CHANGE OF HEART
CAPITULO 10
-¿Elsa?¡Elsa!- exclamó Hans, tomándola suave pero firmemente de los hombros, intentando que reaccionara ante la situación que estaban enfrentando.
-¿Hans?- murmuró Elsa, apenas desviando la mirada de la escena al príncipe.
Mormoth los había engañado. Suponía que había una trampa, pero jamás imaginó que el malvado príncipe en persona estuviera ahí. Ahora tenía a Regina con la espada al cuello. Desde el balcón, se podía ver a Bastian mirando con desesperación como Mormoth usaba su propia espada en el cuello de la princesa.
-Elsa, tienes que hacer algo- insistió Hans, dándole una leve sacudida para distraerla de su miedo, señalando al príncipe Mormoth con su espada en el cuello de Regina.
-No se que hacer…- dijo Elsa, mirando alternadamente a Hans y hacia el cadalso.
-Elsa, usa tus poderes…- le dijo Hans con paciencia- puedes hacerlo-
La verdad que Elsa no podía creer lo que estaba viendo. Estaba paralizada del miedo, sin la capacidad de usar sus poderes. Bastian estaba completamente derrotado, con sus cabellos negros sobre sus ojos, aunque aún se movía débilmente, intentando liberarse. Regina estaba a punto de ser decapitada por Mormoth. Y Elsa no sabía donde estaban Anna y Kristoff.
Una nueva sacudida leve por parte de Hans sacó a Elsa de su impresión.
-Elsa- la urgió Hans, soltando sus hombros y tomando sus dos manos con una sonrisa- tranquilízate, sé que puedes hacerlo-
Elsa asintió, tranquilizándose. Respiró hondo y llamó a sus poderes a sus manos. Con un movimiento de éstas, lanzó un poderoso rayo de hielo que congeló selectivamente las piernas y los brazos de Mormoth, para sorpresa del malvado príncipe y de Regina.
Hans sonrió. Elsa no solo había logrado por fin salir de su impresión y usar sus poderes, sino que lo hizo sin afectar a nadie más que al malvado príncipe.
-¡La reina de Arendelle…!- murmuró Mormoth, volviéndose sorprendido hacia el origen del rayo helado, sin poder creer lo que veía.
Hans aprovechó el movimiento de titubeo del príncipe para atacar, mientras Elsa golpeaba el suelo con su pie y congelaba las piernas de la mayoría de los soldados alrededor del cadalso.
-¡Soldados de Arendelle!- exclamó Hans, espada en alto- ¡ahora!-
Los soldados de Arendelle, lidereados de un lado por Hans y y del otro por Kristoff, se lanzaron contra los soldados de Mormoth. Elsa y Hans se apresuraron a correr al auxilio de Regina. De un salto, Hans subió al cadalso y apartó al malvado príncipe de Regina, rompiendo el hielo de Elsa y haciéndolo caer al suelo. La espada que el príncipe tenía en su mano cayó pesadamente a las tablas de madera del cadalso. Regina fue ayudada a no caer por Elsa.
-¿Estás bien, Regina?- preguntó Elsa, y ella asintió.
-¡La reina de las nieves!- exclamó Mormoth de nuevo, incorporándose y volviendo torpemente al castillo, mientras Hans se colocaba entre él y las dos jóvenes, apuntándolo con la espada- ¡dijeron que no vendría la reina de las nieves!-
Tras esto último, Mormoth se introdujo al castillo y e hizo que cerraran la puerta tras de sí. Herr Kant hizo los que los dos hombres retiraran a Bastian del balcón, pero éste ya esbozaba una sonrisa de alivio. La trampa de Mormoth se descubrió, y Regina estaba a salvo.
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Mormoth estaba furioso. no solo había perdido la oportunidad de deshacerse de Regina, sino que también había descubierto que uno de sus espías había fallado: la reina de las nieves estaba en Copenhague. Sabía que con los poderes de la reina de Arendelle en su contra estaba perdido.
Tras ordenar que los soldados rodearan la muralla del castillo y dejando su defensa a sus generales, Mormoth volvió a la sala del trono, junto con sus ministros y consejeros, y ordenó que el general Müller fuera llevado con ellos.
