"Una vez más, he aquí un nuevo capítulo de Submundo. Sé que he tardado un poco más de lo que es costumbre incluso para mí, pero os aseguro que nunca he tenido tantas dudas a la hora de hacer un capítulo. Había tantas cosas que decir y tan poco espacio para decirlas que me he visto en la obligación de partirlo en dos. Espero haber repartido bien la información y que no se os atragante. Aún así, me ha salido un capitulo extra largo que espero de corazón disfrutéis"

"Como siempre, me llena de alegría escuchar que os gusta mi historia y agradezco todos los comentarios que dejáis, incluso los súper cortos (sí, hablo de ti, invitado que dejó una letra k), aunque mis favoritos siguen siendo los largos. (Y por favor, no me lloréis, que me partís el corazón). También se lleva una mención especial Charlie, quien en mi comentario numero 100 pidió que actualizara mi otra historia (dicho y hecho). Espero que también te guste este nuevo capítulo. También he visto que la salida con las animadoras ha causado sensación y eso me alegra."

"Otra cosa que he notado a sido las quejas (bueno, más bien pequeños reproches) de la frecuencia con la que actualizo mi historia. A partir de hoy trataré de reducir el tiempo a la mitad y actualizar cada dos semanas (excepto el próximo capítulo que debido a una cumpleañera muy especial, será publicado este sábado aunque me vaya la vida en ello)."

"No, Kelly no estaba entre las animadoras que secuestraron a Hermione y su importancia (si es que la tiene) será revelada más adelante. En fin, basta de rollos. Espero que os guste este capítulo al menos tanto como los anteriores. Y por favor, no os cortéis con los comentarios, son el aire que respiro"

"Harry Potter así como sus personajes pertenecen única y exclusivamente a J.K Rowling. Lo que escribo lo hago por entretenimiento y sin ánimo de lucro."

Cap. 10 "Noche de Halloween. Parte 1"

Casualidad. Es esa palabra que se utiliza cuando uno no quiere creer en el destino, es lo que se usa para tratar de decir que algo no ha tenido importancia. Y sin embargo mucha gente no presta atención a todo lo que pueden cambiarle a uno la vida las simples casualidades. La casualidad hizo que Hermione entablara conversación con un chico de gafas en un hospital, o que deambulara por un callejón en el que estaban atacando a un niño rico. La casualidad hizo que sus padres viajaran en el avión que acabó estrellándose y la casualidad hizo que cierto licántropo estuviera rondando el lugar en el que ella iba a ser atacada por un maniaca homicida en potencia.

No, Hermione nunca subestimaba las casualidades, había tenido suficientes casualidades en su vida como para saber que no había que tomárselas a broma. Pero al igual que los accidentes, las casualidades no avisan cuando van a aparecer y por ello, por más que Hermione tratara de prevenir sorpresas derivadas de las casualidades, no podía estar en todo.

La casualidad, que como un niño caprichoso que no se conforma con lo que tiene, pareció volver a colocar las ruedas del destino en movimiento una mañana de finales de octubre. Una mañana como las demás, ni muy fría ni muy cálida, una mañana como otra cualquiera. Una mañana en la que casualmente, una de las grúas del puerto había resultado dañada durante uno de los transportes más pesados de la noche. eso provocó que tres de las cajas que transportaba se precipitaran contra el suelo. Uno de los trabajadores no había sido capaz de apartarse a tiempo y había resultado herido en el accidente. Los patrones del puerto se habían apresurado a llamar a una ambulancia y preocupados por lo que podía convertirse en una investigación de seguridad en toda regla, habían mandado a los trabajadores a casa con el día pagado cinco horas antes de lo debido. Los trabajadores como es lógico habían recibido con alegría las noticias y se habían dirigido a las tabernas a celebrarlo.

Ese había sido también el caso de Hank Libboy, quien tras dos horas de bebida ininterrumpida y una desastrosa partida de póker había decidido volver a casa a descansar. Su día sin embargo no había terminado de sorprenderlo, ya que nada más entrar en su piso, había encontrado a una chiquilla desconocida y vestida con ropa algo grande en medio de su cocina bebiendo agua.


"Pero que coño?" Hank estaba comenzando a pensar que tal vez el licor que le habían dado en la taberna tenía más garrafón del acostumbrado y estaba comenzando a alucinar. "Quien cojones eres tú? Y que estás haciendo en mi casa?"

"Yo, em…" tartamudeó Luna sin saber que hacer o que decir. Este debía ser el hombre que se suponía que no debía verla y no estaba muy segura de que hacer. Había escuchado suficientes conversaciones entre su alfa y los chicos como para saber que si la veían sería algo muy malo, pero no se le había ocurrido que algo así pudiera pasar cuando se había levantado de la cama para beber un vaso de agua. Ahora ya no había marcha atrás y se había quedado paralizada.

"Tú qué?" continuó Hank alzando cada vez más la voz y comenzando a enfadarse y blandiendo la botella de licor de su mano de lado a lado. "Has venido a robarme? Es eso? Pequeña rata, has creído que sería fácil entra en MI casa y robarme?"

"No, yo no" comenzó Luna aterrada. Aquel hombre le recordaba demasiado a Fenryr Greyback y eso la estaba robando toda la voz.

"Pequeña ratera, yo te voy a dar una lección." Decidió Hank furioso acercándose y agarrando fuertemente a Luna del brazo. Cuando levantaba su mano derecha con la intención de golpeara una nueva voz se sumó a la discusión.

"Suéltala!" gritó Hermione saliendo disparada de su habitación e interponiéndose entre Luna y Hank. Las voces la habían despertado de otra de las pesadillas que inundaban sus sueños. Le había costado un poco separar el sueño de la realidad, pero una vez se había dado cuenta de que Luna no se hallaba a su lado y que las voces seguían cada vez más altas, había salido de la habitación justo a tiempo para ver como Hank amenazaba a Luna. "No te acerques a ella!"

"La conoces?" acertó a preguntar el hombre parpadeando lentamente y tratando de que el aturdimiento provocado por el alcohol se retirara. Y a cada momento que pasaba, se iba enfadando cada vez más. "Así que qué? Te dedicas a traer a extrañas a MI casa? O es que es una puta que te has traído?"

"Es una amiga" respondió Hermione ignorando los insultos que Hank estaba lanzando en ese momento. Sabía que estaba borracho, lo había visto demasiadas veces como para no saber reconocer los síntomas, pero no estaba dispuesta a permitir que se volviera a acercar a Luna.

"No me digas" se burló el hombre pasándose una mano por el mentón mal afeitado y mirando de una manera a Luna que a la castaña no le gustó en absoluto. "Esto no es la beneficencia, si va a quedarse en mi casa, tendrá que pagar. Es lo justo."

"Cuánto dinero quieres?" preguntó Hermione recelosa y sin apartar la vista del cuerpo del hombre.

"No todo en esta vida se trata de dinero mocosa" respondió burlón el hombre volviendo a recorrer a Luna con la mirada mientras se humedecía los labios y volvía a beber de la botella que llevaba en la mano. A cada trago que bebía, cada vez se balanceaba más y más sobre sus pies y sus parpadeos cada ver eran más rápidos.

"Olvídalo. Sea lo que sea lo que estés pensando que vas a conseguir, olvídalo!" gruñó Hermione colocándose delante de la pequeña tratando así de ocultarla de la mirada del hombre.

"Cállate mocosa. Si la chica va a quedarse, no va a ser gratis. Y a juzgar por lo bien que ha sabido encontrar los vasos, y lo a gusto que parecía sentirse cuando he entrado, yo diría que no es la primera noche que se queda aquí" observó Hank sonriendo de modo hambriento. Había visto la mirada que tenía la pequeña muchas veces entre los mocosos que abundaban por los muelles. Era la mirada de quien está solo en el mundo y lo sabe. "Así que, qué prefieres? O tu amiguita se muestra un poco más… digamos cariñosa conmigo, o llamo a la poli. Diré que la he pillado robando y que se encarguen ellos. Que te parece?"

"Que tienes demasiados problemas con la policía como para invitarlos a casa" respondió la chica de modo insolente aguantando el farol que Hank se acababa de marcar. La ira en el rostro del hombre confirmaron que tenía razón.

"No vuelvas a hablarme en ese tono o lo vas a lamentar" le aseguró Hank dando un paso al frente y apretando firmemente los puños. Un instante después, volvió a beber hasta que la botella acabó vacía. Después y con total desprecio, la lanzó contra la pared, donde estalló en cientos de pequeños fragmentos.

"No te acerques" advirtió Hermione al ver que Hank volvía a avanzar hacia ellas.

"Esto es ridículo" se burló el hombre lanzando el brazo hacia delante para agarrar a Luna. Antes de que sus mugrientos dedos rozaran si quiera el brazo de la pequeña, la mano de la castaña se interpuso en su camino y lo golpeó apartando su mano de Luna. Con un rugido furioso, Hank perdió la poca paciencia que tenía y golpeó a Hermione en pleno rostro tumbándola de espaldas.

Hermione se quedó tendida en el suelo unos instantes mientras su mente trataba de ponerse al día con lo que estaba pasando en ese momento. Cuando Hank había disparado el brazo como tantas otras veces, la chica había estado demasiado asustada como para darse cuenta que la habitual velocidad de ese hombre había desaparecido. Ahora en el suelo tumbada, su mente estaba reconociendo el hecho de que su rostro apenas dolía y que comparado con los golpes que había intercambiado en aquel sórdido almacén con Fenryr, apenas había resultado una caricia.

Por otra parte, el licántropo que llevaba sintiendo cada día más desde el despertar, parecía haber vuelto a surgir en su interior, y la criatura no estaba nada contenta con la situación.

"Como me alegro de volver a verte nena, ahora que la mocosa por fin se ha callado, que tal si tú y yo vamos a un sitio más… privado" propuso Hank humedeciéndose los labios y mirando de modo lascivo a la chica con sus ojos vidriosos. Ese pelo rubio, esos enormes ojos claros… "Linda mi amor, como me alegro de que hayas vuelto a mí. Por fin seremos felices, tú y yo juntos nena, como siempre debió de ser."

"Ella no es Linda" rugió Hermione levantándose del suelo al ver que Hank había vuelto a tomar a Luna del brazo. "Es una niña, y Linda se fue hace casi diez años. Ni ha vuelto ni va a volver."

"Cállate!" gritó Hank furioso soltando de golpe a Luna y dirigiéndose hacia Hermione completamente fuera de sí. Nada más llegar a su altura comenzó a golpearla sin descanso. Uno tras otro sus puños llovían sobre su sobrina, pero ninguna parecía capaz de dar en el blanco. Uno a uno fue esquivando todos los golpes que el hombre lanzaba y eso solo lo frustraba y enfurecía más y más. "Estate quieta maldita sea!"

"YA BASTA!" decidió la chica por fin. Sus brazos reaccionaron a la orden de su cerebro y comenzó a devolver todos y cada uno de los golpes que su tío estaba lanzando en ese momento. El primer golpe rompió la nariz de su rostro, del cual comenzó a manar sangre sin cesar y el segundo directo a las costillas, logró quebrar más de una. El siguiente golpe no fue planeado, pero cuando impactó contra su abdomen y le sacó todo el aire de los pulmones, se sintió satisfecha con el resultado. A continuación, su pie golpeó la pierna de Hank a la altura de la rodilla, lo cual hizo que se viniera al suelo arrodillado. Por último y como gran final, echó hacia atrás el brazo derecho y lo descargó con todas sus fuerzas en un precioso upercut contra la barbilla de su tío. El impacto levantó al arrodillado hombre del suelo varios centímetros y lo lanzó contra el fondo de la habitación donde se quedó tumbado como un triste guiñapo.

