La Fragilidad de la Flor Lunar

Violeta de Parma: Déjame Amarte

La primera vez que la vio bailar tuvo miedo.

No ese miedo aterrador a morir, si no un miedo quebrado de afrontar que no importaba lo mucho que hubieran hablado y convivido en los últimos tres meses, realmente no conocía a la chica. Que no importaba cuanto su ex-alumna dijera, la realidad es que se había cerrado, que no hablaba de ella, de lo que ella sentía tan a menudo como debería. No la había visto llorar ni reír dejándose el alma, pero él era el menos indicado para reclamarle, era un hipócrita ya que él mismo se había cerrado hacía ya años.

No la había visto con sus viejos amigos a pesar de él mismo compartir tareas con ellos. Y es que las tareas se hacían largas, aun el equipo Yamato no regresaba, no sabía las razones de su retraso pero Tsunade ya le anunció que pronto él también debería salir. La realidad es que no confiaba en muchas personas y si bien sabía que Inoichi estaba haciendo todo lo posible para reintegrar a Sakura al cuerpo militar de Konoha, había algo en ella que rechazaba la ayuda, como si considerara que estaba bien como estaba.

Por eso es que aunque supieran que 'eso' estaba allí, entre ambos, en el mes que pasó desde la charla donde admitió que algo sería posible no había vuelto a abordar el tema. Simplemente lo habían dejado ser, dejado que si algo debía ocurrir lo hiciera sin intervenir. En este mes ella había entregado las armas a sus otros alumnos, dos Tessen con dibujos de dragones en dorado para Moegi que tras verlos se emocionó y adoptó un tipo de vestimenta con cuello Mao y dibujos similares para poder hacer juego con el par de armas.

En el caso de Udon decidieron que algo sencillo era lo más eficiente para complementar su estilo de pelea. De hecho, parecía que tenía una idea particular en el momento de elegir el arma.

"Elegí un jō porque un bō en este instante sería complicado para él manejarlo. Quizá más adelante mande a hacerle uno, pero la defensa del bastón es mucho más amplia que otras armas, especialmente para poner distancia con un enemigo." Le explicó cuando apareció por primera vez con el arma que fácilmente mediría lo mismo que el chico.

Y con esa normalidad había rechazado la idea de que algo nuevo le asombrara de parte de ella, cosa que es uno de los más grandes errores cuando se trata de un shinobi, quienes deberían estar siempre alerta para evitar ese tipo de sorpresas y que las emociones los dominaran.

Algo que hubiera deseado recordar esa noche.

Como siempre habían pasado horas entre las flores de la Roca Hokage, allí donde ella había hecho crecer cientos de flores, luego se había ido a su casa, bañado, cambiado y preparado para cenar un simple misoshiru con tofu; y listo para ir a la cama. Ese fue el momento en el que Genma y Gai llegaron a la puerta, prácticamente arrastrándolo a un bar de nombre raro en el cual entró en completa desgana, pero dejándose llevar.

"¡Que trae mi eterno rival con esa expresión! ¡Como si su juventud se le escapara! ¡Cuéntanos tus penas así recuperaremos tu llama!" Observó al hombre un momento, debatiendo si hacer caso u olvidarse, pero Gai por todo lo imbécil que era para expresarse era en lo que cabía, un buen... ¿amigo? ¿eterno rival?

"Vamos, Kakashi, hace meses que no salimos, ya pareces un abuelo yendo a dormir temprano." Comentó su otro acompañante cuyos labios aun en torno al senbon dibujaban una sonrisa fácil que tenía a la anfitriona del lugar encantada.

"Creo que pasa algo con Sakura..." Comentó observando su sakazuki, el platillo de sake del que bebía, de forma distraída y llamando definitivamente la atención del hombre en spandex verde que seguía con sus exclamaciones de juventud y energía.

"¿Kakashi?" Preguntó su compañero a la espera de que se explicara pero sin conseguir que lo hiciera, la música de fondo tomando un ritmo más fuerte mientras hablaban, causando que se tuvieran que acercar un poco para poder escucharse.

"¿Sakura no era la genin de tu equipo?" Preguntó el castaño antes de llevarse el vaso a la boca en un gesto distraído mientras peinaba inconscientemente el lugar por posibles amenazas.

