Mark POV
Jake y yo buscamos juntos por la zona del tren que quedaba y no lo encontramos. Es extraño, durante todo el viaje nos estuvo espiando y cuando lo buscamos no está.
"¡Psst!" me llamó Jake. "Creo que he oído algún grito."
De repente vimos que alguien caía fuera del tren. Sólo me pasó una cosa por la cabeza. Las chicas. ¿Y si era alguna de ellas?
Jake y yo las buscamos por el tren. Encontramos a Casey recostada en la puerta de los baños.
"¡Casey!" gritamos Jake y yo.
"¿Y Denisse?" pregunté. Sólo podía mirar por la puerta con un cristal roto.
"¿Alguien me busca?" preguntó Denisse abrazándome por detrás.
Suspiré aliviado y mi giré para darle un beso.
"Madre mía, creía que eras la persona que cayó del tren."
Me cogió la cara y me miró fijamente.
"Nunca, repito nunca, me iré sin avisarte antes" Susurró.
"Oh..." dijo Jake sarcásticamente. "Que monada."
"O sea" intervino Casey, "¿estás preocupado por Denisse y por mí no? Vale, vale. Ésta me la apunto."
Se dio media vuelta fingiendo tristeza y esperó a que hiciera algo. Como siempre, no podía dejarla así. Me daba pena aunque supiera que fingía.
"Vamos, ven aquí" la invité a que me diera un abrazo.
Sonrió y me abrazó tan felizmente.
"Bueno, ya basta de abrazos" dijo Jake. "¿Habéis tirado al tipo ese fuera del tren? ¿Estáis locas? Podría habernos servido..."
"Era un dios menor. Bueno, es un dios menor" se corrigió Denisse. "Lo reconocí de cuando estuvimos en el Olimpo por última vez."
"¿Y por qué lo habéis tirado?" pregunté. "¿O se ha tirado el solo porqué le dais miedo?"
"Creíamos que era lo más divertido para hacer" contestó Casey. "Nos aburríamos. Además, quería dispararnos."
"¿Divertido?" preguntó Jake. "Se os va la olla, chicas."
Ella le sacó la lengua y le dio un codazo.
"¿Y ahora qué?" pregunté. Algo debíamos hacer. Debíamos ir a algún sitio, encontrar a Iris. Pero ¿cómo? No tengo ni la menor idea. Si esas estúpidas profecías fueran un poco más precisas...
"Cuando lleguemos a Danville buscaremos algún sitio donde alojarnos e intentaremos descifrar la profecía, ¿de acuerdo?" dijo Casey.
Cuando por fin llegamos a Danville nos alojamos al primer hotel con habitaciones libres y decidimos descansar del viaje. La habitación no era lo que digamos grande. Pero era lo bastante amplia para cuatro camas, un armario y dos butacas con un televisor de esos antiguos. Olía a pizza con bacon y a tabaco. Me entró hambre pero aún no era hora de comer y no podía contenerme.
Denisse abrió las ventanas y las cortinas para que la habitación se ventilara y entrara aire fresco. Me senté en la butaca y encendí el televisor. Pero tampoco prestaba mucha atención. Solo ponían culebrones mejicanos o películas del oeste. Si tenía que elegir, elegiría escuchar a Casey y Jake discutirse; que si Kasandra eso, que si nuestro próximo destino seria al norte o al sur... Ella intentó portarse bastante bien con ése tema de Kasandra y Jake saliendo juntos, pero yo se que por dentro se sentía terriblemente fatal. Furiosa y triste. Incluso un poco celosa. Quién sabe lo que pasa por la mente de una mujer. Aunque Casey... tenía más la mente de un hombre. No había visto nunca a nadie jugar contra Jake al Call Of Duty y ganar. Ella lo hizo, lo ganó. Él se enfado un montón, pues claro. Era humillante jugar a videojuegos con una chica y que te ganara.
"Chicos, no aguanto más" dije. "Me estoy muriendo de hambre, voy a buscar algo que comer."
"Trae algo para nosotros" pidió Denisse.
Asentí y salí a buscar algún supermercado. Era mejor que tener que pagar el servicio del hotel. Salía más barato.
Cogí un paquete de cuatro muffins de chocolate, una bolsa de patatas y una botella de Seven-Up.
El cajero era lo suficientemente bajito como para llegar a la altura de mi cuello y regordete. Juraría que tenía la piel de color gris y llevaba peluquín. Pero seguro que estaba alucinando de hambre. Salí por las puertas automáticas y me pareció ver una silueta de un caballo en el tejado de la casa de enfrente. Lo que yo decía: estoy majara. Cogí un atajo para no tener que caminar tanto. Así me ahorraría un minuto de más.