"Estás bien Luna?" preguntó entonces Hermione con la respiración acelerada y sin apartar la vista de la figura sangrante e inmóvil de su tío.

"Si" murmuró la pequeña nerviosa. "Lo siento mucho, ha sido culpa mía, si no hubiera salido a por un vaso de agua…"

"No ha sido culpa tuya" le aseguró la chica lamentando no poder volverse y abrazar a la pequeña, pero no estaba dispuesta a quitarle el ojo de encima a Hank ni un instante. "Tarde o temprano iba a pasar algo así, solo era cuestión de tiempo. Escucha, necesito que vuelvas a la habitación y te vistas. Luego tráeme la ropa que me he quitado antes, incluidas las deportivas. Date prisa."

En apenas cuatro minutos, Luna volvió completamente vestida y con la ropa de Hermione en los brazos.

"Vale, gracias pequeña. Ahora, quiero que lo vigiles mientras me cambio, si hace el más mínimo ruido o movimiento me avisas." Ordenó la chica mientras a toda prisa se quitaba el pijama y se volvía a colocar la ropa de la calle. Una vez se hubo atado las zapatillas, volvió a incorporarse, satisfecha de que Hank no se hubiera movido. "Bueno, ahora lo más difícil. Quiero que vuelvas a la habitación y que saques de debajo de la cama la bolsa de deportes y el saco de nylon que hay ahí. Luego, mete toda tu ropa en el saco, y el resto de mi ropa la metes en la bolsa de deportes. Cuando acabes, levanta la tabla bajo la pata delantera izquierda de la cama y saca el dinero que hay ahí. Date prisa."

Dicho y hecho, la muchacha no tardó ni quince minutos en introducir sus escasas posesiones en el saco de nylon y en llenar la bolsa de deportes. Para su sorpresa, la mayoría de la ropa de la castaña ya se hallaba metida bien doblada en la bolsa y apenas tuvo que recoger un par de pantalones y una sudadera que había al fondo del armario. Tampoco le llevó mucho tiempo levantar la tabla del suelo que la otra chica le había indicado y sacar los billetes que allí había.

Mientras eso ocurría, Hank había comenzado a moverse y Hermione se volvió a posicionar por si al hombre le daba por intentar volver a la carga. El licántropo de su interior parecía más que dispuesto a ganar el enfrentamiento y eso la llenaba de seguridad. En cuanto el aparentemente desorientado Hank clavó su mirada en ella, supo que nunca más le tendría miedo.

"Si yo fuera tú, no me levantaría" aconsejó amenazadoramente la chica al desconcertado hombre. "Aún estás borracho pero no dudaré en volver a golpearte."

"Tienes un buen puño" admitió el hombre masajeándose el mentón y recolocándose con un chasquido húmedo la rota nariz. Cuando estuvo contento con el resultado, se limpió la sangre de la cara con la maga de su camisa y volvió a dirigir su atención a su sobrina, sin ninguna intención de levantarse. Los diversos golpe así como los varios minutos de pérdida del conocimiento habían hecho maravillas para curarle la borrachera y en ese momento se sentía bastante lúcido. Por desgracia, eso también significaba que estaba comenzando a recordar lo que había pasado y lo que había estado a punto de hacerle a quien ahora veía que era apenas una cría. Ante ese pensamiento sintió unas nauseas que no tenían nada que ver con la resaca que le visitaría al día siguiente y agradecía que su sobrina le hubiera detenido antes de haber cruzado una línea que jamás habría querido traspasar. "Y ahora que?"

"Me marcho de casa" anunció Hermione sorprendida por la facilidad con la que había aceptado ese hecho. "No pienso volver."

"No te culpo" reconoció Hank mucho más tranquilo de lo que la otra chica se esperaba. "Ya tienes a donde ir?"

"Si." Respondió Hermione sin elaborar mucho. El tono de Hank no había sido burlón o amenazante, simplemente parecía querer saber si tendría donde refugiarse.

"Siempre supe que llegarías lejos, sabes?" comentó de pronto Hank mientras sacaba un cigarrillo de su camisa y lo prendía tranquilamente sin importarle el labio que había comenzado a hincharse. "Eres tan lista como tu madre, puede que incluso más. Y tienes los redaños de mi hermano. Te irá bien en la vida."

"Lo sé" respondió la chica con una seguridad que estaba muy lejos de poder sentir en ese momento. Sabía que su tío había visto a través de ella y que lo sabía, pero ninguno de los dos dijo nada.

"Ya estoy lista." Anunció Luna tomando las maletas y dirigiendo una mirada nerviosa al hombre sentado al fondo de la habitación fumando un cigarrillo.

"Espérame fuera" pidió Hermione suavemente lanzándole una mirada dulce a Luna. "Enseguida salgo."

"No quería hacerla daño, lo sabes no?" preguntó repentinamente ansioso el hombre. "No de esa manera. Sé que he sido un cabrón contigo, y no te guardaré rencor si decides devolverme cada golpe que te he dado. Pero podrías decirle a la pequeña que no era mi intención hacer nada de lo que parecía? Es solo que, se parecía tanto a Linda en mi cabeza."

"Pero no lo es" dijo Hermione fríamente. "Se fue tío Hank, y no volverá. Y cuanto antes aceptes ese hecho, antes podrás rehacer parte de tu vida. Y no, no te voy a devolver ningún golpe, siempre y cuando quede claro lo siguiente. Me voy de aquí y como aún no soy mayor de edad, seguirá figurando esta casa como primera dirección. Si alguien viene preguntando, sigo viviendo aquí aunque no esté en ese momento. Si tratas de joderme de alguna manera, vendré y te daré todos y cada uno de los golpes que te debo y con intereses. Ahora sabes que puedo hacerlo. Ha quedado claro?"

"Cristalino" aseguró el hombre ladeando la cabeza un poco meditando un poco. "Pero por que no me vas a pegar? No es ese tu sueño? Hacerme pagar por lo que he hecho?"

"Eso creía" admitió la chica mirando fijamente al hombre que tenía delante. "Pero a pesar de que es cierto y de que realmente estoy haciendo un esfuerzo por no golpearte hasta matarte, no quiero ser como tú."

"Y por qué no me denuncias?" continuó preguntando impasible el hombre, como si estuvieran discutiendo el tiempo. "Tienes suficientes pruebas médicas como para convencer al juez."

"Aunque eso también es cierto, no es algo que me convenga. Si tú vas a la cárcel, a mi me mandan a una casa de acogida." Le recordó la chica frunciendo el ceño. Cuando Hank simplemente asintió y dejó de hacer preguntas, Hermione supuso que ya estaba todo dicho. Se dirigió a la puerta y justo antes de abrirla, volvió a girarse una vez más. "Hay otra razón por la que no te golpeo o te denuncio a la policía."

"Y cuál es?" quiso saber el hombre curioso.

"Me acogiste" fue la sorprendente respuesta de la chica. Al ver que el hombre parecía aún más confuso continuó. "Nadie más quiso hacerlo, sabes? Nadie en toda la familia quiso acogerme, pero tú lo hiciste. No tenías muchos ingresos y tampoco mucho espacio, pero me acogiste y me diste comida y un techo. Y hasta que Linda de marchó, me trataste si no bien con amor, si con respeto. Por deferencia a ese Hank, no te denuncio o te devuelvo los golpes. Linda te partió el corazón y te convirtió en una bestia borracha y violenta. Solo espero que algún día vuelvas a ser el Hank que conocí hace tanto tiempo, por tu propio bien. Adiós tío Hank, no volveremos a vernos."

Y sin añadir palabra, Hermione abrió la puerta encontrándose afuera con Luna. Y mientras cerraba la puerta de la única casa que había conocido desde la muerte de sus padres, solo había un destino posible en la mente de la chica. Con una última mirada a la casa en la que había pasado los últimos diez años, Hermione se despidió del que nunca había llegado a sentirse como un verdadero hogar y puso rumbo al único lugar que podría llegar a serlo para ellas, la mansión de Harry.


Varios días después:

Tanto Harry como Draco se habían horrorizado cuando habían oído lo que había pasado con Hank y ambos habían estado listos para marchar a donde ese desgraciado y darle una buena lección. Hermione sin embargo había sido capaz de convencerlos para que se olvidaran de sus planes de venganza y todos habían dirigido sus energías hacia el arreglo de la mansión. Día a día la casa había ido mejorando y la habitación que Luna y ella ocupaban ahora era incluso habitable. Al principio Hermione no había estado muy segura de su decisión de vivir en una casa sin agua corriente, gas o electricidad y sin ninguna clase de seguridad, pero tal y como Luna había comentado, de que tenía que tener miedo un licántropo?

Cerca de la propiedad pasaba un río de aguas cristalinas donde las chicas solían bañarse tras un agotador día de trabajo (y Hermione daba gracias por la nueva capacidad de soportar el frío que su licántropo le daba ya que las aguas del río estaban heladas), y había un gimnasio cerca del lugar donde podían ducharse con agua caliente. Para sustituir la luz eléctrica, habían comprado potentes linternas y muchas velas que le daban un aire aún más misterioso a la casa. Y gracias a que en casa de Draco nunca hacían preguntas, dos veces a la semana tenían servicio de lavandería gratuita por cortesía de la casa Malfoy. Puede que no fuera la mejor situación, pero al menos era mejor que vivir en algún callejón del puerto.

Y si había algo que realmente alegraba el día a Hermione, eran las visitas diarias a casa de los Delacour. Había cambiado muchas de las clases que daba a los fines de semana y las clases de Gabrielle las había pasado a un par de horas diarias entre semana. Y hacia allí precisamente se dirigía Hermione en ese preciso momento.

Pero ahora que se acercaba, el olor que su nariz estaba captando parecía erróneo de alguna manera y al doblar la esquina y confirmar lo que su olfato le decía la desconcertó un poco. Había podido oler la repugnante colonia de Bill así como el olor a cuero de su chaqueta y el horrible olor que desprendía a vestuario masculino. Pero además de eso, también parecía tener otro olor mezclado con todos los otros. Un olor más tenue pero de lo más dulce que había olido. Era como una mezcla de algodón de azúcar, manzanas de caramelo y almendras garrapiñadas. No sabía muy bien como había ido a parar al chico o por qué se le hacía vagamente familiar, pero al oír como las voces aumentaban de volumen y pasaban a auténticos gritos, se olvidó del olor y centró su atención en la escena que tenía delante. Lo que vio no le hizo ninguna gracia

"Lo lamento Monsieur Wesley, pero la señorita Delacour está durmiendo en este momento" le comunicó Charlotte firmemente sin moverse de la puerta y bloqueando de esa manera el acceso del joven a la vivienda. "El médico le ha ordenado guardar cama y respetar sus ciclos de sueño. Me temo que si la quiere ver, va a tener que ser cuando esta se encuentre mejor."

"Tonterías" gritó William tratando de entrar a la fuerza en la casa. "Es mi novia y exijo verla inmediatamente."