-Trae inmediatamente a nuestro agente en Arendelle- rugió Mormoth a su mayordomo- le pago buen dinero y me trae información equivocada…-
El tembloroso espía fue llevado a la sala del trono y se puso de rodillas. Bastian miraba la escena con una sonrisa cansada pero tranquila. La furia del príncipe indicaba que su princesa estaba a salvo y que no tenía ningún plan para cambiar eso.
-Sir Khellberg- dijo Mormoth enfurecido- solo has tomado mi oro sin darme resultados correctos…-
-Su alteza, yo…- dijo el consejero tembloroso.
-Te ordené que buscaras una manera para que herr Kant y sus hombres asesinen a mi prima en Arendelle, y lo único que lograron con tu plan fue capturar a Müller- dijo Mormoth, ignorando el lloriqueo del consejero de Arendelle- te ordené que te aseguraras que la reina Elsa no interfiera con mis planes, y me dijiste que así sería… ¿entonces porqué fue ella la que impidió que me librara de Regina de una vez por todas?-
-Su alteza- dijo sir Khellberg entre tartamudeos- la reina Elsa me aseguró que no vendría. Yo estuve vigilando el barco donde viajaba su hermana y sir Kristoff Bjorgman y no la vi abordar. No me explico como logró venir sin que me diera cuenta-
Mormoth se levantó furioso y caminó en círculos. No sabía que hacer. Miró de reojo a sir Khellberg lloriqueando aún en el suelo, para pasar después a Bastian Müller, con su sonrisa cansada pero confiada.
-Tiene que haber una forma de detener el poder de la reina de las nieves- dijo Mormoth, pensativo, caminando de un lado a otro- una forma de obligarla a apagar sus poderes. Una debilidad…- se volvió a Bastian.
Bastian seguía sonriendo. Sabía que Mormoth no podría detener a Elsa de Arendelle, y que los soldados del emperador Philipp llegarían pronto a ayudarlos. Era imposible que perdieran.
Mormoth se volvió a Bastian.
-Tú la conoces, pues estuviste con ella- dijo el malvado príncipe- tú debes saber su punto débil-
-No hay tal punto débil ni manera de detener a Elsa de Arendelle, Mormoth- dijo Bastian con una sonrisa astuta al enorme hombre- ella controla perfectamente sus poderes. Además, el emperador alemán viene para acá, furioso de que lo hayas engañado por medio de Meyer. Estas perdido-
Mormoth quiso golpearlo, pero se contuvo. No quería hacerle daño hasta asegurarse que el general no sería de utilidad para él. Bastian, por su parte, no dejaba de sonreír. De pronto, sir Khellberg rompió el silencio.
-Su alteza- dijo sir Khellberg- ahora que lo pienso, sí hay alguien que puede detener a la reina de las nieves. Su hermana, la princesa Anna. Si logra llegar a ella, la reina Elsa haría cualquier cosa por ella-
Bastian dejó de sonreír y palideció. Al verlo, Mormoth comprendió que lo que había dicho sir Khellberg era verdad. Se volvió al joven.
-¿Es verdad eso, Müller?- dijo Mormoth, mientras que Bastian sacudía la cabeza con firmeza.
-No, no es así- mintió Bastian, pero su labio inferior tembló. Su mentira no engañó a Mormoth que, ahora que sabía la verdad, se echó a reír. Al fin tenía una idea para detener a la reina de Arendelle.
-Entonces necesitamos invitar a la princesa Anna a hacernos una pequeña visita- dijo el malvado príncipe.
-¡No!- exclamó Bastian, comenzando a desesperarse. Nuevamente eran la causa de que Elsa y Anna tuvieran problemas- no se metan con ellas de nuevo-
Mormoth se echó a reír.
-Lo siento, general, ya no lo necesitamos- dijo el príncipe, mirando al joven- devuélvanlo a su celda, y asegúrense de que no escape-
Mormoth siguió riendo mientras arrastraban a Bastian de nuevo a los calabozos, y se volvió a sus ministros para dar sus instrucciones.
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Elsa respiró aliviada al ver a Regina a salvo, quien recogía del suelo la espada de Bastian, mientras Hans y Kristoff reorganizaban a los soldados de Arendelle, para prepararlos para atacar.