"Aa, Sakura-chan ya es jonin, estamos trabajando para perfeccionar una técnica suya y viendo que pasa fuera de lo profesional." Se explicó sin querer escuchar el juicio de los dos hombres pero sabiendo que era inevitable a esta altura, pero sin poder evitar el notar la sorpresa al mencionar el rango de ella. Solo uno de los genin de Gai, el prodigio de los Hyuga había ascendido a Jonin y aunque no lo supiera había sido luego que Sakura, una niña sin clan shinobi. "Sé que Yugao tomó el puesto de Hayate hace unos años como Kenjutsu iemoto a pesar de que aun no puede sostener un arma ha entrenado a muchos de los que ahora son expertos en armas, pero Sakura-chan realmente se destaca, no en arsenal, si no en cuerpo a cuerpo, así que estamos buscando una forma de combinar el tessenjutsu con una técnica de elemento tierra, hasta ahora no hay caso."

"¿Pensaste simplemente enseñarle el Chidori?" Preguntó Gai sin terminar de entender el concepto del ninjutsu.

"¿Chidori?" Eso le hizo pensar. "El control lo puedo mantener con el Sharingan..." Pero podría modificarlo para que no necesitara ese tipo de control, aparte que con el manejo de Chakra de Sakura podría aprender una técnica de ese calibre mucho más fácil que otras personas, inclusive Sasuke. "... eso lo veré luego. El asunto no es ella en si, es que desde que fue encontrada nuevamente no desea ver a nadie, especialmente a sus viejos amigos."

"Entonces, ¿era ella?" Escuchó a su espalda, girándose para encontrarse con el hijo de Nara Shikaku, Shikamaru. "No me miren con sorpresa, solo venía por una cerveza, no es mi culpa que hablaran en voz alta."

"¿No deberías meterte en tus asuntos, niño?" Increpó Genma, metiéndose entre medio para observar al jovencito en un intento de intimidarlo.

"Solo quería saber en que se había metido Haruno esta vez, mendokuse..." Suspiró tratando de quitarse de encima las miradas reprobatorias de los jonin, pero solo se encogió de hombros, decidiendo que la información era más importante. "¿Y bien? ¿Que es lo que pasó? ¿Dónde estuvo este tiempo?" Preguntó buscando explicaciones, lo último que sabía era que había participado en una examinación de alto rango junto a él y Neji, y cuando volvieron a la aldea, ella se marchó vaya uno a saber donde argumentando que tenía una misión en cuanto saliera de Takigakure. "¿Le hicimos algo para que no quiera saber de nosotros? ¿O es por Uchiha?" La última pregunta la hizo entre dientes con clara molestia, antes no tenía nada personal contra el Uchiha, pero si bien no consideró nunca a Haruno su amiga de forma personal era parte del equipo de los 9, ahora 8, y ese chico había hecho daño a tres de los miembros, Ino, Naruto y finalmente, Sakura.

Pensando en Ino, había estado especialmente molesta e irritable desde que se dio cuenta de que no había rastros de la pelirrosa desde hacía meses. Con su curiosidad había movido cielo y tierra durante un mes para saber si había algún rastro solo para regresar con las manos vacías, meses después solo cada cierto tiempo como en su cumpleaños o durante los exámenes chunin solía recordar la existencia de la otra chica para preguntarse si estaba bien en algún lugar. La endeble paz hizo que no pudiera decirle lo poco que le vio hacía ya 2 años.

El resto de sus compañeros simplemente no parecían recordar su existencia.

"Si la buscas, está allí." Aclaró Gai indicando con un dedo a su espalda causando que Kakashi por una vez se tomara la cabeza ante la idea de que el mundo tenía una curiosa forma de conspirar en su contra. Pero al ver lo que estaban observando el resto, más bien su corazón se detuvo antes de comenzar a latir desbocado.

"No... ella... no debería estar aquí." Concluyó, con una mano tratando de arrancarse el cabello pero sabiendo que sus esfuerzos por hacerlo serían inútiles, solo quería callar su cabeza, sus emociones, sus pensamientos, la forma en que la estaban viendo le revolvía el estómago y por una vez el ceño de Maito Gai se frunció de forma negativa.

Y es que el ritmo provocador que llevaba el cuerpo de ella, dejando ver piel, aun en esa ropa de civil. Esa camiseta de red con vendajes debajo y un short corto aunque holgado. Se veía tan sencillo pero a su vez... esa forma en que la cintura de los shorts se inclinaba sobre la marca de sus caderas, los hoyuelos de su vientre, los movimientos...