Furiosa con el comportamiento forzoso y maleducado del chico, Hermione apretó el paso dispuesta a enseñarle modales cuando alguien se le adelantó.

"Que es todo este escándalo?" preguntó con voz helada Apolline Delacour asomándose a la puerta donde Charlotte seguía bloqueando el paso.

"Le estaba comunicando a Monsieur Wesley que madeimoselle Fleur está descansando y que no puede recibir visitas en este momento" comunicó obedientemente Charlotte aunque esta vez Hermione pareció escuchar un tono despectivo a la hora de pronunciar la palabra Monsieur.

"Y entonces a que ha venido el griterío?" inquirió la mujer fijando su mirada en los ojos de William.

"Fleur es mi novia" comenzó William aunque con mucho menos ardor que unos minutos atrás. Lo cierto es que estaba acostumbrado a que los padres de Fleur no estuvieran y ni se le había pasado por la cabeza que pudieran estar en casa. Y ahora que la señora que tenía delante le miraba de esa manera, se encontró con la boca más seca que unos meros instantes atrás. "Así que creo que tengo derecho a verla."

"Desde luego Monsieur Wesley" arrastró las palabras Apolline como si estuviera hablando con un niño pequeño. Esta vez el tono burlón en el Monsieur era más que evidente. "Sin embargo en este momento Fleur está descansando y no puede recibir visitas por orden del médico. Por lo visto aún es contagiosa, y no podría perdonarme si la estrella del equipo de futbol acabara enfermando por algo como esto, non?"

"Yo bueno" comenzó a tartamudear William para instantes después darse cuenta de la presencia de Hermione. Al haber testigos trató de recuperar su confianza, pero lo único que salió de su garganta fue un sonido aflautado y que sonaba como un niño protestón. "Y que pasa con ella?"

"Con ella?" preguntó Apolline exagerando su sorpresa de tal manera que Hermione tuvo que hacer un autentico esfuerzo para mantener su cara seria. "Es la profesora particular de Gabrielle y tengo entendido que ya ha pasado la gripe. Además, ella no es la estrella del equipo de futbol. Creo que puede arriesgarse a entrar a la casa."

Bill no pareció poder encontrar una respuesta apropiada a tiempo y cuando Hermione hubo atravesado el umbral de la puerta Apolline volvió a dirigirse al chico.

"Me alegro que hayamos solucionado el problema Monsieur Wesley. Y ahora si me permite, creo que se me están quemando las madalenas. Que tenga un buen día." Y sin esperar a que el chico dijera algo, cerró la puerta en sus narices.

"Mon dieu, creía que no se iría nunca." Suspiró dramáticamente Apolline apoyándose en la puerta que acababa de cerrar. "Bonsoir Hermione."

"Bonsoir Apolline" respondió Hermione finalmente sonriendo. "No sabía que cocinara magdalenas."

"Oh bueno, a veces una mentira piadosa es necesaria para… librarse de presencias indeseadas" respondió descaradamente Apolline con una radiante sonrisa."Has venido a ver a Fleur?"

"Si no está descansando…" titubeó un poco la castaña. Si Fleur realmente estaba dormida, no quería despertarla.

"Oh, non. No te preocupes. Lo cierto es que lleva todo el día aburrida" respondió alegremente Apolline intercambiando una mirada conspiradora con Charlotte y Hermione. "Se alegrará de verte."

Con una sonrisa igual de grande Hermione se dio media vuelta y se encaminó hacia las escaleras contenta de saber que a diferencia de William Wesley, ella tenía la aprobación de Apolline para ver a Fleur. Y eso en su mente, era un enorme punto positivo.

/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**

Durante todo el día Fleur había estado realmente aburrida y sin saber muy bien que hacer para remediarlo. Había probado a leer y a ver la tele, pero por desgracia nada de eso la había mantenido entretenida durante mucho tiempo. Aún no estaba del todo recuperada y por ello le empezaba a doler la cabeza con facilidad en cuanto llevaba un rato con la vista fija en algo de modo que ambos entretenimientos habían sido bastante breves. Cada día se sentía mejor y ya no tenía que pasar la mayoría del tiempo durmiendo y agotándose sin hacer apenas esfuerzos.

De modo que ahora solo podía tratar de entretenerse por si sola hasta que alguien se pasara por su casa para hacerla compañía. Seguía enfadada con William por lo que había pasado la otra noche y había comentado que no le apetecía mucho verlo, para evidente alegría de su madre. El chico no había tenido la decencia de llamarla hasta cuatro días después de haber caído enferma y solo para recriminarla por haberle ignorado y para decirla que pasaría a buscarla para ir a una fiesta de alguien a quien ni conocía para que hicieran las paces.

En ese momento aún había estado un poco ida por la fiebre que aún persistía y había tenido que ser su propia madre la que le explicara al chico que estaba enferma y que no podía salir. Desde luego esa no había sido una de las llamadas telefónicas más agradables que había tenido en su vida precisamente. Desde entonces había bloqueado cualquier forma de comunicación con el chico, decidida a centrarse en recuperarse del todo y abordar el resto de sus problemas cuando las habitaciones dejaran de dar vueltas en cuanto se incorporaba.

Gabrielle tampoco había podido hacerle mucha compañía debido a su débil sistema inmunitario y a ciertos asuntos del instituto que había estado tratando desde hacía varios días. Aún así, su dulce hermanita se había asegurado de que Fleur supiera que la echaba de menos.

Flashback

"Fleur? Estás despierta?" susurró Gabrielle a la oscuridad del cuarto de su hermana. Habían pasado dos días desde que Fleur se había desmayado en el salón y el susto no había terminado de pasar. Y dado que el médico había dejado claro que el virus gripal de Fleur era muy contagioso, apenas la habían dejado pasar tiempo con su hermana. Las palabras de Cho y Hermione así como los abrazos que Luna le permitía, habían ayudado a calmarla un poco, pero en el fondo sabía que no se quedaría tranquila hasta verlo con sus propios ojos. Por ello había rogado y rogado hasta que sus padres habían cedido y la habían permitido visitarla. Desde luego, tendría que llevar puesta esa ridícula mascarilla y no estar mucho tiempo en la habitación, pero eso le había importado bien poco.

"Gabrielle?" quiso asegurarse Fleur un poco desorientada por la total oscuridad de la habitación. Debido a la fiebre y a la falta de luz, las horas y los días parecían mezclarse y no sabía muy bien de donde estaba o de cuánto tiempo había pasado.

"Oui, como te encuentras?" preguntó Gabrielle acercándose a la cama de su hermana y sentándose en el borde de la misma.

"Cansada." Admitió Fleur tratando de recostarse. "No veo nada, puedes encender la luz?"

"Claro" Gabrielle se apresuró a encender la luz de la mesilla y casi deseó no haberlo hecho. Las ojeras de Fleur, así como la palidez extrema y la sudoración de la frente la conferían un aspecto de muerta viviente que la pequeña preferiría no haber visto en su fuerte hermana jamás.

"Saben papa y mama que estás aquí?" preguntó Fleur en cuanto sus pensamientos se volvieron un poco más coherentes en su mente febril. "No es peligroso?"

"No estaré mucho tiempo" se apresuró a asegurar Gaby sonriente. Puede que su hermana estuviera enferme, pero ni así dejaba de preocuparse por ella. "Solo he venido a traerte una cosa."

De su espalda extrajo el cachorro de peluche más blandito y abrazable que Fleur había visto en su vida. Era un lobezno blanco y negro con brillantes ojos azules y expresión juguetona. Solo de verlo daban ganas de abrazarlo fuertemente.

"Este es Balto" le presentó Gabrielle sonriendo ante la mirada de fascinación de su hermana. "El te protegerá de las pesadillas y se asegurará de que te recuperes."

"De donde?" comenzó a preguntar Fleur justo cuando un ataque de tos la acometió e hizo que se doblara hacia delante.

"Tranquila, toma, bebe un poco de agua." Se apresuró a ofrecerle Gaby. Cuando el ataque se detuvo retomó la conversación. "De la feria. Viene de ahí."

"Conseguiste sacarlo en la feria?" preguntó Fleur con los ojos como platos.

"Non. Hermione lo sacó para mí." Reveló la chica sonriente rememorando aquel día con perfecta claridad. "Tendrías que haberla visto, tomó las tres bolas y tumbó los payasos sin problemas. Y luego me dejo elegir el peluche que me gustaba para que me lo quedara. Fue genial."

"Consiguió ganar a la primera? Y te dio el premio a elegir?" preguntó Fleur tratando de ocultar la envidia de su voz. Por la mirada traviesa que Gaby acababa de dirigirle no estaba haciendo un gran trabajo. "Tienes suerte de tener a alguien así a tu lado. Me alegro por ti."

"Bueno, el ahora te protegerá a ti." Se apresuró a asegurar Gaby oyendo como su madre subía las escaleras seguramente para echarla del cuarto. Al ver la mirada de codicia en los azules ojos de su hermana tuvo que añadir "Sin embargo, es solo un préstamo. Cuando te recuperes me lo tienes que devolver, ha quedado claro?"

Fin del flashback

Poco después Gabrielle había tenido que marcharse, pero Balto se había quedado entre sus brazos y aunque parecía ridículo, la había ayudado. Su sola presencia le animaba los días que tenía que pasar postrada en la cama, y cuando se aburría mucho, solía pasarse las horas hablándole al peluche sobre todo lo que se le pasaba por la mente (los días que estaba bajo el efecto de la fiebre estaba segura que había dicho muchas cosas extrañas, por suerte Balto no era de los que juzgaban a la gente). Además, su aspecto coincidía con la realidad, y resultaba casi imposible parar de abrazarlo una vez que empezabas.

Una voz en el piso de abajo la sacó de su ensimismamiento y no tuvo problemas en reconocer incluso a esa distancia el tono calmado y la suave voz de Hermione Granger. Eso era otra cosa buena que había salido de esa maldita gripe. Desde que había caído enferma, la chica se había estado pasando por su cuarto para charlar un rato antes y después de las clases con Gabrielle. Y ahora que su hermana tenía que quedarse en el instituto, Hermione seguía pasándose un par de horas cada día para poder charlar un rato. Había días en los que le traía los deberes y solían hacerlos juntas (Fleur había descubierto que Hermione realmente era una chica muy inteligente) y otras simplemente solían hablar de cómo les había ido el día. A veces incluso le traía libros de la biblioteca que le había asegurado le iban a gustar y hasta le fecha no había fallado ni uno.

"Toc toc" dijo Hermione desde la puerta con una sonrisa de oreja a oreja. "Se puede pasar?"

"Oui." Se apresuró a asentir la chica con una sonrisa propia. "Me pregunto que será lo que la tiene tan contenta? Normalmente está más seria, pero ahora parece mucho más relajada. A veces me pregunto por qué no suele sonreír mucho. Me alegra mucho verla tan contenta."

"Como te encuentras hoy?" preguntó la castaña acercándose a la cama de la chica y dejando la bolsa que traía con los libros de la otra chica sobre una silla cercana. "Tienes buen aspecto."

