HOLA CHICAS/OS. COMO ANDAN HOY? BUENO AQUÍ LES TRAIGO OTRO CAPÍTULO. LES CUENTO QUE SUBIRÉ LOS DOS CAPÍTULOS DIARIOS AHORA MISMO, PUES MÁS TARDE NO ESTARÉ.
ESPERO QUE LES GUSTA. NESSIE YA SABE BIEN A QUIÉN ELEGIR. SABE QUE QUIEN LA HACE TIRITAR NO ES PRECISAMENTE SU QUERIDO JASON.
CAPITULO 9 ~ Y OTRA VEZ…
- ¿Te ha intentado besar o ha sido mi imaginación? – y ahí va. – Pues no me pareció imaginármelo. Es un descarado, estaba yo enfrente y te besó muy cerca de los labios. Luego, te miraba de una forma extraña. Algo le pasa a ese tío, Renesmee. ¿Y qué es eso de "Ness"? Es patético ese sobrenombre. ¿Acaso…? ¿Renesmee es que has tenido algo con él? Pues sí es así me lo tienes que decir para que no siga haciendo el papel de tarado. – tomó aire. – Además ni siquiera me ha querido dar la mano, no tiene educación. Es un salvaje. Seguro que le gustas, es por eso que reaccionó de ese modo. ¿Pero es que no me vas a responder nada, Renesmee? Habla.
- Pues deja de hablar, Jason. No puedo abrir la boca si tú no paras. – me enojé. De repente los humos se me habían puesto por el aire. – No pasa nada con él, y es así. Es su forma de ser, no te creas tan especial. Él sólo es un amigo.
- No parecía eso. ¿Y cómo es que has ido a hablarte con alguien así? Tú eres refinada, eres de categoría, él ni siquiera tenía zapatos puestos.
- Bueno, detente. Si has venido aquí para eso, ya puedes marcharte. – le grité.
Se quedó mirándome y me sentí un poco mal por no tenerle paciencia, pero es que el que todos nos reencontráramos, la actitud de Jacob, los gruñidos de mi padre, todo me había puesto nerviosa y no tenía ganas de estresarme y él estaba haciendo eso conmigo recriminándome cosas de las que yo no era culpable.
- Vale, lo siento. – se acercó y me tomó por la cintura. – Te amo.
- Yo a ti, Jason. Disculpa, lo siento cielo. Siento ponerme así. – me disculpé. Me sentí invadida por una ola de culpabilidad. Él había venido desde Alaska para verme sólo a mí, no podía pensar más ya en Jacob. Ahora debía dedicarme a mi novio.
Había pasado una semana y desde la vez en que llegó Jason, ya no había vuelto a ver a Jake. Al principio lo eché mucho de menos y me atormentaba con la última vez que habíamos discutido, su rostro triste, sus ojos luchando contra las lágrimas… Luego me torturaba con el último beso que me dejó sobre la comisura de los labios. Su calor, su aliento dulce y tan atractivo para mí.
Luego sufrí por mi novio y me propuse olvidar todo lo que provocaba el lobo en mí. No era justo ni siquiera para mí misma. Me estaba lastimando, papá sufría por mí al leerme los pensamientos. Y mamá sufría cuando hablaba con Jacob por teléfono y lo notaba ido.
Así que iba a cumplir con mi promesa.
- Amor, quiero que regresemos mañana a Alaska. – le dije a mi novio que se encontraba a mi lado mirando televisión. Giró su cabeza, apartándola del monitor para mirarme con los ojos bien abiertos como platos.
- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Es que no la estás pasando bien? – me preguntó poniéndose de frente.
- Claro que la estoy pasando bien, pero es que no quiero que nos retrasemos en el instituto. Más que nada por mí, pues estoy muy perdida. – me excusé, aunque no fuera cierto. Quería alejarme todo lo posible de Forks, de todos los sentimientos y las reacciones que afloraban con él.
- Vale. – hizo una pausa. – Tienes razón, no quiero ser egoísta. Estás muy retrasada y, además prometí ayudarte, ¿recuerdas? Y sólo… - me besó el cuello. - … sólo nos hemos dedicado a estudiarnos a nosotros mismos, ¿no crees? – siguió besándome subiendo entre beso y beso hasta llegar al lóbulo de mi oreja.
- Ya déjalo, Jason. No tengo ganas hoy. – le dije apartándome.
- Pues no has tenido muchas ganas de hacerlo desde que estas aquí. – me reprochó serio. – Sólo lo hemos hecho dos veces, Renesmee. ¿Es que ocurre algo?