El cielo estaba nublado y era de un gris deslumbrante. Hacía viento y por donde yo pasaba no había mucho ambiente. Tuve la típica sensación de que algo extraño iba a pasar y llevé la mano que no sujetaba la bolsa a mi bolsillo. Mi espada Xiphosestaba allí. Bueno, más que una espada era un multiusos que se convertía en espada cuando lo abrías. De doble filo, cubierta de bronce y con escenas de guerras en la empuñadura, ésa era la mejor espada con la que había luchado. Se equilibraba a la perfección y tenía la largada perfecta para mí. Después de Denisse, era lo segundo que más quería en este mundo. Me la regaló mi padre cuando cumplí los catorce éste pasado mes de Febrero. Una Gladius17-90, la más comprada por el campamento SPQR, el romano, y la más vendida en el Olimpo.
Jake, Denisse y Casey también luchaban con espadas, pero eran las del campamento y no podían transformarse en objetos cotidianos. Tenían que llevarlas envainadas.
Puede que estuviera paranoico aquel día, pero notaba cómo alguien me perseguía. Me di la vuelta y vi al cajero del supermercado empuñando un cuchillo y ya no tenía pelo. Era calvo y con cara de perro. Parecía una foca con aletas por pies y garras afiladas en lugar de manos. Automáticamente dejé la bolsa de la compra al suelo, saqué a Xiphos y me preparé para atacar. Unas largas sombras aparecieron detrás de mí. Me di la vuelta y vi a unos monstruos parecidos pero mucho más altos que el otro. Como dos veces más altos. Eran unos seis o siete entre todos y me miraban furiosos. Sus gargantas parecían soltar una especie de gruñido ahogado y apretaban sus puños con fuerza. Dos de ellos se lanzaron al ataque y di una voltereta hacia un lado para esquivarlos. Me subí al bidón que había al lado y salté hacia ellos lanzando un mandoble. Al primero lo di con bastante fuerza como para convertirle en polvo. El otro solo se llevó un pequeño rasguño.
"¡Ataca si quieres!" gruñía con fiereza.
"¡No vas a llegar hasta ella!" gritó el bajito. "Está muy bien escondida en el monte..."
"¡Pero cállate!" le espetó el que tenía más pinta de perro.
Empezaron a discutir entre ellos y aproveché la ocasión. Me abalancé sobre el primero. ¡Pof! Desapareció. Con el segundo lo mismo. Los tres altos que quedaban y el bajito dejaron de discutir y me atacaron. Intenté lanzar un tajo al bajito pero los otros tres me sujetaron; uno por los brazos, otro por el cuello y otro me apuntaba con su lanza. Forcejeé para deshacerme de ellos pero era imposible. Costaba admitirlo: eran mucho más fuertes que yo.
"Deberíamos matarlo" sugirió el que me cogía por el cuello.
"Sí, deberíamos matarlo" coincidió el de la lanza.
Aferró con fuerza su lanza y cerré los ojos para no ver mi propia muerte. Esperé y esperé, pero nunca llegó. Un caballo negro, alado y que parecía el que vi en el techo del supermercado, apareció volando y se los llevó por delante hasta tirarlos al suelo. Aproveché para cargármelos a todos.
El Pegaso aterrizó a mi lado y me miró.
"Gracias, chaval" dije acariciándole el hocico.
"De nada" respondió.
Di un paso atrás sorprendido. Me parece que sí, se me ha ido la olla. ¿Un Pegaso que habla?
"Anda, no preguntes tanto y súbete a mi lomo. Te llevaré al hotel" dijo.
Preferí callarme y hacerle caso. Cogí la bolsa de comida y me subí a su lomo. Sobrevolamos el camino que quedaba hacia el hotel.
"Oye" tuve que gritar; el viento hacía que no pudiera oír con tanta facilidad. "¿Cómo sabes dónde me alojo?"
"Te he estado siguiendo" reconoció.
"¿Y por qué?" le pregunté.
"Porque estoy preocupado por Denisse y por qué su madre me lo ha pedido."
"Ah" eso fue todo lo que dije.
"¿Y no te extraña el hecho de que pueda hablar?" preguntó.
"Pues sí" contesté sinceramente. "Pero estoy acostumbrado a que este tipo de cosas pase. Es lo que tiene ser un semidiós."
Se rió de mí y me dejó en el patio trasero, junto a la piscina del hotel. Le dije que se quedara allí un momento y me fui a buscar a los chicos. Debían ver aquello. En el campamento teníamos pegasos, sí, pero ninguno de ellos sabía hablar a no ser que fuera mentalmente y sólo con los hijos de Poseidón.
Cuando bajamos para enseñarles el Pegaso ya había desaparecido.
"Yo no veo nada" dijo Casey. "¿Estás seguro de que no alucinas?"
"¡No, te lo juro!"
Volvimos a nuestra habitación y nos pusimos a comer. Les conté lo que me había pasado con los monstruos. Casey dijo que por mi descripción, lo único que podían ser era telekhines. Demonios acuáticos trabajadores de metal. Intenté convencerlos que el Pegaso era real pero casi no me hicieron caso.
Cuando estaba en el supermercado Jake y Casey lanzaron una moneda para escoger donde ir. Jake quería ir al sur y Casey al norte. Si salía cara era el sur, si salía cruz era el norte. Salió cruz. Casey gana a Jake otra vez.