"Merci" agradeció Fleur luchando contra un pequeño sonrojo. "Pero que te pasa Fleur? Solo ha dicho que tienes buen aspecto porque estos días parecías un espantapájaros. Dios mío, seguro que tengo el pelo hecho un desastre. Y sin embargo, cuando la miro a los ojos no puedo evitar sentir que dice la verdad y que realmente tengo buen aspecto. Pero que me pasa?" "Me encuentro mucho mejor."

"Oh, Cho me ha dicho que no va a poder venir esta tarde. Algo relacionado con una complicación en el ensayo de animadoras. Que si consigue salir viva, se pasará más tarde." Recordó Hermione acercando los libros a la otra chica agradecida de que no se le notara el ligero temblor de las rodillas cada vez que se acercaba a la chica. Esta semana había sido una de las mejores de su vida. Poder ver y hablar cada día con la chica y poder ayudarla… era casi como un sueño hecho realidad. "Así que me temo que te vas a tener que conformar con mi compañía esta tarde."

"Estoy encantada con tu compañía, créeme" aseguró Fleur clavando su mirada en los ojos marrones de la otra chica. Y durante un par de minutos, no pudo apartar la mirada de esos penetrantes ojos oscuros que parecían rodearla y hacerla sentir a salvo y comprendida. Era como si esa chica a la que conocía desde hace muy poco fuera capaz de comprenderla mejor de lo que la habían comprendido jamás. Era como si una parte de Fleur supiera que podía confiar en la chica que tenía delante con sus más ocultos secretos y esta no los fuera a contar jamás. Ese último pensamiento bastó para darse cuenta de lo que estaba haciendo y acto seguido apartó la mirada bruscamente mientras carraspeaba para tratar de quitarse el atontamiento de encima. "Así que deberes, non? Sabes hasta donde han dado hoy en matemáticas?"

"Sí, claro, lo busco y empezamos" se apresuró a asentir Hermione mientras volvía a regular la respiración que se le había acelerado durante el tiempo que habían pasado con la mirada clavada la una en la otra. "Venga Granger, deja de mirarla como si fueras a devorarla, o conseguirás que se incomode. De verdad creías que estabais teniendo un momento? No seas idiota y céntrate."

Y a pesar de que en el fondo ambas querían volver a conectar las miradas para comprobar si volvía a suceder esa sensación una vez más, ninguna se atrevió a despegar los ojos del libro durante más de un breve instante de tiempo. Aunque las sonrisas en el rostro de ambas se había ensanchado considerablemente.

Varias horas después:

Con los deberes ya acabados y sintiéndose satisfecha por haber entendido la lección del día (gracias a la ayuda de Hermione), Fleur se sentía satisfecha de sí misma. Aunque por desgracia su vejiga pareció elegir ese mismo instante para quejarse de modo que tuvo que excusarse mientras iba al servicio dejando a Hermione a solas en la habitación.

"Creo que le pediré a Cecille que prepare algunas de sus galletas de chocolate y las suba a la habitación. Hermione ha trabajado muy duro y Gaby comentó que le encantaban las galletas de chocolate."

"Madeimoselle Fleur" se sorprendió Charlotte al casi chocarse con la chica al doblar una esquina. "Quería algo?"

"Oui. Podrías preguntarle a Cecille si quedan galletas de chocolate? Y si es así, podrías subir un plato y dos tés a mi habitación?" pidió Fleur contenta de no tener que bajar hasta la cocina para pedirlo. Aunque ya se sentía mejor, lo cierto era que le habían prohibido hacer excesos y aún se cansaba al subir las escaleras.

"Desde luego" aseguró Charlotte para de repente pararse en seco y desviar la mirada hacia la habitación de Fleur. "Lo único que… está Hermione ahí?"

"Oui, por qué?" preguntó Fleur un poco más brusca que antes. Tampoco le hacía mucha gracia que Charlotte se dirigiera a Hermione de esa manera tan… casual.

"Oh, non. Nada. Pero entonces será mejor que le suba una taza de café. El té no le gusta mucho" explicó la otra chica con un ligero tono de superioridad en la voz y algo sonrojada. "Si me disculpa, iré a hablar con Cecille inmediatamente."

"Claro" asintió Fleur con la mirada un poco más afilada que al principio. "Que ha querido decir con eso? Bueno, es decir, es evidente que lo que ha dicho es que a Hermione le gusta más el café, pero como lo ha sabido? Y ha que ha venido ese tono de suficiencia? Y por qué diantres se ha sonrojado al mencionar a Hermione?"

Confundida por todas las preguntas que habían comenzado a agolparse en su mente Fleur se dirigió al baño, dispuesta a encontrar respuesta a todas sus incógnitas de una manera u otra.

/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**

Mientras esperaba a que Fleur regresara del servicio, sus ojos comenzaron a pasear la mirada por la ordenada habitación, para detenerse en un cuaderno que sobresalía ligeramente por debajo de la cama. Intrigada por esa pequeña muestra de desorden en la impecable habitación, y pensando que tal vez se le había caído a Fleur tras quedarse dormida, se inclinó para recogerlo del suelo. No era un libro como se había imaginado, si no un cuaderno de piel bastante voluminoso que parecía tener varias hojas sobresaliendo en todas direcciones. Apenas sus manos iniciaron el camino para depositarlo sobre la mesilla de la chica, la susodicha apareció en el umbral del cuarto. Y nada más ver lo que Hermione tenía en sus manos, sus ojos se abrieron horrorizados y corrió a arrancarlo de sus manos. El fuerte tirón que dio la animadora para quitárselo a Hermione fue suficiente como para que algunas de las hojas del interior del cuaderno salieran volando hacia el techo de la habitación.

"Que crees que haces?" preguntó Fleur furiosa abrazando firmemente el viejo cuaderno de piel claramente enfadada.

"El cuaderno estaba en el suelo, tan solo lo estaba dejando en tu mesilla" respondió suavemente Hermione tratando de sacudirse el sentimiento de tristeza que la había invadido al oír el tono acusador de la otra chica. "Siento si te he molestado."

"Lo has abierto?" preguntó Fleur enfadada pero sin tanto hielo en la voz.

"No" respondió honestamente Hermione. "Creía que era un libro que se te había caído, pero al ver que no lo era, solo lo estaba dejando sobre la mesilla."

Fleur pareció que iba a decir algo más, cuando las hojas que habían salido disparadas hacia el techo, vencidas por la gravedad se depositaron en el suelo. A pesar de que dos de ellas habían aterrizado boca abajo, la tercera había quedado boca arriba justo en medio de las dos. En la hoja estaba dibujado detalladamente un paisaje de un claro de un bosque. A pesar de estar en blanco y negro, se podía ver como los rayos del sol iluminaban tenuemente algunos fragmentos del paisaje.

Sin perder un solo instante Fleur se arrodilló para recogerlos inmediatamente. Una vez los tuvo en su poder, se apresuró a volver a meterlos cuidadosamente en el cuaderno que Hermione ahora comprendía era de dibujo. Un silencio incómodo pareció adueñarse de la habitación sin que Hermione supiera muy bien lo que había pasado.

"Estaba muy bien hecho, igual que los otros que vi" alabó Hermione recordando con perfecta claridad los bocetos que había tenido en sus manos apenas una semana atrás. Tan concentrada estaba en recordar aquellos dibujos que no vio cómo el rostro de la otra chica se endurecía y sus ojos se volvían furiosos.

"Sé que no son gran cosa" respondió Fleur con voz dolida y sintiéndose herida por lo que ella consideraba una burla por parte de la castaña. Podía sentir como la quemazón de las lágrimas comenzaba a aparecer en sus ojos. "Pero no hace falta que te burles."

"No me estoy burlando" aseguró Hermione sorprendida y sosteniendo la mirada de la otra chica con una fijeza que hacía imposible dudar de sus palabras. "Creo que tienes mucho talento."

"Crois-tu cela vrai ? (Crees eso de verdad?)" preguntó tímidamente Fleur asombrada al leer la seriedad de los ojos de la otra chica. "De verdad cree que mis dibujos son buenos? A William nunca le han gustado, siempre se ríe y me dice que no pierda el tiempo en algo que no se me da bien." "Merci."

"Il n'y a pas pourquoi les donner (No hay por qué darlas)" respondió Hermione sonriendo al ver como el rostro de Fleur se iluminaba al oír el francés. "Qui est-ce qui t'a appris à dessiner ? (Quién te ha enseñado a dibujar?)

"Je n'ai jamais eu un professeur. C'est simplement quelque chose qui depuis que j'étais petite m'a plu faire (Nunca he tenido un profesor. Simplemente es algo que desde que era pequeña me ha gustado hacer.)" admitió Fleur un poco avergonzada desviando la mirada de la intensidad de aquella mirada. No estaba acostumbrada a que alguien prestara tanta atención a sus palabras, ni siquiera su familia. Normalmente sabía que la escuchaban porque solían asentir o murmurar sus respuestas mientras hacían otras cosas. Incluso cuando hablaba con Cho, ambas solían estar haciendo algo más y a pesar de que también habían tenido conversaciones importantes, Fleur nunca había sentido que prestaran tanta atención a sus palabras. Y respecto a las conversaciones con Bill… bueno, digamos que a menos que fuera de futbol tendría más suerte hablando con un chimpancé (sin ánimo de insultar a los chimpancés). Generalmente solía tener problemas para hacer comprender al chico que sus ojos se encontraban algo más arriba de donde sus ojos solían posarse cada vez que se veían. "Maintenant chaque fois que je suis triste ou stressée, je dessine pour me relâcher. Je sais déjà qu'ils ne sont pas très bons, mais chaque fois que le crayon commence à déchirer le papier je m'assois mieux. (Ahora cada vez que estoy triste o estresada, dibujo para relajarme. Ya sé que no son muy buenos, pero cada vez que el lápiz comienza a rasgar el papel me siento mejor). Seguro que piensas que es una estupidez."

"En absoluto" negó vehementemente Hermione negando firmemente con la cabeza y pasando ella también al inglés. "Todos necesitamos una manera de desahogarnos cuando nuestros sentimientos o nuestros problemas amenazan con superarnos. Cada persona lidia con ellos de diferentes maneras y no creo que nadie deba juzgar algo que claramente es tan importante y personal para otra persona. Sería como arrebatarle a alguien su diario y reírse de los sentimientos de esa persona. Es algo cruel y odioso."

"Entonces no crees que sea estúpido?" preguntó Fleur tímidamente. Nunca se había atrevido a enseñar sus dibujos a nadie porque los consideraba demasiado personales. Los dibujos que Bill había visto, los había tomado de su bolsa sin su consentimiento y eso la había molestado mucho. El chico había criticado y se había reído de unos bocetos que estaban sin terminar y sus opiniones la había herido profundamente, hasta el punto en el que no había vuelto a dibujar desde entonces. Los papeles que se le habían volado el otro día en el instituto habían sido traspapelados y se habían diseminado al abrir el cuaderno de matemáticas del que quería estudiar. A pesar de que había dejado de dibujar, no había podido quedarse sentada mientras el viento se llevaba sus dibujos y no había dudado en salir corriendo tras ellos. "Aunque los dibujos sean horribles?"