- No. Dos veces está bien, ¿es que te has vuelto adicto? – comencé a ponerme nerviosa. Mis pies se movían con bastante velocidad, de un lado a otro y mis manos se enredaban mientras comenzaban a sudar. Me acerqué a la puerta de entrada, la abrí y me senté en los escalones. Quería que el aire me diera en el rostro, quería olvidarme de la conversación que estábamos teniendo. Me parecía absurdo que me haga una escena por no querer tener sexo con él. No me apetecía. Ya no. Las veces que estuvimos juntos, desde su llegada, fueron por cansancio, pues Jason cuando quería era muy insistente.
- ¿Estamos bien? – me preguntó a mis espaldas, a unos pocos centímetros de mí.
- Sí. Estamos bien. Sólo que no me apetece. – le respondí seria.
- Bien. No lo haremos. Respetaré tus tiempos. – suspiró. – Sólo que me resulta raro. Antes lo hacíamos cuanto podíamos, Renesmee. Y ahora… ahora me esquivas. ¿Es que no te gusto más?
- No es eso. – me giré con el ceño fruncido. – No sé qué sucede conmigo, ¿vale? Quizás estoy funcionando mal o algo. Pero no me apetece. Y tú me presionas, antes no lo hacías.
- Es que antes no hacía falta presionarte. Tú misma me buscabas.
- Bueno, pues ahora no me apetece, Jason. No quiero tener sexo contigo ahora. – grité sin fijarme que detrás de Jason estaba mi madre. Al escuchar estas palabras se quedó mirándome con desaprobación, pero cuando se percató de la expresión de mi rostro sólo se puso seria y carraspeó para que mi novio advirtiera su presencia.
- Bella, no te oí llegar. – le dijo éste dándose la vuelta para arrimarse a ella.
- Descuida. – le dijo y luego volvió a posar sus ojos en mí. – Renesmee, iremos a ver a tu abuelo. ¿Quieres venir?
- No, m… Bella. – dije percatándome a tiempo de lo que iba a decir. – Me quedaré aquí haciendo las valijas.
- ¿Valijas? – preguntó ella extrañada.
- Sí, mañana nos volveremos a Alaska. Tu cuñada quiere ponerse al día con el instituto. – le respondió por mí Jason. Mi madre sabía que no era cierto por lo que se le notó una gota de agobio por mi culpa. Ella sufría cuando yo lo hacía.
- Ya veo. ¿Sabe Edward de esto? – dijo ella.
- Me estoy enterando. – respondió mi padre apareciéndose desde la cocina. - ¿Estás decidida? Dime para que reserve los pasajes.
- Lo estoy, Edward. Sácalos. Mañana a primera hora volveré a casa. – le ordené.
- Muy bien. – dijo éste estirando su mano hacia mi madre. Ésta lo tomó de la mano y se perdieron en sus miradas unos segundos. – Vamos, cariño. Vamos a despedirnos de Charlie.
- No, Edward. No hace falta que ustedes también se vuelvan. – me apresuré a decir.
- No te preocupes, cariño. Teníamos pensado irnos en dos días de todos modos, te lo íbamos a decir pronto. – me dijo mi madre.
- Oh. Pues… entonces yo también iré con ustedes, así me despido.
- Espera. – me frenó mi novio. - ¿Y si organizamos una cena de despedida? – todos lo quedamos mirando en silencio por un momento. No era una mala idea. – Bella, ustedes pueden ir ahora para organizar si será en su casa o aquí mismo, y luego vuelven y nos cuentan. – hizo una pausa. – Es que quiero llevar a Renesmee a un lugar.
- ¿Qué lugar? – pregunté.
- Sorpresa.
- Bueno, me parece una idea genial. – soltó mi madre con una sonrisa. - ¿Qué dices Edward?
- Está bien. Vámonos ahora mismo, así tenemos tiempo de hacer las compras. – le respondió él. – Compórtense. Tú… - lo señaló a Jason. - … déjala tranquila. Deja de pelearla o te patearé el trasero.
- Vete a la mierda, Edward. – le respondió mi novio con confianza. Cuestión que hizo enfadar mucho a mi padre, hasta mi madre rugía por dentro.
Una vez que se fueron, no le dirigí palabra a Jason y subí las escaleras para dirigirme a mi habitación. Comencé a hacer las valijas hasta que mi novio se apareció de repente frente a mí. Podría jurar que estaba adoptando los movimientos vampíricos, pues no había hecho ruido alguno y me había asustado.
- Cielos, Jason. – refunfuñé.
- Lo siento. – dijo con timidez. – Amor, quiero que te pongas el traje de baño.
- Ya te he dicho que no quiero acostarme contigo ahora.