Como la miraban, como si fuera la presa mientras los cuerpos de dos hombres se le acercaban descaradamente, como una mano subía para posarse en su bajo vientre donde la piel se veía expuesta.

La bilis la sentía en su boca, sabía que esos dos hombres en una mesa oscura de la izquierda pertenecían a ANBU y seguramente estaban manteniendo un ojo en ella para asegurarse que no tuviera problemas, pero no era suficiente, ¿Como pudieron permitir que saliera así? ¿Para que? ¿Acaso le dijeron que lo hiciera?

"¡Kakashi!" No sabía cual de sus tres acompañantes fue el que le llamó, pero tampoco importó mucho, apenas dando tiempo a la chica de reaccionar para tomar su mano y tirar, irónicamente de la misma forma en que le había visto al chico, Sai, hacerlo con antelación. Solo, no podía pensar en este momento, debía sacarla de allí, ni siquiera se detuvo a mirar con quienes estaba bailando.

De fondo, juraría que escuchó un 'Mendokuse.' y 'Llevatela, nosotros nos hacemos cargo', pero si fue así y ese que habló fue Genma, no le preocupaba en absoluto.

"¿Kakashi-sensei?" Escuchó a sus espaldas cuando el aire fresco golpeó su cuerpo y fue libre del humo y el vaho del alcohol que había nublado todo dentro del bar, la música un lejano recuerdo.

"Dame un momento." Respondió tratando de volver a ganar control sobre sus emociones, emociones que no acababa de reconocer, pero estaba seguro que iban del miedo a los celos sin detenerse en ninguna. Así que solo caminó, prácticamente arrastrándole con él hasta que finalmente ella por sus propios medios comenzó a andar a su lado, cambiando la posición de las manos para poder entrelazarlas como habían comenzado a hacer desde aquella vez en su casa. Tras unos minutos finalmente ella reconoció el camino que llevaba a la residencia Hatake.

No importaba cuanto lo miraba, él no parecía querer responder el gesto, solo subiendo sus escaleras, abriendo la puerta, entrando y arrojando su chaleco táctico a un lado antes de hacerlo con su camiseta y luego la camiseta de ella, haciéndole levantar los brazos para quitarla y tomando una propia limpia de una pila arrojada sobre una silla y colocándosela como si fuera una niña, cosa que con la diferencia de estaturas podía no estar tan lejos.

El silencio la estaba enloqueciendo, era raro que ellos estuvieran juntos y no hubiera palabras de por medio por períodos tan largos. Pero si él no había dicho nada hasta ahora es que aun estaba usando 'ese momento' que le había pedido, por lo que solo quedaba aceptar lo que fuera esto que pasaba.

Y así, sin quitar el resto de la ropa, solo sacando el hitai-ate y los zapatos, vestida en una camiseta de Kakashi y sus shorts, se encontró siendo llevada a la cama y abrazada por detrás para que se quedara quieta. El mueble era amplio como para que estuvieran cómodos, pero no era de dos plazas como para poder estirarse o moverse demasiado sin que alguno cayera irremediablemente.

"Niña testaruda, ¿por que no dejas que nadie te cuide?" Preguntó él que se había acostado también como se encontraba, solo pantalones y una camiseta sin mangas, manteniendo el ojo de Obito cerrado.

"Estaba bailando, no necesito que me cuide nadie." Llegó la respuesta cortante que le causó fascinación. ¿Acaso era irritación lo que escuchaba?

"Sabes que no me gusta que me mientas, Sakura-chan. ¿Porque te expusiste así? ¿Que querías lograr? Y no me digas que deseabas algo de 'acción' porque no te creo, de todas las personas de ti precisamente no creo eso..."

"¿Que te lo asegura? Quizá me acostumbre..."

"Si te hubieras acostumbrado no estarías tan..."

"Rota, tranquilo, no tengo miedo a la verdad."

"Iba a decir temerosa. Tienes miedo de que te toquen."

"No tengo miedo a nada, los miembros de los cimientos no poseemos emociones."

Al decir esto el brazo de él la atrajo más firmemente contra su pecho.

"No me gusta que me mientas." Nuevamente su respuesta fue ese sonido que mostraba molestia al ser expuesta en su mentira, causando que apretara el brazo que la rodeaba por la cintura. "Si no sintieras no me querrías."