"Aunque sean espantosos. Pero me temo que no estoy de acuerdo." la contradijo suavemente la castaña comprendiendo instintivamente que este era un tema delicado para la otra chica. "Es cierto que no los vi durante mucho tiempo y que algunos estaban sin acabar, pero aún así creo que tienes talento. Los ojos del retrato de Gabrielle prácticamente gritaban que esa pequeña tiene alma de diablillo, y el retrato de la señora, transmitía respeto incluso desde el papel. Y los dibujos que hiciste de esa gente en el patio… parecían expresar tranquilidad, como si pudieras sentir que se estaban divirtiendo. Ser capaz de expresar y transmitir esos sentimientos a través del papel me parece algo increíble y maravilloso."

Fleur sorprendida levantó la mirada del punto de la manta donde los había fijado para atravesar con su mirada a la otra chica. Una y otra vez escaneó la expresión de la castaña buscando cualquier pequeño gesto que indicara que la otra chica no estaba siendo sincera o que se estaba quedando con ella. Hermione por su parte mantuvo la mirada de la animadora sin parpadear queriendo expresar a través de su mirada la veracidad de sus palabras. Finalmente Fleur pareció convencerse de que decía la verdad y una pequeña pero radiante sonrisa asomó a sus labios llenando el pecho de Hermione de un agradable calorcillo.


Desde esa tarde, la vida de Hermione pareció ser solo capaz de mejorar. Ahora que pasaba las noches en la mansión y gracias a la hiperactividad de su licántropo, las reformas del lugar avanzaban a pasos agigantados y al estar agotada, dormía mejor por las noches, lo que significaba que las pesadillas ya no eran tan frecuentes. A pesar de estar viviendo en una casa de aspecto terrorífico y de estado medio abandonado y teniendo que dormir en un viejo colchón en el suelo, la chica hacía años que se había sentido así de feliz. Incluso Luna parecía más contenta viviendo en la mansión, y cuando ellos se marchaban al instituto por las mañanas, ella se quedaba en el lugar terminando la lista interminable de pequeñas tareas que aún quedaban por hacer.

Ella solita había limpiado de arriba abajo las habitaciones que tenían pensado habitar, llegando incluso a fregar los cristales de las sucias ventanas. También se había encargado de examinar todos los muebles hallados en esas habitaciones y de decidir si aún se podían aprovechar o de si había que hacer leña con ellos. El invierno no estaba tan lejos como creían y si querían sobrevivir a las viejas temperaturas sin morir congelados en esa enorme casa llena de corrientes, debían asegurarse de al menos tener una chimenea que funcionara y de que las puertas se cerraran para mantener el calor dentro de las habitaciones.

Había muchas tareas que completar, incluyendo inculcarle a Luna los conocimientos educativos que necesitaría si pensaban matricularla en un colegio para el curso siguiente. Había mucho que enseñarla, pero la pequeña había asegurado que con la memoria y la agilidad mental que venían con los instintos licántropos, no sería tan difícil aprender. Por ello, Harry, Draco y Hermione se habían repartido el temario en partes iguales y cada tarde uno de ellos trataba de enseñar lo que tocaba a la pequeña.

Esa misma tarde tocaban las tablas de multiplicar y mientras Hermione se dedicaba a arreglar el tejado de la casa, sus desarrollados oídos podían captar las risas que provenían del piso inferior donde claramente se distinguían los tonos agudos de Luna mientras las cantaba orgullosa. La pobre chica no parecía que hubiera tenido muchos motivos para sonreír en su vida y por ello la alegraba especialmente cada vez que la oía reír. Y si además a esas risas se unían las de Draco y Harry, la alegría que sentía siempre acababa por triplicarse. Esta vieja mansión iba a ser perfecta para ellos. Aquí conseguirían tener lo que siempre habían anhelado, un hogar propio en el que sentirse a salvo y seguros y en el que siempre encontrarían el apoyo que pudieran necesitar.

Hermione podía recordar con absoluta claridad la dicha reflejada en los ojos de Luna cuando le habían permitido elegir la habitación que quisiera para hacerla suya. Incluso Draco se había unido al tren y había elegido una habitación como suya para las noches que había asegurado pensaba pasar en ella. Juntos podrían transformarla en un autentico hogar, de eso no le cabía duda.

Tan inmersa estaba en esos planes que casi pasó por alto un ligero ruido que sus oídos parecieron captar. Al encontrarse en una enorme mansión rodeada por acres de bosque y alejada prácticamente de la civilización, Hermione había tomado la costumbre de quitarse el incordio con el que solía taparse los oídos y se relajaba con los sonidos del bosque y su familia. Al no tener que preocuparse por los ruidos estridentes del tráfico o de los incesantes cacareos de las señoras que cotilleaban a voz en grito cerca de su antigua casa, el estrés de sus oídos había bajado considerablemente y consideraba su nuevo hogar una bendición.

Sin embargo, sus oídos habían captado algo que no había llegado a identificar y eso la puso alerta ante cualquier posible amenaza. Incluso su licántropo parecía haber despertado ante el ruido desconocido y eso la obligó a concentrarse una vez más. Todos los sonidos parecían ser los mismos de siempre aunque había un ligero olor a plantas secas cuyo origen no lograba ubicar. Era un olor tenue como poco y que no tardó en desaparecer, pero aún así no pudo evitar tener la sensación de que algo raro había pasado.

Tras varios minutos a la espera y tras comprobar que ese sutil aroma no volviera a aparecer y que no se oyeran nuevos sonidos, Hermione se relajó ligeramente junto al licántropo aunque decidió tenerlo presente en el futuro. Hasta ahora los instintos del licántropo no la habían fallado, y si algo tan mundano como un olor a flores secas habían despertado la cautela en el animal, Hermione no estaba dispuesta a pasarlo por alto. De modo que con la firme resolución de investigarlo en un futuro cercano, tomó el martillo y los clavos y volvió a subir al tejado para terminar la sección del techo que debía tapar.

/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**

Viernes por la noche, en la fiesta:

Mientras Draco aparcaba el coche (si es que lograba encontrar un sitio en el pequeño aparcamiento a rebosar de vehículos) el resto entró en el gimnasio y se dispersaron. Gabrielle (a la que habían recogido de camino a la fiesta) acabó arrastrando a la maravillada Luna hacia el piso de arriba, decidida a mostrarle la clase de teatro en la que estaban terminando de pintar los decorados para una obra que ensayarían en acción de gracias. Harry desapareció a la búsqueda de Cho y Hermione acabó sola mirando los adornos del lugar. La música estaba especialmente alta, y ello hizo que la chica diera mentalmente una y otra vez las gracias a Draco por recordarla de no olvidarse de sus cascos acolchados.

Tan ensimismada estaba con las luces y los brillantes disfraces, que no se dio cuenta de que alguien estaba tratando de llamar su atención hasta que sintió unos golpecitos en el hombro. Al darse la vuelta se encontró con el sonriente rostro de Padma Patil con dos vasos de ponche en las manos. Vestida de pirata con una ajustada camisa blanca y una vaporosa falda a rayas negras y rojas acabada en picos que le alcanzaba cerca de las rodillas y un pañuelo oscuro en la cabeza, la chica lucía genial.

"Hola" saludó Padma tendiéndole uno de los vasos que llevaba en la mano. "Me he dado cuenta de que no tenías vaso y he pensado que querrías uno antes de que algún jugador de futbol decida añadirle alcohol."

"Muchas gracias Padma" agradeció Hermione sorprendida tomando el vaso que le ofrecían. Un pequeño sorbo del líquido sirvió para asegurarse de que realmente solo hubiera ponche en el vaso y nada más. "Te queda muy bien el disfraz. Muy temible."

"Gracias" se alegró la chica girando sobre sí misma para que Hermione pudiera apreciar el efecto completo del disfraz. "Tuviste buen ojo en la tienda."

Padma había sido una de las chicas con las que había acabado saliendo de compras.

Flashback

Tras dos horas de tiendas y un montón de tiendas, la castaña estaba preparada para tumbarse en el suelo y pedir la eutanasia para librarse de aquella tortura. Incluso la siempre enérgica Luna estaba arrastrando los pies y mirando con envidia la gente sentada en la heladería y gimoteando de vez en cuando. Hermione estaba convencida de que debía de tener algún gene defectuoso en su organismo, lo cual provocaba que no le gustara tanto ir de compras como al resto de las chicas de su edad. Tal vez fuera porque nunca había tenido suficiente dinero como para poder disfrutar de las compras y no preocuparse por el dinero o tal vez porque nunca había encontrado mucha ropa que le llegara a sentar bien. Siempre había sido muy pequeña y delgaducha, y la ropa de las chicas de su edad siempre le había quedado ridículamente enorme.

Siempre había sido ridiculizada por su aspecto y pronto había comprendido que en su caso más valía la calidad de sus vaqueros que la marca que traían cosida en los bolsillos traseros. Nunca había tenido el dinero del resto de las chicas que podían permitirse salir de compras a renovar el armario cada semana y eso la había hecho destacar de entre la multitud. Y aunque eso fuera bueno en algunos casos, nunca había sido de esa manera en el instituto. Sus compañeros se habían burlado de sus enormes jerséis y sus desgastados pantalones desde que había ido a vivir con su tío Hank. Por ello, no estaba acostumbrada a pasar demasiado tiempo en las tiendas y menos aún con expertas compradoras compulsivas.

"Que te parece este disfraz?" preguntó en ese momento Cho apartando a Hermione de sus reflexiones. La chica alzó la mirada para quedarse mirando lo que parecía un cinturón de tela y una pequeña camisa con mucho encaje.

"Que se supone que es eso?" casi temió preguntar Hermione.

"Mesonera" respondió Cho colocándose las prendas contra la ropa como si quisiera comprobar cómo le quedaba.

"Y el resto del disfraz?" preguntó la castaña desconcertada.

"Las botas? Me pondría unas mías y por encima los cubre-botas" respondió Cho distraída.

"Claro" murmuró la chica tragándose el resto de su respuesta al comprender que aquel cinturón de tela era en realidad la falda del disfraz. Eso la hizo sentirse aún peor consigo misma. No era que quisiera ser una abuela y llevar toda la vida jerséis de altos cuellos y faldas hasta los tobillos, pero dado que nunca se habría imaginado con algo así puesto (era evidente que ese disfraz era la versión sexy del original), le costaba un poco comprender que había gente que si quisiera. Bueno, si ella hubiera tenido el físico que tenían las animadoras que tenía delante, seguramente se sentiría más cómoda con esa opción. "Te gusta?"

"No estoy segura" admitió Cho frunciendo un poco el ceño. "El año pasado fueron bastantes con este disfraz y no quiero parecer repetitiva. A ti que te parece?"

"No se supone que es una fiesta de Halloween?" preguntó Hermione de manera un poco diplomática. "Entonces no se supone que hay que ir con algo que… de miedo?"

"Creo que tienes razón" asintió Cho volviendo a dejar ese disfraz en su lugar. "Creo que he visto un disfraz de vampiresa en la entrada con un corsé precioso. Voy a ver."

"Estupendo, más disfraces" murmuró la chica desalentada y dejándose caer en una silla colocada como forma de piedad hacia los novios, maridos y hombres en general que se veían arrastrados a semejantes actividades.

"Cho, podrías atarme la cremallera?" preguntó una de las animadoras saliendo en ese momento del probador con el top sin abrochar. "Cho?"

"Ha ido a mirar un disfraz en la parte de delante" explicó Hermione desviando la mirada del top medio suelto de la animadora que tenía delante.