-Era una trampa, Regina- dijo Elsa. Aún sentía su corazón latir con fuerza, pero su ritmo se iba normalizando poco a poco- Mormoth sabía que no podrías evitar intentar salvar a Bastian…-
-Tenían razón- dijo Regina- no sé como pude ser tan tonta-
-Bueno, al menos no pasó nada grave al parecer- dijo Elsa, y se volvió hacia el lado contrario de la plaza, para mirar la puerta cerrada- ¿ahora que haremos?-
-Ahora hay que entrar al castillo y detener a ese villano- dijo Kristoff. Hans puso los ojos en blanco.
-Bueno, tienen razón, pero hay que preparar un plan- dijo Hans.
-Mormoth aún tiene a Bastian- les recordó Kristoff- deberíamos darnos prisa, en caso que decida que ya no le sirve y…-
Regina palideció, pero Hans sacudió la cabeza.
-No hará eso, lo querrá mantener bien hasta que se asegure de deshacerse de Regina…- dijo Hans- ahora, tenemos que pensar en que vamos a hacer-
Hans observó la estructura del edificio. Éste no era tan fuerte como el castillo de Arendelle. La puerta era de madera gruesa, sí, pero las piedras que formaban la muralla no lo eran. Quizá con algunos cañones podían romper la puerta. El ejército de Arendelle era pequeño y no estaba tan bien preparado, pero en algo Kristoff tenía razón: tenían que actuar pronto, aprovechando el aturdimiento del malvado príncipe ante la sorpresa de la presencia de Elsa. No podían esperar a que llegara el ejército alemán.
Kristoff miró sospechosamente a Hans, al igual que Anna, pero Elsa no tuvo más remedio que confiar en él. Para eso lo había traído.
-¿Que piensas, Hans?- dijo Elsa.
-Creo que tengo una idea- dijo Hans.
-Apresúrate- dijo Regina, mirando aprehensivamente el balcón donde había estado Bastian, empuñando fuertemente el mango de la espada del general.
-Vamos a utilizar una distracción- explicó Hans- un señuelo para que los soldados de Mormoth se dirijan a esa persona, mientras un pequeño grupo intentamos entrar al castillo por otro lado menos vigilado-
-¿Intentamos?-gruñó Kristoff, que hasta el momento no había emitido queja alguna de la presencia de Hans en esa misión.
-Es solo una idea, mastodonte, y para variar quiero ayudarlos- dijo Hans muy molesto- así que a menos de que tengas una mejor idea…-
Kristoff iba a responder, pero Elsa se interpuso.
-Basta los dos- dijo Elsa en tono de advertencia que no admitía réplica- dejen de comportarse como niños- se volvió a Regina- creo que el plan de Hans es bueno. Entraremos en secreto mientras los otros hacen una distracción… podremos lograrlo- añadió con una sonrisa.
-Yo voy con ustedes- dijo Hans.
-Y yo- dijo Anna.
Elsa la miró algo preocupada.
-Anna, necesito que nos ayudes con otra misión igual de importante- dijo Elsa, mirando de reojo a Hans, quien asintió- tú puedes ser la distracción, haciéndote pasar por Regina-
-Ni sueñes que me voy a quedar…- comenzó Anna, pero Hans la interrumpió.
-No es porque Elsa este preocupada o crea que no puedas ayudar, Anna- dijo Hans, mirando de reojo a la reina- ser el señuelo es igual de peligroso que estar ahí dentro. Serás el blanco de los ataques. Es igual…-
"Excepto que aquí afuera estará todo mi ejército listo para cuidarla", pensó Elsa.
Anna pareció satisfecha con la explicación de Hans, y Elsa le agradeció con la mirada. No se había dado a la tarea de mirarlo con más cuidado desde que decidió darle una oportunidad. Ya podía ver porqué Anna se había enamorado de él a primera vista. Era un hombre muy apuesto y encantador. Suspiró. En esa historia, Hans era el villano, ¿no es así? ¿Algo en él había cambiado solo por el hecho de que se había enamorado de ella?
-¿Elsa?- dijo Regina, confundida al verla tan pensativa.