- No es por eso. Quiero que vayamos a la playa. Es nuestro último día. – fruncí el ceño. – Por favor, amor. No quiero que peleemos. Pasemos una bonita tarde.
- ¿A qué playa quieres ir?
- Sorpresa.
Cuando decía eso, temblaba. Accedí a pasar la tarde con él porque yo tampoco quería que siguiéramos peleando. Me hacía mal, y a él también.
Sólo rogaba que no me llevara a La Push. Pero mis ruegos no se hicieron oír y pronto estuvimos aparcando el auto en el estacionamiento de la playa quileute.
El día era genial. No había un sol fuerte pero había uno que iluminaba todo el mar y lo hacía verse más bonito. Las nubes lo habían despejado todo y no había viento frío.
Nos acomodamos a unos pocos metros de la orilla. No había lugar. Había mucha gente y no todos eran de la tribu, seguramente la mayoría sería turistas como nosotros.
Habíamos llevado algunos emparedados por lo que empezamos a comerlos ni bien nos sentamos sobre la arena cálida. Comenzamos a hablar de temas sin mucha importancia, pero que nos provocaban risa y por eso valía la pena sacarlos a flote.
Por un momento me sentí muy a gusto allí. Hasta le había permitido besarme otra vez. Pero no duró mucho pues un balón había golpeado su cabeza interrumpiendo nuestro beso.
- ¿Pero qué demonios? – exclamó Jason enojado. Inmediatamente, giré mi cabeza para ver de dónde venía, y hubiese querido no girarla nunca.
Una muchacha de cuerpo esbelto y piel morena se acercaba a trote sonriendo con picardía, al parecer no había sido ningún accidente.
- Hola Nessie. ¿Qué haces aquí? – dijo ella en cuanto estuvo a mi lado. Ni siquiera fue capaz de disculparse. Jason la miraba medio embobado pero seguía frotándose la cabeza por lo que no le presté atención.
- Hola Sammy. Vine de paseo, ¿qué, no puedo? – le pregunté.
- Claro que puedes. Lo raro no es que estés aquí, sino con quién.
- ¿Qué tiene de malo que esté conmigo? – le preguntó Jason ahora serio. Ella lo ignoró y siguió hablándome sin mirarlo.
- ¿Sabe Jacob que lo has traído? – lo nombró. Su nombre provocó pequeños espasmos a lo largo de todo mi cuerpo.
- ¿Qué tiene que ver Jacob aquí? – pregunté seca intentándome hacer la ruda.
- Pues nada. Creí que ustedes dos estaban juntos. – dijo ahora mirando de reojo a Jason, lo estaba haciendo apropósito.
- ¿Juntos? – preguntó él. Ello lo miró y le respondió.
- Sí. Pues la última vez que ella estuvo aquí, se los veía muy acaramelados.
- Cierra la boca, Samantha. Deja de inventar. Que te haya pateado el trasero, no quiere decir que tengas el derecho a meterte en mi vida. – le escupí. Jason tragó saliva notoriamente y no dijo ni una palabra.
- Quien tiene que cerrar la boca eres tú, maldita. – dijo abalanzándose sobre mí. Puse mis brazos a modo de protección pero nunca sentí el peso de su cuerpo sobre mí. Cuando la miré la vi entre los brazos del hombre más hermoso del planeta. La estaba frenando para que no me hiciera daño, ella se retorcía en sus brazos pero no podía escaparse de ellos. Detrás de Jake estaban Seth y Jared que me saludaron con una sonrisa enorme en el rostro como si nada estuviera ocurriendo. Jason se puso de pie un poco alarmado por lo que estaba pasando, no entendía nada.
- ¿Te vas a calmar? – le preguntó Jacob a Sammy. Ésta asintió rendida y él la soltó. Creí que se me tiraría encima para clavarme sus colmillos pero no. Me miró con odio y se marchó dejándome a Jake enfrente. – Hola Nessie. – me saludó. Estaba esperando tanto oír su voz, que cuando habló me pareció lo más hermoso que jamás había escuchado. Le sonreí como una tonta y él hizo lo mismo deslumbrándome con la perfección de su sonrisa.
- Hola Jake. – respondí como si fuera la primera vez que hablaba con él. Jared lanzó una carcajada pero Jake lo calló con la mirada.
- Siempre les pasa lo mismo. Son todas iguales. – dijo Jared sin que yo pudiera entenderlo, quizás se refería a que todas las chicas reaccionaban de este modo absurdo cuando veían a Jacob pasar. Mi lobo preferido volvió a lanzarle una mirada asesina y el otro bajó la cabeza mirándose los pies.