"Mierda. Me lo puedes abrochar tu?" preguntó la chica dándose la vuelta para mostrar la cremallera en su espalda a la que no alcanzaba. "Está muy arriba y no me llega la mano. Me ayudas?"

"Claro, por qué no?" murmuró la chica en voz baja mientras se acercaba y subía la cremallera. "De troglodita?"

"Esa era la idea, pero no estoy muy segura" admitió la chica sonriendo en agradecimiento cuando sintió que la cremallera estaba arriba. "Que te parece?"

La animadora estaba vestida en lo que parecía ser un pequeño top de piel sintética con su correspondiente mini falda a juego. Por desgracia, los colores claros del conjunto, desentonaban ligeramente con el color de piel de la chica.

"No lo sé Padma, te queda muy bien, pero no sé si el color es el ideal." Admitió Hermione sinceramente y esperando que la chica no se lo tomara a mal.

"Eso mismo estaba pensando, pero no se me ocurre de que otra cosa disfrazarme." Reconoció la gemela Patil con un bufido exasperada. "Alguna idea?"

"Que tal de pirata?" propuso de repente la castaña. "Con una falda larga por detrás y recortada por delante y una camisa blanca, seguro que resalta el color de tu piel y resalta tus ojos oscuros."

"Tú crees?" preguntó Padma mientras en su mente comenzaba a armar el disfraz en cuestión. "podría funcionar. Gracias Hermione."

"De nada." Respondió la chica feliz de haber podido ayudar (y de haber solucionado el disfraz de una de ellas. Puede que pudiera volver a casa antes de que esas chicas acabaran con ella.)

Fin del flashback

La tortura se había prolongado durante otras tres horas y las cosas habían llegado a empeorar cuando Padma había mencionado que la idea del pirata había salido de Hermione. El resto de las animadoras habían poco menos que exigido a la chica su opinión, queriendo conseguir los disfraces perfectos. Había sido una tarde realmente agotadora.

"Sabes, es la tercera vez que me llamas Padma." Dijo de pronto la chica inclinando la cabeza ligeramente.

"Y eso es malo?" preguntó la chica poniéndose en guardia por si la chica estaba a punto de insultarla por tomarse confianzas con ella.

"Oh no, no, nada de eso." Se apresuró a asegurar la chica precipitadamente. "Es solo que no me has llamado Parvati ni una sola vez."

"Por qué te iba a llamar así?" preguntó desconcertada Hermione tomando otro sorbo de su vaso.

"La gente suele confundirnos mucho" admitió la chica un poco frustrada por ello. "Y sin embargo, tú no has fallado ni una. Suerte supongo."

"De eso nada" se indignó Hermione. "No es difícil diferenciaros si se sabe lo que una a de buscar."

"Y que es lo que hay que buscar?" preguntó Padma sorprendida. "Somos prácticamente idénticas."

"Pero no del todo. Además, no todo es el aspecto físico." Ante la cara desconcertada de la otra chica, Hermione elaboró. "Tu voz por ejemplo, es mucho más suave que la de tu hermana y no tienes la costumbre de decir cómo te digo cada dos frases. Además, Parvati prefiere usar coletas mientras que tú te lo sueles trenzar. Y ella se muerde las uñas y tú no."

"Vaya" dijo Padma atónita. "Creo que ni mis padres se ha dado cuenta de todo eso."

"Soy observadora" admitió la chica un poco avergonzada. Genial, la primera conversación que tenía con esa chica y ya había conseguido hacerla sentir incómoda.

"Eso parece" respondió Padma con una enorme sonrisa. "Pero no sabes lo feliz que eso me hace. Estoy cansada de que todo el mundo nos confunda, y por eso me consuela saber que hay gente que se fija en algo además del físico. Oye, sabes si?"

El resto de la pregunta fue interrumpida por un griterío cercano que logró llamar la atención del resto de los ocupantes de la fiesta. Cuando Hermione reconoció a Harry como uno de los que gritaban no dudó un solo instante y salió disparada hacia el lugar seguida por una curiosa Padma. Cuando llegaron al lugar exacto, lo primero que vieron fue el disfraz rasgado de Cho, la cara de satisfacción de Marcus Flint y el enfado en el rostro de Harry.

Media hora antes:

Tanto Fleur como Cho, habían llegado justo a tiempo para hacer una entrada en toda regla. Cho disfrazada como una reina malvada (con su correspondiente corsé ajustado) y Fleur como una elegante princesa egipcia (con su traje de tela blanca bien ajustado que marcaba todas y cada una de sus formas), habían vuelto todas las cabezas a su paso a pesar de que habían prestado poca atención a ello. Ambas tenían personas que encontrar y no iban a distraerse por menudencias como algunas miradas lujuriosas o rostros babeantes.

"Así que estás segura de que quieres encontrar a Bill?" quiso asegurarse una vez más Cho resistiendo las ganas de examinar el lugar en busca de ciertos ojos verdes. Antes de eso debía cumplir con su misión de mejor amiga.

"Sí" suspiro Fleur algo desesperada. "Sigue siendo mi novio. Aún así, tenemos que hablar muy seriamente. El otro día, cuando estábamos bajo la lluvia, su comportamiento me asustó mucho. Si queremos que esto siga adelante, vamos a tener que hacer varios cambios, empezando por su costumbre de pasarse el día borracho."

"De acuerdo, te acompañaré a buscarlo" cedió Cho preocupada. "Aún así, creo que deberías pensarlo bien. Siempre has tenido buenos instintos, y si tus instintos dicen que ya no es el chico que conocías, deberías hacerles caso."

"Llevamos saliendo casi un año Cho, le debo a la relación al menos intentarlo. Ambos se lo debemos y William tendrá que comprenderlo." Continuó Fleur tozuda. "Bueno, pues tú buscas por allí y yo buscaré por el otro lado. Si lo encuentras avísame al móvil, de acuerdo?"

"De acuerdo, hasta ahora."

Una vez separadas, Cho aprovechó para buscar también a Harry entre la multitud disfrazada que la rodeaba. Tras diez minutos de tratar de identificar a los muchos personajes de ficción y de terror que allí había convocados, llegó a la conclusión de que no había localizado a ninguno de sus objetivos. Las numerosas máscaras y el maquillaje que portaban los presentes no hacían fácil la búsqueda, pero la chica no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente. Tras tomar aire un par de veces continuó la búsqueda hasta que dio con algo. No era un objetivo principal, pero podía reconocer sin problemas a Hermione Granger, disfrazada de vaquera, con una ajustada camiseta blanca (que marcaba ligeramente los abdominales que Cho no sabía que Hermione tuviera) por debajo de la camisa negra y con un sombrero también negro en la cabeza charlando animadamente con una de las gemelas Patil. Si Hermione estaba ahí, eso significaba que Harry no estaría lejos.

Con una nueva energía surgiendo en su interior, Cho dio media vuelta dispuesta a encontrar al chico, cuando otro muy distinto al que planeaba encontrar se cruzó en su camino.

"Cho Chang, cada día que te veo estás más buena" babeó Marcus Flint haciendo reír de modo lascivo al resto de los jugadores de futbol que le acompañaban. "Que te parece si tú y yo bailamos un rato? Luego podemos ir a mi camioneta y… conocernos mejor. Captas la idea preciosa?"

"Marcus, no bailaría contigo ni aunque me lo pidiera Madona en persona, y me subiré contigo a tu camioneta cuando el infierno se congele. Captas la idea?" respondió burlona Cho sonriendo cuando el coro de risas a costa del chico triplico al suyo. La gente de alrededor había comenzado a prestar atención y no tenía tiempo para eso. "Ahora déjame pasar, que no tengo tiempo para perder contigo."

"Escúchame bien zorra estúpida!" masculló Marcus claramente furioso agarrando a Cho del brazo. "No vas a marcharte después de haberme puesto en ridículo. Eres mía comprendes? Y de nadie más."

"Ni en sueños Marcus" aseguró Cho arrancando su brazo del férreo agarre del chico. "No te pertenezco, no ahora ni nunca."

"Claro que sí" volvió a gritar el chico tratando de volver a alcanzar a la chica cuando esta trataba de marcharse. Esta vez su mano se cerró alrededor de uno de los lados de su falda y al tirar, acabó rasgando la tela dejando a la vista las largas piernas de la chica. "Así me gusta nena, enséñale a tu papi lo que llevas ahí debajo."

"Cerdo!" gritó Cho perdiendo la calma y abofeteando al chico.

"Maldita guarra!" gritó a su vez el chico furioso alzando la mano para devolver el golpe a la chica. Su mano sin embargo no llegó a terminar el trayecto.

"No te atrevas a tocarla" amenazó Harry con el brazo de Marcus agarrado con su mano derecha. "Solo los cobardes y la escoria pegan a una mujer."

"Vaya vaya, pero si es cara cortada al rescate" se burló Flint provocando de nuevo risas entre el resto de los jugadores de futbol presentes.

"No la vuelvas a tocar" advirtió Harry temblando ligeramente por la ira que sentía. Había presenciado todo lo sucedido, pero no había podido llegar antes de que ese animal rompiera el vestido de la chica, pero se alegraba de haber llegado antes de que pudiera golpearla.

"Oh si no, que?" quiso saber Flint hinchando el pecho y con voz amenazadora. "Qué vas a hacer, eh Potter? Que vas a hacer?"

"Estás advertido" gruñó Harry con las manos temblorosas de la rabia que sentía. Flint también las vio, pero por desgracia confundió la ira con el miedo y eso lo envalentonó aún más.

"No me considero advertido, y vosotros chicos?" preguntó Flint haciendo saber así a los demás que iba a haber bronca. "Lo único que me ha quedado claro es que esa tía está pidiendo guerra. Y yo no tengo problemas en darle lo que pide."

"Harry déjalo por favor" suplicó Cho agarrando al chico de la mano y tratando de calmarlo. "Ignórale, está buscando una excusa para empezar una pelea, no se la des."

"Vaya vaya, cara cortada resulta que encima es un cobarde" se rió Flint burlonamente. Justo en ese instante apareció Draco y sujetó del otro brazo a Harry para sujetarlo bien. "Oh y fíjate el que faltaba. Vas a volver a escudarte detrás de la sombra de Malfoy? No solo no sabes librar tus propias batallas sino que además esperas a que otros las libren por ti?"

"Ignórale Harry" le ordenó Draco sin soltar el brazo de su amigo. "No merece la pena."

"Eso, haz caso a tu amiguito, cara cortada. No merezco la pena" continuó burlándose cada vez más alto Flint atrayendo la atención de más y más gente. Sus ojos se agrandaron deleitados en cuanto vio a Hermione entre el público que acababa de acercarse. "Sabes qué? Tienes razón. Quédate con esa zorra de Chang. Estoy seguro de que esa empollona será mucho más barata. Es más, en cuanto pruebe lo que tengo entre las piernas le gustará tanto que seguro que ni me cobra."

"Que has dicho?" susurró esta vez Draco habiéndose quedado rígidos ambos chicos al escuchar a Flint. Harry estaba tan furioso que ni le salía la voz.