-Perdona- dijo Elsa a modo de disculpa- vamos, manos a la obra…-
Anna tomó la capa de Regina. Ambas usaban un vestido del mismo tono, lo que ayudaría para el propósito de engañar a los enemigos.
-Kristoff se quedará conmigo, se encargará de dirigir el ejército- dijo Anna. El rubio sacudió la cabeza, y miró aprehensivamente a Anna.
-No, Anna, no puedes dejar que Elsa y Regina entren ahí solas con Hans- le dijo Kristoff a Anna en voz baja, pero en vano, los otros lo escucharon- Hans no es de fiar…-
-Mira, mastodonte…- comenzó a decir Hans, furioso, harto de que no confiaran en él. ¿Porqué no podía ver que ya no era el mismo idiota obsesionado con ser rey? Elsa lo tranquilizó, poniendo una mano fría sobre su hombro y sonriendo levemente.
-Kristoff, yo confío en Hans. Y él ya sabe las consecuencias que habrá si nos traiciona- dijo Elsa, congelando con sus poderes una pared, y mirando de reojo a Hans, quien asintió- quédate a proteger a Anna-
-Pero Elsa…- protestó Kristoff.
-Por favor, Kristoff- dijo Elsa- por favor, realmente necesito que tú y Anna confíen en mi en esto-
-Kristoff no sabe nada de como dirigir un ejército- dijo Hans, cruzando los brazos- yo creo que…- pero se calló al ver que Elsa le dirigió una mirada molesta- lo siento-
-Sé que Kristoff hará un excelente trabajo- dijo Elsa, y se volvió a su general de su ejército- sir Kristoff Bjorgman y mi hermana Anna comandarán en esta batalla, general. El objetivo es abrir un pasaje en la muralla del castillo y capturar al príncipe Mormoth-
El general asintió, esperando órdenes. Elsa se separó del grupo, junto con Hans y Regina, esta última aún mirando al príncipe de las Islas del Sur con desconfianza. Elsa lo notó y, una vez lejos de los demás, se volvió al príncipe.
-Hans, estoy apostando y me estoy arriesgando mucho por darte una segunda oportunidad- dijo Elsa seriamente.
Hans se sintió herido, pero asintió cabizbajo.
-Me ofendes, Elsa- dijo Hans- no te voy a traicionar. Te doy mi palabra-
Elsa sonrió levemente, y Hans sintió verdaderas ganas de besarla, ahora que mostraba esa sonrisa tan dulce. Se contuvo. No quería terminar congelado antes de que empezara la batalla.
Una trompeta sonó, y el ruido les indicó que la batalla había comenzado.
-Es hora- dijo Elsa.
-Vengan- dijo Regina- conozco una entrada secreta en la muralla, por donde Bastian y yo escapamos esa vez…-
Rodearon la muralla del castillo, y Regina les mostró una abertura en la pared, totalmente desapercibida. Entraron por ella, primero Elsa con sus poderes listos, después Regina, con la espada de Bastian en su cintura, y finalmente Hans, con su espada desenvainada. Los tres desaparecieron dentro de la muralla del castillo.
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Bastian trataba de liberarse de los dos hombres que lo arrastraban con las pocas fuerzas que le quedaban. Había escuchado que Mormoth había ordenado a algunos hombres salir a buscar a Anna para obligar a Elsa a retirarse de la pelea. No podía permitir que las involucraran más, sobre todo cuando ellas habían ayudado a proteger a Regina. Para los dos soldados, era un juego de niños arrastrarlo, pero habían comenzado a fastidiarse al llegar al pasillo sur del palacio, el cual terminaba en una escalera hacia abajo, a los calabozos.
-Deja de resistirte, estúpido- dijo uno de los guardias, tirando de uno de sus brazos para obligarlo a ponerse de pie de nuevo- ¿no escuchaste lo que dijo el nuevo rey? Ya no te necesita y podemos hacer de ti lo que queramos-
-Mormoth no es rey de nada- respondió Bastian entre dientes- no voy a permitir…-
-¿Qué no vas a permitir?- dijo el segundo hombre- te voy a enseñar a…-
Pero se interrumpió de golpe. Ninguno de los dos hombres pudo dar un paso más. Miraron al suelo y se sorprendieron de ver sus pies, hasta los tobillos, completamente congelados. Justo cuando iban a gritar, tanto Hans como Regina los golpearon en la cabeza con el mango de sus espadas, y cayeron pesadamente al suelo, arrastrando con ellos a Bastian. El joven no podía creer lo que estaba pasando.
