo en el sofá. Dejo al hombre acostado allí mientras que subía las escaleras con paso decidido mientras pateaba las ropas esparcidas por los escalones. Cuando llego su boca formo una perfecta "o".
A pesar de ver claramente, Andrew prendió la luz anonadado. Alec se tapo la cara con la sabana instintivamente, sin poder evitar que su rostro se tornara de rojo. Al parecer Andrew también lo estaba. Mantuvo la boca abierta durante un rato para luego cerrarla y volver a abrirla. Magnus no tardo en llegar.
—Oye viejo, sabia que era bisexual... pero no tenia idea de... esto —El asiático avergonzado golpeo su frente contra el marco de la puerta. Entonces, sin poder evitarlo Andrew grito —¡Yo te conozco! —le apunto a Alexander. Este bajo la sabana y lo miro. Ahora, quería correr mas que nunca—. Tu eras el niño rico. No has cambiado, bueno, han pasado dos años.
Esta vez desaparecer no era nada comparado con el pensamiento de morirse o simplemente nunca haber nacido. Magnus lo estaba mirando como si fuera un rompecabezas y, el otro con los ojos clavados firmemente en él.
—¿A que te refieres? —inquirió Magnus.
—oh. Este chico —apunto a Alec con el dedo. Este estaba templando, y sus ojos estaban clavados en un punto del universo—, participaba de peleas callejeras. El me pateo el trasero en una ocasión—ahora su respiración era lenta. Magnus abrió los ojos y lo miro; era cierto que el cuerpo de Alexander no tenia demasiados músculos, pero entonces noto las leves cicatrices que había tocado con las yemas de los dedos—. Supongo Jonathan lo sabia ¿o no?
Alec se levanto de la cama, camino hasta la ventana y sin pensarlo dos veces salto.
Lo ultimo que escucho fue un grito de Magnus:
"¡Alexander!"
Las piernas le dolían por haber corrido anoche. Deseo con todas sus fuerzas no tener que levantarse de su cama después de lo que había pasado. Esa misma noche había corrido por el bosque, sin importarle lo mucho que se lastimaba con las piedras, ramas o cualquier otras cosa. Cuando llego a la casa se encontró con las luces completamente apagadas y solamente se atrevió a subir por la escalera (encontrada en el patio) para llegar a su habitación. Lo que no espero fue que su hermana estuviera allí, mirando a su hermano en calzoncillo con una sonrisa extraña.
—Tienes suerte de que le dije a mamá y papá que te quedaste a dormir en la casa de Simon. Y gracias al cielo este accedió con la mentira —se acerco a Alec y toco la herida en hombro—.Esta sangrando, ahora vuelvo —él no replico, solo se limito a sentarse en la cama con la cabeza gacha.
A pesar de todo aquella no fue una buena noche. No podía creer que Andrew, aquel Andrew, fuera primo de Magnus. Tampoco quería recordar aquel pasado, en el que se había atrevido en ir contra las reglas de sus padres y pelear solo para mostrar que no era simplemente un joven de buena familia. Si bien cuando conoció a Jonathan lo dejo, detestaba lo que había sido. Aquel pasado no era él.
Isabelle apareció con un botiquín y cerro la puerta lentamente.
—¿Me dirás que paso? —trato de sonar dulce pero evidentemente quería saberlo, y lo conseguiría de una forma u otra. Alec entendió la indirecta y se lo dijo.
—Andrew —Izzy lo miro sorprendida. Recordaba a ese chico de cuando fue a ver la la ultima pelea de Alec, había golpeado a Andrew hasta noquearlo. Aquella vez no reconocía a su hermano, y no fue hasta que apareció a la casa golpeado y sangrado después de la escuela, sabia perfectamente que unos chicos de otra pandilla (no la de Andrew) habían ido a golpearlo... y entonces conoció a Jonathan—. No esperaba volver a verlo y menos que fuera el primo de Magnus... No, no... ¿Porque?
Sus ojos se llenaron de lagrimas e Izzy lo abrazo, no sabia como aliviar la tristeza de su hermano, solo entendía que le era imposible vivir con temor y la memoria de algo horrible.
—Tranquilo yo estoy aquí, estoy aquí. Alec mírame —la miro, los ojos opacos y llenos de agua—No te preocupes, todo ira bien.
—No, Izzy, te equivocas. Odio esto, odio mi vida, me odio.
—Ni se te ocurra volver a decirlo Alexander. Debes descansar. Sera mejor que duermas, mañana todo sera mejor te lo aseguro.
Termino de curar las heridas y se fue.
Alec tuvo pesadillas esa noche.
Antes de que se diera cuenta ya era domingo. Su primera vez había sido magnifica y lo siguiente un infierno. Se levanto de la cama completamente exhausto. Se dio una ducha antes de salir y soltó leves quejidos por las heridas aun frescas. Cuando llego a las escaleras lo primero que encontró fue a una chica con piel bronceada y una larga melena llena de rulos. Ella estaba discutiendo con sus padres, quienes estaban felices, y al momento se levanto cuando diviso a Alexander.
Este sonrió levemente confundido por lo familiar en la situación. La joven se acerco a el feliz extendiendo su mano. Ambos se la estrecharon y antes de que pudiera siquiera hablar ella lo detuvo.
—Es un placer Alexander —dijo—. Soy Maia, y soy tu prometida.
¡Uh! Pobre Alec. Adoro estas cosas, siempre quise que Maia tuviera su propia participación en la historia .. Ahora, se viene el Clace y Sizzy, ya los hice esperar demasiado y extraño a cierto rubio. Ademas, fue corto, para la próxima no lo sera tanto.
Hasta pronto, Sellie.