"Claro que primero me aseguraré de ponerme protección" continuó Flint como si nada. "No me gustaría pillar nada de lo que tenga. A saber cuántos tíos habrán pasado por ahí antes que yo. Es lo malo de las putas baratas, cualquiera las puede montar"

No llegó a terminar la frase que estaba pronunciando en ese momento. Más rápido de lo que el resto de los espectadores pudo ver, los dos chicos saltaron encima de Marcus dispuestos a hacerle pagar todo lo que acababa de decir. Y a pesar de que el resto de los jugadores de futbol no tardó mucho en meterse en la pelea, Marcus ya había perdido dos dientes y seguramente la posibilidad de reproducirse en el futuro para cuando lograron intervenir. Siendo la pelea seis contra dos (siete si Marcus lograba levantarse y eso era harto improbable) parecía que no iba a durar mucho y que enseguida se daría por finalizada. Lo que los jugadores de futbol no esperaban era que el equipo de natación en pleno que se hallaba alrededor decidiera tomar parte para defender a uno de los suyos. El altercado pronto se convirtió en una batalla campal, donde cualquiera que se interpusiera en el camino se convertía en un objetivo.


Siete minutos antes del primer puñetazo de la noche:

Fleur no había tenido mucha más suerte a la hora de encontrar a William. Había recorrido la pista de baile dos veces y había incluso salido a comprobar que no estuviera en el campo de futbol. Se había encontrado con mucha gente conocida que le habían confirmado haber visto a William en la fiesta pero ninguno había sido capaz de señalar un lugar concreto en el que se pudiera hallar. Y por si fuera poco, uno de los disfrazados como Drácula le había tirado un vaso de ponche al chocarse con ella. De modo que ahora parte de su vestido blando tenía un color rosa pálido que acabó con el buen humor de la chica.

Esperando poder arreglarlo con agua del grifo (aunque en el fondo sabia que la mancha no iba a salir) la chica no tuvo más remedio que dirigirse hacia el baño de chicas. Parecía estar vacio y eso la alegró, no necesitaba que alguna cotilla la viera con el vestido sucio y decidiera hacer de ella el tema de conversación de la fiesta. Tan concentrada estaba en hacer desaparecer la mancha de su disfraz, que al principio no registró los sonidos del cuarto de baño. Una risa bastante estridente seguida de un susurró firme hizo que levantara la cabeza del vestido y cuando un gemido resonó por todo el baño, sintió que su cara se encendía como un tomate.

"Aquí no, pueden oírnos" se río una chica mientras el ruido de tela que se rasga invadía el lugar. "Ten cuidado, es un disfraz nuevo."

"Ya te comprarás otro" susurró entonces una voz claramente masculina.

Convencida de que lo que estaba pasando en ese cubículo no era asunto suyo y sin prestar mucho atención a las voces, Fleur dio media vuelta dispuesta a salir por la puerta y no revelar jamás lo que había oído. O al menos ese era el plan hasta que la chica volvió a hablar.

"No seas tan brusco Bill, que esta vez no tengo ropa de repuesto."

Esa simple frase la paralizó en el sitio. Su lado racional sabía que había más de un Bill en todo el instituto ( como Bill Johnsson de economía o Bill Gheller de fotografía) y que seguramente sería uno de esos el que estaba en ese momento dentro de ese cubículo. Pero aún así, una pequeña parte de su mente que se negaba a cerrar los ojos y mirar hacia otra parte la urgió a comprobarlo. Por ello, con el corazón en la boca y los latidos en las sienes entró en el cubículo contiguo al que procedían los ruidos y tras bajar la tapa del inodoro, se subió en este. Con mucho cuidado y decidida a no hacer ruido, se asomó por encima de la barrera que los separaba y miró hacia abajo. Y con ese simple gesto, su corazón se rompió en pedazos.

William Wesley disfrazado de algo que no llegó a registrar pero con el rostro claramente visible y los pantalones en el suelo, estaba rozando con la lengua la campanilla de la garganta de la otra chica. Chica que al mover un poco el rostro fue identificada como su compañera de equipo Stacy Wilscott, vestida de ángel putón con los pechos al aire y el vestido bien remangado sobre los muslos. La revelación hizo que no pudiera evitar un gemido de dolor no muy alto pero que sirvió para paralizar a la feliz pareja. Cuando los ojos de Bill se posaron en los suyos mostrando exasperación por haber sido interrumpido y luego pánico por haber sido descubierto, Fleur decidió que no quería continuar allí. Así que se bajó del inodoro y salió corriendo de allí tragándose las lágrimas y desoyendo los gritos de William para que se detuviera.

Nada más salir del baño, se encontró en medio de una autentica pelea de salón del oeste donde la gente intercambiaba golpes e insultos sin cesar. No obstante eso no la detuvo y continuó corriendo esperando encontrar en medio de aquella marabunta a Cho y que esta la llevara a casa. Consiguió avanzar un buen trecho sin incidentes cuando se tropezó con Draco Malfoy, que estaba sangrando de una ceja y parecía más feliz de lo que Fleur le había visto jamás.

"Has visto a Cho?" gritó Fleur tratando de hacerse oír entre el griterío que había.

"Está al fondo, Harry está con ella" respondió también a gritos el chico. "Si me disculpas, tengo una cuenta pendiente con Crabbe. Hasta luego!"

Confusa sin saber de dónde diablos se había originado semejante sarao, Fleur continuó avanzando tratando de localizar a su amiga entre toda esa gente. Un empujón desde atrás la abalanzó sobre una de las mesas deshabitadas y de no ser por unos fuertes brazos que detuvieron su avance, seguramente se habría hecho mucho daño.

"Que haces aquí Fleur?" preguntó Hermione intranquila al ver a la animadora en medio de la pelea. Cuando los golpes habían comenzado a volar a diestro y siniestro, había ordenado a Padma salir del gimnasio y ella se había unido a la pelea dispuesta a ayudar a sus chicos. Por lo visto no era la única que se estaba dejando llevar por sus instintos animales ya que los gritos de Harry se parecían más a aullidos de felicidad y el pelo de la nuca de Draco parecía estar más erizado que de costumbre. Durante la pelea sin embargo, se habían acabado separando. Había sido un golpe de suerte haber visto a Fleur entre tanta gente, y conseguir detener su caída a tiempo.

"Estoy buscando a Cho" repitió Fleur con los ojos húmedos y el rímel algo corrido. "La has visto?"

"Creo que está con Harry, pero nos hemos separado." Explicó la chica fijándose con detenimiento en el rostro de la chica. "Oye estás bien?"

Fleur iba a decir que sí, porque no era necesario que Hermione lo supiera, porque lo único que quería era llegar a casa y meterse en la cama y llorar hasta reventar. Y puede que comerse la bote de helado de chocolate más grande que existiera. Pero cuando vio esos fieros ojos oscuros llenos de preocupación por ella, y la manera en la que la miraban, algo dentro de ella se rompió, y lo que iba a ser un firme asentimiento de cabeza, se convirtió poco a poco en una negación tras otra. Aquello le partió el alma a Hermione, quien sin saber muy bien que hacer, optó por la opción más lógica. La abrazó con fuerza.

Cuando sintió aquellos fuertes brazos rodearla con ternura pero con firmeza a la vez , Fleur se dio cuenta de que no podía retener las lágrimas durante más tiempo y las dejó correr por sus mejillas. Lloró por el engaño que acababa de presenciar, por el tiempo que había perdido pensando que era importante para Bill y por las horas que había pasado pensando en cómo salvar esa relación. Lloró de pena, de ira y de tristeza. Y durante todo ese tiempo, Hermione la sujetó mientras susurraba palabras de consuelo en su oído y la acariciaba la espalda dulcemente intentando aliviar su dolor. A veces las palabras de consuelo eran simples susurros de alguna historia que le había sucedido y a ratos era un simple murmullo de una dulce canción, pero durante el rato en el que ella la sostuvo, Fleur se sintió mucho mejor.

Pero a pesar de que para ellas dos el tiempo pareció detenerse en ese instante, no fue así para el resto de los habitantes del gimnasio. La pelea alcanzó proporciones épicas cuando ni siquiera los gritos a través de megafonía del profesorado logró calmar el ambiente. Como uno de los vigilante de la fiesta, y en un intento de hacerse el héroe, Gilderoy Lockhart vestido como todo un caballero sureño recién salido de la película Lo que el viento se llevó con pañuelo de encajes y todo, trató de detener la pelea metiéndose en medio y gritando algo que nadie alcanzó a oír. Duró exactamente dos minutos, tiempo justo que tardó en colocarse en medio de la trayectoria de un formidable gancho izquierdo propinado por uno de los gemelos Wesleys que había decidido unirse a la fiesta contra los integrantes del equipo de futbol. El resto de los profesores presentes sabiamente prefirieron mantenerse al margen de la trifulca y dirigir sus esfuerzos en otra dirección. Con una sonrisa de lo más sádica, Severus Snape accionó la alarma de incendios lo cual activó inmediatamente los aspersores del techo que no tardaron en calar a todos los presentes con agua helada, dando así por terminada la noche y la pelea.

/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**

Misma hora, en la otra punta de la ciudad:

Mientras el gimnasio de cierto instituto se transformaba en ducha comunal improvisada, dos figuras avanzaban rápidamente por las transitadas calles cercanas al borde de la ciudad cada vez más apremiadas sin saber muy bien como habían llegado a esa situación.

Tras enseñarle la clase de teatro y los decorados que había ayudado a pintar, ambas habían decidido volver a la fiesta del gimnasio, pero Luna no había tardado en quejarse de un dolor de cabeza. Preocupada por la salud de su amiga, Gaby había sugerido salir del gimnasio para tomar el aire y así ayudar con el dolor de cabeza. Tras escuchar como el estómago de Luna rugía, la pequeña Delacour había decidido que lo mejor era cenar un poco antes de volver a la fiesta y había acabado volviendo a arrastrar a la chica tras asegurarle de que todo iría bien. Había mandado un mensaje de texto al móvil de Draco para que supieran que se iban a cenar a una hamburguesería cercana y al acabar de cenar (cinco hamburguesas enormes en el caso de Luna) habían decidido dar un paseo por el campo de futbol para bajar la cena mientras Gaby le contaba algunas de sus mejores travesuras a la encantada Luna.

Pero todo se había complicado cuando a la mitad del paseo habían visto a unos individuos vestidos con largos ropajes oscuros aproximarse. A pesar de que era Halloween y de que Gabrielle estaba segura de que solo se trataban de estudiantes disfrazados, ninguna se había quedado muy convencida y se habían querido alejar de ellos. En cuanto habían comprobado que no eran imaginaciones suyas y de que realmente habían comenzado a seguirlas, Luna la había tomado del brazo y había echado a correr. Gaby no había estado muy conforme al principio, pero tras ver con sus propios ojos como esas figuras se habían lanzado a perseguirlas, se había tragado sus preguntas y había seguido a la otra chica sin chistar.

"Luna? Crees que los hemos despistado?" comenzó a preguntar Gabrielle cada vez más preocupada.

Pero Luna no la oía, tenía centrado el oído en un ruido que le había puesto los pelos de punta y un olor que nunca podría olvidar. Ese olor a aceite y a plata en polvo que parecía flotar en el aire. Y por el rabillo del ojo pudo ver entre los oscuros ropajes de un tipo cercano, el reflejo de la luz de la luna en un objeto plateado que tenía forma puntiaguda y todas las alarmas sonaron en su cabeza. Sin hacer caso de las cada vez más altas preguntas de Gabrielle, la tomó del brazo y echó a correr. Tenía que alejarse de allí, y cuanto antes mejor.