-¡Regina!- exclamó, intentando levantarse, cuando la princesa se lanzó a sus brazos.
-¡Bastian!¡Bastian, estás aquí!- dijo Regina, a punto de llorar- por fin, no puedo creer que estés aquí…-
Bastian estaba realmente feliz de verla bien, pero no pudo evitar dirigirle una mirada alarmada.
-Regina, tú no deberías estar aquí- dijo Bastian seriamente- estamos rodeados de enemigos. Tenemos que irnos…-
Pero Regina pasó su mirada de Elsa a Hans, y después a Bastian de nuevo.
-No, no voy a seguir huyendo, Bastian- dijo Regina- ya no está mi padre, entonces iré a tomar la corona que me pertenece, y ni Mormoth ni todo su ejército me va a detener…-
Bastian sonrió levemente y se puso de pie. Tomó su espada de manos de la princesa y se la puso en el cinturón, haciendo a un lado su camisa rota. Se volvió a Elsa y a Hans, y abrió los ojos.
-Elsa, ¿qué hace él…?- comenzó al ver al hombre a quien Anna había acusado de secuestrar a Elsa. Nunca antes lo había visto, pero por la descripción de Anna, estaba seguro que ese sujeto era el príncipe Hans. La reina de las nieves sacudió la cabeza.
-Es una larga historia- le dijo Elsa- en resumen, Hans ahora está de nuestro lado…-
Bastian relajó su postura y asintió.
-Escuchen- dijo Bastian- Mormoth está en la sala del trono. El traidor y espía en Arendelle era un tal sir Khellberg, quien le dijo a Mormoth sobre nuestros movimientos. Él fue quien informó equivocadamente que Elsa no se presentaría en esta batalla-
Elsa se alarmó al escucharlo. Sabía que en su consejo había un espía, pero no creía que fuera Khellberg.
-Y peor aún- continuó el general- sir Khellberg le dijo a Mormoth la clave para detener a Elsa y evitar que nos ayude…-
-¿Cómo?- dijo Hans- no hay manera que Elsa…-
-Anna- dijo Bastian, y Hans entendió. Si Mormoth ponía sus manos encima de Anna, podía usarla para evitar que Elsa siguiera apoyando la causa de Regina. Se volvió a la reina de las nieves y ésta, como era de esperarse, había palidecido.
-Anna está allá afuera… la dejé sola…- comenzó Elsa.
-Anna está con ese gorila de Kristoff, Elsa- dijo Hans, poniendo los ojos en blanco- y la está cuidando con todo tu ejército. Seguro estará a salvo-
-No, Elsa tiene razón, Hans- dijo Bastian insistentemente- planean escabullirse entre la multitud para tomar a Anna. No intentarán un ataque abierto. Hay que advertirle para que esté alerta…-
Hans miró alternadamente a Elsa y el camino por donde habían llegado. Suspiró.
"Quiero quedarme con Elsa… pero es hora de hacer lo correcto", pensó Hans.
-Elsa, Regina puede llegar a necesitar tu ayuda si se enfrenta a Mormoth- dijo Hans- y dudo que el general Müller quiera separarse de nuevo del lado de la princesa. Yo iré a advertir a Anna, y regresaré para ayudarlos…-
Elsa sonrió, aliviada, y dio a Hans un rápido abrazo.
-Gracias, Hans- dijo la reina de las nieves, sonriendo- por favor, asegúrate de que mi hermana esté a salvo-
-Así haré, Elsa- dijo Hans, sonriendo levemente. Por conseguir esa sonrisa de Elsa, Hans sintió que todo había valido la pena. Se dio la vuelta y salió rápidamente hacia el campo de batalla.
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A pesar de ser nuevo en ello, Kristoff comandó valiente y efectivamente el ejército de Arendelle contra los soldados daneses a las órdenes de Mormoth y de sus generales.