Esa frase hizo que ella se congelara, apenas girando la cabeza para poder verlo sobre su hombro al mismo tiempo que él se apoyaba en el codo para devolverle la mirada con una pequeña sonrisa cómplice. Pero no pudo soportar seguir viéndolo, dándose vuelta nuevamente para darle la espalda con mirada fija en algún punto delante, tratando de suprimir las emociones lo mejor que estaba capacitada.

"Es mi trabajo, soy una fiel kunoichi de la Aldea escondida entre las Hojas, no necesito que nadie me cuide, haré lo que sea necesario para cumplir con los deseos y necesidades de mi aldea a la que juré proteger y servir aún a costa de mis necesidades. Soy una herramienta creada para nutrir, una raíz en el gran árbol que es Konoha y cargaré con la voluntad del Hokage y los ancianos asegurando los secretos y virtudes dentro de los muros de la villa. No tengo emociones para poder seguir mi juramento..." Mientras avanzaban sus palabras, la fuerza y convicción estaba desapareciendo de ellas, lentamente borrando el fervor para dar paso a líneas que él sabía ella no creía, aunque habían sido grabadas tan profundamente en su alma que se sentía incapaz de contradecirlas por miedo a las consecuencias. Era un discurso que solo hablaba de servir y negarse a si mismo, no tan diferente a cuando había sacado a Kinoe del lugar, un discurso que tardó mucho tiempo en borrar, pero Sakura no había pasado tanto tiempo allí, tenía esperanzas para ella.

"Si no sintieras nada no sonreirías para mi o harías brillar las flores de noche. No soy un experto en el simbolismo de las plantas, pero sé lo que significan las flores lunares, las que solo florecen en la noche." Lentamente ajustó el agarre y enterró su rostro en las hebras rosadas que eran el cabello de su ex-alumna. "Algún día no necesitarás soñar con amor, Sakura-chan, ni soñar ni esconderte en la oscuridad para florecer."

Quiso decir algo, era evidente, pero en lugar de hablar, allí, en mitad de la noche, ella floreció.

No fue un florecimiento lindo o alegre, pero cuando sintió el primer temblor de su cuerpo y tuvo que sostenerla más fuerte el alivio se apoderó de su corazón. Tampoco era estéticamente agradable, pero las lágrimas, el llanto, los gritos y la desesperación, todo eso que había embotellado por años, el luto por esa inocencia perdida que nunca más recuperaría, un pésame a su pasada inocencia que creía que confiando en Danzo lograría traer de regreso a Sasuke, el aceptar que no importa cuanto tiempo hubiera pasado, seguía doliendo.

Así que en mitad de la noche, hizo lo único que pudo, y la abrazó tratando de prestarle su propia fuerza para que ella pudiera volver a armarse.


Por alguna razón se había despertado contenta, estirando los brazos sobre su cabeza, saludando el sol en la ventana de la habitación de invitados. Realmente la habitación era de invitados solo en nombre, porque era evidente los cajones que contenían ropa 'de paso' de ella, quien dormía al menos tres de los siete días de la semana en ese lugar.

"Buenos días." Saludó usando cierta formalidad el hombre que se asomó con descaro por la puerta.

Y es que este Kakashi no parecía tener esos límites que tan famoso le había hecho en el mundo real. Su Kakashi siempre parecía mantener una cierta distancia de un brazo a pesar de ser íntimos en tantas formas salvo la física, habitualmente eso lo cubría usando un habla tanto más informal. No, nunca se habían besado, quizá nunca lo hicieran, pero mantenían una constante en sus vidas, ella era la guardiana de sus secretos así como él era el guardián de los de ella.

"Buenos días, Kakashi-sensei." Respondió con una sonrisa, levantándose de su futón sabiéndose vestida con pijama. Al verse en el espejo pudo notar que en este mundo el tiempo había pasado aunque no fuera por tanto, quizá tenía unos 13 o 14 años ya. Su cabello estaba corto por sobre el hombro, no se veía nada mal, quizá pudiera convencer a Sai de cortárselo así.

"Te dejaré listo el desayuno, en unos minutos debo salir, Obito pasará por ti en una hora." Explicó el hombre que se encontraba sin sus varias capas de ropa, dejando solo la camiseta sin mangas y máscara puestas.