Pronto ambas chicas se vieron corriendo como locas por una calle enormemente transitada que apenas las dejaba pasar sin empujar a alguien. Convencida de que por ahí no podría avanzar bien, Luna giró a la derecha por un callejón casi vacío y continuó corriendo y arrastrando a la cada vez más confundida Gabrielle. Por suerte la chica pareció comprender que algo malo pasaba, porque había dejado de preguntar, y contagiada por la angustia que parecía estar adueñándose de Luna, había empezado ella también a correr. El callejón resultó no ser una de las mejores ideas ya que apenas unos minutos después se dieron de brucen con el enorme muro que lo convertía en un callejón sin salida.

La mente de Luna comenzó a trabajar sin descanso, tratando de solucionar el problema que tenían entre manos. Por delante un muro gigante y justo detrás… mejor no pensarlo. Tenía que haber una manera de salir de allí, y debía encontrarla rápidamente. Como si de una respuesta a sus plegarias se tratara, una de las puertas laterales se abrió para dejar salir a un cocinero con la basura. Luna ni lo dudó y tras coger aún más fuerte el brazo de Gabrielle, tiró de ella para introducirse a la velocidad del rayo en el interior de la cocina del restaurante chino.

Cientos de especias mezcladas con diferentes comidas y cinco cocineros salteando y flameando fue lo primero que identificó Luna al entrar al local. Sin hacer caso a esas menudencias, ambas chicas avanzaron entre la gente de la cocina desoyendo los gritos furiosos de los trabajadores y lo que debían de ser horribles palabrotas en otro idioma. Un repeinado y trajeado individuo con aspecto de camarero hizo el amago de detenerlas nada más salir de la cocina, pero el empujón de Luna lo envió trastabillando hasta unas mesas cercanas donde impactó con envidiable puntería y destrozó la vajilla de las mismas, bañando de sopa de aleta de tiburón a los sorprendidos clientes. Sin parar a contemplar si el tipo se levantaba a perseguirlas o no, ambas chicas volvieron a comenzar a correr y salieron por la entrada del restaurante ante gritos y miradas de asombro de los comensales.

Volvían a estar en la calle aunque esta vez en una zona algo menos transitada. Por un breve instante Luna consideró la posibilidad de haber perdido a sus perseguidores, pero el ruido metálico acompañado de unas respiraciones pesadas confirmaron que no habían tenido suerte. Eso significaba que tenían que irse de allí inmediatamente antes de que volvieran a encontrarlas. Esta vez tomó rumbo al bosque que no se hallaba muy lejos de su posición. Tal vez gracias a la oscuridad reinante fueran capaces de despistarlos entre los matorrales y pudieran volver a casa sin que les vieran. Su mente aterrada solo tenía dos objetivos en mente en ese momento, huir de los perseguidores y asegurarse de proteger a Gabrielle. Esperaba poder cumplir lo primero porque de lo contrario sabía que jamás podría llegar a cumplir lo segundo. Si daban con ellas, morirían.

/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**

Mientras tanto de vuelta a la fiesta:

"Ha sido increíble" gritó Cho riéndose como una loca mientras se escurría la trenza del pelo mojando así el suelo.

"Desde luego va a ser una fiesta inolvidable" coincidió Harry sonriendo y tratando de retorcer su camisa pirata esperando así que se secara antes.

"Y que lo digas, viste la cara de Montague cuando Neville se le echó encima? Ha sido una locura." Se rió Draco aún sangrando pero curiosamente feliz. Hacía tiempo que tenía ganas de devolvérsela a ciertos integrantes del equipo de futbol del instituto, y esa noche se había podido quedar a gusto.

"Muy normal no ha sido" asintió Fleur también mojada hasta los huesos. El agua helada había ocultado sus lágrimas del resto de la gente, y cuando había visto el aspecto de Hermione completamente calada y con aspecto de cachorro abandonado, había estallado en risas y eso le había devuelto el humor. Ya se deprimiría al día siguiente.

"Ten, ponte esto por favor" le pidió Hermione sonrojada mientras le tendía su largo abrigo a la chica.

"Por qué" preguntó Fleur sorprendida. Era cierto que el abrigo vaquero estaba algo más seco que sus ropas, pero también estaba mojado.

"Llevas un vestido blanco y estás completamente calada Fleur" reveló Cho como si fuera evidente a la chica.

"Y eso que… OH" exclamó la chica al darse cuenta de que la ropa mojada se acababa de convertir en ropa completamente transparente. Agradecida tomó el abrigo que Hermione le tendía con una calurosa sonrisa de agradecimiento. "Merci."

"No hay por qué darlas" murmuró Hermione desviando la mirada. Ella había sido lo suficientemente caballerosa como para no mirar nada que no debiera, pero no estaba dispuesta a arriesgarse con los modales del resto. Cuanto antes se tapara, antes dejaría de gruñir el animal que tenía en ese momento en la mente.

"Dios mío, dónde está Gabrielle?" preguntó de pronto Fleur sintiéndose culpable por no haberse acordado antes de su hermana.

"Recibí un mensaje hace un rato, decía que Luna y ella se iban a cenar algo" respondió Draco rápidamente. "Ha sido poco antes de que empezara la pelea, así que no estaban ahí dentro. Seguramente todavía estén cenando tranquilas ajenas a todo este lío."

"Me alegro" suspiró aliviada Fleur. "No me gusta la idea de que Gaby haya podido estar presente en medio del desastre. No me quiero ni imaginar lo que podría haberles pasado."

/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**/**

En el bosque:

"No, no, no" pensó Luna aterrada volviendo a comprobar que el lugar en el que se hallaban estaba siendo rodeado poco a poco, sin duda a punto de convertirse en una emboscada. Los sabuesos aún no parecían haber dado con su rastro, lo cual era un pequeño alivio en esa complicada situación. Aún así el resto no tardaría en rodearlas y eso llegaba a suceder, ninguna viviría para ver un nuevo amanecer.

"Luna? Por qué nos hemos parado?" susurró Gaby jadeando y tratando de recuperar el aliento. Por suerte para ella el asma no se le había llegado a disparar, pero a juzgar por el ardor en sus pulmones, era posible que no tardara mucho.

"Ssshh" la acalló Luna suavemente volviendo la cabeza para captar mejor los sonidos. El ruido de tres pares de botas haciendo crujir las hojas del suelo le indicaron que sus perseguidores no se hallaban muy lejos. Si quería que salieran con vida, iba a tener que hacer una locura, y una gran estupidez. "Sube."

"Como?" preguntó Gabrielle sorprendida y sin comprender. "Que suba a donde?"

"A mi espalda" la urgió Luna descalzándose y luego dándole la espalda a la chica, agachándose un poco a la espera de que se subiera. "Pasa los brazos por mi cuello y sujétate bien con las piernas. Date prisa!"

Apremiada por la angustia en la voz de la siempre calmada chica, Gabrielle no titubeó y con un pequeño salto se subió a las espaldas de Luna convencida de que la chica no podría con su peso. Para su sorpresa Luna no pareció tener ningún problema para sujetarla en su espalda e incluso la aupó para que subiera un poco más arriba.

"Escucha, lo que vas a ver ahora te va a sorprender, y te prometo que responderé todas tus preguntas más adelante. Pero por favor, prométeme que te vas a agarrar con fuerza y que vas a estar callada. Por favor."

"De acuerdo" accedió Gaby confusa y sin saber por qué la otra chica se había descalzado. Es decir, no pensaría caminas con ella a la espalda y descalza por el bosque, no?

Al oír su confirmación, Luna no perdió más tiempo y se puso a correr con ella en la espalda. Al principio no parecía que fueran muy rápido, pero pronto el paisaje bañado por la luz de la luna comenzó a pasar cada vez más y más rápido. Luna pudo oír como el corazón de la chica de sus espaldas se disparaba y como su respiración se entrecortaba. Pero no tenía tiempo para entretenerse con ello, así que continuó huyendo de sus perseguidores que cada vez sonaban más cerca. Gracias a las garras de sus pies, el tomar velocidad cada vez le fue más sencillo y gracias a ello ya no resbalaba por culpa de la hojarasca esparcida por el suelo del bosque. A cada segundo que pasaba podía sentir como su cuerpo cambiaba más y más hasta alcanzar el aspecto de lobezna que había mostrado a Harry en el almacén hacía casi un mes. La luna aún no estaba llena, de modo que seguramente cuando la adrenalina dejara de fluir por sus venas y el miedo dejara de impulsar sus piernas, seguramente iba a sentir el resultado del gran esfuerzo que estaba llevando a cabo.

Pero ese no era el momento de pensar en esas cosas, tenía que tratar de escapar el círculo que les estaban preparando y llevar a Gaby sana y salva. Además, tenía que advertir a su familia de la presencia de esa amenaza, a ser posible de una sola pieza. Por ello, cada ruido que sus orejas captaban o cada vibración del suelo que sus pies eran capaces de sentir eran examinadas hasta la saciedad por su hiperactivo cerebro mientras huía. Seguramente gracias a ello, fue capaz de evadir la primera ráfaga de proyectiles que impactaron en el tronco del árbol frente al que su cabeza había estado apenas unas milésimas de segundo atrás.

Aterrada pensando que uno de esos proyectiles podía alcanzar a la chica de su espalda, Luna se obligó a correr aún más rápido y a tratar de esquivar a sus perseguidores entre el follaje del bosque. Izquierda primero, bruscamente a la derecha después y por último el salto de un desnivel bastante serio. Huyendo de todos los claros del bosque que podía, avanzó a través del oscuro bosque agradecida por su mejorada visión nocturna y rezando por ser poco menos que invisibles para sus perseguidores. Cuando las piernas le comenzaron a flaquear y respirar se le empezó a ser una tortura, volvió a analizar la situación como Hermione la había explicado durante algunas de sus conversaciones y trazó un nuevo plan.

Corriendo en línea recta hacia un claro del bosque rodeado por los árboles más ancianos y más altos del lugar, Luna dirigió el resto de su energía hacia sus piernas y con un último esfuerzo las encogió ligeramente tomando impulso y saltó sobre el tronco de uno de los gigantescos árboles que tenía justo delante. Con ayuda de sus garras tanto de las manos como de los pies, continuó trepando por el rugoso tronco rezando por llegar a una altura apropiada antes de que sus perseguidores alcanzaran su posición. Una y otra vez sus manos y sus pies se clavaron en el duro tronco para darse impulso en la subida completamente vertical. Aliviada de que la otra chica aún se mantuviera firmemente abrazada a ella cual koala, continuó son descanso su ascenso hasta alcanzar la copa del árbol rezando para que sus perseguidores no las descubrieran.

"Bueno, y hasta aquí hemos llegado por hoy. En esta primera parte de la noche, espero haber suscitado vuestra curiosidad así como haberos contentado un poco respecto a la interacción entre Fleur y Hermione. En el próximo capítulo veremos como acaba la noche."

"Muchas gracias por haberlo leído y como siempre todos los comentarios/desvaríos serán bien recibidos ya sean buenos o malos (las amenazas y las sugerencias/demandas de suicidio hacia mi persona serán recibidas solo que no tan bien como el resto). Como ya he mencionado anteriormente, el próximo capítulo espero que esté listo para el próximo sábado. Gracias por leer el capítulo y hasta la próxima. Paz y amor".