-¡Sir Kristoff!- exclamó uno de los generales- hemos abierto una brecha en una de las paredes del castillo. ¿Cuáles son sus órdenes?-
-Tome un grupo de hombres y entren al castillo- dijo Kristoff- recuerden que no deben lastimar a los sirvientes. El objetivo es capturar al príncipe Mormoth-
El general asintió y se retiró, presuroso de obedecer sus órdenes. Minutos después, el rubio se sorprendió de encontrarse con Hans.
-¡Hans!- exclamó Kristoff- ¿qué se supone que estás haciendo aquí?¿Dónde está Elsa?-
-Elsa está bien, se quedó con Regina y Bastian- dijo Hans- regresé porque hay un problema. Bastian nos dijo que Mormoth quiere capturar a Anna para detener a Elsa. Debes tener cuidado-
El corazón de Kristoff dio un vuelco. Se volvió, y vio a Anna a salvo, rodeada de un gran grupo de soldados.
-Anna está a salvo, y…- comenzó Kristoff.
Los dos hombres fueron interrumpidos por sir Khellberg, que venía saliendo del palacio detrás de él. Hans instintivamente sacó su espada: recordaba muy bien lo que Bastian había dicho: él era un traidor. Pero Kristoff estaba relajado, ya que no sabía que el consejero de la reina era un enemigo.
-¡Sir Kristoff!- exclamó sir Khellberg, ignorando a Hans- menos mal que lo encuentro. La reina Elsa…-
-¡Atrás, traidor!- exclamó Hans, interrumpiéndolo y apuntándolo con su espada- no engañas a nadie. Eres un espía traicionero. Eras quien le estaba pasando a Mormoth la información sobre Elsa y Regina-
Sir Khellberg se fingió ofendido.
-Mentiras, solo son mentiras suyas, Hans Westegard- dijo sir Khellberg, omitiendo el título de nobleza de Hans- usted es el traidor, señor. Usted dejó solas a la reina Elsa y a la princesa Regina, y si no fuera por los poderes de la reina y porque el valiente general Müller escapó…-
-Tú eres el que mientes, Khellberg- dijo Hans- Bastian nos dijo que tú eras su espía, que tú fuiste quien le dijo a Mormoth que ella no se presentaría aquí en Copenhague, y fuiste quien le dijo que Anna podría detener a Elsa-
-Lo dice quien intentó asesinar a nuestra reina- escupió sir Khellberg.
Hans lo miró furioso. Estaba cansado que le echen en cara ese error que cometió. Kristoff,por su parte, miró alternadamente a ambos. Estaba inclinado a creer al confiable consejero de la reina. Pero Elsa persistentemente había dicho que confiaba en Hans. ¿Sabía Elsa algo que él no?
-Está bien, gorila, arréstame y enciérrame si quieres- dijo Hans de pronto, interrumpiendo los pensamientos de Kristoff- solo cuida a tu idiótica novia, sobre todo de este traidor- añadió señalando a sir Khellberg- porque no quiero que Elsa sufra si algo malo le pasa-
Kristoff miró a Hans nuevamente. ¿Qué había sido eso? El rubio miró fijamente al príncipe de las Islas del Sur, y sus ojos se abrieron grandemente en comprensión. ¡Hans estaba enamorado de Elsa! Fue una expresión de enojo, pero el príncipe lo sacó a relucir. Por eso cambió su actitud. Por eso cambió de bando. Había sido todo por Elsa.
-Sí, arréstelo- dijo sir Khellberg, distrayendo al rubio- y nos libraremos de ese traidor. Fue un error que la reina hubiera insistido en traerlo. Yo mismo protegeré a la princesa Anna, si usted lo desea-
Kristoff los miró a Hans y a Khellberg alternadamente, como evaluándolos.
-Soldados- dijo Kristoff por fin, y dos hombres se acercaron a él- arréstenlo y llévenlo al calabozo del barco, para aguardar sentencia una vez que se termine la batalla…-
Los soldados se acercaron a Hans, y lo tomaron por los brazos. Sir Khellberg sonrió triunfante.
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¡Hola! Pues sí, desde el golpe en la nariz, Hans se refiere a Anna como "idiótica". Y secretamente yo también lo pienso, pero no lo divulguen. Espero que les esté gustando. Nos leemos pronto.
Abby L.