"Claro, gracias. Si pasa al mediodía le dejaré un bento preparado." Agregó ella antes de girarse a ordenar el futón donde había dormido, despidiendo al hombre para dejar que se marchara a cumplir sus obligaciones.

El mundo era lindo en estos días donde la normalidad era nada más despertar ver a una persona querida.


"Mantén más alta tu posición, Udon, recuerda que un filo debe poder resbalar por allí, así que levanta más tu defensa." Indicó desde su puesto en la rama de un árbol desde donde veía el trabajo de armar de dos de sus tres alumnos. Moegi y Udon se habían adaptado bien, tras mucho rogar había logrado que Shizune, la aprendiz de Senju Tsunade, le enseñara personalmente.

'Si hubieras sido así de insistente conmigo, estoy segura que te hubiera tomado de aprendiz sin dudarlo.' Comentó una vez la Hokage, a lo que ella rechazó, en el fondo, se sentía indigna de ese tipo de atención en estos días. Aún más, siendo ella misma una jonin-sensei, el entrenamiento que llevaban junto a Kakashi-sensei y su trabajo personal en sellos, no tenía tiempo para considerar encima entrenar para ser médica. De solo pensar en todo lo que debería aprender sobre cuerpo humano y enfermedades ya le daba dolor de cabeza.

Moegi en cambio era una niña responsable, consciente, trabajadora. Sabía que si no tenía un clan para respaldarla igual que ella debería trabajar doble para poder llegar a un rango de Jonin. Que para ser escuchada debería desarrollar su propio estilo de pelea o unirse a una escuela, cosa que hizo al pedir aprender puntualmente el estilo de lucha con tessen que ella había desarrollado.

Pero Konohamaru... cuando podía se iba, aun no entendía lo que era ser un shinobi, demasiado espontáneo y explosivo como Naruto. Realmente se preguntaba si sería capaz de seguir el ritmo de lo que pasaba. No tenía que ser una genia, estuvo allí para luchar contra Akasuna no Sasori, vio con sus ojos a Deidara de Iwagakure, sabía a la perfección que tarde o temprano una nueva guerra provocada por los Akatsuki empezaría y necesitaba que el chico despertara antes de que fuera demasiado tarde.

Pero se encontraba atada de manos y pies. Él había aceptado el filo de la familia Hatake, pero poca diferencia había hecho. Ahora, mientras sus compañeros entrenaban para hacerse más fuertes, Konohamaru...

Regresó su mirada al libro naranja entre manos para que no se viera su mirada perdida antes de sentir el ligero golpeteo de dos pies en la rama opuesta a su árbol.

"De todas las posibles malas costumbres que has heredado de tu sensei, leer porno delante de niños no era una que esperaba." Llegó el tono plano a sus oídos, a lo que levantó la mano en saludo seguido de una sonrisa falsa, tan parecida a la de Sai que hasta ella misma se sorprendía a veces.

"Yare, yare, Shikamaru. Los niños están allí abajo, no quieres que te escuchen."

"No me vengas con esas cosas, Sakura. 2 años que no nos vemos y eso es lo único que tienes que decir. La única razón por la que sé que estás viva es porque has propuesto a tus alumnos para los exámenes chunin próximos y me toca nuevamente organizarlos, y luego te vimos con Maito y Shiranui en el bar..."

Alzó los ojos con un gesto de pereza que probablemente le recordaría a cualquiera el chico que tenía delante o, considerando el libro que tenía entre manos, su propio sensei.

"Aun faltan tres meses, solo me pareció adecuado adelantar."

"Recuerdas a quien le hablas, ¿verdad? Mujer problemática..."

No pudo evitar las risas que por un momento llamaron la atención de sus alumnos que por primera vez la escuchaban pero a los que debió desviar con un gesto de la mano indicando su nuevo acompañante.

"Udon, Moegi, ya pueden ir a comer, adelantense, los iré a buscar para poder ir por las misiones de hoy." Solo hizo falta eso para que tras un saludo formal ambos chicos salieran corriendo para cambiarse en sus casas antes de ir al punto de encuentro. "Quizá es cierto, que quisiera que alguien supiera que seguía con vida. Y tu eres el menos 'problemático'." Agregó con algo de sorna. "Mis alumnos me esperan... pero si quieres, podrás encontrarme en el puente rojo, cerca de la media noche."

"Mendokuse... espero que valga la pena, mujer. Esa hora es demasiado tarde."