- ¿Cómo están? – preguntó Jake a mí y a Jason.
- Pues sorprendidos, tío. Esa chica que estaba recién, se veía como una fiera loca. – le respondió mi novio pero yo no le sacaba la mirada de encima a Jake, era como que mis ojos querían mirarlo por todo el tiempo que se habían perdido de él.
- Sí, es una loba. – le dijo Seth riendo. - ¿Qué hay, Ness? – me saludó y yo le respondí con la mano.
- Qué bueno que hayas vuelto por aquí. – me dijo Jake haciendo que mi corazón latiera más deprisa de lo normal. Tragué saliva para que se deshiciera el nudo que se había formado en mi garganta. Pero aun así no me salieron las palabras. Él se impacientó y posó sus ojos en la arena. Eso me descolocó pues no quería que me dejara de mirar, quería que me siguiera mirando, que me siguiera hipnotizando como siempre.
- ¿Quién era esa chica, Jacob? – me desconcentró la voz de Jason y me giré para verlo. - ¿Por qué le quería pegar a Renesmee?
- Es que esa tía andaba con Jake hasta que llegó Nessie, claro. – habló Seth, haciendo que Jacob y yo lo asesináramos con los ojos. Éste se disculpó y decidió irse para no estorbar más y Jared lo siguió.
- ¿Qué tienes que ver tú en todo esto, Renesmee? Respóndeme. – me exigió Jason.
- Tranquilo, ¿vale? No es nada de lo tú te imaginas. – le dije. – Es que… esa chica…
- Era mi novia, como te dijo mi amigo Seth recién. – me interrumpió Jake. – Y justo en el momento en el que llegó Nessie a Forks, yo corté con ella. Y como Bella es mi mejor amiga y había vuelto, comencé a ir seguido a la mansión Cullen…
- Espérate, espérate. ¿Bella tu mejor amiga? ¿Qué ella ha vuelto? – se percató, comencé a ponerme nerviosa y mi lobo preferido se dio cuenta de que había metido la pata, pero decidí no darle tantas vueltas.
- Sí. Ella vivía aquí antes, hasta que conoció a mi hermano. – Jake al escuchar nuestra excusa comenzó a carcajearse, tanto que hasta se tomaba de la panza para que no le doliera. Jason no entendía el chiste y yo quería asesinarlo.
- ¿Qué es lo gracioso? – se preguntó mi novio.
- Es que… - siguió riéndose. – Vale, lo siento. Eso que dice Nessie es verdad, pues bueno. – se rió un poco más pero luego se calmó para seguir explicándole. – Pues, me hice muy amigo de Ness también y un día la traje a conocer la playa y Sammy nos vio y se creyó que éramos algo más. Pero tío, quédate en paz, que entre nosotros no ocurre nada, ¿verdad, Nessie? – me preguntó con una mueca seductora, casi se me sale el corazón cuando me la hizo.
- S… sí. – tartamudeé.
- Claro, ahora lo entiendo. – se metió en sus pensamientos Jason. – Vale, ¿quieres quedarte con nosotros? Sé que no hemos comenzado de la mejor manera, pero es que tienes que entenderme. Me puse celoso, Jacob. Tengo que admitirlo.
- Jason… - intenté frenarlo.
- No, déjame que le explique mi reacción. – me interrumpió. – Es que eres un tipo guapo y estás lleno de músculos y todo eso. Eres el típico niño que tiene todas las mujeres. Pues creí que Renesmee se había deslumbrado también.
- Ya. Tranquilo. Sólo somos amigos. Y… respecto a tu invitación… ¿Por qué no hacemos al revés? ¿Por qué no se vienen ustedes conmigo? Mira, Nessie, allí están todas las chicas, ¿ves? – dijo señalándome a Leah, Emily, la pequeña Claire y su hermana Rachel. Sonreí. De veras que me daba gusto volver a verlas.
- Sí. Sería genial, Jake. – le dije con entusiasmo. Él me regaló otra de sus sonrisas frenando mi euforia para convertirla en hiperventilación.
- Vale, si mi princesa lo desea, iremos contigo. – le respondió mi novio, así fue que tomamos nuestras cosas y nos trasladamos hacia donde estaban todos. También estaban los lobos que se encontraban jugando un partido.
Cuando las chicas me vieron corrieron a saludarme y abrazarme. Eso me dio mucho gusto, me sentí aceptada, a pesar de mi condición de semi vampireza. No lo recibieron de la misma manera a mi novio, eso lo defraudó, pero pronto se le pasó al verme feliz a mí.
Seth fue el único de los muchachos que se sentó a conversar con Jason, también de vez en cuando se le acercaba Sam, pero estaba más ocupado cuidando a sus niños.
Cuando Jason se fue a jugar a la pelota con los chicos, Jake se me acercó y se sentó a mi lado. Al principio no dijo nada, tenía la mirada puesta en el océano, eso me ponía nerviosa, pero pronto sus labios perfectos se despegaron y habló.
- Hoy es un día muy bonito. Mira la cantidad de gente que ha venido a nuestras playas. Eso es bueno. – soltó sin mirarme.
- Pues es una playa muy linda. Me gusta porque la arena es blanca y tibia y hay muchas rocas a nuestro alrededor.
- ¿Te gustan las piedras gigantes de por aquí? – dijo ahora fijando su mirada en mí. Las chicas se habían apartado unos centímetros para que quedáramos a solas. Me daba la impresión de que querían que ligáramos.
- Sí, en Alaska no hay así, además el mar… el olor de la sal… es muy hermoso.
- Tú estás hermosa hoy. Aunque lleves ese vestido puesto. – rió haciéndome sonrojar.
- Muy gracioso. – dije tomándome las mejillas.
- Es cierto. Estás muy linda hoy. Y… acompañada.
- Sí. Qué bueno que lo hayan invitado a jugar. A las chicas no les cayó muy bien al parecer. – solté mirándolas de reojo.
- Es que las chicas todavía creen en los cuentos de hadas. Bueno, en este caso de vampiros. – sonrió.
- ¿A qué te refieres? – pregunté.
- En que les gusta las historias de imposibles, como Romeo y su Julieta.
- ¿Qué tiene que ver con Jason?
- Que piensan que no es el Romeo indicado para ti.
- ¿Y piensan que lo eres tú? – sonreí.
- Sé que es absurdo, pero es así. Así como yo te traje aquel día a la playa, Paul trajo a Rachel, Sam a Emily y así los demás… creyeron que tú y yo…
- Oh. – sólo dije para luego sonrojarme.
- Sí, es absurdo.
- ¿Por qué? – quise saber. Ahora él se había sonrojado y pude notar un brillo especial en sus ojos.
- ¿No piensas que nosotros dos juntos seríamos absurdos? Digo, tú vampireza, yo un lobo.
- Ya veo. Romeo y Julieta. Amores imposibles. – lo escuché tragar saliva.
- Soy mitad humana también, igual que tú. Quizás nuestras porciones iguales se lleven bien. – bromeé, pero no fue del todo un chiste.
- Yo creo que te gustaría más mi parte animal. – me siguió el juego.
- ¿Por qué lo dices?
- Pues porque soy salvaje, nena. – rió contagiándome a mí también. De pronto, como siempre, nos vimos envueltos en sonrisas sin razón, que fueron apaciguándose y dejándonos con los ojos fundidos el uno en el otro.
Se mordió el labio inferior cuando miró el mío y eso me provocó una corriente eléctrica. De un momento a otro, me dieron unas ganas irrefrenables de besarlo, de morderlo, de tocarlo. Comencé a hiperventilar y pude notar cómo nuestros rostros se acercaban lentamente para unirse.
Pero él, que actuó con consciencia, se apartó y carraspeó para despejarme. Luego nos quedamos mirando el mar, las olas que golpeaban la arena de forma salvaje… Salvaje.
- ¿Quieres ir a mi casa a buscar unos refrescos? Estamos cerca. – me preguntó sin mirarme.
- Sí. – dije sin dudar. Los insectos en mi interior empezaron a hacer de las suyas dentro de mí. Pero no podía actuar de esa manera, no estaba sola. - ¿Puede venir Jason? – dije rogándome que me dijera que no.
- Claro. – maldición, por qué me ponía tan nerviosa estar a solas con él. Se levantó y me esperó en el estacionamiento.
Me acerqué a donde estaba Jason y le dije que iríamos a la casa de Jake pero se negó. Dijo que estaba demasiado metido en el juego como para ir sólo por unos refrescos, que vayamos sólo los dos y que le traiga un refresco de cereza para él.
Creí que sus celos siempre serían más importantes que cualquier otra cosa, pero al parecer me había equivocado.
Las chicas me guiñaron un ojo cuando pasé a su lado haciéndome sonrojar una vez más. No sé qué se pensarían. Cuando Jake me vio llegar sola, sonrió y yo como siempre, le devolví la sonrisa. Porque a mí también me daba gusto pasar un tiempo a solas con él, aunque sólo fuera para buscar las bebidas.
Caminamos en silencio todo el trayecto hasta la pequeña casita roja.
CUENTENME SI LES HA GUSTADO! BESOS Y GRACIAS POR LEERME.
